¡Hola a todos de nuevo!

Puede que los que leen esta historia hayan podido pensar que lo abandoné, pero en verdad no es así. Lamento si ha sido el caso. Debo admitir que si tengo una excusa y para resumirla muy mucho, era por falta de inspiración junto a un bloqueo enorme. Cuando digo inspiración me refiero a más cosas aparte de escribir.

Es por eso que me veo en razón de agradecerle verdaderamente a mi beta reader nuevamente, quien mediante un simple consejo, ha logrado que no tardara medio año en actualizar.

En este capítulo, lo que hay que entender antes que nada es que será dividido en dos. Lo que quise poner de más, hubiera dejado el capítulo demasiado largo y según el criterio de mi querida ayudante, cosa en la que concuerdo, deben explayarse en él. Como se habrán dado cuenta, tengo la manía de alargar cada vez más los capítulos… (No se como ni por qué me pasa, en verdad) Pero no les prometo que eso perdure y en algún momento me apetezca dejaros con la duda… (Lo siento, pero no lo siento… Kekeke) Les digo esto, ya que considero que les hago esperar mucho, en especial esta vez.

Lo que leerán en este episodio, se delatan más intenciones. Pensarán, Starlight… En este instituto siempre hay drama.

Honestamente, sí, pero repito… Estamos en uno. Tómenselo como un melodrama, una novela que se emite a las cuatro entre semana. ¿Además, en que instituto no hay? Si les contara cada historia de los de mi antiguo salón… (Yo a mis veinte y tantos años… Ejem…) Cuando una tiene que adaptar ciertos puntos similares del manga en mi drama, una se tiene que fundir las neuronas, llámenme loca… Pero solo imagínenseme conspirando y creando el planning de la trama.

En fin, que me enrollo demasiado… Les dejo con la lectura. Espero que lo disfruten ¡Ah! Cierta escena podrá darles algo de grima y me es entendible, solo sigan leyendo y se sentirán mejor… O al menos eso espero. Como siempre, me encontrarán en las notas finales~

AVISO IMPORTANTE DE CONTENIDO Y DIÁLOGO FUERTE. En este capítulo hay claros momentos de abuso físico y mental hacia varios personajes. Les pido por favor, que no intenten imitar lo que sucede aquí y que si por alguna razón se sienten identificados, acudan a un profesional y busquen ayuda a alguien de confianza.

Disclaimer: Los personajes de Naruto/Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.

La trama, salvo la gran mayoría de los personajes, escrita es de mi pertenencia e imaginación. Se va a reportar cualquier señal o advertencia de plagio. Les pido respeto. Gracias.


Felicidades

El estridente llanto de Satoru no hizo más que hacer suspirar a Sasuke en su cama. Quería a su sobrino con toda su alma, pero que llevara días sin dejar de llorar y de alguna manera, encontrarse capaz de dormir por más de media hora últimamente, le estaba empeorando su estado anímico.

Tch… A quien quiero engañar… – pensó Sasuke con fastidio. Satoru no tenía la culpa, nadie en realidad. El motivo de su enfado se debía a la discusión que tuvo con su novia. – La cagué pero bien grande…

Levantándose de su cama con su melena completamente despeinada, soltó un quejido junto a una multitud de insultos para nada inocentes tras golpearse el dedo pequeño del pie contra el canto de su mesita de noche y además de eso, casi tropezar con sus zapatillas torpemente.

Kage bostezó mientras levantaba la cabeza de su cama, solo para soltar un corto lloriqueo hacia él. Acariciándole la cabeza como saludo al pasar por su lado mientras ingresaba al baño de su cuarto, una vez dentro, Sasuke valoró su aspecto frente al espejo.

Su aspecto delataba que llevaba más de dos noches sin apenas pegar ojo. Ojos rojos, indicios de ojeras y como no… Más mal humor en él que de costumbre. Odiaba cuando se le estropeaba la hora de su descanso.

Debí haber medido más mis palabras con ella… – reflexionó el pelinegro mientras se preparaba el cepillo de dientes. Había afirmado no hace mucho que no iba a forzarla en nada, en darle tiempo a contarle las cosas y ¿Qué hizo él? Encararla con incordio y desesperación sobre su actitud con él. Aunque consideraba que él seguía teniendo razón en ciertos puntos… Era todo… Un tira y afloja constante, en el que él ganaba y perdía a la vez.

Escuchando a su hermano salir del cuarto de Satoru con este aun llorando, el Uchiha menor volvió a suspirar, solo para que justo en ese instante sonara la alarma de su despertador.

Después de una ducha rápida y prepararse para asistir a clases, Sasuke se encontró tanto con Shisui e Itachi en la cocina, como no, desayunando.

– Muy buenos días, princeso… – saludó el mayor de los tres rebosando optimismo, en comparación a ambos hermanos. Itachi solo se dignó a bostezar libremente sin dejar de mecer a su hijo a diferencia de Sasuke, que pasó olímpicamente de él. – ¿Con más ánimos que ayer por la tarde?

Shisui no hizo más que esconder los labios para evitar mostrar una expresión de burla al ver la indiscreta mirada de fusilamiento que le mandaba su primo en silencio. – Veo que no.

Limitándose a servirse una taza prácticamente hirviendo de café negro, la cual iba a necesitar más que nunca, dejó que los dos Uchihas adultos le miraran curiosamente hasta que finalmente se hartó. – ¿Qué?

– ¿Quieres hablar de lo que te preocupa? – propuso Itachi alzando las cejas, logrando disipar las ganas de volver a bostezar.

– No. – contestó él rápidamente, algo que su hermano ya se esperaba.

– ¿Nos dirás por qué peleasteis tú y Sakura? – insistió su hermano nuevamente, siendo respondido por un tenso silencio.

– … No. – repitió él mientras se preparaba el desayuno tranquilamente.

– ¿Puedo aconsejarte? – vociferó Shisui con su típica sonrisa de comediante que más de una vez le había hecho temblar una ceja.

¿Aconsejarme de qué? Si puede saberse… – pensó para si mismo el Uchiha menor optando por no decir nada de lo que pudiera volver a arrepentirse.

– Sabes perfectamente que te lo diré de todas formas, renacuajo antipático… – soltó tras resoplar el mayor de los tres en lo que despeinaba a propósito la cabellera rebelde de su primo, muy para su molestia, lo que se ganó que su mano fuera apartada con brusquedad. Nada sorprendente. – Conociéndote como te conozco, seguramente dijiste algo sin pensar, para variar.

Itachi asintió en silencio a la vez que cerraba los ojos, estaba de acuerdo. La toma de decisiones de su hermano, aunque la gran mayoría fueran buenas y maduras, más de una vez, se dejaba llevar por sus emociones. Lo que conducía a escenarios así.

– Tampoco te vengas arriba haciéndolo, que a su lado, te equivocas más que los críos de su edad… – afirmó Itachi mirando a su hijo con cariño, el cual estaba entretenido pasándose sus pequeñas manos en sus ojos, perdidamente inquieto.

Ese comentario de la nada, consiguió que Sasuke no controlara ocultar su sonrisa burlona, muy para el desánimo del primo de ambos.

– La falta de sueño te afecta, tío… – resolvió Shisui decidiendo ignorarle. – Como decía, Sakura… Tiene a su alrededor pocas personas en las que confiar y por buenos motivos.

– Es gracioso que hables como si la conocieras de años… – señaló Itachi bostezando de nuevo. Dichas esas palabras, Shisui, le dirigió una mirada que él conocía bien. Esta significaba que sabía ciertos detalles, que no hablaba por hablar. Con esa mirada, la expresión del Uchiha mediano pasó a una de confusión.

– Puedo dar por sentado que eso ya es algo que sabes bien, niño… – se animó a decir Shisui animándose a tomar una manzana de la frutera, darle un generoso mordisco y seguidamente entretenerse abriendo el frigorífico para picar algo antes de voltearse, una vez con la jarra de zumo en mano, se volteó tranquilamente para terminar de hablar. – Mi consejo es que… eh… ¿Pero dónde se ha ido? ¡Ei, Sasuke!

El susodicho suspiró mientras se calzaba sus deportivas sin hacer demasiado caso, con una tostada a medio morder entre sus labios, una vez listo, tomó sus cosas y salió por la puerta de entrada y finalmente tomar su bici con intención de empezar a ir al instituto, con un Shisui apenas llegando a terminar de recriminarle y repetir su nombre nuevamente.

– El día que mi hermano te pida tu opinión, lloverán donuts… – se burló Itachi parado al lado de su primo en la entrada.

– No le mataría escucharme más a menudo… – se quejó el pelinegro de cabello corto mientras apretaba los labios con molestia. – Crío maleducado…

– Culpa tuya por no ir al grano. Déjalo Shisui, Sasuke hará lo correcto para solucionarlo, es cosa de ellos dos. – animó Itachi dando una palmada en su hombro. – Conmigo es igual, pero por curiosidad, qué es lo que ibas a decirle sobre Sakura… ¿Algo que vaya mal?

Shisui torció la boca y se rascó la cabeza con la mano libre. Pensándolo bien, hablar premeditadamente, podría implicar una metedura de pata. Quien sabe si lo que escuchó, vio y entendió no era más que su interpretación de los hechos, por más que su instinto designara otra cosa, al fin y al cabo, ciertas palabras, dejaban ciertas cosas claras.

Engendro del demonio…

– ¿Recuerdas esa mujer que Obito trajo con la abuela de Sasori en comisaría hace tiempo? La escuché hablar con su marido y… – comenzó Shisui tras un suspiro de incomprensión.


Naruto despertó de golpe cuando sintió como su cara era empapada de la nada por un largo trago de agua helada.

– ¡¿Qué demonios?! – exclamó el Uzumaki sacudiendo la cabeza mientras se quitaba el exceso de agua de su rostro y ojos con ambas manos, retorciéndose como un gusano.

– Volviste a acostarte tarde anoche ¿Me equivoco? – indagó Jiraiya plantado en el lateral de la cama de su ahijado con una mirada seria.

– Jiraiya… – se quejó el rubio medio incorporándose en su colchón con la ayuda de un codo. Menuda manera de despertarlo.

– La alarma sonó hace más de quince minutos, levanta el culo de la cama y prepárate el desaaaarghhh… ¡Por dios Naruto! ¡¿Desde cuándo duermes desnudo?! – dijo prácticamente gritando el Goketsu con sorpresa, arrepintiéndose de inmediato al retirar las sábanas de su alumno con facilidad. Sin pensarlo dos veces, volvió a taparle con ellas.

– ¡¿Desde cuándo me despiertas de esta manera?! – contraatacó el Uzumaki ya totalmente despierto por la brusca desvelación. – ¿Cómo iba a saber que…?

– Levántate, he dicho. No querrás llegar tarde y yo no pienso cocinarte el desayuno. Si no estás abajo dentro de diez minutos, entro con la manguera. – avisó Jiraiya con seriedad mientras le quitaba a Naruto la larga almohada de debajo de su cabeza y tranquilamente la usaba para golpearle la cara. – Dáte prisa.

Con su padrino ajustando la puerta de la habitación al salir, Naruto suspiró totalmente fastidiado apagando la alarma de su teléfono que no dejaba de sonar. Soltando quejas e insultos a regañadientes mientras obedecía al mandato del albino, se preparó y una vez listo, cargando su mochila, no tardó en llegar a la cocina, solo para ser recibido con un par de bengalas de celebración.

– ¡Felicidades, Naruto! – saludó Iruka efusivamente, sonriendo de oreja a oreja – ¡Feliz cumpleaños!

– Felicidades, hijo… – añadió Jiraiya con alegría, dejando escapar una risa al ver la cara estupefacta del rubio, evidentemente no se lo esperaba. Acercándose a él, colocó una mano encima de su cabeza para acariciarla con orgullo. – Lamento levantarte tan temprano, pero en fin… Para ser los primeros, debíamos ser originales. Dieciocho años, ya. Quien lo diría.

Olvidando la mala manera de despertarse completamente, el Uzumaki sonrió feliz recordando la fecha. Sus ojos azules brillaron ante el pequeño bizcocho con dos velas numéricas encendidas que indicaban su edad esperando a ser apagadas.

Soplándolas con alegría por el detalle, tanto Iruka como Jiraiya dejaron que el Uzumaki disfrutara del dulce desayuno con efusividad y ganas. Hasta que el primero no pudo aguantar más y decidió dar más buenas noticias.

– Estamos muy felices por ti, Naruto. – se animó a decir el Umino cruzándose de brazos, sin poder evitar reírse al ver como el susodicho se llenaba la boca de su desayuno sin problema alguno. Era gracioso sin intención de serlo. – También orgullosos.

– ¿No es mejor esperar a que vaya el instituto? – sugirió con una media sonrisa el mentor del Uzumaki, Iruka simplemente se alzó de hombros.

– Minato y Kushina no aguantarían las ganas de estar aquí, qué más da. – se reconfortó el castaño volviendo a mirar al único Uzumaki presente con ellos. Ante los nombres de sus padres, Naruto giró la cabeza confundido, aunque ciertamente emotivo. – Ellos estarían la mar de contentos con saber que ganaste, como tu madre a tu edad, la beca KG. Siéntete orgulloso, te lo has ganado.

Naruto solo se sonrojó ante esas palabras, dejando que esta vez fuera el Umino el que se animara a colocar una mano en su cabeza de manera reconfortante.


Hinata sonrió feliz y orgullo nada más leer el papel recién pegado en el corcho del pasillo de su plante del campus.

Apretando contra su pecho la bolsa que contenía la recién lavada gabardina del Uzumaki que ella había tomado "prestada" en un momento que vio que se la había quitado después del encuentro en la enfermería con la Fuji, intentó idear la mejor forma para acercarse a él y entregarle ese bien tan preciado para él, obsequio de herencia del supuesto padre de él.

Se encogió de hombros al escuchar unas risas femeninas a sus espaldas. Nada más voltear a ver, se fijó en que un grupo de estudiantes, conformado por tres chicas y dos chicos, la miraban y parecían estar hablando de ella y señalarla. Mirándose a si misma, recordó el aspecto de su uniforme. Este, a pesar de haber intentado ser lavado con mero jabón neutro robado de uno de los baños al igual que la prenda de Minato, no consiguió librarse de las obvias manchas del iodo por más que lo intentara, haciendo parecer que se había revolcado en la mugre o en donde quien sabe donde.

Mordiéndose el labio al recordar a Shion y lo que esta le hizo, volvió a girarse mientras intentaba aparentar que cualquier cosa que pudieran estar diciendo de ella, no le afectaba en absoluto. Más sabiendo el día que era hoy.

Saliendo de su ensoñación, recordó que no podía apretar tanto contra si la bolsa con la gabardina de Naruto. Ahí dentro se escondía también una carta escrita en puño y letra por ella junto a una caja de chocolatinas como detalle. Algo que sabía que le iba a gustar.

Girándose para encaminarse hacia su aula, frenó en seco en ver como su antiguo grupo de amigas ingresaba en esta riendo entre si. Miró como Ino y Tenten parecían hablar de algo cómicamente, haciendo reír a las demás. Cierta parte de ella, echaba de menos ese círculo, pero…

Si está ella no…

Mirando el aspecto inmaculado de la Haruno, valoró que aunque presentara evidencias de haber sido herida, seguía captando la atención de la mayoría con su simple presencia. Su nuevo look de cabello corto simétrico perfectamente peinado, daban un toque chic y elegante en ella. Su cara redonda maquillada con tonos naturales realzando sus facciones y sobre todo la forma gatuna de sus soñadores y vivaces ojos jade, los cuales carecían falta de pestañas postizas. Había visto ya a más de una estudiante imitar ese outfit.

Se sintió contrariada cuando se vio atrapada in fraganti mirándola. Sintiéndose inferior cuando notó como Sakura valoraba su aspecto de arriba abajo con indiferencia. Ya podía imaginársela burlándose del estado de su uniforme, al igual que los demás. Sintió peor al verse equivocada, tras percatarse como al parecer esta hacía como si ni la hubiera visto, sin mostrar un ápice de burla o nada por el estilo.

Mirando nuevamente las manchas en su uniforme, esa corta mirada por parte de la pelirrosa, se sintió como si un coche varado en medio de un basal de lodo la empapara completamente al segundo de probar arrancar.

Algo llamó su atención desde su visión periférica, rodeado de un grupo de chicas, siendo saludado abiertamente por otros compañeros de año y salón, hizo acta de presencia Toneri. Quien apenas se dignó a mirarla por más de unos cortos instantes, igual que los demás, se arriba abajo, solo que él sí musitó lo que parecía ser, una sonrisa burlesca. Un par de chicas que le acompañaban, hicieron lo mismo, aunque de manera más escandalosa.

¿Son ellas con quienes Toneri se acuesta? – meditó la Hyuga sin dejar de observar el grupo fijamente, hasta que una de las que estaban con él pronunció su apellido.

– ¿Acaso no saludas a tu prometida, Otsutsuki? Tal vez Hyuga quiera felicitarte por el logro de finalista de la beca y pretenda obsequiarte algo… – valoró una compañera de clases de su mismo salón. Escuchar eso hizo que Hinata se encogiera de hombros, más todavía cuando el albino frenó.

Sin darle lujo a ninguno de ellos a abrir la boca en cuanto a ella, por cualquier razón que fuera, se abrió cami no entre ellas chocando violentamente de hombro con una de ellas, ganándose un cúmulo de reacciones chillonas por parte de esta.

– Pero… ¡¿Al menos discúlpate, no?! – dijo la chica decidiéndose por empujarla por la espalda provocando que la pelinegra tropezara al suelo. Solo se ganó una mirada de odio. – ¡¿Qué miras, patosa?! En vez de quedarte mirando el estropicio que ocasiones, podrías aunque fuera poco, simular que tienes linaje aristocrático postrándote educada, como antes.

– Me llama patosa tras haberme hecho tropezar… – murmuró con desprecio Hinata enfadando aún más a la chica que le hablaba, pero Toneri intervino.

– Me disculpo por mi prometida, Srta. Chiyako. – musitó él mediante una sonrisa de oreja a oreja, haciendo sonrojar a todas las que llegaron con él. – Claramente, no parece estar teniendo una buena mañana. Por eso, acepta esto como compensación.

La chica se sonrojó todavía más cuando de la nada, Toneri hizo un juego de manos para sacar un clavel del ramo que Kaguya le había obsequiado como regalo por lo de la beca. Volteando a ver a Hinata, quien persistía en el suelo, alargando el escándalo para que fuera visto para la mayoría que circulaba por ahí, decidió arrodillarse frente a ella y ayudarla a incorporarse. Mediante el gesto, observó como en el suelo, había un presente en el suelo con una etiqueta con el nombre de Uzumaki, también reconoció la prenda del último con facilidad, a pesar de esta estar más escondida.

Sus ojos grises brillaron con frialdad. Antes de que pudiera acercar más su mano para ayudar a levantar a la pelinegra, la notoria cabellera de Naruto pareció acaparar la atención de esta.

Toneri no pasó desapercibido las miradas curiosas de los demás hacia este, por obvios motivos. Bajando la mano que le ofrecía a su prometida, llamando su atención debido al gesto, volvió a incorporarse. Solo que tomando la caja de bombones junto a la carta, muy para el asombro de la Hyuga, le barrió el paso a Naruto y al resto con el brazo sin decirle nada, tendiéndole ambas cosas.

Naruto frenó con curiosidad, borrando un poco su sonrisa característica para mirar con cierta desconfianza al albino, el cual le dedicaba una mirada seria, pero a su vez, tranquila. Indiferente. Alzando una ceja, observó como este último giraba algo su cuerpo.

– Supongo que debo felicitarte, Uzumaki. – saludó Toneri con suficiencia tras soltar un suspiro que para muchos podría denominarse como burlón. Invitando a que este agarrara los regalos de Hinata con un pequeño gesto demostrativo de estos frente a su mirada azulada, esperando ser respondido con su típica mueca de disconformidad hacia él. Esta no tardó en llegar. – Enhorabuena… y además, felicidades. Dejaste a más de uno sorprendido ante esa inesperada "victoria".

Algunos se mostraron confundidos al no tener idea de a lo que se refería, mientras que otros no hicieron otra cosa que mirar fijamente a Naruto.

– Ya, paso… – soltó claramente desconfiado y para que negarlo, algo horripilado de las confianzas que se tomaba este con él, tampoco le entusiasmaba el tono de voz que implementó. Cuando Shikamaru le puso una mano en su hombro como invitación a avanzar, cumplió y junto a los demás, terminó por ingresar al aula, empujando con su propio torso el brazo del Otsutsuki, siendo frenado por este. Shikamaru soltó un bufido de exasperación al ver el posible paripé de estos dos, últimamente había demasiado ruido en este estúpido campus. – ¡¿Qué coño crees que haces?!

Volviendo a empujarle del mismo modo, los bombones y la carta cayeron al suelo, Toneri apenas miró estos en el suelo por más de dos milisegundos para volver a mirar enigmáticamente al rubio frente a él. Esta vez, más de uno decidió hacer caso omiso y seguir su camino, especialmente el conjunto de chicas que aparecieron junto al albino.

– Qué desagradable, mi novia parecía querer dártelos ella misma… – se atrevió a decir con ironía el Otsutsuki, sin mostrar voluntad alguna de querer recoger el objeto en cuestión del suelo. Por otro lado, supo guardar las apariencias a la perfección frente al Namikaze, el cual mirando a la pelinegra, quien le observaba esperanzada y con semblante tímido, pareció incomodarse. – ¿Te importaría ser un poco más considerado con ella?

Antes de pronunciar esa última palabra, la campana de inicio de clases sonó, por lo que la gran mayoría de los pocos curiosas que estaban husmeando lo que sería una cuarta parte del chisme a la hora del almuerzo, se apresuraron a entrar en el aula.

– Lo que debería importarte, es que ella quiera que no lo sea. – recalcó Naruto arisco para finalmente pasar de largo, dando por finalizada la conversación. Esta vez Toneri no se interpuso más en su camino, nadie logró ver la imperceptible sonrisa de satisfacción en si faz. Saltaba más a la luz su fría mirada grisácea y el mero hecho de haberse quedado en silencio.

Hinata se tensó estupefacta cuando el rubio dijo esas palabras sobre y para ella, delante de todos. Estaba confundida… ¿Qué quería decir con eso? – Naruto… Yo solo… – pensó mientras sus labios empezaban a temblar de los nervios, sus ojos pronto comenzaron a humedecerse. Sentía como su cabeza empezaba a ganar color y a entrar en calor. ¿Cómo era posible que el resto de su cuerpo se sintiera más helado que Alaska en invierno? – Hoy es… ¿Por qué?

– Así que… ¿Qué harás con esto ahora? – cuestionó Toneri con aparente tranquilidad, tendiéndole tanto los bombones como la carta que ella había escrito para Naruto. Saliendo rápidamente de su letargo lleno de confusión, miró con nerviosismo a tu prometido. Ni se había dado cuenta de que le hablaba a ella, pero ¿A quién más, si no? A pesar de definitivamente creer que lo que escuchó en los baños ayer no eran más que simples mentiras, algo típico y nada nuevo, no le apetecía involucrarse con él. Ni hablarle.

Agarrando de malas formas sus pertenencias, se levantó enseguida de su postura del suelo del pasillo solo para volver a apretarlas contra su pecho.

– Otsutsuki, Hyuga entren a clase. – ordenó la profesora Kurenai, trajinando consigo sus libro y apuntes de su primera lección matutina. Pasando sus ojos carmesíes por toda la figura de la pelinegra, ojeando su aspecto, no pudo evitar soltar un suspiro de exasperación, para seguidamente toser. Evitando hacer una mueca de desagrado ante lo desaliñada que aparecía una de sus alumnas. – Aguarda, Hinata.

Esperando a que Toneri ingresara a su salón, Kurenai finalmente colocó una mano en su cintura para demostrar más confianza con la Hyuga, ya que también era profesora de secundaria inicial justo cuando los que ahora eran de último año, la cursaban.

– No puedo dejarte pasar a clase vistiendo así. – informó la profesora algo más tajante de lo necesario, al menos ante los ojos de la menor. Quien no se tomó bien ese comentario.

– ¿Qué? – increpó Hinata incómoda, ocultando su rostro mediante su larga cabellera lisa mientras mantenía la mirada de nuevo al suelo.

– Sabes perfectamente que como alumna y que como estipula en el reglamento estudiantil, tu deber es mantener el uniforme impoluto, que hay que vestirlo adecuadamente a diario. Vuelve a casa y cámbiate, por favor. Te daré un pase… – prosiguió la Yuhi con tranquilidad, aunque a su vista, fuera más preocupación genuina que una riña. No era la primera vez que había visto como la heredera Hyuga no cuidaba de su Fuku como era debido.

¿Cómo…? – meditó Hinata tensándose debido a la vergüenza y enfado. No quería tener esa clase de atención y menos de… Mentalmente, su cuerpo se crispó de la nada más escuchar en su cabeza, las risas de otros estudiantes. Lo que la sacó de su ensoñación fue el mero hecho de recordar la más reciente mirada que cierta pelirrosa le dedicó hace meros minutos. – En el reglamento del profesorado tampoco se permiten las relaciones con compañeros de trabajo, concretamente con el profesor del 2 - B ¿Me equivoco, Kurenai?

– ¿Disculpe, Srta. Hyuga? ¿Cómo dice? – insistió Kurenai completamente en shock ante lo que acababa de oír.

Hinata podía sentir los latidos acelerados de su corazón por lo que acababa de decir en voz alta, innecesariamente. Sus labios temblaban de nuevo, pero esta vez no debido, o al menos, no completamente por el deseo de llorar. Esta sensación le era conocida, ya la había sentido antes, más veces…

Es como esa tarde, en la estación de tren… – recordó la pelinegra con rencor. – Se lo merecen, por provocarte… ¿De qué se sorprenden que actúe así de… de…? Mord…

Frenó en seco cuando al girar, en su intento de empezar a dirigirse hacia la puerta de su salón, se topó con la mirada severa del profesor Asuma. Este la escrutaba con sus ojos, postrándose con una expresión que nunca había tenido el placer de conocer, al igual que cualquier otro alumno.

Más de un estudiante pegó un bote en su asiento una vez la riña del Sarutobi empezó, sin poder llegar a creer lo que veían.

Por desgracia de la Hyuga, volvió a estar en el punto de mira y esta vez, hasta ella misma, se había percatado de lo que hizo mal, por lo que se mantuvo callada con la cabeza gacha. Incapaz de demostrar confianza como cierta pelirrosa del demonio, recibiendo un distinto tipo de reacción por parte de terceros como cuando se trataba de la última.

– Asuma, cálmate ¿Está bien? – propuso Kakashi sutilmente para el susodicho, quien llegando hasta ellos, por costumbre tarde para empezar la tutoría de su grupo. Él estaba aún más confundido que Iruka, el cual se encontraba a su lado. – Estás asustando a un alumno.

– Me ocuparé yo de este asunto, profesor Kakashi. – insistió Kurenai, controlando sus emociones mucho más que su actual pareja. Había sido algo nuevo verle reaccionar así, tampoco se había dado cuenta de que estaba en el pasillo con ella, no habían salido juntos de la sala de profesores. – A fin de cuentas, como ya se lo dije a su alumna aquí presente, se encuentra incumpliendo ciertas reglas. Aunque con lo ocurrido, no me queda de otra que obligarla a que me acompañe a dirección.

Kakashi suspiró nasalmente con hastío, observando con cierta decepción a su alumna, la cual conocía lo suficiente para darse cuenta de los cambios de conducta que estaba teniendo cada vez más seguidos. Lo que fuera que Asuma hubiera escuchado, tuvo que ser algo referente a la Yuhi. A todo esto, Hinata mantenía la mirada en el suelo. Evitando la mirada de todos.

– Puedo hacer tu tutoría, Kakashi. Harías bien de acompañar a tu alumna a dirección, tal vez se te requiera ahí. – le susurró Iruka inclinándose levemente hacia él, ganándose una simple mirada por el rabillo del ojo.

– Vamos. – obligó la pelinegra con frialdad y seriedad para la menor.

Esta nerviosa, no hizo más que alzar la vista con alteración solo para enfocar su vista hacia el Hatake, pero este enseguida apartó su mirada de ella para voltear a ver al castaño situado a su lado, a su forma de ver, como si no le llevara nada de tiempo intervenir. ¿Por qué no frenaba todo esto ahora como otras veces? Era entendible que su comentario estaba fuera de lugar, pero…

– Eres libre de acompañar a Kurenai si tanto te incumbe, Iruka. Aunque yo confío en que ella es capaz de actuar debidamente con lo que sea que haya ocurrido aquí. Ella ya me informará de los hechos después. – interrumpió el albino con tranquilidad mientras empezaba a andar en dirección contraria a la de Kurenai e Hinata. Iruka enseguida estuvo pisándole los pies, en lo que Asuma se escabullía en su salón todavía enfadado. Sabía perfectamente de la razón por la que le estaba acompañando. Quería participar y estar en primera fila al momento de anunciar los ganadores de la beca ante los alumnos, innecesariamente. Podía comprender esa necesidad, no obstante, le había visto hablar con el Uzumaki en la entrada del campus y dudaba que se tratara solo por felicitarle por su cumpleaños. – No necesito que estés conmigo para anunciar lo de la beca, sobre todo cuando lo más seguro, es que Naruto ya lo sepa.

– No viene de ahí, Kakashi. – insistió el suplente con una sonrisa gentil y tranquila. – Me apetece estar porque Hiruzen igualmente querría que…

– Sarutobi mismamente lo presenciará cuando se le otorgue la beca a Naruto en la ceremonia de entrega, pero que más da… – respondió Kakashi sin sentarle mal haber interrumpido al Umino en medio de su frase. Pensándolo bien, no le apetecía demasiado discutir. Bastante mal se sentía por su alumna, sabía que esta noticia podría sentir como un escupitajo en toda la cara. Por su lado, Iruka hizo como si no le hubiera escuchado.

Los alumnos más curiosos, que se habían quedado notoriamente husmeando contra las ventanas del aula, tuvieron que correr al momento que vieron que su tutor, seguido de Iruka, se predisponía a entrar en el aula en silencio.

Nada más entrar, ambos profesores pudieron leer el mensaje escrito en la pizarra. "Felicidades, Naruto Uzumaki". El rubio no había sido quien lo había escrito, reconocía su letra.

– Levántense. – dijo el delegado, todos cumplieron con la orden y tras su saludo, pronto todos volvieron a sentarse en sus sitios.

– Buenos días a todos. – saludó el Hatake desenrollando un folio de tamaño a2 que anunciaba las becas, para firmemente pegarlo con cinta contra la pared. – Como podréis ver, les traigo noticias importantes. Las personas más afortunadas, se habrán enterado por sus padres, otros por los anuncios en los pasillos, pero como cada año, los que cursan último de bachiller, se enfrentan a la posibilidad de ganar una beca que otorga el campus desde hace años para ayudarles en su futuro laboral y profesional. Ya saben, la subvención KG.

En eso, muchos de los alumnos, empezaron a hacer percusión con sus pupitres más que nada por la gracia.

– Como ya se pueden imaginar, esta beca no es en absoluto, nada del otro mundo. Una oportunidad así, haber sido considerado como tal o quedar como finalista, ya es un logro. Con esta insignia, muchos de vuestros predecesores que la han obtenido, han logrado llegar lejos. – habló Iruka animadamente, dejando con la palabra en la boca al tutor. El cual parpadeó para disimular de obviar su fastidio y seguidamente aprovechar para colocar su mirada en Sakura, la cual enseguida se postró atenta al tema en cuestión. – Pero debo decir que…

Unos golpes en la puerta interrumpieron a Iruka, sin tener tiempo a reaccionar, todos los presentes en la sala vieron como Danzou no se molestaba en esperar para el permiso de ingreso al salón.

– Profesor Hatake, hay un asunto urgente que usted debe explicar. Le necesito en mi despacho, ahora. – afirmó el pelinegro con frialdad pasa consecutivamente volver a ajustar la puerta y marcharse de ahí.

¿Ahora qué? – pensó el profesor con intriga. Esto no podía tratarse de lo de cierta Hyuga, estaba claro. Mirando hacia Iruka, se dio cuenta de que él no tenía nada que ver, ya que parecía estar igual de sorprendido que él. – Parece que es serio…

Quedando solo Iruka como suplente en la clase por pura casualidad, este decidió proseguir con lo que iba diciendo.

– Como iba diciendo, todos los profesores estamos sorprendidos de que este año, los alumnos de una misma clase hayan sido todos los finalistas para la beca. – continuó el moreno mientras se dirigía detrás del atril frente a la pizarra. – Enhorabuena al ganador, Naruto Uzumaki.

Pocas manos se animaron a aplaudir ante el anuncio, lo que ocasionó que reinara por poco rato, un silencio incómodo en lo que los primeros dejaban de palmear progresivamente. Los susurros entre alumnos pronto se pudieron escuchar.

Sakura se mordió los labios desde el interior debido a ese comunicado. Bajando la mirada hacia su pupitre, le fue difícil tragar saliva. No estaba sorprendida, en verdad, Y aun así… seguía manteniendo esperanzas de que no fuera el caso. Se había preparado por mucho tiempo solo para…

Tuvo que morderse el labio con más fuerza al sentir como se le humedecían los ojos, hasta el punto de tener que exhalar con disimulo sin poder controlar la inquietud presente en sus pies.

– Felicidades también a los cuatro finalistas. – añadió Iruka solo para ser sorprendido cuando una chica alzó la mano para hacer una pregunta.

– No se dice por ningún lado, pero… ¿Los finalistas obtienen alguna recompensa? Los que se graduaron el año pasado, nos dijeron que se trata de una competición entre los alumnos… – cuestionó la muchacha tras obtener el permiso de Iruka.

– Es una competición en donde vuestra evaluación como estudiante es valorada para la beca… – explicó muy resumidamente el profesor apoyándose en el lateral del podio con una mano y después cruzarse de piernas. – Por lo general es nivel académico, pero también entran otros factores para ser considerado ganador. Respondiendo a la pregunta, el campus solo otorga una beca, pero cada finalista obtiene algo parecido a una recomendación por parte de los profesores a la universidad que elijáis, lo cual también abre puertas. Como ya he dicho, esta beca no es una oportunidad que desaprovechar.

Sin querer, con su mano, la Haruno golpeó su estuche, provocando que este cayera al suelo estrepitosamente.

– ¿Quiénes son los finalistas? – indagó otro alumno con escepticismo en su tono de voz, no le había gustado en absoluto esa noticia.

– Ya tardabais en preguntarlo, Naruto levántate. – solicitó Iruka mientras ensanchaba su sonrisa, siendo respondida por una casi igual por parte del Uzumaki, quien obedeció enseguida. – En verdad, chicos, de repente, os noto decepcionados en comparación hace pocos minutos ¿Qué pasa?

Nadie quiso decir nada, lo que creo más incomodidad. Por su parte, Naruto volteó a mirar por el aula, la gran mayoría parecía hablar entre si o dedicarse miradas incrédulas y demás con sus compañeros.

– En fin, una vez diga vuestro nombre, os invito a levantaros. El primer finalista es, Sasuke Uchiha. – dijo con firmeza el Umino, a sus espaldas, Sakura escuchó como su novio se levantaba de la silla, pero no se dignó a voltear a verle, a pesar de haber sentido sus continuas miradas hacia ella por parte de este.

Sasuke fue recibido por más aplausos que con Naruto, algo que le importó solo un poco más por el hecho de centrarse en regodear internamente el hecho de haber logrado ganarle algo al pelinegro. – El segundo finalista, Toneri Otsutsuki y en tercer lugar… Sakura Haruno.

"Supongo que estarás al corriente de que esto puede generarte problemas para el futuro. Sobre todo para obtener esa beca que tanto aspiras… "

Lo de aquel día, pudo haber sido directamente la razón de esto o una parte de ello. Eso implicaba que los resultados ya estaban claros desde hace tiempo.

– Ahora, este año, las cosas ocurrirán un poco diferente a años anteriores. Hace ya años que se ofrecen becas a nuestros estudiantes y la prensa, gracias a la familia Otsutsuki… – argumentó Iruka sin poder evitar mirar hacia Toneri, quien se postraba altivo e ignorante hacia las miradas de sus compañeros una vez se pronunció su apellido. – En colaboración con la Hyuga, realizarán entrevistas y por primera vez, se hará un reportaje que saldrá en las noticias. Por lo que… ¿Sakura?

La pelirrosa apretó el estuche, nuevamente lleno, en sus manos. Sabía de antemano lo que iba a escuchar.

– Hiruzen apreciaría que ayudaras con los discursos, tu elocuencia nos será beneficiosa. – inspiró el profesor haciendo una seña con los nudillos hacia ella junto a una sonrisa amigable.

– No lo haré. – frenó ella rápidamente mientras mantenía una mirada inerte y fría hacia ningún lugar en particular. Una vez dicho eso, dejó el objeto en sus manos de vuelta a su mesa.

– ¿Qué? Sakura, piénsalo bien, estamos hablando de una buena oportunidad… Como todo lo demás, hay que colaborar entre si. – insistió Iruka, debía admitir que eso le había puesto innecesariamente nervioso, por no decir incómodo. – Esta atención por parte de los medios, es una ventaja. No solo como finalista, tu deber…

– No haré el discurso o ninguna entrevista, profesor. – terminó la Haruno logrando controlar a duras penas su aflicción. Aun así, para el único Uchiha presente, no le fue fácil dar por sentado que su novia fingía tener el control, estaba mintiendo y esa elección, tenía sus razones. Cosa que le disgustaba no saber.

– Lo haré yo, profesor. A fin de cuentas, debo colaborar en los asuntos que involucran a mi familia. – se animó a decir Toneri levantando el brazo levemente, haciendo que el Umino volviera a mirarle.

– Está bien entonces, pero no dudes en pedir ayuda a tus compañeros en caso de necesitar ayuda. Estaría bien que de alguna manera, sobre todo tú, Sasuke y también tú, Naruto, le echarais una mano y… ¿Sakura? Déjame decirte que no me parece bien que hagas eso. – recriminó deliberadamente el profesor, ganándose lo que parecía ser un bufido descarado de burla hacia él, por parte de la última. – En lo que vuelve el profesor Kakashi, estudien o salgan tareas de la asignatura inicial, en silencio.

Desde su pupitre, Neji escrutó con la mirada, la cual también tenía su dosis de confusión, a los que en su momento, eran conocidos como el equipo siete. ¿Por qué llamarles así? Digamos que por las meteduras de pata por parte de Naruto, algunas también de Sasuke que de alguna manera, no siempre, repercutían en la Haruno… Los tres, tuvieron una temporada donde estaban castigados hasta las siete de la tarde en el campus.

No iba a negarlo, no se esperaba esa reacción por parte de la pelirrosa en cuanto a la beca. Cualquiera persona aspirante a la misma, estaría decepcionada, como más de uno que ni siquiera parecía haber sido considerado para finalista y que cierta persona, sin pena alguna, le hubiera arrebatado el premio. Sería más lógico si alguno de los finalistas, fuera el ganador, en vez del propio vencedor.

– Es injusto… – murmuró mediante un suspiro lleno de incredulidad mientras se descruzaba de brazos.

– Cierto. – señaló Tenten, pendiente de lo que había dicho. Sin esperar encontrarse con la levemente estupefacta expresión del Hyuga a su lado. – Te refieres a la beca ¿Verdad?

Al cabo de pocos segundos, Neji finalmente sonrió sutilmente y seguidamente, en silencio, ponerse a trabajar, aunque en los primeros minutos no pudo evitar distraerse ante los notorios cambios de la morena a su lado, que en cierta manera, eran como unos golpes continuos de más en sus neuronas que aceleraban a su corazón.


Kakashi frenó de golpe antes de voltearse hacia la puerta del despacho de Danzou, por la pequeña zona visible de la puerta de la sala del profesorado, le pareció ver pasar una cabellera rosada conocida.

– No pienso tolerar que me hagas esperar, Hatake. – se atinó a decir severamente el Shimura mientras volvía a abrir la puerta para llamar la atención del mencionado nuevamente. – Y deja tu estúpido librito en tu mesa por una vez. ¡Tú!

Shizune la cual recién salía de su propio despacho leyendo una carpeta de documentos, se asustó un poco ante el tono de Danzou hacia ella, este incluso se encontraba señalándola maleducadamente. – Tráeme un café. Ahora.

Kakashi negó con la cabeza llena de desgana y decepción ante el pelinegro frente a él, la jefa de estudios tenía las manos ocupadas y su propio trabajo como para hacer de su asistente personal. Por otro lado, había sido él quien se había tenido que esperar, se había tomado la libertad de atender una llamada "importante" en su despacho.

Shizune pudo ver como el Hatake parecía compadecerse del trato que el Shimura le daba tan abiertamente, fue por eso que solo se dignó a sonreír forzadamente y seguir por su camino sin decir ni mu, aunque algo de curiosidad sentía. Conocía el horario de clase del profesor, ahora debería estar dando su tutoría.

¿Qué querrá Danzou con él? – se preguntó Shizune con incerteza, pero le daba mala espina. Había descubierto que el tema monetario del centro, tenía ciertos detalles peculiares tal cual sospechaba su jefa, pero aun así necesitaba hacérselo saber cuanto antes a la misma. Olvidándose por completo de la tarea mandada por el Shimura, optó por seguir haciendo su trabajo como si nada.

Dejando que la puerta del despacho se cerrara por si sola, al girarse, no se sorprendió al ver al subdirector ya sentado en su ostentosa silla detrás del escritorio que conjuntaba con la misma en cuando a estilo y adornos.

– Si realmente piensa, que voy a dejar que arruines lo que se viene, Sr. Hatake… Está muy equivocado. – comenzó Danzou tétricamente, intentando sonar lo más amenazante posible. Kakashi afiló su mirada, pero había que reconocer que se encontraba más confundido que otra cosa.

Tirando de mala gana el periódico al otro extremo de su mesa hacia el profesor de filosofía, este se simplemente miró las hojas con indiferencia, hasta que reconoció el titular de la noticia de la página. Lo que le invitó a leer con atención, aunque confundido, no sabía qué tenía que ver con él. Se trataba de un anuncio en el que se mencionaba cierto instituto prestigioso y reconocido en la ciudad de Tokio, donde se apuntaba que el profesorado se relacionaba con menores de edad.

– Explíqueme… – añadió Danzou nuevamente tirando encima del periódico unas fotos en donde salían él y Sakura parados al lateral de su 4x4, abrazados. Por otra parte, otra de las fotos se les veía claramente salir juntos de la clínica hace un par de noches. – Esto.

Alguien llamó a la puerta y justo después de que el Shimura diera permiso para entrar, Kakashi giró la cabeza para encontrarse con un serio Kizashi como recién llegado.

Así que no fueron imaginaciones mías… – reflexionó el Hatake sin ocultar su enfado con la simple presencia del Fuji, quien a pesar de mostrar una mueca de desprecio algo corta, enseguida le ignoró para mirar al subdirector.

– ¿Me llamó subdirector Shimura? – habló presumiendo de su nueva corbata y traje frente a los presentes, Kakashi achicó la mirada con sospecha.

Esto no es coincidencia…


Girando con desgana su móvil para no tener que ver la pantalla, Tsunade suspiró a la vez que se apoyaba en el respaldo de su silla de brazos cruzados. Sabía perfectamente que Hiruzen, al conocerla de hace años, supondría al no haber hablado en días, algo que no debería sorprenderle, ya que para él no era nada nuevo, que estaba algo molesta con él.

De no haberse dado cuenta, no tardaría en hacerlo, pero en verdad le daba igual. No era nada difícil entender sus motivos y lo que la habían hecho llegar a sentirse a tal punto.

Una notificación le llegó en el escritorio de su ordenador, un conocido suyo de su época universitaria, colega de ella y Dan de hace años, acababa de mostrar su fascinación en cuanto a los resultados de su investigación y nuevo proyecto personal. El cual, siendo sincera, no podía atribuirse todo el mérito completo ni aunque quisiera.

Sí, ella había comenzado el estudio, ella había desarrollado los planes y de no haberse quedado estancada por todo ese tiempo, tal vez estaría todavía sin avances, quién sabe… De no ser por cierta alumna de su instituto. Ella había no solo dado un nuevo enfoque realmente necesario a la hora de culminar con ese desesperante bloqueo en el que se encontraba, había hecho uso de métodos antiguos fácilmente.

Esa mocosa de apenas metro y medio, había logrado captar su atención, su curiosidad, no solo su manía. De una manera que le proporcionaba cierta añoranza a muchos años atrás, reconocía esa voluntad en sus ojos perfectamente, uno que ella también ha tenido. No obstante y en eso no iba a rebatirle nadie, es que esa muchacha carecía de autocontrol emocional. Había algo ahí que la desataba sentimentalmente y desgraciadamente, en su informe académico solo había lo justo y necesario, aparte, Hiruzen… Simplemente, no le dio mucho tema de conversación, solo un llano "Es complicado"...

Lo que no es ninguna sorpresa… – vaciló con sarcasmo la rubia mientras reevaluar a la pelirrosa en silencio. – Estará más que claro que se encontrará desilusionada por los resultados de la beca.

Lo que era injusto. Quedar como última finalista debió sentarle como un dedo húmedo en la oreja. Había escuchado varias veces las ganas de la Haruno para obtener la beca KG, esa determinación, en cuanto a los estudios, al conocimiento, aunque en este centro no fuera algo nuevo, no había tenido la suerte ni la oportunidad de ver en otro estudiante dedicar tanto tiempo a aprender, a esa necesidad de cultivarse en más de un ámbito. De lo contrario, le habría parecido aún más extraño que ella usara un sistema tan añejo con tanta familiaridad, uno que requería entendimiento y lógica para ponerlo en práctica.

¿Qué fue lo que la hizo usar ese método? – pensó con una sonrisa ladina incapaz de contener una diminuta parte de su orgullo, a pesar de que el suyo propio se viera dañado por no haberlo hecho por su propia cuenta, por no pensar en ello antes.

Shizune entonces entró en su despacho, justo en el momento en el que se escuchó nuevamente el zumbido proveniente de su teléfono. No se molestó en mirar de quién se trataba. Limitándose a exhalar sonoramente, ganándose una sonrisa amigable y tranquilizadora en su colega y secuaz, aceptó de buena gana la taza blanca que dejaba un agradable olor a capuchino y chocolate, servido junto a unas galletas con una cara de chocolate con leche. Aperitivo que ambas gozaban en común.

– ¿Alguna ocasión especial por la que me haya ganado esto, Shizune? ¿Acaso quieres salir antes del trabajo, hm? – bromeó Tsunade con libertad observando como su amiga también dejaba varias carpetas en el escritorio.

– Al conseguir finalizar su nuevo proyecto, creía que se merecía celebrarlo con algo, por poco que fuera. También se las traje porque hablar sobre los presupuestos y demás del centro, será más ameno tomando algo dulce. – elaboró la Sato con complicidad, conocía a su jefa de hace años y en cierta manera, le proporcionaba satisfacción hacer bien su trabajo junto a ella. – Su intuición no estaba equivocada, Srta. Tsunade.

En lo que Tsunade soplaba la parte superior de su pequeño entremés matutino con ambas manos, disfrutando del calor de la taza en sus palmas, la primera demostró con un asentimiento con la cabeza, que se dedicaba a escuchar lo que se le decía, solo para verse interrumpida por unos gritos camuflados e incomprensibles provenientes de la pared contigua que daba al despacho del subdirector Shimura.

– ¿Sabrás por casualidad del motivo del escándalo de la cabra loca en el despacho de al lado? Por un día en el que pocos días que está todo más en orden y hay paz… – interrumpió con hastío la Senju en lo que seguidamente se apresuraba a dar el primer corto sorbo de la taza.

– Solo vi que se encuentra reunido con el profesor Hatake, parecía ser serio. – informó Shizune intentando no obviar demasiado su preocupación por Kakashi frente a su subordinada. Al ver como la última empezaba a leer los documentos dentro de la primera carpeta, enseguida decidió recomponerse y centrarse. – Los últimos gastos que usted podrá corroborar ahora por usted misma, son los que conjuntamente con la familia Hyuga y Otsutsuki no optaron por no pagar en cuanto al reportaje de la prensa…

Tsunade arrugó el ceño confundida, frenando al escuchar eso último por parte de la morena. – ¿Algún problema?

– No recuerdo dar el visto bueno a hacer el reportaje, la idea simplemente se me comunicó como oferta y ¿Ahora me entero de que ya está en marcha? ¿Qué está pasando aquí, Shizune? No di permiso. – aclaró Tsunade algo molesta y decepcionada.

– Recibí un correo de parte de usted autorizándolo. – respondió la morena más confundida que la directora, empezando a estar nerviosa, no pudo evitar jugar con su labio inferior con incomprensión. – Le envié toda la planificación que acordamos, a las pocas horas, su respuesta fue concisa, informar a la junta de padres y a la prensa que se aceptaban los términos.

– No leí semejante email. O nada semejante… – afirmó Tsunade intentando no sonar demasiado arisca al hablar solo para seguidamente revisar su bandeja de entrada, encontrando efectivamente, el dichoso mensaje, el cual ella no había escrito.

Eso solo podía significar que alguien había autorizado algo haciéndose pasar por ella, dando un golpe en su escritorio mientras se incorporaba violentamente de su asiento, la Senju no hizo más que sisear, sin poder evitar entrar de mal humor. Lo que faltaba, ahora tocaba tener a los medios en su centro académico, donde no pintaba nadie. Ahora entendía ciertas llamadas de números que no conocía. Volviendo a escuchar el escandaloso tono de voz de Danzou en su despacho, el cual parecía estar acompañado por más de una persona, parecía que la persona creadora de este plan, no era tan misterioso.

– Hablaremos de esto luego, pero ya aclaro que no habrá reportaje, Shizune. Este centro tiene su fama y prestigio, cierto, pero donde la gente se dedica a hurgar, sale la roña que uno descuida y con tanto que mejorar, no quiero tener "miradas de juez" por parte de desconocidos en este trabajo también. Hablando de estos documentos, veo en otros recibos, el cobro de servicios que yo tampoco he autorizado, donaciones ocultas, pero ¿Dónde…? Hay varias que coinciden en cifras. ¿Debo suponer que esta desorganización, este balance tan justo viene de hace años? – valoró Tsunade sin levantar la vista de los informes en sus manos, no hacía más que releer continuamente varios de estos.

– Parte de ese dinero, no se encuentra en la cuenta bancaria del centro, la suma consta en informes, pero es como si no existiera. Por cantidades, en el historial, no se encuentran coincidencias. Aunque hay un detalle curioso y es que, en esos recibos, parecen ser fotocopias. Estas también cesaron desde hace pocos meses. Aparte, no parecen ser oficiales, ya que no tienen la marca oficial del banco. – afirmó Shizune con sospecha. Desde su postura, parecía que Tsunade estaba dispuesta a patear su escritorio nuevamente, pero esta logró contenerse a pesar de su obvio enfado.

Dinero ilícito… – reflexionó la Senju con desagrado a toda esta situación tan absurda. Volviendo a sentarse en su silla, se predispuso a dar una gran y agresiva mordida a la primera galleta de chocolate servida. Tal vez eso la calmara un poco. – ¿Qué hacía Hiruzen en estos casos? ¿Lo sabía al menos? Es poco probable…

De pronto, un escandaloso golpe seguido por lo que parecía ser un mueble chocar contra la pared contigua alarmó a las dos mujeres presentes en la sala, no tardó en poder oírse como algo frágil, seguramente algo decorativo, caí al suelo y se rompía. Sillas de la sala del profesorado hicieron ruido al arrastrarse, lo que fuera que pudiera estar sucediendo en el despacho de Danzou, parecía ser más problemático y ruidoso de como en realidad solía frecuentar ser. Tsunade estuvo a punto de no inmiscuirse hasta que…

– ¡QUÉ ALGUIEN LLAME A LA POLICÍA! – dijo una voz masculina, la cual ninguna de ellas reconoció. No obstante, eso no evitó que ese escándalo no les preocupara, así que ambas no tardaron en salir.

Shizune no tardó en colocar una mano frente su boca para no mostrar su sorprendida expresión ante lo que veía. Kakashi, se encontraba sujetando de la camisa a otro hombre, con el puño alzado con claras intenciones de agredirlo, tanto Ibiki como Azuma parecían haber intentado detenerlo pero sin lograrlo, aunque al parecer no desistieron y decidieron volver a intentarlo, esta vez logrando apartarle aportando más fuerza, sobre todo por parte del profesor de matemáticas.

Tsunade a punto de abrir su boca para pedir explicaciones, al escuchar antes la voz de Danzou, volteó enseguida a mirarlo.

– ¿Policía? Necesito ayuda urgentemente en el instituto Konoha Gakuen… – solicitó el Shimura libremente mientras observaba con enfado hacia la espalda de Kakashi y compañía. A su ver, la escena era patética.

– Cuelga ese teléfono, Danzou. – ordenó Tsunade dando un paso hacia él, este apenas le dedicó una mirada de corta durada para enseguida seguir hablando.

– Un profesor ha agredido a alguien, vengan lo más pronto posible. – siguió el pelinegro con altanería haciendo que la Senju arrugara la frente llena de ira, nada más ver como el subdirector colgaba el aparato a la vez que la miraba con superioridad.

– ¿Quién se cree, Danzou? ¡¿Qué cree que hace?! Se acabó, estás despedido… – dijo nada más la rubia, ganándose una mirada llena de desprecio por parte del mencionado.

– Verá, directora Senju… Realmente me sorprende su audacia, temperamento y carencia de comprensión y conocimiento en varios asuntos. Lo ha visto usted con claridad, un profesor ha agredido al padre de un alumno, con evidentes intenciones de repetir sus acciones. Estoy frenando lo que podría llegar a ser macabro, no se le necesita aquí… – se atinó a decir Danzou fríamente.

– Cuidado con hablarme de esta manera… Te dije que quedas despedido, no querrás que ahora que has llamado a la policía, les haga echarte a la fuerza. – soltó la Senju dando un paso más, quedando frente al subdirector, golpeando el pomposo escritorio con mucha fuerza.

Nadie se dio cuenta de que Hiruzen acababa de ingresar a la sala de profesores, al ver todo el personal juntado en una misma zona, se acercó lentamente para escuchar lo que ocurría.

– Espere un minuto, Directora Senju, el subdirector Shimura solo me estaba ayudando. Este señor es un animal, un canalla sin escrúpulos y oportunista. Un pervertido pederasta que se ha atrevido a agredirme. ¡¿Cómo puede despedirle?! ¡Parece la única persona dispuesta a actuar como se debe! – habló con cierto miedo a pesar de hablar escandalosamente. Estaba histérico, su tono fue capaz de crispar a la única rubia dentro de la habitación.

No ayudó que Kakashi estuviera a punto de arremeter contra él de nuevo, siendo fácilmente detenido por Ibiki, Gai, viendo como Asuma a duras penas podía con él, se unió. Aunque enseguida, el profesor de filosofía no hizo más que librarse del amarre a pesar de mantener una mirada de fusilador al Fuji.

– Saquen a Kakashi de aquí y llévenlo a mi despacho. – ordenó Tsunade, esta vez fue el Shimura quien golpeó el escritorio.

Kizashi no hizo más que formar una expresión de confusión ante el descaro de ser ignorado tal fácilmente.

– Ni se les ocurra, señores… – avisó Danzou de manera demasiado amenazante.

– No olvide que aquí, quien manda soy yo. – culminó Tsunade con cada vez menos paciencia. – Empieza a recoger tus cosas, te quiero fuera antes del segundo…

– ¿Por qué no nos calmamos todos? – interrumpió Hiruzen, enseguida ganándose todas las miradas de los presentes. Instantes después se dignó a mirar al Hatake. – Caballeros, obedezcan. Tú también, Kakashi.


– A los que no hayan prestado atención a la clase, se arrepentirán luego. – aseguró Orochimaru mientras echaba una ojeada hacia la mesa donde se encontraba Naruto, junto a Shikamaru y Kiba. Habían formado nuevamente equipo de tres en la clase de ciencias. El primero y el último, haciendo nuevamente que la lección se detuviera por estar discutiendo en susurros entre si, enseguida callaron al verse siendo el producto de todas las miradas de sus compañeros. Haciendo que Kiba resoplase y que Naruto hiciera una mueca con ganas de soltar alguna queja, pero la mirada de Orochimaru lo evitó. – Ya que te veo tan dispuesto a escucharme, mientras nosotros nos dirigimos al patio para proseguir, usted, Uzumaki, se encargará de ir a conseguir los materiales para el experimento. Supongo que, al estar tan atento, se acordará de cuáles eran…

Eso tensó al rubio, el cual evidentemente, con su corta memoria e insuficiencia capacidad de prestar atención en según qué, evidentemente no sabía cuál eran estos. Salió de sus pensamientos ya demasiado tarde, quedando pronto de los últimos en salir del salón a la espera de Orochimaru, quien de brazos cruzados y con las cejas alzadas. Le esperó pacientemente.

– Cloro en polvo y alcohol, el segundo fácilmente lo encontrará en la enfermería por lo demás, pregunte a los conserjes, ellos te echarán una mano. Una vez con todo, nos encontrarás en el descampado de fútbol. Dáte prisa. – recalcó serenamente la profesora, solo para finalmente.

– Pero… – se quejó el Uzumaki al ver que la profesora de ciencias le habló demasiado deprisa. Solo que esta no tardó en abandonar la sala siguiendo el resto de los alumnos, riñendo a unos cuantos que se encontraban haciendo escándalo.

A ver Naruto, piensa… o mejor dicho, haz memoria… – meditó el ojiazul rascándose la melena con confusión. Se encontraban haciendo algo así como una explosión… – Estoy jodido.

No se acordaba ya ni de los ingredientes que se le habían pedido.

– ¿Naruto? – habló una voz conocida para él. Sakura le había llamado. Al verla ahí, se le iluminó el rostro. – La profesora Hebi me dijo que te ayudara con los materiales.

Ensanchando una enorme sonrisa que mostraba sus dientes totalmente blancos, casi corrió para plantarse a su lado ligeramente ruborizado.

En el pasillo, el Uzumaki no dejó de mirarla en ningún segundo, hasta el punto de que su mirada expectante y sonrisa juguetona, hartaron a la Haruno.

– ¿Qué? – habló finalmente Sakura con confusión, solo para observar como su acompañante se rascaba con un dedo la piel de debajo su nariz, entre este y sus labios, con aparente tímido.

– ¿Sabes que es hoy? ¿Verdad? – vaciló con diversión Naruto en lo que Sakura miraba hacia arriba para contemplar su pregunta, hasta que finalmente alzó las cejas.

– Sí. – respondió. Ante su afirmación, la sonrisa de su compañero se agrandó. – Viernes.

Dejándole estático, con su boca semiabierta ante esa inesperada respuesta, volvió en si cuando la pelirrosa siguió andando tranquilamente hasta llegar a la puerta de la enfermería.

– No, pero… – se quejó Naruto siguiéndola adentro de la sala. – Yo me refería a la fecha.

– Tienes un calendario frente a tus narices. ¿De verdad es necesario que te lo diga yo? – a punto de rebatir de nuevo demasiado deprisa, al ver como Sakura señalaba con la cabeza el objeto que mencionó, sus comisuras se vinieron abajo cómicamente. Claramente, la reacción que esperaba y quería no era esa. Al parecer la Haruno no estaba de buen humor, quién sabe por qué. – No te quedes ahí parado y ayúdame a buscar los ingredientes, encuentra una caja de envases de alcohol…

Pasaron unos largos cinco minutos hasta que Naruto desistió en encontrarlos por su lado, hasta que vio como la pelirrosa a su lado intentaba alzarse para lograr tomar algo de uno de los estantes del armario frente a ella. Por inercia, se le calentó el cuerpo cuando, echando una miradita, pudo ver la piel de sus redondeados muslos cuando su falda se levantaba.

Colocándose justo detrás de ella, sorprendiéndola obviamente, abusando de su altura, consiguió fácilmente lo que ella intentaba agarrar. Cuando ella se volteó, le miró tranquilamente, su mirada azulada bajó para chocar con la verde suya de distintos tonos verde, aunque se notara más el jade en estos.

– No queda. – avisó Naruto, haciendo que Sakura alzara su cara hacia arriba para mirar hacia el lugar. Cuando su mano volvió a bajar, se incomodó cuando el rubio acercó su rostro al de ella. No le gustaba para nada estar así. Ciertos flashes hirientes se le avecinaron en su mente aunque pronto los borró con ideas de apartarse, cosa que estuvo a punto de hacer de no ser porque algo pareció moverse por el rabillo de su ojo, por lo que enseguida miró hacia la ventanilla solo para encontrarse con nada.

– Entonces volvamos con los… – zanjó Sakura mirando hacia otro lado, pero Naruto la interrumpió llamando su atención.

– Realmente no te acuerdas de qué día es hoy… – repitió Naruto insistente aunque haciendo uso de un tono más suave. Esta vez, Sakura escondió los labios pensativa, lo que ocasionó que su mirada azul cayera en sus labios adornados con labial carmín.

Con ganas, Naruto colocó las manos en sus hombros atrayendo su atención y por lo pronto fue acortando la distancia de sus rostros. Sakura al volver a alzar su mirada para ver al Uzumaki, se le removieron las entrañas al verle empezar a cerrar sus ojos.

Sorprendido por una violenta bofetada, justo en ese momento la puerta del cuarto se abrió en dos. Ambos movimientos a la par, ingresó Sasuke, acompañado por el único Otsutsuki en el campus.

– Ah… – aseguró Toneri sin poder evitar sonreír casi imperceptiblemente, los recién llegados no tardaron en ver como cierto rubio se recomponía.

– Pero… Solo quería… – musitó Naruto sorprendido agarrándose la mejilla con ambas manos, el golpe supo como un puñetazo, parecía que la pelirrosa iba ganando fuerza al pasar los días. El impacto hizo que se mordiera la lengua.

Sakura al voltear la cabeza, se sorprendió cuando vio Sasuke observando el paripé de manera amenazante, en silencio. Quién sabe lo que podría haber llegado a ver, pero ante cualquiera, la escena podía ser malinterpretada con facilidad. Incómoda, decidió no decir nada y a paso largo, decidió alejarse de ahí sin dar explicaciones ni nada, completamente enrabiada.

– La profesora Hebi os quiere de vuelta. – avisó Toneri alzando los hombros y finalmente predisponerse a salir de ahí, siguiendo los pasos de la Haruno. – Os dejo que habléis como amigos que sois…

Naruto tragó saliva con algo de incomodidad, bajando una de las manos de su mejilla para igualmente retar la mirada que le dirigía el pelinegro.

– Él ya no es amigo mío… – declaró Sasuke con frialdad tras pestañear una vez, relajando su postura justo después. Dichas palabras hizo que la mano recién movida de Naruto, se apretara en un puño. – Solo un maldito idiota que va tras las novias de otros.

Esto último tuvo una reacción diferente por los dos chicos restantes, por lo que, pasando inadvertido de la mirada amenazante y frívola de Toneri, Sasuke ignoró el hecho de que el rubio estuviera con ganas de saltarle encima, mientras el penúltimo le seguía con la mirada.

El albino, quedó indeciso si ese comentario era más una afirmación generalizada y subjetiva o si se trataba de un comentario acertado afirmando que sabía más de lo que demostraba. Al fin y al cabo, ambos tíos se conocían de la tira de tiempo. Fuera lo que fuera, ese comentario le cabreó demasiado, ya que lo sintió como un insulto.

Una vez todos de vuelta en el patio, Naruto, siendo el último en llegar, volvió a incorporarse a su grupo para proseguir con el experimento como si no hubiera pasado nada.

– ¿Te golpeaste con algo de camino acá o qué? Tienes una mejilla toda roja… – cuestionó Shikamaru tras dar una mirada de arriba a abajo de su amigo.

Kiba con curiosidad, observó como Naruto giraba la cabeza para mirar a Sakura, quien junto a Ino, quien no tardó en percatarse de la mirada de ambos, no hizo más que arrugar su nariz con confusión. Era obvio que el tío se había ido a buscar problemas de nuevo con la penúltima. Viendo el panorama, tampoco pasó desapercibido como Sasuke, quien formaba grupo con las dos primeras, parecía estar de mal humor, aún más todavía que antes. La tensión podía olerse.

Tampoco había que olvidar lo de esta mañana antes de clases…

– ¿Profesora Orochimaru, me puede cambiar a otro grupo? – solicitó Kiba alzando la voz, acaparando la atención de la mayoría.

– Kiba ¿Qué haces? – reclamó Shikamaru confundido, aunque no obtuvo respuesta. Kiba simplemente le ignoró, aunque con una última mirada acusadora hacia el rubio de su equipo, el cual se encontraba moviendo su roja mejilla ciertamente incómodo mirándolo fijamente, negó con la cabeza en silencio y se acercó a la profesora de ciencias con afán de insistir.

A decir verdad, cada vez lo toleraba menos, pero quizás se debía más por los pocos rumores que empezaban a circular sobre él.

– Si es por lo de antes, solo era una broma, tío. – comentó Naruto también extrañado, pero el Inuzuka ni siquiera volteó la cabeza ni se limitó a responder. – Kiba, solo fue una broma…

Por suerte, con una corta explicación a Orochimaru, esta aprobó cambiar a Chouji que estaba en el grupo de Shino, por él, cosa que aceptó felizmente.

– ¿Qué pasa? – saludó Chouji, intentando encubrir una barrita de chocolate del bolsillo de su pantalón para que no le atraparan abrirla y empezar a comérsela.

Shikamaru solo se limitó a suspirar y mirar hacia Naruto con cansancio. Este solo se alzó de hombros.

Por su lado, Sakura rehuyó nuevamente la mirada de su novio, dedicándose a apuntar en la hoja de trabajo impartida por Orochimaru, los frutos de su experimento con su material.

Esto no pasó desapercibido por su mejor amiga, quien al segundo de volver a verlos no hablarse, cosa que iba así desde el comienzo de clases, aunque extrañamente el encolado Uchiha parecía estar más que molesto por x razón. Esto quedó comprobado cuando ella y la Haruno le vieron pisar las pastillas de cloro, que la clase había tenido que improvisar al no haber del que necesitaban, con demasiada fuerza. De estas, el polvo casi se escapa demasiado.

Volviendo a mirar hacia el grupo de Shikamaru, ató cabos al recodar que Sakura fue mandada a ayudar a Naruto con el material, que Sasuke y el novio de Hinata fueron tras ellos para hacerlos regresar.

– Vas a hacer un estropicio. – avisó Sakura mirando las acciones del Uchiha.

– Oh, ahora vuelves a hablarme… – musitó con sarcasmo de manera hiriente a la pelirrosa, que exhaló molesta para a continuación pasarle la carpeta y lápiz a la Yamanaka solo para alejarse de los dos en silencio. Sasuke disimuló su rabia mordiéndose la lengua y torciendo la boca, observándola irse en dirección a la fuente, más que arrepentido con lo que acababa de decir.

– Por lo que veo, habéis discutido. – comentó Ino en lo que tomaba aire por la boca y alzaba las cejas, algo ensombrecida por lo que acababa de presenciar. Sabía de antemano que su mejor amiga también estaba molesta y más. Al notar la mirada de Sasuke en ella, notó como esta era afilada, cosa que le hizo inclinar su cabeza y cambiar su expresión a una de fastidio. – Ahórrate cualquier comentario sarcástico Uchiha, a mí no me hacen reír. Así que sé amable y tal vez te pueda ayudar en lo que sea que haya ocurrido para que estéis así. Por lo que… ¿En qué la pifiaste?

Ino se alzó de hombros cuando Sasuke estiró las comisuras de su boca con fastidio. Al ver que se quedaba en silencio, la rubia hizo como si nada y avanzó la tarea de ciencias con serenidad.

– Ayer, discutimos… – admitió finalmente el pelinegro.

– Ya, voy a necesitar más detalles que eso. – argumentó la Yamanaka dando por obvio lo que el Uchiha le decía.

– Discutimos cuando yo le recriminé por no decirme quién le hizo daño. – resumió muy abreviadamente Sasuke. En verdad la discusión duró algo más. – Estuvo todo ayer, pasando de mí sin razón alguna, es más, desde anteayer por la tarde.

Ino solo se limitó a resoplar con algo de burla, cosa que Sasuke no se esperó.

– Bienvenido a bordo de ese barco, Uchiha. – calmó la rubia, la cual empezó a abanicarse con la carpeta en su mano. Bajo el resplandeciente sol que caía directo a ellos y toda la clase donde no había ni una gota de sombra, el calor picaba bastante. – No te quedes tan confundido, ella siempre se ha comportado así más de una vez . Para ponerte un ejemplo, cuando éramos pequeñas, de no ser porque ella lo admitió de golpe frente a mí y otras chicas en primaria, no me habría dicho que le gustabas o así lo creo. Más que tratarse solo de valentía, seguramente fue porque ese día ella estaba genuinamente feliz.

Sasuke entonces se colocó una mano detrás de su cuello, él también sentía demasiado calor, aun así permaneció atento a lo que la mejor amiga de Sakura le explicaba.

– Podrás conocerla de hace años, más que Naruto o Kakashi, seguramente. Pero en esto, sí que te gano, Sasuke. – argumentó la rubia mientras asentía distraídamente. – Sakura va por temporadas y aunque esté más feliz contigo de novia, claramente, eso no eliminará el peso que carga con ella tan fácilmente. ¿Cómo estarías tú, si tu situación hubiera sido más caótica? Te imagino siendo más descontrolado emocionalmente, créeme. ¿Qué quiero decir con esto? Bueno… Para que entiendas el punto, debo aclararte que se me confirmaron las dudas del maltrato de su madre, la noche que esta se quitó la vida… Hay muchas cosas que sospecho ¿Sabes? Detalles que tal vez sabes tú y yo no o al revés. Ella nunca ha querido hablarme de lo que más le atormenta y no creo que solo sea por la simple razón de querer protegerse.

– Más allá de eso, es obvio que ha ocurrido algo. – respondió el pelinegro pensativo aunque más bien decepcionado, volteando hacia la fuente, vio como su novia se refrescaba en esta con paciencia. Ino también se volteó para mirar a su amiga con preocupación.

– Ella apenas confía en nadie. Esa pelea reciente que tuve con ella con lo de Hinata, ese mismo día vi que la había traicionado, fallado. Recuerdo que durante esa temporada, yo estaba igual que tú ahora. Algo picada con ella porque no me contaba las cosas, estaba dolida por no ver facetas que ella describía, por más insensato, estúpido que parezca … Echaba de menos la versión de ella dónde le era más fácil abrirse a mí. – habló Ino haciendo memoria de lo ocurrido entonces. – Luego lo comprendí.

Eso hizo que la mirada azabache de Sasuke cayera de vuelta en ella. Ino, dejando unos pequeños segundos de misterio que no fueron a propósito, finalmente se volteó para pegar el borde de la carpeta de vuelta en su panza con un brazo como apoyo para seguir escribiendo. – Ella no confía en nadie.

– Ella confía en mí, Yamaha… – rebatió el Uchiha entrecerrando sus ojos con algo de superioridad. Ino le miró reprobatoriamente al escuchar mal su apellido. – ¿Yahamana? Lo que sea…

Ino suspiró con hastío, decidiendo darse por vencida con ese tema.

– Ella me explicó como comenzó el tema de Zaku y el otro imbécil… Y ya mucho antes, me enteré… – justo en ese instante, a Sasuke se le vino a la mente esa noche en el hospital, la noche de su secuestro. Lo que decía Ino tenía cierto grado de lógica, se enteró de lo que le hicieron por pura suerte, de no ser por las llaves de su hermano. Lo que podría significar que de darse cuenta más tarde de estas, probablemente actualmente, no lo sabría.

– Confiará en ti, hasta cierto punto. Esa es la pura y dura verdad. – culminó Ino sumándole otro suspiro. – Mira, si me permites un consejo, no estaría mal que te disculparas con ella. Conociéndola, ahora mismo, ella te echa de menos. Créeme, si estuviera de verdad enfadada, te lo habría demostrado sin tapujos.

– ¿Tardarán demasiado en progresar en el experimento, ustedes dos? Ya tendrán tiempo de hablar de otras cosas a la hora del descanso. ¿Dónde esta Haruno? – dijo la profesora Orochimaru acercándose al par con una sombrilla plegable para que el sol no le tocara, envidia de casi todo el grupo de alumnos.

– Aquí. – respondió la última volviendo a hacer acto de presencia.

Orochimaru volvió a subirse las gafas de sol y sin decir más, se alejó hacia otro grupo. Momento en el que Sakura pasó a mirar a los dos integrantes de su equipo. Pronto el equipo volvió a ponerse a trabajar, hasta que en un momento en el que Sasuke se alejaba con los ingredientes para evitar algún accidente, Sakura aprovechó para hablarle a su amiga con curiosidad. – ¿De qué hablabas con Sasuke? Me pareció verles charlar un buen rato desde la fuente…

Ino sonrió internamente cuando una idea se le vino a la cabeza. Mirando como el susodicho comenzaba a caminar de vuelta a ellas, dejó que una sutil sonría vengativa empezara a formarse en sus labios. Al momento en el que el Uchiha estuvo a metro y media de ellos, opto por responder. – Oh, ya sabes… Él me estaba diciendo lo mucho que te quiere, lo mucho que se arrepiente de ser un capullo integral contigo ayer, pero que no sabe como redimirse sin parecer demasiado… Ya sabes, un…

El movimiento brusco del cuello que Sasuke hizo la satisfizo demasiado.

Los ojos de Sasuke temblaron al escuchar todo eso, sintiendo como su orgullo se rompía, sin poder evitar quedarse rígido cuando la mirada verde de la Haruno cayó en él durante unos segundos, para volver a ver a Ino, quien se encontraba fingiendo pensar en algún adjetivo moviendo el lápiz con la otra mano, hasta que finalmente chasqueó. – ¡Ya se! Como un cretino boca chanclas. En resumen, que estaba en modo sapo cursi por lo de vuestra pelea porque no se le ocurre nada para encontrar el momento de disculparse.

Esta vez, el Uchiha sudaba más por los nervios y el fastidio que le guardaba a la rubia por hacerle pasar eso. La muy ingeniosa le había agarrado desprevenido. Dedicándole una mirada amenazante que solo hizo que la rubia se mordiera el labio inferior para frenar una risa, vio como seguidamente ella alzaba el dedo del medio disimuladamente como si no fuera obvio que le estaba dirigiendo una peineta, haciendo como que se rascaba la nariz. Justo en ese momento una voz les interrumpió.

– ¡Lee así no es! – se escuchó que gritaba Tenten en lo que varios alumnos reculaban por lo seguido escuchar una explosión bien fuerte. Había explotado la botella grande del grupo del mencionado. Cuando Lee se volteó, todos se quedaron pasmados. Frente a ellos el pelinegro de peinado extravagante, se acababa de quedar sin cejas. Tenten no pudo evitar taparse la boca sorprendida.

– Y así muchachos, es como os dije que no tenía que hacer… – enseñó la profesora Hebi valorando el aspecto de su alumno. – Recuerdo haberos recalcado que hay que usar las gafas de protección.

Al ver la permanente expresión de shock en Lee, más de un estudiante no pudo evitar dejar escapar alguna que otra carcajada a escondidas.


– Me vas a decir que esto no es sospechoso, Hiruzen. ¿Tú de todos, vas a permanecer callado, ahora? – habló Tsunade cruzándose de brazos e inclinando algo una de sus piernas para ladear algo la cadera en una postura que demostraba seguridad. – Viniste aquí por algo, si no se trata de esto, explícamelo. Son demasiadas coincidencias.

– Tsunade, todo esto debe tratarse de un malentendido. Nada más. – explicó el Sarutobi mientras tomaba asiento en uno de los sillones de al frente del escritorio. – ¿Te puedo pedir que te calmes?

– No. – recalcó ella con enfado, haciendo suspirar al exdirector. – ¿Dónde está la lógica en que tú veas esto como un malentendido? Este hombre de aquí, está cruzando límites conmigo.

Danzou no fizo más que mantenerse firme y de pie en medio del despacho. Apenas levantó la mirada para dedicarle una mirada de desprecio hacia la rubia. Por otro lado, Kakashi se encontraba sentado en el sillón al lado de Hiruzen, con las manos entrelazadas, apoyando los codos en sus rodillas, completamente pensativo.

– Para empezar, déjame decirte que lo más probable es que no sea la primera vez que ha autorizado sin mi permiso, más de una gestión que no le correspondía, una más que evidente, lo del reportaje. – reiteró la Senju jactándose de los hechos.

Hiruzen permaneció callado en ese entonces, solo para mirar hacia Danzou, quien se mostró en silencio. Ambos ancianos se miraron entre si, mirada que Kakashi entendió que a la rubia se estaba errónea en sus suposiciones.

– Eso es imposible, Tsuna. El subdirector Shimura no tiene la contraseña para acceder a tu ordenador, por más que quisiera hacerlo, no lo habría logrado. – explicó Hiruzen negando con la cabeza, apretando brevemente el mango de su bastón para finalmente descansar este al borde de su asiento.

– ¿Ah sí? ¿Cómo puedes estar tan seguro? – sonsacó Tsunade sin apartar la mirada del Shimura.

– Porque el que autorizó el reportaje, fui yo. – respondió finalmente el anciano tras un suspiro y toser un par de veces para aclarar su garganta seca debido al tabaco. Eso se ganó la mirada estupefacta de la Senju, que pronto cambió a una de enfado nuevamente. – Es algo bueno para este centro, pero como te conozco, supuse que te ibas a rehusar, por eso me las ingenié. La idea de Danzou es buena y permitirá aportar mucho aquí.

Danzou entonces, no pudo ocultar mostrar una sonrisa lleva de vanidad y soberbia, sin importar que nadie le viera.

– Pero eso no te otorga el derecho a despedir tajantemente a un leal subordinado, Shimura. ¿En qué te jactas para saltarte los acuerdos? – prosiguió Hiruzen con un semblante más serio mientras le dirigía una mirada llena de sospecha. – Creí haber sido profundamente claro.

– Parece que soy el único que se interesa por el bien de este campus, entonces. – difamó el pelinegro sin esconder su desdén. – Todo este embrollo, ha sido ocasionado por él.

Kakashi solo afiló más su mirada al verse señalado por el subdirector sin pena alguna.

– Uno de los periodistas del reportaje, se me ha puesto en contacto sobre la noticia en los periódicos. Esa que seguramente tú también has leído, salvo tu querida alumna. Ya sabes… ¿Esa que está en titulares? – recalcó detalladamente Danzou manteniendo la compostura mientras su orgullo se resaltaba en cada palabra. – Además de eso, recibo un sobre de fuente anónima, con esto. Sí actué como lo hice, fue para evitar que el escándalo empeore a tiempo. Además ¿No cree que está siendo hipócrita Sarutobi? Usted también actuó por la espalda, lo ha dicho usted mismo. Solo me dedicaba a hacer lo mismo. La única que no parece estar en la misma página que el resto, es su ineficiente alumna, a quien decidió nombrar su sucesora.

– Ya basta. – ordenó Hiruzen con paciencia, queriendo que reinara la paz en la sala.

Con iniciativa propia, este último se adelantó para tomar los documentos que había señalado el Shimura recientemente. Claramente, varias de estas fotos, eran fáciles de malinterpretarse. Sobre todo en la que la pequeña Haruno y el Hatake, se veían abrazados.

Suspirando Tsunade, al querer verlo con sus propios ojos, decidió arrebatarle dichos documentos a su antiguo tutor para echarles un ojo.

– Explíquese, Sr. Hatake. – pidió la Senju. Obteniendo una exhalación de burla por parte de Danzou justo después.

– De verdad, por eso opino que las mujeres en altos cargos directivos no son más que un estorbo. – opinó Danzou con frialdad. Tsunade le mandó una mirada asesina. – ¿Qué hay que explicar en este caso?

– ¿Y quién demonios se cree usted para tomar represalias hacia alguien sin hacérmelo saber antes? Si no tiene nada mejor que aportar, cállese o simplemente váyase de mi despacho, no le necesito aquí. – sumó Tsunade sin dejar que Danzou pudiera añadir algo más. Por el rabillo del ojo pudo ver como su ex profesor estaba por intervenir nuevamente, algo que no quería. – Esto también va para ti, Hiruzen. Les recuerdo que soy la dueña de este centro. Si te ordeno que cuelgues una llamada, lo haces. ¿Qué os hizo pensar que ir por la espalda con lo del reportaje no es lo mismo? Si se me antoja pedirle explicaciones, así será ¿Estamos? Ahora mismo, calladito, aparte de menos desagradable, te me haces más tolerable.

Danzou tuvo que ocultar las ganas de maldecirla directamente, pero la rubia enseguida volvió a mirar hacia el Hatake, encarándolo expectante.

– ¿Agrediendo a padres, Hatake? Debo decir que no me lo esperaba de usted, según Sarutobi… – insinuó Tsunade de una. – Aunque después de lo que este último se ha atrevido a hacer…

– Te dije que te estabas buscando problemas algún día, de seguir por este camino, Kakashi… Nunca ha sido bien visto, que una alumna sea tan cercana a un profesor como lo son ustedes dos. Eso solo atrae conflictos de este tipo. Aunque no puedo evitar sorprenderme, de que sea a ese nivel… – habló Hiruzen sin esperarse a que la Senju pudiera incorporar algo más.

– Hiruzen… – interrumpió con cansancio Tsunade, siendo respondida con una mano alzada, señalando que esperara, lo que la molestó nuevamente, pero decidió prestar atención.

– El Sr. Fuji, me ha comentado por teléfono que ha recibido las mismas fotografías, también en anonimato. Debo ponerme de acuerdo contigo Tsuna y es que esto no es coincidencia. De la noche a la mañana, aparecen estas noticias en la prensa, lo que implica problemas por varios bandos. Problemas que no podemos permitirnos. – indicó Sarutobi con franqueza y seriedad. Kakashi solo apretó sus manos entre si, no se esperaba esto de parte de Hiruzen. – No estés tan sorprendido Kakashi, puede que la vejez me haya dejado medio sordo, pero hasta la fecha, solo necesito gafas para leer de cerca.

Esta no es la coincidencia que yo decía… – recalcó internamente la única mujer en la sala, mirando atentamente a Danzou escribir algo en su teléfono en silencio.

– Ese lazo que mantienes con Haruno, es un problema. Tal vez debí frenarte antes. – siguió Sarutobi con serenidad. – Ahora es demasiado tarde y no obstante, acaba aquí.

Así que, se puso de su bando… – pensó Kakashi con desaprobación, recordando lo que más de una vez su alumna le dijo, ahora no podía estar más de acuerdo. – Para mantener la paz y encontrar soluciones rápidas, escogió rápido.

Habiendo otras opciones…

Debía reconocer que su papel en la oficina del Shimura, no había sido la mejor. No obstante, para que negar que propinarle ese puñetazo al canalla de Kizashi no le sentó genial, pero eso, tal y como decía Hiruzen, generaría problemas indeseados. Innecesarios. Con lo ocurrido recientemente en la vida de Sakura, ella tenía ciertamente, demasiado en su cabeza. Se había pasado por alto su primordial norma. No actuar precipitadamente, aunque hablando de eso, no podía ignorar otra…

Supongo que realmente, debo ser escoria… – reflexionó el profesor de filosofía, hacía ya minutos que no escuchaba el discurso de su ex jefe. Cortando así a este último a la vez que se levantaba del sillón, acaparando la mirada de todos. – Me parece curioso que viniendo de una fuente anónima, todo esto, no se le sume ningún tipo de chantaje o amenaza de por medio. ¿Habló contigo el Sr. Fuji sobre esto, Sarutobi? De lo que se me acusa, que sea ahora, no termina de cuajar…

– Kakashi… – habló el recién mencionado ante la actitud del profesor, quedó un poco sorprendido.

– Así que finalmente lo admite… – dijo acusatoriamente Danzou, dando un paso hacia delante.

– Admito tener una relación cercana con mi alumna, eso es lo único que hay que saber. Bueno, eso y que no me arrepiento te golpear a Kizashi Fuji, claramente. – poco le importó ver como Sarutobi suspiraba y se colocaba una mano en la cara con decepción. – No hay más que eso, señores.

Tsunade achicó la mirada pensativa, por parte de Shizune, ese par implicado en este tema, no tenían este tipo de relación. La joven parecía muy enamorada de su novio, cualquiera que fuera ese. Sí, en una foto salían abrazados, pero nada más y además, había otra alumna. No por nada esta vestía el uniforme. Estaban yendo en dirección a una clínica y en cuanto a la ambigüedad de lo de "relación cercana"...

– Dimito. – habló finalmente el Hatake. – Es lo que querías ¿No?

Diciendo eso mentalmente sin pasar desapercibida la sonrisa ladina del Shimura, esta vez quien suspiró fue él.

– ¿Qué?… – casi exclamó Hiruzen. No estaba de acuerdo.

Es agradable no ser tardío en algo, a veces… – se aseguró a si mismo, a continuación, se dirigió hacia Tsunade. – ¿Directora Senju? Mañana le traeré mi carta de resignación. Estaré recogiendo mis cosas.

Una vez fuera de la oficina, habiendo salido sin mirar tanto a Danzou como a Hiruzen, el Hatake no esperaba encontrarse a la jefa de estudios mirándolo sorprendida. La sala de profesores estaba en silencio y los pocos profesores presentes, estaban atentos. Mientras tanto Kizashi, se entretuvo mirándolo con discrepancia. Una sonrisa vencedora apareció en su rostro al verle sacar una caja de debajo su escritorio y empezar a llenarla de sus cosas.

– ¿Kakashi? ¿Qué haces? – preguntó Gai estirado en su silla usando un fortalecedor de agarre en una mano, tras apartar la otra del ratón, junto a su mirada de la pantalla de su ordenador.

– Me voy. – respondió él con tranquilidad. Gai apenas levantó una ceja a la vez que el lateral de su boca con extrañeza.

– ¿A casa? – indagó él, haciendo que su colega de trabajo y amigo pausara lo que estaba haciendo.

– Acabo de dejar el trabajo. – se limitó a decir él. Sorprendiendo a todos los presentes.

Más decepcionada, que enfadada y triste, Shizune enseguida volteó a ver al señor de cabellera rosada con algo de impotencia, aunque pronto se le borró esto último nada más ver la expresión de este. Sin pensarlo dos veces, se acercó para adentrarse al despacho del subdirector con algo en mente.

– Pensábamos que enseñar era tu vocación, Sr. Hatake. – habló una voz grave femenina, todos salvo Kizashi sabían que se trataba de Koharu Utatane, la encargada de recursos humanos y uno de los mayores inversionistas, por no decir parcialmente dueños del campus. Esta, venía acompañada por Homura Mitokado, quien también era uno de los accionistas, aunque este era conocido siendo inversionista en varios proyectos civiles de la capital. – Debo decir que estoy parcialmente decepcionada, tras lo descubierto, pero al menos eres sensato en irte.

Sakura tiene razón, se asemeja a la versión femenina de Buddha mucho más con esos largos pendientes… – meditó el profesor mientras persistía en dejar otro libro dentro de la caja.

– Deje de perder el tiempo, Señora Utatane. Danzou nos espera. El hombre se lo ha buscado. – recordó el anciano invitando con su mano a que la mencionada le avanzara, haciendo que la mujer, sin más apretara los dientes aferrándose a su bastón y volver a ponerse en marcha como una persona de su edad lo haría.

– ¿Cómo que lo dejas, tío? ¿Qué vas a hacer ahora? – musitó preocupado Gai. Con su mujer esperando un hijo, perder su trabajo… – Tsunade no puede echarte.

– No les dio tiempo a echarme, te recuerdo. Lo dejo yo. – aclaró Kakashi demasiado tranquilo para el gusto del pelinegro, los demás estaban igual.

Dentro del despacho de dirección, esta se avanzó sigilosamente para tomar de vuelta los documentos en los que Danzou acusaba al profesor de filosofía, pero antes de que pudiera decir nada, alguien llamó solo un par de veces y entró sin más.

Tsunade no estuvo feliz de ver a los recién llegados.

– Buenos días, caballeros… – saludó Homura con educación. – Señora.

La Senju taladró con la mirada al susodicho ¿Qué hacían ahí?

– Tiempo sin vernos, Sr. Sarutobi. – dijo Homura pasando por el lado de este, quien no se esperaba su aparición. – Debo admitir que me decepciona que no se haya molestado en avisarnos personalmente de lo ocurrido, no nos parece correcto enterarnos vía mensaje, por parte del Sr. Shimura, aunque, por otro lado, te precipitaste llamando a la policía. ¿Tardaran estos en llegar, de casualidad?

– Están de camino. – respondió el subdirector acomodando su americana.

– Te recuerdo que no tienes autorización para hacerlo. – habló Tsunade mientras se dirigía a su mesa, atrayendo la mirada recelosa de Koharu, quien acaba de acomodarse en donde anteriormente estaba sentado Kakashi.

– Usted tampoco tiene la autorización para prohibírselo. – pronunció la anciana escasamente, la rubia volteó a mirarla con seriedad. – Tal cual lo oyes.

– Como cargo directivo, tengo el derecho de hacer lo conveniente, empezando por su despido, Sr. Shimura. – se atinó a decir la directora, en lo que la accionista refunfuñaba "impertinente" por lo bajo, siendo apenas escuchado por Homura quien tosió lo suficientemente fuerte.

– Hace años, directora Senju, que este colegio, dejó de ser solo de los Senju. Podrás dirigirlo, claro, ¿Pero tomar grandes decisiones? No. Hace ya que no. Tampoco puedes echar tan fácilmente a un inversor ¿Sabes? Sobre todo a uno, a quien probablemente se le daría mucho mejor tu puesto, en verdad… – explicó la anciana, sujetando su enorme bolso de piel encima de su regazo. Esa información tensó a Tsunade, eso era primera noticia para ella. Hiruzen por su lado, volvió a taparse la cara con la mano. Danzou mientras tanto, volvía a mirar soberbiamente a la directora. – Esa fue idea del hermano de su abuelo ¿Sabe? De Tobirama. Después de todo fue quien le cedió el cargo directivo a Hiruzen, pero él llegó a la conclusión de que para mantener el renombre y prestigio, numerosas familias podrían juntarse a invertir. Aunque esa no es toda la historia… Es demasiado larga.

Tsunade no podía creer lo que estaba escuchando, de ser así entonces, ¿Que estaba haciendo ella ahí? – ¿Qué hiciste, Hiruzen?

– Concluyendo, todos los presentes, somos los dueños de aquí, aunque parezca raro. Las cosas se acatan con voto y hasta la fecha, cuatro de los ocho inversores; Koharu y yo, Hiashi Hyuga y obviamente Danzou, optamos para que el subdirector permanezca aquí. Ahora más que nunca, considerando que se adueñó de las acciones antiguas de los Uzumaki. – eso asombró al Sarutobi que con un golpe seco con su bastón demostró su enfado.

– ¡Esas acciones debían permanecer intocables! ¡Les pertenecen a otra persona! – exclamó Hiruzen incorporándose con impulso. Danzou le miró sin escrúpulos ni remordimientos. – ¡Le pertenecen al hijo de Minato y Kushina!

Tsunade apretó las manos en la superficie de su mesa con ira.

– A estas alturas, eso solo lo cree usted. – mintió Koharu llanamente sin molestarse a regresarle la mirada, esta estaba enfocada en la actual directora. – No hay documento que lo acredite. Te recuerdo que en su época, eran de los Namikaze. Socios míos de más años de los que tú fuiste director, Hiruzen. De haberlas, lo sabríamos todos… Aunque, de haberte interesado como debías, lo podrían haber sido. Tus errores e incompetencia no nos incumben. Lo que está claro, es que Danzou, no queda despedido y que debería replantearse muchas cosas, Directora Senju. Si está aquí, es gracias a nosotros. Cualquier cosa que necesite, Hiruzen le puede pasar nuestros contactos directos. Que pasen un buen día y fin de semana.

Danzou les acompañó cuando los últimos en ingresar, se fueron. Cerrando la puerta con orgullo, incordiando demasiado a la Senju, la cual se quedó a solas con Hiruzen.

– ¿En qué más me mentiste? – cuestionó ella, plantando sus ojos avellana en su tutor. – Me dijiste que venir aquí, sería mantener el legado de mi familia, Hiruzen. Se te pasó decirme, que "mi herencia", no es totalmente de mi pertenencia. ¿Por eso me querías aquí urgentemente? ¿Por las acciones a mi nombre?

– Ahora entiendo el descaro en acatar decisiones haciéndote pasar por mí con tanta libertad, por qué tantas llamadas, tanta supervisión. – acusó Tsunade con tono reprobatorio además de enfado. – ¿Cómo pudiste hacer que un simple instituto, se convirtiera en algo similar a una empresa? ¿Qué se supone que hago aquí, entonces?

La habitación permaneció en un silencio incómodo. Hasta que Hiruzen suspiró y la llamó en un tono de voz más bajo al normal.

– ¿Sabes, qué? Ahórratelo. Ni se te ocurra volver a hacer lo que hiciste como con lo del reportaje. ¡¿Queda claro?! – declaró Tsunade golpeando el escritorio ruidosamente. El susodicho no dijo nada. – Sal de mi despacho.

Por fortuna, él obedeció sin más. Olvidándose por completo del café y de las galletas que se le habían traído, ahora solo podía pensar en como solventar todo esto que había ocurrido. Lamentándose al recordar un mísero detalle, una regla de base de todo médico.

"Nunca digas que está todo tranquilo"

Mirando los marcos de los retratos que colgaban de la pared del despacho, la Senju se lamentó en silencio, sin poder evitar sentirse traicionada por alguien cercano, triste por haber fallado a su linaje por más poco que fuera e impotente… Cosa que detestaba.

Esto es de locos…

Debía reconocer que había perdido esa batalla.


– Este calor no es normal… – se quejó Ino incorporándose de su postura encima del césped del patio trasero. La temperatura era insoportable, lo que la dejaba inquieta.

Sakura simplemente se mantuvo callada, ella a diferencia de las demás, se encontraba sentada al borde del banco de madera adosado a una mesa bajo un árbol que apenas las cubría de los rayos del sol, jugueteando con la poca comida restante de su almuerzo preparado que no quería terminarse.

– Diez de Octubre, otoño… ¡Que se ponga a hacer frío de una vez! – volvió a rondinar la Yamanaka con tapujos, moviendo las piernas levemente como si estuviera haciendo una pataleta.

– Toma, Nono… – habló Temari tomando un chocolate y directamente metiéndolo en la boca de la susodicha quien lo aceptó como si nada. – El dulce lo soluciona todo.

– Deja de ofrecerme chuches, no quiero que me salgan más granos… – dijo la rubia masticando todavía con la frente arrugada por la molestia.

– Pero sí apenas se te notan… – contempló Tenten acercando su rostro al cuello de su amiga para corroborar la presencia de dos granos justo debajo de su barbilla. – Solo si los ves de cerca, en verdad, creo que solo nos dimos cuenta porque no dejaste de quejarte de que los tienes…

Tenten no pudo evitar soltar una pequeña y corta carcajada cuando Ino la empujó lejos con el codo dedicándole una mirada algo molesta.

– ¿No crees que estás exagerando? – señaló Temari dejando el paquete de aperitivos en medio de las tres y seguidamente pasar las manos entre si para quitarse algunas migajas de comida de ellas. – ¿Qué te tiene de tan mal humor?

– Mi madre, no deja de hacerme preguntas sobre chicos, es como si estuviera presionándome a que me eche novio… – explicó ella después de hacer un movimiento con su boca contemplando lo que le ocurría.

Tenten y Temari se observaron en silencio para seguidamente, dejar que a la par, sintieran ganas de sonreír socarronamente.

– Tampoco es que puedas culparla… – dijo la novia de Shikamaru con gracia, Ino la miró confundida. – De seguro le habrás dicho que te gusta alguien, ya sabes… ¿De ese chico misterioso del que apenas hablas?

Ino miró hacia otro lado en silencio, escondiendo los labios disimuladamente.

– ¿Ves? Siempre haces esto cuando sacamos el tema, la Nono que conocemos, ya nos habría dicho quién es el príncipe que llega a tus estándares. ¿Por qué tanto secreto? – le sonsacó nuevamente la Sabaku, mirándola de arriba abajo, ensanchando su sonrisa al ver como su rubia amiga obtenía un rubor en sus mejillas. – Vamos a ver, ese Eichi Tomimatsu, del grupo C cada vez de cada te echa algún ojo. Escuché que recientemente rompió con su novia de otro instituto. ¿Puede ser?

Ino arrugó la nariz con desagrado.

– ¿Ese que tiene los colmillos para afuera? ¿Tú le has visto los dientes? Ese hombre araña, con su mal aliento mataría a todas las abejas del país. – observó la Yamanaka haciendo uso de sus dos dedos índices para imitar los colmillos de los arácnidos.

– Acabas de quitarle toda la gracia… – comentó Tenten riéndose libremente.

– ¿Es Asaro Kanno? – habló nuevamente Temari.

– No. – contestó Ino.

– Hm… ¿Sashino Kirino? – insistió Temari.

– No.

– Toshi Komon. – propuso Tenten ganándose una mirada aburrida por parte de Ino, lo que la hizo alzarse de hombros. Ella también tenía curiosidad. – Es algo mono…

– En la vida saldría alguien que tiene ese apellido. – afirmó Ino cruzándose de brazos.

– Oye, que su padre es un reconocido urólogo, lo que significa que está bien adinerado… – propuso Temari sin poder evitar volver a carcajearse junto a Tenten. – ¿Tal vez Sakura sepa quién es?

Las tres enseguida giraron sus cabezas hacia la Haruno, encontrándosela todavía distraída, esta vez con la cabeza apoyada en una mano, ya habiendo dejado su almuerzo en paz, mirando algo en su teléfono. Intentaron acaparar su atención, pero no lo logró ninguna, hasta que al tercer intento desistieron.

Un escalofrío le recorrió de los pies a la cabeza a Sakura, nada más ver en su campo de visión, aunque de lejos, a Zaku y a Dosu. El primero siguiendo a su amigo tranquilamente, junto a tres estudiantes más. Kin, tras su traslado, ya no estaba con ellos. Seguramente el grupito se iba a dirigir en donde frecuentaban más, detrás de los vestuarios exteriores.

En eso, aparecieron Shikamaru y Chouji, quienes se encontraban acompañando a un desanimado Lee, debido a lo de esta mañana.

– ¿Dónde está Neji? – indagó Tenten, extrañada de que el moreno no estuviera con ellos.

– Con lo sucedido hoy por parte de Hinata, creo que le llamaron a la sala de profesores. ¿Es la segunda vez ya, verdad? – dijo Chouji tomando asiento justo enfrente de Sakura. Debido a su corpulenta figura y que toda la mesa y banco estaban conectados, todo el mueble tembló ligeramente con el movimiento. Sakura entonces se fijó en los recién llegados.

– Tal parece que todos apenas la conocíamos ¿Qué fue lo que le dijo a la profesora Kurenai? – dijo Temari levantándose para tomar asiento, como no, al lado del Nara. Este se alzó de hombros, no sabía la respuesta, este tema no le interesaba.

– Me dijeron que se burló de la profesora de inglés por estar en una relación con el profesor de historia… – habló Shion tomando asiento libremente en esa misma mesa, a la par de Naruto y Sai. – No me lo esperaba de ella ¿Sabéis? ¿Quién le dice eso a un profesor? Y pensar que la considero como una amiga cercana…

Al escuchar eso Sakura soltó un bufido de risa. Eso llamó la atención de la mayoría.

¿Amigas? ¿Las dos? Eso sí que es poco creíble… – habló la consciencia de la Haruno con discrepancia a esa idea tan absurda.

– ¿Qué? ¿Dije algo gracioso? – preguntó la Fuji decidiendo ocultar su expresión de fastidio ante la actitud de su hermanastra, aunque su tono de voz tal vez la delataba.

– No me vas a hacer creer que consideras a Hinata como una amiga. – comentó la ojiverde, dejando su móvil con la pantalla mirando hacia arriba, haciendo que el Uzumaki entre ellos lo mirara con atención. Tal vez podría…

– Pues créetelo, Sakura… Nos llevamos bien. – respondió altanera la rubia, moviendo la cabeza con desdén, como si su expresión sirviera para sonar más creíble.

– Sí, fenomenal. Por eso hablas mal de ella a sus espaldas, para quedar bien tú. – argumentó Sakura con sarcasmo, esta vez alzando las cejas y volteando los ojos para mirar hacia otro lado.

– No se de que me hablas, yo nunca he hablado mal de ella… Deja de ser una mentirosa y de tomarla conmigo. – manifestó Shion intentando no parecer inquieta.

– Esta bien, perdona… – concedió Sakura asintiendo. – ¿Quién soy yo para hablar, no? Es que como la conoces de hace tanto, como se os ve tan, pero tan unidas por el campus…

Shion apretó sus labios entre si con demasiada fuerza. Cuando Sakura volvió a mirarla con indiferencia, vio como la Fuji le dedicaba una mirada llena de rabia, que enseguida opacó con una sonrisa brillante.

– Seguramente me haya expresado mal, pero si tanto te interesa, en ese poco tiempo, Hinata y yo hemos congeniado la mar de bien ¿Algún problema con ello? – respondió Shion, alzándose los hombros adorablemente para mirar hacia Naruto con confianza, este estaba distraído, lo normal. Por otro lado, los demás, evidentemente estaban algo incómodos.

– Si congeniaste con ella, fue más porque ambas tenéis los mismos gustos en cierto tema en particular… ¿O no? – recalcó con facilidad Sakura, pestañeando expectante.

Por su bando, Tenten se inclinó hacia Ino para que la escuchara, acaparando su atención tocándole el brazo. – ¿No sería más interesante hablar sobre por qué hoy las clases se hacen en un horario diferente?

Ino asintió en silencio, aunque ambas pronto volvieron a prestar atención a la conversación.

Shion se mantuvo callada. Esa pregunta, estaba claro que, dijera lo que dijera, podría hacerla quedar mal. No obstante, no podía volver a ser una escandalosa como lo fue no hace mucho. Mucho menos, con el Uzumaki con ellas otra vez, quien era a lo que la Haruno se refería. Estaba claro.

Tal vez deberíamos ignorarlo… – propuso la voz de los pensamientos de Sakura, cosa que era un acierto. – Dejemos el tema.

– Vale. – respondió esta vez Shion, sin quitar la sonrisa de su cara. – ¿Al final montarás alguna fiesta o quedada por tu cumpleaños, Naruto? ¿Naruto?

Este, guardando algo en su bolsillo, hasta que Sai no levantó la vista de su teléfono y le golpeó no muy fuerte en la espalda con su rodilla, este no volteó a mirar a los demás, haciendo que Shion tuviera que repetir su pregunta.

– La verdad es que no se me ha ocurrido nada… – admitió el rubio rascándose la nuca.

– Venga, que has cumplido la mayoría de edad, además hay más por celebrar, quedaste como ganador de esa beca tan importante… ¿Por qué no planeáis algo? – propuso animadamente la Fuji mirando al grupo nuevamente, hasta finalmente volver a mirar a su hermanastra expectante.

Antes de que Naruto colocara la mirada en ella, Sakura ya se había acordado de lo que este estuvo por atreverse a hacer en la enfermería. Por no olvidar de que no le apetecía en absoluto celebrar nada, mucho menos con él haciéndola sentir cada vez más incómoda y teniendo ya otros planes.

– ¿Qué tal peña? – saludó Suigetsu libremente, acercándose junto a Juugo, el cual se sorprendió un poco al ver a Lee sin sus notorias cejas. A Sakura le pareció extraño no ver a Sasuke junto a ellos. – ¿De qué hablabais? Me pareció escuchar algo de unos planes… Me interesa.

– Hablábamos de lo que haríamos para celebrar el cumple de Naruto… – respondió adorablemente Shion, Suigetsu movió las comisuras de su boca hacia abajo con obvia ignorancia. – ¿Ve…?

– Ya no me interesa tanto… – interrumpió el Hozuki como si nada, dejando a la Fuji con la palabra en la boca cómicamente. – ¿Supongo que estarás animándonos en la competición de esta tarde, verdad Sakura? Al borde de tu novio seguro le pondría de mejor humor verte con tu uniforme de animadora.

– En verdad, ya tengo algo que hacer… – se atinó a decir ella evitando la mirada de todos salvo a la de Juugo, este intuyó que se refería a algo sobre Karin.

Cerrando su fiambrera con la tapa, seguidamente se levantó y se alejó de ahí, ante la mirada de todos, seguida de los dos recién llegados, dejando a Naruto nervioso, incapaz de encontrar ahora la manera o el momento oportuno de hacer lo que no había tenido tiempo a terminar, sujetándose cierto objeto de su bolsillo nerviosamente.

A la lejanía, dos pares de ojos grises, observaron con detenimiento al rubio. Cuando este se sintió observado, girando la cabeza, no vio a nadie. Seguramente estaba inquieto de si le habían pillado, pero al parecer nadie se dio cuenta.

– Así que eso es lo que quieres ¿eh? – pensó Toneri sentado a los pies de un árbol con una rodilla flexionada, con un cuaderno de apuntes en sus manos. Había estado contemplándolos nuevamente. Fue ahí que le llegó un mensaje en su teléfono. Era del padre de Hinata. Este le daba las gracias por encargarse sobre lo del uniforme de su hija.

Ella también debería… Tal vez… – pensó enigmáticamente el albino, hasta que un par de chicas se acercaron a él, haciendo que él les dedicara una sonrisa cuando tomaron asiento a su lado. Pronto, más gente se animó a juntarse con ellos.

– Felicidades por quedar como finalista, Toneri… – dijo un chico amablemente.

Como respuesta, solo se limitó a sonreír más por educación que por ganas.


– ¿Dónde está Sasuke? – cuestionó Sakura un poco más tarde de darse cuenta de que los colegas de este habían decidido acompañarla. En verdad no tenía planeado ir a ningún lado, solo quería alejarse de ahí.

– Ni idea. Pensábamos que lo encontraríamos contigo. – respondió Suigetsu estirándose y seguidamente regresar ambos brazos cruzados detrás de su cabeza. – Lo que me asegura que está en plan toro arisco ¿Peleasteis o algo?

– Más o menos. – respondió la pelirrosa mientras miraba al suelo sin dejar de andas. ¿Debería enviarle algún mensaje? Le apetecía, pero… Lo más probable es que en esos instantes no estuviera de buen humor para hablar. Ino tampoco es que la hubiera ayudado demasiado en clase de ciencias, lo que podría sumar que estaría también avergonzado.

Aun así, ver esa expresión nerviosa suya con lo que su amiga recitó como si nada, le sintió bien. Sin poder controlarlo, una sonrisa de diversión apareció en su rostro. A fin de cuentas, le habían agarrado desprevenido y de qué manera… No quiso explicarse dada la oportunidad, se pasó el resto de la clase de ciencias, con una expresión de lo más huraña.

– Un motivo más para que vengas a animar en la competición… – insistió Suigetsu con una sonrisa traviesa, sin abstenerse de empujarla amistosamente. Sakura solo se quedó en silencio, mirándolo con diversión. – Oh venga, compadécete de mí y los demás concursantes, da miedo cuando se pone así…

– No es que no quiera, pero realmente tengo otros planes… – le recordó Sakura cerrando los ojos y mostrándole una sonrisa amigable, el Hozuki refunfuñó.

– Ya, solo eres igual de malévola que él. – comentó él amenamente.

– No eres más que un exagerado. – pronunció Juugo caminando con ambas manos en sus bolsillos, al otro lado de Sakura.

– No me vengas con tu lado demente ahora ¿Acaso olvidas como es capaz de volverse de violento el chaval? – le recordó Suigetsu en lo que el tono de llamada entrante de su teléfono sonó de dentro de su bolsillo, por lo que empezó a sacarlo. – Si mañana tengo agujetas por su culpa me ocuparé de incordiarte con ello todo el jodido día… ¿La casera? ¿Por qué me llamará ahora?

Juugo volteó a mirar a su amigo con curiosidad, en lo que el albino descolgaba la llamada avanzando unos pasos.

– ¿Qué le pasó a Lee? – quiso saber el grandullón, Sakura no tardó en alzar la vista para mirarle a la cara.

– Le explotó el experimento de ciencias demasiado cerca y al no usar gafas de protección, se le quemaron las cejas. – explicó la Haruno, al ver como el amigo de su novio quedaba algo preocupado y sorprendido intentó calmarle. – Él está bien, por suerte no fue nada más que esto, nada más que un susto. Solo ha quedado un poco triste porque cree que se ve ridículo de esa manera… En menos de un mes, volverán a la normalidad.

Juugo asintió al entender lo que le decía, solo para quedar nuevamente en silencio. El par, mientras avanzaban, escuchaban a Suigetsu aparentemente discutir por teléfono a unos cinco metros de ellos.

– Karin está bien… – se animó a decir la pelirrosa, antes de que el Ryuchi se le ocurriera hacerlo.

– Dices que está bien, pero eso es algo subjetivo… Con Lee no has tenido dificultad para decir que ha pasado, lo que significa que lo que sea que le haya pasado a ella, no. – dijo Juugo con serenidad, contemplando las expresiones de la chica frente a él, quien mediante un suspiro incómodo, se le confirmaron sus sospechas. – Estoy empezando a cuestionarme si eres realmente una persona en quien confiar, Haruno.

Esas palabras hicieron sentir culpable a la ojiverde, aun así, lo comprendía perfectamente.

– Karin, Suigetsu y yo nos conocemos de hace años… Más de los que conocemos a Sasuke, en realidad. Podemos aparentar no ser cercanos a menudo, que constantemente cada uno va a su aire, pero siempre hemos formado pandilla. Así que no me basta con saber que solo está "bien". – señaló Juugo con algo de resentimiento aunque apenas se le notara. Su tono indicaba más preocupación. – Tanto a mí como a Suigetsu, nos importará un carajo que ella te haya dicho que no nos lo digas… Por algo anda desaparecida, por algo lleva actuando raro desde…

– ¡Juugo! – gritó Suigetsu indicándole con la mano a que se acercara. Sakura le siguió con la mirada, quedándose quieta, completamente indecisa. Sin pensarlo dos veces, colocando una mano en su bolsillo, se encontró que su móvil no estaba ahí dentro. Buscando en los otros, nada. No tardó nada en regresar por dónde había venido, dejando al par de colegas a lo suyo.

Tenía que recuperarlo sin falta.

– ¿No podría esperar unos días más? Estamos intentando dar con ella… – intentó persuadir Suigetsu con su teléfono tendido en su mano, la llamada estaba en altavoz. Juugo a su lado, revisó hacia donde había dejado a Sakura, pero esta ya no estaba.

Os lo dije a los tres nada más daros acceso a las habitaciones. Que el plazo de pago del alquiler es de una semana, le he dado tres días más sin tener por qué, ya lo considero demasiado. Cuando la encuentren, encontrará sus cosas en el pasillo de la primera planta, sois libres de recogerlas ustedes. Su habitación ya ha sido alquilada por otra persona, lo siento chicos. – Sin más, la casera colgó sin darles la oportunidad a los chicos de intervenir.

– ¿Me crees ahora por qué debemos encontrarla de inmediato? ¡¿Dónde cojones se habrá metido?! – habló totalmente impaciente Suigetsu.

– Sígueme… – dijo el Ryuchi sin dudarlo dos veces, empezando a andar hacia donde supuso que la Haruno se había marchado.

Faltaban diez minutos para que sonara la campana de inicio del siguiente periodo de clases, cuando a la Haruno se le ocurrió ya como alternativa, dirigirse a la sala de profesores para ver si su teléfono estaba ahí.

Se había despistado por un momento y de un segundo para otro, lo había perdido ¿Se le habría caído en algún momento cuando estaban en la mesa? ¿Cuándo se alejó de ahí? Había rebuscado por todos los sitios, pero nada… Sus amigas y los demás tampoco estaban ahí desafortunadamente.

Joder… – se quejó mentalmente nada más al ver que la caja de objetos perdidos estaba vacía. Esto no podía estar pasándole.

Girando la cabeza para buscar a Kakashi, esperando poder encontrar ayuda en él, se encontró la mesa vacía. – Genial.

Empezando a estar de mal humor, sabiendo que no sería útil volver a mirar por dónde ya había buscado por todos lados, se fue hacia su salón, haciendo memoria de todo lo que había podido pasar para que perdiera su valioso teléfono.

Si este simplemente se le hubiera caído por despiste, habría sido fácil recuperarlo, pero en su caso… Indicaba que se lo habían robado. Algo que no suele suceder a menudo, aunque no fuera la primera vez en estas cuatro paredes.

Estúpido, maldito y %#€& campus de mierda… – maldijo libremente, aunque mentalmente, la Haruno apretando con fuerza su fiambrera mientras pasaba entre los pocos estudiantes del pasillo de su planta.

Ingresando a su salón, encontrándoselo vacío, justo a dos pupitres… Descubrió su teléfono encima del suyo. Corriendo rápidamente para tomarlo, lo revisó, comprobando que todo estaba bien. Revisó que no le faltara nada, topándose con varias llamadas perdidas del teléfono de Karin y algo raro, que en el teclado de agregar contactos, estaba un número desconocido apuntado a medias, pero no había el nombre escrito. Por suerte, no le faltaba nada de ahí.

Justo en ese momento su teléfono vibró, era un mensaje de la prima de Naruto. Tras leer el contenido, se mordió una uña. Fue ahí cuando la sirena sonó.

Sasuke llegó a solas al aula, mirando en silencio como la pelirrosa leía su teléfono. Mirando hacia atrás, miró como recién llegaba Neji acompañado de Kiba y Shino. Instantes después los cuatro vieron a Naruto ingresar al aula con prisa, haciendo que una mirada entendedora se formara entre el Uchiha y el Hyuga.

– Sakura ¿Pode…? – inició el Uzumaki intentando idear la excusa que venderle para explicar lo que tenía que decirle, sin poder evitar toser incómodo. – Sakura, necesito hablar contigo…

Shion y Sai, no tardaron en juntarse con él, algo curiosos. La primera observando con curiosidad como la pelirrosa parecía estar ¿Recogiendo sus cosas? Alzando la vista, observó como el novio de esta se acercaba lentamente hacia su mesa al lado de la ventana, aunque su mirada ónix parecía estar más atenta en el cumpleañero.

– Sakura, ¿Me… ? – Naruto quedó confundido al ver que en la mano de la pelirrosa, se encontraba su móvil de nuevo, pegándolo a su oreja. Colocando la mano en su bolsillo trasero por inercia, encontró este vacío. ¿Cómo? Esta la miró cansada al escucharle llamarla, pero aun así, tras ajustar el asa de su mochila en su hombro, no hizo nada más que pasar por su lado con prisas sin despedirse de nadie, sin que le importara que sus amigos y novio le siguieran con la mirada.

Shino, Kiba y Neji, todavía agrupados en el pupitre del último, observaban en silencio como Sasuke optaba por apoyarse en el lateral del suyo, amparando sus manos en el mismo borde con altanería para que una vez su novia dejara de estar en su campo de visión, poder dedicarse a esperar a que cierto rubio se diera cuenta de que le estudiaba sin reparo, sin querer asustando a algún que otro compañero de clase quienes más que catalogar su "ojeada" como misteriosa, afirmaban para sus adentros o entre si que era en verdad peligrosa. Sus grandes ojos achinados y afilados, le daban ese efecto de lo más tenebroso que casi todo el mundo temía por lo impredecible que podría llegar a actuar. Esta vez no era diferente, no era la primera ni sería la última.

Confundido y desilusionado, pero sobre todo temeroso de que ella supiera de qué fue él quien le ocultó su móvil con intenciones de conseguir su número, cosa que no estuvo tiempo de hacer de no ser por la distracción del Inuzuka en los baños del patio, no le quedó de otra que maldecir internamente mientras andaba hacia su pupitre. Estuvo a punto de sentarse en su silla de no ser porque chocó de nuevo miradas con Sasuke.

Al parecer, al pelinegro no le había gustado ni gota que se acercara nuevamente a la pelirrosa, pero eso no podía importarle menos. Si a este paso no le había quedado claro con lo de hoy que no iba a rendirse…

Finalmente contando con su atención, Sasuke aprovechó para sacar de su bolsillo cierto aparato que no era de su pertenencia, para menearlo con burla ante los ojos del rubio, quien en un inicio estuvo confundido, hasta que se dio cuenta por la funda de este, que se trataba de su móvil. Incorporándose frenéticamente, fue demasiado tarde cuando Sasuke lo estampó violetamente contra el suelo de una, justo frente a sus propios pies, generando silencio en la sala. Shion y Sai se quedaron sorprendidos ante lo que acababan de presenciar, sin saber lo que eso significaba.

La cosa no quedó ahí.

Debido a la fuerza del golpe, la pantalla del aparato quedó reventada. La cáscara del mismo, también se despegó del resto.

– Tú… – musitó Naruto con los ojos temblando de la ira, aunque pronto se vio interrumpido al ver como enseguida el Uchiha apenas se erguía para levantar levemente una de sus piernas y consecutivamente, violentamente encestar la planta de su pie un par de veces contra las piezas del teléfono y finalmente aplastarlo, retorciéndolo como si se tratara de una fruta la cual deseas sacarle su zumo, sin dejar de mirarle retadoramente. Escuchar como la pantalla de su móvil parecía romperse todavía más, incomodó a algunos mientras que a Naruto solo le hizo comenzar a temblar con furia.

– Estoy empezando a arrepentirme un poco… – le susurró Kiba a Shino y a Neji, quienes se mantuvieron en silencio. A diferencia del Inuzuka, ellos no pensaban igual.

– ¿No se burló de ti y Tamaki esta mañana? – le recordó el Aburame con indiferencia mientras se ajustaba sus anteojos. – Dudo que Uchiha te implique en esto ahora…

– Sh. – dijo Neji logrando callarlos a ambos a la primera.

El aula se mantuvo en silencio aun cuando Sasuke, sin ningún remordimiento, optó por patear levemente el estropicio de máquina para que esta llegara cerca hacia donde su dueño, el cual se quedó viendo lo que no hace apenas minutos, era su teléfono.

Golpeando con furia su pupitre para seguidamente apartarlo con fuerza, asustando a Shion en el proceso, quien junto a Sai, no pudieron evitar hacer más que recular varios pasos mientras que los pocos estudiantes que llegaban miraban atentos.

– ¡¿QUÉ COJONES SASUKE?! ¡¿ACASO TE VOLVISTE LOCO?! – chilló Naruto sin tardar en acercarse rápidamente al Uchiha para agarrarlo de la solapa de la camisa. Como respuesta solo obtuvo una sonrisa burlona. – ¡¿QUÉ DEMONIOS CREES QUE ESTÁS HACIENDO?!

– Dice el que intentó entrarle a mi novia… – respondió Sasuke con rudeza casi como un susurro para que nadie le escuchara, sorprendiendo al Uzumaki cuando de la nada le agarró con una fuerza brutal por su camisa de la misma manera, nada más para acercarlo a él. – ¿Pensaste que no me daría cuenta de que le robaste el teléfono, imbécil? ¿Qué lograrías lo que hace meses no y conseguirías lo que no terminaste antes? Ya… No lo creo.

Naruto quedó pasmado y para que negarlo, algo abrumado al escuchar lo que se le susurraba en casi en la oreja. Al verse incapacitado y sin plan, debido a la fuerza del agarre en el que estaba sometido, no le quedó otra que soltar el suyo para intentar librarse sujetando una de las muñecas del Uchiha sin éxito. Estaba completamente atado como una presa de un salvaje felino muerto de hambre.

– ¡Uchiha, suéltalo! ¡¿Qué no ves que podrías ahogarlo?! – chilló Shion escandalosamente.

– Calla tu voz de pito, pesada… – la calló Sasuke con una mirada amenazante, asustándola fácilmente, pero aun así decidió soltar al rubio empujándolo hacia atrás. Por suerte este no cayó al suelo, solo lo envió varios pasos hacia atrás.

– ¡Naruto! ¿Estás bien? – dijo la Fuji acercándose al cumpleañero completamente preocupada al verle recuperar el aire.

Al ver como Sasuke empezaba a avanzar hacia Naruto, Sai se interpuso, nada más para ser apartado fácilmente por este contra el pupitre de Sakura. Neji nada más ver ese intento por parte del Shimura no pudo evitar dejar escapar un bufido de risa.

– Te importe y cueste aceptarlo o no, conozco tus motivos. También tus intenciones. – volvió a hablar el pelinegro sin pésame alguno, aun así, admitía que estaba resentido con la actitud de alguien que internamente, aunque lo negara, seguiría siendo un amigo para él. – Y no, no solo estoy hablando de que hayas decidido empezar a comportarte como un cabrón descerebrado. Es más, también se lo dejé claro a ti no hace mucho ¿Verdad Shimura? Me disculparía… , aunque esa palabra parece que no te entra.

El orgullo de Sai se vino abajo al percatarse de varias de las miradas de los chicos de su salón, recordando lo sucedido ese día en los vestuarios. Lo peor fue ver como las chicas, en especial la Yamanaka, se dedicaban a mirarlo con prejuicio.

– Para tenerla tan pequeña no me es de extrañar de que al menos, te limites en compensarlo demostrando tener más huevos que cerebro. Y no hablo figuradamente. – declaró Sasuke tras esa corta pausa, eso que acababa de pronunciar era lo más importante a recalcar. El rubio se sintió humillado al escuchar algunas risas camufladas ante ese comentario innecesario hacia su hombría. – Entiendo, que por eso te limitas a cuestionarme… aun sabiendo en donde la cagaste. Estoy cabreado, Naruto. Mucho, pero creo que de aquí no soy el único aquí que lo está aparte de los que deberían. ¿Así que por qué no mejor vuelves a conseguirte a otra de las varias estudiantes del instituto, a la que llevarte a un motel?

Hinata, habiendo llegado hace varios minutos alzó la cabeza sorprendida. ¿Qué?

Tenso ante lo añadido por parte del Uchiha, el Uzumaki optó que a lo mejor sería ideal decir algo. Realmente necesitaba encarar esa prepotencia enervante, aunque se quedó con las palabras en la boca, tampoco ayudaban los jadeos sorprendidos y las persistentes carcajadas de algunos, se sentía inquieto.

– Eso sí, acuérdate de que estas estén solteras… – agregó Sasuke con de burla, mientras observaba como Naruto seguía intentando aparentar en lo que varios chicos de su clase seguían aguantando la carcajada a duras penas. Por más que no estuviera feliz con evidenciar, no se arrepentía de bajarle los humos tan humildemente.

¿Qué quiere decir con eso? – pensó Hinata completamente angustiada mirando la espalda de Naruto. Invisible para la mayoría entre el cúmulo de estudiantes dentro del aula fue entonces que recordó lo último ocurrido con Shion, quien al darse cuenta de su mirada le sonrió con superioridad mientras se cruzaba de brazos acercándose un poco más al primero. – ¿Qué está pasando?...

– ¿Terminaste? – pronunció finalmente Naruto con la furia solapando su enfado con una falsa capa de seguridad, estaba a punto de descontrolarse. Que los hechos se hubieran desencadenado así, no le gustó en absoluto, pero suponía que no podía haber más caras en una sola hoja. Volviendo a quedar completamente de pie, ignorando al completo a la Fuji a su lado, maldijo con la mirada al Uchiha, quien apenas con una última mirada que lo estudiaba de arriba abajo expectante. – Veo que temes a la posibilidad de que te la…

Sasuke, harto de la conversación y dándola por terminada, volvió a resoplar con tranquilidad de la manera más natural posible para simplemente apartar la vista de Naruto. – Solo alégrate de que haya sido tu mierda de móvil, y de que sea hoy. Tómalo como regalo de cumpleaños y por respeto a tus padres, inútil.

Naruto finalmente quedó callado ante la mención de estos últimos y lo que eso implicaba. ¿Era imprescindible que los metiera en la conversación?

Maldito bastardo… – insultó en su cabeza sin poder evitar morirse de la vergüenza a pesar de que la confrontación no fuera de las más fuertes que habían llegado a tener. Cuando levantó la mirada, se topó con que Shikamaru y Chouji le miraban seriamente, estos estaban escuchando a Kiba, este parecía estar ubicándoles de todo, algo curioso.

Las chicas, confundidas ante lo ocurrido, al permanecer juntas no hicieron más que mirarse extrañadas. Aunque solo Ino pareció entrelazar lo que pudo haber pasado, no por nada, Sakura había estado ausente toda la mañana, todavía más durante el descanso. Algo había ocurrido y tal vez por eso no estaba ahí… ¿Pero el qué?

Neji evaluó la situación con cuidado. No iba a mentir, realmente creía que esto iba a acabar por suceder tarde o temprano, aunque no hoy. No pudo evitar recapitular todo lo ocurrido antes que desencadenaría lo recientemente ocurrido.

Por casualidad del destino, mientras se iba de la sala de profesores hablando por teléfono con su tío para llegar al patio y reunirse con los demás, no esperó ni le agradó demasiado ver al Uzumaki, el Shimura junto a la hermanastra de Sakura ahí junto a la mayoría del grupo. Cada vez se le hacía más tedioso tolerar a los dos primeros, pero lo podía sobrellevar si no estaba a solas, por eso agradeció ver allí a Lee y sobre todo a Tenten. Una vez decidirse por juntarse con ellos, a cortos metros de la mesa y sin que ninguno se diera cuenta de que estaba por llegar, fue testigo de como el primero descaradamente aprovechaba para tomar el teléfono de Sakura en el momento justo que la susodicha estaba distraída hablando, para meterlo en su bolsillo.

Podría haberle evidenciado ahí mismo de varias maneras, pero eso sería meterse en problemas con él y con lo de su prima, sería mejor no hacerlo… Fue ahí que decidió regresar por donde vino, molesto con la actitud de Naruto, leyó entonces el mensaje de Kiba en el grupo que les decía que estaban en la zona del gimnasio, así que ahí fue, sin esperar encontrarse junto a él, a un Sasuke tumbado en varias sillas de las gradas con los brazos detrás de su cabeza. Demasiado relajado para su gusto. Con ellos también se encontraba Shino. No esperó demasiado en hacérselo saber al Uchiha, quien enseguida arrugó el entrecejo y soltando aire, ensanchando las aletas de su nariz, empezó a pedirle explicaciones.

Dándose cuenta de que le observaban, pronto se encontró con que el pelinegro, nada más ver que le regresaba la mirada, le asentía una sola vez con la cabeza. Al parecer no solo a él. También a los dos que estaban a su lado, ya que los tres organizaron todo para recuperar el teléfono de Sakura y devolvérsela al rubio con la misma moneda de alguna forma. Recibiendo ese gesto por su parte los tres le respondieron de la misma forma, para seguidamente todos colocarse a sus asientos en silencio.

Por otro lado, Toneri valoró con cierta molestia, la escena que acababa de presenciar. Otra vez, sus planes eran chafados antes de poder llevarlos a cabo. No obstante, estaba más enfocado en la peculiaridad de lo que Sasuke Uchiha había decidido anunciar sin temor alguno sobre Uzumaki. – Esta gentuza no mentía cuando comentaban que el pelinegro podía llegar a ser un imbécil…

Ese último comentario, fuera por lo que fuera, nuevamente había logrado humillarle. Estaba claro que el tipo sabía más de lo que le daba crédito. Debía andarse con cuidado con el astuto guaperas.

Escuchando como la silla del pupitre a su lado se arrastraba, se percató de la presencia distraída de la Hyuga, ya completamente aseada vistiendo un nuevo uniforme del instituto, incluso más arreglada que de lo normal aun sabiendo se había marchado de su casa. Obvio que era por el susodicho cumpleañero, como no iba a volver hoy. Pero, sin embargo, aunque pareciera estar en trance por lo que había dicho Sasuke en cuanto a este, no se la veía triste… Lo que significaba que aguardaba esperanzas aún. – Toneri…

Mirando a la Hyuga al escucharla llamarle, esperó a que hablara. – Gracias por el uniforme.

Fue entonces que en su cabeza se empezó a formar una idea, que enseguida logró que en su rostro se manifestara una sonrisa falsa perfecta, la cual usó como respuesta sin decir nada más y rápidamente volver a mirar hacia la espalda del Uzumaki fríamente. – Veamos cuan crédulos sois…

– Todos a vuestros sitios. – mandó Tsunade ingresando a la sala con seriedad.

Asustando a casi todo el mundo con su simple tono de voz y expresión férrea, obtuvo lo que quería en menos de medio minuto. Muy para la mala suerte del grupo, la directora había decidido darles la siguiente clase ella misma.

Antes de empezar, la Senju se pudo dar cuenta de la ausencia de la Haruno. ¿Se habría ido con Hatake?


Sin responder a Shiro que se dedicaba a ofrecerle todos sus juguetes justo a sus pies encima del sofá, Karin finalmente decidió tomar de vuelta su teléfono y llamar para cancelar la cita en la clínica, con el teléfono pegado en la oreja, permaneció en la espera escuchando los pitidos de la llamada en proceso, hasta que finalmente escuchó como alguien ingresaba la llave en la cerradura del apartamento.

El Akita a su lado, volvió a soltar el juguete de entre sus dientes para rápidamente trotar hacia la entrada y comenzar a ladrar feliz. No tardó en ver que se trataba de Sakura.

¿Quién más podría ser, boba? – se recriminó mentalmente volteándose de su postura en el amplio sofá del comedor.

La Haruno, al verla con el teléfono en su oreja, con el suyo propio aún en su mano, no pudo evitar exhalar tras tragar saliva para recuperar el aire, había corrido despavorida desde la entrada del instituto.

– ¿Has llamado ya? – preguntó la ojiverde con preocupación.

– Estaba en ello… – se atinó a responder la pelirroja volviendo a mirar hacia la ventana de la sala.

Clínica de la Dra. Adaria, buenos días ¿En qué puedo atenderle? – escuchó que decía la recepcionista por el altavoz la Uzumaki, cosa que la Haruno también pudo oír a duras penas.

Antes de que Karin pudiera abrir la boca, Sakura le arrebató el teléfono y colgó rápidamente.

– ¡¿Pero qué haces?! – dijo ella casi gritándole al no esperarse esa reacción de su parte.

– No vas a cancelar, Karin. – recalcó Sakura con seriedad, alejando el teléfono de la susodicha ante el primer intento de la misma para recuperarlo.

– ¡No puedes obligarme! – insistió Karin levantándose del sofá para encarar a la dueña del apartamento. – ¡Devuélveme mi móvil!

– ¡La única que estaba a punto de obligarse a cometer una estupidez eres tú! ¡¿Acaso no lo ves?! ¡¿Por qué ibas a hacerlo, Karin?! – habló Sakura alzando la voz sin dar de si al comportamiento de la prima de Naruto, quien enseguida se puso roja y no logró frenar las lágrimas. Verla así la hizo relajarse, debía admitir que estaba con los nervios a flor de piel, demasiado. – Mira, lamento haberte hablado de esta manera, pero se honesta conmigo por favor. ¿Acaso has cambiado de idea? La única manera en la que accederé a devolverte tu móvil es si me aseguras que quieres seguir con el embarazo.

Karin no respondió, simplemente se retiró las gafas y se ocultó el rostro con ambas manos en lo que se sentaba en el sofá desoladamente. Sakura se acercó a ella para tomar asiento a su lado. Debía darle tiempo a que se calmara. Parecía que la Uzumaki no era capaz de racionalizar sus emociones. En más de alguna ocasión ella también se recordaba así tal cual. Esperando que sus sollozos aminorasen, la Haruno optó por ayudarla con ello rodeándola por los hombros y descansando su mano en su espalda para acariciársela.

– ¿Quieres tenerlo? – volvió a preguntar la pelirrosa una vez vio que Karin se apartaba las manos para recoger un par de pañuelos de la caja encima de la mesa auxiliar. – Lo entenderé de ser así, no te preocupes… Solo debes estar convencida de tu decisión.

Karin solo tragó saliva, hasta que finalmente solo pudo ser capaz de negar con la cabeza cosa que confundió a la Haruno.

– Me han avanzado la cita a dentro de dos horas y media, pero me obligan pagar antes o a lo mucho al entrar. – explicó la Uzumaki mientras se secaba una lágrima pasivamente. – Llevo ignorando a la casera de mi residencia desde hace tiempo, desde antes que me robaran, me ha echado vía mensaje. Por no poder pagar… No puedo… No tengo… ¿Por qué me robaron el sobre rojo?

No se dio cuenta de que la Haruno había decidido consolarla mediante un abrazo, por más que ella inconscientemente se apoyara hacia ella agarrándose a su brazo más cercano como alivio. En ese mismo instante, no salían ya más lágrimas en sus ojos, solo se la escuchaba hiperventilar y sollozar. Estuvo un rato así hasta que pudo calmarse mientras que la pelirrosa a su lado asimilaba su situación.

– Te dije que podías quedarte aquí lo que necesites Karin, no pienses ahora en lo de tu residencia… ¿Dijiste que Kin y Tayuya te siguieron más de una vez? Entonces es mejor que ahí no aparezcas por ahora. – informó Sakura suspirando nasalmente como modo para relajarse. No estaba de más pensar que con lo ocurrido, el Abumi hubiera husmeado por sus alrededores. No obstante, no podían esconderse. – En cuanto al tema del dinero… Bien.

Tomada la decisión, Sakura soltó a Karin y se apartó, dejando que Shiro aprovechara el momento para lamerle las manos, solicitando su atención, siendo respondido por varias caricias detrás de sus orejas.

– Te acompañaré a la clínica, pero antes tenemos que ir a otro sitio. – afirmó la Haruno para después levantarse del sofá. Volteando a mirar a la Uzumaki, se la encontró mirándola con los ojos hinchados y enrojecidos. No parecía muy dispuesta. – No te preocupes Karin, todo irá bien. Te lo prometo. Oh, por cierto… Deberías saber que Juugo y Suigetsu están preocupados por ti, más de lo que crees.

Karin simplemente apartó la mirada sin estar del todo convencida por la mayoría de sus palabras, no porque no quisiera…

Caminando a su habitación y cerrando la puerta tras ella, esta vez suspiró con más fuerza debido al estrés. Mirando hacia cierto cajón de su armario, asimiló que lo que estaba por hacer, era lo correcto.


– ¡Por dios, Kizashi! ¡¿Qué te ha pasado?! – exclamó escandalizada Ume al ver a su marido ingresar a la sala con un ojo hinchado, su blusa blanca presentaba manchas de sangre. Haciendo gesto con la mano para que la esteticista a domicilio que se encargaba de hacerle la pedicura se alejara, esperó a estar a solas para levantarse y acercarse a él.

– No es nada serio, cielo… – respondió Kizashi tan campante. – Traigan una bolsa de hielo.

– ¡¿Cómo que no pasó nada?! ¡¿Has visto cómo tienes el ojo?! ¡¿Quién fue?! – chilló su mujer volviendo a sentarse a su lado tan rápido como pudo.

– Tranquilízate, Ume… Créeme. – avisó el Fuji desatándose la corbata como si nada, tomando de la bandeja plateada que le servía una empleada de su hogar, lo que siempre tomaba a esa hora. Un sorbo de una tónica con gas junto a esa bolsa de hielo. Tomando ambas cosas sin molestarse en agradecerlo, dejó que su mujer despachara la presencia de su trabajadora nuevamente con el mismo gesto de antes. – Me ocupé de que la persona que se atrevió a hacerlo, obtuviera su merecido.

– Dijiste que fuiste al instituto de nuestra hija por una gestión importante, no lo entiendo, Kizashi. Ayer estabas completamente serio y ahora ¿Lo contrario? Es como si haber sido agredido te pareciera divertido… – pronunció la rubia extrañada, con la frente ligeramente arrugada mientras negaba con la cabeza de la exasperación. Su esposo simplemente sonrió. – El teléfono de tu oficina no ha dejado de llamar durante toda la mañana, tuve que pedirle a la ama de llaves que pusiera en marcha el contestador, llegó a dolerme la cabeza por su culpa. Esto no ayuda.

– A decir verdad… – comenzó Kizashi pasivamente, su mujer le miró con curiosidad. – Esperaba que él actuara de esa forma.

– Quien me agredió fue el tutor de nuestra hija, digamos que está demasiado vinculado sentimentalmente con Sakura. Lo más seguro es que a esta hora ya se encuentra de patitas en la calle. – informó el padre sin poder ocultar una sonrisa de diversión ante esa idea.

– Qué me estás diciendo, querido… – musitó Ume colocándose una mano en la boca con estupefacción.

– Todas esas llamadas serán de nuestro abogado, ayer estuve planificando un ataque judicial y para poner una orden de alejamiento. Puede que la policía también haya llamado, el subdirector les habrá pasado mi teléfono para hablar sobre la denuncia. El señor Shimura quiere seguramente corroborar que no voy a difamarle por lo sucedido… – explicó Kizashi mientras se apoyaba al respaldo del sofá.

– Esa cría necesita una buena dosis de modales, cariño… – comentó Ume arreglándose su corta cabellera rubia a pesar de estar perfectamente igual que antes debido a la enorme dosis de fijador que se había puesto. – No nos trae más que sustos. ¿Se supone que debo dejarlo estar? Esto es su culpa.

Suspirando mientras dejaba que su marido la acurrucara junto a él, recordó como ese engendro de Mebuki siempre se encargaba de recordarle que esa historia parecía que no iba a tener fin. Madre e hija eran iguales.

– No te preocupes por este tema, Ume… – le pidió Kizashi empezando a masajear los hombros tensos de su cónyuge amorosamente. – Yo me encargo ¿Encontraste alguna casa que te haya gustado?

– Shibuya es una ciudad demasiado… Alejada de mis gustos. – respondió Ume todavía mosqueada. Para que negarlo, Shibuya, Tokio… cualquier barrio, no hacía más que recordarle a las Haruno y lo mucho que las detestaba. – Creo que es mejor que compremos esta y ya me encargaré de remodelarla, tampoco queda tan lejos del centro.

– ¿Cómo está Sakumo? – preguntó Kizashi seguidamente, logrando que su pareja se distrajera a la mención de su hijo menor.

– La enfermera no hace mucho que se ha marchado. – dijo la madre mientras aflojaba su expresión seria. – Ahora está con su profesora particular.

Quedando en silencio en la sala, ambos recibieron una notificación al mismo tiempo por parte de sus móviles, solo que el de Ume vibró a diferencia del de Kizashi.

Justo en el momento en el que Sakumo llegaba de la mano con su institutriz, no pudo evitar sorprenderse cuando sus padres parecían espantarse de golpe.

– ¡¿Qué demonios significa esto, Kizashi?! – chilló su madre grotescamente mostrándole la pantalla de su teléfono a su padre, Sakumo no hizo más que ocultarse detrás de las piernas de su canguro, asustado. – ¡¿Cómo puede alguien que está muerto quitarnos tal suma de dinero de nuestra cuenta bancaria?! ¡¿Me lo explicas?!

– ¡Estoy igual de sorprendida que tú, Ume! ¡Así que deja de pegarme gritos! ¡¿Entendido?! Llamaré al banco, esto debe tratarse de un error. – informó Kizashi completamente fuera de si.

– ¡Oisshhh! Esto no puede estar pasándonos… ¡Te lo dije! Ese engendro al que mantienes, no es más que alguien perverso Kizashi. – declaró Ume con toda libertad, haciendo que Sakumo, malinterpretando sus palabras empezara a llorar, solo para enseguida soltarle la mano a su acompañante y alejarse corriendo a su cuarto. Su institutriz volvió a cerrar la puerta para darles privacidad, cansada del constante drama de esta familia. – ¡¿No dijiste que te hiciste con las cuentas de esa maldita mujer para cerrarlas?! ¡¿Cómo dejaste que esto ocurriera?!

¿Habrá sido Kakashi quien le dijo que lo hiciera? – cabezoneó el Fuji con nerviosismo. Era lo más probable después de lo de hoy.

El padre de Sakura no acababa de creer como de la nada, todo el dinero de la cuenta de la Haruno, que el mismo se había adoctrinado de manera no oficial aún, pasaba a estar completamente a cero coma una cifra de veinte decimal. Sakura, no podía saber que la cuenta de su madre aún seguía operativa, ya que él mismo se lo dijo. Así que… ¿Cómo? ¿Cómo lo había hecho?

Girando hacia su mujer de nuevo con preocupación, la vio marcar algo en su teléfono y a continuación pegar este en su oreja. – Ume… ¿Qué haces?

– ¡Cállate! ¡¿Cómo que qué hago?! Llamo al banco, deben hacernos una devolución inmediatamente. Tu hija, siendo menor, no hace tanto con tal suma de dinero. Me niego. ¡¿Kizashi?! – habló la mujer desesperada viendo como su marido le arrebataba el teléfono y colgaba.

Debajo de las almohadas de su cama, Sakumo se ocultaba llorando mientras abrazaba a su muñeca de cabello rosa preferida, la de Sakuya. Era la única manera en la que reunía fuerzas para adentrarse en su mundo imaginario con ella, lejos de tantas discusiones sobre lo que él no entendía, pero esta vez… Esa palabra… La había escuchado constantemente por parte de su madre y Shion… Por eso les preguntó a los empleados y no le escuchó saber su significado.

Ser o criatura que nace deforme, cosa espantosa, que da horror…

El engendro… – rumió él con tristeza, ignorando como su institutriz movía insistentemente el pomo de su puerta para poder entrar a su cuarto, donde se había vuelto a encerrar ingeniosamente. – ¿Soy yo?

No tardó en empezar a llorar silenciosamente.


Nada más Shisui hizo uso de su mano para activar el freno de su moto, quedó algo impactado con lo que veían sus ojos. Subiendo la visera del casco tras apagar el motor, reconoció varios coches patrulla aparcados en la calzada frente a un local calcinado.

El incendio había aparecido en las noticias matutinas, aunque a esa hora las llamas aún estaban algo presentes, ahora solo se podía oler las cenizas y demás materiales quemados debido a las llamas.

El letrero de la tienda indicaba que se trataba de un taller de automóviles, mejor dicho los restos de este.

Levantando la pierna para bajarse de su vehículo, enseguida se retiró el casco y la bufanda mientras se dirigía hacia las voces que reconocía como su Capitán, hablando con otro oficial. Curiosamente, se trataba de cierto tío que no hace mucho intentaba "recuperar" los informes de todo lo relacionado con el Abumi…

– Shimura, me da absolutamente lo mismo que no toleres a otros de escuadrón, te recuerdo que no estamos en un patio de colegio. Te he dado órdenes, cúmplelas y deja de prestarles atención, así dejarás de quedarte atrás. – declaró Obito taladrando con la mirada al susodicho, quien se limitó a apretar sus manos en puños por esa respuesta en silencio, odiando el sonido de los bufidos de risa de sus compañeros.

Estos dos últimos nada más girarse, se toparon con la mirada fija e indiferente del recién llegado cazarrecompensas, tensándose del susto al verle alzar una ceja.

– Ya veo por qué el capitán me ha llamado, supongo que veros desperdiciar demasiado el tiempo bromeando le está poniendo cada vez de peor humor. – los reclutas novatos rápidamente empezaron a sudar severamente de los nervios. Shisui, al ver pasar a una trabajadora más aplicada de cabello negro con reflejos verde olivo y sin previo aviso llamó la atención de esta al pronunciar su apellido. – Rokku aquí se convertirá en la mejor de su año, mientras ustedes dos puede que simplemente dejemos que se dediquen a dirigir el tráfico.

Las muecas de disgusto de los jóvenes policía tras escuchar estas palabras, enorgulleceros a Shisui a lo grande, dejando que sin decirles nada más, se apresuraran a regresar a sus tareas encomendadas.

Volviendo a mirar a la muchacha, Shisui se percató del encantador lunar que estaba situado en el extremo inferior de su ojo izquierdo, aunque resaltaban mucho más sus gatunos ojos marrones. Sintió como si se le avecinara algo así como una bajada de tensión cuando la mujer le sonrió con timidez, ligeramente sonrojada y finalmente volver a voltearse.

¿Qué fue eso? – pensó el Uchiha mientras veía como la recluta seguía con la tarea de rodear el recinto con cinta de prohibido el paso con una sonrisa picarona y para Obito, quien se había plantado frente a él algo más relajado, algo boba. El mayor de los dos alzó una ceja viendo como la recluta Rokku miraba coquetamente a Shisui una vez más mientras se alejaba caminando seductoramente. Suspirando con aburrimiento, volvió a mirar al pelinegro a su lado, viendo como este descaradamente apreciaba las curvas de la mujer.

– Está soltera. – le hizo saber Obito con una sonrisa burlona, acaparando la atención de Shisui.

– ¿Quién? – respondió el cazarrecompensas girando la cabeza.

– El Obispo de la iglesia de Notre-Dame… – comentó con sarcasmo el capitán mientras señalaba hacia la morena. Shisui solamente pudo soltar una corta nerviosa risa al verse pillado in fraganti. – Según el Sr. Yamanaka, es la mejor discípula que ha tenido hasta ahora. Al parecer le supo mal ver como no optó por formar parte de su equipo. Habré escuchado más de dos veces que Ibiki debería verla en acción.

– Se la ve algo joven… – añadió Shisui mientras meditaba esos detalles de la recluta.

– Tiene tu edad, aunque no lo parezca. – soltó el mayor haciendo que su acompañante alzara las cejas. – También cuenta con más experiencia que el resto de novatos y anduvo una temporada con Kakashi. Me sorprende un poco verla aquí, sinceramente.

Suertudo Hatake… – reflexionó Shisui con tranquilidad sin sorprenderse que hasta Kakashi, aunque apenas le conociera en comparación a Obito y gracias al mismo, hubiera podido caer en los embelesamientos de la morena. Aun así, no estaba de menos admitir que le picaba la curiosidad. – En fin, ¿Me llamaste para…?

– Ya que Itachi se encuentra estas semanas con otras responsabilidades… – comenzó el capitán lentamente haciendo que Shisui sospechara el camino a donde iba la conversación, sin esconder lo que empezaba a verse como una sonrisa traviesa en su cara. Incordiando un poco a su jefe. – Considero que, al ser un miembro de fiar…

Obito dejó de hablar para fusilar con la mirada de su pariente, que no hizo más que esconder su labia con disimulo. – Para mí… Puedo dejarte que colabores en esta investigación. Pero, solo si no montas caos innecesarios, no creas que no he leído tus informes de los problemas que les diste a los de Alemania.

– En mi defensa, yo no incité a ningún delincuente a que se diera a la fuga nada más llegar yo. – se excusó el pelinegro alzándose de hombros. Obito no hizo más que retarle con la mirada.

– Destrozaste cuatro coches patrulla y dos furgonetas en cuatro meses, normal que te echaran si encima de espachurrarles material debían pagarte cada fin de mes. Por si no te percataste ya, ese es uno de los motivos por los que solo dejo que seas cazarrecompensas, creo que es la vocación que te favorece más. Te hace más responsable. – explicó el capitán finalmente para finalmente suspirar, esperaba que esto fuera buena idea. No obstante, Shisui aceptó esas palabras con orgullo y solo respondió con agradecimiento. – Ahora, Deidara te explicará en más detalle lo que ha encontrado. Si no fue por las noticias, habrá sido alguien en comisaría quien te habrá dicho que este accidente ha empezado temprano esta mañana. Taller, tienda y domicilio de los dueños, han quedado tal cual los ves.

– ¿Cuándo empezó el incendio realmente? – cuestionó Shisui con curiosidad y atención.

– La persona que llamó fue un hombre que vio las llamas desde el balcón a su casa a lo lejos, alrededor de las siete de la mañana. – indicó el capitán haciendo que Shisui asintiera nada más, incitándolo a proseguir. – Los bomberos tardaron una hora en apagar las llamas.

– Hubo heridos, si no me equivoco. – sumó Shisui recordando lo anunciado en la televisión.

– Antes de que llegaras se me comentó que la esposa del dueño ha fallecido de camino al hospital. El hijo, un joven de casi veinte años se encuentra con quemaduras de cuarto grado e intubado. La única persona que salió más o menos ilesa ha sido el padre. Dueño de ambos locales. Se encontraba sacando a su perro de paseo cuando vio las llamas salir por la tienda, sin saber el riesgo que corría fue a socorrer a su familia, pero lastimosamente… Los bomberos lo sacaron cuando este quedó atrapado por el techo de la planta donde estaba el domicilio de la familia. El hombre está en estado catatónico en la UCI al igual que su hijo, así que ahora mejor que no le interrogues ¿De acuerdo? – ordenó Obito con seriedad mirando hacia Shisui, este simplemente volvió a asentir.

Dejando que Obito se alejara hacia su coche suponiendo que regresaría a comisaría, metiendo el brazo dentro del agujero de la visera y el inferior, empezó a caminar hacia dentro del local, deteniéndose a observar con detalle el efecto del incendio, hasta que finalmente observó a su colega y amigo rubio. Arrodillado cerca de una esquina del salón del domicilio.

– Ei… – saludó Shisui simplemente, algo devastado por el ambiente. Eran poco frecuentes los casos así.

El rubio, quien se encontraba con el cabello recogido esta vez en un moño bajo, se incorporó de nuevo de su postura en silencio al percatarse de que el Uchiha a cargo del caso al fin había llegado.

– Que hay… – dijo de vuelta Deidara mientras pasaba la lengua entre sus dientes con molestia. – Deberías investigar y echar una ojeada por todo el lugar, Uchiha… Yo antes quiero estar seguro de algo, dame solo unos minutos.

Accediendo a esa petición a pesar de encontrarla extraña, Shisui miró hacia abajo encontrando polvo blanco que desprendía cierto olor característico, aunque no podía estar seguro debido al fuerte olor a ceniza, humo, metal y neumático quemados. Lo que supuso que su subordinado evidentemente se encontraba comprobado algo importante.

Alzando la mirada vio como la luz del sol golpeaba directo a sus ojos, colocando su mano aún cubierta por su guante de motero, vio que en una ventana del lateral del domicilio, que tendía el cristal dividido, uno de los pedazos superiores se encontraba rota.

Madre e hijo en casa descansando, el padre se marcha y sucede el incendio… Ambos locales estaban cerrados. Habiendo las puertas que separaban ambos locales entre sí al igual que con el piso de arriba… Habría tenido que haber suficiente tiempo para que el hombre, habiendo logrado entrar, pudiera llegar hasta donde estoy yo ahora. – estudió el pelinegro en silencio. El enorme agujero del suelo delataba que la infraestructura era lo bastante antigua. Se notaba la diferencia entre ambas plantas, el primero debido al suelo con calzada en el taller y baldosa en la tienda, aunque este se estropeara, era más resistente, tardaba menos que la madera del suelo de arriba, al igual que el tatami… que prácticamente era igual de aspersor que la anterior.

Caminando hacia las habitaciones de los dueños, revisando si había algo extraño y es que las ventanas correderas de las dos, tenían barrotes de seguridad, pero solo una se encontraba igual que la del comedor. Acercándose a la ventana, se encontró con parte de tejado y no muy alejado de este, un semi muro lo suficientemente alto, que daba a la calle que iba en perpendicular al edificio que la única dirección que permitía era hacia adelante.

– Uchiha, ven. – pidió Deidara apareciendo de la nada encontrándose con el susodicho tomando fotos para el caso. Vio como el pelinegro se quedaba mirando algo a través, así que decidió esperar. Sin saber que este se encontraba mirando fijamente el comportamiento de cierto recluta de melena grisácea, quien parecía intentar ignorar lo que los otros dos novatos decían, aunque lo intentase, no lograba escucharlos.

Tosiendo impaciente, Shisui finalmente se giró y le encaró, mirando el contenido en las tres bolsas de plástico que sujetaba.

– El incendio no fue un accidente. – dictaminó finalmente el cazarrecompensas, haciendo que Deidara alzara las cejas de la sorpresa. Eso había sido rápido.

Tras regresar fuera hacia los coches patrulla, Shisui asintió para dejar que el rubio experto en explosivos hablara. – Se tratan de bombas caseras. Hechas con cloro y alcohol.

– ¿Fueron esas las causantes del incendio? – preguntó el Uchiha, su amigo negó con la cabeza.

– Esas explosiones solo causan sonido y humo, pueden causar lesiones si estás cerca, pero es fácil asegurar que el incendio empezó con esto. – señaló el policía rubio con confianza, mostrando la mitad de una lata de cerveza. – Hice que los bomberos revisaran todo de arriba abajo y no había problemas de fugas de gas ni nada parecido, todo en orden. Tal y como dices, esto fue provocado. Creo que el perpetuarlo, se frustró al ver…

Shisui se distrajo al ver como el recluta llamado Shimura, se encontraba escuchando algo en su teléfono, mientras cargaba un cuenco blanco el cual sujetaba por el asa, dejando de escuchar al rubio frente a él enseguida.

El Shimura miró el objeto que cargaba en una de sus manos con inquietud. Nada más escuchar lo que sus otros dos compañeros discutían aparte de burlarse de él hace apenas unos minutos, tuvo la casualidad de toparse frente a él, un recién hecho graffiti con el símbolo de una nota musical hecho con tinta negra. Al estar literalmente frente a este, el olor a spray era fácil de captar. Conociendo de sobra este símbolo, enseguida sacó su teléfono para informar a su abuelo mediante mensaje, en apenas dos minutos este ya le había enviado un audio mandándole que se deshiciera de las pruebas.

Había sido fácil detectar dentro del cubo de basura más cercano, varios envases de alcohol de noventa grados con apenas restos de sustancia. El mismo envase que se había encontrado en las bombas caseras dentro del edificio. Esa estúpida pandilla que su abuelo se dedicaba a proteger, al parecer no era demasiado inteligente… ¿Cuántos intentos habían realizado previamente justo al lado del lugar de los hechos? Recordando con cierta grima que él solía avenirse con Zaku y compañía, que además hubo una temporada en la cual le consideraba como su primer mayor colega a tal nivel, para acabar imitando el tatuaje que este y los demás compartían tras su oreja, solo para más tarde descubrir que para él, solo era… algo fácil que desechar una vez habías sido de algún uso.

Lo irónico fue pensar que bajo la tutela de su abuelo, las cosas serían distintas y ahora, de nuevo… Tenía que deshacerse de las otras evidencias más importantes, las cuales el especialista de explosivos a cargo, apenas había tardado en descubrir y seguramente mostrar al maldito egocéntrico y pedante cazarrecompensas del Uchiha.

Francamente, detestaba al hombre. Se había enterado de los numerosos escándalos en sus otros trabajos y al principio no podía evitar infravalorarlo y considerarlo alguien a quien no tomar en serio. Un poca monta que solo debe hacer es ejecutar o detener a delincuentes fugados dejando el trabajo duro a los reclutas como él y a pesar de todo… ¿Se le apreciaba? ¿Le respetaban pero a él no? A quien engañaba, lo detestaba igual que el resto. Estaba harto de todo y de todos.

¿Sería así toda su vida?

Sus pensamientos cuando se percató que Shisui abría la puerta de uno de los coches patrulla para dejar en los asientos traseros lo que parecían ser las pruebas encomendadas por Deidara, el cual ya no estaba junto a él. Esperó a que el pelinegro se alejara intentando pasar desapercibido, aprovechó el momento en el que nadie vigilaba la zona y se acercó al vehículo. Ajustándose la gorra, tomó los objetos en la bolsa y se los metió dentro del chaleco, frenando en seco al percatarse de que Hanare justo a su lado, observándole raro.

Mierda… – maldijo Shin sin poder evitarlo.

– ¿Se puede saber qué haces? – cuestionó la Rokku con sospecha.

Justo en ese instante, a la vez que su teléfono empezaba a vibrar dentro del bolsillo de sus pantalones, se inquietó cuando por el rabillo del ojo, Shisui hacía acto de presencia nuevamente.

– ¿Eres tú, verdad? – indagó con seguridad el Uchiha. – En verdad no estaba seguro, pero al ver como fácilmente cogías las pruebas… Queda todo claro.

Sospechaba de mí desde ese día… – concretó mentalmente el Shimura tragando saliva. ¿Ahora qué? Todo acababa de irse a la mierda y de ser por él…

Volver a fallar hubiera sido volver a tener que lidiar con el sermón de su abuelo, quien se había encargado de borrar toda esperanza y fe en que en su vida, pudiera tener al menos algo más que una estúpida marioneta… Sumando que, incluso fuera de sus garras directas, otros también se burlaban y jugaban con él. – El sonido… está en todas partes… Tarde o temprano, quienes se atrevieron a mofarse, no les quedará de otra que escucharnos…

La voz de Zaku inundó su cabeza con varios recuerdos de varias de sus conversaciones. Estas poco a poco, como un rompecabezas, fueron creando un nudo que por más raro que fuera, empezaba a tener sentido para Shin.

Sacando rápidamente el arma de su cinturón mientras sujetaba por el cuello a Hanare por el antebrazo, apuntó con el arma hacia Shisui. El cual se lo esperaba, a diferencia de los demás.

– ¡SHIMURA SUÉLTALA Y BAJA EL ARMA! – Ordenó Deidara sacando su pistola y apuntarla hacia él al instante nada más ver lo que hacía sin dudar en acercarse a paso rápido. Los demás agentes cercanos, al ver la escena no tardaron en hacer lo mismo. Lo que causó que el mencionado soltara una sonora carcajada.

– De verdad… ¿Qué importa si ahora se me amenaza con una arma en vez de insultos y bromas de mal gusto, eh? ¡¿ME LO DICE?! – habló mirando hacia el rubio que se mantenía firme sujetando su arma. Hanare, enseguida se pudo dar cuenta de que el hombre apestaba a sudor, este estaba nervioso. Su mente se quedó en blanco cuando sintió como su ahora excompañero apuntaba el arma en su sien fríamente. – Acabo de hacer una pregunta, respondan… O le vuelo el cerebro a la nueva. Las manos donde pueda verlas, Shisui Uchiha… Ya van dos veces que arruinas mis planes, no habrá tercera… ¡Así que hagan el jodido favor de responderme!

– Muy amable de tu parte de pedir "por favor"... – comentó Shisui con burla ya con las manos levantadas, no obstante, se tomó la libertad de mover una de ellas para rascarse el extremo de una ceja, irritando más al topo. Mirando seguidamente a la morena que estaba de rehén, la observó retorciéndose causando que le tapara la boca con la parte opuesta del codo, bien amarrada. Su expresión cambió a una seria al escuchar como Shin quitaba el seguro de su arma. – Pero la verdad es que no entiendo a que te refieres…

– Mi abuelo tenía razón, los Uchiha no sois más que unos putos malnacidos perturbados. ¡Última oportunidAAARRGH! – Soltó Shin tras ser mordido directamente en la piel y rápidamente apartado por Hanare quien se libró girando en lo que sacaba su arma también. Esta tuvo que cubrirse detrás de un coche, ya que Shin apuntó el arma hacia ella y lanzó dos disparos que por suerte no la rozaron. Los gritos de las personas curiosas enseguida se alejaron, salvo la prensa que estaba retransmitiendo todo en directo. – ¡MALDITA ZO…!

Un disparo alertó a todos los agentes, para finalmente escuchar como alguien parecía caer al suelo. Deidara, protegido y solo en el lateral de su coche patrulla, al no escuchar más disparos se incorporó sigilosamente con el arma sujeta en sus manos, para finalmente relajar sus hombros al ver como el Uchiha bajaba su 9 mm recién usada. Sin acercarse demasiado al joven de media melena gris, se reveló la causa del seso del tiroteo, un disparo en la frente.

– Deberíamos avisar a Obito. – comentó Deidara más para Shisui que para cualquier otro agente, estos ahora veían con otros ojos al cazarrecompensas.

Hanare, a pesar de gozar de más experiencia que otros, había servido más en el área psicológica de mentes criminales, volviéndose una experta en permanecer impasible frente psicópatas a los que había que diagnosticar o interrogar, pero vivir esto… Era algo distinto ¿Tal vez esa rama policial verdaderamente no era lo suyo? Mirando hacia el Uchiha, su salvador, pasar tranquilamente por su lado, este le asintió con una sonrisa leve.

– Lo haré en un minuto… – respondió igual de manso que un arroyo el Uchiha mientras se dirigía hacia el lugar donde había visto a ese intruso desde la ventana del domicilio.

Tras retirar apartar varios escombros que había curiosamente amontonados en el muro, se topó con nada más ni nada menos con un símbolo que ya conocía. Sin pensarlo dos veces, tomó una foto más con su teléfono y llamó a Itachi.


Sakura bajó el volumen al máximo de su teléfono después de enviar un último mensaje, pero antes de que pudiera dejar su teléfono encima de la mesa pequeña a su lado de la sala de espera de la clínica, levantó una de sus comisuras con gracia al ver como su padre le llamaba por séptima vez.

Acomodándose en el extremo lateral del sofá para poder poner una pierna encima de la otra como si nada, un peso la hizo querer sacar cierto objeto del bolsillo de su chaqueta fina negra, que combinaba con un top blanco y una falda de pana de tono rojo tirando a naranja. Releyendo lo que decía este, le daba aún más motivos para no responder a las llamadas de Kizashi. Era obvio que se trataba por el dinero que reclamó. No era nada extraño, lo que sí lo era…

Normalmente, ya me habría respondido… – asimiló la pelirrosa mientras recordaba las tendencias de su profesor. Le había enviado un mensaje explicando que se había ido a casa, pero ni lo había leído, pero lo más probable, es que lo haga más tarde.

– ¿Señorita Haruno? Necesito que firme estos documentos mientras espera sus resultados y los de su amiga mientras ella está en quirófano. – comentó la recepcionista mientras le tendía una carpeta dura con varios documentos junto a un bolígrafo. Asintiendo educadamente, tomó los objetos para finalmente ponerse a mirar el contenido en los papeles.

Leyendo su historial clínico, se lamentó cuando la primera imagen del recuerdo de ese fatídico día en el que varios oficiales intentaban retenerla para examinarla.

"– ¡DÉJENME SALIR! – ordenó Sakura lanzando lo primero que tuvo en mano, que no era más que una lámpara encima de una cajonera de metal para simplemente aventarla hacia la única, pero enorme ventana casi opaca de la sala. La habían encerrado ahí sin nadie, la habitación estaba iluminada mal, había poca luz LED y que uno de estos parpadeara sin dejar de hacer ese molesto ruido eléctrico, la estaba poniendo más nerviosa.

El último policía que había entrado en ese cuarto acababa de marcharse con prisas, después de aparecer con intenciones de acercarse a ella, ya que le aventó todo lo que encontraba. No quería estar ahí…

¿Es que nadie puede oírme?... ¿Dónde está Kakashi…? – pensó con mal humor sin importar que todo su rostro persistiera lleno de lágrimas, el poco maquillaje que llevaba estaba desperdigado por su rostro debido al rápido uso de pañuelos no hace mucho.

Yendo hacia la puerta para intentar abrir la misma con el pomo, se dio cuenta de que habían pasado llave. Volviendo a patearla con fuerza insistentemente volviendo a repetir las mismas frases de hace menos de un minuto, no tardó en verse interrumpida cuando escuchó la puerta abrirse. Más tranquila, caminó dos pasos hacia atrás nada más para ver como en el cuarto ingresaban una señora de mediana edad junto a dos hombres corpulentos, estos llevaban el uniforme de patrulla. Nada más ver las esposas colgando en el cinturón de cada uno…

Señorita, necesito que se calme y se siente en la silla para que pueda examinarla… – dijo la mujer con firmeza. A Sakura se le escapó otra lágrima más.

Ni se os ocurra acercaros… – avisó amenazante la pelirrosa con una mirada brutalmente irreconocible.

Cuando a Kakashi se le accedió ingresar a la pequeña habitación que se usaba como enfermería después de esperar un buen rato, se topó con el desorden inimaginable de esta. Mirando hacia la mujer, encargada de sanar sus heridas, sujetarse la nariz sangrante a la vez que se tapaba la boca siendo atendida por otros colegas, escuchó unos sollozos.

Allí, sentada en el suelo, doblada con sus rodillas contra su torso, se encontraba su alumna con su cabeza agachada. Su cabello ocultando su rostro. Acercándose a paso rápido con preocupación, dobló una rodilla para colocarse frente a ella.

Comprobando las curas en sus rodillas hechas con prisas, no tardó en ver en que la tarea de sanarla no había sido completada, fijándose en el estado del único codo visible.

Sakura… Ei… – habló el profesor acercando su mano a su brazo solo para ser violentamente apartado.

¡DIJE QUE NO ME TOQUES! – oyó que le gritaba la Haruno con temor sin dejar de hipar desconsoladamente.

¿Por qué no? ¡Quieta ahí! Pensó que diría, pero no fue así…

De acuerdo. – contestó Kakashi, la Haruno apenas levantó la cabeza al escucharle. – Pero antes de que te lleve a casa, debes dejar que te curen los brazos ¿Está bien?

Mirando hacia dónde recientemente estaban los agentes atendiendo a esa corpulenta mujer, recordando la patada que le había endosado con su pie, no hizo más que encogerse más con desconfianza. Sabiendo que su profesor no iba a dejarla irse así sumando que ahí dentro no se fiaba de nadie más…

Hazlo tú… – pidió Sakura inspirando entrecortadamente mientras sus ojos volvían a llenarse de lágrimas. Intentó esconder sus labios temblorosos, pero no sirvió de nada. Kakashi solo pudo limitarse a ablandar su mirada hacia ella. – Ellos no… "

Era curioso que a pesar de tener una memoria excelente, ese recuerdo en aquella comisaría se le apareciera ahora. Esa vez en el desguace no tuvo la suerte de tener a Kakashi, pero cuando ese hombre mayor la arrinconó tiempo después… Sí que tuvo algo más de suerte. A diferencia de Karin…

Había visto las cicatrices en su piel, la primera vez que las vio no pudo evitar sentir náuseas, las cuales no le quedó otra que tragarse en lo que se dedicaba a cuidarse de sus heridas, a la par de las que ella presentaba en su cuerpo.

¿Qué fue lo que hizo para que Zaku le hiciera eso? Heh…

"– Según él, pasé entre él y no se quien más por el pasillo… No debí insultarle… "

El recuerdo de la pelirroja explicándole la razón sin poder mirarle a la cara, fue como verse a si misma.

Y pensar que todo comenzó el mismo día en el que ella la evidenció de tal forma al igual que Sai en medio del patio… ¿Cómo no podía sentirse responsable…?

– Culpable, mejor dicho… – asimiló la Haruno.

Mirando la hora en el reloj de pared de la sala de espera, se acordó de Sasuke.

– Hoy tiene esa competición de Kendo… – se lamentó Sakura. Solo habían intercambiado palabras durante la improvisada clase de ciencias de esta mañana. Ninguno de ellos llamó al otro, ni se escribieron a pesar de verle permanecer conectado en su chat privado.

Por más que quisiera hablar lo de ayer, debía priorizar lo de ahora antes.

Regresando los documentos necesarios a recepción, sintió como le llegaba una notificación en el móvil. Esperaba que fuera él, pero no… Se trataba de Ino.

Srta. frentona… ¿Me puedes decir dónde demonios estás? Saltarte clases no es lo tuyo, podrías habérmelo dicho para escaparnos juntas… – leyó con cierto cariño la ojiverde. No quería responder con más mentiras, pero tampoco sabía qué decirle… No había que olvidar la enemistad entre Ino y Karin. – Luego debo contarte algo…

"Estoy empezando a cuestionarme si eres realmente una persona en quien confiar, Haruno"

Esto no puede seguir así…


Naruto miró a los dos pupitres libres a su lado con seriedad, hasta que distraídamente giró su cabeza más allá para atrapar a dos de sus compañeros de clase hablar entre sí mientras le miraban, cuando se les quedó viendo, no tardaron en ponerse a disimular.

Las clases estaban acabando de manera distinta de como el día había empezado, nuevamente por…

– Joder… – habló Naruto en voz alta sin miramientos, interrumpiendo toda la clase.

Alguien le arrebató su cuaderno abierto. Ibiki, quien al no sorprenderse cuando al abrirlo, encontró este básicamente en blanco. Le miró con poco aburrimiento. – ¿Así crees que va a aprobar el siguiente examen, Uzumaki?

Esa no era la atención que…

– Creo que además se ha confundido de libreta, no estamos en la optativa de arte… – aportó el profesor de cálculo mostrándole la caricatura en una de las blancas páginas en su descuidado cuaderno. Varios volvieron a reírse. – Si no te importa, me dedicaré a echarle una severa ojeada… Se lo devolveré al final de la clase, con tarea extra para el lunes.

Apoyando el codo encima de su mesa para descansar su cabeza en su mano, el rubio miró con frustración el sitio donde no hace ni diez minutos, Sasuke y otros estudiantes, se les permitía salir antes de clases debido a la competición, quedando libre de la tediosa lección del tarado de Morino.

Esperaba haber tenido algo de suerte en su nuevo intento, obtener al fin el número de la ausente pelirrosa de una vez, que no lo encontraba tan brusco como lo de la enfermería, pero a decir verdad… El plan no había sido ejecutado con la suficiente discreción, aunque estaba decidido a no dejar de agarrar de improviso al Uchiha con ello.

Estuvo cerca… – pensó Naruto sin poder evitarlo. – Demasiado y satisfactoriamente cerca…

Pasando varios minutos de que sonara la campana, salió de sus pensamientos cuando alguien le palmeó el brazo con camaradería y finalmente ver como Shikamaru se plantaba a de pie a su lado.

– ¿Vamos? – propuso el moreno con tranquilidad y su vagancia usual. – Chouji ahora viene…

Asintiendo con la misma irritación sin abrir la boca, Shikamaru dudó de si preguntarle sobre lo sucedido por más que Kiba le hubiera resumido a su manera, lo sucedido. Kiba podía estar ya harto y lo entendía, pero Naruto siempre había sido así y lo sabía. Igual que todos, aun así…

Tomando la iniciativa de levantarse finalmente, el Nara esperó junto a él a sus otros colegas mientras él se espabilaba a recoger sus cosas.

– Kiba. – llamó Shikamaru lo suficientemente alto para que este les mirara al pasar entre dos filas de mesas más a la derecha. Se encontraba nuevamente con Shino. – ¿Vienes?

Kiba nada más voltear a ver a Naruto, se le notó el repentino cambio de expresión en sus facciones. – Ya hice planes con Shino y Tamaki. Además, Dudo que a Naruto le apetezca que ella esté, ya sabes, como la toma por retrasada.

– Solo bromeaba… – repitió el rubio manteniendo su postura mirando fijamente al Inuzuka.

– Pero cuando se intenta lo mismo contigo ya no lo es… – respondió altanero Kiba con una pizca de desprecio. Naruto simplemente pestañeó haciendo una mueca con los labios, el primero ya se esperaba una reacción similar. – Cierra tu bocaza en cuanto a mi novia ¿Sí? No te hizo nada y tú Shikamaru, no me seas tan tú con esto, imagínate si le dijera esto a Temari.

– ¿Qué pasa conmigo? – saltó Temari con curiosidad apareciendo justo detrás de Shikamaru y Naruto, Chouji estaba también acercándose. Kiba se mantuvo callado.

– Nada. – respondió tras unos segundos en lo que se acomodaba su bolsa en la espalda en compañía del aburarme, asintiendo con la cabeza hacia Neji, quien sin querer no le había quedado otra que escuchar esta confrontación, este apenas le miró con entendimiento.

– Bueno, Shikamaru… – Dijo nada más la rubia para alzarse de hombros volteando la cara del mencionado con una mano por la barbilla. – Tú hoy te vienes conmigo, ya quedarás con ellos si eso el domingo…

– A dónde me llevas. – cuestionó mientras se dejaba jalar de la mano por su rubia, esta solo le sonrió y una vez más alejados de los demás le miró con un brillo travieso en los ojos.

– No hay nadie en mi casa~ – musitó ella con una expresión coqueta que sonrojó a su novio demasiado para el gusto de este, aunque este no reprochó y sin más se despidió dejándose llevar.

Mirando hacia atrás después de que una chica le invitara a unírsele a su grupo, Toneri se levantó sin vacilar arrastrando la silla sonoramente para empezar a alejarse. Moverse había sido hacer reaccionar a la pelinegra a su lado. Frenó momentáneamente para mirar hacia ella fijamente, cosa que fue una reacción en cadena…

En lo que Naruto buscaba a Sai y al ver que este no se encontraba por ningún lado, que Lee, se escabullía con Tenten y Neji. Shion no fue lo suficientemente rápida cuando Hinata le llamó. Esta última se vio algo incómoda cuando en vez de voltearla a ver a ella, se dedicaba a encarar a la Fuji, la cual le sonrió de manera adorable.

– Naruto, te preparé un regalo. – habló Shion jugando con las ondas de su cabello con un dedo índice. – ¿Te lo doy ahora? Aunque tendrás que acompañarme al coche de mi padre.

Apreciando esa buena noticia, asintió haciendo que la hermanastra de Sakura diera varios botecitos de la emoción. Hasta que… – Ah, Hinata… Ya entregué nuestro trabajo, así que no te preocupes ¿Vamos?

"Supongo que debe doler demasiado el hecho de que te ghosteara."

– ¡Naruto! – gritó ella de la nada, haciendo que el Uzumaki frenara junto a Shion, esta fue la primera en hacer una mueca de espaldas, pero no tardó en voltearse con una risueña expresión.

– ¿Tienes que hablar con ella de algo? Puedo esperarte en el coche y dejaros a solas si quieres… – propuso la rubia ladeando la cabeza ofreciéndole las riendas para elegir lo que ella esperaba.

Naruto únicamente giró brevemente su cabeza para mirarla aún con su espalda hacia ella, para a continuación negar con la cabeza, haciendo que Shion asintiera y volviera a colocarse a su lado, invitándolo a avanzar con ella.

La Hyuga pronto se vio sola en el aula, sin percatarse que nada más salir para dirigirse a los aseos de la planta, su prometido volvió a ingresar al aula para regresar hacia la mesa de la pelinegra. Había tenido la oportunidad de escuchar todo desde el aula comunal habiendo dejado la puerta abierta lo justo y necesario.

Mirando los obsequios que la pelinegra había intentado desesperadamente obsequiarle al cumpleañero, su mirada se enfrió de repente.

Cuando la Hyuga finalmente regresó unos cuarenta minutos después, se le encogió el corazón cuando encontró estampados contra la pizarra, los chocolates, pero lo que más la angustió e inquietó fue ver que la bolsa con la gabardina del Uzumaki dentro, había desaparecido.


Desde la pequeña ventana de los baños menos frecuentados de la planta de los de último año, se podía escuchar a los estudiantes de extracurriculares de deporte realizar sus actividades y en la parte del gimnasio, aplausos y lo que parecía ser a alguien hablar por un micrófono.

Cuando Zaku salió de sus pensamientos, se percató como uno de sus secuaces había empezado a correr la ventana.

– ¿Quién te ha dicho que la cierres? – sonsacó amenazante el Abumi mirando hacia el chico, quien se inquietó lo suficiente para nada más regresar al sitio de antes apoyado en la pared.

Quienes le rodeaban permanecieron callados al ver el persistente mal humor del pelinegro, decidiendo mejor no aportar nada. En verdad, cada uno tenía sus problemas y buscarse bronca con él no era lo ideal, contar con el respeto que este imponía nada más en los demás… Era una base para sentirse al menos incluidos en algo.

Por su parte, el líder de la pandilla estaba más cabreado de lo que estaba inquieto. Tras lo sucedido en el almacén, la paliza que recibieron contra otra en Minato, el rechazo de Tayuya, el embarazo de esa loca con el apellido Uzumaki que aclamaba estar preñada de él y que esta hubiera "desaparecido", Lo de Kin… El coche, su padre… Sakura Haruno…

Escuchando como Dosu sacaba su mechero metálico que había robado tiempo atrás de una tienda cualquiera para encender su pitillo hecho a mano, sintió la abstinencia del tabaco en su organismo.

– Ei miren, hay una caricatura de cierto rubiales aquí… – comentó uno que se encontraba usando uno de los cubículos como asiento mirando su teléfono, no ocultó ni la carcajada demasiado forzada, sin poder evitar sacar una foto de la misma. Estaba intentando aliviar la tensión del cuarto.

– Cállate ¿Quieres? – dijo otro sin poder ocultar sus nervios y el trauma.

– Eres tú el que debería callarse… – remugó el otro de vuelta pasando al mismo humor que él.

– ¿Por qué no os calláis los dos? – les silenció Dosu tras soltar una larga calada de humo por la boca que se esparció hasta el techo. Logrando su cometido, se quedó observando al grupito que había juntado Zaku con ellos en los baños, quién sabe para qué y para ser sincero, olía a que todos los de aquí se habían metido en un buen lío…

– ¿O qué, Dosu? ¿Volverás a pasar el rato hundiendo sus cabezas en algún inodoro? – dijo Zaku con desdén bajando del borde del fregadero más pegado a la pared que usaba como asiento. Dosu simplemente le ignoró. Pasaron unos largos minutos hasta que el pelinegro, tras mirar de arriba abajo al Kinuta, notó como se le veía distinto. – ¿Dónde coño andabas?

Su amigo, volviendo a meterse el cigarrillo entre sus labios para encenderlo de nuevo, valoró que decirle sabiendo los brotes de ira de este. – Ocupado, tuve un follón en casa.

– Dicen que te acojonante tras la paliza que te metió Uchiha… – soltó con gracia el mismo de antes. Zaku apartó la mirada levemente, dándose cuenta de que detrás de la oreja, el tatuaje de la pandilla había sido opacado por una calavera.

Dando una última calada profunda y exhalando humo otra vez por la boca y nariz, Dosu bufó de la risa ante ese atrevimiento por un lameculos de Zaku. Tirando la polilla el suelo y rápidamente lanzándola hacia el tipo, quien se lo quitó de encima corriendo y patosamente asustado. No sabía que el chico estaba conmocionado por la idea del fuego en si.

– No deberías provocarme chaval. – denigró el cabeza rapado con una sonrisa burlona disfrutando de su reacción. Cansado de estar ahí, se volteó y no tuvo que dar demasiados pasos para quedar frente a la salida, solo para verse detenido por Zaku.

– ¿Dónde crees que vas? – cuestionó el Abumi con enfado.

– A dónde me apetezca. Paso de estar aquí con estos. – contestó Dosu dispuesto a abrir la puerta cuando la mano de Zaku la cerró con fuerza de un manotazo que resonó por todo el pasillo del ala. Toneri, a fuera del cuarto se encontraba mirando la hora desde su teléfono, apoyada contra el respaldo de la ventana con tranquilidad.

– Después de estar desaparecido y pasar de nuevo de mí… ¿Piensas que te puedes ir sin más? ¿Quién coño crees que eres, idiota? ¡¿Acaso quieres que te recuerde lo que puede pasarte?! Estoy harto de tus idas y vueltas… – amenazó el pelinegro descaradamente histérico, dejando ver su inquietud por algo o por varias cosas, seguro. De lo contrario actuaría de una forma totalmente opuesta.

– No paso de ti, sino de tus movidas… – respondió Dosu intentando volver a abrir la puerta, pero su "colega" se apoyó en la misma, justo delante.

– Sabes… Ya me estás cansando, Dosu. – admitió finalmente el pelinegro, ajustándose una parte de su cabello que se había despeinado de su engominada melena. – Ahora es obvio, pensaba que no, pero realmente fuiste tú el soplón esa noche en el club.

– ¿Pero qué te inventas, imbécil? – negó Dosu confundido mostrando una expresión de aberración ante lo que escuchaba.

– Tetete… – Interrumpió Zaku sin más, antes de que quien creía que era su amigo acabara de pronunciar la última sílaba. – Tch… Realmente te atreviste y ¿Pensabas que no me enteraría?

– ¡No se de que me hablas! – reiteró nuevamente el Kinuta exasperado. – ¿Por qué lo haría?

– Por Kin, tal vez… Por liarme con ella, quién sabe… Lo que está claro es que probablemente, al saber tanto de mis pasatiempos, habrás querido salvar tu culo tras lo que ocurrió esa noche. – se apresuró a decir Zaku con presión, haciendo que el semblante de su amigo frente a él se volviera igual que el suyo con lo que se insinuaba. – Pues adivina, tío… Cruzas esta puerta y acabarás siendo a mis ojos, un traidor, estarás muerto para mí. En verdad no te acusaría de no tener pruebas claras para sospechar de ti, hijo de perra… Así que te lo repito, te vas… Acabaremos mal y me la sudará, porque adivina que… La policía ya sabe quién es tu distribuidor, tuve que dar tu nombre.

¡¿Que hizo qué?! – pensó quedando completamente en shock. – Maldito hijo de puta…

– Al menos Kin sabe quedarse callada… – sumó Zaku para añadir leña al fuego, cosa que no hizo efecto. Su colega estaba más preocupado y horrorizado ante lo que significaba aquello. Sacando su teléfono, mostró su historial de llamadas donde estaba el reciente número de la policía.

Mierda… MIERDA… – maldijo en sus pensamientos empezando a sentir como le sudaban las manos. – ¡Joder!

Estaba jodido de todas maneras, todo estaba perdido ¿Y por qué?

– Deberías pensar un poco en lo que haces, Abumi… Ya que si termino de nuevo en una apestosa celda, entonces si que te juro que empezaré a cantar… – declaró el rapado mientras le señalaba con el dedo.

– Y me saldré de rositas, como siempre… – presumió el líder de la pandilla tras una macabra y burlona carcajada. – ¿Cómo va a ser, entonces?

La sonrisa triunfadora duró poco en su rostro pasando a ser a una forzada, dejando las facciones del mismo tiesas cuando el Kinuta le apartó de la puerta violentamente sin demasiado esfuerzo y finalmente salía de los baños con prisas.

– ¡ESTAS MUERTO PARA MÍ! ¡¿ME ESCUCHAS, IMBÉCIL?! – gritó Zaku asustando a los demás que estaban en abrumados por lo ocurrido. Todos se quedaron callados cuando le vieron patear la papelera llena de papel hacia la otra punta del cuarto, haciendo un desorden todavía más notorio. – Ni se os ocurra dirigirle la palabra a ese traidor ¿Entendido? Se va a enterar…

No se le había ocurrido que de rejuntarse con él como siempre… ¿Con su padre no hubiera podido salvarle el culo como con él? Lo del chivatazo había dolido, sí… No obstante, Dosu era su colega desde tiempos inmemorables y ahora ya no…

Se arrepentirán… Que les den… – se aseguró invadido por la furia, sin poder evitar volver a patear la misma papelera cuando esta rodó hasta él.

Alguien sollozando se escuchó desde dentro del cubículo de la otra punta, cosa que no asustó a ninguno de los de ahí. Realmente necesitaba una manera de descargar su ira. Al ver que Zaku se acercaba al cubículo para estampar la puerta contra la pared del mismo al abrirla, los demás no tardaron en juntarse para ver lo que estaba por suceder.

Atado con cinta adhesiva por todo el inodoro, con los pantalones bajados y la boca también amordazada. El único que no sintió pena por él fue el primero. Cuando la víctima les vio, no hizo más que sollozar más alto.

– Honda, Honda, Honda… Tuviste mala suerte de que Dosu no se quedara para pasarla bien contigo, pero veo que ya le importa bien poco que sus fotos fueran el hazmerreír de la gentuza que hay aquí, por lo que tiene su lógica que yo, después de lo de ahora, lo olvide… Aun así recapitulemos ¿Sí? – prosiguió el pelinegro sacando algo de su bolsillo, el primero gimoteó temblando y apartó la mirada al ver como el bully abría una navaja. – Te pedí que robaras los materiales y así lo hiciste, gracias por ello por cierto. El plan marchaba bien, entonces que hiciste tú…

Fue ahí que Toneri decidió hacer acto de presencia, ingresando en silencio, llamando la atención de todos, Zaku enseguida ocultó el arma mientras se volteaba con sospecha. – Hola.

El Abumi no hizo más que mirarlo de manera amenazante. – ¿Qué haces aquí?

– ¿No es esto un aseo de hombres? – dijo irónicamente el Otsutsuki con una sonrisa simpática la mar de crispante para Zaku.

Casi ningún estudiante o profesor se juntaba en los baños de esta ala porque los problemáticos solían pasar el rato ahí ocasionalmente. Era una regla no establecida por ellos. Para el caudillo de la pandilla, no fue demasiado difícil llegar a la conclusión de que el recién aparecido albino no estaba ahí por casualidad. La verdad es que ni le había visto antes.

– Vengo a charlar… – se animó a decir Toneri como si nada, dando una ojeada a los ocupantes.

– No charlamos con palominos como tú. – insultó sin preámbulos Zaku, sin hacer reaccionar al recién llegado.

– Pues una pena, ya que considero que los enemigos de mis enemigos… Pueden ser fuertes aliados. – añadió el albino con seguridad alzándose de hombros y manos, mostrando un caro pañuelo en una de ellas. – ¿Ni una pizca de curiosidad para divertirse a costa de Uzumaki Naruto?

– Ese retrasado apenas llega a ser una amenaza. – concretó el cabecilla sin escrúpulos.

– Pero estarás de acuerdo que es un plasta cargante. – adjudicó Toneri con carisma, Zaku le miró con aburrimiento. – ¿Ven este pañuelo? No es ni LV, chanel, ni una marca que se vende en el país, es una prenda que no está a la venta, personalizada y digamos que el rubio es muy de salirse con la suya con sus travesuras.

– ¿Viniste a presumir que le robaste un pañuelo de vieja cincuentona al Uzumaki? ¿Por qué debería importarme que viste ese cara almendra? – se le ocurrió decir al Abumi con fastidio.

– En verdad no sois unos estrategas muy dedicados… – soltó Toneri tras unos segundos mientras sacaba su teléfono y ponía en marcha una grabación. En esta se escuchaba la discusión del plan que ejecutaron esta mañana. – También tengo en otro móvil, el vídeo de como ese que tenéis atado, ayer se dedicaba a robar los materiales de la enfermería. Hay musos usos a los que darle a la cinta adhesiva…

Y pensar que el teléfono estaba encima de la ventana de la enfermería. Un milagro que no hubiera sido descubierto a la hora de ir a recuperar su antiguo teléfono sueco esta mañana en el ambulatorio del campus.

– Ah, ah, ah~ Puedo fácilmente compartir todo en el foro ¿Qué os parece? – avisó Toneri al ver que uno de ellos empezaba a acercarse amenazante. – No cuesta nada dejar que la gente termine de hablar, tampoco dar por sentadas las cosas. En fin… Podré ser el nuevo aquí, pero la gente se la pasa contándome chismes como si nada y he terminado por enterarme de que estás flipado por la novia del Uchiha. Triste.

Zaku tomó y soltó aire con rabia, no obstante, se quedó callado.

Sabia elección… – pensó Toneri volviendo a guardar el móvil en su bolsillo. – Quién sabe si te interese o no, pero esta mañana le vi intentando besarla… Digo, Uzumaki.

El Abumi solo arrugó más la frente. – Es aquí dónde agradeces que les haya interrumpido, no estaría de más… Aunque debo añadir que ahí también les vio el novio. Las cosas escalaron a una confrontación, nada serio.

– Me estás aburriendo… – admitió el pelinegro sin llegar a ser intimidante para el Otsutsuki.

– Naruto Uzumaki cruzó la línea conmigo y de alguna manera u otra, quiero que sufra. – empezó después el sobrino de Kaguya dispuesto a explicarse. – Pero debo admitir, que aunque tenga dotes para organizar, disfruto más mirar como se llevan a cabo mis planes. ¡Oh! Ahora que lo pienso ¿Os habréis molestado en mirar las noticias, verdad? La dueña de esos locales falleció…

Eso dejó en shock a todos, no sabían que había gente dentro… Honda, al descubrir eso no pudo evitar llorar con más fuerza aún con la boca tapada. Zaku recordaba haberles visto marcharse al cerrar las tiendas, esto no era posible…

– Vuestro amigo y su padre están en el hospital… – sumó el albino mirándose sus perfectas y limpias uñas. – Fue lo único que me molesté en leer en los artículos. Venga, que si Uzumaki es más retrasado que todos ustedes, podréis suponer lo que quiero de ustedes ¿No? Y a cambio de qué…

– Solo un loco se atrevería a amenazar al sonido, capullo… – soltó Zaku volviendo a sacar la navaja.

– Este capullo se apellida Otsutsuki... – rebatió Toneri como si nada. – Me gustará ver la reacción del congresista y diputado Bekko Abumi cuando mi tía le explique que su hijo me agredió con una navaja con Furasaki, Ito, Sawamura y Otama… Al igual que descubrir lo de esta mañana.

Todos los nombrados quedaron tensos pero no menos enfurecidos que antes. – Podrás creerte el todopoderoso aquí, pero eso es debatible en cualquier otro sitio… Creo que no te estoy pidiendo demasiado ¿Qué me dices? Salimos ganando todos.

– ¿Por qué debería? Con algo así, en realidad solo sales ganando tú… – evidenció el abusón sospecha haciendo que el albino mirara hacia arriba pensativo hasta que segundos más tardes asintió estando de acuerdo y finalmente volvió a tender con delicadeza al pañuelo de antes.

–Tras vender esto y hacer lo que os diga, con el dinero que os va a sobrar, podréis hacer lo que os plazca y… – ofreció el Otsutsuki volviendo a bajar la mano para hacer una seña al Abumi para que se acercara, este no obedeció. – Quien lleva una arma eres tú y puedo dar por sentado que no eres el único… Solo quiero decirte algo más privado.

Zaku finalmente avanzó hacia él sin guardar el arma, sin esperar que el albino hiciera lo mismo sin miedo para finalmente colocarse a su lado de espaldas a sus secuaces. – Con el vídeo de Honda, con la policía investigando, tendríais un buen comodín…

Este hijo de perra parece tenerlo todo planeado… – reflexionó Zaku mirando de reojo al albino, quien se limitó a sonreírle con soberbia.


Tras leer el último mensaje de Shisui, Itachi bloqueó la pantalla de su teléfono y lo guardó dentro de un bolsillo interno de su americana gris como si nada. Empezando a alejarse de su teléfono, apretó el botón de su llave y lo cerró a distancia mientras se reajustaba las gafas de sol.

A simple vista y desde el exterior, el campus KG no había cambiado apenas nada desde que él se graduó, pero estaba claro que las cosas no eran las mismas por dentro. Eso era algo que sabía perfectamente.

Era curioso que justo hoy, Obito también le comentara que algo había sucedido ahí y que tuvo que lidiar con los cargos directivos, solo que no quiso entrar en detalles por ahora. Eso solo podía significar que era grave, aunque de tratarse de Sasuke ya lo sabría.

Caminando indiferente por la acera siendo objeto de casi todas las miradas de las estudiantes, las cuales incluso voltearon a verle, no tardó en adentrarse por la entrada del patio principal con el fin de dirigirse al gimnasio.

Su cuñada le había hecho saber justo hoy, a través de Izumi, que su hermano menor tenía una competición de Kendo. Cosa que no se lo había hecho saber, quién sabe por qué, aunque tenía la ligera sospecha que podría deberse a que con Satoru efusivo e inquieto estos últimos días y ocupados con él, sería lo mejor no molestarlos.

Eso es algo que Sasuke ha aprendido a lidiar… – recordó lo que le dijo Izumi en casa estando a solas. La verdad es que tomar el aire les vendría bien a los dos.

– Profesor Morino, Sr. Sarutobi… – saludó Itachi haciendo una pequeña inclinación sin dejar de andar confundiendo a ambos hombres.

– ¿Ese era Itachi Uchiha? – dijo Ibiki con seriedad y aunque le costara admitirlo, algo sorprendido de ver a un exalumno suyo.

Hiruzen al ver como el hijo mayor de Fugaku y Mikoto se alejaba en silencio, no pudo evitar imaginarse, en la espada de este, el antiguo logo del campus hace varias décadas.

El tiempo se lo lleva el viento, pero este siempre regresa con la verdad… – reflexionó con pesar el anciano para finalmente despedirse del profesor y alejarse hacia el gimnasio también.

El Uchiha se retiró las gafas ya dentro del edificio, apreciando la iluminación que ahora había adentro debido a las reformas. Distraído, contando que su futura esposa ya habría guardado sitio para él y que iban con tiempo, se vio sorprendido cuando alguien chocó con él. Se trataba de un estudiante.

El chico era sumamente pálido, como un vaso de leche y tenía el cabello corto y azabache como el suyo. A decir verdad, guardaba cierto parecido con Sasuke por los ojos, pero nada más y además, se le hacía familiar… Le recordaba de antes ¿Sería compañero de su hermano?

Este ni se molestó en mirarle y se largó sin disculparse, pero no le dio importancia y siguió su camino.

Shizune, quien en este momento salía del despacho, se asombró un poco al ver tantas chicas amontonadas en el pasillo empezando a formar escándalo.

– Oigan ¿Quién era ese hombre tan guapo? – susurró una de las jóvenes haciendo que Shizune alzara las cejas.

– Ni idea, pero os fijasteis en lo alto que era… ¿En lo fornido que parecía ser? ¿Se tratará de un nuevo profesor? – respondió otra colocando ambas manos en sus mejillas toda sonrojada. – Ojalá hubiera esta suerte…

Eso hizo que la jefa de estudios recordara lo sucedido con el profesor de filosofía.

– ¡¿Qué es este jaleo?! – interrumpió Tsunade abriendo la puerta de la sala de profesores asustando a las chicas más cercanas a esta. – Si han terminado sus actividades regresen a sus casas de inmediato o las pongo a podar malas hierbas ¡Ya!

Se escucharon varias quejas, pero poco a poco toda la multitud se fue dispersando, algunas hasta aprovecharon para escabullirse hacia el gimnasio suponiendo que el hombre misterioso estaría ahí de público.

Ya adentro del pabellón, Itachi se hizo entre el parquet y observó a la multitud intentando dar con su prometida. Fue entonces que la vio alzarse y alzar la mano para llamar su atención, haciendo que todas las jóvenes la quisieran fusilar con la mirada.

– ¿Shisui está bien? ¿Se metió en problemas de nuevo? – le preguntó Izumi nada más él terminó de subir por las escaleras y sentarse a su lado.

– La verdad es que no, pero sí que llamó la atención de la prensa con lo ocurrido. No es algo demasiado común y eso llamó la atención, solo que no quiere declarar y Obito tampoco quiere que lo haga. Los periodistas están empezando a especular. – explicó Itachi muy resumidamente para ella mientras tomaba su mano.

– Aún no me has dicho como es que ocurrió… – pidió saber ella haciendo un forzado y bromista berrinche para intentar animarle, logrando sacarle al menos una leve sonrisa.

– Luego, ahora que estamos en una cita no… – pidió él con tranquilidad haciéndola sonrojar de la nada, aunque para intentar aparentar que no se había puesto como un tomate rápidamente empezó a rebuscar en su bolso para sacar su teléfono ante la atenta y divertida mirada del pelinegro. – Pensé que Sakura estaría aquí…

– Dijo que no se encontraba bien, pero me pidió que le mandara fotos. – dijo la Sairenji desbloqueando su móvil para que se viera una foto de Satoru en su cuna. – Tal vez debimos traerlo…

El Uchiha al ver la expresión de Izumi no hizo más que sonreír cariñosamente.

– No le pasará nada estando con Obito, Shisui también está ahí junto al resto. – calmó él a pesar de sentir él lo mismo.

Dentro de los vestuarios, Sasuke sujetaba se encontraba abrochándose la indumentaria con mal humor. Se había apartado de todo el equipo y la verdad es que por la expresión que el mantenía, para estos era mejor así.

Como Sakura se había ido antes de empezar las clases tras el descanso, era de suponer que no estaría ahí, la conocía lo suficiente y hoy… Estaba más que claro que algo estaba pasando.

– ¿Estás Sasuke? – le habló Suigetsu este simplemente recibió un no rancio sin que se le volteara a ver. Dejando al Hozuki suspirando, él fue el primero de los pocos que quedaban en salir hacia fuera.

A punto de cerrar su casillero con fastidio, escuchó como su teléfono sonaba, sorprendiéndose al ver que se trataba de su novia. Descolgando enseguida, esperó escuchar su voz, pero solo oía interferencias.

Tardó un poco hasta que al fin la escuchó pronunciar su nombre. – ¿Sasuke, me oyes?

– Sí… – se limitó a responder, podía escuchar en el altavoz algo de jaleo y algunos cláxones de automóviles ¿No estaba en casa?

Me alegra haberte podido llamar antes de la competición, lamento perdérmela… – admitió Sakura apoyada en la baranda de la entrada a la clínica. El silencio del Uchiha la hizo sentir incómoda y con razón. – Quiero pedirte disculpas antes que nada, no puedo negar que estos días me he apartado a propósito y que la forma en la que te hablé no estuvo bien, sabiendo que estabas preocupado por mí… Así que lo siento. De verdad, que lo siento mucho.

La Haruno sabía que Sasuke estaba ahí con ella, se le oía respirar por el altavoz junto a su oreja. – Yo también.

Quedando un tanto más tranquila con esa respuesta simple, toqueteando el collar de su difunta suegra que colgaba en su cuello, no podía evitar querer tenerlo frente a ella en ese instante a pesar de no estar demasiado lejos uno del otro.

Estoy segura de que ganarás, cariño… – le animó la pelirrosa.

El pelinegro sintió como se le aceleraba el corazón, pero gracias al cielo no quedaba nadie para verlo así de inquieto.

No estoy preocupada en absoluto ¿Sabes por qué? – habló de nuevo Sakura con dulzura y confianza.

– ¿Porque soy el mejor? – contestó él naturalmente, sintiéndose mejor al poder escuchar su risa.

Tal vez, pero yo iba a decirte que porque creo en ti… – dijo la ojiverde en un tono divertido y coqueto. Debido al regocijo que sentía debido a la subida de ánimo, usó demasiada fuerza al apoyar la cabeza contra la enorme filera de casilleros metálicos, soltando un gruñido de dolor que le hizo pensar que cualquiera le viera pensaría que era patético.

¿Qué fue eso?

– Nada… – se apresuró a decir Sasuke con los ojos cerrados intentando aguantar el dolor del golpe.

Ninguno de los dos parecía querer colgar, hasta que el pelinegro escuchó como su instructor aporreaba la puerta pidiendo que se diera prisa, al parecer Sakura también le escuchó porque antes de que él pudiera hablar volvió a escuchar su voz. – ¿Sasuke?

– ¡Sasuke date prisa que ya nos llaman! – gritó Suigetsu desde fuera. – ¡¿Me oyes?!

¿Sasuke?

– Hn… ¿Qué? – dijo el finalmente después de mirar mal en dirección a la puerta.

Que te amo… – declaró ella sonriente sin poder evitar imaginarse como sería su expresión en ese momento. – Mucha suerte, saluda a tu hermano y a Izumi… ¡Hasta luego!

No llegó a tiempo de decir nada más porque la muy molesta acababa de colgar, haciendo que se arrepintiera de hablar menos que un penoso mimo. Acariciándose la parte superior de su cabeza sin ser capaz de no sonreír levemente en lo que un agradable cosquilleo recorría su cuerpo, finalmente se olvidó de lo ocurrido con Naruto, sintiéndose más relajado y finalmente salió de los vestuarios.

– Hasta que al final sales, leches… ¿Tienes estreñimiento o qué? ¡Au! – se quejó el Hozuki sobándose la cabeza tras esa inesperada e innecesaria colleja.

– Eres igual de inoportuno que una almorrana ¿Lo sabías? – le dirigió el Uchiha con su casco y shiai en cada mano, dejando a su amigo boquiabierto de la indignación.

– ¡Retira eso, Uchiha!

– Oblígame.

– ¡¿Qué?! Oooh… Te vas a enterar…


Zetsu terminó de beberse su lata de monster cuando decidió retirarse los cascos de su cabeza. Sentía que las orejas le pesaban tras llevarlos demasiado tiempo. Bostezando con tranquilidad, valoró tras abrir la cortina de su despacho, que lo mejor sería bajar para comer algo. Su cuerpo le pedía tomar algo.

Antes de salir por la puerta, se entretuvo mirando el estado de sus amadas plantas que cuidaba con decoro siempre que tenía tiempo, para nada más cruzar el umbral y empezar a escuchar caos.

¿Se había vuelto loco o se podía oír el llanto de un bebé?

¿Qué?

A medida que avanzaba el ruido se hacía más insoportable, pero aun así no podía contener su curiosidad.

– Genial… Has conseguido que empiece a llorar otra vez, enhorabuena. – escuchó que decía Sasori desde lejos.

– ¡A mí no me eches la culpa, idiota! Seguro que cuando intentaste entretenerle con tus espantosos e improvisadas historietas con la grapadora y el sacapuntas llegaste a traumarlo… – respondió Deidara nervioso al ver como Satoru no dejaba de llorar en su portabebés encima de una de las mesas de oficina.

– ¡Deja a mis monólogos en paz, pelo-barbie! – contraatacó el Akasuna retándole con la mirada.

Con los gritos subiendo de volumen, el llanto del pequeño Uchiha también incrementó. Mientras tanto Kakuzu, acostado encima del sofá del office, harto de tanto ruido no hizo más que apretar la vieja almohada contra su cara con fuerza para simular querer asfixiarse al no poder darse su merecida siesta.

¿Dónde estaba su capitán? Quien sabe… No se le podía ver en su despacho y dudaba que de estar disponible, le hubiera parecido como mejor opción para ser canguro a ese par que parecían un par de ancianos bordes que no se llevan bien entre sí, pero que en el fondo se preocupan por el otro.

¿Dónde estaba el torpe busca problemas de Shisui? Aparentemente por ningún lado de la sala y eso era raro… Aprovechaba cada rato que podía para cuidar del crío de Itachi.

– ¡Zetsu! ¡Bien! Ven, ven, ven, ven… – dijo Deidara impacientemente mientras avanzaba a paso rápido hasta él para arrastrarlo hacia donde estaba antes, frente a Satoru, que seguía llorando.

– Ya, ni de coña… No pienso ser la niñera de esta cosa. – se negó el hacker con astucia empezando a alejarse siendo detenido por Sasori fácilmente por la camisa que llevaba. No pudo evitar sentir sudor en su nuca al presenciar las aterradoras miradas de sus colegas de trabajo a su espalda. No le quedó otra que suspirar.

– ¿Me dejáis comer algo antes? – les dijo Zetsu sabiendo perfectamente lo que iban a responderle.

– No. – le cortó el pelirrojo aun sujetándolo de la misma manera, el informático no hizo nada más que una mueca graciosa de fastidio.

– Quedan algunas sobras en el frigorífico del office… – sugirió Deidara sin controlar el temblor de uno de sus ojos y de una de sus comisuras cuando el llanto de Satoru subió tal vez un par de llaves más que antes.

– Ya no… – interrumpió Kakuzu saliendo del office tronándose la espalda debido al incómodo y pequeño sofá. Se las había comido él.

– ¿Y por qué te las comiste? – le reprochó el rubio con molestia.

– Acaso… ¿No puedo? – le cuestionó de manera intimidante.

– Llevas regateando desde que perdiste esa apuesta con la diminuta novia del hermano de Itachi… – afirmó Deidara sin tapujos, evidenciando el comportamiento del cazarrecompensas. – Creo que ya es hora de superarlo.

– Eso no me impide nada… Cuando tengo hambre, como… Es lo que hay. – contestó finalmente Kakuzu, Zetsu y Sasori miraban al par impasible, todos se estaban olvidando de lo más importante. – Que tú te gastes medio sueldo en tus extensiones a lo cantante K-pop o en tus potingues de alfarería antes de dedicar tiempo a etiquetar tu comida…

– Tal vez tú deberías gastar el dinero en algún que otro tupé… – respondió el rubio con burla logrando que el grandullón se volteara con una mueca graciosa ante el comentario, lo que le sacó una sonrisa, aunque enseguida fue tomado por la camisa de su uniforme y acercado a él a modo de juego, eso no le importó. – Siempre puedes pedirle a Sasori que te fabrique una peluca de sus pasatiempos en crear sus maniquís…

– ¡Que no son maniquís que son títeres! – añadió con enfado el pelirrojo hacia el experto en explosivos.

Mientras tanto Konan, se dedicaba a prepararse un café en el office como si nada, dando el primer mordisco a la última rosquilla separada que se suponía que era para el capitán Obito y finalmente salir sin ser descubierta por la pandilla hacia la otra habitación, donde la gran mayoría del personal se habían escondido debido a los gritos de Satoru. Nadie quería involucrarse sabiendo que la criatura era ¿Sobrino? de Shisui y su jefe e hijo de Itachi Uchiha.

Zetsu, fuiste un lerdo por salir de tu despacho… – se burló la mujer mientras avanzaba por el pasillo de la entrada, encontrándose con unos recién llegados Yahiko e Hidan. El primero la saludo efusivamente acercándose a ella.

– ¿Dónde están los demás? – preguntó el albino rascándose la oreja con uno de sus meñiques. – Tengo que contarle algo a Kakuzu que le hará alucinar…

Sujetando la rosquilla en su boca como un perro su juguete, Konan le señaló la habitación donde estaban los palurdos de los amigos que tenían en común fracasar en ser meras niñeras estrepitosamente. Hidan no tardó en dirigirse ahí.

Yahiko solo alzó las cejas al ver como su novia parecía sonreír con travesura.

– Voy a saludar, ahora vuelvo… – dijo el ya dispuesto a voltearse para nada más ser sujetado por el cinturón de sus pantalones, solo para verse atraído de vuelta hacia su pareja.

– Créeme, no quieres adentrarte ahí. – explicó ella tras masticar y finalmente arrastrarlo por el brazo hacia donde estaba casi todo el mundo. Yahiko entonces comprendió que alguna tenía que haber pasado de nuevo.

– ¿Hubo otro accidente con los extintores? – indagó Yahiko sonriendo cuando su novia le compartió un pedazo del aperitivo que estaba comiendo, el cual aceptó.

– No, pero si que es algo entretenido de ver desde las cámaras de seguridad… – informó ella invitándolo a acompañarla.

– ¿Dónde está Shisui? ¿Él está bien? – preguntó entonces Yahiko mientras subían por las escaleras hacia la sala.

– Sí, como si nada hubiera pasado, pero el capitán le ha prohibido que salga de comisaría, por lo que se encuentra en el gimnasio pasando el rato. – Konan había quedado tan perpleja como el resto al asumir que uno de los reclutas parecía haber enloquecido y finalmente acabar muerto, aunque… Donde ronda el cazarrecompensas Uchiha, drama termina desarrollándose. – No está mal acompañado…


Acercándose con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones, Obito observó de lejos a Kakashi pasar el rato en el parque canino con su manada de perros corriendo como locos por todas partes.

A unos pasos de plantarse a su lado, sintió como pisaba algo pegajoso. – ¡Pero serán hijos de perra!

Acababa de pisar excremento de perro sin darse cuenta. – Ei, no los culpes a ellos, sino a sus dueños…

– ¿Quieres que me limpie la suela con tu chaleco? – sugirió el pelinegro empezando a arrastrar su zapato por el césped con una expresión de asco. El olor era horripilante. – Bien, así que al final ha acabado pasando ¿eh? Me suena habértelo dicho unas ocho veces… Bueno, ya sabes lo que eso significa.

– Recuérdame por qué apostamos por esto… – dijo el Hatake suspirando y pasándole un par de billetes al uchiha quien los tomó enseguida.

– Porque eres el que más se confía de los dos. – respondió Obito con burla mientras movía sus hombros para acostumbrarse a la bajada de temperatura en comparación a la mañana, lo normal a principios de la estación.

– Gracias por lidiar con el rollo en comisaría. – admitió Kakashi mientras acariciaba a Buru, su enorme bulldog que era incapaz de no dejar rastro de baba a donde fuera. El chucho enseguida se puso a hacer su ronroneo típico cuando le acariciaban detrás de las orejas.

– Más bien deberías agradecerle a Shisui. Por casualidad de la vida, el nieto mayor de tu ex subdirector ha sido abatido… Me sentí más mal por el hermano del recluta, se podía ver como quería destrozar el cuarto. – resumió el Uchiha cruzándose de brazos, dejando que los canes de su mejor amigo se acercaran para olfatearlo.

– Es comprensible… – respondió pensativo el profesor de filosofía.

– ¿Supondrás que la cosa no acabará aquí, verdad? – avisó Obito inteligentemente viendo como su colega asentía. – ¿Qué harás entonces? ¿Hablarás con tu renacuaja?

– Eso solo complicaría el asunto. – asumió Kakashi viendo como Urushi y Bisuke jugaban al tira y afloja con un palo. – Debo aceptar que al implicarle en la vida de Sakura en como lo hice, para que cumpliera con sus responsabilidades, ocasionó todo esto… Conozco demasiado a su padre, desgraciadamente.

– Hablas como si esperaras que esto ocurriera. – dijo Obito algo contrariado mientras esperaba que el Hatake le respondiera, pero no. ¿Era así?

– No estoy seguro de sus intenciones, pero obvio esperaba alguna de las suyas. – le confió Kakashi recordando esa reunión con el Fuji hace ya algo de tiempo. – Con la humillación de hoy, el muy desgraciado no se detendrá aquí…

– ¿Se lo has dicho a Rin? – cuestionó él preocupado, esperaba que sí, pero no fue el caso.

– Con el estrés de su trabajo, el embarazo… No se me ha pasado por la cabeza decírselo, ni como. – admitió el Hatake con vergüenza, asimilando su nuevo error con desánimo.

– Debes sumar ahí que te cabreaste en esa reunión y por eso no les diste el lujo a que te despidieran. – comentó con burla Obito animándose a rodearlo con los brazos para nada más ser empujado con facilidad. – A mí no me engañas… Oficial Hatake.

Kakashi le miró confundido al verse llamado de esa manera, cuando de la nada Obito le estampó algo duro en el pecho. Su antigua tarjeta de identificación de los cuerpos de policía.

– Suerte para ti, hay una vacante en comisaría… – dijo el pelinegro con una sonrisa confiada.

– ¿Quién dijo que quiero… ? – intentó su amigo suspirando ante lo que volvía a intentar el capitán.

– ¿Dejarás que Rin te mantenga con su sueldo? Aunque el gobierno os de ayudas con los gastos del crío eso a los dos años no os da… Solo tómalo como un favor hacia mí ¿De acuerdo? Puedes incluso usarlo como excusa con ella. – sugirió Obito de buena fe.

– No te pedí trabajar contigo, Obito… – afirmó volviendo a suspirar el ahora ex profesor mirando su antigua identificación de trabajo.

– Déjame corregirte, querido amigo mío… – le interrumpió el Uchiha animándose a sonreír con diversión. – Para mí, no conmigo. Tú y tus perros. Ahora vamos a mi despacho, tienes papeles que firmar…

Agarrándolo de vuelta mediante su brazo alrededor de sus hombros, Kakashi se dejó y finalmente desistió para seguidamente silbar llamando la atención de todos sus perros.

Buru fue el primero en llegar al coche, mientras que Uhei se dejaba abrochar la correa por el arnés, un histérico Guruko intentó robarle el palo que Bisuke llevaba siendo abordado por un gruñido seguido por varios ladridos que lo dejó gimoteando y echándose para atrás ante ese reto.

– Bisuke, suelta el palo… – el can solo se atinó a mirarlo meneando la cola. Estaba volviendo a provocarle, ese comportamiento le recordaba a menudo a la rebeldía y prepotencia de Sasuke. – O lo sueltas o no vas delante.

El perro, obteniendo lo que quería soltó el palo muy para el entretenimiento de Obito, observando como Bisuke avanzaba lentamente hacia donde estaban los demás perros.

– ¡Guruko! – soltó el Hatake seguidamente haciendo reaccionar al perro, quien cerró la boca de golpe al verse atrapado intentando llevarse el palo a casa.

– Tal vez si hubieras sido así de duro con tus alumnos como con tus chuchos, se te escucharían más… – bromeó Obito finalmente sin percatarse del nuevo excremento que acababa de pisar, esta vez con su otro zapato.

– Acabas de pisar excremento otra vez, capitán gafotas. – dijo finalmente Kakashi metiendo la tarjeta en su bolsillo con una sonrisa. Empezando a andar nuevamente, también pisando algo flácido que apestaba.

– ¡HAH! – gritó el Uchiha tras bajar el pie y verle levantar el suyo.

Cuando Uhei sintió la mirada de su dueño, el gimoteó arrepentido agachando la cabeza, estaba aprendiendo a ir al baño a las horas de paseo.


De vuelta a la comisaría, los llantos de Satoru solo cesaron en los quince, veinte minutos que duró su comida que sus padres le habían dejado preparada en la bolsa. Solo para vomitarla en el cabello de Deidara cuando este se animó a intentarle hacer eructar.

– Hagan que calle, por favor… – suplicó Hidan mientras se acariciaba las sienes.

– Es un bebé… – complementó Zetsu haciendo que todos le miraran.

– Anda, es verdad, no lo sabía ¿Sabes? Yo pensaba que se trataba de una de tus amadas aloe vera… – vaciló Kakuzu levantando la cabeza de encima de la mesa. Le dolía la cabeza.

– Quería decir que el hecho que llore es algo típico… – habló el Hacker como si lo que acabara de decir fuera a aportar algo.

– Claro, es que solo faltaría que el canijo supiera cantar ¿No crees? – respondió implementando el mismo tono el cazarrecompensas, Zetsu solo hizo una mueca de fastidio. Eso le pasaba por abrir la boca.

– Sasori deja el móvil y colabora… – ordenó Deidara ya perdiendo la paciencia.

– Estoy hablando con mi abuela a ver si se le ocurre algo… – explicó el pelirrojo fusilando con la mirada a su compañero, ya prácticamente sin energía para insultarle.

– Mentiroso oportunista, te he visto sonreír unas tres veces, seguro hablabas con la chica que traerás a la boda de Itachi… – afirmó Hidan con burla, dejando al Akasuna sonrojado y nervioso.

– ¿Tanto te molesta que no haya querido presentarte a ninguna de sus amigas? – presumió Sasori haciendo que el albino abriera las fosas nasales como un toro resoplando al verse provocado.

– ¿Y dónde la conociste Sr. Waldo? ¿En algún circo de títeres? – se atinó a decir Hidan finalmente logrando incordiar al primero.

Fue entonces que todos volvieron a quedarse en silencio. Mirando hacia el hijo de su amigo que se encontraba haciéndolos quedar como una panda de inútiles, en eso Deidara levantó la cabeza y miró hacia Sasori.

– ¿Qué? – dijo este al verse observado, cuando finalmente siguió el hilo de su mirada entendió. – Ni de coña ¿Qué van a entretener mis obras de arte a un crío que no tiene ni dos meses?

– Sasori…

– No.

– Por favor…

– ¡Házlo! – dijeron todos los demás a la vez después de mucha insistencia.

La cosa empezó bien al principio, los dos únicos títeres que el pelirrojo llevaba acababan de salir de su estudio de arte y eran frágiles, estos llamaron la atención de Satoru que hasta llegó a coger una de las piezas del títere con fuerza, incordiando al creador de estas. La escena se torció cuando el pequeño esta vez agarró a uno por el cuello que sujetaba la cabeza, haciendo que esta cayera al suelo.

– ¡MI MUÑECO! – gritó el Akasuna aterrorizado alejándose de Satoru, asustándolo de nuevo, que empezó de nuevo a llorar.

Fantástico… – pensaron todos los demás.

– Busquemos otra forma de entretenerlo… – propuso Hidan impaciente a pesar de ser el que menos rato llevaba ahí. – Por cierto… ¿Dónde puñetas está Yahiko? ¿Se habrá escabullido el muy…?

– Aparta de ahí, novato… – dijo Kakuzu empujando el hombro de Sasori para apartarlo de enfrente el portabebés. – Mirad y aprended. ¿Dónde está el bebé?~

Esto no es una buena idea… – pensaron Deidara y Zetsu a la vez.

– ¡CUCÚ! – gritó el cazarrecompensas haciendo que Satoru volviera a llorar más fuerte, por el miedo.

– ¿Por qué no intentamos darle de comer de nuevo? – opinó el hacker finalmente.

Todos se quedaron en silencio y finalmente volvieron a mirar a la criatura.

– ¿Quién lo coge en brazos? – cuestionó Hidan haciendo el que menos para que no se lo pidieran a él. Detestaba a los críos, o mejor dicho, les tenía respeto.

– Yo ya lo hice antes, así que no me miréis… – avisó el único rubio antes de que alguien se lo dijera.

– Mi muñeco… Mi preciosa obra de arte… – susurró melancólico el pelirrojo ignorando todo lo demás.

Minutos más tarde, la gente situada en la otra ala cerraron finalmente la puerta para que pudieran trabajar algo más en silencio. Kisame fue el único más valiente en tomar al niño en brazos solo que este se retorcía inquieto sujetado por debajo de las axilas, como si se tratara de un cachorro. El grandullón también estaba nervioso.

– Le estás haciendo daño. – dijo Deidara.

– Cógelo bien…

– Déjalo donde estaba…

– A ver si os decidís, pedazo de inútiles… – maldijo Kakuzu dispuesto a regresar al Uchiha a su sitio cuando le escucharon callarse y seguidamente lo que parecía sonar como que hacía de vientre junto a varios gases, tensándolos a todos.

El bufido de risa de Hidan hizo que todos sus colegas voltearan a mirarlo con una mirada asesina.

Oh, mierda… – se quejó este al entender lo que eso significaba.

Mientras tanto en la sala de cámaras, Yahiko y Shisui, junto a Konan y varios policías más se dedicaban a reírse del sufrimiento del albino al aparecer con mascarilla, dos capas de guantes que había robado del laboratorio para cambiar el pañal. Al no haberlo hecho nunca y sin ninguno de ellos estar preparados, no esperaron que al abrir la parte delantera del mismo, un chorro de orina saliera disparado hacia el experto en explosivos, el cazarrecompensas y el Akasuna. No ayudaba el hecho de que el bebé también se la pasara retorciéndose sin dejar de llorar mientras le levantaban los pies para limpiarlo.

Lo mejor de todo fue cuando Konan amplificó la cámara hacia ellos para ver de llenos las arcadas de Deidara cuando al albino se le manchaban los guantes de residuo marrón. Todos aplaudieron mentalmente a la osadía de la primera cuando la vieron hacer captura de pantalla del momento.

– ¿No deberías bajar a ayudarlos? – dijo Yahiko inspirando para dejar de reír.

– Debería… – respondió el Uchiha con diversión inclinándose a la silla metiéndose otra galleta salada en la boca.

Fue entonces que un mensaje le llegó al teléfono, era Zetsu pidiéndole ayuda. Una sonrisa traviesa apareció en su rostro.

– El que tenga la mejor idea para gastarles una broma, le invito a una copa en la boda. – manifestó el pelinegro volviendo a mirar las pantallas con diversión.

– Shisui dice que pongamos la canción "macarena" y que la bailemos frente a él. – avisó el Hacker acercándose a todos mostrándoles el teléfono, haciendo que todos frenaran sus acciones a pesar de que Satoru siguiera llorando.

– Ya claro, esto es una trola… Además, el cretino debería estar aquí. Escribidle a Itachi a ver que os aconseja. – ordenó Kakuzu cada vez con menos paciencia.

En menos dos minutos Zetsu y Deidara obtuvieron una respuesta afirmativa por parte del padre. Segundos después todos se miraron entre si.

– Esto no funciona… – se quejó Sasori mientras bailaba la coreografía como se enseñaba en el vídeo con la música a tope.

– Calla y sigue bailando… – ordenó Hidan.

Segundos después entraron Obito y Kakashi, quienes no pudieron hacer más que quedarse observando anonadados lo que veían sus ojos. Al siguiente salto que dejaba a todos de espaldas con los brazos en la cintura, los bailarines se quedaron de piedra ante la impasible expresión de su jefe en lo que la canción volvía a empezar…

– Y te atreves a criticarme con mis perros… – le susurró Kakashi sin dejar de desaprovechar la ocasión. Obito arrugó la frente.

– ¿Puedo saber qué hacen? – preguntó de la manera más inquisitiva posible el Uchiha mayor.


Sakura llamó a la puerta antes de ingresar a la habitación donde le habían dicho que estaba Karin, para seguidamente ingresar. No esperaba encontrarse a la doctora ahí.

– Podrás hacer vida normal, pero se te recomienda reposo uno, dos o tres días como máximo. Intenta no levantar nada superior a un kilo y debe evitar realizar deporte durante semana y media. – comenzó a explicar la doctora con amabilidad viendo la expresión atenta y seria de la pelirroja en la cama. – El sangrado fuerte es completamente normal tras este procedimiento, al igual que los calambres abdominales. Se le proporcionarán toallitas higiénicas y analgésicos para el dolor, así que no se preocupe. Si los dolores persisten hasta las cuatro semanas, deben llamarnos ¿Entendido?

La Uzumaki asintió jugando con los dedos de sus manos.

– Todo fue bien Srta. Uzumaki, es normal si estos días siente alivio o culpa, pero por suerte veo que cuenta con apoyo. Ante cualquier preocupación siempre puede llamar, aquí les dejo los papeles del alta. – terminó finalmente la médica dándole los papeles a la Haruno para finalmente retirarse de la sala cerrando la puerta tras ella.

– Toma. – ofreció la pelirrosa tendiéndole un mousse de vainilla. Karin miró su postre favorito en silencio por pocos segundos hasta que finalmente lo aceptó. – ¿Es tu favorito no? Costó lo suyo persuadir a la enfermera para que te lo cambiara, como no te gusta el flan…

Karin no recordaba haberle dicho en ningún momento que postre le gustaba más y el que no… ¿Cómo pudo saberlo?

– O en eso insiste Juugo. – añadió Sakura con serenidad. Karin la miró sorprendida con una cuchara llena a medio camino de su boca. – No te preocupes, no se lo he dicho. Solo sabe que te encuentras en mi casa.

Metiéndose la primera cucharada en la boca, Karin evitó mirar a su acompañante a los ojos.

– Te parecerá increíble, pero ambos están preocupados por ti. – prosiguió haciendo que la Uzumaki soltara un bufido incrédulo como era de esperar. – Sip, incluso me echó la bronca ¿Sabes? Aunque recordando como te molestó que se lo dijera a esas chicas, no me atreví a decirle nada. Aun así deberías hacerlo tú…

La Uzumaki quería hablar, pero no se sentía con ganas. A pesar de que Juugo y Suigetsu se conocieran de hace tiempo, era obvio que ella les había tratado mal constantemente. Por más que supieran que ella no sabía ser de otra manera con los demás debido a su pasado.

– La primera vez que yo admití lo que me ocurrió ahí fue no hace mucho… Justo antes de las colonias, para ser exacta. – recordó ella todos los detalles de esa noche. – A pesar de que no quería que lo supiera nadie, lo terminé diciendo sin pensar frente a Kakashi, y los parientes de Sasuke, sin saber que él me había escuchado también… Por un rato me sentí asqueada de que lo supieran, habiendo tardado tanto en deshacerme de esa sensación de hace años.

La pelirroja al escuchar eso, se imaginó la reacción del pelinegro al saberlo. Esperaba que, al igual que lo describía Sakura, ella no tuviera que sentirse así aunque en el fondo eso ya fuera una realidad. Tras dejar el envase vacío en la bandeja extensible de la cama, no esperó verse abrazada por la última. Eso hizo que se le subiera un nudo en la garganta.

– No tienes la culpa de nada, Karin. – la animó Sakura acariciando su espalda. – Los verdaderos culpables no tienen excusa.

A veces ni el perdón…

Ya eran dos veces hoy en que se dejaba abrazar por la ojiverde. No la abrazaban así desde que su madre aún vivía y tenía fuerzas para ello. ¿Por qué? Sin estar a tiempo de evitarlo se le escapó una lágrima, para justo después dejar que la Haruno se apartara. Aunque esta no bajó del borde de la cama.

– No me gusta seguir hablando de mí, pero si de algo estoy segura es que habérselo dicho a Sasuke en detalle… Me ayudó mucho y deberías saber, que Suigetsu casi le da una paliza a esos de tu grupo que te arrebataron la bolsa, fue todo un espectáculo. Si no me crees puedes verlo en el foro del instituto… La pregunta se responde por si sola. – declaró la pelirrosa seguidamente.

"– ¡Soltadme imbéciles! ¡¿Por qué me hacéis esto?! – chilló Karin asustada al verse empotrada contra la puerta. Estaba acorralada y no tenía modo de escapatoria.

¿Por qué no? – respondió Zaku viendo el espectáculo con una sonrisa horrorosa apoyado contra la fila de archivadores adosados contra la pared y seguidamente reírse en su cara junto al par que la sujetaban."

¿Por qué? ¿Por qué lo hacía? ¿Qué ganaba? No tendría que haberse molestado en llevarla a los baños, a la enfermería, en darle comida… No era de su incumbencia que le robaran el sobre de dinero, que otros alumnos la molestaran, que las personas que consideraba más cercanas no le dirigieran la palabra… Nada…

– ¿Por qué me ayudarías? – preguntó flojamente la Uzumaki tristemente, sintiéndose agradecida nuevamente por la pelirrosa, pero no menos mal otra vez por sus malas acciones, críticas y pensamientos de ella.

– ¿Por qué no debería hacerlo? – contestó Sakura sonriéndole afablemente tomando sus manos para que la mirara. – ¿Por qué no?

Esa razón era una que, pese esperarse positivamente, no confiaba en tener que entenderla de esta manera. El Abumi le había egoístamente transgredido física y emocionalmente usando esa justificación… Para que tiempo después la novia de Sasuke, Sakura Haruno, argumentara sus acciones de la misma manera y con estas hacer que se sintiera mejor que nunca desde hace semanas.

El siguiente turno en sorprenderse fue de Sakura cuando Karin finalmente la abrazó fuertemente, aunque nada más sentirla llorar, no la apartó y se lo devolvió.


¿Adivinen qué? ¡Sí! La escena a la que me refería en las notas del comienzo era la de Naruto, otra vez.

¿Cansados? Les entiendo. ¿Es repetitivo? Sí. ¿Voy a parar? Ehhh… Solo puedo atreverme a responderles con otra pregunta ¿Para todas las chicas, ha sido así de simple? ¿Siempre?

Aquí Naruto tendrá sus defectos, no será tan emocionalmente inteligente, etc. Creo firmemente que hay algo poco trabajado en la historia original en cuanto a muchas de sus emociones que tal vez se podrían haber exprimido más. Cabe mencionar que hasta cierto punto, creo que ya se han dado indicios de lo que le ronda por la cabeza al Uzumaki, no solo es por Sakura… Sea eso típico, improbable… Ahí ya es más subjetivo.

Esto no es una historia que se dedica a hacer pasar mal a ciertos personajes que no me gustan… No. Quiero que acciones tengan consecuencias y eso se abdica a todos los personajes. Sakura también ha cometido errores.

Bueno… ¿Qué les pareció lo que ha sucedido con Kakashi, Tsunade y compañía? Ahora que se sabe más de Toneri en ciertos aspectos ¿Qué creen que sea capaz de hacer? Zaku parece haber subido el límite de sus acciones… Y eso ha desencadenado muchas más ¿Qué hará ahora en cuanto a eso? ¿Qué causará la muerte de Shin? ¿Qué causará en quiénes?

¡Comenten o haré que Sasuke les empuje rompiéndoles su teléfono para que pisen los excrementos de los perros de Kakashi y finalmente Shisui les obligue a bailar la…! Ejem… Es broma, de verdad.

Espero que les haya gustado, nos vemos en el siguiente capítulo.

Hasta la próxima y gracias por leer~