Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

COPAS

Angielizz (Anbeth Coro)

Nota: Agradezcan a mi insomnio, que aquí son las cuatro de la mañana y mi conciencia me gritaba: apúrate y termina el capítulo o no dormirás.


Ella

Hago un recuento.

La copa de vino, durante la cena.

La copa de vino, mientras conversábamos en la mesa sobre Edward, después de la cena.

El shot de tequila, al llegar al bar.

El otro shot de tequila, antes de ser jalada por Rose para ir a bailar.

El Martini, porque somos mujeres y las doce de la noche.

Un shot de tequila extra porque es la canción favorita de Victoria

Un shot más para que se jodan los hombres aguafiestas que no bailan con nosotras.

Otro shot de tequila, porque ya llevábamos mucho tiempo bailando sin tomar.

El otro otro shot de tequila, porque… ¿por qué? No lo sé, solo sabía que seguía ardiendo mi garganta y lo bebí.

Después de pedir la cuenta, Jasper dio a conocer la siguiente parte de su cumpleaños: ir a un club. Aunque honestamente este lugar era demasiado para cualquiera.

Era como una cosa de ricos presumidos. Había sillones de cuero por todo el lugar, pequeñas mesas donde podían llevarte botanas y bebidas, un espacio de baile en la planta alta, en la planta baja, en el segundo piso y en el balcón. Era un laberinto, también. Al parecer si te separabas de alguien era imposible volverle a encontrar.

Había sido jalada por estas tres animadas mujeres a bailar y no me había vuelto a encontrar con Edward. ¿Acaso él seguía aquí?

Miré a mi alrededor, aunque no había rastros de él. ¿No me habría dejado aquí, no?

Una vez, en la universidad, fui a una fiesta con Eric. Él estaba tan borracho que se olvidó por completo que venía acompañado y se fue sin mí. Regresó por mí después de una decena de llamadas al buzón, por lo menos. Pero ya tenía historial siendo abandonada en fiestas.

Aunque Edward no es un niño y mucho menos un idiota universitario. Pero tampoco es mi novio y no tiene ninguna obligación conmigo, posiblemente se fue y yo ni siquiera tengo dinero para pedir un taxi.

—¿Otro trago? –pregunta Victoria en mi oído sin dejar de bailar, niego con mi cabeza y ella no insiste. Me siento incomoda y aturdida, el alcohol haciendo efecto en mi sistema. El alcohol y yo no somos amigos, no me hace más feliz ni más divertida ni más bailarina, me aturde. Me siento torpe y lenta, mis ideas también avanzan tropezando en mi cabeza y es difícil pensar de manera coherente.

—¿Dónde está Edward? –le pregunto o grito a Alice, ella se acerca a mí porque al parecer no me ha entendido— ¡Edward! –ella se encoge de hombros y sigue bailando sacudiendo su cabeza.

Les hago una seña a las tres mujeres con mis manos que volveré en un momento y que iré por más bebidas, antes de caminar en sentido contrario.

Lo peor del alcohol es que cuando estoy consciente de él es imposible que no comience a sentir ansiedad. Cómo una opresión en mi pecho, dolor en mi cabeza, como si mi cuerpo se resistiera a solo embriagarse y dejarse llevar. Me resisto y eso me abruma aún más.

Así que necesito agua.

Y como soy estúpida y borracha, o estúpida por estar borracha, termino en el baño. Pues, porque aquí hay una llave con agua ilimitada y eso según mis torpes ideas tiene sentido.

—Oh, estás en el lugar equivocado, linda –levanto la cabeza del lavamanos. Es un hombre con camisa de manga larga negra y tenis de marca, levantó una ceja ante el desconocido que se ha atrevido a entrar al baño de mujeres. Hasta que miro a la derecha de él y veo el orinal. Oh cielos.

Yo estaba en el baño de hombres. Y ese idiota sigue sonriendo como si se hubiese ganado la lotería hacia mí.

—Mi novio está ahí –señalo el cubículo cerrado, agradeciendo que mi voz suene con seguridad.

Eso parece hacerlo desistir porque sale justo por donde entro.

Eso estuvo cerca.

Me miro en el espejo. Aún tengo mi peinado donde debe estar, me veo decentemente bien, nadie va a sacarme a patadas de este lugar pomposo y decir que no tengo permitido entrar. Aunque desearía poder irme. ¿Dónde está Edward?

Salgo del baño llevándome una mano a la cabeza, masajeo mis sienes como si eso sirviera de algo.

—¿Estás bien? –Edward.

Camino a tropezones hacia él. Me sostiene de la cintura cuando estoy por venirme al suelo.

—Te he estado buscando –grita cerca de mi oído aunque no suena a un reproche, ¿alivio?

—Yo también. —grito de vuelta—. Creo que estoy un poco borracha –confieso y a través de la neblina de mis ojos puedo ver una pequeña sonrisa traviesa en su cara.

—Eso parece, ¿saliste del baño de hombres? –suena inquieto, así que lo tranquilizo.

—Fue un error mío, solo quería refrescarme la cara un segundo. ¿Dónde has estado?

—Discutiendo con James.

Levanto una ceja esperando una explicación. Vuelve a acercarse a mi oído para decir:

—Salgamos de aquí.

No planeo protestar. Dejo que guie mis pasos, la música, las personas en movimientos rápidos y el alcohol dentro de mí no ayudan a caminar con dignidad a la salida. Estoy segura que si no fuera por Edward y su mano en mi cintura yo habría tocado el suelo al menos una decena de veces.

Cuando salimos a la calle descubro que está haciendo frío. Tiemblo e intento usar mis delgados brazos como sueter alrededor de mis costillas. Eso no sirve de nada.

—Espera.

Me detengo.

Edward se quita su chaqueta y la pone sobre mis hombros, meto mis brazos en las mangas, inspiro y descubro que huele a él.

—Huele a ti –oh vamos, ¿lo he dicho en voz alta?, él se ríe bajo, lo he dicho en voz alta.

Pues huele muy bien, ¿sabes?

Lo vuelvo a escuchar reír ahora un poco más alto. Levanto una ceja confundida.

¿Lo estaré diciendo en voz alta?

La risa de Edward es más como una carcajada.

Llevo mis manos a mi boca.

Oh cielos. Siento mis mejillas arder.

—Vamos, vas a congelarte aquí –empuja mi espalda de manera leve y comienzo a andar a su lado. Cuando diviso el carro a un par de cuadras de distancia siento tranquilidad.

—Estaba segura que no iba a encontrarte nunca –le digo, aunque no estoy segura si me refiero únicamente a no haber dado con él tan fácil en el bar de esta noche o a nuestro primer encuentro en la calle oscura.

—Necesitas un teléfono –dice con simpleza. Bufo con exasperación, por supuesto que necesito un teléfono, aunque no es tan simple como parece hacerse de uno, no con todas mis deudas.

—Si tuviera uno también estaría en Tinder, ¿sabes?

Yo y mi bocota de ebria. Alice me lo había explicado cuando me siguió hasta el baño, aunque eso solo había sido aún más incómodo y bochornoso para mí. Ella sabía que Edward no era mi novio real, y al parecer sabía más de mí de lo que yo asumía.

—No pareces de ese tipo —dice sin dejar de caminar, frunzo el ceño mientras intento alejarme de él, pero me da alcance rápido y me sostiene de la cintura cuando me tropiezo con mis propios pies. ¿Por qué tengo que estar tan borracha?

—Pero tú sí pareces, ¿no? –sigo andando acelerando el paso, bueno, acelerando el paso hasta donde alguien puede cuando está tan borracha.

—¿Detecto celos en tu voz?

—Detecto cinismo en tu voz —no era una pregunta.

—¿Quién te lo dijo?

—Parece que llevaste a una chica a un lugar muy francés y costoso, hace menos de tres días, cuatro dependiendo la hora.

—The moon —sigo andando.

—Damun, eso mismo.

Nos detenemos al lado de su automóvil, me recargo contra la puerta y me cruzo de brazos poniéndolos encima del capo, mis pechos chocan contra la ventanilla del lado de copiloto. Estoy demasiado borracha para considerar lo sensato en todo esto.

—Si sirve de algo, el restaurante de esta noche era más caro —añade luego de unos segundos en silencio.

—¿Pero no era francés o sí? —recarga su espalda contra el carro mirando hacia mí.

—No.

—No —repito siendo infantil, y él sigue sólo sonriendo. Que descaro.

—¿Fue James? —intenta averiguar y se ve un poco molesto.

—Su novia, ella dice que es muy bonito —su ceño fruncido se suaviza.

—¿Sirve de algo si digo que fue una cita desastrosa? —me da una media sonrisa.

—No… ¿lo fue en realidad? —asiente—, no. No sirve.

Su risa me molesta como nunca antes.

—Creo que nunca te había visto enojada —dice recargándose de frente contra la puerta trasera a mi lado y haciendo que nuestros codos choquen entre sí, recargo mi cabeza de lado contra mis brazos sin dejar de verlo. Parece no tener ninguna intención de subir al vehículo.

—¿Estás borracho?

—Ni un poco.

—Debiste avisarme de esa cita, ni siquiera pude fingir que sabía de lo que hablaban.

—¿Eso es lo que te tiene molesta? —asiento frenéticamente. Por supuesto que no.

Él ríe de nuevo. Y sé que he vuelto a hablar. Escondo mi cara entre mis brazos, estoy segura que me arrepentiré de todo esto mañana.

—Mañana tendré una resaca espantosa —intento cambiar de tema.

—Si llegas despierta te haré beber un litro de agua antes de dormir.

—¿Eso sirve de algo? —se encoge de hombros.

—Nunca llego lo suficiente despierto para descubrirlo —recuerdo la vez que despertó acostado en el suelo y tuve que ingeniármelas para subirlo al sillón. Por suerte era un borracho con un sueño pesado.

—Por suerte, mañana es domingo.

Alice era demasiado buena conmigo para dejarme ese día libre, la mayoría de mis compañeros tenía su día libre en algún día entre semana, aunque como siempre seguramente Edward tenía algo que ver en eso.

—¿No vas a vomitar, cierto? —pregunta luego de un rato con mi cabeza entre mis brazos.

—Puede que no.

—Quita el puede que —sonrío contra mi antebrazo y sólo niego con la cabeza, pero estaba segura que no iba a vomitar.

Nos quedamos en silencio unos segundos más.

—¿Me invitaste a venir solo porque no conseguiste una cita?

El miércoles me había invitado a venir como intercambio de favor por la ropa, el miércoles había sido su cita desastrosa. Tenía sentido.

—No.

—¿Y cómo era ella? —¿No podía dejarlo pasar, no? Masoquista y borracha, pésima combinación.

—¿Quién?

—Tu cita desastrosa.

En lugar de responder dio un par de golpecitos en mi brazo, cuando levanté el rostro me encontré con Edward entregándome su celular. Claro, para qué hacer uso de mi imaginación si podía tener su imagen en HD.

El celular estaba en el perfil de ella de Tinder, entrecerré los ojos medio borracha. ¿Cómo es que ella podía ser una cita desastrosa? Si tuviera que pensar en alguien perfecto, esta sería la imagen que señalaría.

Ojos grises, pechos grandes, figura de infarto, labios inyectados de silicona para hacerlos más grandes y besables. Siguiente foto. La misma chica, pero ahora en bikini. Bien, tal vez en el mundo de Edward esto no era una chica perfecta, tal vez él tenía mayor experiencia y más altas expectativas. Siguiente imagen.

—¿Se puede ser más perfecta?

Le devolví el celular, tres fotos eran suficiente para mí. Edward no sonrió ante mi comentario.

—¿Se picó la nariz en la cena? —pregunté queriendo saber cómo es que esa perfecta modelo había echado a perder su oportunidad con Edward.

Se encogió de hombros.

—Venga, dime —volví a insistir golpeando mi cabeza contra su hombro a mi lado y dejándola recargada ahí unos segundos.

—¿Admitirás que estás celosa si lo hago? —me separo de él y miro hacia el otro lado de la calle ignorándolo por completo, lentamente vuelve a hablar—, supe que cometí un error antes de pedir mi orden.

—¿Sí? —volví a mirarlo.

Sonrió apenas, como si luchara con esa sonrisa en sus labios. Volvió a recargar su espalda contra el vehículo y dejo su cabeza en el capo mirando hacia el cielo con los ojos cerrados, se veía una posición incómoda, pero aun así la imité mirando hacia las estrellas.

—Esa es Casiopea —señalé la constelación con mi brazo extendido y apuntando las estrellas.

—No me sorprende.

—¿Qué? —lo miré, él me miraba a mí con intensidad.

—Que sepas de constelaciones.

—¿Y entonces? —no iba a permitir que se escapara tan fácil.

—¿Quieres el resumen divertido? —asentí—, pidió dos botellas caras y lo más elevado del menú.

Abrí los ojos, no tanto por las exigencias de ella, sino porque él se hubiera fijado en ese detalle. Usualmente no le prestaba atención al precio de las cosas, sólo compraba compulsivamente. Así que debía estar mintiendo, levanté una ceja y lo miré con una línea recta.

—¿Qué pasó con lo de pide lo que quieras?

Sonrío un poco más, su mirada era tan cálida en ese momento que ni aguas termales podrían comparársele.

—Tu puedes pedir lo que quieras, no esa extraña —sentí mis mejillas ruborizarse y dejé de mirarlo volviendo a buscar constelaciones, esperando que no pudiera ver su efecto en mí—. Además, ella cree que África es una ciudad, estoy seguro.

Recordé que el miércoles llegó preguntándome sobre mi opinión sobre África y qué país quería conocer.

—¿Así que aprobé la entrevista y por eso me trajiste?

No respondió. Aunque debía ser eso. Puede que no fuera tan bonita como su cita, pero al menos no era hueca.

—La verdad esperaba que tú no terminaras borracha como mi anterior cita —lo miré entrecerrando los ojos.

—¿También estaba borracha? Quiero decir, yo no estoy borracha, ¿pero ella sí? —se río un poco de mi antes de volver a hablar.

—Creo que estaba borracha antes de que llegara nuestra orden —ahora fue mi turno de reír.

—Debió ser divertido.

—Tan divertido —añadió sarcástico— creo que estoy vetado de ese restaurante por su culpa. Quería bailar en la mesa, ¿sabes? No me quedó de otra que subirla a mi carro, usar su identificación y dejarla en el edificio que estaba ahí. Espero que sea su domicilio actualizado.

—¿No te quedaste a averiguarlo? —masoquista. Lo que en realidad quería saber es si había follado con su cita.

—La ayudé a entrar al edificio y me fui, eso es todo lo que mi paciencia podía hacer por ella —sonreí complacida.

—Tú tienes una paciencia de una montaña —dije arrugando la frente y mirándolo, Edward me miraba, me gustaba mucho su mandíbula y el lunar de su cuello, aunque honestamente eran sus ojos los que siempre atrapaban mi atención—. ¿por qué tienes que ser tan guapo?

Se ríe en respuesta.

—Es que eres muy bueno y todo eso, pero aparte eres guapo. Debería ser ilegal ser todo junto.

—Me gustas borracha —declara, negué con mi cabeza.

—Ciertamente más que yo sobria.

—También me gustas sobria.

—¿Estás borracho? —volvió a negar con su cabeza. Suspiré.

—¿Ocurre algo?

—Eres muy amable conmigo, ¿sabes?

Él

Amable.

Las personas amables no esperan nada a cambio. Bella se estremeció.

—¿Tienes frío?

Yo estaba muriendo de frío, lo único que me mantenía aquí era que estaba disfrutando de esta Bella parlanchina y ebria. Un pendiente extra a mi lista: dejar siempre una sudadera extra en el carro.

—No.

Le quito el seguro al automovil y tomo el brazo de Bella para ayudarla a subir, lo único que iba a conseguir era una resaca y gripa. Pero en lugar de entender mis acciones se queda agarrada de mi brazo con ambas manos con una sonrisa cálida en sus labios.

—¿Por qué eres tan amable conmigo?

Eso era fácil. Miro sus ojos marrones brillando.

—No hay ninguna razón para no serlo.

—¿Mañana vas a acordarte de todo esto? —sonrío asintiendo.

—Yo no estoy borracho —le recuerdo por tercera vez, sólo había tomado un par de cervezas y una copa de vino en el restaurante.

—¿Crees que yo recuerde esto?

No respondí. No sabía si quería o no quería que lo hiciera.

—Aún estoy aturdida, pero sé que voy a arrepentirme de todo lo que he dicho —suponía eso.

—¿Lo de estar celosa? —vuelvo a intentarlo. Ella entrecierra sus ojos mirándome a la cara. Creo que nunca me había entrecerrado los ojos tantas veces en un mismo día, mucho menos en sólo quince minutos.

—No estoy celosa.

—¿Ya no?

—A mí no me has llevado a rastras al edificio por estar borracha, ¿no? —buen argumento—, y aquí sigues a pesar de la peor faceta de mí —Bella borracha era más intuitiva que su versión sobria.

Llevé mi mano a su mejilla. Estaba un poco fría, aunque nada de qué preocuparme.

—Aquí sigo —acepté y ella entreabrió sus labios— y tú sigues borracha.

Si no lo estuviera consideraría como una invitación imposible de resistir a sus labios entreabiertos para mí. Ella enterró su cabeza en mi brazo y negó con su cabeza.

—No es justo —gruñó contra mi piel.

Lo cierto es que no lo era, aunque aun así pregunté.

—¿El qué?

—Que esté tan borracha, seguramente te lo estás pasando en grande —ah eso. Ella no se refiere a que es injusto que sea imposible besarla porque está ebria. Asentí en respuesta aunque no era como ella pensaba.

—¿Lista para regresar? —asintió—, nada de vomitar —volví a advertirle. Ella sólo se rio en respuesta sin hacer promesas al respecto.

Cinco minutos más tarde, Bella estaba dormida en el asiento a mi lado. Cuando llegamos al edificio, nada en la tierra consiguió hacer que ella despertara. Así que tuve que pasar mi brazo debajo de sus rodillas y otro detrás de su espalda para sacarla del automóvil cargandola. Bella no pesaba. Estaba acostumbrado a cargar su peso cuando ejercitaba, y estaba seguro que yo le metía más peso a la barra que lo que en realidad ella podría llegar a pesar.

Caminé hacia la recepción y dejé con esfuerzo las llaves del deportivo a Teodoro.

—Buena noche, señor.

—Hasta mañana.

Teodoro hizo favor de presionar el botón para que las puertas del elevador se abrieran y luego volver a presionar el número 32 cuando estuve dentro de éste. Cuando las puertas se cerraron recargué mi espalda contra la pared más cercana y miré a Bella.

Condenada blusa del infierno. Enviar a Alice de compras con Bella había sido contraproducente, me pregunté si había más blusas como esta en su armario listas para ser estrenadas y tentar a mi autocontrol.

De cerca corroboré que no llevaba una gota de maquillaje, sus pestañas eran largas y rizadas de manera natural, pero fuera de ese detalle de su naturaleza el resto de ella se veía totalmente inocente.

Era por eso que James estaba encaprichado en jugar con Bella, por supuesto. Ella era algo diferente. Sonrío recordándola bailar.

En el club Sol y noche había estado viendo a Bella bailar desde el tercer piso. Ellas bailaban en la plataforma de baile del segundo piso y desde nuestra mesa tenía una excelente vista a ella.

Parecía estárselo pasando bien, me habría gustado unirme a ella, a ellas, pero decidí quedarme con mis tres acompañantes, sobre todo si eso me aseguraba mantener a James alejando de Bella.

—Buena cena –dijo Emmet haciendo una señal al bar tender— quiero otra ronda de cerveza. Nos agrada.

—¿La cerveza o Bella?

—Tu chica.

Mi chica.

—¿Aunque no es muy joven para ti?

James sentado a mi lado dejó caer su mano sobre mi hombro.

—Es mayor de edad, ¿no? –preguntó James con saña y yo me limité a asentir, no íbamos a tener esta conversación aquí, aunque James insistió—, entonces ya es una mujer que puede elegir por su cuenta.

Antes de que pudiera tener tiempo de procesar las palabras con doble sentido de James, apareció el mesero con las cervezas, Emmet levantó su botella.

—Este es un nuevo Edward. A tu salud –Emmet le dio un largo sorbo a su cerveza. Miré a James que sonrío de lado, su sonrisa llena de desafío y rivalidad.

—¿Con que cuñados, eh? —molestó James mirándome a mí y a Jasper. Desviando la atención por completo del tema de Bella. A él le gustaba jugar con fuego, y lo hacía muy bien porque no solía quemarse los dedos.

—¿Cuánto llevan saliendo? —pregunté, venga era mi hermana y yo tenía derecho, ¿no?

—Apenas nos estamos conociendo.

—Eso suena como un record para Alice —añadió Emmet, Jasper asintió mostrándose un poco arrogante. Si llevaban saliendo más de un mes como había dicho Jasper en la cena, entonces esto debía ser algo serio para Alice y no tenía intenciones de estropeárselo siendo un hermano celoso.

—Record salir con dos mujeres a la vez, bienvenido al club. Hermano —James puso un puño frente a mí, pero ignoré el gesto.

—No salgo con dos mujeres a la vez —ni siquiera salía con una.

—Tengo ojos, y jamás podría confundir a Bella con otra. La chica de The Moon no era Bella.

—¿La de Tinder? —preguntó Jasper no ayudando en absoluto a la conversación.

—Fue un fracaso. La cena más breve y cara de mi vida.

—Esto suena interesante —dijo Emmet.

—No sé qué esperabas de tinder —dijo con simpleza James.

Por las reseñas de la aplicación, mucho más.

—Y al final te has decidido por Bella —concluyó Jasper equivocadamente, no me había decidido por nadie, sencillamente esa cita había estado terrible, había gastado dinero de manera ridícula y ni siquiera había cumplido su finalidad que era sacar de mi cabeza a Bella.

—Le debía una cena —esquivé encogiéndome de hombros.

—Y la pagué yo, vaya imbécil —se burló Jasper sin ninguna clase de molestia en su voz.

—Cuando pases de Bella, házmelo saber –añadió James, le entrecerré los ojos y en respuesta solo levantó las manos al aire— ¿van en serio o no?

—Nos estamos conociendo.

—Venga, tonto, los he visto en esa cena —dice Emmet antes de dar un trago breve—. Puedo asegurarte que esa chica está colada por ti hasta los huesos.

Volví a mirarla, a un piso de distancia Bella seguía bailando con los brazos levantados al aire mientras se movía alrededor de Victoria, parecía estarse divirtiendo.

—¿Pero lo estás tú? —pregunta Jasper y cuando miro hacia ellos me doy cuenta que los tres miran hacia donde bailan las cuatro mujeres.

No respondo. ¿Bella hasta los huesos por mí?

Por suerte en ese momento Bella se alejó del grupo, me levanté y decidí despedirme de manera torpe y veloz para salir a su encuentro.

Había estado contando la cantidad de shots que tomó mientras bailaba. ¿Alguien podía culparme? Seis shots y una bebida, y a excepción que su resistencia fuera como la de un marinero, estaba seguro que ella debía estar borracha a este punto.

Me llevaba varios metros de distancia, asi que cuando yo estaba en la plataforma del segundo piso y me acerqué al barandal para buscarla pude verla justo antes de entrar al baño de hombres. Fue así como nos encontramos.

Acuesto a Bella en su cama y luego me las ingenió para jalas las sabanas que están debajo de su cuerpo, la cubro dejándole mi chaqueta puesta. Solo le saco los zapatos y los dejo en el suelo.

Al ir a la cocina me sirvo un vaso de agua mineral y sirvo otro vaso para Bella. Regreso a su habitación con ese pretexto en mano.

—Bella.

Mañana va a despertar con resaca si no consigo hidratarla un poco antes, pero es imposible hacer algo al respecto. Me siento en la cama a su lado y la observo.

Estoy totalmente perdido. Mis manos comienzan a quemar como el martes pasado cuando sólo quería limpiar sus lágrimas con mis manos, pero ahora por una motivación diferente. Me levanto de la cama y dejo el vaso en la mesita de noche a su lado.

Ella se gira dándome la espalda. Estoy listo para ir a dormir, doy media vuelta para salir de su habitación cuando vuelve a hablar.

—Edward.

Me giro esperando encontrarla despierta, camino hacia ella y compruebo que sigue dormida. ¿Pero ha hablado, no? Estoy convenciendo que estoy enloqueciendo cuando ella vuelve a hablar con los ojos cerrados.

—Edward.

Me inclino hacia ella y dejo un beso en su frente, muevo mis labios cerca de su oído.

—¿Qué estás haciendo conmigo?


AGRADECIMIENTOS: Nenita, Miop, Cinti77, PatriciaLugueraDiaz, Wenday14, Maze2531, Adriu, Narraly, Indii93, Nana, SindyPaulaJarabaGonzalez, ChiquitaCullen, Catita1999, Angryc, Lore562, EdbellMansen, FlorcitaCullen, YalyQuero, Sara, Nenita, Analy, Daniela, Luna Cullen, Alecas, TereWee, Rosiichita, TeamEdward, OnlyRobPatti, Karlanicolepa, Noriitha, ViridianaConticutruz, Geminis1206

Muchas gracias por sus comentarios, me puse al día con las respuestas. Realmente encantada con sus comentarios y si lo digo es porque ya están escritos, pero WOW con los capítulos que les esperan.

Y un avance más largo que los otros solo para hacerles enloquecer:

Y cada vez que ellos hablan solo escucho el ruido de la lluvia y de los relámpagos, me llevo las manos a los oídos pero no importa cuanto lo haga los truenos se convierten en las voces del par de polícias, mis padres han muerto, ha habido un horrible accidente, lo sienten tanto, ellos nunca van a volver. Lo sienten tanto, lo siento tanto. Están muertos.

Abro los ojos.

No estoy en el avión, tampoco estoy en el suelo del pasillo. Estamos en la sala de televisión, la puerta está cerrada y la televisión está a todo volumen. Edward sostiene mi cara y me doy cuenta que estoy sentada sobre él. También descubro que ya no soy capaz de escuchar a los truenos, no soy capaz de escuchar nada excepto el sonido de la música a todo volumen en la televisión.

Mi respiración sigue acelerada al igual que los latidos de mi corazón, leo lo que dicen los labios de Edward.

Todo está bien, Bella.