Tempest.
La mente de Andy se encontraba en el borde, a sólo un desliz de caer al abismo. Le dolía el pecho. Semanas de seducción, de ceder al embrujo, de rozar con los dedos el goce al que tanto tiempo le tuvo miedo porque conocía los riesgos, porque sabía la gravedad de las consecuencias. Pero Ashley e incluso su gemelo se habían esforzado en demostrarle que no caerían si eran discretos, si seguían jugando a la familia normal en una sociedad a la cual sólo eso le importa, un juego al que por fortuna Andy ya estaba acostumbrado. Por ese motivo es que había optado por comenzar hacerle caso a su nueva pretendiente, la que se mostró tan interesada en él al límite de la locura (porque su gemelo no tuvo dilaciones en rechazarla cruelmente), aunque ella seguro creía estar siendo discreta.
Andy le había jurado a Ashley que saldría con esa chica de irises púrpuras sólo para mantener apariencias pero en realidad jamás le iba a pedir que fuera su novia, la tendría paseando en su mano sin posibilidad, así podría seguir manteniendo a su querida hermanita como una prioridad sin preocupaciones. Su posesiva hermana hizo un berrinche pero no fue tan intenso cuando Andy la besó profundamente y le susurró en el oído cuánto la amaba. De ese modo Ashley lo aceptó aunque todavía a regañadientes.
Andy esperaba mantener las cosas así, a pesar de que no disfrutaba en lo absoluto de la compañía de esta muchacha. Ella pensaba comprenderlo y a menudo hacía lecturas por su modo de comportarse o la expresión de su cara, algo que estaba haciendo en esos instantes y que habían conseguido irritarle a lo largo de las horas que compartían a solas. Sino fuera porque esta segunda piel que vestía para ocultar su verdadera naturaleza estuviera tan arraigada a él, seguramente ya habría tirado todo por el precipicio frente al que yacía de pie.
—Entonces, Andy. ¿Qué opinas? —Aquello lo sacó de su ensoñación.
—Me parece bien —dijo de forma automática, ya que no tenía la más mínima idea de lo que esa chica le estaba hablando, más ocupado recordando los labios secos de Ashley y sus atrapantes ojos rosas.
— ¿De verdad? —No respondió para no comprometerse en caso de que hubiera dicho algo que no le gustase. Ella esperó porque corroborara su respuesta pero cuando la pausa se extendió, suspiró derrotada—. No escuchaste nada de lo que te dije, ¿cierto?
—No, lo siento —admitió fingiendo estar avergonzado, no lo estaba. Esa chica volvió a suspirar.
—Tal vez sería bueno para ti que te alejaras de tu hermana un tiempo, te está haciendo mucho daño. Todos en el vecindario creen que a este paso te dejará como un vegetal. —Andy frunció el entrecejo, ya no le estaba gustando nada la dirección que estaba tomando esta conversación. La chica de ojos púrpuras trató de pacificarlo pero no lo consiguió—. Escucha, lo estoy diciendo por tu bien, porque te amo mucho, demasiado. Ella no me agrada pero sé muy bien que tú la quieres, es tu hermana después de todo. Pero si la sigues manteniendo a tu alrededor jamás podrás crecer como persona ni ella tampoco.
—No hablemos de esto —espetó Andy, conteniendo lo mejor que podía su enojo.
—Andy, sé que ella sólo te está utilizando. —El mayor de los gemelos apretó los puños—. En realidad dudo que sienta verdadero amor por ti. Algunas personas simplemente… no pueden amar. —Aquella era una manera muy amable de señalar a Ashley como una loca y tal hizo a Andy ponerse ansioso y todo lo que sentía crecer dentro de él sólo empeoró con lo siguiente que la chica dijo—. Pero yo te amo, Andy. Jamás intentaría manipularte, ni jugar contigo, no te trataría mal como ella hace, mucho menos desconfiaría de ti porque te mereces ser amado sin ataduras. Yo podría darte eso y más. —El silencio se prolongó hasta que finalmente ella terminó su sentencia—. Mata a tu hermana. No te preocupes te ayudaré a deshacerte del cuerpo. Nadie tiene que enterarse y de todos modos dudo que a tu familia le importe, guardaré el secreto por ti.
Andy no la estaba viendo pero la sintió abrazarlo con dulzura, actuando como si realmente lo comprendiera. Después de un momento, Andy tomó su rostro, impulsándolo hacia arriba para que viera su suave sonrisa, embelesándola por la forma en que le acariciaba la mejilla.
—De verdad eres… —le susurró como una serpiente hipnotizando a su presa antes de sujetarla del cuello de un rápido movimiento con ambas manos para enseguida golpearla violentamente contra el muro tras ellos—...una estúpida. —La muchacha no tuvo la oportunidad de gritar gracias a la fuerza con la que los pulgares de Andy presionaron su garganta, impidiéndole aspirar aire, motivo por el que luchó instintivamente—. ¿Cómo te atreves a sugerirme eso a mí? ¿Con qué derecho me pides que me aleje de mi hermana? ¿Quién eres tú para asumir que eso es lo que yo quiero?
La voz de Andy era baja y siniestra, una fachada que pudo haberla hecho temblar de horror sino estuviera muy ocupada tratando de liberarse. El rostro de la chica ya estaba palideciendo por la falta de oxígeno, sus ojos púrpuras estaban nublados por las lágrimas y su cuerpo entero temblaba a causa del dolor que su atacante le estaba infringiendo. Su boca se abrió en un vano intento de jalar la vida que se le estaba escapando mientras emitía desagradables sonidos de asfixia, pero eso no detuvo al hermano mayor de los Graves.
—Si tanto te importaba conseguir aunque fuese mi respeto nunca debiste atacar a mi Ashley. Ella es lo más importante para mí. Ashley es mi todo. Aun así tú… tú… —La expresión iracunda de Andy se desvaneció por un momento, reemplazada por una mirada vacía, carente de emociones—. Oh, mierda, ni siquiera recuerdo tu nombre... como sea.
Andy la soltó hasta que sus pupilas se perdieron entre el blanco de sus ojos y su lengua quedó por fuera de sus babeados labios. El cuerpo de la muchacha golpeó como un peso muerto contra el pavimento mientras su asesino se llevaba las manos a la cara, misma que frotó con ansias. Estaba en problemas. No tenía la intención de matar a esta chica cuando tuvo esta cita con ella, así que no estaba preparado para lo que haría a continuación.
—Perra, todo esto es tu culpa —le dijo al cadáver, mordiéndose el dedo con ansias—. No estarías muerta si no hubieses hablado mal de Ashley. Al menos Julia tenía la decencia de guardarse la mayoría de sus quejas sobre ella. Es cierto que antes no me esforzaba tanto en defenderla pero… joder, no es momento para esto. ¿Ahora qué hago?
Miró su alrededor por temor a que alguien hubiese sido testigo de lo ocurrido. Antes había estado demasiado enojado para preocuparse porque alguien viera, aunque el barrio en el que se habían detenido parecía tan solitario como cuando arribaron. Sin embargo, un crujido lo hizo sobresaltarse. Por milisegundos pensó en correr a ocultarse, no importándole dejar el cadáver ahí para pudrirse, por desgracia su cuerpo se paralizó mientras miraba a quien giraba la esquina, no sabiendo cómo sentirse en cuanto la figura de su hermano gemelo se presentó ante él, cargando una mochila a su espalda.
