Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

CONFIANZA

Angielizz (Anbeth Coro)


Él

LUNES, 00:16

On the nature of daylight - Max Richter

Lo primero que escuché al despertar fueron los truenos, con la ventana abierta en la pared de la izquierda podía ver los relámpagos iluminando la noche. Una pena que tuviera que despertar mañana temprano para ir al trabajo, de lo contrario me quedaría despierto mientras el espectáculo de luces terminase.

Giré sobre mi cuerpo y puse la almohada encima de la cabeza listo para recuperar el sueño anterior. Si me concentraba un poco podía ver el mar todavía y escuchar la risa de Bella mientras nos lanzábamos mutuamente agua como si fuéramos niños. En el sueño ambos vestíamos ropa blanca mientras corríamos sobre la arena, no estaba persiguiéndola ni tras ella. Corríamos al lado del otro. Hasta que Bella había decidido meterse al mar, hasta donde el agua le llegara a las rodillas. Las olas habían estado chocando con suavidad contra nosotros. Elisa se reía como cuando hacia trampa en los videojuegos, divertida. Lancé una patada contra el agua consiguiendo mojarla. Ella se rió y lanzo agua hacia mí, manoteando el mar con su mano. Apreté los ojos, intentando recuperar ese sueño, solo necesitaba dormir y entonces

Otro trueno llenando el silencio de la habitación. Pero no sólo el trueno sino también un grito. Quito la almohada de la cabeza y me concentro, ¿me lo he inventado? Posiblemente me había quedado dormido cuando el trueno llegó. Me siento en la cama mirando hacia la ventana, los relámpagos a lo lejos y tres segundos más tarde el ensordecedor sonido del trueno seguido de su voz.

—¡No!

Bella.

Me levanto de un brinco de la cama y corro fuera de la habitación. El pasillo vuelve a iluminarse en cuanto abro la puerta y me permite ver su silueta en el suelo.

—Bella.

Apenas se escucha mi voz antes que el siguiente trueno alcancé mis oídos. Bella vuelve a gritar, me hinco a su lado. Está temblando de pies a cabeza, mientras con sus manos intenta tapar sus oídos. Tiene la cara escondida entre sus brazos y el suelo, cuando la sala vuelve a iluminarse llevo mi mano a la oreja de Bella donde ya está su mano. Pero eso no sirve de nada cuando llega el trueno.

—Bella, todo está bien.

Aunque es evidente que no.

Paso mis brazos debajo de su cuerpo para poder levantarla y ponerme de píe. Cuando la levantó tengo su cara a centímetros de la mía, así que puedo ver que está dormida. O algún punto intermedio porque los truenos siguen provocando espasmos en su cuerpo.

Camino primero hacia mi recamara, pero en cuanto abro la puerta con la punta de mi pie puedo ver los relámpagos a lo lejos desde la ventana. Maldición. Retrocedo, aunque eso no sirve de nada para evitar que el sonido del trueno llegue a nosotros. Cierro los ojos esperando la respuesta del cuerpo de ella.

Bella se sacude entre mis brazos y por un segundo creo que se va a caer al suelo, consigo mantenerla quieta a tiempo. Es el ruido. Pienso en lo opuesto y me dirijo a la sala de televisión. Por suerte la puerta está abierta, aquí no hay ventanales. Pateo la puerta hasta que consigo cerrarla.

—Alexa, encender las luces. Alexa, encender la televisión. Alexa, volumen máximo de la televisión.

Doy una orden tras otra, esperando que eso funcione de algo. El aparato vale cada centavo porque activa los comandos dictados.

—No me sueltes.

No lo haré. Me siento en el sofá con ella todavía entre mis brazos. Recargo su cabeza contra mi hombro, con un brazo en su espalda y una mano limpiando las mejillas de su rostro. Los temblores reducen su intensidad. No puede escucharse la tormenta eléctrica desde aquí.

—Despierta, Bella.

No es así como debería ser, pienso. No es posible que cada vez que ella se encuentra tan cerca de mí tenga que ser en medio del llanto. O quizás sí, quizás esto es justo como debería ser. Yo debería ser capaz de estar cerca de ella cuando me necesite. Intento apretarla aun más a mí.

—Bella.

Aunque por el sonido de la televisión ni siquiera yo puedo escuchar mi propia voz. Su cuerpo sigue convulcionandose en llanto, y sus labios tiemblan mientras de sus mejillas siguen descendiendo sus lágrimas. La aprieto aun más a mí. Respiro hondo, esperando que esta vez esto vuelva a ser útil.

—Todo estará bien —repito contra su frente, aunque sé qué no puede oírme—, estoy aquí —digo contra su oído. Bella, estoy aquí. Que es todo lo que ella necesita, que yo pueda estar aquí para ella. La miro a la cara volviendo a mi tarea de deshacerme de sus lágrimas. Sus ojos se abren.

Parece confundida, pero también hay sufrimiento en su mirada. Esto es incluso peor que la semana pasada cuando pensó que sería capaz de sacarla de aquí solo por esa pila de ropa. Esto es mucho peor, y el efecto que su imagen provoca en mí es aún más aguda. Sus ojos tristes y aterrados envían descargas de dolor a mi cuerpo. ¿Cómo es posible que pueda sentir lo que siente?

—Todo está bien, Bella.

Ella asiente temblorosa, lleva sus manos a su cara y parece asombrada al corroborar que está llorando, su labio vuelve a temblar y lo siguiente que hace me deja estático. Deja su cabeza entre mi cuello y mi pecho, pasa sus brazos detrás de mi espalda y entiendo lo que necesita sin palabras. A mí.

Reafirmo con convicción mi decisión de esta tarde cuando jugabamos videojuegos, mientras me dedico a limpiar las lágrimas que siguen bajando sin control. Puedo darle lo que necesite si me lo pide, pero ella no necesita que cumpla mis fantasías sexuales, ni un enamoramiento precipitado, no necesita una relación ni mi amor. Sólo a mí, y todo lo otro pone en peligro lo que sea que tenemos.

Ella

MARTES, 15:43

Mientras el agua caliente se deslizaba sobre mi piel mis ojos se mantenían cerrados, disfrutando del baño y de la música instrumental que sonaba desde la habitación.

Edward tenía razón, su Alexa tenía muchos comandos. ¿Hacia cuanto que no escuchaba música? Venga, eso sonaba un poco exagerado. Escuchaba música todas las noches en el bar de Don, y a veces Dolores ponía música mientras hacía la limpieza. Pero la última vez que elegí la música había sido antes de empeñar mi celular.

Y ahora estaba disfrutando de un baño caliente por la tarde mientras la música de mi elección inundaba la habitación. Estaba segura que, si la muerte tuviera un lugar, este sería mi paraíso.

Recordé a Edward abrazándome sin quejas y en silencio, permitiendo que me tomara mi tiempo para volver a recuperar la calma.

Debería ser un crimen ser tan perfecto, aunque era en realidad un método de tortura.

Eché mi cabeza hacia atrás y el agua golpeteo contra mi cuello, suspiré. ¿Cómo sus ojos podían haberme parecido helados alguna vez? Él sólo trasmitía calidez y seguridad.

Di un paso al frente dejando que el agua ahora me diera directo a la cara. Necesitaba despejar mi cabeza. Lo único que conseguiría al alimentar mis sentimientos sería terminar con una herida emocional, y yo sabía bien cuánto tomaban esas heridas en cicatrizar.

Edward era algo platónico e imposible. Lo mejor que podía hacer al respecto era jugar mis cartas para ser una amiga para él. Aunque me gustaría no ser la amiga de la que le habla de sus citas de tinder, me gustaría ser la amiga a la que invita a un restaurante. Sacudí mi cabeza enojada conmigo misma.

Cerré el agua y me envolví en una toalla, secando mi cabello con una toalla pequeña. Necesitaba un corte de cabello, pensé cepillandolo. Lo llevaba debajo de la cintura aunque se veía maltratado y disparejo. Jugué con algunos mechones de cabello para intentar poner un fleco sobre mi frente. No. Me vería incluso menor y lo que menos necesitaba era…

Suspiré resignada.

¿Crear una brecha más grande entre Edward y yo? ¿Existía algo más grande que todo lo que ya nos separaba?, ¿El dinero, la edad, el estatus social, mi pasado? Jamás podría funcionar.

Mientras me vestía, escuché unos golpes en la puerta de mi habitación. Caminé hacia ahí mientras me ponía con brusquedad la blusa, aun iba descalza.

—Me retiro, señorita —Dolores estaba parada frente a mi puerta con su bolso colgando del brazo. Saqué mi cabeza de la habitación y miré hacia el pasillo. ¿Edward ya había llegado? Mi repentino ataque nervioso no pasó desapercibido ante los ojos de Dolores que siempre estaban alerta de todo. Sonrió.

—¿Ya llegó Edward? —salí de la habitación caminando hacia la sala. Esperando que apareciera, pero no hubo señales de su parte.

—No, pero tengo que retirarme temprano.

¿Iba a quedarme sola?, ¿Edward sabía? Parecía detectar cierta inquietud en mi rostro porque se apresuró a poner su mano en mi antebrazo.

—La comida está lista.

—Pero son apenas las cuatro de la tarde —ella asintió y parecía contenta de poder salir antes. A donde fuera que tuviera que ir no se esforzaba en ocultar su emoción. Así que la dejé ir deseándole una bonita tarde, mientras me lamentaba en silencio.

Pasé las siguientes horas de mi vida sentada en el sillón mirando hacia la puerta. No sabía si tenía una paciencia inconcebible o un miedo espantoso a cometer un error, así que decidí mantenerme quieta, levantándome únicamente para ir al baño de visitas, donde la cámara del pasillo pudiera verme, y a la cocina a tomar agua.

Ni siquiera me atreví a llamar por teléfono a Charlie, ¿sería posible que las cámaras pudieran escuchar todo lo que decía? Me imaginaba a uno de los hombres de seguridad, que habían intentado sacarme del edificio hace más de una semana por culpa de Diana, escuchando toda mi conversación. Ellos salieron de una habitación de recepción, ¿desde ahí verían todo?

Quizás Edward les pedía que vigilaran mientras Dolores tenía que ausentarse. No iba a arriesgarme.

Fuera de los breves episodios en que me moví por necesidad, me quedé quieta en el sofá como si fuese la vigilante de la puerta de madera.

Quieta, quieta.

—Alexa, cuéntame un chiste —grité mirando hacia la cocina.

Así fue como pasé mi tarde. Hablando con una máquina sin brazos ni piernas incapaz de huir de mí aburrimiento. Me contó toda su colección de chistes, de acertijos, de datos curiosos hasta que me harté de ellos, la hice que leyera poesía para mí y finalmente le pedí que me hablara del tiempo.

—Alexa, ¿Cuál es el clima en Paris? —pregunté mientras tenía mi cabeza recargada contra la barra de la cocina.

Se espera un día lluvioso en París, no olvides llevar tu paraguas.

¿Así que saldrás de viaje? —Edward. Me senté como si mi espalda tuviera un resorte.

—Aun no lo decido —añadí aunque mis mejillas estaban ardiendo en ese momento al ser descubierta en mi juego infantil.

—¿Ya son grandes amigas? —preguntó moviendo su mentón en dirección al aparato metálico parlante.

—Como almas gemelas. ¿Sabes que tiene juegos incluidos?

—Creo que Alice mencionó algo de eso.

—Tiene un sentido del humor bastante…

—¿Peculiar?

—Diferente.

—No es exactamente una comediante —admite y yo finjo estar escandalizada por su falta de tacto ante el robot.

—Puede oírte —digo en susurros y él se ríe.

—¿Qué tal tu día? —pregunta cambiando de tema y yendo hacia la estufa donde está la comida. La he calentado hace unos minutos, así que debe seguir caliente.

—Terriblemente aburrido —confieso.

—Puede oírte —susurra mirando hacia Alexa.

—Si pudiera opinar, diría lo mismo de mí. ¿Qué tal tu día?

—Ya estoy considerando otras vacaciones.

—¿Otras vacaciones? ¿Y esta vez sí irás de viaje?

—A París, posiblemente. Aunque parece que está lloviendo.

Para el día siguiente, Rafaelo me encontró poco antes de que pudiera subir al elevador.

—Señorita Bella, la señora Dolores me pidió que le abriera la puerta del apartamento.

Entró al elevador conmigo y subimos los siguientes 32 pisos en silencio. Aun no lo había perdonado por haberme tratado tan mal la primera vez que nos conocimos.

—¿Dolores está enferma?

—Terminó temprano hoy –fue la simple respuesta que recibí mientras Rafaelo abría la puerta para mí. La casa estaba impecable y la comida preparada. Me acosté en el sillón sabiendo que pasaría mis siguientes horas aquí.

El tercer día, Rafaelo anunció desde recepción que que estaba muy ocupado pero que podía tomar las llaves del apartamento para abrir, nuevamente Dolores había salido antes, ¿sería una emergencia? Tal vez ella estaba enferma. Prometí devolverselas en cuanto pudiera, pero negó con su cabeza diciendo que ya contaba con un repuesto.

Las llaves quemaban en mis manos mientras subía en el elevador, no las devolví esa tarde porque no quería que Rafaelo se volviera a poner pesado conmigo para evitar ayudarme a abrir para mí el apartamento.

La casa estaba impecable, la comida preparada y Dolores no estaba cerca. Así que no sabía qué hacer, esta vez elegí esperar a Edward en la isla de la cocina con mi cuaderno en mano y el lapiz, manteniéndome siempre donde pensaba que la cámara pudiera verme. ¿Acaso él revisaba las grabaciones todas las noches? La idea me pareció graciosa y triste por igual. Así que levanté la mano y saludé a la cámara, seguí dibujando, abstraída en mis propios pensamientos. Mi garabato resulto ser una caricatura de Edward y yo jugando videojuegos. Realmente estaba perdida.

El viernes dejé por la mañana las llaves al portero matutino agradeciendo las atenciones y repitiendo una disculpa por habérmelas quedado toda la noche, el hombre ni siquiera sabía de lo que le hablaba, así que solo las tomó sin preguntar.

Pero cuando regresé del trabajo y le pedí a Rafaelo que me abriera la puerta me miró con su ceño fruncido cargado de confusión.

—¿Perdió la llave que le di señorita Bella?, ¿necesita un repuesto? —negué con mi cabeza sonriendo.

—Las devolví esta mañana.

Fue a revisar a una pequeña habitación detrás del recibidor y regresó con las llaves, se acercó a mí y las puso en mi mano.

—Son suyas.

—El señor Edward no –pero me interrumpió dándome un apretón en las manos.

—Son suyas.

Debía tenerlo cansado de abrir el apartamento para mí cada tarde, pero iba a meterme en problemas. Quizás Edward no había notado que Dolores había dejado de trabajar hasta tarde y que Rafaelo se rehusaba a abrirme la puerta así que cuando regresó del trabajo y estaba sirviendo la cena en su plato decidí decírselo.

—¿Crees que podrías hacer entender al portero que no puedo aceptar las llaves?

Edward me miró confundido así que tuve que forzar una explicación.

—Dolores debe estar enferma así que ha estado saliendo temprano y Teodoro había estado abriendo la puerta para mí, pero ayer me dio un duplicado y esta mañana lo devolví pero hoy nuevamente me lo entrego.

—Dolores no está enferma —explicó.

—¿Salió de viaje? —la casa estaba evidentemente bien arreglada.

—Regreso a su horario normal.

—¿Su horario normal? —pregunté separando cada palabra con silencio.

—El apartamento es pequeño y no somos un desastre, así que solo limpia hasta las dos de la tarde. Ese ha sido siempre su horario.

Oh.

No lo dijo, pero supe que la extensión de horario se debía a mí.

—Le pedí al portero que te entregara esa llave ayer.

—¿Tú le pedist... qué?

Sonrío.

—Si hubieras querido robar algo, ya lo habrías hecho.

—Pero no es buena idea.

—¿No? —ahora me miró con el ceño fruncido.

—Es tu apartamento —expliqué.

—Estás viviendo aquí, Bella.

—Claro, pero yo no quiero ser

—No eres ningún problema. Sólo no las piedras. Las llaves del edificio son especiales, tienen un chip digital así que son costosas –iba a replicar que el valor de esas llaves era una buena razón para no darme una copia—, es importante que tengas una copia.

—¿Hay alguien mirando las grabaciones ahora? —tenía que saberlo, sería muy incómodo descubrir que alguien me veía hacer ejercicio por las tardes. Tomo mi mano sobre la barra y algo dentro de mí se derritió ante su tacto.

—Confió en ti.

—¿Alguien ve las grabaciones? —insistí, él se río de mí y negó con su cabeza.

—Nadie, solo servirían si algún intruso entra y ayuda como evidencia. Aquí no pasa nada así que no hay nadie revisando esas cámaras.

—¿Estás seguro?

—Hace un mes me enteré que Alice invitaba hombres a mi casa cuando yo estaba de viaje, lo supe por ella, de otra manera no me habría enterado —sonreí ante aquel dato.

—Vaya eso es —me interrumpió.

—Asqueroso.

—Yo iba a decir interesante. Pero asqueroso funciona igual de bien.

Se rio entre dientes.

El sábado, Edward salió temprano, al parecer había una reunión con unos nuevos clientes. ¿Reunión con clientes? No me imaginaba a ningún cliente de la cafetería pidiendo un minuto en la oficina con Alice, aunque yo qué iba a saber de clientes y jefes si jamás había sido nada excepto una mesera.

Así que ya que durante la semana no había podido comunicarme con mi hermano, aproveché ese día para hacerlo.

—¿Y cómo van tus clases? —pregunté acostada bocabajo en la cama con el teléfono contra la oreja.

—Bien, tengo un amigo nuevo, acaba de llegar de… no sé de dónde, pero acaba de llegar. Se llama Miguel.

—¿Y cómo es este Miguel? —pregunté interesada.

—Tiene un cubo de rubick y me está enseñando a usarlo —¿eso no era muy complicado para niños de siete años?— Ya quiero verte —dijo Charlie bajando el tono de su voz, sonreí triste.

—Yo también.

—Tía quiere hablar contigo.

—Bella.

Su voz era afilada, como un cuchillo capaz de enterrarse en la costilla de quien no fuera de su agrado, yo no era de su agrado. Un cuchillo capaz de enterrarse dentro de mí. Los vellos de mi piel se erizaron ante su voz, ¿me aterraba? Un poco.

—Estaba ayudándolo a hacer la tarea de matemáticas —añadí de prisas.

—Necesito tu dirección actual.

—¿Para qué? —pregunté sintiendo unos repentinos nervios en mi estomago.

—Tengo un seminario el próximo fin de semana, iremos a un evento de la iglesia —no entendía cómo eso podía relacionarse conmigo, ¿acaso quería venir a visitarme? Ni de broma. Ya bastante malo era tener que escuchar su voz— te enviaré a Charlie unos días.

Te enviaré a Charlie unos días.

Te enviaré a Charlie unos días.

Unos días con Charlie.

—¿De verdad? —una sonrisa estaba ahora abarcando todo mi rostro, me senté en la cama sin poder ocultar mi emoción.

—Tú vas a pagar su pasaje de avión —aclaró.

—Claro que sí —tenía el dinero de un mes ahorrado. Un mes, vaya. Podía perfectamente pagar ese boleto de avión.

—Lo enviare el viernes por la tarde, y lo regresaras el lunes temprano. Así que necesito que envíes ese dinero para su vuelo.

—¿Estás hablando en serio?

—Sí. No quiero nada de juegos. Si no lo regresas a tiempo, llamaré a la policía.

Le prometí que enviaría el dinero, comenzó a dictarme todas las reglas que tenía para mí: nada de ir a lugares peligrosos, nada de subir fotos a internet con Charlie del viaje, nada de sacarlo de la ciudad en la que me encontraba, nada de no llamarle cada noche, nada de tonterías. Finalmente me dejó despedirme de Charlie y cuando colgué la llamada y miré al resto de la habitación, descubrí mi error.

OH cielos. ¿Qué acababa de hacer?


AGRADECIMIENTOS a: Guest, Cinty77, Geminis1206, Patricia Luguera Diaz, Ori-Cullen-Swan, Carita1999, Wenday14, Indii93, Neneita, Angryc,Narraly, Lore562, ChiquitaCullen, Erika, Daniela, Sara, Diara, Nana, PeyciCullen, FlorcitaCullen, Analy, ViridianaCOntiCruz, Vane, Noriitha, OnlyRobPatti, Alecas, LunaCullen, Karlanicolepa, Claribel Cabrera.

Muchas gracias por leer, comentar, seguir y recomendar esta historia.

Adelanto:

Estoy molesto.

Lo sé porque no paro de apretar los puños, jalar mi cabello y morderme las mejillas por dentro. Estoy enojado.

Y sé porqué estoy enojado.

Bella.

El novio de Bella.

El novio de Bella con el que ella pretende pasar todo el fin de semana en un hotel.

El novio de Bella con el que ella pretende pasar todo el fin de semana teniendo sexo en un hotel.

El novio de Bella con el que ella pretende pasar todo el fin de semana teniendo sexo en un hotel, mientras a mí me revientan los huevos de coraje.

No es para tanto, y si lo pensara racionalmente debería dar saltos de felicidad porque eso significa que cada día está más cerca de irse de mi apartamento.

Pero no. Estoy molesto. Estoy celoso.

Honestamente no sé si es el adelanto del siguiente o del que viene después del siguiente porque aun estoy pensando en como hilar ese capitulo al que acabo de publicar. Lo que quiero decir es: posiblemente actualice hasta el lunes.

Ahora es mi turno de leerles. Dejame tu idea de lo que puede pasar a continuación, ayuda al bloqueo mental