CAPÍTULO LXI
CALUMNIA
(Hace más de dos años)
Y aún era de madrugada cuando la rubia Mina despertó.
Sentándose sobre la improvisada cama, confundida, pero no arrepentida por lo acontecido, dirigió la inquieta mirada hacia el otro lado para contemplarlo a él, quién yacía profundamente dormido.
"Será mejor que me vaya antes de que alguien me vea", tomando sus ropas y sin llamarlo para despedirse abandonó el lugar, aprovechando el anonimato que la oscuridad le ofrecía. Sin embargo sería inútil.
"Alto, ¿Quién anda ahí?", el mal encarado Yakov cuestionó.
Sabiéndose descubierta Mina se detuvo de golpe.
Yakov avanzó hacia ella he iluminandole el rostro con su linterna, descubrió que se trataba de la enfermera. "Ah, eres tú… pero ¿Qué demonios haces…?, olvídalo. Ve a dormir", expresó dibujando en sus labios una juguetona sonrisa.
Mina no respondió, continuando su caminó hacia el lugar que se le había asignado para descansar.
"Los demás no tardan en enterarse", expresó sin saber si era lo que realmente deseaba.
(Presente)
Avanzando por esas ya bien conocidas calles, el rubio y la aguamarina conversaban.
"¿Estás segura de que el día de hoy estás en condición de trabajar?", recordando lo sucedido el día anterior, él señaló.
"Por supuesto, coronel", replicó ella mientras se acomodaba el cabello que cayó por su frente.
"Ayer olvidé por completo decirte que ya solo falta que elijas el color de los muros de tu hogar para que puedas regresar"
"¿De verdad?", emocionada Michiru cuestionó.
"Así es. Puedo hacerlo yo mismo, pero corro el riesgo de que no sea de tu agrado"
"Tenga por seguro que lo será"
"¿Qué colores deseas?"
"Me gusta mucho el azul y el nácar. También el coral", respondió.
"Bien... Me tomaré un momento para pasar por ti cuando termine la clase, pero si por algún motivo no puedo le pediré a una de mis capitanas que lo haga. Confío en ellas, estarás bien"
"Gracias, coronel", replicó llegando a la puerta del lugar del edificio que funcionaba como escuela.
"Cuidate", expresó el rubio y apenas iba a besarla, se vio interrumpido por aquella infantil y ya bien conocida voz.
"Buenos días", saludo el pequeño Hans.
"Buenos días", sonrojados dijeron ambos adultos.
"Tengo que irme"
"Por favor cuidese"
"Igualmente", Haruka expreso y contemplando al pelinegro, le despeinó el cabello. "Hasta luego"
"No se preocupe por la profesora, voy a cuidarla", alegre el niño señaló.
"Lo sé", sonriendo le contestó.
Por su parte, con una sonrisa en sus labios Michiru lo observaba alejarse.
"Es muy bueno", el pelinegro expresó.
"Tú también lo eres, además debo reconocer que eres muy valiente"
En ese instante Hans bajo la mirada, dejando que unas cuantas lágrimas libres fluyeran; "Me recuerda a mi papá. Él también era muy bueno"
Afligida Michiru le limpio el llanto, luego lo abrazo; " Y estoy segura de que este niño le recuerda a su hijo. Él tenía la misma edad que Hans cuando murió. A todos y sin excepción la guerra nos despojó de algo muy querido", pensó. "Vamos adentro", tomando su mano ambos ingresaron al aula.
(En la clínica)
Concluyendo que no hay mejor remedio para no pensar que el trabajo, cosa que aprendió en el frente, fue que sin tomarse un solo minuto de descanso Mina se encargaba de sus pacientes.
Hasta que a eso del mediodía se vio interrumpida por una de las enfermeras civiles. "Teniente, la buscan"
"¿A mi?", extrañada frunció el entrecejo.
"Así es"
"Hazte cargo del vendaje", ordenó. Así que esperando que no se tratara del castaño Nicolás, acudió al encuentro. "¿Tú?", molesta cuestiono y acto seguido se dio media vuelta con intenciones de regresar a sus ocupaciones.
Armand se encaminó hacia ella, bloqueandole el paso; "¿Tienes un momento para mí?, te lo pido por favor y en recuerdo de lo que alguna vez fuimos"
La rubia negó con la cabeza; "Tengo pacientes, tú también tienes que volver al trabajo"
"Estoy en mi descanso", despreocupado señaló.
"Bien por ti, yo no puedo permitírmelo", no deseando escucharlo, la alguna vez deidad dio por terminado ese intento de conversación.
"Mina, por favor no me ignores. Tenemos mucho de qué hablar. Sé que estás deseosa de respuestas y es mi obligación dartelas"
Ella se detuvo, dándole la cara. "Entonces dime, ¿Ya no te aterra que tu esposa te vea en compañía de una vieja conocida?. ¿No te preocupa que pueda pensar cosas que no son?"
"Creo que ella sabrá entender", dudando replicó.
"Esta bien, lo que tengas que decirme que sea rápido. Solo mantén tus manos quietas"
"De acuerdo, es una promesa", levantandolas expresó.
Ante su palabras Mina negó con la cabeza y torció lo labios; "Mejor no jures nada, que la última vez que lo hiciste fallaste"
"Ven conmigo, hablemos en privado"
Fue así que saliendo del edificio, ella se quedó a prudente distancia de él y cruzando los brazos sobre su pecho, entre ambos se hizo un incómodo silencio.
"Mina, no sabes como me alegra saber que sobreviviste y que estas bien y...", luego de unos instantes muy emocionado señaló. Con intenciones de abrazarla avanzó un par de pasos, sin embargo ella se rehusó.
"Pues ayer parecía todo lo contrario, dándome la impresión de que no deseabas volver a verme"
"Hoy es hoy, por favor olvida esa primera mala impresión"
"La primera impresión es lo último que se olvida, pero está bien. Ahora dime qué ocurrió. ¿De pronto olvidaste que prometimos estar juntos para siempre?. ¿El amor que decías tenerme se desvaneció?"
Recordando el día que hicieron esa promesa y que fue el mismo en que fueron puestos en el tren con destino a defender la capital del Sur, Armand asintió; "Es cierto, pero tienes que entender que todo escapo de mis manos"
"Has dicho suficiente. No tengo porque seguir escuchandote", ella expresó dándole la espalda.
"Todo este tiempo pensé que habías muerto. No sabes cuanto sufrí tratando de hacerme a la idea de que jamás volvería a verte"
"Yo siempre guarde la esperanza de encontrarte. Te busqué entre los vivos y los muertos"
"Escucha, muchas veces te escribí y jamás obtuve respuesta. Incluso llegué a pensar que me habías olvidado"
"Si no recibiste contestación es porque jamás recibí carta alguna. Además escribí a diferentes unidades y nadie respondió. Y aún así mi esperanza no decayó", expresó elevando el tono de su voz.
"Debido a los bombardeos a las vias férreas era muy comun que se perdiera la correspindencia, piensa que pudo ser nuestro maldito caso. Además fue hace poco más de un año que fui trasladado a ese frente, eso dificulto mantener comunicación con este lado del mundo"
Mina asintió, dándole por un breve instante la razón. "¿Fue ahí donde encontraste mi reemplazo?", ¿Cómo sucedió?"
Armand negó con la cabeza; "Estamos aquí para hablar de lo nuestro. Alisa no tiene nada que ver"
"Tienes razón, no tiene culpa de la clase de hombre que eres, pero espero y se de cuenta a tiempo y recapacite... aún así, ¿Cuándo sucedió?, ¿Cuánto tiempo esperaste para encontrar compañía?"
Afligido el hombre apretó el puño. "Mina, jamás podrías entenderlo. Para un hombre la soledad se vuelve insoportable y problemática, aún más sabiendo que en cualquier momento puedes morir... Conocí a Alisa hace casi dos años, cuando estuve ingresado en el hospital. ¿Sabes?, casi muero a consecuencia de una herida en el pecho. Pero gracias a sus cuidados sobreviví, además ella no permitió que perdiera la poca humanidad que en mí quedaba... ella me mantuvo cuerdo"
Ante sus malditas palabras, Mina se volvió hacia él; "¿Esa es tu justificación?"
"Escucha..."
Impotente la rubia apretó el puño mientras que en su garganta se formaba un pesado nudo que le impedía respirar con normalidad; "¿En ningún momento consideraste que pude haber regresado a nuestra casa?, porque estuve a punto de hacerlo, pero porque prometí encontrarte es que continúe... Ahora no hay día que no me arrepiente por haberme negado, porque sin duda mi vida sería completamente diferente. En cambio me empeñe en seguir buscando un algo que ya era imposible"
A eso Armand no supo qué responder.
"¿Crees que yo la tuve muy fácil?. Si es así, entonces deja que te diga que para nada lo fue. Eres tú quien no tiene idea de lo que la soledad significa, porque creeme, es peor para una mujer y aún más en el infierno que por poder y ambición los hombres crean", aunque estuvo a punto de romper a llorar, fue fuerte al contenerse.
"Debiste quedarte en casa, si ese día me hubieras hecho caso ahora no estaríamos discutiendo"
"Y ahora me culpas. Eres imposible, solo piensas en ti, pero no piensas en lo que yo viví, porque para hoy estar aquí tuve que hacer cosas que para nada me enorgullecen... Y porque yo también falte a la promesa que esa mañana hicimos, es que estaba dispuesta a perdonar cualquier cosa que hubieras hecho, pero esto es algo que no puedo pasar por alto. Mi orgullo de mujer no me lo permite"
Burlón Armand torció los labios y ergio la orgullosa mirada; "Entonces no puedes culparme, somos iguales. Somos unos malditos traidores"
"Es diferente. No puedes comparar"
"Me alegra que lo admitas. Soy hombre y..."
Ante su excusa Mina rió un poco. "No sabes nada. No puedes comparar tus vivencias con las mías, mucho menos tu dolor... porque perdí más en comparación con lo que gané. Y si, perdí más de lo tú pudiste hacerlo", volviendo a darle la espalda, expresó. "Debiste quedarte donde te enterré y formar parte de un recuerdo, porque ya no eres más ese hombre que conocí"
Molesto, Armad se adelantó, aprisionándola entre sus brazos. "¿Lo ves?, no puedes juzgarme. No puedes molestarte conmigo porque somos la misma maldita porqueria. Ahora dime, ¿Con cuántos te acostaste?, ¿Lo hiciste por comida?"
"Mis motivos son cosas que no te importan", también molesta lo abofeteó, provocando que de su labio inferior brotara la sangre y le manchara el uniforme.
"Me importa porque mientras tú te revolcabas con todos esos imbeciles, yo sufría tu abandono.
Mina escapó a su infame agarre; "Así como dices no deberme ninguna explicación, te lo digo yo. No nos debemos nada y que está sea la última vez que hablamos"
"Entonces si yo no hubiera regresado con Alisa convertida en mi esposa, ¿Me habrías ocultado el hecho de que te convertiste en la sucia ramera de toda la unidad?. Ahora dime, ¿Crees que me habría sido fácil perdonarte?"
Mina intentó volver a abofetearlo, pero él fue más hábil y detuvo su mano.
"Si, puedo ver en tus ojos que me lo habrías ocultado y yo como estupido jamás lo hubiera sabido. Se habrían burlado de mí a mis espaldas", furioso chillo.
"Jamás pensé en guardarmelo... no habría podido hacerlo. Me habría sido imposible", expresó a punto de dejar que el llanto por fin brotara.
"Porque la culpa no te habría dejado vivir a mi lado con ese secreto... así que como ya nos hemos deshecho de las malditas máscaras, dime ¿Lo disfrutaste?, ¿Fueron mejores que yo?, ¿Pensabas en mí?", infame siguió torturando con palabras, luego de forma procaz llevó sus manos hacia la entrepierna de la joven. "Sabes que siempre serás mía, no importa cuantos mas te posean"
Asqueada la rubia lo pateó con fuerza, provocando que ante el dolor el pelinegro se encorvara. "Debiste quedarte donde yo te hacía, muerto"
Riendo de forma forzada, Armand se acomodo el rebelde cabello que cayó por su frente. "¡Vaya!, si que te convertiste en una mujer dura"
"Mejor vete, o tu mujer podría mal pensar de ti y culparme de tus estupideces"
El pelinegro sonrió; "¿Y por qué no vas y le preguntas a tu comandante?, quizás fue él quien se deshizo de mis cartas"
Ante esas palabras Mina se detuvo al mismo tiempo que era embargada por un violento escalofrío. "¿Será posible que él haya...?, no, por supuesto que no"
Y fue ante la reacción que provocó en ella, que satisfecho Armand sonrió
(Esta tarde)
Molesta, Mina caminaba en dirección a los campos, donde sabía y podía encontrarlo.
"Quizás Armad tenga razón", murmuró negando con la cabeza. "No, es imposible... Pero aún así debo estar segura", murmuró.
Y sin siquiera llamar a la puerta, la alguna vez deidad ingresó en la oficina del rubio, luego ante él hizo el saludo militar.
Y fue ante su inesperada presencia que él no pudo evitar fruncir el entrecejo. "¿Qué significa esto, teniente?"
"Pido permiso para hablar, más concretamente para hacerle una pregunta, coronel", ella señaló.
"Concedido. Tienes toda mi atención", dejando a un lado lo que ocupaba su tiempo, Haruka expresó.
"Coronel, ¿Hubo alguna orden de su parte para que mi correspondencia personal no me fuera entregada?"
"¿Perdón?", ante lo extraño que la consulta le resultó, no pudo evitar preguntar.
"Responda, ¿Si o no?", enfadada la rubia prosiguió.
"No niego y tú lo sabes, que antes de ser entregada toda la correspondencia debía ser revisada por el organismo correspondiente a fin de evitar casos de espionaje, pero jamás interferi con la tuya o con la de alguien más. ¿Por qué habría de hacerlo?", expresó.
Ante sus palabras orgullosa Mina ergio la mirada, pero sin dirigirsela.
Haruka interpretó su silencio y asintió un poco; "Entiendo. Te hablo como hombre, no como tu superior y es por eso que te juro por lo que más amo, que nunca lo hice. Jamás tuve motivos", agregó.
"Entonces pido permiso para retirarme"
"Concedido", él contestó.
Presurosa Mina abandonó el lugar, meditando las palabras del coronel.
"Es obvio que lo que más ama es su hijo que está por nacer... me pregunto si... No, no tiene caso seguir torturándome con lo que pudo ser, ni seguir buscando culpables. Armand es el único responsable de sus actos"
Por su parte, Haruka la observaba alejarse; "Estaba en lo cierto, ese tal Armand es el mismo que ella buscaba" murmuró y volviendo a sentarse detrás de su escritorio, trató de concentrarse en lo que previamente hacía, aunque no del todo lo lograria.
Así que deseando despejarse se dirigió al centro de la ciudad, donde ordenaria algunas cosas para su amada.
(Esa noche. Casa de los Kremer)
Preocupada por la hora, la aguamarina consultaba el reloj que pendía de la pared.
"El coronel ya se retrasó. Espero y esté bien", murmuró.
Entonces la puerta se abrió, dando pasó al rubio.
"Buenas noches"
"Buenas noches", replicó él colocando los paquetes sobre la mesa del recibidor. "Lamentó la tardanza, fui a comprar algunas cosas. Esto de aquí es para ti y esto para el bebé. Espero y sean de tu agrado"
"Muchas gracias", contestó notando que en su rostro asomaba un rastro de desconcierto.
"Estoy cansado y hambriento", expresó mientras se deshacía de la camisa. "Voy a ducharme"
"Adelante, coronel", siguiéndolo con la mirada, Michiru expresó.
Haruka caminó hacia la escalera y apenas iba a subirla, se detuvo de golpe, volviendo el rostro hacia ella; "Todos estos meses he sido un imbécil!... Jamás le he preguntado si espera por alguien que no sea su hermano. Quizás ya hay alguien en su vida y yo me he entrometido por completo", pálido pensó.
"¿Sucede algo?"
Titubeante el hombre negó con la cabeza; "No, nada… pensé que había dejado algo olvidado. Ahora con tu permiso", deshaciéndose de esas terribles ideas, a prisa se dirigió al segundo piso.
" Me gustaría que confiara más en mí, en cambio prefiere encerrarse en su propio mundo", mordiéndose los labios la aguamarina pensó.
Notas de autor;
En base a lo que nuestros personajes vivieron y sin que los juzguemos, la pregunta de hoy es; ¿Creen que Mina y Armand tienen justificación para lo que hicieron?
Michelle; Esperemos y los demás recién llegados si acaten las órdenes y que ese sujeto que siguió a Michi haya sido un caso aislado.
Kaiohmaru; La esposa de Armand es buena persona, el problema es él. Así que no hay que tener.
Isavellcota; Armand es un cobarde por lanzar la piedra y esconder la mano. Además de no ser claro con su esposa y lo que es peor, que él tiene que esconderse de ella para hablar con Mina.
DARK IN THE NIGHT; Me alegra mucho que mi historia te siga gustando.
Kyoky; Justo ahora que Mina tenía todo para ser feliz, aparece ese sujeto para perturbar su paz. Él era bueno, pero como vemos la guerra lo endureció. Ni Haruka se portó tan imbécil con Michiru como él con Mina.
