Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
PESADILLA
Angielizz (Anbeth Coro)
Notita: Originalmente este capitulo iba a ser dividido en dos partes, pero como agradecimiento a todos los comentarios y lo colaboradores que han sido con la dinámica decidí que fuera un solo capitulo.
Él
Martes, 06:57
Con los años he llegado a pensar que un horrible día puede ser en realidad un buen día. Aunque ahora sueno justo como un anciano. Lo que quiero decir es que mi día no puede empeorar, al menos eso pienso hasta que entro bajo el chorro de agua.
Salgo de un brinco de la regadera. No había dudado de la temperatura del agua, porque nunca había tenido esta necesidad. No me gustaba bañarme por las mañanas, podía durar una eternidad dentro bajo el agua caliente y eso hacía que llegara tarde al trabajo, excepto, claro, que esto no es agua caliente.
Cierro el agua y envuelvo una toalla alrededor de mi cadera. Bueno, al menos el problema se ha desvanecido con esa temperatura.
Siempre he escuchado que un baño frío es el método efectivo para quitar una erección matutina. Excepto que nunca lo había utilizado hasta ahora. E increíblemente funciona. O tal vez se debe a que estoy más concentrado en la frialdad del agua que en el cuerpo de la Bella de mis fantasías… pesadillas.
Aprieto la toalla y salgo del baño. Voy maldiciendo todo el camino hasta encontrar el calentador de agua, frunzo el ceño ante la programación que indica que se enciende de medio día y se apaga a media noche.
Intento hacer un recuento. Bella siempre sale de su cuarto con el cabello aun mojado. ¿Sería posible que todos estos días ella se haya bañado con esa temperatura? Ni siquiera lo sabía hasta ahora. Ella no había hecho ningún comentario al respecto, aunque en realidad Bella nunca se quejaba de nada.
Cuando regreso a la habitación me encuentro a Bella caminando por el pasillo, con el cabello húmedo. Lo confirmo: ella se baña con agua helada. ¿Por voluntad? No lo creo.
—¿Te has estado bañando con agua fría? –detengo mis pasos y ella también lo hace. Sus ojos están concentrados y entrecerrados mirando mi rostro, me pregunto qué tanto puede tener en esa mente para hacer que su mirada serena ahora mantenga una batalla de gestos. Me rindo a intentar descifrar lo que se trae en mente.
En respuesta a mi pregunta sólo se encoge de hombros. ¿Sí? ¿No? Sí o ¿No?
—El calentador de agua estaba desprogramado –intento que mi mala explicación funcione a su vez como una disculpa por mi falta de atención.
—Oh, eso. —dice distraída— Sí. Por las mañanas nunca hay agua caliente.
—¿Nunca? —¿realmente se ha estado bañando durante dos semanas con esa agua congelada? Eso debería ser ilegal en esta ciudad y sobre todo con las bajas temperaturas matutinas.
—Es tu piso, deberías saber que el agua caliente es por las tardes.
El agua caliente es por las tardes, cuando yo me baño. Pero había olvidado por completo que por las mañanas no hay agua caliente y que ella sí usa la regadera, llevo viviendo siete años aquí y en siete años no había encontrado necesario bañarme a estas horas, ¿puede alguien culparme por olvidarlo?
—Lo sé, yo acostumbro bañarme por las noches. ¿Pero y tú?
En lugar de responder, la mirada de Bella se detiene justo debajo de mi barbilla, en mi cuello. Sé lo que está mirando con detenimiento. Heidi sugería hasta el fastidio remover ese lunar del cuello con láser. No era una verruga, ni un lunar especialmente grande, tamaño promedio, es decir diminuto. Pero es el único lunar que tengo del cuello hacia arriba así que sobresale entre el resto de mi piel. Me muevo un poco esperando que eso la haga volver a mirar a mis ojos, pero no funciona. Parece realmente abstraída en el lunar.
—No tengo problemas con el agua fría –y su voz tropieza con sus palabras al final de la frase, así que sé que está mintiendo.
—¿Cómo puedes? –Me bastó un segundo debajo de la regadera para salir de un salto de ahí, ¿cuánta voluntad se requiere para durar un baño completo?
—Pues así.
Como estoy mirando sus ojos sobre mi lunar, me doy cuenta en el momento exacto en que sus ojos descienden por mi cuerpo. Estoy desnudo, recuerdo en ese momento, lo único que evita que lo esté por completo es la toalla que llevo agarrada con una mano a la cintura. Había sido cuidadoso estas semanas para no andarme paseando en toalla fuera de mi recamara. Y he decidido este particular día para olvidar que ya no vivo solo.
La mirada de ella desciende hasta sus propios zapatos, puedo ver por la distancia entre nosotros sus mejillas coloreándose, de hecho, se ruboriza del mentón hasta el principio de su cabello. Y es una suerte que ella esté mirando hacia el suelo en lugar de mi sonrisa estúpida y arrogante o el hecho de que cierto problema empieza a amenazar con crecer bajo la toalla. Porque seamos honestos, sé exactamente cuándo a una mujer le gusta lo que ve, y ninguna mujer con la que ha estado antes se ha quejado. Así que todo ese rubor es una respuesta común, lo que no es común es la respuesta de mi propio cuerpo a su respuesta corporal. Contengo el aire y comienzo a caminar hacia la habitación.
—Lo solucioné, aunque aún puedes seguir eligiendo el agua fría en la regadera –explico con rapidez caminando lejos de Bella, intentando hacer la tabla del 17 en mi cabeza.
—Eso es una buena noticia. ¿Desayunas?
Respiro hondo aun dándole la espalda.
—Sólo un café, tengo una reunión en la oficina esta mañana y llevaran desayuno.
—¿En la oficina? –estoy por abrir la puerta de mi cuarto, asiento intentando solo mirar hacia ella con el resto de mi cuerpo hacia la puerta. 17. 34. 51. 68— ¿Sabes? Si Irina supiera que tú les lleves desayuno a tus empleados para reuniones, ella estaría cambiando de empleo —85, ¿qué? No entiendo que tiene que ver en nada de esto la gerente de Alice y mis reuniones, así que ella lo tiene que explicar— vas a hacer un desayuno como reunión en tu cafetería. Eso es muy amable de tu parte.
¿En la cafetería? No porque yo… oh, claro. Bella sigue pensando que yo tengo una cafetería como Alice.
—Sería bueno que Irina no se enterara en ese caso, ¿no?
Asiente con una sonrisa. No lo dudo más cuando entro en la habitación.
Irónicamente de nada me ha servido el recorrido al calentador de agua, porque tengo que hacer uso del agua fría contra mi voluntad, de nuevo.
Me convenzo, mientras aprieto los labios para no gritar bajo el chorro de agua fría, que lo que ocurre conmigo es sedentarismo y más de un mes siendo soltero haciendo efecto. Esto no tiene nada que ver con Bella o el sueño de la noche anterior.
Después de despedirme de Bella y beber el café, estoy más o menos listo para regresar a mi rutina laboral. No extraño a mi secretaria, no hay manera de hacerlo, pero aquí vamos a fingir que no se encuentra a nada de lanzarme algún conjuro para enamorarme de ella.
No me pasa por alto el hecho de recibir correos diarios que insinúan un plan descabellado de su parte para mis días libres. He esperado que el silencio sea lo suficiente para ella en lugar de tener que ser más abierto con mi rechazo.
Jasper al teléfono.
—¿Ya vienes en camino?
—Aún sigo en la cocina.
—Viejo, te espera una fiesta aquí —suena burlón y yo entrecierro los ojos en respuesta, conozco lo suficientemente bien a Jasper.
—¿Una fiesta? —escucho su risa contra la bocina.
—De bienvenida, con gorros coloridos, pastel, y cuanta mierda puedas imaginar.
No tengo que preguntar para saber exactamente quién está detrás de todo esto. Jessica.
—¿Esta es la reunión a la que se refería la secretaria por correo?
—Sorpresa. Te lo estoy avisando, para que llegues con una sonrisa y de buen humor. Al fin y al cabo, acabas de regresar de unas vacaciones —suelto un insulto y gruño.
Odio las sorpresas. La ultima sorpresa que recibí terminó con mi cercano matrimonio yéndose al caño.
Me pongo las mancuernillas en las mangas de la camisa de mal humor y salgo del apartamento caminando como si pudiera crear agujeros con fuego bajo mis pasos. Mientras camino hacia el elevador no puedo desear que las horas transcurran rápido para volver. Tal vez esta semana de vacaciones me ha hecho reflexionar y he decidido que ser un adicto al trabajo no es sano, o tal vez la respuesta está ante mis narices y me rehusó a verlo.
La puerta del elevador se abre justo en ese momento. Bella.
Bella con un ceño en su frente, me mira sorprendida y sus mejillas comienzan a teñirse de rojo mientras mira detrás de mí.
—¿Ocupas entrar? –adivino y ella asiente mordiéndose el labio.
—Está lloviendo y no me llevé dinero al trabajo para el taxi —explica y luego pregunta con tono esperanzador—¿No tendrás de casualidad un paraguas que te sobre?
—No uso paraguas.
Sus hombros caen un poco y caminamos de regreso a mi apartamento. Añado paraguas a mi lista de pendientes de esta semana.
—¿Puedo cambiar de zapatos? —pregunta en cuanto abro la puerta, tengo tiempo de sobra, sobre todo porque estoy alargando la dichosa reunión de trabajo con pastel y sombreros de colores.
—Seguro.
Corre hacia la habitación de invitados, me recargo contra la puerta escuchándola lanzar una maldición, no puedo evitar sonreír. Es genuinamente adorable.
Como un conejito.
Eso. No como una mujer. No como la mujer de mis sueños. No como la mujer que susurraba a mi oído toda clase de perversiones mientras yo permitía que lo hiciera sin resistirme.
Pienso en mamá. Sí. En mamá y la pelea que se me vendrá encima cuando decida dignarse venir a la ciudad. Mantengo toda mi atención en esa próxima confrontación y eso de alguna manera mantiene el problema de mis pantalones en su sitio.
No es Bella, es sólo que estoy sintiendo los efectos de la abstinencia y vivir con una mujer no ayuda en nada a esto, tal vez lo que necesito es salir con alguna mujer, con otra mujer. Parece un buen plan.
Al bajar a recepción, Bella insiste en que conseguirá un taxi. Sé que no lo hará. Llevo el tiempo suficiente viviendo aquí para saber que un taxi en un día lluvioso es imposible de atrapar estando esperando en la calle en el centro de la ciudad.
Lo único que conseguirá es empaparse y atrapar un resfriado, pero venga, quiere intentarlo y yo no soy nadie para impedirlo. Mientras el portero regresa con mi automóvil la veo saltar y manotear al aire en espera de algún taxi. Lo cierto es que no puedo fingir que no es divertido.
La veo gritar por un taxi sin que consiga la atención de ninguno de ellos. Por suerte afuera la lluvia parece haberse detenido unos minutos, lo que está bien porque así no mojara mis asientos cuando suba al automóvil como debió hacer desde el principio. ¿Pero quién soy yo para entrometerme en sus buenas intenciones de ser independiente? Si ella cree poder conseguir un taxi con este clima, le permitiré intentarlo.
Sonrío viéndola gruñir después de ser ignorada por casi una decena de carros amarillos. Y mientras tanto yo me quedo en la cálida recepción mientras el portero va por el automóvil, espero que eso le enseñe a aceptar mis favores.
El deportivo se detiene en la entrada y baja de éste el portero, comienzo a caminar con una sonrisa arrogante solo para molestarla un poco. Aunque ocurre justo lo contrario al acercarme.
—¿Sabes que tenemos la misma edad, no? —le pregunta Bella dándome la espalda, manteniendo toda su atención en el portero, lo miro. Es joven, aunque yo no diría que son de la edad. Posiblemente él acaba de salir de la preparatoria. O por lo menos tiene la edad para ser universitario y Bella… sí, Bella también debería estar en la universidad.
Ellos dos comparten risas. ¿Estas jodiéndome, no?
—Si gusta puedo llamar a una agencia de taxi para usted.
Al menos el portero sabe exactamente que su lugar no es coquetear con Bella, ni tutear con ella.
—¿Es más costoso así? —levanto una ceja, ella siempre parece pendiente del dinero.
—No, el precio es el mismo.
Él le está sonriendo totalmente embobado. Es un niño y yo ya he tenido suficiente, voy tarde y hay una reunión esperando por mí, no puedo ser descortés y dejarlos plantados.
—Entonces yo creo que… —me acerco a Bella interrumpiendo su divertida conversación con el portero, pongo una mano en su espalda lanzándole una mirada al joven, aléjate. Él traga saliva al tiempo que me da las llaves de mi automóvil.
—¿Voy llamando a la agencia de taxis? —levanto una ceja, ¿de verdad pensaba que iba a dejarla aquí? Más tiempo para que él pudiera compartir risitas con Bella. No lo creo. Ella tenía un horario al que apegarse en la cafetería.
—Yo te llevaré —anuncié dejando claro que no iba aceptar un no como respuesta— Gracias, Rodolfo.
—Estamos para servir.
Cuando el portero se alejó lo suficiente tuve que bajar la voz, no iba a permitir un no como respuesta, ¿cierto?
—Solo es una cuadra de desviación. Sube.
Abro su puerta para asegurarme que entre a mi carro, ni siquiera considero en que su ropa está un poco mojada bajo la palma de mi mano. Al encender el automóvil Bella tiene la nariz casi pegada al vidrio a su lado.
—Qué extraño que no pudiera conseguir un taxi
Fuerzo mis labios a mantenerse en línea recta en lugar de sonreír.
—Estás en el centro de la ciudad. Todo mundo quiere un taxi cuando llueve.
Bella sólo se encoge de hombros.
—¿Puedo bajar la ventana?
No.
—Seguro.
A la mierda el automóvil de mis sueños. Ella sonríe como si le hubiera dicho que estaba por llevarla de viaje a París, y sabía exactamente como era una sonrisa así porque así me había sonreído Heidi cuando la sorprendí con nuestras reservaciones a Paris para la Luna de Miel. Pero complacer a Heidi era innecesariamente costoso. Por otro lado, hacer que Bella sonriera de esa manera estaba al alcance de solo dejarle bajar la ventanilla y permitir que sacara la mano para que pudiera sentir la lluvia y el viento contra su piel.
Adorable… como un conejito.
Bajo la velocidad, estábamos a solo cuatro cuadras para llegar a la cafetería de Alice. Me metí en el carril de baja velocidad y me fui tan lento como el vehículo lo permitía. Intentando obsequiarlo un poco más de tiempo.
—No recuerdo cuando fue la última vez que hice esto.
—Yo tampoco.
Bella me mira a mí y a la ventana cerrada a mi lado. Me saca la lengua de manera infantil lo que consigue una risa de mi parte.
—Necesitas vivir un poco, ¿sabes?
—Si pierdes una mano, mi seguro no lo cubre, ¿entendido?
Me ignoro con una sonrisa y siguió con la mano fuera del vehículo, aunque ahora un poco más cerca de la carrocería y más alejada de los automóviles estacionados.
—¿Ya querías regresar a trabajar?
No.
—Sí, tengo una larga lista de pendientes —dejé que mi falta de emoción se notara en mi voz.
—Suena emocionante —se burló.
—Y Jasper dice que hay un pastel esperando por mí —añadí para empeorar el panorama.
—Debes ser un buen jefe.
—Estoy seguro que soy un fastidio.
Ella negó con su cabeza y siguió sonriéndole a la lluvia. El conductor tras nosotros pasó pitándonos y haciéndome una peineta al pasar a mi lado. Por suerte, Bella seguía mirando hacia el exterior.
—Llama a un taxi si sigue lloviendo a tu hora de salida —le aconsejé, esperando que esta vez me escuchara.
—¿Lloverá todo el día? —asiento, al menos eso indicaba el pronóstico del tiempo cuando lo revisé desde el celular en el elevador.
—Muchas gracias por el aventón —dijo al detenerme unos metros antes de la cafetería—, ojalá no llegues tarde por mi culpa.
—Las ventajas de ser el jefe.
Asintió dándome la razón y bajó despidiéndose con su mano. Esperé hasta que estuviera dentro del local. Y cuando acomodé el espejo retrovisor me di cuenta que tenía una estúpida sonrisa en mi cara. Todo era culpa de esa maldita pesadilla. Ella es solo una niña y yo no voy a ser el cabrón que se aprovecha de una situación ventajosa. Lo que yo necesitaba era encontrar alguien con quien follar. Y no sería Bella.
Y tampoco sería Jessica.
—¡Por ser un buen compañero! Por ser un buen compañero… —odiaba la canción. Pero aun así me obligué a sonreír mientras los empleados coreaban para mí. Me preguntaba si todo este circo tenía que ver con el hecho de que mis vacaciones repentinas no habían logrado hacer olvidar a nadie que estuve a punto de contraer matrimonio.
Cuando por fin la canción terminó, se escucharon aplausos y chiflidos. ¿Qué había hecho para conseguir esto?
Si la situación no podía ser peor me encontré chocando puños con cada uno de los empleados, asintiendo como idiota a las conversaciones triviales y asegurando a todos que me había divertido cada día fuera de la oficina. No era una mentira, algunos podrían decir que había sido unas vacaciones tediosas y ociosas, pero no había estado tan mal como había esperado.
—Bienvenido, Edward —Jessica se acercó con un pastel en sus manos. Lo dejó en el escritorio frente a mí y decidió que un abrazo era tan profesional como un apretón de manos— te extrañamos estos días —susurró en mi oído y no me paso desapercibido que restrego un poco de su cuerpo contra mí, fui tan profesional como pude y mantuve una profesional sonrisa fingiendo que no ocurría nada.
Me habría encerrado en el pabellón psiquiátrico si mi cuerpo hubiera tenido una reacción a su voz, por suerte mi problema con la vida de soltero y la abstinencia al parecer no tenía nada que ver con las mujeres. O no lo sé. Era muy pronto para decir que sólo ocurría con Bella, ¿no?
Aunque más tarde solo en mi oficina sin distracciones y con una pila de proyectos que requerían de mi absoluta concentración, me era imposible mantener mis ideas en nada que tuviera que ver con trabajo y todo que ver con el sueño de la noche anterior. Talle mis manos contra mis ojos sin conseguir hacer desaparecer las imágenes.
La Bella de mi pesadilla reía bajo mi cuerpo mientras mis labios le provocaban cosquillas sobre sus costillas. Sacudí la cabeza, lo que menos necesitaba ahora era una erección en horario de trabajo.
Una hora más tarde Emmet entró a la oficina parloteando sobre unos condominios a las afueras de la ciudad que se veían como una mina de oro ideal para explotar, intenté mantener mi cabeza en los planos arquitectónicos que tenía sobre el escritorio en su lugar sólo podía pensar en lo bien que se había sentido poner bocabajo a la Bella de mis pesadillas contra la barra de la cocina. Desabotoné mi camiseta sintiéndome acalorado, por suerte Emmet estaba más preocupado de venderme la idea que prestar atención en mí.
Necesitaba tener sexo. Pero no sería con Bella, eso lo tenía claro.
El día de mierda concluyó con Jessica apareciendo en la sala de café mientras yo intentaba meterle una dosis de cafeina a mi cuerpo para deshacerme del exceso de hormonas.
—Te ves agitado —señaló ella parándose a mi lado haciéndose un té.
—Mhm.
—¿Recibiste mis correos?
—¿Tus correos?
—Los emails con las opciones de hoteles. Creo que no te llegaron las notificaciones.
Miré hacia el resto de la habitación, Jasper estaba conversando con dos compañeros más y en una de las mesitas había un par de mujeres conversando.
—Debieron perderse —dije en lugar de mandarla al carajo.
—Podrías buscarlos.
—Mis vacaciones ya terminaron.
—Las mías podrían comenzar ahora.
Tomé la taza de café y salí dando zancadas hacia la oficina sin ser capaz de responder algo que no fuera maleducado de mi parte.
Cuando por fin pude escapar a mi oficina, Jasper me siguió con sus risas.
—Cuéntamelo ya, ¿qué te dijo Jessica hace un momento? Tu cara era de verdad un poema –Jasper llevaba un plato con pastel en sus manos.
—Hay poemas de suicidio, ¿cierto? —él mueve la cabeza de arriba a abajo sin dejar de sonreír, sé que le divierte toda esta situación.
—Va a decepcionarse mucho cuando se entere de Bella.
Me toma un segundo recordar que Jasper, Emmet y James saben sobre Bella desde la tarde que estuvieron en mi apartamento, ahora creen que estamos juntos. Asiento fingiendo una sonrisa cómplice.
—¿Siguen saliendo?
—Esta mañana la dejé en el trabajo —eso debería bastarle para su entrevista, pero no es así.
—Entonces —alarga un poco más las vocales convirtiendo su tono de voz en insistente— ¿Bella y Alice trabajan juntas?
Claro. ¿Cómo es que Jasper iba a mantenerse con el mínimo de información durante tantos días?
—¿Desde cuándo tú y mi hermana son amigos de chismes? —digo encendiendo la computadora y sentándome detrás del escritorio. Jasper se sienta frente a mí.
—Yo… Ella… sólo estamos preocupados por ti —dice con torpeza al tiempo que se va ruborizando como un adolescente.
—Claro —no planeaba darle más vueltas al asunto.
—¿Entonces sí?
—Sí.
—¿Ahí conociste a Bella? —asentí, sin añadir más detalles—, ¿es simpática, cierto? Parece simpática.
—Es simpática —acepto sin añadir de nuevo más información.
—Venga, Edward. Soy yo.
—Eres tú. Pero pronto, también lo sabrá Alice. ¿Me equivoco?
Tuvo la decencia de no responder.
—Deberías tener cuidado con mi hermanita —le advierto. En respuesta él levanta ambas cejas apretando los labios, así que acabo de dar en el clavo—, Alice no sale con chicos. Sólo se divierte. Y tú, querido amigo, no sabes sólo divertirte.
Jasper era de mantener relaciones largas. Su más corta relación había durado trece meses. La más larga duración de Alice había sido posiblemente de trece horas, o quizás de un fin de semana completo.
—Sólo hablamos de ti —gruñe un poco y yo me río.
—Como sea.
—¿Has hablado con James? —niego con mi cabeza, me había comportado un poco cretino con él. Pero no iba a permitir que jugara sus juegos sucios con Bella.
—No hay nada de qué hablar.
—¿Vas a invitarla a mi cena de cumpleaños?
—No —espero que mi voz cortante sea capaz de terminar con el tema.
—¿No? ¿No acabas de llevarla a su trabajo esta mañana? —Ugh.
—Nos estamos conociendo.
—¿Intentas mantenerla lejos de James? ¿O sólo estás divirtiéndote un rato con ella? —había usado las mismas palabras que yo sobre Alice, pero no pude evitar apretar la quijada en respuesta.
Ninguna de las dos preguntas merecía una respuesta. No la estaba manteniendo lejos de James, estaba siendo amable con ella al mantener alejado a ese cabrón de ella, mis intenciones eran honestas. Y dado que no estábamos divirtiéndonos como Jasper pensaba, no había ninguna razón para llevarla.
—Ninguna de las dos. Sólo no irá.
—Ya —no se lo creía, le fruncí el ceño y entonces decidí matar dos aves de un tiro.
—¿Sabes usar tinder?
Jasper levantó una ceja.
—¿Qué pasó con Bella?
A Jasper no se le escapaba nada.
—Ya te lo dije, sólo nos estamos conociendo.
Me miró durante varios segundos y yo mantuve la seguridad en mi rostro, lo que no era difícil, si debía liberar mi tensión sexual no debería poner en riesgo mi... ¿amistad? ¿podríamos considerarnos amigos Bella y yo? Supuse que sí. Una plataforma para conocer mujeres parecía ser justo lo que necesita. Extendió su mano hacia mí.
—Dame tu celular, haré un perfil para ti.
Cuando por fin llegué al piso treinta y dos mis hombros se relajaron. Aquí no necesitaba lidiar con ningún problema laboral, aunque los problemas de mi día poco tenían que ver con el trabajo y todo con la persona que vivía aquí.
Al abrir la puerta de mi apartamento encontré a Dolores caminando hacia la cocina. Cuando me miro pareció aliviada al mirar el reloj, había llegado un poco antes. Al parecer estas vacaciones solo la habían hecho que descubriera cuanto deseaba volver a su horario anterior.
—Espero que haya tenido un buen día —saluda amable y yo me limito a asentir.
Si a un buen día se le puede llamar a lo fatídico que ha sido mi día, ha sido un buen día.
Dolores camina frente a mí y se dirige hacia el cuarto de lavado, regresa frente a mí con un bolso entre sus manos. Dejo abierta la puerta principal para ella.
—Señor, que tenga una buena noche.
Agacha su cabeza al pasar a mi lado, me doy cuenta que el apartamento se siente silencioso.
—¿Está Bella? —ella sonríe y asiente, incluso levanta un pulgar hacia mí. Todo ha ido bien. Me pregunto cuánto tiempo más tendré que pagar las horas extras de Dolores. Tener viviendo a Bella aquí no debería ser igual a gastos innecesarios, y pagarle a Dolores como niñera se siente justo como eso.
Aunque esta semana necesito a Dolores, tengo la ropa de toda una semana esperando por ella, me dije cada día que al siguiente pondría la lavadora, pero al siguiente volvía a posponer el día de lavado.
Además de la limpieza general y el polvo que se acumuló durante los días, la necesito unos días más con este horario. ¿Pero cuánto más?
Camino hacia el cuarto de lavado, tal vez podría poner una lavadora y quizás eso reduciría las horas extras de Dolores. Bella sale de ahí.
Me doy cuenta que está mirando al suelo con sus hombros caídos y arrastrando los pies, levanta el rostro hacia mí y casi podría asegurar que ha estado llorando.
O solo está cansada.
—¿Un día difícil?
Vuelve a mirar hacia abajo sin responder, ¿qué ha pasado con mi idea de no jugar a ser su terapeuta? Si ella tiene un problema debería decirlo, y si no entonces no debería entrometerme. Pero sigo parado frente a ella esperado una respuesta.
Cuando vuelve a mirar hacia mí estoy seguro que lo que veo son lágrimas en sus ojos.
—¿Pasa algo? —doy un paso hacia ella.
—Soy tan estúpida, lo siento tanto –las lágrimas comienzan a desbordarse de sus ojos sin ninguna explicación.
—¿Bella? —me detengo, ¿qué ha ocurrido? Dolores se veía tranquila al salir, así que supongo que no ha tenido nada que ver con ella. ¿Sería el portero de la tarde que la hizo molestar de nuevo?, ¿O el portero confianzudo de esta mañana?
—Fue un accidente. Yo sólo quería ayudar a Dolores, ella no tiene la culpa, yo insistí.
Suspiro, bueno, eso parece tener mejor pinta a los escenarios que podía vislumbrar. No puede ser tan malo. Me acerco de nuevo hacia ella y más lágrimas se escurren por sus mejillas. Aprieto las manos para mantenerlas a mis costados, aunque eso se dificulta cuando su llanto se convierte en uno realmente incontrolable. Se cubre la cara con las manos ahogando su llanto.
¿Qué ha pasado? ¿Sería de nuevo Diana?
—¿Qué pasa? No puede ser tan malo.
Vuelve a llorar ahora un poco más fuerte que antes. Venga.
—Shh.
Intento abrazarla, aunque termina siendo solo algo muy torpe de mi parte y solo consigo dejar un par de palmadas en su espalda.
—Lo siento.
Se aleja de mí y camina hacia el cuarto de lavado de nuevo, la sigo, bien, aquí debería estar la respuesta a esa escena de lágrimas y llanto. Señala la secadora sin mirarme y vuelve a repetir que lo lamenta.
No tengo ninguna pista cuando miro dentro de la secadora. Pero al ver hacia dentro solo tengo un pensamiento: Rosa.
Bella no tiene ropa rosa.
Mucho menos tanta ropa.
Esta es mi ropa. ¿Cierto? Mierda.
—¿Cómo?
—Una franela roja.
Eso no responde nada.
—¿Cómo?
—Estaba intentando ayudar con la limpieza de los muebles, debió caerse cuando metí la ropa dentro.
Por supuesto, Dolores me lo había advertido hace más de una semana. Bella quería sentirse útil en lugar de solo andar tras de ella. Estos son los resultados de no haber hablado con Bella antes. La limpieza es el trabajo de Dolores. Además, ¿qué otra cosa se supone que debía haber pasado?
Tomo la primera prenda que resulta ser una camisa francesa antes blanca y ahora rosada.
—¿Puede arreglarse?
La miro, no está llorando pero por el modo en que muerde su labio inferior estoy seguro que podría hacerlo sangrar, solo niega con su cabeza como respuesta. Mierda. Suspiro resignado.
Saco la ropa al cesto vacío. Cuento doce camisas, y catorce camisetas. Bueno, podría ser peor. Pudo haber arruinado la ropa de color. Pudo haber quemado la lavadora. O el cuarto de lavado, o todo el edificio.
No debí esperar más, Bella apenas sabía cocinar cuando llegó aquí, ¿en serio esperaba que supiera hacer algo más? Era muy posible que fuera una niña consentida hasta que murieron sus padres. Lo que explicaría perfectamente sus nulas prácticas hogareñas.
Supongo que debo sentirme agradecido de haber sido responsable de todas las tareas del hogar desde niño. Mientras mamá intentaba cumplir su sueño de ser chef, nuestro tiempo en casa con niñeras mediocres terminaron haciéndome madurar antes.
Así que mientras la niñera jugaba a las muñecas con Alice, yo ponía ropa en la lavadora. Limpiaba el jardín, regaba las plantas o guardaba el desorden de Alice. Con la única finalidad de que mamá llegara a casa a jugar y no a limpiar. Funcionaba. Y ella sabía que la casa limpia no tenía nada que ver con la niñera adolescente.
—Eres un buen niño, Edward. Eres todo lo que podría esperar.
Y cuando Carlisle llegó las cosas mejoraron, mamá no tenía que dejarnos con extraños, ya había una persona de la limpieza y los tiempos libres de ella eran exclusivos de nosotros, y de Carlisle.
Así que sé que toda esta falta de conocimientos de Bella, y que ha dado con la baja de mi ropa blanca no es completamente su culpa. Es mía por no impedirlo, y de Dolores por permitir que se acercara a la lavadora.
Y de Bella, por supuesto. ¿Por qué insiste en hacer tareas domésticas cuando nadie se lo ha solicitado?
—¿Por qué… —mi pregunta se queda en el aire al darme cuenta que Bella ya no está en el marco de la puerta.
Vuelvo a meter la ropa a la secadora y la enciendo, puede que Dolores sepa de algún lugar que reciba esto como donación. Tal vez se vuelva moda ver indigentes usando ropa de marca color rosada.
Sería gracioso. No realmente, pero intento convencerme que algo bueno puede salir de todo esto. No se me ocurre nada para ser honesto. Al salir del cuarto busco a Bella en el resto del apartamento sin éxito, y cuando meto mi cabeza al cuarto de televisión y descubro que tampoco está aquí solo queda un lugar donde puede estar escondida.
La habitación de invitados. Su habitación. Su habitación temporal, al menos. No haré un drama por ropa, eso sería muy de Alice. Y creo que podría haber sido peor, pudo haber quemado la cocina.
Toco a la puerta un par de veces.
Le diré que añada otro regalo para mí, tal vez podría sugerirle pintar sobre el cuadro de las montañas nevadas que Heidi compró y colgó sin pedir mi autorización sobre el pasillo, miro al cuadro que está a dos metros de mí, vaya, podría pedirle eso. Quizás pueda volver a dibujar la caricatura que hizo de mi hermana de ese tamaño, sería una broma perfecta para la próxima vez que Alice haga uso de mi apartamento como motel.
—Bella.
Llamo tan fuerte y claro cómo puedo, ¿sería capaz de estarse dando una ducha luego de echarme a perder toda esa ropa? Quizás he sido un poco más gruñón de lo que está acostumbrada a verme. Jasper me consiguió una cita para mañana, si el sexo no me convierte en una persona más amable entonces no tengo idea de qué podría hacerlo.
Vuelvo a tocar.
Y espero, quizás se está cambiando ahora mismo. Estoy a punto de ir a la cocina cuando la puerta se abre.
Tardo en procesar la imagen frente a mí.
Bella llorando. O al menos intentando pretender que no ha estado llorando, aunque eso no es lo peor de su aspecto, sino la mochila que lleva agarrada en su mano derecha. Agacha la cabeza como si así pudiera ocultar su rostro de mí, pero es imposible esconderse cuando estamos a menos de veinte centímetros de distancia.
—¿Qué estás haciendo? —sigo mirando su mochila, estoy seguro que esa es la mochila con la que llegó. ¿Ella quiere irse? ¿Ella va a irse? La observo y al menos tiene la decencia de levantar la cara, aunque no me mira a mí. Sino a mi estúpido lunar sobre el cuello. Voy a removerlo, me juro en ese momento.
—¿No es obvio? —pregunta con voz débil.
—No.
Aprieto los dientes. ¿Exactamente a dónde va a ir? ¿Pretende regresar a ese lugar del que la saqué? Esto es completamente inmaduro de su parte, no puede solo decolorar toda mi ropa y luego creer que puede solo salir huyendo de aquí.
—Acabo de arruinar toda tu ropa. Te prometí que no daría problemas, y ese es un costoso problema. Me estoy yendo antes de que tú me saques a patadas de aquí.
—¿De qué hablas? —sus palabras se sienten como una paliza. Parpadeo intentando encontrar sentido a lo que dice, ¿qué de lo que hice hace unos momentos le ha dado esa impresión? Estoy seguro que ni siquiera reaccioné como lo habría hecho alguien a quien le han jodido toda su ropa blanca.
Sigue mordiendo sus labios y sé por lo pálidos que se ven contra sus dientes que debe ser un poco doloroso.
—Esta es una gigantesca pila de ropa rosada y –lo que sea que vaya a decir se ahoga contra su voz, me mira un segundo y eso basta para ver sus ojos marrones llenos de lágrimas, su nariz y ojos están enrojecidos por haber estado llorando, niega con su cabeza y finalmente decide mirar al suelo.
No tengo idea de qué puedo decir para hacerla entender que no es tan grave como ella piensa.
—Es solo ropa —repito esperando que eso sea suficiente.
Es sólo dinero. Pero ella parece no entender eso, no espero menos de alguien que llegó aquí sin nada más que una mochila a punto de deshilarse con todas sus pertenencias. Miro la mochila que sigue colgando de su mano, ¿ahí va todo? Se ve justo como cuando llegó, excepto que el día que Bella llegó aquí se veía tímida y calmada, quizás un poco desconfiada como si…
Como si fuera a sacarla de aquí.
—No es sólo ropa —debate. Y creo que es la primera vez que me contradice en dos semanas, aunque ha elegido ponerse del lado contrario en el momento equivocado.
Su cabeza está tan inclinada que solo puedo ver su cabello ocultando su rostro, pero por el modo en que sus hombros se mueven puedo asumir que está llorando. Y yo sigo de pie frente a ella sin tener idea de qué decir.
Abro y cierro las manos manteniéndolas quietas a mi costado.
Miro al suelo esperando que ella pueda tranquilizarse un poco para poder aclarar la situación, descubro con sorpresa que lleva puesto sus tenis viejos. Paso saliva a la fuerza.
Siento que hay información aquí que se me está escapando de las manos. ¿He sido tan agresivo al poner todas esas reglas con ella para que realmente crea que podría solo echarla a la calle sin ningún tipo de tacto? ¿O hay algo más?
Rasco mi cabeza intentando pensar mientras ella sigue desmoronándose frente a mí sin que pueda evitarlo. Lo que era un leve movimiento de sus hombros ahora son pequeños temblores. En realidad, darle tiempo parece obtener los resultados opuestos a los que deseo.
Siento mis dedos quemar contra mi pantalón, ella solo necesita tranquilizarse y entonces podremos aclararlo todo. No entiendo de dónde viene todo ese mar de lágrimas, pero estoy seguro que no he sido yo, ¿cierto?
Me siento inservible mientras ella sigue llorando, ahora su llanto es audible, aunque intenta calmarse llevando su mano con la mochila alrededor de su cintura como si se abrazara. Respiro hondo mientras mis manos siguen quemando contra mi ropa. Solo debo darle tiempo. Su otra mano va a su cara para callar su llanto. Esto no está funcionando.
A la mierda.
Rompo con los veinte centímetros entre nosotros y paso mis brazos alrededor de su cuerpo. En respuesta los dedos de Bella se aferran a mi camisa por la espalda, sin su mano sobre su boca sus sollozos son opacados contra mi ropa.
Me encojo ante sus gemidos llenos de dolor, cierro los ojos y respiro hondo, ¿se puede llorar de miedo? Porque esto suena justo así.
Doy nuevamente una larga respiración y estoy seguro ahora que ella está imitando mi propia respiración, necesito que se quede conmigo y deje atrás los pensamientos que la estén atormentando de este modo, vuelvo a respirar, contener el aire y soltar despacio, ella me sigue.
Su cuerpo es pequeño en comparación al mío, puedo tocar mis codos con mis manos de los brazos contrarios, es delgada, aunque ya no la desnutrida chica que entró por mi puerta. Intento traer a mi memoria esa imagen, Bella en los brazos de ese cerdo que intentaba subirla a la fuerza.
La imagen hace que una ola de ira me invada, afirmo un poco más el abrazo contra ella y respiro hondo, ella vuelve a respirar.
Lo intento de nuevo, Bella llorando esa madrugada en mi sofá sin lograr tranquilizarse, justo como ahora. Ella estaba tan asustada entonces que ni siquiera había podido hacerla hablar o decirme una dirección o un nombre, así que la traje a mi apartamento. Me parece imposible que lo haya olvidado por un momento. Esta no es la primera vez que la veo llorar, aunque entonces lo único inteligente que hice fue servir un vaso de agua para ella y uno de wiski para mí.
Aprieto los dientes. Había sido insensible entonces, ofreciéndole agua y palabras superficiales.
Respiro una vez más y me doy cuenta que huele a coco y vainilla, también noto que sus sollozos han disminuido. Su mejilla se recarga contra mi pecho y eso de alguna manera me acerca aún más a ella. Recargo mis labios contra su cabello y me doy cuenta de lo simple que sería besar su frente. Respiro hondo y ella vuelve a respirar conmigo.
Cuando los temblores de sus hombros desaparecen sé que ha recuperado el control de sus emociones.
—Olvídate de eso, Bella —ella deja de recargarse contra mi pecho y mira hacia mí, haciendo que en lugar de tener de frente el tope de su cabello sea hacia su frente. Respiro hondo intentando mantener mis labios quietos contra su piel.
—¿De qué exactamente? —su cautela me desarma.
—Sobre eso que has dicho —no dice nada—, tienes derecho a cometer errores sin que eso signifique que voy a sacarte de aquí —necesito que ella lo entienda, echa su cabeza hacia atrás y mira hacia arriba para mirar a mis ojos, como si pudiera ser capaz de mentirle—. No lo haré, ¿de acuerdo? Puede que incendies la cocina un día de estos, y, aun así —me sincero, ella deja en el aire una risa triste que se siente como un cuchillo afilado—. No lo hagas, por favor —intento aligerar el ambiente con una broma y ella niega varias veces con su cabeza.
—Siento mucho lo de tu ropa, fue un accidente —agacha la cabeza y vuelve a dejarla caer contra mi pecho. Sus brazos se aprietan a mi alrededor.
—Lo sé.
Da un paso firme hacia atrás rompiendo el abrazo y yo la dejo ir sin ninguna excusa de por medio. Nos miramos y puedo ver en sus ojos la incomodidad de todo esto.
—¿Puedo preguntar cuánta ropa puede caber en esa mochila?
Mira hacia su mochila.
—Es la misma ropa con la que llegue —levanto una ceja.
—¿Así que hay un armario con ropa de mujer para sustituir mi ropa blanca?
—Yo no diría un armario, es ropa de una semana. Pero no iba a ser tan cínica para llevarme todo eso después de lo que hice con tu ropa.
Realmente intento entenderla, aunque en vano. Iba a irse sin tener un lugar a donde ir, sin dinero suficiente, sin ropa y totalmente aterrada de hacerlo. Vuelvo a mirar su mochila y me doy cuenta que es un constante recordatorio de su pasado, y estoy seguro que ella no debería recordar estos meses infelices.
—Lo justo es que quedemos a mano —señalo su mochila y ella me mira con confusión y dudas—, si yo voy a enviar a donación mi ropa rosa, tú harás lo mismo con tu ropa vieja.
Niega veloz y podría asegurar que se aferra con más fuerza a esa vieja mochila. ¿Porqué?
Porque cree que es todo lo que le queda. Por supuesto.
—El día —que te vayas, no, eso no—. Cuando seas capaz de independizarte, no necesito quedarme con un armario lleno de ropa de mujer. Es tuyo.
Aun así, duda y pasan unos segundos cuando parece aceptar mis palabras y entregarme la mochila. No pesa. ¿Cómo es que el pasado de alguien no pesa y a la vez es demasiado pesado? Ella sigue mirando su mochila, y sé que debo desaparecer esto de aquí antes que vuelva a tenerla en su posesión.
—Y te toca calentar la cena —me doy media vuelta y me dirijo hacia el cuarto de lavado. Aún le queda un largo rato a la secadora cuando llego. Así que uso ese tiempo para hablar con Alice.
—Hermanito, ¿qué cadáver debemos enterrar ahora? —responde Alice al primer tono, lo que funciona para mí porque me saca una sonrisa.
—¿Por qué siempre piensas que llamo para pedir favores?
—Intuición femenina.
Así que paso el siguiente cuarto de hora explicando de manera breve y evasiva lo ocurrido de esta tarde, modificando un poco la historia por supuesto. Me quedé sin ropa blanca por un accidente con la lavadora, ¿qué accidente? Un calcetín rojo entre la ropa.
Eso pareció bastar para que entendiera de lo que hablaba porque comenzó a reír a carcajadas. Y antes de que se lo propusiera ella ya estaba indicando que pasaría al día siguiente por mi tarjeta de crédito para ir de compras por mí.
—¿Podrías llevar a Bella?
—¿Por qué? —no parecía enojada ni que estuviera a punto de negarse como había ocurrido antes, sencillamente curiosa.
—Tiene solo ropa para una semana, y tú eres una mujer, una con un closet del tamaño de una habitación. Sé que es imposible sólo tener siete cambios.
—Esa chica sí que te tiene comiendo de su mano.
—¿Lo harías?
—¿Es cierto que Jasper te consiguió una cita por tinder?
Ya lo había olvidado. Agh. ¿Por qué tenían que tener un club de chismes sobre mí ambos?
—Ya pasó un mes desde… y necesito salir a divertirme —me excusé, puede que Jasper tuviera su propia versión, pero Alice sabía la historia completa.
—¿Quieres que vaya de compras con Bella, pero saldrás con otra chica? —podía escuchar la risa en su voz.
—No sé porque ambas cosas deberían estar relacionadas.
—Yo creo que sí lo sabes.
Gruñí en protesta contra su insistencia infantil.
—Ella necesita ropa, yo necesito ropa y a ti te encanta ir a jugar a las tiendas con mi dinero —explico con simpleza.
—Eso lo entiendo.
—¿Qué pasó con tu desconfianza y malhumor sobre mi compañera de piso? —pregunté intrigado con su cambio.
—Jasper me contó que hiciste reservación en The Moon para esta desconocida de Tinder, por mucho preferiría a Bella.
The moon era un exclusivo restaurante francés de la ciudad, usualmente se necesitaban varios meses para encontrar disponibilidad, pero la persona a cargo de la agenda aceptaba billetes bajo la mesa para poder facilitar una cena. No era tan complicado cuando se tenían los recursos suficientes.
—Me alegra que lo pienses, porque tendrás toda la tarde de mañana para conocer a Bella.
—Y comprarle ropa.
—Sé amable con ella… está adaptándose aún.
Cuando cuelgo el teléfono me doy cuenta que tengo que darle un punto de sabiduría a Alice. Yo también habría preferido pagar esa cena a Bella que a una desconocida de internet. ¿Pero esa cita tenía una finalidad, cierto? Y debería ser suficiente para dejar de pensar en Bella.
¿Cierto?
Honestamente muy grata sorpresa me lleve al entrar a la página esta mañana y ver que superaron todas mis expectativas con los comentarios, pensé que se tomarían un par de días más.
Agradezco a:Ana, Erika, AleCas, OnlyRobPatti, Daniela, FlorcitaCullen, Maryluna, Wenday14, Sara, Narraly, Ana, Rosiichita, Karlanicolepa, AngryC, Moni, Miop, Diana, Cinti77, y las otras personas que firmaron en anónimo.
Y sólo porque ya están escritos y yo sé que no les va a decepcionar lo que se viene, mantengo la dinámica para ustedes:
Veinte comentarios o en una semana. ¿Qué te ha parecido esta lucha de sentimientos de Edward?
Y un avance solo para hacerles enloquecer:
Edward está sentado en el sillón amarrando las agujetas de sus zapatos, levanta la mirada hacia mí y podría casi jurar que mantiene su vista un segundo más de lo debido en mi blusa. ¿Es demasiado casual? Lo último que necesito es avergonzarlo frente a sus amigos.
