Capítulo 2: Por mucho que quiera
Fairy Tail no me pertenece, pertenece a Hiro Mashima, la historia es de mi invención
Para Lucy, la mañana del primer día de clases había sido "inmejorable". Como si en su vida no tuviera ya cosas de las que hacerse cargo, el tercero en discordia había decidido hacer su aparición a tan solo unos centímetros de su escritorio; no solo tenía que lidiar con que su padre estaba empezando a depender constantemente de ella para resolver los líos que formaba en la empresa familiar -que sin duda se daban más veces de las que a Lucy le gustaría contar-, si no que además tenía que lidiar con mantener a Natsu un año entero a su lado. El instituto en uno de sus intentos de buscar la inclusión y familiaridad entre los alumnos y las alumnas, había propuesto como medida que durante los meses que duraba el curso escolar, a la hora de realizar los trabajos en grupo se deberían realizar con la persona con la que compartían asiento. La medida no causaría tanto revuelo si fueran los propios alumnos los que pudieran elegir a dicha pareja, pero eso era demasiado pedir claro está. Sí, hoy sin duda se había levantado con el pie izquierdo.
En la mesa de al lado de la rubia, el tiempo parecía tener voluntad propia, por lo que parecía que había decidido transcurrir lo más lento posible. Natsu giró su cabeza hacia la derecha y observó a la rubia que se encontraba concentrada en las difusas explicaciones del profesor Wakaba, maldijo entre dientes sin poder apartar sus ojos de ella. Los recuerdos invadían su mente sin control alguno, y eso solo conseguía empeorar la situación, que ya de por sí no era demasiado buena; una pequeña sonrisa inconsciente cruzó su cara mientras veía a la rubia fruncir el ceño y hacer muecas extrañas con la boca mientras tachaba y pasaba rápidamente el bolígrafo por encima de sus apuntes. Sabía lo que eso significaba, Lucy no estaba de acuerdo con las aportaciones que hacía el maestro fuera de la explicación, la rubia era inteligente y le encantaba estudiar, todavía recordaba como de pequeña lo obligaba a estudiar con ella casi todas las tardes hasta que su padre les llamaba para ayudarlo a preparar la cena. Se abofeteó mentalmente, ya no era el Natsu de 12 años, giró la cabeza hacía la pizarra e hizo su mejor esfuerzo por seguir las explicaciones del profesor sin volver a prestarle atención a su nueva compañera de escritorio.
Por su parte, Lucy estaba inmersa en las explicaciones que daba el profesor Wakaba; hoy tenían dos horas seguidas con él, la primera hora había servido como una especie de tutoría en la que habían perdido la mayor parte del tiempo con la elección de los asientos y las innecesarias presentaciones de cada uno de los alumnos para conocerse, una estupidez pensaba la rubia, ya que eran exactamente los mismos compañeros del curso anterior por lo que todos se conocían ya los unos a los otros. El profesor comenzó la introducción a la 2º Guerra Mundial, mientras seguía haciendo esquemas en la pizarra paraba y añadía pequeñas anécdotas y comentarios que a la rubia no le gustaban. Disfrutaba de la clase de historia, era casi su asignatura favorita después de Literatura universal -aunque en realidad, todas las asignaturas eran sus favoritas- por lo que estar escuchando batallitas de un señor de 50 años no le interesaba mucho. No era que Lucy fuera una persona tan estricta, pero juraba que en los 30 minutos que llevaban de clase solo había podido escribir dos frases que estuvieran relacionadas con la lección, el resto del tiempo solo eran balbuceos e historietas del profesor.
- Aún recuerdo los primeros exámenes del último año, justamente el de Historia Contemporánea. Madre mía, llegue a clase 5 minutos tarde lleno de barro ya que... - cuando Lucy escuchó lo último que dijo el profesor, decidió desconectar completamente de lo que quedaba de clase. Suspiro y empezó a garabatear en el margen de sus apuntes, barro ¿eh? un pequeño recuerdo golpeó su mente en medio de su pequeña distracción.
En un parque que se encontraba en el centro de la pequeña ciudad de Magnolia, se encontraban un grupo de niños y niñas jugando entre los charcos de barro que se habían formado la noche anterior a causa de una tormenta de verano repentina. El grupo de niños y niñas intentaba mantener un partido de fútbol lo más serio que podían, pero tenían 7 años y estaban rodeados de barro por lo que simplemente estaban revolcándose y tirándose la tierra mojada unos a otros. No muy lejos de aquel espectáculo infantil, una pequeña rubia llegó al parque en donde su padre le había pedido que le esperara mientras él terminaba su reunión. No era la primera vez, así que la niña sabía que al menos estaría allí un par de horas sola por lo que acompañada de su fiel muñeco de felpa con forma de dragón, se encaminó al banco más cercano al grupo de niños. Empezó a jugar en el pequeño banco con su peluche mientras echaba miradas de reojo al grupo, ella era tímida y no tenía muchos amigos por lo que acercarse a entablar una conversación con los pequeños y pequeñas que se divertían no entraba en sus planes.
En el grupo de pequeños que se encontraba a pocos pasos de la niña, solo se escuchaban risas y comentarios rencorosos sobre quién le había dado en donde a uno de los integrantes. En medio de esas risas, la niña que tenía el aspecto de ser la más mayor del grupo, centraba toda su atención en una pequeña rubia solitaria; sin pensarlo mucho, la pequeña niña pelirroja con ojos chocolate empezó a correr en dirección al banco en donde divisaba a la rubia. La pelirroja sabía bien lo que era estar sola y no quería ver como una niña delante de ella optaba por las mismas actitudes que tenía ella antes de conocer a su pequeño grupo de amigos, además parecía tener una edad similar a ellos así que todos podrían jugar juntos sin ningún problema.
La rubia quien intentaba a duras penas mantener toda su atención en el muñeco de felpa que tenía delante pero vio como una sombra se acercaba a ella por lo que levantó la cabeza, encontrándose con una niña un poco más alta que ella con una sonrisa tan grande que llegaba a entrecerrarle los ojos. La niña no pudo evitarlo y sonrió inconscientemente a la pelirroja que ahora le miraba expectante, y eso era lo único que la pelirroja necesitaba para volver a sonreír aún más ancho si cabía que antes, y llevarse a rastras a la pequeña rubia. No opuso resistencia alguna, ella en realidad quería jugar con ellos desde el primer momento en que los vio restregándose el barro por la cara.
- ¡Cuidado!- las niñas pararon en seco de correr mientras miraban en la pequeña distancia que los separaba; un niño pelirrosa se acercaba corriendo para parar el balón que había lanzado con la intención de darle a su amigo de cabello azabache, el cual lo había esquivado hábilmente y ahora se dirigía a las pequeñas niñas. El niño se lanzó y agarró el balón, pero en una mala pisada acabó resbalando, cayendo en uno de los charcos que adornaban el parque y llenando a los tres niños de pies a cabeza de barro.
-¿¡PERO A TI QUÉ TE PASA TONTO?!- le reprendió la niña rubia enfadada, sabía que si su padre la veía con la ropa manchada la castigaría más de un mes. El niño la miró de arriba abajo y se paró al ver el mohín que hacía la rubia, tenía las mejillas un poco infladas y un poco rojas, el niño al ver eso sólo pudo soltar una gran carcajada. La niña se quedó sorprendida, ¿es qué en serio ese niño era tonto? La niña lo miraba y el chico no podía parar de reír, ella se enfadó aún más pero finalmente el pelirrosa le contagió su estruendosa risa y ella misma empezó a reír. La niña mayor que contemplaba la escena, sonrió de medio lado y ayudó a levantarse al chico que aún estaba encima del charco.
-Él es Natsu, Natsu Dragneel, y ella es...-la niña se dispuso a presentarlos, pero se paró pensativa- Espera, ¿Cómo te llamas?
La rubia paró de reir y miro a los dos que tenía enfrente, se limpió un poco la cara y sonrió sinceramente.
-Lucy, Lucy Heartfilia.
-¡Seremos buenos amigos!- Gritaron los dos chicos al unísono. A lo lejos, el resto de niños gritaban y llamaban a los pequeños por sus nombres, ya habían visto desde lejos lo que había pasado, por lo que simplemente los atrajeron hasta ellos y empezaron a jugar nuevamente.
Lucy salió de su pequeña ensoñación y dejó de garabatear, si todos los días del curso iban a continuar así, estaba jodida. Respiró profundo, sus ojos picaban conteniendo una pequeña lágrima traicionera que luchaba por salir, tragó seco e intentó volver a centrar su atención en los últimos minutos de clase. Desde aquel día, el grupo de amigos se hizo inseparable, ni que decir tiene que su padre le había reñido hasta la saciedad cuando la vio manchada y con los bajos de su pequeño vestido rosa hechos girones. Sonrió, en realidad siempre acababan haciendo alguna trastada por la que su padre le regañaba desde que se hicieron amigos, obviamente con Natsu como el perpetrador de cada una de estas; ladeó un poco su cabeza y por el rabillo del ojo divisó algunas hebras rosadas, Natsu siempre había sido impulsivo pero sabía como hacerla sonreír y olvidar todo lo malo que habían vivido en el transcurso de los años. Con él como su mejor amigo, había olvidado en gran medida la soledad que sentía desde que había perdido a su madre con 5 años; miró hacía la pizarra y terminó de completar el esquema que Wakaba componía en esta, se quitó un par de mechones rubios rebeldes de la cara y los movió tras su oreja; por mucho que quisiera que las cosas siguieran igual que hace 10 años, aquello era simplemente cosa del pasado.
La clase llegó a su fin así que Lucy comenzó a recoger sus cosas rápidamente, necesitaba tomar un poco de aire fresco; salió por la puerta de la clase y atravesó un par de pasillos hasta llegar a la puerta de la cafetería.
Por su parte, el pelirrosa no pudo evitar mirar como la rubia salía de su vista sin siquiera echar un vistazo atrás. Se levantó y recogió sus cosas mientras echaba un último vistazo a la mesa de al lado, en el momento en que sonó el timbre había querido coger a Lucy y decirle "espera", pero las palabras se le atascaban en la garganta, él estaba molesto con la rubia, no iba a ir detrás de ella después de todo. Se colocó su mochila a la espalda y se dirigió hacia la cafetería dejando de lado todos los pensamientos que atacaban su mente, de camino vislumbró a una castaña de pelo largo con ropa ajustada apoyada en el umbral de la puerta; miró bien a la chica y le sonrió coquetamente, la chica soltó una risa aguda fingida y se agarró del brazo de Natsu sin darle muchas vueltas. El pelirrosa acercó un poco más a la chica sujetándola por la cintura y volvió a tomar camino, en la distancia pudo divisar a sus amigos así que decidió acelerar el paso para coger su almuerzo y poder irse un rato con Cana, su amiga "especial" de esta semana.
La cafetería era una de las salas más grandes del instituto que contaba con dos pisos llenos de mesas y sillas alargadas que daban pie a poder sentarse a almorzar en los descansos además de contar también con una larga barra con dos cocineras que vendían bollería o bocadillos a un cuestionable precio; unas 10 mesas estaban separadas por una serie de biombos blancos que marcaban que esa zona era para los profesores y el resto estaban a total disposición de los alumnos, a lo largo de las paredes se extendía una gran gama de colores que simbolizaban los diferentes equipos deportivos o académicos con los que contaba el instituto. La rubia, quien previamente esa mañana se había preparado su almuerzo, paseó sus ojos chocolate rápidamente por las diferentes mesas y personas que se encontraban en la sala en busca de su grupo de amigos; se escuchó un golpe fuerte de sillas que caían contra el suelo y seguidamente unos gritos e insultos, Lucy rodó los ojos y suspiró cansada al aire, acababa de encontrar a sus amigos.
En la mesa, se encontraban 2 chicas con el pelo azul que charlaban animosamente, la primera de estas Levy McGarden sonrió a la recién llegada mientras que tironeaba de la segunda, Juvia Loxar, para que se girara hacia Lucy. En el asiento cercano a estas, se encontraban los causantes de todo el jaleo que se había formado en unos minutos, Gray y Gajeel Redfox, un chico de pelo negro azabache largo hasta un poco más abajo de los hombros y lleno de piercings. Los dos sujetos se encontraban sumidos en una de sus tantas "peleas" -puesto que nunca pasaban de un par de insultos y golpes amistosos- por a saber qué tontería hasta que por el rabillo del ojo vieron llegar a Lucy, pararon a duras penas y se sentaron para conversar con su pequeña amiga rubia. Al mismo tiempo que Lucy depositaba su almuerzo en la mesa y se sentaba, se acercó por un lado un chico de pelo castaño y gafas que minutos antes se encontraba coqueteando con una morena, Loke de León.
-¡Hola chicos! ¿Qué tal vuestro primer día?- preguntó Lucy ignorando lo máximo que podía a los chicos que se recolocaban las camisetas después de la discusión y a la chica morena que no dejaba de mirar a Loke desde la distancia. Era habitual cuando Lucy llegaba, ellos intentaban ser los más educados y formales posibles, como si Lucy fuera ciega.
- La verdad que nada más empezar el día, Gajeel y Gray han empezado a discutir y desde entonces no han dejado las tonterías...- habló Levy un poco saturada de la situación que llevaba aguantando ya 2 horas
La rubia rio, los conocía desde hacía casi 10 años y sus personalidades seguían siendo las mismas que cuando tenían 7 años: Levy era en ese momento una de sus amigas más cercanas, ella adoraba leer y a pesar de que era la más bajita era sin duda la que tenía más agallas; Juvia siempre había sido tímida y se dejaba llevar por la corriente del grupo en muchas ocasiones, pero cuando necesitaba decir algo no daba rodeos para decirlo; Gray y Gajeel ni que decir tiene que siempre han sido igual de imprudentes y extrovertidos como lo son hoy en día junto con Loke; Loke a pesar de distraerse rápido por su necesidad imperiosa de coquetear con casi cualquier chica que le pareciera bonita, era el primero en estar junto a Lucy en sus momentos difíciles, en realidad como hacían cada uno de sus amigos. El grupo se mantenía unido a pesar de los problemas que habían pasado, todos se consideraban como esa familia que habían elegido... Todos a excepción de Natsu. Natsu también era parte del grupo, el problema estaba en que desde hacía 3 años el chico había dejado de lado su personalidad alegre y cariñosa para convertirse en una persona introvertida y arrogante, era una persona completamente diferente incluso con Gray que era su mejor amigo. Dejó de importarle lo que pensaran los demás de él y sus propios sentimientos, empezó a estar con una chica distinta casi cada semana, salía cada fin de semana y bebía, cuando llegaba el domingo por la mañana se había convertido en rutina el olor a alcohol de su habitación y una chica diferente enredada entre sus sábanas.
Mientras la rubia reía y hablaba con sus amigos sobre tonterías, al girar su cabeza para reprocharle a Gray que se encontraba a su derecha, visualizó en la distancia una cabellera rosa que se acercaba sin previo aviso hasta la mesa. Lucy chasqueó la lengua y se giró nuevamente para mantener toda su atención en sus amigas, este gesto no pasó desapercibido para Gray quien antes de que pudiera preguntar a la rubia que ocurría, ya había recibido un pequeño golpe en la parte posterior de su cabeza.
-¿Que haces idiota? ¿No ves que estoy ocupado?- Contestó Gray a su "amistoso" saludo, Natsu sólo rio irónicamente ante la rubia que ocupaba el tiempo de su amigo.
- He venido a por mi almuerzo
- Ahí lo tienes- Le hizo un gesto con la cabeza y le señaló la otra esquina de la mesa en donde se encontraba una bandeja con un par de bocadillos y una Coca Cola, el pelirrosa le agradeció haciendo un gesto con la mano y se fue por el mismo sitio por donde había venido acompañado de la castaña. Gray les miró marcharse y suspiró, después dirigió su vista hacia su amiga rubia quien reía abiertamente con Juvia; para Gray no paso desapercibido el cómo Lucy miraba disimuladamente hacía la dirección en la que Natsu se había marchado y no pudo evitar sentirse mal por la chica. Sus amigos habían intentado seguir siendo los mismos que eran hacía 3 años pero Lucy y Natsu habían cambiado demasiado, Gray sabía que sin duda la peor parte se la había llevado la rubia y que su amigo ni siquiera se había parado a pensarlo. A todos les había afectado lo que pasó hace tiempo pero habían seguido adelante, por desgracia, ni Natsu ni Lucy podían decir lo mismo.
El resto del día había pasado tan rápido que se había hecho de noche, Natsu llegó a su casa y besó en la frente a su hermana pequeña que se encontraba terminando sus deberes en la mesa de la cocina, le preparó la comida a su pequeño gato Happy y se metió en la ducha. Dejó que el agua caliente cayera sobre él, sin moverse a pesar de haber puesto el calentador casi al máximo, como si el agua pudiera llevarse todos los recuerdos y sentimientos que había estado reteniendo durante todo el día. Pegó la espalda en las baldosas mojadas de la ducha, no podía evitar preguntarse lo mismo desde hacía mucho tiempo, "¿por qué?" Él era feliz, tenía buenos amigos y disfrutaba cada día al máximo, todo estaba bien. Sacudió la cabeza para quitar las pequeñas gotas que viajaban por su cara, todo estaba bien hasta que ella se fue y se llevó todo consigo, como un huracán que arrasa con todo a su paso; termino de quitarse los restos de jabón que aún quedaban en su cuerpo y salió de la ducha. Todavía inmerso en sus pensamientos mientras terminaba de enrollarse una toalla en la cintura, se dirigió a su habitación; abrió el armario y después de echar un pequeño vistazo se vistió con unos pantalones grises largos de chándal, mientras terminaba de secar su cabello con la toalla miró hacia el escritorio que adornaba la esquina del cuarto. Tragó seco y se acercó hasta este para poder agarrar un pequeño marco escondido detrás de una montaña de libros, en el marco había una foto en la que se podía distinguir a tres adolescentes de no más de 14 años agarrados entre sí; a la derecha se podía ver a un joven Natsu siendo empujado por una sonriente Lucy, quien era abrazada por una chica poco más alta que ella de ojos chocolate.
- Te echo de menos- Susurró a la soledad de su habitación mientras una pequeña lágrima amenazaba con salir de sus ojos color jade.
Natsu dejó la foto sobre el escritorio y sin pensarlo dos veces se lanzó sobre su cama, podía intuir como Wendy tarareaba mientras se escuchaba, lo que suponía él que era, el crepitar del aceite hirviendo. Sabía que su pequeña hermana se enfadaría con él pero no bajaría a cenar esa noche, estaba tan agotado mentalmente que no tenía apetito; se acomodó en su colchón y dejó un espacio para que el pequeño intruso que maullaba cerca de sus piernas pudiera recostarse junto a él, mañana sería otro día.
Hola! Este capítulo estaba subido pero ha sido reeditado como lo será el resto de la historia, espero que os gusten los nuevos cambios y podáis entender mejor la historia, y a todas las personas nuevas espero que disfruteis de mi pequeña historia!
Bueno como van saliendo las cosas ¿verdad? Natsu necesita a Lucy tanto como Lucy a él, las cosas irán cambiando, aunque será un ritmo lento, poco a poco irán recordando cosas y así iréis sabiendo que pasa en realidad. La pregunta del millón, ¿quién es ella? A ver si alguien lo adivina! Espero que os haya gustado y ante todo muchísimas gracias a los que han marcado como favorito y a los que se han parado a leer mi historia, me encantaría que me dijerais en los comentarios que tal os está pareciendo
Un besito, se despide Noah
