Una dama de burdel
El apartamento
A L C R
Apartamento Él
Domingo 05:16
¿En qué lío te has metido ahora, Edward?
Si madre estuviera ahí eso habría dicho.
¿En qué lío te has metido ahora, Edward?
Sirvo un vaso de agua natural y otro vaso de agua mineral. Aún siento los efectos del alcohol en mi cuerpo, necesito estar sobrio o por lo menos aparentarlo. Pero nada mejor para bajar la borrachera que una mujer en peligro durante la madrugada.
Presto atención a la sala.
Una llorona mujer en peligro.
Así es, ella está aquí. En mi sillón, dentro de mi departamento a las... reviso el reloj de la pared de la cocina, a las 05:17 de la mañana.
Se suponía que hoy era mi día libre y lo utilizaría para terminar con la colección de vino, en su lugar estoy pasando cuenta haciendo mi trabajo de heroe con una desconocida en mi departamento después de casi veinticuatro horas sin dormir.
Lo sé.
Ella no debería estar aquí.
Lo sé.
Debí llevarla a una comisaría de policías y solicitar información de ella para que pudieran darme su domicilio o por lo menos pasarle mi responsabilidad sobre ella a otra persona.
Ella sigue llorando en la sala.
Miro los dos vasos servidos frente a mí. Suelto el aire y tomo en largos tragos mi vaso de agua mineral, vuelvo a servir un poco más. Ya lo sé, no es alcohol, pero con algo debo pasarme las ganas de golpearme a mí mismo por ser tan imbecil.
Miro hacia la sala, las convulciones de ella ahora sólo son pequeños espasmos.
Es solo una chica asustada, ese puto idiota estuvo a punto de secuestrarla y parece haber entrado en un ataque de llanto desde entonces, lo que respondería perfectamente a la pregunta ficticia de mamá.
¿En qué lío te has metido, Edward?
Ayudé a una joven y la traje a casa sin conocer su nombre siquiera. Espero que esto no sea un secuestro. Mierda. Ni siquiera sé si es menor de edad.
Salgo de la cocina con los dos vasos de agua.
Pero incluso cuando estoy a unos pasos cerca de ella parece ignorar mi presencia. Lo cierto es que no sé cómo conseguí traerla hasta aquí.
Sí que sé.
Con pequeños empujones la hice subir al carro, con mi brazo en sus hombros la ayudé a caminar hacia el elevador, me gané todas las miradas de confusión de Teodoro, el anciano de seguiridad del edificio, cuando pasamos a su lado con ella llorando y moqueando sin dejar de caminar. Y por fin la hice sentarse en el sofá, sin siquiera conseguir que emitiera una palabra, ni su nombre, ni su dirección, ni siquiera una muestra de agradecimiento.
—¿Estás bien?
Ella no para de llorar, abre la boca para intentar agradecer por centésima vez cuando vuelven a inundarla los sentimientos y el miedo por lo que sólo salen de sus labios más sollozos.
—Shh, tranquila, todo está bien.
Me quedo cerca de ella pero con distancia de un metros, la exigida luego de los eventos de hace una hora, intentando a su vez darle tranquilidad y no asustarla. Dejo el vaso de agua frente a ella, pero ella ni siquiera lo mira. Cubriendo su cara con sus manos sin parar de llorar. Respiro hondo.
Me siento en el segundo sillón, bebiendo del vaso de agua mineral hasta terminarlo, ¿En que lio te has metido, Edward? Vuelvo a levantarme del sillón, demasiado inquieto para mantenerme en mi sitio por más de un minuto, camino de regreso a la cocina y vuelvo a tomar un vaso de vidrio y servir ahora agua helada, me masajea la frente intentando controlar mi dolor de cabeza.
Unas horas antes ya tenía los suficientes problemas encima y ahora la joven en mi sillón parece requerir más atención.
Aunque no me siento molesto con ella, de hecho casi funciona como un distractor, unas horas antes había contestado el celular sin imaginar que el número desconocido sería de Heidi.
Así que por el momento, esa extraña en mi sillón es un buen distractor para dejar de pensar en mi prometida.
En mi exprometida.
En la boda que deberá ser cancelada, en los planes truncados y en mi jodido corazón de mierda que dejaba entrar a cualquier puta a mi vida. Tomo un sorbo de agua y respiro hondo. Los llantos de la joven sólo parecen ir en aumento, ni siquiera tengo idea de su nombre. Logré hacerla subir a mi automóvil sin dificultad, quizá más motivada por el miedo a seguir en ese barrio y esa calle oscura que por la confianza que yo emanaba. Pero desde que ella había subido no había hecho más que llorar, ni siquiera pude sacarle una palabra, ni darme su dirección por lo que habíamos terminado en mi apartamento.
Vuelvo a servir más agua y regreso con la joven en el sillón. Tengo que alzar un poco más la voz para hacerme oír sobre el llanto.
—Oye, todo está bien. Aquí estarás a salvo. Te lo prometo.
Y entonces ella me mira, quizá es la primera vez que me mira desde que llegamos. Ella tiene unos increíbles ojos color avellana con pestañas largas, unos ojos grandes llenos de miedo y dolor, paso saliva intentando aferrarme a lo sensato, ella no es mi problema. No soy un héroe medio borracho ni nada así, solo estuve en el momento correcto y lugar correcto y ahora necesito su nombre y una dirección. Ella se limpia las mejillas soltando ahora sollozos débiles. Mis palabras parecen tranquilizarla así que sigo hablándole.
—Estamos en mi casa, aquí estarás a salvo, nadie va a encontrarte. Él no lo hará. Yo estoy aquí, y voy a protegerte.
Ahora sólo le tiemblan los labios, unos labios gruesos y rosados que ella no para de morder para calmarse.
—Me llamo Edward.
Ella me mira ahora en silencio, entrecerrando los ojos un poco como preguntándose qué tan seguro es estar en ese lugar con un desconocido como yo. Por lo menos espero que sepa que es mucho más seguro que estar en el otro lugar con aquel otro desconocido que quería secuestrarla y quien sabe que tanto más.
Traga saliva antes de hablar.
—Soy Bella.
EllaLlevo meses sin escuchar mi nombre real de mí misma, siempre invento uno o doy el nombre con el que todos me conocen en el trabajo, hace meses dejé de presentarse como Bella, y me pregunto luego de tanto qué tan diferente seré yo de la anterior Bella. Intento concentrarme. Aquí, ahora. No puedo permitirme pensar en mí misma, porque entonces será imposible volver a la vida que elegí y hacer lo que debo hacer para mantener a mi hermano menor.
—Soy Bella–repito convenciéndome de ser ella.
—Bella, ¿estás bien?
Asiento.
—Gracias, yo… —las palabras se borran de mi cabeza y me quedo sin saber qué más decir, Edward, el hombre que me ha salvado la vida, me ofrece un vaso con agua que bebo de un trago.
—Estás en mi casa –me repite— puedes quedarte a pasar la noche, tengo una habitación extra. O puedo pedir un taxi para ti.
Y entonces por primera vez miro a mi alrededor, ya no estamos en las calles oscuras a unas cuantas cuadras del bar de Don, ahora estamos en lo que parece un elegante y moderno departamento de un hombre que supo invertir en la bolsa de valores, desde la alfombra gris de la sala hasta los elegantes candelabros de los techos todo se ve exquisito y costoso. Imposible que se trate de mi departamento que tiene solo una estufa vieja, un refrigerador inservible una ventana con una cortina rota y un sofá abollado como cama.
¿Cómo llegue aquí? Desde que había sido rescatada y comprendí lo cerca que había estado de encontrarme en verdaderos problemas no había dejado de llorar, no por mí sino por el futuro que peligraba de Charlie si algo me sucedía a mí y no enviaba el dinero a tiempo.
No había llorado desde la primera noche trabajando con Don, no había dejado de llorar todo ese siguiente día de trabajo hasta que encontré el coraje que necesitaba dentro de mí para volver al bar de Don, y desde entonces me prometí que nunca más derramaría una lágrima por mí misma. Hasta esta noche.
—Puedes quedarte a pasar la noche, o puedo pedirte un taxi, aunque por la hora, creo que es más seguro dormir aquí. Tengo una habitación extra –vuelve a repetirme con voz pausada como si pretendiera hacer que entendiera cada una de sus palabras y que comprendiera que podía elegir.
Él no debe ser mayor, posiblemente no tiene más de treinta y aquí estoy sin poder creerme que alguien tan joven sea capaz de contar con una habitación disponible para alguien más, cuando yo sólo cuento con un viejo sofá como cama y un pequeño estudio de cuatro paredes grafiteadas que es todo el espacio que mi salario y gastos puede permitirme.
Me deleito ante la posibilidad de descansar de verdad por una vez. Una cama. Oh cielos. Una cama por una noche, la simple posibilidad hace que mis pies se derritan de emoción, sin embargo, me parece que salvarme ya ha sido más que suficiente.
—No quiero aprovecharme de ti, haz hecho mucho.
Él no responde, supongo que en espera de que sea yo quien por mi cuenta decida irme y así liberarlo de la responsabilidad.
—¿Dónde estamos?
Él me dicta la dirección, y maldigo mi suerte, terminaré pagando la tarifa del taxi a lo equivalente a dos días de trabajo. No puedo pagar eso. Vuelvo a mirar el departamento lujoso y nuevamente a Edward. Paso saliva probando con mi suerte, lo peor es que mi sutileza no dé resultados y termine caminando por dos horas hasta llegar a mi edificio:
—Creo que es muy tarde para viajar sola en taxi.
Asiente aunque puedo ver una mueca de derrota o decepción, quisiera retractarme pero no puedo, no que no quiera, no puedo pagar esa cantidad y no tengo intenciones de salir con este frió a esta hora para caminar tantos kilómetros, estoy consciente que él podría ser un asesino en serie o un violador, pero me ha rescatado de uno que no dejaba dudas que podría tratarse de uno de ese tipo. Además, estoy segura que si él fuera un violador o un asesino no se sentaría con un vaso de agua a que yo dejara de llorar.
Obviamente no. Si lo fuera yo ya estaría muerta, así de simple. Y allá afuera sí que hay peligros de todo tipo.
Edward termina su vaso de agua y se levanta haciendo un movimiento de mano para indicarme que lo siga, ¿de verdad? La ilusión se mete de lleno en mi cuerpo y sin dudarlo como si jalaran cuerdas de mi cuerpo cual marioneta me levanto de un salto y comienzo a caminar tras él.
¿De verdad me permitirá dormir aquí? Es una locura. Cada parte de mí debería estar asustada, pero supongo que el miedo funciona igual que una montaña rusa, primero estás en la cima del terror y luego en picada hacia la total indiferencia o fascinación, ahí me encontraba ahora.
No miro a mi alrededor para no parecer una fisgona, no quiero que piense que estoy observando con detenimiento lo que podría robarme ni nada que pudiera hacerle cambiar de parecer. Lo sigo silenciosa además para que no lo canse con mi voz y mis quejas. Camina por un pasillo hasta que llegamos a una puerta, la abre.
Y como una montaña rusa, el tren del miedo comienza a ir cuesta arriba.
Una recamara. Un hombre. Oscuridad. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Cómo es que he sido tan tonta para meterme en esto yo sola? Mis ojos no pueden despegarse de la cama tendida. Aquí y ahora, respira, respira. Edward enciende la luz y comienza a caminar en el interior de la pared. Respira. Tú puedes, Bella. Miro hacia el pasillo, podría correr y llegar a la puerta, con suerte no está el seguro puesto. Estoy a punto de comenzar a correr cuando él vuelve a hablar.
—Aquí está el baño. Si necesitas más cobijas están en el armario. El control del televisor. El apagador de las luces. –camina por toda la habitación indicándome donde encontrar cada cosa. La montaña rusa va cuesta abajo, lentamente pero hacia abajo.
Se acerca a mí, estoy segura que me pondrá una mano encima y de lo único que soy capaz es de mirar hacia mis tenis sucios, deshilados y feos que alguna vez fueron mis favoritos. Aquí y ahora. Corre, corre. Pero mis piernas están congeladas. Estoy por echarme a llorar de nuevo cuando él vuelve a hablar, totalmente ajeno a todos mis sentimientos.
—Cualquier cosa, estaré en la habitación del frente. Buenas noches, Bella.
Parpadeo como si me hubiesen lanzado un balde de agua helada.
—Yo... buenas noches, Edward.
Doy un par de pasos dentro de la habitación, y en cuanto puedo cierro la puerta con el seguro. Me quedo unos segundos con la espalda pegada a la puerta temiendo que él regrese e intente entrar, pero nada ocurre. Incluso espero a que sus pasos se alejen, espero a que regresen aunque no ocurre y hasta que no escucho el sonido de otra puerta cerrarse no puedo respirar con tranquilidad. Miro la habitación iluminada. Aquí me doy el lujo de ser una fisgona recorriendo cada centímetro del lugar, es precioso como si se tratara de una suite de lujo y no una habitación desocupada. Camino hacia el baño para despejar mi cara con un poco de agua, y mientras me miro en el espejo alargado que está en la pared tomo una decisión.
El único espejo al que había tenido acceso era el del camibiador del burdel, un espejo mediano partido a la mitad donde todas nos maquillábamos, lo que quiere decir que era un espejo solicitado y algunas, las de mayor experiencia y tiempo, solían acapararlo. El único momento que tenía tiempo con el espejo era una vez a la semana antes de comenzar mi horrible show.
Así que el único reflejo que he visto de mi misma es el de Becky, la mesera triste de un burdel que se maquilla de manera exagerada para no ser reconocida, que siempre termina con el rímel corrido por las lágrimas y que viste ropa espantosa que sólo tiene la finalidad de atraer miradas.
Esta es la primera vez en meses que me veo a mí misma. Con un sueter maltratado por el tiempo, mi cabello revuelto por el altercado, mi cara echa un desastre por el llanto, mi cuerpo delgado por el hambre, y mi mirada aterrada y vacía. No soy yo. O tal vez soy yo. Pero estoy segura que no soy quien quisiera.
No volveré. Lo de esta noche me ha abierto los ojos y dado el coraje que necesitaba. Si algo me pasara a mí, mi hermano pequeño quedaría desamparado, con su desagradable tía descuidándolo y posiblemente ni siquiera lo dejaría seguir estudiando. No. No volveré.
No volveré. Incluso si tengo que lavar ropa interior ajena, o vender basura o vender la poca ropa que tengo en una mochila. No volveré a arriesgar mi vida, mi vida que a su vez es la esperanza de Charlie. Debo hacerlo por él.
Salgo del baño dejando atrás ese reflejo de una completa extraña y voy a acostarme en la cama, con cuidado me acomodo debajo de las sábanas como si temiera ensuciarlas con mi cuerpo, respiro contra aquellas prendas que huelen mejor que yo y en algún punto mientras respiro ese nuevo aire puro me encuentra en un pacífico sueño.
El primero en ocho largos meses.
Gracias. Subiré cada tercer día nuevo avance.
¿Y qué opinas? ¿Tomatazos?
