Buenas a todos los que vengan a seguir con esta pequeña y poco convencional historia. Como son capítulos basados en canciones, seguramente serán cortitos y fáciles de escribir, así que es altamente probable que se actualice con cierta regularidad. Pero bueno, una vez más, gracias a los que vengan a leer, y si pudieran apoyar la historia con follows o reviews, qué mejor.
La canción correspondiente a este capítulo es "Just a Man" o "Solo un hombre", de la saga de troya del musical "Epic: The Musical"
Capítulo 2: Solo un can
Bolt miró atentamente al cachorrito indefenso, moviéndose levemente frente a él. Parecía estar despertando, y al abrir sus pequeños ojos y alzar la vista, el can notó un color que solo le complicó más la vida.
Verde.
Como los ojos de Mittens.
Como los ojos de Marcus.
No había ningún otro parecido. Eran animales distintos, Marcus siendo una clara mezcla entre cánido y felino –Un felican, los llamaban—, y este cachorrito siendo claramente un perro. Pero ese verde… ese verde esmeralda le recordaba al color de los ojos de su propio hijo. Ver al cachorrito despertar aletargado y voltear alrededor con curiosidad… dioses, debía tener la misma edad que Marcus tenía cuando Bolt tuvo que irse de casa para venir a la guerra. El can constantemente se preguntaba si Marcus lo reconocería como su padre cuando por fin volviera a verlo después de estos años…
Un ligero cambio en la corriente de la torre lo trajo de regreso a la realidad. Bolt podía sentir su presencia cerca, observándolo. Siempre le había guiado en momentos complicados, pero algo le decía que aun si preguntaba, no le diría nada nuevo. El águila había revelado la información necesaria. El pastor suizo suspiró.
–¿Qué voy a hacer contigo? –Murmuró hacia el cachorrito, que ahora estaba activo y empezaba a moverse entre las mantas que lo cubrían. Las opciones realmente seguían sonando muy claras: deshacerse del infante, y terminar con esto ahora; o dejarlo vivir, y saber que eventualmente este iría a su hogar y destruiría todo lo que Bolt amaba. Poniéndolo así, ni siquiera sonaba como una decisión difícil, pero estaba el hecho de que era un cachorro–. ¿Cómo podría herirte?
–Solo soy un can –Dijo en voz alta el pastor suizo, sabiéndose observado, pero también que ninguna de las deidades haría nada para intervenir. Esta decisión le correspondía solamente a él, por dura que fuera–; solo quiero ir a casa, después de todos estos años. Solo quiero ver a mi gatita, y a mí hijo…
Bolt volteó alrededor. Abajo, lejos, la batalla seguía rugiendo y ardiendo, los gritos y alaridos rompiendo el silencio estrepitosamente. Pero aquí arriba, en la cima de la torre, solo estaba el cachorrito y él mismo. No había ningún otro mortal, y mientras todo seguía aconteciendo allá abajo, Bolt se tomó el tiempo para pensar.
¿Qué debía hacer?
No quería matar al cachorro. Definitivamente no quería matar al cachorro a sangre fría. Pero, por lo que le habían dicho, no tenía opción.
Los pensamientos de Bolt corrían a toda velocidad. Si eso era lo que tenía que hacer, si eso era lo que tenía que pasar para volver a casa… no había alternativa. Nunca la hubo. Dentro, muy dentro, Bolt daría el mundo entero con tal de ver a su esposa e hijo nuevamente. Pero no quería convertirse en esto.
Él era muchas cosas. Un guerrero, un general, un protegido, un gobernante… no un asesino despiadado.
"La sangre ya está en tus patas, Bolt."
El can respiró hondo, y hundió sus fauces en las mantas que envolvían al cachorro.
–Lo siento –Murmuró con la boca llena, mientras empezaba a arrastrar las mantas con todo y el bebé hacia la ventana de la torre–. Perdóname, pequeño.
Bolt llevó al infante hasta la orilla de la torre. Mientras lo iba haciendo, por su cabeza rondaban mil preguntas. ¿En qué momento hacer algo así era justificado?, ¿en qué momento algo noble se volvía algo corrupto?, ¿en que momento una vela se convertía en un incendio?, ¿una ola en un tsunami?, ¿la razón en la culpa?
¿Una persona en un monstruo?
–Perdóname.
Bolt, con los ojos empezándole a lagrimar, apretó los dientes y se alzó para colocar las mantas y su contenido sobre el borde de la torre. Una vista bella se alzaba frente a él, la ventana apuntando hacia fuera de la muralla, en sentido contrario a donde la masacre estaba ocurriendo. El cachorro soltó un pequeño gemido incoherente, como el de todo bebé, y el pastor suizo desvió la vista. Si lo veía demasiado tiempo, se le tentaría el corazón y no lo terminaría de hacer. Decidiendo no perder más tiempo, optó por simplemente hacer lo que tenía que hacer e irse de ahí.
Así que empujó al cachorro por la ventana de la torre.
–Perdóname.
Ni siquiera pudo ver lo que acababa de provocar, eligiendo cerrar los ojos y dar un par de pasos para atrás. La guerra estaba terminando, los barcos lo esperaban para volver a casa, y una vez de regreso, podría ver a Mittens y a Marcus de nuevo. ¿Pero por qué había tenido que llegar a esto?
¿En qué momento una persona se convierte en un monstruo?
–Perdóname.
Si bien no se dignó a ver, Bolt se quedó junto a la orilla de la torre hasta que escuchó el impacto contra el suelo. Seguro de que eso significaba que el trabajo estaba hecho, sin asomarse de nuevo, se dirigió de regreso hacia las escaleras, más que listo para dejar esta horrible guerra atrás, y con el corazón pesándole inmensamente.
–Soy solo un can.
