Maléfica estaba sentada en una esquina de la posada de Granny, revisando antiguos pergaminos y libros polvorientos en busca de alguna pista que pudiera ayudar a Regina. El ambiente era tranquilo, salvo por los murmullos de los clientes y el suave crepitar del fuego en la chimenea. Sin embargo, la calma fue interrumpida bruscamente por el fuerte portazo de la puerta de entrada. Levantó la vista y vio a Hook, tambaleándose, claramente ebrio.

-¿Qué demonios…?- murmuró Maléfica para sí misma mientras el pirata se acercaba a su mesa con pasos inseguros.

-¡Maléfica!- exclamó Hook, su voz arrastrada por el alcohol. -Necesito respuestas. ¡Necesito saber por qué no estás ayudándome a recuperar a Emma!

La rubia levantó una ceja, manteniendo la calma. -Pirata, estás borracho. No es el momento ni el lugar para esto.

.¡No me importa!- gritó Hook, golpeando la mesa con su garfio, haciendo que los vasos y pergaminos temblaran. -Tú prometiste que me ayudarías. Y aquí estás, perdiendo el tiempo mientras Emma está con… con Regina.

-Lo que Emma y Regina decidan no es asunto tuyo, Pirata- respondió Maléfica con frialdad. -Y tú lo sabes. Además, Regina necesita mi ayuda, así que retirate.

-¿Regina? ¿Otra vez Regina?- escupió Hook con desdén. -Siempre es Regina. ¿Y qué hay de mí? ¡Yo también necesito ayuda!

-Tu obsesión con Emma no te llevará a ninguna parte, Killian- dijo la dragona, tratando de mantener la compostura. -Debes aceptar que ella ha seguido adelante. Y tú también deberías hacerlo.

Hook se inclinó sobre la mesa, su rostro a pocos centímetros del de Maléfica. -No me digas qué hacer, dragona. Si no me ayudas, lo haré solo.

Maléfica suspiró, cansada de la conversación. -Haz lo que quieras, Hook. Pero no esperes que te apoye en tu cruzada personal.

Con eso, se dio media vuelta, enfocándose nuevamente en los libros y pergaminos frente a ella, sin percatarse de que Hook, en un movimiento rápido y furtivo, le robaba una muñequera de cuero que yacía en la mesa. El pirata se enderezó, ocultando su botín bajo su capa, y salió tambaleándose de la posada, dejando a Maléfica inmersa en sus estudios.

El bullicio en la posada volvió a su curso normal, pero la rubia no podía sacudirse la sensación de que algo estaba mal. Sin embargo, optó por ignorar el incidente por el momento, concentrándose en la información vital que necesitaba encontrar para ayudar a Regina.

Después de varios minutos, Granny se acercó a la mesa de Maléfica, notando la tensión en el ambiente. -¿Todo bien, querida? Ese pirata parecía bastante alterado.

Maléfica suspiró, frotándose las sienes. -Sí, Hook sigue aferrado a Emma y no entiende que ella ha seguido adelante. Es frustrante.

Granny asintió, con una expresión comprensiva. -El amor puede volver a la gente irracional. Espero que encuentres lo que buscas en esos libros.

-Gracias, Granny- dijo Maléfica, devolviéndole una pequeña sonrisa. -Espero que sí. Regina me necesita ahora más que nunca.

Mientras Granny se alejaba, la hechicera se sumergió nuevamente en los textos, decidida a encontrar una solución para la complicada situación de Regina. Pero en el fondo, no podía ignorar la creciente preocupación por lo que Hook podría estar planeando.

Emma se encontraba en la cocina de la mansión, con Hope sentada a su lado. Snow y David estaban al otro lado de la mesa, mirándola con preocupación. La salvadora jugaba nerviosamente con su taza de café, tratando de ordenar sus pensamientos.

-Es que no puedo creer lo rápido que ha pasado todo- dijo Emma, su voz temblando ligeramente. -Hace unos meses apenas empezaba a entender mis sentimientos por Regina, y ahora estamos esperando un bebé. Y su salud… simplemente no mejora.

Snow extendió una mano para apretar la de su hija. -Sabíamos que esta situación sería difícil, Emma, pero estamos aquí para apoyarte. Tienes que recordar eso.

David asintió, su rostro mostrando una mezcla de preocupación y determinación. -Lo que estás haciendo por Regina es lo correcto. Necesita tu fuerza ahora más que nunca.

Justo en ese momento, Neal, el hermano menor de Emma, entró en la cocina y sonrió al ver a Hope. -Hey, Hope, ¿quieres venir a jugar conmigo un rato? Dejemos que mamá y los abuelos hablen un poco.

Hope asintió con entusiasmo, saltando de su asiento para tomar la mano de Neal. -¡Sí, vamos a jugar!-Dijo mientras salían de la cocina.

La sheriff los observó salir antes de volver su atención a sus padres. -Lo sé, papá, pero no puedo evitar sentirme abrumada. Cada día parece que Regina se debilita más, y no sé cómo ayudarla.

Snow apretó la mano de Emma con más fuerza. -Hija, tienes que confiar en tu instinto. Has enfrentado situaciones imposibles antes y has salido adelante. Si crees que hay una manera de solucionar esto sin perjudicar a Amy, entonces debemos encontrarla.

David asintió de acuerdo. -Hemos superado cosas peores como familia. Podemos encontrar una solución juntos.

La rubia suspiró, frotándose los ojos con cansancio. -Gracias, de verdad. Me siento un poco más tranquila sabiendo que no estoy sola en esto.

Snow se inclinó hacia ella, con una mirada de comprensión. -Emma, ¿has pensado en qué puede estar causando que Regina se sienta tan débil? Sabemos que la magia combinada de ustedes dos y la presencia de Amy pueden estar afectándola, pero ¿hay algo más?

Emma asintió lentamente. -Eso es lo que sospechamos, mamá. La magia combinada de Regina y mía, más la presencia de Amy… todo esto está creando un desequilibrio. Maléfica cree que necesitamos devolver a Amy a su línea temporal para estabilizar a Regina, pero no quiero arriesgarme sin estar segura.

David se inclinó hacia adelante, con una expresión seria. -Emma, necesitamos considerar todas las opciones. Si Maléfica tiene razón y devolver a la niña es lo que necesitamos hacer para salvar a Regina, entonces tal vez debamos hacerlo ahora.

La sheriff se mordió el labio, luchando con la decisión. -No quiero hacer nada que ponga en peligro a la chica, pero tampoco puedo ver a Regina sufrir así. Estamos atrapadas en una situación imposible.

Snow acarició el brazo de su hija suavemente. -Emma, sea cual sea la decisión que tomes, estaremos contigo. No estás sola en esto.

Justo en ese momento, Amy entró en la cocina, su expresión preocupada. -Regina esta descansando, pero parece muy débil. No sé qué más hacer para ayudarla.

La salvadora se levantó rápidamente, dirigiéndose hacia la puerta. -Voy a verla. Gracias por cuidarla, Amy.

Snow se levantó también, dirigiéndose hacia Emma. -Vamos contigo, Hija. También queremos verla.

La rubia asintió y, junto a sus padres, se dirigió a la habitación donde Regina descansaba. La morena estaba pálida y frágil, una sombra de su antiguo yo. Emma se sentó a su lado, tomando su mano suavemente.

-Estoy aquí, Regina- susurró Emma. -Vamos a encontrar una manera de que te recuperes, te lo prometo.

La alcaldesa abrió los ojos lentamente, mirándola con una mezcla de amor y miedo. -Gracias, Emma… pero no puedo evitar estar asustada.

La salvadora le acarició el rostro con ternura. -Yo también estoy asustada, Regina. Vamos a encontrar una manera.

Snow y David observaban desde la puerta, sus rostros llenos de preocupación y esperanza. La situación era delicada.

-Vamos a necesitar toda la ayuda posible- dijo David finalmente. -Incluyendo a las hadas, a Maléfica… y cualquier otro recurso que podamos encontrar.

Emma asintió – Sé que la encontraremos.

Maléfica había llegado a la mansión con prisa, habiendo sido convocada urgentemente debido al estado de salud de Regina. En la sala de estar, la tensión era palpable. La alcaldesa, visiblemente debilitada, estaba sentada en un sofá, con Emma a su lado, sosteniendo su mano con firmeza. Amy estaba de pie cerca, con el ceño fruncido de preocupación.

La rubia mayor miró a todos con una expresión grave. -Necesitamos discutir cuándo podemos hacer el vórtice para enviar a Amy de vuelta, sin la participación de Regina. No podemos arriesgarnos a que su salud empeore más.

Regina, aunque débil, se incorporó ligeramente. -No. Yo estaré presente para ayudar. Es mi responsabilidad.

Emma y Maléfica casi gritaron al unísono, -¡No!- La salvadora continuó, su voz llena de preocupación. -Es demasiado peligroso para ti y para el bebé.

Amy, viendo la tensión en la habitación, intervino tímidamente. -Yo… yo también podría ayudar con la magia.

Maléfica se giró hacia la niña, considerando la idea por un momento. -Podría funcionar- dijo finalmente. -Desde mañana, empezaremos a entrenar tu magia. Regina no está en condiciones de hacerlo.

La sheriff frunció el ceño, claramente preocupada por la idea de dejar a Amy bajo la tutela de Maléfica. -¿Estás segura de que puedes cuidarla bien? Esto es muy riesgoso.

La hechicera asintió, su tono serio. -Te lo prometo, la cuidaré. Pero necesitamos actuar rápido. El estado de Regina es crítico y cuanto más tiempo pase, peor será.

Amy suplicó, sus ojos llenos de determinación. -Por favor, déjenme intentarlo. Quiero ayudarlas.

Regina suspiró, sintiéndose atrapada entre la necesidad de proteger a su hija y la urgencia de solucionar su propio problema de salud. -Está bien, Amy. Pero ten mucho cuidado.

Maléfica se acercó a la niña, colocando una mano reconfortante sobre su hombro. -Mañana comenzaremos. Necesitas estar preparada para lo que viene.

La salvadora miró a Regina y luego a la niña, su corazón apretado con la preocupación. -Confiaremos en ti. Pero si algo va mal, tendrás que parar inmediatamente.

La dragona asintió de nuevo. -Lo sé, Emma. Haremos esto con el mayor cuidado posible.

La alcaldesa, que parecía estar un poco mejor al haber estado en presencia de Emma durante unas horas, no había notado la mejora. Pero la rubia sí lo hizo, y una idea empezó a formarse en su mente. Quizás la combinación de nuestras magias no sea solo la causa del problema, sino también la solución pensó, pero decidió no decir nada por el momento.

-Entonces, está decidido- dijo Maléfica, tomando el mando de la situación. -Nos reuniremos aquí mañana por la mañana para comenzar el entrenamiento. Amy, prepárate. Necesitarás toda tu concentración.

La niña asintió con determinación, mientras Regina y Emma intercambiaban una mirada cargada de emoción y preocupación. El tiempo se estaba agotando, y cada segundo contaba.

En la mansión, el ambiente era una mezcla de preocupación y esperanza. En la cocina, Emma y Amy estaban ocupadas preparando la cena, mientras Hope corría alrededor jugando con sus juguetes. La rubia había trasladado todas sus cosas a la mansión, y aunque la situación era tensa, había una sensación de hogar en el aire.

En el salón, Regina y Maléfica estaban sentadas en el sofá, hablando en voz baja sobre la situación. La debilidad de Regina era evidente, pero su determinación no había disminuido.

-Mal- comenzó Regina, -¿Qué podemos esperar del vórtice? ¿Es realmente seguro para Amy sin tenerme ahí?

Maléfica suspiró, mirándola con seriedad. -Puede ser peligroso si no se maneja correctamente, pero he estado investigando todos los detalles posibles para asegurarnos de que funcione bien. Necesitamos estar preparadas para cualquier eventualidad, sin arriesgarte.

-¿Y qué pasa si algo sale mal?- preguntó Regina, su voz apenas un susurro. -No puedo soportar la idea de poner en peligro a mi hija.

-Es un riesgo- admitió Maléfica, -Pero cada día que pasa, tu salud se deteriora más. La combinación de tus magias con la de Emma y Amy está causando una inestabilidad. Si no hacemos algo pronto, podría ser demasiado tarde.

La alcaldesa asintió, entendiendo la gravedad de la situación. -Hemos pensado en muchas posibles soluciones. Tal vez podríamos intentar canalizar la energía de Amy de una manera que no afecte tanto mi estado.

La dragona frunció el ceño, considerando la idea. -Es posible. Pero requerirá un control extremo. Amy es poderosa, pero también inexperta. Podría ser difícil manejar su magia sin causar más daño.

-Entonces, ¿qué sugieres?- preguntó Regina, su tono lleno de urgencia.

-Podríamos usar un cristal de enfoque- respondió -Algo que pueda canalizar y estabilizar la energía de Amy. De esa manera, podríamos reducir el impacto en tu salud.

-¿Y dónde encontramos un cristal así?- La morena frunció el ceño, tratando de recordar si había alguno en su colección.

-Podría haber uno en la tienda de Gold- dijo Maléfica. -Aunque no me gusta la idea de meterme ahí, pero podría ser nuestra mejor opción.

Regina asintió, sabiendo que tendrían que considerar todas las posibilidades. -Está bien. Pero primero, necesitamos asegurarnos de que Emma y Amy entiendan lo que estamos haciendo. No quiero que tomen riesgos innecesarios.

La rubia asintió, entendiendo la preocupación de la reina. -Lo haremos con mucho cuidado. La salvadora y la niña necesitan saber exactamente lo que está en juego. No podemos permitirnos ningún error.

Mientras hablaban, el sonido de risas y el aroma de la comida llenaban la mansión. La sheriff y Amy estaban en la cocina, concentradas en preparar una cena que esperaban alegrara un poco a Regina.

Emma echó un vistazo a Hope, que jugaba felizmente cerca. -Amy, ¿puedes pasarme la sal?- pidió la rubia, tratando de mantener la conversación ligera para no preocupar a la niña.

-Claro - respondió la Amy, alcanzando el frasco de sal y entregándoselo a Emma. -¿Crees que Regina estará bien?

La sheriff sonrió, tratando de transmitir confianza. -Haremos todo lo posible para que así sea. Con tu ayuda, por supuesto.

La chica asintió, sus ojos brillando con determinación. -Haré lo que sea necesario. Quiero ayudarla.

En el salón, Regina y Maléfica seguían discutiendo los detalles del plan. -Entonces, veré que día puedo entrar a la tienda de Gold- concluyó Maléfica -Y sabremos si tiene el cristal de enfoque que necesitamos.

-De acuerdo- dijo Regina, su voz firme a pesar de su debilidad.

Pasaron algunos días y la rutina en la mansión Mills había cambiado significativamente. Maléfica había asumido el rol de mentora para Amy, enseñándole a canalizar y controlar su magia. Amy, con solo 13 años, mostraba una notable habilidad, pero también una comprensible inquietud.

En el jardín , Amy y Maléfica estaban sentadas en el césped. Frente a ellas, había varias velas encendidas, una simple pero efectiva herramienta para practicar el control mágico.

-Concéntrate, Amy- dijo la rubia con voz calmada pero firme. -Imagina la llama de la vela en tu mente. Siente su calor y su energía.

La chica cerró los ojos, intentando seguir las instrucciones de Maléfica. Sus manos temblaban ligeramente mientras extendía una hacia la vela más cercana. Lentamente, la llama comenzó a danzar, respondiendo a la voluntad de la joven.

-Lo estás haciendo bien- la alentó Maléfica -Ahora, trata de mantener la llama estable.

Amy respiró profundamente, intentando calmar sus nervios. -Es difícil- admitió. -Siento que la magia quiere salir de golpe.

-Eso es normal- respondió, sonriendo con comprensión. -La magia puede ser temperamental, especialmente cuando estás empezando. Pero con práctica, aprenderás a controlarla y usarla a tu favor.

La pequeña morena abrió los ojos y miró a Maléfica. -¿Cómo aprendiste tú a controlarla?

La rubia mayor se quedó en silencio por un momento, recordando su propio pasado. -Tuve a alguien que me ayudó. Pero también cometí muchos errores en el camino.

-¿Errores?- Amy frunció el ceño, interesada. -¿Qué tipo de errores?

-Intenté usar mi magia para cosas que no debía- confesó Maléfica. -Dejé que mis emociones controlaran mi poder, y eso me llevó a tomar malas decisiones. Pero aprendí de esos errores, y me hice más fuerte por ello, pero eso no pasó hace un par de años.

La niña asintió, asimilando las palabras de Maléfica. -Yo no quiero cometer errores que lastimen a nadie- dijo con determinación.

-No lo harás -aseguró Maléfica. -Ya estás haciendo un gran progreso. Lo más importante es que siempre pienses en las consecuencias de tus acciones y que uses tu magia con responsabilidad.

Amy volvió a cerrar los ojos, concentrándose de nuevo en la vela. Esta vez, la llama permaneció estable, bailando suavemente pero sin descontrolarse. Maléfica observó con satisfacción.

-Excelente - dijo con una sonrisa. -Cada día estás mejorando.

La ojos marina sonrió de vuelta. -Gracias, Maléfica. Sin tu ayuda, no sé cómo podría manejar esto.

-Es un placer ayudarte- respondió -Además, es importante para Regina que tú estés preparada. Tu magia puede hacer una gran diferencia.

Amy asintió, sintiendo la responsabilidad sobre sus hombros. -Haré todo lo que pueda para ayudar.

-Lo sé- dijo la dragona, colocando una mano en el hombro de Amy. -Y ellas también saben el esfuerzo que haces. Ahora, vamos a intentar algo un poco más avanzado.

Emma se encontraba junto a la ventana, observando a Amy y Maléfica en el jardín. La conexión que habían desarrollado le provocaba una mezcla de celos y frustración. Aunque sabía que la niña era su hija, no lograba sentir la misma conexión profunda que Regina parecía tener con ella. Amy le importaba, claro que sí, pero aún se sentía una extraña en su propia familia.

Regina, sentada en un taburete de la cocina con una taza de té en las manos, notó la expresión preocupada en el rostro de Emma. La alcaldesa, a pesar de su propia fatiga y preocupaciones, siempre estaba atenta a las emociones de la rubia.

-Emma, ¿qué ocurre?- preguntó la morena suavemente, sus ojos oscuros llenos de preocupación.

La rubia se giró, dejando escapar un suspiro. -Es… complicado.

Regina la miró con comprensión. -Complicado es nuestra especialidad. Cuéntame.

La salvadora dudó por un momento, buscando las palabras adecuadas. -Es sobre la chica y Maléfica. Siento que… que no estoy conectando con ella como debería. Amy parece estar tan cómoda con Maléfica y yo… simplemente no sé cómo acercarme a ella.

La alcaldesa asintió lentamente, comprendiendo el dilema de la sheriff. -Es normal sentirte así, Emma. Todo esto ha pasado muy rápido. Un día estábamos intentando entender nuestros propios sentimientos, y al siguiente tenemos una hija del futuro y un bebé en camino.

La rubia asintió, pero la preocupación en sus ojos no desapareció. -Siento que debería sentir más… no sé, más conexión, más cariño natural. Pero me siento… fuera de lugar.

Regina tomó un sorbo de su té, reflexionando. -Esos sentimientos no hacen que seas una mala persona o una mala madre, Emma. Amy ha pasado por muchas cosas también, y es normal que se acerque a quien puede ofrecerle un entendimiento inmediato de su situación, como Maléfica.

La rubia frunció el ceño. -Pero yo soy su madre. Se supone que debería estar más conectada con ella.

La alcaldesa se levantó y se acercó a la sheriff, colocando una mano reconfortante en su brazo. -Emma, ser madre no es algo que se haga de la noche a la mañana, tú debes saberlo mejor que nadie. Requiere tiempo, paciencia y, a veces, más esfuerzo del que imaginamos. Pero eso no significa que no puedas llegar a tener esa conexión. Es un proceso, como lo tuviste con Henry y con Hope.

Emma suspiró, apreciando las palabras de Regina pero aún sintiéndose insegura. -¿Y si nunca llego a tener esa conexión?

La ojos marrón miró directamente a esos ojos aguamarina. -Lo harás. Eres una persona increíblemente fuerte y capaz de amar profundamente. Nuestro bebe lo verá con el tiempo, y tú también lo sentirás. Solo necesitas darte un poco de crédito y tiempo para adaptarte.

La sheriff asintió, sabiendo que la morena tenía razón, pero no pudiendo evitar el nudo de incertidumbre en su estómago. -Gracias, Regina. Realmente necesito escuchar eso.

La alcaldesa sonrió, un gesto suave y comprensivo, le tomo la mano para guiarla a la mesa.

Emma se sentó junto a su morena, tomando un sorbo del té del que le ofreció. Mientras miraban por la ventana hacia Amy y Maléfica.

Después de varias horas de entrenamiento intensivo, Mal y Amy finalmente regresaron a la mansión para cenar. Mientras comían, la niña relataba su progreso en la canalización de su magia. Regina y Emma la escuchaban atentamente, intentando comprender cada detalle.

-Hoy logré concentrar mi energía en una sola chispa- explicó Amy con entusiasmo. -Maléfica dice que estoy mejorando.

La sheriff sonrió, aunque su preocupación seguía presente. -Eso es genial, Amy. Estás haciendo un gran trabajo.

Regina, sin embargo, no se sentía bien. De repente, palideció y tuvo que excusarse de la mesa. -Lo siento, me siento un poco mareada. Necesito recostarme.

Emma rápidamente se levantó para acompañarla a la habitación. Al llegar, ayudó a la morena a recostarse en la cama. Fue entonces cuando notó un aura lila que comenzaba a emanar de Regina, extendiéndose lentamente hacia su vientre y luego hacia Amy.

-¿Qué está pasando?- murmuró la salvadora, asustada.

Maléfica, que había seguido a las mujeres, irrumpió en la habitación y exclamó -¡Para de hacer lo que estás haciendo!

Emma y Regina la miraron, desconcertadas. -¿Qué quieres decir?- preguntó la alcaldesa, intentando controlar su respiración.

-Estás transfiriendo tu energía vital al bebé y a Amy- explicó la dragona, acercándose rápidamente. -Si continúas, te debilitarás peligrosamente.

La morena cerró los ojos, tratando de procesar la información. -No sabía que estaba haciendo eso.

La sheriff, llena de preocupación, se volvió hacia Maléfica. -¿Qué podemos hacer?

La hechicera suspiró y tomó una decisión. -Voy a llevarme a Amy a la cabaña en el bosque. Allí estaremos más seguras y podremos preparar el vórtice. En tres días, Amy volverá a su línea temporal.

La niña, sorprendida y asustada, intentó protestar y tratando de acercarse a Regina. -Pero...

-No hay tiempo niña -interrumpió Maléfica, sujetando a Amy firmemente. -Es por el bien de Regina y del bebé.

Con un movimiento rápido, la dragona y Amy desaparecieron en una nube de humo rosa. Reaparecieron en la cabaña en el bosque.

Amy, con los ojos llenos de lágrimas, miró a Maléfica. -Estoy preocupada. He intentado conectarme con mis madres en mis sueños, pero no puedo. No sé qué hacer para poder entender esto.

Maléfica se arrodilló frente a la niña, colocando una mano en su hombro. -Entiendo tu preocupación, Amy. Pero debemos mantener la calma. Es necesario que puedas controlar tu magia y poder devolverte a tu linea temporal.

La niña asintió, tratando de calmarse. -¿Y cómo vamos a hacer el vórtice? ¿Será peligroso sin Regina?

La rubia sonrió suavemente, intentando transmitir confianza. -Lo hemos hecho antes, y lo haremos de nuevo. Confía en mí. Solo necesitas seguir entrenando y concentrarte en tu magia. Todo saldrá bien.

Amy tomó una profunda respiración, intentando encontrar fuerza -Está bien. Haré mi mayor esfuerzo.

Mientras tanto, en la mansión, Emma se quedó sentada al lado de Regina, observando cómo el aura lila comenzaba a desvanecerse lentamente. -Espero que Maléfica y la chica puedan solucionar esto- dijo, su voz temblando ligeramente.

Regina, aún débil pero decidida, tomó la mano de Emma. -Lo lograrán.

Sin que nadie se enterara, el pirata observaba desde las sombras, escondido tras un poste en la esquina de la calle. Hook, con su característico garfio y mirada astuta, seguía cada movimiento de Emma, Regina , Amy y Hope con una intensidad que bordeaba la obsesión. Su corazón latía con fuerza mientras anotaba mentalmente cada detalle, cada interacción, cada gesto. Sabía que necesitaría toda la información posible para armar su plan.

Desde su posición, podía ver la entrada de la mansión y los jardines que la rodeaban. Notaba cómo Emma se movía con una mezcla de preocupación y determinación, siempre pendiente de Regina. Hook no pudo evitar sentir una punzada de celos al ver la cercanía que la salvadora tenía con la alcaldesa. Apretó los dientes y ajustó su sombrero, ocultando su rostro en las sombras.

Cada vez que Amy salía al jardín para entrenar con Maléfica, Hook observaba atentamente. Veía cómo la niña comenzaba a dominar su magia bajo la atenta mirada de la hechicera. Aunque mantenía la distancia, podía sentir la energía mágica que la niña liberaba, una fuerza que hacía que sus propios instintos de supervivencia se activaran. Sabía que esa niña no era una amenaza directa para él, pero aún así necesitaba saber todo lo que pasaba.

Ellas están ocultando algo murmuró para sí mismo, susurrando al viento que se arremolinaba alrededor del poste.

A medida que los días pasaban, Hook anotaba mentalmente cada cambio en la rutina de la familia. Notaba cómo Emma y Regina pasaban más tiempo juntas, susurrando en la cocina o caminando lentamente por el jardín. Vio cómo la salud de Regina fluctuaba, a veces luciendo débil y otras, sorprendentemente fuerte cuando la sheriff estaba cerca.

El pirata sabía que necesitaba un plan preciso y calculado. No podía simplemente irrumpir y esperar ganar; debía jugar su carta con cuidado. Cada noche, mientras se refugiaba en su barco, Hook repasaba sus observaciones, trazando estrategias y pensando en todas las posibles reacciones de sus adversarios. Su objetivo era claro: recuperar a Emma y desestabilizar a la familia que tanto le había arrebatado.

Los días pasaron, y Hook continuó su vigilancia con una determinación férrea. Sabía que el tiempo era crucial. Cada detalle, cada conversación que captaba al pasar cerca de la mansión, alimentaba su plan. La tensión en el aire era palpable, y el pirata se regodeaba en ella, sabiendo que estaba cerca de desatar el caos que tanto anhelaba.


Lamento la demora, estuve un poco desaparecida pero tuve algunos inconvenientes personales que me alejaron un poco de aquí pero ya volví. Espero que este capitulo compense algo. Gracias por las visitas.