Te sorprenderán muchas cosas sobre mí | Silvestre/¿Tweety?
Resumen: En el que Silvestre conoce a su nuevo "compañero" de dormitorio, pero no todo es como parece.
Advertencia: Genderswap
Los estudiantes llegan uno tras otro a Acme Academy, conociendo a sus nuevos compañeros, instalándose en sus nuevos dormitorios y memorizando sus nuevos horarios. Uno de ellos se encontraba organizando su nuevo dormitorio él solo, tenía entendido que tendría un nuevo compañero este año, pero aún no llegaba para conocerlo.
Silvestre James Pussycat es un chico alto de cabello negro y ojos verdes, inteligente, bromista y terco en ocasiones. Había compartido dormitorio con Wile E. Coyote desde hacía dos años, pero Wile E. había recibido una sanción al final del año por experimentar con dinamita dentro de la habitación, así que lo habían sentenciado a un dormitorio individual cerca de las oficinas, donde el director podría vigilarlo. Así que Silvestre tendría un nuevo compañero, uno que, con suerte, no usará dinamita cerca de sus cosas.
Pero no se imaginaba que la dinamita sería el menor de sus problemas cuando lo conociera.
Una melodía sacó a Silvestre de sus pensamientos y se dirigió a tomar su celular y mirar el contacto antes de responder.
—¡Hola, Lucas! ¿cómo vas? —Silvestre cecea igual que Lucas, y aplica cierta fuerza al pronunciar la 'R'.
—Todo genial, te perdiste la diversión, Bugs montó tremenda escena de celos porque un chico nuevo dijo que Lola era "ardiente".
Silvestre rio.
—Sí, suena como algo que haría Bugs.
—Y que el pobre chico de gracias que fue Bugs y no la misma Lola quien lo escuchó, no podría iniciar el año escolar con las heridas.
—(¡Lucas te estoy escuchando!) —se escuchó una tercera voz al otro lado del celular.
Por el acento, Silvestre supuso que la voz era del chico nuevo en cuestión, lo cual lo hizo reír aún más. Lucas no cambia.
—Hermano, ¿ya estás aquí? —preguntó Lucas— Bugs me abandonó con el wawanatas y el chico nuevo, vamos al comedor.
—(¡OYE!) —exclamó Elmer enojado.
—Ya llegué —respondió entre risas—. Solo acomodaba un poco mi habitación, pero de todas formas tendré que esperar a que llegue mi nuevo compañero para dividir los estantes, así que saldré un rato, espérenme allá.
—¡Excelente!
Silvestre terminó de guardar sus cosas, tomó su celular, su horario de clases para repasarlo durante el día, se puso una chaqueta negra y salió del dormitorio. En el pasillo se cruzó con un chico bajo y delgado, traía unos gruesos lentes de pasta, un gorro de lana gris y ropa deportiva que parecía ser dos tallas más grandes que él. No se dijeron nada, ni siquiera sabía si lo había visto, pero le causó curiosidad por alguna razón.
—Así que, Taz, juegas fútbol americano —preguntó Silvestre con interés— ¿eres bueno?
Estaban en el comedor, un espacio al aire libre lleno de mesas y bancas para hacer agradables las comidas, con un área cubierta destinada para los días de mal tiempo. Elmer estaba intentando ayudar a Taz a integrarse, así que inició una conversación acerca del australiano.
—Sip —respondió Taz—. Era capitán en mi otra escuela, me llamaban "El demonio de Tazmania", así, con 'Z'.
—Genial, tal vez la escuela por fin logre una victoria en deportes este año —dijo el ojiverde.
—¡Claro que lo hará! —intervino Lucas— Este año finalmente tienen al mejor capitán de Lacrosse que haya tenido Acme Academy —culminó con una sonrisa egocéntrica y señalándose a sí mismo con el pulgar.
Taz levantó una ceja, mientras Elmer y Silvestre solo miraron a su amigo con una expresión de cansancio. La verdad es que ya se había tardado mucho en llevar la conversación a su tema favorito: Él mismo, arrogante, entrometido y torpe, pero así se ama.
—No le pwrestes atención a Lucas, si le das demasiada se le sube al cerebrwo —le dijo Elmer a Taz—, nosotros ya estamos acostumbrados.
—Sí, no te preocupes, ya me estoy acostumbrando a su personalidad —rió Taz, ya había entrado en confianza—. Y, aparte del "rey del lacrosse" aquí presente —dijo señalando a Lucas, quien fruncía el ceño fuertemente— ¿ustedes qué practican?
—Elmer es subcapitán del equipo de tiro, y yo estoy en el equipo de soccer —respondió silvestre por ambos, mientras daba un sorbo a su malteada.
Los estudiantes de Acme saben que la escuela no es líder en deportes, a pesar de tener buenos equipos, pero el director planea cambiar eso este año, así que ofreció varias becas deportivas a estudiantes extranjeros con intención de mejorar un poco el desempeño deportivo de la institución.
Silvestre perdió el enfoque de la conversación mirando su lista de materias y notó que había algunas opcionales que no recordaba haber solicitado cuando se inscribió, pero no tuvo tiempo de procesarlo porque levantó la vista y vio al mismo chico de antes, alguien en otra mesa le estaba señalando la suya y comenzó a caminar hacia ellos, traía una carpeta en las manos.
"¿Quién será?" se preguntó mientras el chico se detenía frente a ellos.
—¡Hola! Disculpen, ¿quién de ustedes es Silvestre? —su voz era extraña.
—¿Quién quiere saber? —preguntó él a la defensiva.
—Ehm, no quiero sonar grosero, pero los chicos de la otra mesa me dijeron de tu forma de hablar así que, supongo que eres tú —dijo el chico con nerviosismo.
—Rayos... —debió dejar que respondiera alguien más— Soy yo, ¿por qué?
—Oh qué bien —el chico extendió la mano y Silvestre la estrechó—. Mi nombre es Piolín Bird, soy tu nuevo compañero de dormitorio.
—Ya veo —claro, por eso se dirigía en dirección contraria hace rato. Bueno, ahora sabía quién era—. Y ¿qué necesitas?
—Dejaste tu horario y lista de materias en el dormitorio, así que creo que tomaste la mía —dijo sacando el horario de Silvestre de su carpeta.
Este no pudo evitar poner cara de tonto cuando entendió la situación. La academia normalmente deja los horarios e información de cada estudiante en su dormitorio y en el suyo había dos de esos. Seguramente lo tomó sin pensar, eso explicaría algunas cosas.
—Aahh eso explica por qué no recordaba haber solicitado el curso de manejo de la ira —ambos intercambiaron los horarios y se rieron al respecto.
—Supuse que te darías cuenta tarde o temprano, pero necesitaba mi lista de materias para cambiar algunas cosas... Como el curso de manejo de la ira que solicitó mi abuela por mí —dijo el chico del gorro riendo.
Todos en la mesa se rieron de eso. La expresión del pelinegro ya se había suavizado, así que Piolín sintió un poco más de confianza hacia él, de hecho, le parecía agradable. Tal vez a esto se refería su abuela cuando le dijo que "tuviera un poco de malicia" con respecto a los extraños, le era fácil confiarse.
—Eso también tiene sentido —Lucas se unió a la conversación—. Con todo respeto, no pareces alguien que necesite clases de manejo de la ira.
—Les sorprenderían muchas cosas sobre mí —respondió sonriente—, digo, mi abue lo solicitó por alguna razón.
—Por cierto, ya que alguien solo se presentó a sí mismo —dijo el moreno levantándose y ofreciendo su mano para estrechar la de Piolín y señaló a sus amigos—. Elmer, Taz, y yo soy Lucas, capitán del equipo de lacrosse y líder de los Looney Tunes, el grupo más exclusivo de la academia.
Elmer y Silvestre rodaron los ojos, era obvio que Lucas veía en Piolín a alguien nuevo a quién molestar, pero ya se estaba pasando de creído por hoy.
—Creí que nuestro líder era el wonejo —replicó Elmer, aunque no parecía agradarle ese hecho.
—¿De quién soy líder? —y hablando del rey de Roma, Bugs llegó de la mano de Lola.
Silvestre notó cierta incomodidad en Taz, pero decidió concentrarse en algo que no llevara a una discusión... Más allá de lo que Lucas fuera a provocar... Y procedió a solo presentar a su nuevo compañero con el resto.
—Chicos, él es Piolín, mi nuevo compañero de dormitorio. Piolín, ellos son mis amigos: Bugs Bunny, el verdadero líder de los Looney Tunes; la novia de Bugs y capitana de baloncesto, Lola; Elmer Fudd, subcapitán de tiro; Taz, un nuevo amigo y jugador de fútbol; y el Pato Lucas —los presentó a todos mientras Lucas fruncía el ceño, luego se dirigió a Bugs—. Lucas nos hablaba del increíble líder que eres y lo feliz que está de estar bajo tu mando —bromeó con una sonrisa maliciosa.
—Eres despreciable —le respondió el chico moreno, a lo que todos, Piolín incluido, se echaron a reír.
—Es un placer conocerte, Piolín, a ti también, Taz, los chicos no nos presentaron bien antes —dijo la rubia, sonriendo a ambos.
—Igualmente, Lola —respondió el más bajo, Taz solo le sonrió.
—¿Ya tuviste las pruebas de baloncesto? ¿Cómo es el nuevo entrenador? —preguntó Silvestre.
—Exigente —Lola hizo una mueca—, pero hace bien su trabajo, supongo. Sigo siendo capitana.
—Eso es wueno, yo aún dudo de si mantendré mi puesto, las pruebas de tiro son mañana —expresó el calvo—. Las de soccer también ¿No?
Silvestre asintió. Sinceramente estaba concentrado en mirar de reojo a su nuevo compañero, había algo en el chico que lo intrigaba mucho, algo en él es diferente a los demás. Físicamente hablando, tal vez era su forma de vestir o de hablar, o de caminar, o los rizos rubios que sobresalen apenas de su gorro de lana... También era mucho más bajo que él y sus rasgos parecían tan delicados, casi... femeninos.
—Puedes estar tranquilo, Elmer, mientras yo no haga la prueba nadie te bajará de tu puesto —dijo Bugs con un ademán burlón, ante lo que Elmer rió sin gracia, dándole algo de razón—. Oigan darán películas en las salas de proyección por la tarde, Lola y yo nos dirigimos allá ¡Vamos todos! ¿Piolín, te unes?
Piolín también estaba mirando de reojo a su compañero, pero no por la misma razón. Sin embargo, reaccionó a tiempo para responder.
—Ahm, no puedo, lo siento. Tengo las pruebas de Lacrosse en un rato.
No por primera vez, Piolín intrigó a Silvestre.
—¿Tu juegas Lacrosse? —le preguntó.
—Te dije, te sorprenderían muchas cosas sobre mí —respondió Piolín.
—Ah, tú eres el nuevo del que habló el entrenador —dedujo Lucas—, el que viene de Londres.
—Ese mismo —respondió el rubio—. Vine por una beca, pero el entrenador no me ha visto jugar así que debo hacer la prueba.
—Pues yo también tengo que ir allá así que, ¿Por qué no vamos todos y después vemos la película? —propuso el moreno.
—Me gusta la idea —dijo Lola, a lo que todos estuvieron de acuerdo.
Los chicos se levantaron de la mesa y comenzaron a caminar hacia la cancha de Lacrosse, los vestidores estaban cerca así que Lucas y Piolín podrían cambiarse tranquilamente.
Mientras caminaban, Silvestre no podía dejar de pensar en que había algo extraño en su nuevo compañero que no lograba descifrar, pero tenía el presentimiento de que lo haría pronto. Además, le tenía un poco incómodo que lo había descubierto mirándolo varias veces, además su forma de caminar y su voz le empezaban a dar escalofríos, se estaba volviendo perturbador, no se imaginaba cómo sería compartir el dormitorio.
Piolín, por su parte, intentaba apartar la mirada de Silvestre, pero le era difícil, sus brillantes ojos verdes le habían atrapado... Pero debía contenerse, no podía arriesgarse a que alguien se dé cuenta, nadie debe saber...
Bugs, Lola, Elmer, Taz y Silvestre se fueron a la sala de proyección después de ver la práctica de lacrosse desde las gradas. Se asombraron al ver que Piolín era realmente bueno jugando, su pequeño tamaño lo hace bastante escurridizo por lo que esquiva bastante bien, es muy rápido, tiene buena puntería y una fuerza que no debe ser natural para su cuerpecito.
En un momento Lucas se acercó a ellos y les dijo que podían irse a ver películas, el entrenador quería que practicaran un rato más con los nuevos integrantes del equipo. Estaba emocionado por sus nuevas responsabilidades como capitán, así que no le molestó perderse nada.
—Vaya, el pequeño es bueno —dijo Bugs mientras se dirigían de regreso a sus dormitorios—. Siento pena por él, ahora Lucas será un verdadero dolor en su trasero.
—Y que lo digas —respondieron los demás al unísono.
Llegando al jardín que divide el edificio de las chicas del de los chicos, todos se despidieron y se fueron en direcciones diferentes. Silvestre caminaba escuchando música en sus auriculares cuando llegó a su dormitorio, por encima de la música escuchó la regadera y otra canción, supuso que Piolín se estaba duchando y que había puesto su propia música. Tal vez en otra circunstancia habría sido normal, pero Silvestre tenía un extraño presentimiento.
Llevaba toda la tarde pensando en su nuevo compañero, en eso extraño que tiene y que aún no logra identificar. Al principio no le dio importancia, pero comenzó a ver alrededor de la habitación y quedó un poco desconcertado. En el lado de Piolín había lo que se imaginó que habría, libros escolares, equipo deportivo, una laptop (encendida, por cierto), nada fuera de lo común. Pero al ver con más detalle pudo ver cosas que ni él ni Wile E. hubieran tenido a la vista.
Cosas como novelas de romance, discos de boy bands, bolígrafos de brillantina rosa, los stickers de su laptop eran principalmente flores y no quería ser prejuicios, pero había uno que decía "Girl power" y eso no le parecía tan común que digamos. La canción "I saw de Sign" que escuchaba levemente por encima de sus auriculares también le estaba preocupando.
De repente llegó un mail a la laptop, casualmente la bandeja de entrada estaba abierta. El ojiverde se sintió atrevido, miró a la puerta del baño por seguridad y luego al mensaje en la pantalla.
Abue: "¿Cómo te fue en las pruebas, mi niña?"
Se quedó helado... Debía ser solo la confusión, tal vez un error de topografía porque no hay manera de que la abuelita de Piolín se equivocara y llamara "mi niña" a su nieto varón... ¿O sí?
Todo se empezó a conectar en la mente de Silvestre, su voz, su caminar, su forma de hablar y lo delicado de su rostro (y sí, lo observó por más tiempo del que debería), su ropa ancha, sus cosas, el hecho de que no se haya duchado en los vestidores como el resto del equipo, su selección de música...
—Ahora que lo pienso —se quitó los auriculares.
Ahora que podía escuchar claramente no solo se dio cuenta del agua corriendo, incluso del momento en el que cerró la llave, también se percató de que Piolín no había puesto música en el baño, estaba cantando. Con una voz muy femenina debía decir.
—Esto no se hace, esto no se hace, esto no se hace...
No logró convencerse, rápidamente tomó la llave de emergencia de la pared y abrió sin pensar la puerta del baño, lo que vio lo dejó aún más helado, pero como ya se lo esperaba, no gritó. Sin embargo, no pudo evitar soltar un jadeo de sorpresa y, tal vez, de admiración.
Frente a él estaba una chica de cortos rizos rubios, su cuerpo pequeño pero en forma estaba cubierto con una toalla que no podía ocultar sus delicadas curvas, que por cierto pudieron haberlo matado. La chica tampoco gritó, estuvo en shock por un minuto al igual que él, pero logró volver a la realidad para suplicar su silencio, no sin antes reclamarle.
—¡Silvestre! ¿Cómo se te ocurre entrar así? ¡Estás loco!
El chico seguía procesando la situación. "Así que esa es su voz real".
—Yo... Yo no —reaccionó— ¿Yo estoy loco? El que debería reclamar ahora soy yo ¿Quién eres? ¿Cómo es que eres una chica?
—No no no —Piolín se acercó y le cubrió la boca con una mano—, por favor, Silvestre, no grites, te juro que todo tiene una explicación.
—Pues que bueno porque vamos a necesitarla, Piolín, si es que ese es tu nombre.
La chica no pudo responder eso, pero era obvio que ambos estaban al borde de un ataque de pánico.
—La hay, en serio, pero por favor no le digas a nadie, te prometo que te explicaré todo —la chica de ajustó la toalla, no necesitaba mostrarle más de lo que ya había visto—, déjame vestirme y te contaré todo. Por favor.
Silvestre, muy en el fondo, sintió pena por ella. No iba a negar que pensó que podría sacarle provecho a esta situación, pero al verla tan desesperada decidió ceder por ahora, vio a su alrededor y notó que la chica tenía su ropa preparada, obviamente pensaba vestirse en el baño. Le dio una oportunidad.
—Tienes diez minutos —dijo intentando calmarse—, y más te vale que la explicación valga la pena ¿Oíste?
—No estoy segura, pero al menos puedo hacerte entender mi situación... Me vestiré y saldré, por favor confía en mí y no le vayas a decir a nadie en esos diez minutos.
Silvestre asintió y salió del baño, cerrando la puerta tras de sí. Pero antes la miró a los ojos por primera vez ese día, ahora que no llevaba lentes pudo notar que sus ojos eran azules, y que estaban llenos de miedo.
—Te dije que te sorprenderían muchas cosas sobre mí...
La chica suspiró profundamente una vez la puerta se cerró, notó que Silvestre estaba impactado, más no sorprendido, lo que significa que algo de ella misma la había delatado. Tal vez debió guardar sus cosas antes de bañarse, o no debió cantar tan fuerte, sabía que había metido la pata, pero no se esperaba que su compañero entrara por la fuerza mientras ella se bañaba.
—Bueno... Ya no hay de otra...
Definitivamente debía hacerle caso a su abuela en eso de la malicia.
La chica salió del baño vestida con una sudadera amarilla, un short deportivo y calcetines naranjas. Toda su ropa era masculina, más grande que su cuerpo, sin maquillaje, de no ser por su cabello y si no la hubiese visto semidesnuda hace un rato, Silvestre no podría definir si su cuerpo era el de una chica o el de un chico. La verdad es que su apariencia engaña bastante. Pero ahora él sabía la verdad, y necesitaba respuestas.
Aunque, si tenía que admitirlo, la chica le parecía muy, muy linda.
Ella se sentó en su cama, él en la silla del escritorio junto a esta. Se miraron en silencio por más tiempo del que les era cómodo hasta que finalmente el chico inició el interrogatorio.
—Okay, voy a necesitar tres respuestas: ¿Quién?, ¿Por qué?, Y ¿Qué? —dijo Silvestre enumerando con sus dedos.
—¿De qué estás hablando? —preguntó la rubia confundida.
—Lo sabrás cuando lleguemos a cada una —la mirada del ojiverde era dura otra vez... pero tan bonita—. Primero lo primero, ¿Quién eres? Y quiero detalles, necesito saber qué de lo que has dicho hoy es verdad y qué no lo es
Ella suspiró, era ahora o nunca.
—Mi nombre es Tweety Bird —comenzó, evitando la mirada del chico frente a ella—. Piolín era el nombre de mi padre. Tengo 17 años, soy de Inglaterra, quedé huérfana a los 2 años y fui criada por mi abuela, no tengo más familiares. Era capitana de Lacrosse en mi otra escuela, pero en un equipo femenino, por eso logré conseguir la beca.
—Eso explica este mensaje —dijo él mientras le mostraba la pantalla de la laptop con el mensaje de su abuela—. Esto fue lo que me hizo entrar al baño de golpe.
Tweety se golpeó la frente con la palma, no debió dejarla encendida, y tal vez debió decirle a su abue que hablaran en código o algo así.
—Delatada por mi abuela, quién diría.
Ya sabía un par de cosas, como que su abuela era real, su nacionalidad también, su apellido, su edad y lo de la beca. Pero necesitaba saber mucho más.
—Segundo —Silvestre levantó dos dedos—. ¿Por qué? La academia es mixta, no entiendo por qué fingir ser hombre para entrar.
Aquí viene lo más complicado.
—No hay equipo femenino —dijo ella en voz muy baja.
—¿Disculpa?
—Soy jugadora de lacrosse —explicó Tweety más claramente—, ya no podía pagar mi matrícula en mi otra escuela, así que comencé a buscar becas para poder seguir mis estudios. Resulta que mi abuelita estudió aquí cuando la academia se fundó —sacó de un cuaderno una foto de una joven vestida como en los años 50's y se la mostró a Silvestre—, ya te imaginarás hace cuánto, y el hijo de uno de sus ex compañeros de clases es amigo del actual director, él me dijo que podría conseguirme la beca, pero había un problema...
—La academia no tiene equipo femenino de lacrosse —terminó Silvestre por ella, comenzaba a comprender.
—Exacto. A este tipo se le ocurrió que podría entrar... Si me hacía pasar por hombre, me consiguió todos los documentos necesarios, sólo debía esforzarme por no parecer una chica y usar el nombre de mi padre —contó ella con un encogimiento de hombros.
—Y ¿No se te ocurrió que podría pasar... pues... esto? —el pelinegro señaló entre ambos, resaltando el hecho de que la descubrió.
—Mi abuela y yo lo analizamos, practiqué mucho, busqué la ropa adecuada, modulé mi voz, la verdad no nos gustó del todo la idea, pero no tenía muchas opciones —suspiró—. Imaginé que quien fuera mi compañero se iba a dar cuenta tarde o temprano, no imaginé que tan temprano.
—Admito que no lo habría descubierto de no ser yo, Lola dice que soy muy chismoso y de todo me doy cuenta —Silvestre se rascó la nuca con nerviosismo—, de no haber visto algunas de tus cosas, y era inevitable porque también es tu cuarto, probablemente no estaríamos teniendo esta conversación.
—Sí, recuérdame no volver a cantar en el baño ni dejar mi laptop encendida —la ojiazul rio igual de nerviosa.
—Oh, por favor no dejes de cantar —se apresuró él—, tienes... una voz muy linda.
Tweety se sonrojó. Algo le decía que esa sonrisa felina y esos ojos verdes iban a ser su perdición.
—Solo una cosa, no quiero ser entrometido, pero ¿De verdad no tenías otra opción? Digo, no te será nada fácil esconderte hasta la graduación —no es que a Silvestre le importara, pero...
—Fue la mejor que se nos ocurrió —respondió Tweety con un suspiro de tristeza—, es conveniente porque si estoy aquí mi abuela no debe preocuparse por cubrir mis gastos básicos, tal vez consiga un trabajo de medio tiempo aquí mismo si necesito algo más, ella puede sostenerse con su pensión y no es precisamente inútil, a veces hace trabajos de costura y esas cosas que hacen las abuelas—rio sin ganas.
—¿Por qué no trabajar a medio tiempo allá?
Okay, esta pregunta molestó a Tweety, claro que debió esperarlo de una escuela de prestigio como Acme, llena de niños mimados.
—¿Has intentado trabajar y estudiar al mismo tiempo? —exclamó mordazmente— yo también quiero vivir mi vida —respiró hondo cuando se dio cuenta de que estaba perdiendo los estribos—. Trabajé durante un año en una tienda de mascotas para pagar mi matrícula, pero el cansancio y la falta de tiempo para entrenar hicieron que mi desempeño en deportes disminuyera, incluso mi entrenador se ofreció a pagar mis últimos meses de escuela con tal de dejar mi trabajo... Pero aun así era difícil mantenernos, por eso nos pareció una buena idea la beca, son muchos gastos menos.
—Lo lamento —dijo el chico avergonzado—, no fue mi intención ofenderte solo... Ya te dije, soy chismoso, me daba curiosidad saber un poco más de tu vida.
—La curiosidad mató al gato, Silvestre —ella aún tenía una mirada asesina en sus ojos.
"Debe reconsiderar lo del manejo de la ira" —pensó él.
—Última pregunta curiosa, lo juro —el jugador de soccer levantó la mano con miedo.
—Adelante —ella se frotó las sienes.
—No es que dude de tu juicio, pero ¿de verdad lo pensaste bien? —preguntó con sinceridad— Digo, este año es una cosa, pero ¿y la universidad? ¿No será raro que Tweety solo haya estudiado hasta penúltimo año, Piolín se haya graduado, pero sea Tweety quien aplique para una carrera? O ¿Qué tal si el entrenador te ofrece una beca universitaria en lacrosse? No puedes ser Piolín por siempre.
Era una buena pregunta, y esta vez su respuesta estaba preparada.
—Por eso no te preocupes —dijo ella sacudiendo la mano—. El amigo del director se encargará de todo, solo debo esforzarme por tener buenas calificaciones, ser buena en la cancha y que no me descubran. El plan es revelarlo él mismo en el último momento, de tal forma que conmueva al director y me permita graduarme y entrar en una universidad siendo yo misma. Además, no pienso estudiar nada que tenga que ver con deportes, quiero ser veterinaria.
Había algo en el plan que preocupaba a Silvestre, pero supuso que este "amigo del director" era alguien de confianza así que eligió hacerse el que no le importaba y desviar el tema.
—Entonces te afectó trabajar con animales —sonrió, ella también—, con todo lo de la beca creí que querrías dedicarte al lacrosse.
—Amo trabajar con animales, tal vez incluso más que el lacrosse —sus ojos azules brillaron—. ¿Sabes cuando tienes más de una pasión, y sabes que quieres hacer ambas cosas, pero si tienes que elegir ya sabes cuál es? Para mí es la veterinaria —explicó—. Además, hay un momento en el que ya no puedes dedicarte a los deportes, pero, si soy como mi abue, podré dedicarme a los animales hasta dentro de mucho tiempo.
Ambos rieron, sabiendo (o en el caso de Silvestre, suponiendo) la edad de la abuela de Tweety.
—Te entiendo, yo amo el soccer, pero no quisiera dedicarme a ello, tal vez por eso nunca he intentado subir de rango en el equipo. La verdad quisiera... Eh olvídalo —se interrumpió al darse cuenta que estaba a punto de revelar algo muy personal.
—No, ¿Cómo que lo olvide? Cuéntame.
—No, Tweety, no quieres saber.
—Te acabo de contar mi vida, merezco algo a cambio.
—Podría darte algo más a cambio —una almohada se estrelló con su cara, tal vez fue muy pronto para coquetear—. Okay, te diré... Quiero ser escritor.
Tweety se sorprendió, no imaginaba a Silvestre como escritor, aunque acaba de conocerlo, seguro habría mucho más de él por descubrir. Comenzaba a agradarle, mucho más que por su encantadora sonrisa y sus brillantes ojos, no había notado que su cabello estaba casi a la altura de ellos hombros ¿Siempre tuvo ese mechón blanco en el cabello?
—Si me sigues mirando pensaré que te burlas —la voz grave de su compañero la devolvió a la realidad.
—Lo siento, lo siento. Es que no me esperaba esa respuesta, pero ahora que lo pienso me parece genial que quieras ser escritor —Tweety lo vio reír sin gracia, no se lo estaba creyendo—. Es en serio, es más, quiero ser la primera en tener cada uno de tus libros.
Él sonrió, genuinamente esta vez. Regla número 1 de los Looney Tunes: no importan los gustos ni elecciones del resto, a pesar de las bromas, siempre se apoyan. Tal vez estaba delante de una nueva Looney.
—Gracias —dijo con un sonrojo.
Hubo un silencio incómodo. Aún faltaba algo por hablar y fue Tweety quien decidió abordarlo.
—Entonces... Ya sabes mi historia, y el por qué hago lo que hago. Si alguien se entera no solo perderé la beca, me expulsarán y perderé cualquier oportunidad que pueda tener en este momento —ella juntó sus manos a modo de súplica—. ¿Puedo confiar en ti para guardar mi secreto?
Si les preguntan a los amigos de Silvestre, dirán que por dentro es sensible y leal, pero también está lleno de maldad y le gusta aprovecharse de las situaciones, si no hay beneficio para él, no lo vale.
—Mmm no lo sé —comenzó haciéndose del rogar.
—Por favor, Silvestre, podríamos solo empezar de cero ahora que sabes todo, te lo ruego.
—Me gusta que me rueguen —esa sonrisa felina de nuevo—, pero recuerda que aún falta la última de las tres cosas que necesito que me respondas, la más importante en mi opinión —levantó tres dedos— ¿Qué gano yo a cambio de mi silencio?
—Que no te saque los ojos mientras duermes.
Definitivamente la haría tomar ese curso de manejo de la ira. La forma tan tranquila y seria en la que Tweety dijo eso le hizo pensar que tal vez fue demasiado para ella, tal vez solo debió aceptar y ya. De hecho, pensó también que mantener sus ojos en su cabeza era ya suficiente beneficio, y la idea de empezar de cero no le pareció tan mala.
—Silvestre James Pussycat, encantado —como si no estuviera aterrado, el chico extendió su mano, que ella estrechó con gusto.
—Tweety Bird, es un placer conocerte —sonrió satisfecha—. Y por favor, en público llámame Piolín.
—Será un placer, Piolín... —de pronto se sintió atrevido de nuevo—. Oye, ahora que sé que eres una chica —ella lo cortó.
—Para tu tren, gatito, no saldré contigo —la jugadora de lacrosse se levantó y comenzó a organizar el desastre que la había delatado.
Auch. Qué directa.
—¿Q-q-quién quiere salir con quién? Yo n-no iba a decir eso —Silvestre no iba a admitir jamás lo avergonzado que estaba, en lugar de eso se concentró en sus propias inseguridades y las razones por las que lo rechazaba antes de preguntar—... Es por mi ceceo ¿Verdad?
Tweety soltó una carcajada, que debe ser la risa más hermosa que Silvestre ha escuchado en su vida.
—No, no es por tu ceceo, ni por tu curiosidad suicida, ni por el atrevimiento que tomaste de entrar al baño mientras me duchaba —enumeró la rubia mientras se sentaba de nuevo en su cama con un libro.
—Ya me disculpé por eso —dijo él aún más avergonzado— ¿O no?
—No, pero lo dejaré pasar —la chica abrió el libro en donde estaba marcado antes de mirar a su compañero—. No saldría contigo ni con nadie porque no lo tengo permitido, no eres tú, créeme.
—¿Por qué no te lo permiten? —preguntó.
—¿Cómo sales con alguien sin que los demás se den cuenta de que no eres quien dices ser? —preguntó ella retóricamente— Nada que pueda exponer en lo más mínimo mi identidad está permitido.
—Claro, entiendo, tienes que cuidarte. Supongo que puedo aceptar eso, y te prometo que te ayudaré en lo que necesites —le dio una sonrisa encantadora.
—Gracias, gatito curioso —tal vez era la melodiosa voz de Tweety, pero le encanta escuchar ese nuevo apodo de ella.
—Por nada —respondió él—... Entonces... ¿No es por mí?
—Silvestre no sé por qué lo hago, pero pienso que necesitas escuchar esto —Tweety puso su libro a un lado para enfocarse en el chico frente a ella—: eres lindo ¿Entiendes? No te rechazo por ti, sino porque no tengo más opciones. Y estoy segura de que hay miles de chicas que no te rechazarían.
Eso fue suficiente para inflar el ego de Silvestre. Le dio igual el discurso motivacional, solo se concentró en "eres lindo". Esto bastó para que se sintiera atrevido otra vez.
—¿Significa que, hipotéticamente hablando, si nos conociéramos en condiciones diferentes... aceptarías mi invitación? —el pelinegro sonrió pícaramente.
—¿La pregunta que no hiciste? —respondió Tweety sarcásticamente, finalmente se puso cómoda y comenzó a leer su libro.
O intentarlo.
—Solo responde, saldrías conmigo en otras circunstancias ¿Sí o no? —insistió.
—Silvestre, déjame leer.
—Eso no fue un no.
—Agh, debí pedir una habitación individual.
—¡Estás sonriendo! Puedo ver tu linda sonrisa.
Así, entre coqueteos y carcajadas, terminó el primer día de clases de Acme Academy. Estos dos roomies no sabían que el año sería tan duro como interesante, no sabían todo por lo que tendrían que pasar. Pero Silvestre estaba seguro de algo: con Tweety durmiendo en la misma habitación que él, no extrañaría para nada a Wile E.
Hoy en "parejas sacadas de la más recóndita nada": No saben las ganas que tengo de escribir mucho de estos dos, así que por aquí empezamos.
Hay algo en Silvestre y Tweety que me dice que si Tweety fuera una chica se gustarían en serio, y nada me va a sacar de esa idea!
En fin, espero que les haya gustado, el siguiente es de Lucas!
Los leo en otro cap...
Purpurina ✨✨
