CAPÍTULO LXXXII

PALABRAS CALLADAS

(Hace ocho años)

Ella, aferrando las manos al estuche de su instrumento, avanzaba evitando hacer mucho contacto visual con él. Desviando de vez en cuando el rostro para que no notara el encendido tono de sus mejillas.

Él, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón, trataba de mantenerse sereno.

Ambos, unos adolescentes que pronto entrarían a la adultes, lejos estaban de imaginar que dentro de un par de años la guerra daría inicio.

"Dime, ¿No has pensado estudiar de forma profesional?", rompiendo con el abrumador silencio, el castaño Ulrich cuestionó.

La aguamarina negó con la cabeza; "Hace tiempo mi padre me animó a ingresar al conservatorio, pero desde que mi madre enfermó poco tiempo me queda, incluso para asistir a la escuela regular"

"Entiendo, pero aún así creo que desperdicias tu talento", dirigiéndole una corta mirada, señaló.

"¿Qué hay de ti?"

"Me va bien en la escuela y en cuanto termine trataré de ingresar a la universidad de ingenieros. Según sé ganan bien"

Ambos continuaron su interesante conversación, hasta que se encontraron a unos cuantos pasos de la casa de la joven.

"Tengo que irme", no deseando hacerlo, la aguamarina expresó.

Ulrich, habiéndose llenado de valor y esperando que no le fuera indiferente, avanzó hacia ella y en sus labios depositó un corto beso. "¡Adiós!", dijo sin verdaderos deseos de dejarla ir.

Agitada ante lo que acababa de suceder, Michiru no supo qué decir, pero bastó el encendido tono de su rostro para que él se diera cuenta de su sentir.

Sabiéndose observado el castaño miró hacia la ventana, comprobando que a través de la cortina eran espiados. "¿Puedo seguir viéndote?"

"Si", aún nerviosa susurró.

"Entonces hasta mañana", contento él respondió, emprendiendo la rápida carrera hacia su casa. "¿Me quiere? Si, ella me quiere", en voz baja repetía una y otra vez.

Pero entonces un violento golpe en su cabeza detuvo su marcha y lo derribó al suelo, provocando que perdiera el conocimiento.

Habiendo menguado su capacidad de defensa, su atacante lo arrastró hacia un oscuro callejón, donde la brutal golpiza continuó…


(Presente. Dos noches después)

Empujándose una última vez, envuelto en su calor el rubio se quedó quieto, disfrutando de tan agradable sensación. Ella, agitada, satisfecha, con los ojos cerrados y la boca entreabierta, lo aprisionó en sus brazos.

"¿Estás bien?", sonriendo ante las expresiones de su rostro y su entrecortada respiración, cuestionó mientras se separaba de ella.

Ella asintió y acto seguido se cubrió con la sábana.

Callado, Haruka se tumbó a su lado, centrando su atención en el agradable sonido de la lluvia que caía.

Girando sobre su propio cuerpo, Michiru sonrió para él; "¿En qué piensa?"

Sereno el rubio fijó la mirada en la suya; "Hay muchas cosas que quiero preguntarte, pero no me atrevo"

"¿Por qué no?"

"Quizás porque huyo a las respuestas", titubeante respondió.

"No tiene porque. Además no guardo secretos", mintió, siendo el único su amor callado.

El rubio asintió; "Me dijiste que tu madre murió cuando eras adolescente y que tu padre lo hizo cuando tu hermano desapareció, pero jamás me has dicho si en tu vida hay alguien especial"

"¿Mh?"

"Me refiero a un amigo, un novio o un prometido que quizás se fue a la guerra y por quien aún esperas", dijo mientras volvía a clavar la mirada en el techo. "Quizá todo este tiempo ha estado enamorada y yo aspiro a ocupar un lugar que no me corresponde"

De forma ligera la joven asintió; "Había alguien…"

Temiendo lo que de sus labios fuera a salir, Haruka se volvió hacia ella; "¿Si?"

"El mejor amigo de mi hermano, aunque nunca dijo nada, yo sabía que estaba enamorado de mi, o al menos eso aparentaba. Nunca estuve interesada en él…", dijo y entonces se quedó en silencio, silencio que a él mortifico.

"¿Y luego?"

"Era un maldito, una vez accedí a salir con él por mero compromiso, cosa de la que me arrepiento. Él al igual que Gunther se fue a la guerra, donde murió… pero aún siendo un desgraciado, él ni ninguno de los hombres debió correr esa suerte"

"¡Tienes razón!", aliviado respiro.

Michiru se quedó pensando, como quien acaba de recordar algo que resulta agradable, luego negó con la cabeza, y es que no supo si debía mencionarlo, o callarlo.

"¿Estás bien?"

Ella asintió; "Cuando era adolescente había un joven que me pretendía, se llamaba Ulrich y yo no le era muy indiferente…", dijo e hizo silencio.

"¿Qué pasó?, ¿Es algo que te hiere?, ¿Se atrevió a lastimarte?"

"Un día luego de clases me acompaño a casa… Nos despedimos como de costumbre y al día siguiente lo encontraron en un callejón. La policía dijo que lo golpearon porque se resistió a un robo"

"¿Qué pasó después?"

Michiru se encogió de hombros; "No volví a hablar con él, jamás despertó y al poco tiempo murió. Hubo pesquisas y varios días después atraparon al culpable. Fue terrible, él era… ya sabe… dijeron que por su origen era un indeseable, lo que provocó que el odio hacia esa gente y su religión se triplicara"

"Lamento haberte recordado algo tan triste"

La joven sonrió un poco, entrelazando los dedos en el cabello de su amado. "Fue hace tanto tiempo. Estoy bien"

Ese ligero toque hizo que el rubio se estremeciera y aunque había recobrado la confianza, quedaba una pregunta que debía hacer. "Me dijiste que conforme nosotros nos acercábamos mucha gente comenzó a huir por temor a nuestra brutalidad, cosa que en carne propia experimentaste la noche que Yakov…"

"¿Así se llamaba?", recordando a tan desagradable sujeto, Michiru interrumpió a lo que Haruka asintió.

"Dime, ¿Por qué esa noche decidiste venir conmigo?, ¿Por qué aceptaste sin saber si yo era igual o peor que él?"

Ruborizada la aguamarina desvió la mirada; "Porque muy en el fondo sabía que usted era bueno"

El dejó escapar una ligera risa; "¿Con solo verme?"

Ella asintió, fijando esa enamorada mirada en la suya; "Si… estaba sola y asustada, para ambos hubiera resultado muy fácil… en cambio no permitió que ese sujeto continuara"

"Me tenía harto, no era la primera vez que me desobedecia, pero no del todo has respondido mi pregunta"

Avergonzada la joven se acomodó el cabello que cayó por su frente; "Ese sujeto amenazó con entregarme a sus amigos. En cambio usted respetó mi decisión y no niego que en un principio le temía, pero sabía que quedándome a su lado y siendo exclusiva me sería más fácil sobrevivir"

Ante su confesión, Haruka volvió la mirada hacia el techo; "¡Ya veo!", expresó.

"Si usted no hubiera llegado a detenerlo, o si me hubiera quedado en ese infierno ahora estaría muerta, o enferma. Sé que nadie más hubiera hecho lo que usted hizo por mí"

"Ahora me siento peor. La escucho y es como si me dijera que me está agradecida, y eso dista mucho del amor"

Ella sonrió, acomodándole el cabello que cayó por su sudorosa frente; "Nosotras no somos como ustedes. A los hombres poco les importa dejar su semilla en donde sea, tampoco piensan en consecuencias porque solo buscan su placer sin importarles si nos hieren o no. En cambio las mujeres necesitamos un vínculo para poder entregarnos", ruborizada y con labios temblorosos señaló.

"¿Un vínculo?... ¿Se refiere al trato?... ¿Sigue a mi lado por nuestro hijo?"

"Me concentré tanto en sobrevivir que en ningún momento fui consciente del riesgo que corría, aunque poco habría podido hacer para evitarlo. Lo que quiero decir es que me alegra mucho saber quién es el padre de mi hijo. De no haber tomado la mejor decisión, me sería imposible reconocerlo entre tantos rostros"

Esas palabras agitaron al joven; "¿De verdad?"

"Si, coronel. Sí tiene que volver al Sur, hágalo. Si algo le impide regresar, entonces tiene que saber que siempre viviré en esta ciudad. Y si un día quiere conocer a su hijo, en esta casa nos encontrará"

"No, no voy…", no alcanzó a decir porque en ese instante ella unió los labios a los suyos.

Michiru se reincorporo un poco, dejando que la sábana resbalara por su cuerpo, permitiendo que él contemplara sus formas, luego volvió a besarlo.

"Ah", tomándola por el cabello, Haruka se quejó ante sus traviesos labios.

Ella sonrió y sin decir nada más, a horcajadas se sentó sobre él, comenzando a moverse de forma lenta. "Mm", se quejó haciendo una corta pausa.

Él colocó las manos en sus caderas para impedirle escapar. "Sigue así", gimió echando la cabeza hacia atrás.

"¡Dioses!"

"No te detengas"

Ella aceleró sus movimientos, quejándose de forma abierta y derrumbándose sobre él, así se quedó, disfrutando de esa cercanía y del sonido de su agitado corazón.

"¿Estás bien?", ante el silencio, preocupado fue la obligada pregunta que formulo.

Michiru sonrió al mismo tiempo que asentía y sin decir nada más, reanudo el acto.


(Noche siguiente)

Nervioso, Haruka esperaba por ella, reviviendo en su cabeza la conversación de la noche pasada.

"Voy a pedirselo y no, no está forzada a aceptar. Si tiene que hacerlo que sea solo porque me quiere", pensó.

Michiru, sin imaginar lo que él estaba tramando para más tarde, apareció al encuentro.

"Ya estoy lista, coronel", nerviosa porque quizás no sería bienvenida o en el peor de los casos podría acarrearle problemas a él, señaló.

Ante su hermosa imagen Haruka sonrió; "Pronto vendrán a recogernos", cobarde, no se atrevió a admirar su belleza.

Contemplando su nuevo uniforme, de forma ligera Michiru negó con la cabeza; "Hay algo que falta, coronel"

"¿Qué cosa?"

Ella avanzó hacia él y tomándolo por la levita, en su pecho colocó la reluciente medalla. "Es la que le entregaron cuando lo ascendieron"

"Pero es tuya"

"Es de mi bebé, pero se la presta", riendo un poco contestó.

"Gracias", colocando la mano en el vientre de su amada, contento respondió.

"No hay de que"

Un auto se estaciono en la entrada e hizo sonar el claxon. Era Fiódor, quien los llevaría al teatro.

"Es hora", ofreciéndole su brazo para que en el se apoyara, Haruka expreso…

Y mientras conducía, con una sonrisa en los labios el tuerto hombre de vez en cuando los observaba a través del espejo retrovisor.

"No puedo negar que hacen una bonita pareja", pensó mientras se estacionaba cerca del lugar, luego bajó y abrió la puerta para que ellos descendieran.

"Hazlo con cuidado", el rubio volvió a ofrecerle el brazo.

"Gracias", tomándolo, ruborizada la aguamarina respondió.

"Espero y todo sea de tu agrado"

"Lo será, coronel"

Haruka se detuvo, saludando a unos viejos conocidos del frente, sin embargo la atención de Michiru se desvío hacia un par de mujeres civiles, quienes de forma indiscreta la miraban al mismo tiempo que entre dientes murmuraban.

"Eso es no tener vergüenza"

"Se comportan como lo que son, rameras"

"Una cosa fue aquello, otra muy diferente es revolcarse con ellos por mero gusto"

Sin embargo a ella poco le importó, tampoco le importaba lo que los oficiales que se detenían a saludar a su amado llegaran a pensar de la mujer por la que se metió en problemas. Y es que estando junto a él, lo demás sobraba.

"Vamos a nuestros asientos", él pidió.

Y apenas cruzaron las pesadas puertas, un viejo recuerdo volvió a la memoria de la aguamarina, provocando que de golpe se detuviera.

-Flashback-. Hace varios meses-

A lo lejos se percibía el sonido de las armas que no daban tregua y el suelo se estremecía ante el rugir de la pesada artillería. Más allá, en lo alto de los cielos, a lo largo de la ciudad las aves de acero dejaban caer su pesada y peligrosa carga.

"Avancen, avancen", un oficial del Norte ordenaba ante el gentío que se arremolino ante las puertas del teatro.

"¡Demonios, se terminaron las píldoras!, un chiquillo que por su uniforme dejaba en claro que pertenecía a la organización de las juventudes, masculló al entregar la última.

Y ahí estaba la aguamarina, envuelta en su roto abrigo, con el cabello enredado y las mejillas sucias y enrojecidas a consecuencia del frío.

"Es una maldita locura", resistiéndose a entrar, un hombre gritó.

"Una maldita excentricidad", otro agregó.

"No se deshagan de sus pertenencias, conservenlas en todo momento", otro oficial ordenó mientras les iba indicando dónde debían sentarse.

"Esas malditas bestias están a punto de tomar la ciudad y nos vemos obligados a esto, ¿Qué no se dan cuenta?, reunir a tanta gente nos convierte en un blanco fácil. Al menos dejen que las mujeres se vayan a refugiar", un joven se dirigió a él.

"Son órdenes de ellos", replicó señalando hacia los palcos, donde reunidos ya estaban no solo los más altos mandos de la nación, sino del ejército.

"¿El ocaso de los dioses es la ópera que presentarán?, ¿Se están burlando de nosotros?"

"¿De verdad está pasando esto?", temerosa Michiru se cuestionó ante la maldita imagen que se abría frente a sus ojos. Y es que hacía tan solo unos meses la sola idea de que algo así ocurriera le habría resultado inconcebible.

Los muros se estremecían ante las bombas que alrededor caían, provocando que asustados los civiles se llevaran las manos a la cabeza. Otros lloraban de forma discreta, pero pocos eran los que se atrevían a protestar.

"Tengo hambre y mucho frío", expresó una mujer a la que la aguamarina reconoció como una dama de sociedad.

"Pronto terminará, resiste", tratando de consolarla su esposo replicó.

"Deberían permitirnos huir ahora que podemos", una anciana gritó…

Sí, esa noche y aún pese a la amenaza que se cernía sobre sus ya condenadas cabezas, los civiles que quedaban fueron obligados a asistir a un concierto.

"Las primeras tropas ya traspasaron los límites de la ciudad, sus tanques han comenzado a invadir las calles", anunció un joven encargado de obstaculizar el paso.

Aún confiando el tan ansiado milagro llegaría y todo terminaría a su favor y su reinado duraría mil años, apenas la función terminó las puertas se abrieron y enviaron a esos mismos civiles a combatir.

El verdadero ocaso de los hombres que alguna vez se sintieron dioses, había llegado.

-Fin flashback-

Horrorizada por lo que luego tuvo que atestiguar, Michiru negó con la cabeza en un intento por deshacerse de ese recuerdo.

"¿Estás bien?", habiéndose percatado de ese gesto, él preguntó.

"Si, coronel", replicó sonriendole.

Mizuno, que también había sido invitada se hizo acompañar por Aino, aunque no podrían quedarse a la cena que luego se ofrecería, y es que a la brevedad posible debían regresar a la clínica.

"¿Crees que Lita y Dimitri vendrán?"

"Espero que sí", respondió la rubia.

"Mira, ahí está el coronel", la peliazul señaló.

La siempre hermosa mujer fijó su atención en su acompañante, que orgullosa, sin temor y con un mano apoyada en el frágil vientre y la otra entrelazada al brazo del rubio, avanzaba ante la mirada de los oficiales y las autoridades civiles.

"No entiendo. ¿El coronel ya olvidó que su ejército asesinó a su familia?", inconsciente dejó escapar esas palabras.

"Tú misma lo has dicho. Ella no lo hizo, fueron decisiones y acciones de otra gente"

"Ese fue el motivo que lo trajo a la guerra. ¿Será que la ama?

Amy observó a la contenta pareja y sonriendo procedió a responder; "Fue su enemiga, pero ahora es la madre de su hijo. Así que no me sorprendería"

"No es una mujer tonta. Lo convirtió en su protector… seguridad y comida a cambio de sexo"

"Haya sido como haya sido no podemos juzgarla. Pero aún así es el padre de su hijo. Quizás muy en el fondo siente algo hacia él, ¿No lo crees posible?", sin pensalo cuestionó. "Lo siento, no debí", ante la indiscreción cometida, avergonzada Amy se mordió los imprudentes labios.

"Esta bien", Mina replicó al mismo tiempo que aquel recuerdo tan vivo volvía a inundar su memoria. "Nunca amé al padre de mi hijo, pero no puedo negar que llegue a quererlo", pensó.

Hacía las ocho y treinta minutos las puertas se cerraron, dando inicio al magnífico espectáculo.

Y durante el tiempo que duró, nervioso Haruka se la paso jugando el ala de su gorra mientras que su amada de verdad disfruto la función…

Hacía las once de la noche el concierto terminó, siendo que dentro de unos minutos el banquete sería servido en el vestíbulo del teatro. Intermedio que Haruka aprovecharía para intentar cambiar la vida de ambos.

Y ahí estaban los dos, disfrutando de la noche mientras recorrían los preciosos jardines.

"¿La función fue de tu agrado?"

"Y mucho, coronel"

"¿Estás cómoda?"

"Si, además la noche es hermosa", replicó observando hacia las estrellas. "No sé porque, pero tengo la sensación de que esto ya lo viví, ¿Usted no?"

"Es cierto", el rubio dijo y acto seguido se aclaró la garganta. "Escucha, hay algo tengo que decirte y preguntarte, pero antes tienes que saber que no estás forzada a responder con lo que me beneficie a mi. Aceptaré tu respuesta sea cual sea, ¿De acuerdo?"

"¿De qué se trata?", temerosa se dirigió.

"Yo… no sé ni por dónde comenzar… hace mucho que…", sonrojado titubeo.

De pronto Michiru frunció el entrecejo e interrumpiendo, señaló hacia la oscura distancia; "¿Qué es eso?"

"¿Qué cosa?", volviendo la mirada hacia ese punto, él preguntó.

Entonces una violenta explosión se hizo sentir, estremeciendo el teatro hasta sus cimientos…


Notas de autor;

Gracias por sus buenos deseos y por seguir leyendo. Yo también les deseo un magnifico fin de semana.

Les cuento, en Berlín la noche del 12 de abril del 45 se celebró un concierto al que los civiles se vieron obligados a asistir. Negándose a admitir que era el fin, las autoridades presentaron la ópera que antes mencione. El concierto terminó y sin importar la edad de los asistentes, ni si eran hombres o mujeres, fueron enviados a combatir, incluidos muchos de los que conformaban la sinfónica.

Algo parecido pasó durante el asedio de Leningrado. Los soviéticos pusieron parlantes a lo largo de las calles y los músicos se encerraron en el teatro. Afuera estaba la guerra y ellos tocaban, transmitiendo su sinfonía a lo largo de toda la ciudad. Lo hicieron como símbolo de resistencia y para animar a su ejército, cosa que enojó a los Alemanes al punto de atacar el teatro para callarlos.

Michelle; El problema con Gunther es que él piensa que haga lo que haga por Michiru, está bien. Si que tiene bien alterada la percepción de la cierto, Michi no está para viajar, pero Haruka tampoco está para irse, mucho menos con lo que ha pasado.

Kaiohmaru; Ojalá y las heridas de Mizuno pronto sanen y decida regresar al lado de su hijo, nada le haría más bien que ese reencuentro. Hasta ahora ella es la más reacia a aceptar que necesita un cambio de vida.

Isabelle; Más enfermo está Gunther, pero no le quita mérito a Helmut. Parece que después de todo Haruka no podrá irse. Si lo hiciera cometería un grave error.

Isavellcota; Mi villano favorito por mucho siempre será Isao. Era muy humano y la relación que tenía con su esposa y su hija hacía más monstruosa su personalidad. Él y Adrastos compartían un vínculo sanguíneo con Michiru, la diferencia entre ambos es que Isao se redimió. Pero si comparamos a Gunther con Adrastos, me inclino a decir qué el primero es mil veces más sanguinario. La cantidad de víctimas que carga a sus espaldas no se compara con la del Quasimodo ese. Y si bien es cierto que ambos buscan poder, Gunther es más ambicioso. Es verdad, pobres bebés, son los más inocentes y los que más sufren.

Szer; Creo que Michi está mejor así, sin saber de Gunther. Él solo le haría daño.

Kyoky; No solo Haruka no se lo perdonaría, sino que Michi se lo recordaría en cada cumpleaños y en el día del padre xd. Todos en esta historia cargan culpa y dolor, la mayoría ha ido dejando atrás ambos sentimientos, no así Mina y Mizuno. Más que compartir el dolor de la muerte y la alegría de la vida, hay algo que las hace muy similares. Ambas a su manera saben lo que es ser madre. Recuerda que Mina tiene a Nikolai, que dijo iba a esperar por ella, está en sus manos dejar el pasado y ser feliz. Imagínate a Gunther amarrado como si fuera Hannibal Lecter xd.