Una dama de burdel
Emparedado de pollo
Angielizz (Anbeth Coro)
Él
Sabado, 10:26
No iba a fingir que me agradaba.
Podía ser imparcial y respetuoso, podía incluso pasar por alto los errores que cometía de vez en cuando, pero no podía pretender que era de mi agrado.
Nunca me había sentido en armonía a su lado, ni compatibles, pero nunca lo demostré aunque tampoco pretendí hacerle creer lo contrario.
Estaba seguro que esta vez había llegado a cierto límite y que nuestra relación estaba convirtiéndose en una tortura, todos podrían verlo si prestaban atención. Una persona no llega a mi edad, con mi dinero y mi poder para rodearse de personas como ella. Era tan evidente que lo único que ella quería era escalar de puestos y llegar alto subiéndose sobre las cabezas de otros y sin esforzarse, era tan cínicamente evidente. Pero esto había pasado una frontera que asumía impenetrable.
Presiono el botón de mi escritorio.
-Jessica, ven un minuto.
Jessica, mi secretaria, entra como un pequeño ratón asustado a la oficina y cierra la puerta tras de sí.
-¿Podrías explicarme qué significa esto?
Señalo una carpeta con un encabezado simplón: Vacaciones.
-Me tomé el atrevimiento de elegir para ti algunos lugares hermosos para visitar estos días, algunos cuentan con áreas exclusivas para solteros y viajes en crucero para citas, llenas la información y las siete noches son citas con mujeres compatibles de acuerdo al filtro. También elegí un espacio recreativo vacacional, con yoga de sanación y un gurú que –no podía seguir escuchándola.
-Podrías ahora explicarme quién pidió esto -me cruzó de brazos.
Silencio.
Me levanté de mi silla y caminé a su alrededor.
-Quiero que te límites a seguir mis indicaciones, solo eso. Mis vacaciones inician la siguiente semana y esto de aquí es un desastre. No voy a preguntar cuánto tiempo perdiste con esa carpeta, pero no la quiero volver a ver, ¿de acuerdo?
Ella asiente y toma la carpeta que estaba en el escritorio.
-Aunque si me permite decirlo, yo podría acompañarlo.
Me quedé quieto a su lado, pensando que tal vez estaba malinterpretando sus palabras, así que ella continúo pensando que mi silencio la animaba a seguir hablando como si pudiera convencerme.
-Podría ser nuestro secreto, lo olvidaré si me lo pides –su mano se levantó para acercarse a mi brazo, ¿esto era un chiste? - Aunque si no, podríamos hacer mucho más después de las vacaciones.
-Sal, ahora -señalé a la puerta intentando mantener mi voz lo más neutra posible.
Aunque ni bien había salido Jessica indignada, la puerta volvió a abrirse mostrando a Jasper.
Jasper era mi mano derecha desde la universidad, habíamos sido compañeros y egresado juntos, decidimos pronto lo que queríamos hacer aunque no teníamos ni puta idea de cómo conseguirlo. Así que sin dinero pero con mucha certeza comenzamos el plan.
Primero rentando maquinaria pesada de construcción para rentarla a otras empresas grandes, si no teníamos el fondo ni la manera de invertir esta parecía más o menos la manera sencilla. Después de algunos meses conseguimos algunas reuniones con personas que sí tenían el dinero y la manera de invertir.
Les vendimos una idea descabellada y funcionó, a la mañana siguiente teníamos nuestra propia maquinaria de construcción, apenas media docena, las ganancias ni siquiera eran importantes. Mamá quería intervenir, papá quiso intervenir con sus fajos de billetes y la tarjeta de crédito; lo mismo ocurrió con los adinerados padres de Jasper.
Pero en ese momento me negué a aceptar algo de ellos, más por el deseo de demostrarme que podría conseguirlo a mi manera que por orgullo. Y pasamos de rentar maquinaria a contratar personal, luego a diseñar proyectos, a vender todo el material necesario para crear casas, departamentos hasta rascacielos.
Jasper y yo crecimos a la par, con la única idea en la cabeza que un día tendríamos nuestro propio imperio. Así que Jasper es como el hermano que no tuve, y que a veces agradecía no tener.
-Pensé que estabas de vacaciones –se burló sentándose en el sofá de la oficina y poniendo sus sucios zapatos sobre una mesita pequeña de caoba. Le di una mala mirada regresando a mi silla.
-Así era, hasta que Jessica decidió llamarme y pedirme que volviera por una carpeta que había preparado para mí.
-¿Un nuevo cliente? -ni siquiera intenté ignorar el desagrado que sentía en ese momento por mi secretaria.
-Propuestas de vacaciones para solteros.
Jasper comenzó a reírse, sin siquiera pretender guardarme algo de respeto.
-Recuérdame por qué no puedo despedirla -solicité.
-Su papá te trajo aquí -Jasper se levantó hasta posicionarse detrás de mí, me hizo dar una vuelta en la silla para mirarlo y luego me apuntó con su dedo índice-, ese hombre es la razón para que estemos parados donde estamos hoy.
El padre de Jessica, amigo de mi padre, fue la primera persona que nos dio una oportunidad importante para venderle los materiales y preparar un proyecto estructural de un hotel, que por sus dimensiones nos había puesto en el mapa del mundo. Después de él los clientes comenzaron a amontonarse hasta que fue necesario no sólo abrir un despacho más grande, sino rentar dos pisos completos de un edificio para poder contratar a más personal.
Así que cuando él me pidió que contratara a su hija menor, me fue imposible negarme. Aunque pronto resulto evidente que lo que había hecho era cobrarme la deuda que teníamos pendientes y enviarme a esa chica que no sabía límites, muy poco de administración y que no dejaba de suspirar cada que llegaba por las mañanas.
Si alguien se había alegrado de mi rompimiento con Heidi, esa había sido Jessica.
Así que mi contrato laboral con Jessica era una cadena al cuello. Y nunca me había dado grandes problemas, hasta hoy que me hizo despertar temprano, vestirme para la oficina y aparecer aquí solo para recibir una carpeta de destinos para solteros cuando podría seguir durmiendo en mi cómoda cama.
-No puedo despedirla –mi voz destila el pesar de ese hecho.
-No -aceptó Jasper con mofa y encogiéndose de hombros con indiferencia, claro que él no tenía por qué lidiar con Jessica- Pórtate bien con la chica, estamos en negociaciones para construir dos edificios de sesenta pisos de su padre, así que nada de hacerla molestar -siguió mofándose.
-Debería subirle el puesto y hacerla tu compañera de piso –dije para provocarlo. Jasper palideció y se alejó de mí nervioso para volver a sentarse en el sillón. Aunque ambos sabíamos que no lo haría, la razón por la que Jessica seguía siendo mi secretaría a pesar de su falta de experiencia era porque era la única manera de tenerla vigilada.
-¿Ya sabes qué harás en estos días?
-Estar en el edificio.
Mi voz sonó atormentada, así que Jasper se acercó a una de las dos sillas frente a mi escritorio y tomo asiento.
-Podemos salir a tomar. Noche de chicos, ¿sabes?
La última noche de chicos terminé en un prostíbulo. No iba a volver a repetir la mala experiencia.
-Paso.
-Venga, será algo tranquilo. Podría ser en tu piso.
Encendí la computadora, necesitaba hacer un último respaldo en el disco duro por si Jessica decidía incendiar el edificio en mi ausencia.
-Estaré ocupado.
-Pero acabas de decir que estarás en tu apartamento.
-Ocupado -pasé las carpetas a mi disco duro para respaldar. Esperando que la carga de documentos se acelerara lo suficiente para salir de ahí.
-Venga, Edward. James no vendrá.
Negué con mi cabeza.
-No quiero que te vueles los sesos –le entrecerré los ojos, si esa era la manera sutil de decir que estaba preocupado por mí no lo agradecía en absoluto- voy a visitarte.
-Estaré ocupado -insistí. Dando golpecitos al mouse en espera de que la computadora terminara su trabajo.
-Venga, Edward, necesitas compañía.
-Créeme ya somos demasiados en ese edificio por ahora –Jasper levantó ambas manos frente a sí fingiendo estar ofendido.
-Bien, pero si necesitas cervezas envíame un mensaje de texto y llegaré con la cena.
Me habría gustado aceptar, pero tenía a otra personita esperando por mí para cenar esta noche.
O al menos eso pensé.
19:23
-¿La tienes doblando turno? -paso mi dedo sobre el puente de mi nariz mientras camino en círculos dentro de la oficina de mi apartamento.
Esperaba que Bella apareciera a las tres en el apartamento, me había mantenido en la sala revisando unos documentos desde la computadora portátil hasta que descubrí que eran las cuatro. Para la cinco y con la espalda entumida por la posición incomoda del sillón continué trabajando desde la comodidad de mi oficina, dieron las seis y no había señales de ella. Entonces recordé el mensaje del día anterior de Dolores, no había pensado en eso desde ayer. Me había escrito diciendo que Bella estaba doblando turno.
Llamé a Alice esperando que aclarara porqué Bella seguía trabajando en lugar de salir en su horario normal.
-Está a prueba –dice Alice con tranquilidad desde el otro lado de la línea.
¿A qué hora llega exactamente Bella del trabajo? Yo siempre llegó después de las nueve y para entonces la cafetería está cerrada, Dolores nunca había mencionado horas en sus mensajes ahora que lo pienso. Si Bella entraba a las siete de la mañana, lo natural sería que ella estuviera en el departamento antes de las cuatro, y pasan de las siete y ella sigue sin aparecer.
-¿A prueba?
-Sólo será durante el fin de semana.
-Alice, no lo harás.
-No pretenderás que deje entrar a una desconocida a tu vida, así porque sí.
-Justo eso pretendo. Ahora deja de ser una jefa abusiva o me verás obligado a contratarla en mi despacho.
-No te atreverías.
No, pero ella no lo sabe.
-Con un mejor salario que tu gerente.
-Edward–amenaza.
-Lo digo en serio. Las has tenido doblando turno toda la semana, ¿no?
-Esa niña llorona –se queja Alice- solo salía un poco más tarde, no es doblar turno.
-¿A que hora?
-A las siete.
Doce horas.
-Se supone que estás ayudándome no sacando provecho de esto –doy largas respiraciones.
-No intento sacar provecho, quiero hacer que renuncie y regresé a donde salió -dijo como si fuera tan facil como eso.
Aprieto los puños hasta clavarme las uñas de mis dedos en la piel. Siento algo hirviendo en mi pecho, sé que estoy a punto de gritar, respiro hondo. No voy a discutir con Alice, es demasiado testaruda cuando se lo propone.
-Espero que su paga refleje esas horas extras y que mañana sea su día libre como corresponde.
-Te debe dinero, ¿recuerdas?
-Alice.
¿Tampoco le había pagado su semana laboral?
-Acabas de salir de una relación, estás herido y no piensas con claridad, Edward–su tono se había suavizado.
-Heidi no tiene nada que ver en esto.
-Tiene todo que ver, si ella no te hubiera dejado tú no sentirías que debes demostrarle algo.
-¿Demostrarle algo? -exigí.
-Edward–dijo con ese tono de voz lastimero y condescendiente.
-¿Demostrarle algo? –repetí esperando una explicación de su parte.
-Ed, yo no…
-Dilo –mi voz sonó afilada y escuché a Alice suspirar con pesadez.
-Quieres demostrarle que no eres como ella. ¿Eso dijo no? Que le pertenecías porque eran iguales y que su amorío era algo superficial para divertirse porque tú tenías mucho trabajo.
¿Cómo lo sabía? Jamás hablé sobre el rompimiento con nadie. Lo que la gente dijo o pensó después me dejó sin cuidado.
El silencio retumba entre nosotros.
-Los vecinos son una mierda –explica Alice. Puede que algún vecino de Heidi nos hubiese escuchado, o Heidi misma le contara todo a esa persona o a más.
-Yo no -me interrumpe.
-Estás ayudando a esa chica porque es tu manera de comprobarte a ti mismo que no eres un imbécil superfluo y que eres capaz de sentir empatía con una desconocida. Lo eres, Edward, eres mucho mejor que Heidi o cualquiera de su círculo. Ahora, hazte un favor y deja que esa chica se vaya.
-No está aquí contra su voluntad.
Escuché la risa de Alice.
-Por supuesto que no, ¿Quién podría negarse a vivir en tu edificio?
-Estoy ayudándola, Alice -apreté mis ojos con pulgar e índice intentando encontrar algo de paz para no volver a los gritos.
-Lo sé, eres muy bueno, pero no necesitas convertirte en su tutor para ayudarla.
-Alice, yo no…
-Edward, sí, tú sí puedes, sólo dile que se vaya, o búscale otro lugar, qué sé yo, puede trabajar aquí y puedes darle un aumento de tu bolsillo, pero así no pondrás en riesgo tu reputación.
¿Mi reputación? ¿De qué reputación hablaba ella para asumir que era tan frágil que podía destruirse por dejar vivir conmigo a una persona que necesitaba de ayuda? ¿Tan frágil que se haría pedazos por vivir con una mesera? ¿No era eso una mierda superficial y clasista?
-Yo le ofrecí mi ayuda, Alice, mi palabra todavía vale algo. Y ella no se irá. Así que puedes ser una mandona si quieres, pero eso no hará que cambie de parecer.
-Edward.
-Y si ella renuncia, voy a buscarle otro empleo, así que por el bien de todos preferiría que ella pudiera trabajar bajo tu supervisión en lugar de tener un empleo acomodado con mis influencias.
-Bien –dio un grito molesto.
-Bien.
Colgué el teléfono. Bueno, había ganado otra ronda contra Alice.
Los fines de semana tenía el día libre, además le he pedido que se tomé todos mis días de vacaciones libres hace una semana porque mis intenciones eran estar totalmente a solas, aunque ahora me pregunto qué tan buena idea era eso.
¿Cómo se supone que voy a lidiar con el fin de semana que he temido desde el rompimiento sobrio y con Bella mi lado 24/7?
Cuando salgo de mi despacho encuentro a Bella vestida con un conjunto deportivo negro haciendo yoga frente a la televisión. Tengo una sala de ejercicio en una de las habitaciones. Suspiro resignado. Tolerancia, ¿no era esa la base de la armonía? ¿Cuándo había llegado? Recuerdo que Teodoro tiene asignada la tarea de abrirle la puerta a Bella cuando llegue.
-¿Qué haces?
Se levanta de un brinco de la posición perro bocabajo. Mirándome nerviosa y al tapete del suelo que había tomado de la sala de ejercicios.
-Lo siento, pensé que no estabas en casa.
Miro hacia atrás, a la pared de la cocina donde está el reloj.
Ella apaga la televisión y nos quedamos en silencio. ¿Por qué le pedí que se quedara? ¿Alice tiene razón? ¿Estoy demasiado roto y vulnerable que acepté que ocurriera esta situación? ¿Más adelante me arrepentiré?
La miro y sé la respuesta.
-Estás ganando peso –abre la boca con indignación y me doy cuenta que he dicho eso en voz alta, aprieto los ojos, mierda-, quiero decir que ya no te ves desnutrida –ahora abre la boca alarmada.
-¿Me veía desnutrida? -parpadea confundida, asiento lentamente. Parece que cada cosa que digo en realidad solo empeora más la situación.
-¿Antes no comías? - ¿acaso yo no podía mantener mi boca cerrada con ella?
Ella abre y cierra la boca varias veces como si buscara encontrar las palabras correctas, pero al final desiste y sólo se encoje de hombros, así que sospecho que sé la respuesta.
Camino hacia la cocina y ella me sigue a unos pasos, saco del refrigerador una botella de agua y dos manzanas, empujo hacia ella la botella sobre la barra y una de las manzanas.
-¿Ya decidiste qué harás en tus días libres?
No. Ahora estaba considerando seriamente trabajar desde casa durante estos días.
-Aquí no hay playa, podrías ir a la playa. Es temporada de surf -sonrío con ironía, ¿Ves, mamá? No mentía.
-¿Sabes surfear? -preguntó y ella niega con la cabeza.
-No, pero me gusta mirar a la gente hacerlo.
-¿Vivías en un lugar con playas? -asiente y no puedo evitar preguntarme cómo es que terminó de este lado del país.
-También podrías ir al bosque, es temporada de caza –arruga la nariz, parece ser del tipo de personas que se opone a la caza, lo que me va bien porque tampoco soy partidario de la cacería.
-No, gracias -sonríe.
-He estado pensando en doblar turnos toda la semana –me informa, levanto la vista hacia ella con las cejas elevadas de asombro- así podrás tener el departamento para ti solo y no estaré interrumpiendo tus días libres.
Uh.
Ahora resulta que ella quería doblar turnos. Aunque Dolores parecía mortificada por los horarios laborales de Bella, creo que debí preguntarle primero a Bella qué opinaba sobre doblar turnos en lugar de ir a acusar a Alice de mandona.
-¿No es buena idea? -asiento, mierda, ahora debo volver a llamar a Alice.
Esa sería una buena idea para no pasar toda la tarde juntos en casa, si no fuera porque ya metí la pata en ese asunto, pero no puedo decirle y tampoco quiero volver a tener esa llamada con Alice con mi cola entre las patas.
-No te explotes demasiado.
-En realidad se me pasa rápido el día y me dejan comer gratis al quedarme –bueno, al menos no pasaba hambre allá, aunque trabajar solo por una comida extra me parecía innecesario cuando yo tenía un refrigerador lleno de comida.
-Alice tiene personal suficiente, quizá no sea buena idea –intento que desista.
Ella le da una mordida a su manzana y se queda en silencio. ¿Ella necesita el dinero de esas horas? Bella no está aquí contra su voluntad, aunque es posible que esté queriendo ahorrar para empezar su vida de manera correcta.
El teléfono suena interrumpiendo mis pensamientos. Tanto Bella como yo miramos al teléfono en silencio, me levanto y ella camina tras de mí. Tal vez ella está esperando una llamada, pero es más probable que se trate de mamá.
-Edward, yo
Respondo el teléfono al tercer toque ignorando la protesta de Bella.
Y un segundo después desearía no haberlo hecho.
Ella
Mismo día, dos horas más tarde
Para mi suerte, no era Charlie, aunque la persona que estuviera del otro lado de la línea había convertido a Edward en un tipo bastante molesto. Desde que recibió la llamada pasó las siguientes horas encerrado en su habitación, así que yo también pasé las siguientes horas encerrada en mi recámara.
Más tarde lo escuché salir de su cuarto y encerrarse en la sala de videojuegos, así que volví a quedarme en la habitación, viendo los minutos correr en la luz de la ventana. Tenía hambre. Aunque era una experta lidiando con el hambre, podía pasar otro par de horas y yo estaría bien. Podía pasar incluso un día completo hasta que de verdad comenzara a sentir dolor en mi estómago.
Aunque ahora era innecesario.
Salí y caminé a la cocina. Decidí preparar la cena. Hice algo simple, porque no tenía ninguna intención de quemar la cocina, emparedado de pollo, mi especialidad. Estaba pensando en un plan alternativo para la siguiente semana que sería también la semana de vacaciones de Edward. Lo menos que quería era convertirme en un estorbo durante los días que él quisiera estar descansando.
-¿Se está quemando algo?
Apareció Edward en la cocina, me giré. Era imposible que algo se estuviera quemando, la plancha tenía el pollo y la tostadora tenía
-¡El pan!
Había girado de más el temporizador y ahora tenía dos panes completamente carbonizados.
-¿Segura que sabes cómo usar eso?
Edward parecía inseguro de dejarme aquí.
Oh venga, qué tan difícil podía ser.
-Es mi primera vez usando una tostadora -así de difícil.
-¿Sabes cocinar?
Lo miré con los ojos entrecerrados, después recordé que este era su apartamento y él tenía derecho a interrogarme por cuestiones tan básicas como esa, así que recompuse mi expresión por una sonrisa.
-Sé hacer desayuno y pollo –dije con mi voz animada.
-¿Pollo? -bueno él no sonaba exactamente animado con mi respuesta.
-Para los emparedados de pollo -expliqué.
-¿Y algo más? -arrugó la nariz.
Lo pienso.
-¿Hot cakes? -sonreí complacida de mis propios avances.
-Eso es desayuno –que difícil era hacerlo ver mis logros culinarios, lo pensé un segundo más.
-Pues no, de hecho, no.
-Pensé que habías dicho que llevabas casi un año viviendo sola.
-Ocho meses, y sí, comía emparedados de pollo.
Me mira en silencio haciéndome sentir pequeña e incomoda, sé lo que está pensando no tiene que decirlo para saber que está sintiéndose mal por la pobre huérfana y hambrienta Bella.
-¿Y las verduras?
-El tomate y la lechuga no se cocinan… ¿o sí? –estaba segura que no, eso le sacó una pequeña sonrisa a su cara seria.
-¿Y las verduras que deberías comer en una dieta equilibrada?
¿Dieta equilibrada? Ja. Yo sólo sabía de dietas baratas.
-Mi salario no era el de una dieta equilibrada, además no tenía mucho tiempo -él quiere todas las respuestas y a mí me cuestan un poco de orgullo y dignidad darlas.
-¿Y qué hacías con tu tiempo?
-Buscar empleo. Todo el día.
No es mentira, cuando no me sentía miserable y me quedaba solo acostada en la cama ignorando el hambre, me la pasaba buscando trabajo en otras zonas de la ciudad, pero parecía que nunca daba con el perfil que necesitaban. Me mira largamente, estoy casi segura que lo sabe. Hace un gesto con su mano para que salga del lado de la parrilla eléctrica y me siente en algún banco, lo hago, se levanta y va al refrigerador de dónde saca papas.
-Tal vez deberías pedirle ayuda a Dolores sobre cocina.
-¿En serio? -la emoción se trasmite en mi voz, ¿Dolores podría enseñarme? ¿Podría aprender a hacer mermelada de fresa?, ¿sería como su aprendiz?
-¿Eso te gustaría? -levanta la mirada hacia mí, asiento despacio y el vuelve a asentir como en acuerdo.
-Dolores cocina muy bien –me da un cuchillo y una tabla
-Pica las papas –él vuelve a poner los panes en la tostadora, mientras le da vuelta al pollo-. Lo hace, yo creo que ella podría enseñarte. No puedes pretender vivir sola sin saber cocinar.
-¿Cuándo aprendiste? –pelo las papas con el cuchillo y luego las parto en largas tiras.
¿Dolores también le habría enseñado?
-Mamá es chef, así que ella básicamente lo añadió a nuestra vida como algo importante. Sabía cocinar omelettes a los seis años –yo aprendí a hacer un huevo estrellado hasta que llegué a los doce. Edward pone las papas en agua con sal unos segundos antes de enviarlas a la cacerola con aceite. Estoy esperando que las papas salten, incluso me retraigo en mi silla pero nada ocurre. Edward me mira con una ceja levantada, no sé si por mi reacción o esperando que yo diga algo así que suelto algo de mí.
-Mi mamá era terrible en la cocina, y papá cocinaba, pero él no tenía la paciencia para enseñarnos a hacerlo. Así que lo poco que sé ha sido por mi cuenta.
Lo poco que sé lo aprendí hasta después de la muerte de ellos.
-Esperemos entonces que lo tuyo con la cocina tenga solución.
-¿Dolores no trabaja los fines de semana? -¿estará enferma?
-Ella estará de vacaciones los siguientes diez días –me avisa.
¿Diez días sin Dolores? ¿Diez días con Edward?
Convencer a Dolores de que soy una buena persona es sencillo, pero creo que Edward tiene mayor experiencia leyendo gente.
-¿Y qué harás estos días? -intento con un tema diferente de conversación, parece estar abierto a conversar y dado que siempre soy yo parloteando sobre tonterías de la televisión quiero aprovechar su disposición.
-Dormir.
Sonrío. Es solo un tipo común y corriente. Miro a mi alrededor, aunque forrado en dinero para comprarse cosas bonitas y caras.
-¿Los de tu tipo no van a esquiar en verano y hacer cosas imposibles en sus vacaciones?
Edward se ríe. Creo que es la primera risa sincera que le escucho desde que vivimos juntos. Y carajo, tiene una risa preciosa.
-¿Los de mi tipo? -pregunta con una sonrisa, me quedo un momento prendida de esa sonrisa nueva antes de ser capaz de responder.
-Los dueños de cafeterías –aclaro esperando no haberlo ofendido. Vuelve a reírse negando con su cabeza.
-¿Qué hacen los de tu tipo? -me pregunta levantando una ceja, parece interesado. Acerca un plato con un emparedado de pollo y papas fritas, llevo ocho meses comiendo esto y jamás se ha visto tan delicioso como ahora.
-¿Te refieres a los mortales? Vamos al cine y a las plazas de la ciudad.
-Llevo años sin ir al cine –reflexiono un segundo sobre eso.
-¿Sabes? Si no hubiera pasado tanto tiempo frente a la televisión, quizá yo tendría una pequeña fortuna también.
Mentira. Pase ocho meses sin ver la televisión y no junté más que deudas. Miro a mi plato con el emparedado de pollo y las papas fritas que acaba de poner él ahí, parpadeo intentando despejar las lágrimas de mi rostro.
De pronto siento el aire pesado entre nosotros, como si algo hubiese manipulado la habitación y se sintiera diferente la estancia, o quizá solo soy repentinamente emotiva y al borde del llanto.
-Iré al cine –levanto la mirada ante el nuevo plan de vacaciones de Edward, parpadeo intentando despejar las lágrimas de mis ojos. Sé que él también siente el nuevo ambiente cargado de mi sufrimiento, y quisiera que no fuera así porque la última persona que lo notó decidió que yo era solo muchas lágrimas e inestabilidad para su perfecta vida como futuro abogado. Eric.
-¿Sí? -parpadeo de nuevo hasta conseguir recuperar mi visión. Él asiente sin perder una pequeña sonrisa.
-Será divertido, como los mortales, ¿no? –asiento recuperando el control de mis emociones, aquí y ahora.
-Pero seguro que irás a esos costosos cinemas donde tienes un mesero a tu lado con bandeja de oro –intento recuperar el tono de la anterior conversación.
Se ríe de nuevo y niega con su cabeza.
-¿De dónde salen todas esas ideas, Bella?
Señalo mi cabeza y el niega con su cabeza, aunque hay una media sonrisa ahí.
Y por primera vez en meses siento que estoy caminando hacia un futuro estable para mí. Sólo necesito ser la anterior Bella, la feliz persona que dejé atrás en el camino y estaré más cerca de recuperar a Charlie. Y al pensar en eso veo una gigantesca luz iluminando y llamando por mí.
Vuelvo a mirar a Edward que le da una mordida a su emparedado y sus ojos azules no me parecen fríos sino como agua cálida en un pequeño mar. Y una extraña sensación de tranquilidad me recorre también.
Dedicado a: Geminis1206, Wenday14, Adriu, Maryluna, Cinti77, May Jhonson D, OnlyRobPatti, Nancy, Ali213, Lore562
Muchas gracias por leer, seguir, compartir y comentar esta historia.
Lentamente iremos conociendo más del pasado de Bella. ¿Qué les parece este pequeño acercamiento entre los dos?
Espero sus comentarios, son la mejor paga de esto y además me ayuda mucho para saber cómo están recibiendo la historia y detalles que encuentran. Recuerda que al responder tu comentario te dejo un avance del siguiente capitulo
