Una dama de burdel
Edward (4 - 7)
Angielizz (Anbeth Coro)
Breve espacio informativo: las invito a leer mi otra historia: Un día más. Si les gusta el romance, la acción, extraterrestres y el drama de sobrevivir, este fic va a gustarte.
Same Mistake – James Blunt
Él
Martes 10:30
Durante toda la mañana el teléfono del apartamento suena, mi celular está apagado, lleva apagado desde el sábado cuando comenzaron de nuevo las insistentes llamadas de Heidi. ¿Qué quería de mí?
El teléfono vuelve a sonar, el desquiciante sonido hará que me arranque el cabello. Respondo.
Por unos segundos del otro lado solo hay silencio hasta que ella descubre que he respondido la llamada.
-Lo siento, lo siento, lo siento tanto –su voz es una mezcla de llanto y dulzura. La mezcla de ella en equilibrio.
Aprieto los ojos dejando mi mano contra la pared.
-Edward, háblame. Necesito escuchar tu voz.
Abro y cierro la boca un par de veces sin conseguir hacer que ninguna palabra coherente se formule.
-Estás enojado, lo entiendo, te amo, lo entiendo y lo siento, lo siento, lo siento –repite. Miro la pared y doy un trago de aire limpio antes de conseguir decir.
-No puedo.
-Sí puedes, te amo. No debí decir nada de lo que dije. Perdóname.
-No puedo.
-Fue un error. Fui estúpida, escucha no va a volver a pasar.
Rio sin gracia y agradezco encontrarme solo en el apartamento.
-No puedo –digo una tercera vez inhalando y exhalando, necesito esta conversación que he evitado durante más de dos semanas.
-No he podido salir de la cama, te extraño, hoy debíamos estar casados. Antier íbamos a empezar el resto de nuestra vida.
Pienso en eso. En todos esos planes que debieron empezar hace dos días, pero ahora es imposible. Teníamos la casa esperando que eligiéramos los últimos detalles, elegí pensando en ella esa casa a las afueras de la ciudad dónde habíamos hablado de criar a tres niños y llevarlos a una escuela pública cuando crecieran, teníamos este plan de vender el automóvil y conseguir una camioneta familiar cuando llegara el momento.
Heidi no paraba de decir que quería un perro para que pudiera hacerle compañía cuando yo no estuviera cerca, no habíamos decidido si necesitábamos un perro guardián o uno pequeño para que pudiera estar en el interior de la casa en nuestra ausencia.
Tampoco habíamos decidido el color de las cortinas.
Ni pudimos llegar a escoger los colores de las toallas para el baño de nuestra habitación.
-Lo siento –llora de nuevo. Inhalo de nuevo.
Jamás habitaríamos esa casa que elegí para la mujer que se suponía que debía acompañarme el resto de mi vida. Ni la camioneta, ni los tres niños, ni el perro guardián o el pequeño poddle. Nada. Al final del día todo se resume a una relación pasajera que nos arruinó la vida que pudimos tener.
-¿Valió la pena? –pregunto porque necesito saberlo. Necesito que confirme que todo el daño tuvo un motivo más grande.
-No, no, no.
-¿Vas a casarte con él? –insisto.
-No, te amo a ti. Sólo a ti.
-¿Por lo menos habla de su vida a tu lado?
-Edward –gime contra el auricular.
-Heidi, quería todo para nosotros y lo has echado a perder. No puedo. Quisiera tener el coraje para intentar luchar, pero no fui yo quien se rindió primero –me falla la voz al final de la oración. Suspiro sintiéndome infantil y estúpido.
-Lo siento.
-Deja de llamar, no fui yo quien acepto la infidelidad. No fue una vez, no fue ese mes, llevabas medio año encontrándote con él. Por lo menos pudiste romper el compromiso, ¿o tu plan era una boda y un amante al mismo tiempo? –no responde, aprieto los dientes al entender que ella jamás iba a decírmelo.
-Lo siento.
-Deja de buscarme. Sólo… no puedo. Y no hay nada que puedas decir ahora para hacer que cambie de opinión. Así que detente.
-Escúchame, necesitamos hablar de algo más yo… -la interrumpo.
-No, no. Escúchame a mí, esta es la última vez que respondo una llamada tuya. Deja de buscarme. No volveré a ser el idiota del que te ríes a su espalda con él. ¿Lo puedes entender tú? Sólo aléjate de mí.
Y cuelgo sin volver a escuchar su voz.
Y sé que será la última vez que vuelva a escucharla.
Así es como paso toda esa mañana y tarde, hasta que llega Bella, encerrado en mi habitación.
Él
Miércoles, 12:43
He pasado mis días en casa armando un rompecabezas de mil piezas que encontré en el estudio. Mi escritorio ahora es un puñado de pequeñas piezas divididas por colores, formas y orillas. Las mañanas las desperdició de esa manera, aunque despierto hasta las diez, me parece que llevo meses sin lograr despertar tan tarde y dormir por tanto tiempo, lo necesito y aprovecho estos días para darme ese lujo, si no conseguiré un viaje o un hotel cinco estrellas entonces debería poder quedarme con las horas extras en la cama, eso y retomar el rompecabezas.
El plan era bueno hasta que mamá llamó esta mañana con la intención especifica de hacerme sentir remordimiento:
-Te extraño, Edward. ¿Por qué no quieres venir a visitarme? –casi sonreí ante su falso sentimiento de dolor.
-Estoy ocupado –respondí con simpleza buscando la pieza a la que pudiera unir esta que llevaba entre los dedos. Necesitaba una punta con algo de nieve y algo de vegetación.
-De vacaciones –contradice.
-Estoy ocupado en mis vacaciones –añadí al tiempo que encontraba la pieza que buscaba. Elegí otra.
-Escúchame bien, Edward Flinché. No permitiré que me hagas a un lado en tu vida –sonreí contra el teléfono, a ella le gustaba dramatizar cuando le convenía.
-Tengo treinta y dos años –le recordé tan cariñoso como pude.
-Y tienes una madre –se escuchó a alguien hablar de fondo- Carlisle te envía saludos –Carlisle era la imagen paterna que había tenido por más de veinte años, así que en muchos aspectos era un padre para mí. Sobre todo cuando mi padre biológico me había visto una centena de veces durante todos esos años.
-Dile que gracias.
-Edward dice que te envía saludos, que vendrá en unas semanas –negué con mi cabeza. No se daría por vencida.
-Mamá.
-Te extraño. ¿No extrañas a tu madre?
-Sí. ¿No tienes otra hija?
-Alce vendrá de vacaciones en una semana.
-Alice siempre encuentra tiempo libre.
-Pasa el fin de semana con nosotros, ¿qué te limita?
Bella.
-Estoy ocupado.
-¿Tiene algo que ver la joven que está viviendo contigo?
Silencio. Ibamos a tener esta conversación, me gustara o no, dejé el rompecabezas y salí del estudio caminando a la sala. Mamá se queda también en silencio, pero cuando resulta evidente que yo no diré nada al respecto continua.
-Cuando escuché a Diana pensé que estaba mintiendo.
Apreté los labios. Esa vecina y su lengua larga. Me siento en el sillón pequeño dejando caer mi cabeza hacia el respaldo. Miro al techo buscando las palabras adecuadas.
-Dice que es muy joven –continua.
-Lo suficiente mayor para no andar con chismes por teléfono.
-Edward –usó su voz de regaño y escandalo- ¿Qué prima viene a visitarnos de Europa?
Reí. Esa maldita vecina chismosa.
-La verdad pensé que Diana iba a esperar a contártelo hasta que vinieras a la ciudad.
-Tú sabes que ella explotaría antes que quedarse callada tanto tiempo.
Mi madre.
-¿Y bien? –insistió. Solté el aire de golpe sin estar preparado para esta conversación.
-Se llama Bella.
-¿Por qué no había escuchado de ninguna Bella antes?
-La conozco hace un par de semanas.
-¿Y cuánto lleva viviendo ahí? –me removí incomodo en el sillón. Venga, parecía un niño.
-Un par de semanas.
-Metiste una extraña a tu apartamento, ¿no te parece peligroso y estúpido de tu parte?
¿Mamá usando malas palabras?
-No es apropiado, ¿esto tiene algo que ver con Heidi?
-No, no tiene nada que ver con ella –que ella y Alice pensaran eso me molestaba.
-¿Debo asumir que meter mujeres que no conoces en tu casa es algo sensato en mi hijo?
-Mamá, tengo treinta y dos años –repetí- y esta es mi casa.
-Y sigo siendo tu madre –gruñí con frustración mientras me levantaba del sillón. No se daría por vencida.
-Déjalo ya.
-¿Por qué?
-Porque ella necesitaba un lugar y mi apartamento tiene espacio para alguien más.
-Que considerado de tu parte –dijo sarcástica.
-No vamos a discutirlo por teléfono, madre.
-Eso digo yo, ven a casa.
Rodeé los ojos, jalando mi cabello.
-Estoy ocupado.
-Diana está preocupada por ti, dice que ella es peligrosa.
-¿Peligrosa? –de todas las cualidades que Diana pudo haber empleado en Bella no esperaba que peligrosa fuera a ser la palabra de su elección.
-Me contó que tuvo que llamar a seguridad porque la estaba haciendo una escena en el lobby.
Sentí la sangre hervir bajo mi piel.
-Diana pudo haber llamado a la policía para echar a Bella del edificio porque es una clasista. No sabía que no tener un millón en la cartera era un crimen.
-Edward, solo me preocupo por ti.
-Deja de preocuparte y confía en mi intuición.
-¿Cómo te fue la última vez que usaste tu intuición en una mujer?
-Hablamos más tarde, mamá.
Colgué sin esperar a escuchar su disculpa.
Bella regresa después de las tres del trabajo, al parecer Alice comprendió mi decisión, o quizás sólo está esperando para volver al ataque con el tema.
Miro a Bella revolviendo los espaguetis con la salsa de tomate. Lo cierto es que no había pensado que podía usar mis vacaciones en clases culinarias a otra persona, pero aquí estaba.
-No necesitas ser tan brusca, ¿sabes? –ella frunce el ceño y mira a la cacerola con cierto nivel de odio sin dejar de batir con el cucharón de madera, aprieto los labios luchando con la sonrisa.
-Esto se ve tan simple en la televisión.
-¿Estás viendo recetas de cocina en la televisión? -levantó una ceja en su dirección y ella se sonroja sin responder así que supongo que eso es un sí.
-¿Cómo sabré cuando la carne esté lista?
-Lo sabrás –me mira con sus ojos abiertos como si le hubiese pedido que despellejara una vaca, ahora sí no puedo evitar reír, niego con mi cabeza sintiéndome ridículo.
-Estas burlándote de mí, ¿no es así? –me encojo de hombros.
-Sólo no quiero que incendies el apartamento. Vivimos en el piso treinta y dos, mantén eso presente.
Bufa para no reírse y vuelve a su tarea. Apaga la estufa y se queda ahora parada mirando hacia el sartén eléctrico con las verduras y la carne, levanta la tapadera de cristal y mueve la carne con el cucharón de madera. Me limito a pasarle la espátula de acero y ella lo toma sin hablar.
-¿Listo?
Miro la comida.
-No se ve quemado –entrecierra sus ojos en mi dirección, pero un segundo después su rostro cambia y se vuelve inexpresivo y dos segundos más tarde sonríe. Es algo escalofriante de ver. ¿Un extraño caso de bipolaridad?
Alcanzo dos platos, pero ella me los arrebata sin decir nada y sirve la comida.
-Hoy me toca cocinar, espera sentado.
Así que regreso al banco y espero paciente a que ponga los cubiertos, el vaso de cristal y el plato con el espagueti, la carne y las verduras.
No se ve quemado, tampoco se ve crudo. Pero la inseguridad en Bella sobre sus técnicas culinarias me pone a la defensiva.
-¿Y bien? –Bella se ve encantadoramente infantil sentada a mi lado mirándome, lo que tengo que hacer para ser una mejor versión del anfitrión perfecto, con el cuchillo y tenedor parto un pedazo de carne y lo llevo a mis labios.
Mastico, primero despacio e inseguro y luego con normalidad, aunque intento mantener la cara tan seria como puedo, porque Bella me sigue pareciendo graciosa.
-Tiene mucha sal –ella se ve alarmada, parte un pedazo de carne con su cuchillo y lo lleva a sus labios, me apunta con su dedo índice y no puedo evitar reírme de ella, me lanza la servilleta de tela que está a su derecha y la atrapo con mi mano.
-Está delicioso –dice casi con asombro.
Me rio con más ganas.
-Destilas modestia, Bella–finjo regañarla y ella niega con su cabeza sin dejar de sonreír.
-Casi se me detiene el corazón pensando que te envenene.
-La sal no es venenosa –le recuerdo.
-A tu edad sí –ja.
-Tengo treinta y dos años, por cierto.
Ella me mira y levanta una ceja.
-¿Treinta y dos? -tragó con esfuerzo el pedazo de carne por mi garganta. ¿Acaso piensa que tengo más años?- pensé que eras más joven -añade, y creo que eso me tranquiliza lo suficiente.
-¿Más joven? –levanto una ceja.
-¿Veintinueve? –suena a una pregunta, me encojo de hombros como si la edad no tuviera importancia, aunque la tiene.
-El lunes descubrí que no sé cuál es tu nombre, ni tu número de celular.
-Flinché.
Ella repite mi apellido con sus labios sin emitir sonido, supongo que es así como pretende memorizarlo.
-¿Mi número de celular? -ella ni siquiera tiene un teléfono para llamarme.
-Supongo que eres mi contacto de emergencia, ¿no debería saberlo?
Supongo que lo soy. Me levanto del banco y saco del bolsillo trasero del pantalón mi billetera, de ahí extraigo una tarjeta de presentación sencilla. Fondo negro con letras doradas con mi nombre y mi celular. Sin logos, ni datos de la empresa.
Ella lo toma con una sonrisa pequeña y burlona en sus labios. Me preguntó qué está pensando porque sus ojos brillan divertidos.
-¿Ocurre algo? -ella niega con su cabeza.
-¿Esto es para tus citas?
Me río sin más. De todas las ideas que pudieron haber estado pasando por su cabeza...
-¿Qué te hace pensar eso?
-No tiene datos.
-Tiene los suficientes, es más profesional así.
-Claro, antes de tinder esto estaba de moda, ¿no?
¿Qué tan viejo cree que soy en realidad? Y ¿hace cuánto se creó Tinder?
-Te toca lavar los platos –anuncio. Ella se ríe.
-Yo siempre los lavo –dice, aunque no suena a una queja sino un poco sutil recordatorio-. Muchas gracias –dice guardando la tarjeta en su pantalón.
-¿Qué tal tu día?
-Lo cierto es que empiezo a pensar que ser mesera de un café es el mejor trabajo posible. Puedo estar escuchando todas esas historias y sólo tengo que servirles más café.
Me río.
Jueves
15:10
Esta mañana mientras armaba un rompecabezas decidí que podía limpiar un poco los cajones del escritorio. Venga.
Lo diré de nuevo.
Esta mañana mientras armaba el rompecabezas me puse a buscar entre los cajones del escritorio utensilios de oficina. Encontré un par lápices nuevos, un sacapuntas y borrador.
Tampoco sería cierto.
Esta mañana mientras armaba el rompecabezas decidí tirar los cajones al suelo, revisar entre los libros del librero, las cajas guardadas de las repisas y entre mis portafolios algo que pudiera ser útil para dibujar. Apenas conseguí juntar una docena de objetos.
Así que desistí y continúe armando el rompecabezas.
Mentiría, por supuesto.
Y ya que no encontré más que un puñado de artículos de oficina decidí comprar un par de nuevos.
Otra mentira.
Llevo años queriendo hacerme de un pasatiempo, así que pensé que sería buena idea usar estos días en aprender. Bah.
Y ya que ahora tú estás aprendiendo a cocinar, tal vez yo podría aprender algo de dibujo, ¿no?
No.
-Gracias, Rafaelo –miro hacia la entrada, Bella acaba de llegar del trabajo- ¿Fuiste de compras? –pregunta Bella ante la obviedad de esas bolsas llenas de artículos de oficina, dibujo, pintura y cuanta mierda se cruzó en mi camino, todo sobre el sillón de la sala.
-Algo así –me limito a decir mirando todas esas bolsas, tal vez exageré un poco.
-Susana, mi compañera de trabajo, me estaba contando que tiene un problema con las compras. Dice que su salario no le dura más que un par de horas. Ella está yendo a terapia, ¿sabes? –sonrío y la miro. Me gusta su poco sutil sentido del humor.
-¿Te lanzaron café encima? –pregunto mirando su blusa con una mancha grande que va del hombro a la cintura.
-Agh. Ojalá –levanto una ceja y ella da la explicación- una cliente decidió que podía hacerla de niñera un minuto. Esto es vomito de bebé.
-Encantador.
-Encantador –imita mi voz con sarcasmo- iré a cambiarme –anuncia caminando hacia la habitación de visitas.
-Espero que te haya dado propina –me limito a decir lo suficiente alto para escucharme.
-Ja. Quiso acusarme con Priscila por hacer vomitar a su bebé –grita desde la recámara. Sigo mirando hacia el pasillo. Tomo todas las bolsas y las llevo hacia el segundo pasillo, donde se encuentra mi estudio. Dejo ahí la mayoría de las bolsas excepto una de ellas.
-Esos clientes malhumorados –digo al regresar a la sala y encontrarla ahí con una blusa diferente.
-Mimados. ¿Sabes que tienes un café que vale tres veces el salario mínimo? –se queda parada detrás del sillón con sus dos manos sobre el respaldo de éste.
Asiento, incomodo ante el hecho.
-¿Qué ingredientes tiene? –pregunta con curiosidad, no puedo decirlo, Alice lo considera una receta familiar secreta.
-¿No lo has probado? –me da una mirada molesta aunque la recompone y la convierte en una sonrisa, ¿Cómo consigue hacer eso?-. Vale cada centavo.
-Eso parece, es lo que más se vende.
Cuando Alice apareció un par de años atrás con la idea de la cafetería, ese café fue el primero que entró a nuestro menú. Ella tenía la idea de una cafetería para cierto tipo de clientes, así que comenzamos a vender la idea de un lugar elegante y cotizado. Pronto llenamos la cafetería con personas de cierto estatus, y en unos meses estábamos abriendo más sucursales por el triunfo de esa idea. La gente ahora iba perteneciera o no a ese nivel, el mero hecho de llevar un café de Alice en las manos parecía ser un boleto a… ninguna parte.
Todo era pretensión y vanidad, y nosotros vendimos esa idea como café caliente.
-Te compré algo –digo al fin. Sin rodeos.
-Edward, ni siquiera he podido pagar por la ropa. Más vale que sea barato porque de verdad necesito guardar algo de dinero para mí.
Rasco mi cabeza sin responder, agradeciendo haber tenido la sensatez de guardar el resto de bolsas en mi estudio.
-¿Puedo devolverlo?
-Es un regalo.
Ella niega con su cabeza.
-No puedo aceptarlo –se cruza de brazos.
-Ni siquiera has visto qué es.
-Es caro, ¿no?
Niego con mi cabeza, analizando la bolsa de plástico.
-Dime que todo eso no es para mi –parece aterrada ante una respuesta afirmativa así que niego con mi cabeza.
Saco de la bolsa más pequeña entre todas las que compré un par de cuadernos de dibujo y unos lápices con diferentes puntas. La miro, tiene una sonrisa que pasa de lado a lado en su cara.
-¿De verdad? –asiento- veamos si realmente eres tan buena dibujando como dices.
Así que pasa el resto de la tarde demostrando que tan buena es dibujando. Mientras yo estoy en el sillón terminando de revisar unos documentos que enviaron de la oficina, ella está en el sillón pequeño con su cuaderno entre las manos. Es buena. Ya dibujó a la perfección el sillón frente a ella. Luego decidí subir la dificultad y le pedí que hiciera un boceto de la ciudad a través de la ventana. Lo hizo. Le tomo una hora o algo así, pero al final la imagen a lápiz era casi la misma.
Dijo que le gustaban los retratos realistas, aunque presumía que era igual de buena con los collages, lo surrealista y las caricaturas.
-¿Caricaturas? –asintió con algo muy parecido al orgullo, creo que solo cuando hablaba de dibujo daba esa sensación de sentirse bien consigo misma. Y ya que hoy en especial yo no sería una buena compañía para ella por el papeleo frente a mí…—. Acompáñame.
Me levanté del sillón con el papeleo y la computadora portátil y caminé hacia el estudio. Bella caminó en silencio tras de mí. Señalé el sofá de cuero blanco del despacho, había una mesita de cristal frente a éste. Ella se sentó ahí. Caminé al escritorio donde dejé todo lo que llevaba entre los brazos y aproveché para tomar el portarretrato que estaba ahí. Era una foto de mamá y Alice.
-Quiero una de Alice.
-¿Buscas que me despidan? –sonreí mientras negaba con la cabeza.
-Sólo quiero asegurarme que no estas fanfarroneando –eso pareció bastar porque tomó el cuadro y se puso a dibujar.
Pasamos el resto de la tarde en el estudio, tenía demasiado trabajo por un proyecto que necesitaba de mi revisión y autorización, así que si quería salir de ese aprieto y no perder tiempo y dinero debía darme prisa en hacerlo.
Resultó que Bella era buena compañía, ya que apenas era consciente que estaba cerca. Había olvidado la tarea que le pedí cuando se levantó con el cuaderno entre sus brazos y me lo mostró.
Era Alice, al menos una versión animada de ella. El dibujo conseguía mantener los ojos grandes de mi hermana, y algunas facciones aunque todo el resto era caricaturesco y divertido. El dibujo era con ella parada sobre un sillón, entendí que el espacio era una caricatura de mi propia sala. Había botellas de alcohol y chucherías en el suelo. Y en la esquina una cámara.
Reí un poco. A mi hermana iba a gustarle. Aunque aún no estaba dispuesto a olvidar que había metido hombres en mi casa.
-Es divertido –acepté devolviéndole el cuaderno- ¿retratos?
-De paisajes, aunque también sé dibujar personas.
Levanté una ceja incrédula.
-Lo digo en serio –sonaba complicado-. ¿No lo crees? –le di una media sonrisa condescendiente pero que quería mostrar que no estaba tan seguro de creerlo. Se alejó del escritorio con falsa indignación y regresó al sofá, me apuntó con el lápiz, pero no dijo nada y comenzó a dibujar.
Viernes 15:06
Alguien toca a la puerta y sé por la insistencia que no es Bella. Cuando me levanto a abrir la puerta me encuentro coc Jasper, Emmet y James. Mierda.
Nadie excepto Alice sabe de la existencia de Bella, y ahora tengo a estos tres idiotas pretendiendo entrar a mi piso. Reviso mi reloj, Bella debe estar dirigiéndose hacia aquí.
-Camarada –James me abraza sin razón alguna.
-Fuera –consigo quitarme sus brazos de encima.
-Venga, Edward, te has encerrado aquí como cavernícola. El mundo está lleno de vaginas calientes allá afuera -señala James al pasillo.
Claro, porque para James un clavo sí saca otro clavo.
-Paso.
Intento cerrar la puerta, pero Emmet pone su brazo para impedirlo.
-Venga, Edward, deja de ser una niña.
Tuerzo la quijada, pero me limito a mirarlo con los ojos entrecerrados. Jasper es el único de ellos que se mantiene en silencio y detrás. Así que puedo adivinar que esto no ha sido su idea.
-Estoy bien, ahora necesito espacio.
-Ven aquí -Emmet me abraza, los quiero lejos. ¿Qué hora es? ¿Cuánto falta para que Bella llegue? Lo último que necesito es que James se dé por enterado de la historia de Bella. Si había alguien que iba a protestar más que mi madre sobre Bella ese sería James.
-Quítate –intento separarlo, pero en lugar de alejarlo se las ingenia para meterse al apartamento seguido de James y Jasper- ya no somos unos niños, ahora fuera de mi casa.
-Pero mira nada más, ¿ahora eres un artista? -giro mi cabeza hacia James que sostiene el cuaderno de Bella frente a sí. Al parecer Bella tiene grandes dotes para el dibujo. Me encojo de hombros sin saber cómo debería responder a eso.
James se pone a hojear el cuaderno e intento arrebatarselo pero Emmet me detiene, divertido con el nuevo descubrimiento, miro a Jasper pero tampoco parece ser de ayuda porque me mira queriendo decirme que no hay nada que él pueda hacer.
-Fuera de aquí.
-Wow –la voz de asombro de James hacen que mi molestía se disipe un poco, mira entrecerrando los ojos algún dibujo en especial y de regreso a mí, y al dibujo y a mí- debes ser un maldito narcisista para hacer tan buen autoretrato.
Emmet le arrebata el cuaderno con brusquedad y por un segundo temo que lo pueda romper, Emmet mira al cuaderno y a mí y de nuevo al cuaderno y a mí y al cuaderno y a mí y de nuevo al cuaderno.
-Dame eso –me desespero.
Se lo quito de las manos y entonces lo entiendo. Bella había pasado la tarde anterior usandome como modelo para retratos, la dejé dibujarme mientras yo estaba trabajando, más tarde siguió haciendo cuando estábamos en la sala de la televisión viendo una película, pero no había visto el resultado ni sentido curiosidad por el dibujo. Me había parecido un buen reto. Y le había sonreído burlo porque no esperaba que lo estuviera haciendo bien, tampoco esperaba algo diferente, hasta donde sabía había pasado todos esos meses sin artículos para dibujar, así que me parecía lógico suponer que había olvidado a hacer todo lo que antes sabía. Resulto que no, ella era buena, y ese del dibujo era yo.
Es decir, claro que era yo, pero había no sólo captado mi figura sino cada pequeña expresión en esa forma. Ella era demasiado buena sólo dibujando.
-¿Cómo lo hiciste? -preguntó Jasper detrás de mí. No supe qué decir.
Tampoco hubo tiempo para inventarme una historia, porque cuando levanté la mirada Bella estaba ahí.
Un especial agradecimiento por sus comentarios a Wenday14, Adriu, Maryluna, gugu, Ori-cullen-swan, Fiore, Cinti77, Lee, Lore562, May Jhonson D,
***Me han preguntado antes si la historia es una adaptación de otra novela o cómo poder leerla completa. Me temo que tendrán que esperar para leerla completa, la historia es completamente original, la subo en otras dos páginas en internet, pero fuera de ellas esto es el avance de la novela. Así que ya sabes si quieres más, no olvides comentar para tener actualización pronto.
Muchas gracias por leer, seguir, compartir y comentar esta historia.
Espero sus comentarios, son la mejor paga de esto y además me ayuda mucho para saber cómo están recibiendo la historia y detalles que encuentran. Recuerda que al responder tu comentario te dejo un avance del siguiente capitulo.
