Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Sábado (8)
Angielizz (Anbeth Coro)
Muchas gracias por leer, seguir, compartir y comentar esta historia, especialmente a: Maryluna, Adriu, OnlyRobPatti, MayJhonsonD, Cinti77, PatriciaLugueraDiaz, Carita1999, Lore562, Bethyii, Wenday14
Ella
Sábado, 02:14
Cuando desperté papá estaba aquí. O yo estaba allá. O ahí, en algún espacio perdido de mis recuerdos.
Me senté en mi cama y descubrí que estaba en mi habitación, llevaba puesta mi pijama favorita, de pantalón y mangas largas con una mezcla de colores pastel, la había comprado con mi primer pago trabajando con papá en el consultorio dental. Las cobijas eran las azules que recordaba y papá estaba sentado a los pies de la cama mirándome. Estiró su mano hacía mí y yo la tomé.
Mi mano era más pequeña, infantil. Y cuando miré a la derecha, donde estaba mi tocador con espejo encontré mi rostro de niña reflejado.
-Hola –mi voz sonaba a mí, pero a la vez no era mi voz de veintidós años.
-Hola, preciosa –mis labios tiraron hacia arriba en automático, desde que había llegado a nuestra vida esa era la manera en que me llamaba, me llamaba así porque le había dicho que en la clase me había tocado ser el patito feo.
-El patito feo es el ave más preciosa del cuento –me contó Charles mientras yo lloraba en el asiento por lo terrible de interpretar a un pato feo aquella vez. Apenas llevábamos un día de ensayos, así que la maestra del kínder no había conseguido avanzar más allá de cinco minutos de actuación. Sobre todo, porque la estrella, yo, había llorado solo supe el nombre de mi personaje- te eligieron porque eres preciosa.
-¿Yo? –las lágrimas se fueron por completo y fueron sustituidas por una risita.
-Así es, preciosa.
-Estás aquí –gateé hasta él, me abrió los brazos y me recosté en su pecho.
-¿Dónde más estaría, preciosa? –se me llenaron los ojos de lágrimas, pero me aferré a este bello momento. Mi único sueño con papá desde su muerte era el del avión cayendo en una tormenta, solo esa horrible pesadilla. Este era un buen primer sueño con él.
-Aquí, claro –no voy a arruinar este sueño, me prometo. Papá del sueño no necesita saber que está muerto.
-¿y mamá? –pregunté mirando al resto de mi recamara.
-Está durmiendo al bebé.
El bebé. Charlie. Un llanto de recién nacido venía debajo de la puerta, miré a papá.
-¿Ya está aquí? –mamá había estado en el hospital un par de días mientras yo era cuidada por una niñera de edad mayor, puede que tuviera quince años en ese momento o cien, pero ellos nunca iban a aceptar que yo era un ser humano capaz de cuidarme por mi cuenta.
-Acabamos de llegar —explicó.
-¿Ya eligieron su nombre? –habíamos acordado que el nombre del bebé lo elegiríamos hasta que naciera. Negó con su cabeza levantándose de la cama.
-Vamos, preciosa –papá estiró una mano hacía mí. Caminamos a la puerta, pero al abrirla no estábamos en el pasillo de la casa sino en un parque.
Miré a papá.
Ahora él estaba lejos de mí, parado al lado de unos columpios con una nieve en cada mano. Miré a mi lado, la mano que sostenía era ahora la de mamá. Ella se agachó a mi altura y entendí que ahora era menor que antes, estiré mis manos a su rostro, mis manos eran ahora incluso más pequeñas que antes.
Ella sonreía feliz y nerviosa mirando de mí hacia atrás donde nos esperaba el hombre de las nieves.
-¿Recuerdas lo que hablamos? –preguntó mami y asentí.
-¿Y si no le agrado?
Miré al hombre que estaba dando pequeños pasos hacia nosotras, miré a mamá sintiendo pánico.
-Tú siempre serás mi niña, Bella. No hay nadie más importante que tú para mí.
-Hola, Bella, soy Charles, un amigo de tu mami.
Se hincó en el suelo al lado de mamá y extendió una nieve de fresa para mí, sonreí al descubrir que era mi sabor favorito.
-Hola –apreté la mano de mamá, pero ella no perdía su sonrisa tranquila, así que eso debía asegurarme que todo estaba bien.
-Me gustaría conocerte, tu mamá me ha platicado mucho de ti.
-¿Sí?
-Es de lo único que hablamos –me juró, ahora mamá asentía dándole la razón. Tomé la nieve que me ofrecía con ambas manos.
-Este sabor me gusta.
-También es mi favorito –dijo Charles mostrándome la otra nieve de fresa- ¿me acompañas? –miré a mamá que asentía y de regresó a la mano que ofrecía él para mí.
Comencé a caminar tomada de su mano, mientras mamá dejaba su mano sobre mi cabeza y con mi mano izquierda agarraba la nieve de fresa. Había una puerta ahora al lado de los columpios, nos dirigíamos a ella, al abrirla estaba en la habitación del bebé.
Me acerqué a la cuna donde el pequeño bulto descansaba.
-Saluda a tu hermano, Bella –mamá estaba sentada en le mecedora al lado de la cuna, me acerqué con pasos lentos.
-¿Ya tiene nombre?
-Estábamos esperando por ti.
Miré al pequeño bebé durmiendo con sus manitas hechas un puño diminuto y su boca rosada entre abierta. Era el bebé más hermoso que hubiera visto antes.
-¿Será tranquilo? –necesito saber si podré dormir el resto de mi vida.
-Es igual a ti –dice mamá, pero yo no lo creo, se parece a papá, tiene su cabello y su nariz. Tiene su forma de la cara y unas cejas rubias que apenas se ven.
-Es igual a papá –contradigo como un hecho imposible de ocultar. Y si se parece a papá, no puede parecerse a mí. Siento mis ojos picar. Yo estoy en la preparatoria y ellos han decidido reiniciar la familia, en unos pocos años más estaré en la universidad y luego fuera de casa, nos veremos algunas semanas al año en el mejor de los casos. Era obvio que quisieran volver a iniciar sus vidas.
-Tiene tus ojos –me reconforta papá poniendo su mano en mi espalda, levantó mi mirada llorosa a él.
-¿Sí? –asiente poniendo su mano sobre mi hombro ahora y abrazándome de lado.
-Tu hermano siempre será una pequeña conexión más entre nosotros tres.
Entiendo lo que intenta decir, él será el lazo sanguíneo con papá. Este pequeño bebé se parecerá a los tres y entiendo que tengo una razón más para amarlo. Estiro mi mano a su rostro.
-Charlie –pronuncio su nuevo nombre y el bebé sonríe incluso dormido—, siempre te voy a cuidar —le digo acercando mi rostro a la cuna.
Él
07:26
Todo era culpa de James.
Si culpaba a James era más simple para mí, porque a la otra persona a quien podía culpar era totalmente inocente y ajena a mi batalla interior.
Aunque había un tercer culpable: yo.
Di un sorbo a mi café caliente.
Toda la culpa era de James, así era más sencillo. Había picado el anzuelo cuando reconocí su mirada sobre Bella y entonces intervine poniéndome entre ambos como si eso sirviera de algo. Pero ahora él sabía de Bella. Y me preguntaba cuánto tiempo iba a pasar para el siguiente movimiento de James, aunque suponía que eso sería en la cena de Jasper de la próxima semana.
-Buenos días –ella apareció en la cocina vestida para ir al trabajo.
Eran las siete de la mañana, yo llevaba en la cocina al menos media hora y despierto desde las cuatro. Le di otro trago a la bebida caliente.
-¿Terminaron tus vacaciones? –negué con mi cabeza.
Ella sacó comida del refrigerador, y comenzó a prepararse unos huevos estrellados mientras ponía un par de panes en la tostadora.
-Una semana sin incendios –ella se río haciendo que el sonido de su risa rebotara en las paredes como si fuera música.
-¿Aprobé el curso?
-No estás ni cerca –bromeé y ella lanzó su cabeza hacia atrás con exagerada dramatización. Me miró con una sonrisa, hoy parecía estar más feliz de lo usual y me pregunté a qué se debía el cambio.
-¿Quieres desayunar? –negué con mi cabeza señalando el café-, lamento lo de ayer con tus amigos –se disculpa innecesariamente, si alguien debería disculparse debería ser yo por no haberlo impedido.
-Eso no fue tu culpa, ellos no debieron llegar sin avisar.
-No iré –anuncia y levanto ambas cejas con sorpresa-, todos irán con sus parejas y no quiero obligarte a llevarme con ellos.
-No estas obligándome tú –en todo caso han sido ellos.
-Además, eso parece algo planeado con antelación, seguro que ya tenías pensado llevar a alguien más –se muerde el labio inferior mientras desvía su mirada para sacar los panes de la tostadora.
Jasper era un controlador compulsivo, así que su cena de cumpleaños siempre estaba añadida al calendario tan solo se acercaba su mes de cumpleaños, sin embargo, no había considerado como un problema ir solo a la cena de mi mejor amigo.
-Pensaba ir solo –admito.
-Por favor –me mira un segundo y de nuevo a su comida-, un tipo como tú no puede ser soltero y ya.
¿Soltero y ya?
¿Un tipo como yo?
¿Exactamente eso qué significaba? Pareció notar mi confusión porque añadió.
-¿Podemos hablar acerca de cómo mi presencia aquí te está restringiendo de traer mujeres bonitas al apartamento?
Llevaba dos años sin traer a nadie además de Heidi al edificio, Bella no era una restricción implícita para traer a mujeres a mi piso, sólo no quería hacerlo. ¿Era tan difícil entender que a veces no es tan simple estar de regreso a la vida de soltero? Aunque Bella no tenía idea de esto. Bella no sabe que estuve a punto de casarme, ni que ella empezó a vivir aquí dos semanas después del rompimiento, no sabe que el domingo anterior debió ser la fecha de mi boda.
Lo único que sabe es lo que he permitido que sepa.
Por otro lado, ¿había enfatizado mujeres bonitas?
-Dolores y tú son muy guapas –cobarde.
Se ríe con diversión mientras niega con su cabeza.
-¿Lo ves? No puedes ser soltero –abre la boca con fingido escandalo-, a excepción que tú y Dolores… -ahora es mi turno de reír, levanto las manos hacia arriba.
-Culpable. Podrías ser detective –asiente varias veces como si estuviera analizando mis palabras.
-¿Podría no? Tal vez lo haga algún día.
Ella se apresura a comer su desayuno y luego va hacia la habitación. Dejó la taza bajo el chorro del agua intentando ordenar mis ideas. Me digo que su felicidad es contagiosa por las mañanas y a eso se debe el cambio de mi humor.
—Nos vemos más tarde —se despide Bella de mí, me giro a mirarla.
—¿Necesitas un aventón? —ella niega con su cabeza—, voy de salida, tengo algunos asuntos para hoy.
—¿Estás seguro? –me encojo de hombros, sólo me desviaré una cuadra para llegar a la cafetería asi que no es un problema.
Para cuando llegamos al elevador, Diana ya está ahí. Si caminara solo yo habría vuelto sobre mis pasos al apartamento antes que entrar al elevador con la mujer. Pero no vengo solo, y no planeó hacer que sepa como su presencia ha afectado a nuestras vidas.
¿Nuestras vidas? Venga, quizás exagero un poco. Aunque no, realmente nos ha afectado por igual, sobre todo ahora que lo sabe mi madre. Solo es cuestión de tiempo para que decida hacer una visita y conocer a Bella e intentar meterme a la cabeza alguna idea sensata para sacar a Bella de mi piso.
Pongo mi mano en la espalda de Bella animándola a dar los últimos pasos hasta quedarnos al lado de Diana, yo en medio de ambas. Los tres mirando hacia las puertas metálicas.
—Buenos días, querido.
No me pasa desapercibido que su saludo va dirigido únicamente a mí, aprieto los dientes para no soltarle un comentario desagradable y me limito a mover la cabeza como saludo manteniendo siempre mi vista al frente. Eso no la hace desistir:
—Hablé con tu madre hace unos días, ¿cómo se encuentra? –comenta con cinismo, jactándose de la situación.
—Seguro que lo sabes —Bella comienza a mover sus pies mientras no para de mirar el marcador en el que se encuentra el elevador: 2.
—Se sorprendió de la visita de tu prima —eso atrae la atención de Bella porque ahora me mira a mí con sus grandes ojos asustados. Miro hacia el frente intentando concentrarme, ahora soy yo quien mira el marcador: 13.
—Estaba escandalizada por tus malos hábitos, aunque no parecía sorprendida de tus inventos –le digo secamente.
—¿Mis… inventos?
—Claro, no me sorprende que estés fuera de la lista de invitados –digo usando un tono despreocupado.
—¿Invitados?
20.
—La fiesta de aniversario —le recordé.
—Ya llegará la invitación —se muestra tranquila, sabiendo que nunca se le ha desairado de ese modo, sonrío.
27. Espero a que el marcador señale nuestro piso antes de volver a hablar.
—Bella y Alice están organizando la fiesta, no creo que llegue la invitación a tiempo.
La puerta se abre, consigo hacer que Bella entre al elevador antes que yo. Cuando entro me doy la oportunidad de mirar a Diana que sigue parada fuera del elevador, se ve ofendida y asustada por igual. Ella es una amante del chisme y del espectáculo.
—¿Entra? —pregunto y adivino la respuesta, la mujer solo niega con su cabeza y no lo dudo cuando presiono el botón para cerrar las puertas. Después presiono el botón del primer piso.
—Eso ha sido como dispararle en un pie —asumo que esa es una manera de felicitarme.
—Ya, ahora tengo que hacer que Alice la quite de la lista de invitados.
—¿Crees que esté llamando a tu mamá ahora mismo? —asiento— ¿te he dado muchos problemas con ella? -lo pienso unos segundos antes de responder.
—No más de lo que imaginaba.
—Se lo ha tomado horrible, ¿no?
Miro a Bella, aunque ella mantiene la cabeza gacha entretenida mirando sus tenis. Miro hacia abajo también, siguiendo su mirada.
¿Por qué hasta ahora noto los gastados tenis que usa Bella?, ¿son los únicos zapatos que tiene?, ¿qué usa cuando lleva falda? Mierda. Debería haber prestado un poco más de atención. Lo añado a mi lista de pendientes para hoy.
—Sólo como cualquier madre preocupada.
—¿Vino al edificio?
Piso 20.
—Fue una llamada telefónica.
Piso 15.
—Lo último que quisiera es ser un problema para ti –dice con preocupación en su tono de voz, la alegría de la mañana ha desaparecido.
Piso 10.
—No lo eres, Diana por otro lado…
Aunque eso no la hace sonreír. Piso 5.
-No quiero ser un problema, Edward –venga, esa palabra de nuevo. Honestamente me arrepiento de haberle dicho eso en su segunda noche aquí, es como si le hubiera tatuado esa expresión en los ojos, al primer problema estás fuera.
-No eres ningún problema, Bella. Eres mi invitada.
Estamos en el lobby. Cierro las puertas cuando están por abrirse y la miro de frente.
-No eres un problema, estás aquí porque lo decidí de esa manera –necesito que deje de preocuparse por eso.
-¿Prometes que me dirás cuando sea demasiado? -sus ojos brillan cuando me ve, asiento sin saber qué otra cosa hacer.
Más tarde cuando estoy en la zapatería me doy cuenta que pude haber dicho que nunca sería demasiado en lugar de solo asentir.
Tengo a Alice al teléfono mientras paseo mi vista entre los diferentes zapatos para dama.
-Eres tan tonto –dice Alice molesta al teléfono.
-Necesito su talla –le repito, ahora me siento realmente como un tonto con este genial plan de comprarle zapatos sin saber su medida.
-¿Seguro que no ha pasado nada entre ustedes? –interroga, sólo porque estoy en un lugar público no me pongo a gruñir.
-No.
-Escuché el rumor que tú y ella son pareja.
-¿De Rosalie o de Victoria? –preguntó sin sentir sorpresa porque ese rumor haya llegado a sus oídos.
-Ambas.
Rosalie y Victoria eran las parejas de Emmet y James.
-Consígueme su número -insisto- estoy como un idiota aquí.
-Espera un segundo –la escuché caminar-. Irina, necesito la talla de zapatos de todo el personal. Ahora –una puerta cerrandose- listo, lo tendré en unos minutos.
-Eres toda una mandona, ¿quién lo creería?
-Mamá.
Claro, mamá era la única que pensaría capaz de ver a Alice metida en su papel. A mí me había costado un poco más aceptar que ella podría hacerlo por su cuenta sin mi intervención, honestamente. Aunque me sentía orgulloso de su avance, conseguir abrir seis cafeterías era todo un logro de ella.
-Mamá sabe de Bella –digo sujetando unas zapatillas bajas, ¿esto sería de su agrado? Hay varias similares con diferentes diseños y colores. Me siento totalmente perdido aquí.
-Lo sé, canceló mis vacaciones con ellos.
Fruncí el ceño mirando unas botas largas de cuero.
-¿Por qué? –avancé a la siguiente sección sintiendo la mirada de las clientes sobre mí.
-Creo que ahora ellos vendrán.
Justo lo que me temía.
-¿Te ha dicho cuándo?
-No.
Suspiré, fui al area deportiva, me sentí orgulloso cuando descubrí unos tenis similares a los que Bella llevaba puestos esta mañana. Lo que menos quería era hacerla vestir con algo que no fuera de su agrado, aunque tampoco sabía qué podría gustarle.
-Siento curiosidad, ¿qué ocurrió entre tú y James?
Pero que buen equipo de espionaje tenía.
-Consigueme la talla –repetí ansioso.
-Dale un minuto más a Irina.
-Le pediste el calzado de todos ahí.
-¿Quieres que ella sepa lo que estás por comprarle? -no. De hecho no, sabía que iba a negarse.
-No.
-Entonces no podía hacerlo de otro modo. ¿Qué paso entre tú y James? –volvió a preguntar.
-Ya sabes cómo es James –me limité a decir.
-Talla 4.
-Quiero unos tenis como estos en talla 4.
La mujer encargada del área se acercó a mí, tomo el tenis que señalaba y se fue hacia lo que supuse era la bodega.
-Sé cómo es James. Lo que quiero saber es por qué reaccionaste cómo lo hiciste.
-No estuviste ahí.
-Jasper estuvo.
-¿Por qué Jasper te cuenta a ti esto?,¿desde cuándo son íntimos amigos de chisme?
-Está preocupado por ti, es todo.
Suspiré. La mujer se acercó con el par de tenis y levante mi pulgar como aprobación.
-Quiero un par de zapatos bajos, y unas zapatillas.
-¿Cuál? -me encogí de hombros. La mujer se alejó a hacer la busqueda por mí.
-Estás gastando mucho dinero en ella. Creo que la tienes jugando a ser mesera mientras gastas todo lo que ella gana en un mes, pero en una tienda en menos de una hora.
-Tonterías.
-¿Y por qué reaccionaste así con James? ¿No sería buena idea buscarle un novio igual de rico que tú?
-No James.
-¿No James? Pero sí Edward.
-No, está bajo mi cuidado y conozco a James. Es todo -respondí cortante.
-Es guapa. Lo acepto. Cuando llegué aquí pensé que era una de esas modelos anoréxicas.
-Era de esas chicas que pasan hambre contra su voluntad.
-Lo veo ahora. Jamás se salta la comida aquí.
-Lo sé –paseé la vista entre los zapatos sin decidirme por ninguno, la vendedora apareció con tres cajas caminé hacia ella.
-Es conmovedora, lo entiendo. ¿Te dije que no aceptó su salario de la semana cuando se lo ofrecí?
-¿No le has pagado? –suspiré con cansanción, dos de las cajas eran zapatos bajos, negros y beige. La tercera caja eran unas zapatillas rosas. ¿Esto estaría bien para Bella? No la había visto usar zapatillas. Señalé las primeras dos cajas y le pedí con un gesto que retirara las zapatillas.
-Hoy le daré lo de ambas semanas, gruñón. No lo necesita, te tiene a ti comprando ropa y zapatos. ¿Estás seguro que no hay nada entre ustedes?
-Solo somos compañeros de piso.
-Ja. Compañeros de piso. Me encanta el término para lo que ustedes tienen.
Lo que nosotros teníamos, repetí en mi mente. Vi unas pantuflas de terciopelo con colores pasteles, parecía algo que podía ser de su agrado.
Así que las elegí también. Esperando que Bella pudiera aceptar todo esto sin rechistar.
Muchas gracias por todos los comentarios que he recibido, me agrada que esta historia les esté gustando tanto a ustedes como a mí escribirla.
¿Qué les ha parecido este capitulo?, ¿Cuánto tiempo creen que pasé antes de que ellos sean capaces de aceptar sus sentimientos?
INVITACIÓN: Te invito a que continues con otras dos historias, en mi perfil, con las que estoy trabajando actualmente. UN DÍA MÁS, y si antes me has leído decidí volver a reescribir SIN PODER MIRAR, MIRANDOTE porque era una historia que concluí hace más de diez años y necesitaba con urgencia no sólo pulirse sino volver a retomarla para perfeccionarla. Así que espero que puedas darles una oportunidad.
