Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
MENTIROSA
Angielizz (Anbeth Coro)
Nota: respuestas a preguntas al final del capítulo
Tenía una gran batalla de emociones luchando en mi interior, teníamos a la felicidad absoluta en una esquina al tener luego de tantos meses a mi hermano conmigo, aun no podía creer que Tía hubiese sido capaz de hacerlo venir en avión solo y sin avisarme del cambio de horario. ¿Acaso planeaba que se perdiera? No quería darle vueltas a todas lo que pudo haber ocurrido si Edward no hubiera estado en casa cuando Charlie llamó.
Por lo menos el personal de seguridad del aeropuerto había tenido la sensatez de retener a mi hermanito hasta que alguien pasó por él. ¿Y Charlie decidió ir con un extraño sólo porque decía conocerme? Necesitaba sentarme a explicarle cuestiones básicas de supervivencia, como no ir nunca con un desconocido incluso si dice conocerme. Pero venga, a pesar de eso estaba feliz. Locamente feliz con Charlie en mis brazos.
Pasamos el resto de la tarde jugando en la sala de juegos, videojuegos y platicas ridículas sobre caricaturas, sí, había tenido que actualizarme con las caricaturas favoritas de Charlie durante estos días para tener conversación con él. No quería que sintiera que estábamos en bandos diferentes. Pero él se veía muy feliz, y por tanto yo estaba mucho más que que sólo muy feliz.
Y por otro lado, estaba la sensación de ¿agonía?, ¿miedo?, ¿culpa? Había una extraña mezcla de esas tres emociones. Edward había ido por Charlie, lo había traido a su apartamento, le había incluso preparado palomitas de maíz mientras le ponía una película infantil, venga, le contrató Disney Plus y todo eso sólo para mantenerlo quieto en lo que yo aparecía.
Pero en cuanto yo entré a la sala de videojuegos y Charlie se abalanzó sobre mí, lo siguiente que supe fue que Edward nos había dejado a solas en la habitación. Sólo se había retirado con una mala excusa:
—Tengo asuntos importantes.
¿Esa era una manera de decir que tenía una lista de cosas realmente importantes? ¿O era una manera de decir que yo no era tan importante? ¿O que no quería lidiar con mis mentiras por ahora?
Sospechaba que se trataba de la tercera opción.
Sabía que necesitaba hablar con Edward, aunque en realidad no quería despegarme de Charlie, así que podía aplazar esa discusión un par de horas más. Lo que no pude aplazar por mucho tiempo fue mi discusión al teléfono desde el celular de mi hermano con Tía.
—¿Cómo has podido enviarlo sin avisarme?
—¿No lo sabías tú?
—¿Cómo se suponía que iba a saberlo? —gruñí enojada. Si no fuera por Edward mi hermano habría pasado dos horas en una sala con desconocidos esperando por mí.
—Bella eso es muy descuidado de tu parte —pero su voz no sonaba preocupada en absoluto.
—Lo subiste a ese avión sin avisarme —estaba más que sólo un poco molesta. Podía entender su odio hacía mí, pero era increíble que sus deseos de verme fracasar fueran más allá de la seguridad de Charlie.
—¿Y cómo es que te enteraste del cambio de horario?
—Me llamó por teléfono.
—Es un niño muy inteligente, y si yo hubiera sabido a qué número contactarte te habría avisado.
—Pues ahora lo sabes —aunque honestamente dudaba que alguna vez fuera a llamarme. Y si llegaba a llamarme sería solo para ocasionar más problemas.
—Lo quiero de regreso el lunes por la tarde, ahora déjame despedirme de mi niño.
Su niño. Él no era suyo. Pero no iba a ponerme a discutir. Le devolví el celular a Charlie, quien comenzó a contarle lo divertido que era viajar en avión, el monton de personas que conoció en el aeropuerto y cuando estuvo a punto de contarle sobre Edward, me apresuré a arrebatarle el celular y colgar.
—Oye, ¿qué te parece si cambiamos esa historia? —pregunté y sus ojos se abrieron.
—¿Cómo mentir? —parecía un poco escandalizado, era demasiado bueno e inocente.
—Como una historia para no meterme en problemas con Tía, no queremos que no te vuelva a dejar venir, ¿verdad? —Charlie negó con su cabeza y supe que lo había convencido de unirse a mi club de mentirosos potenciales.
—¿Qué le digo?
—No vamos a contarle de mi amigo Edward, ¿sí? La misma historia, pero dirás que fui yo y no él.
—Osea que tú respondiste esa llamada y fuiste al aeropuerto por mí —asentí— ok. ¿Y le digo que Edward vive aquí? —negué con mi cabeza— ¿Le digo que tienes una amiga llamada Edwarda? —me reí y volví a negar— ¿vives sola? —asentí— Ok.
Ok. Qué fácil parecía.
—No vamos a contarle mucho de este lugar, ¿te parece? —asintió.
—No queremos que ella quiera venir a visitarte, ¿no? —nuevamente asentí—, yo tampoco quiero, ella te habla muy mal —puso su mano en mi mejilla y giré mi rostro para besar su muñeca.
—Lo único que importa es que estás aquí, ¿sí? —asintió sonriendo.
—¿Podemos ver otra película? —asentí, aunque eran las nueve de la noche y estaba segura que debería ofrecerle una cena más importante que sólo palomitas. Pero no quería salir de la sala de videojuegos y enfrentarme a Edward.
—Pero primero ponte tu pijama.
Charlie se quedó dormido mientras veíamos la siguiente película de superhéroes. Suspiré contra su cabello rubio y arrastrándome contra el sofá logré salir de la prisión que había creado con su cuerpo sobre mí. Lo miré dormido en el sofá, no estaba tan segura de poder cargarlo hasta mi recámara sin despertarlo, aunque recordaba que tenía un sueño pesado. Lo más seguro es que terminaría despertandolo y haciendolo caminar a mi cama, pero antes tenía algo que resolver.
Salí del cuarto de juegos y busqué a Edward. No estaba en su oficina, ni en la sala, comedor, cuarto de ejercicio o cocina. Lo que me dejaba con una sola habitación donde podía encontrarlo. Aunque tenía prohibido entrar.
Esa había sido la primera regla que había impuesto cuando me mudé aquí y era la regla que había mantenido intacta. Ni siquiera entraba ahí cuando Dolores hacía la limpieza en su alcoba.
¿Se podía mentir por omisión?
Supuse que sí.
Me sudaban las manos, así que me quedé parada afuera de la habitación de Edward como estúpida, solo parada a mitad del pasillo analizando mis posibilidades. ¿Podría echarme ya?
Al primer error estás fuera. Él había dicho que me olvidara de eso, pero cuando lo dijo él no sabía de Charlie ni que yo era una mentirosa. Seguramente había cambiado de parecer.
¿Era un fuera en automático?, ¿acaso significaba que me echaría a patadas un segundo después de que yo me convirtiera en problemas?
Me di una patada mental.
Dos reglas había roto esa noche.
Había cometido un error, mentirle.
Y ahora también traer a alguien al apartamento.
Y además tenía a Charlie durmiendo en su sillón.
Mierda.
¿Me echaría hoy mismo?
Toqué dos veces a su puerta. Nada.
Toqué una tercera vez, con un poco más de fuerza. Nada.
Dudé en tocar una cuarta vez, pero finalmente lo hice.
Nada.
Así que abrí la puerta.
¿Porqué?
Porque estaba desesperada y además era estúpida.
Y si iba a romper todas las reglas en una noche no creía que hubiese gran diferencia en el resultado, entrar a su recamara estaba prohibido, pero aquí estaba yo.
Edward estaba sentado sobre la orilla de la cama mirando hacia la ventana que estaba en su habitación. Contemplé en silencio su cuarto porque era más seguro que contemplarlo a él. Tenía una cama grande con sabanas azules, había un sillón ocasional color blanco en una esquina, se podía ver desde la puerta parte de su vestidor, que ya asumía debía ser el doble de grande que el mío. Había un bonito tapete frente a la cama. Y eso era todo. De las mesitas de noche sólo estaba el aparato de Alexa en una de ellas y un libro del otro lado. Nada más. Ni fotos, ni cuadros, ni nada.
—Toqué antes, necesito hablar contigo.
Él
Viernes, 22:13
Before you go – Lewis Capaldi
Debería estar enojado.
Tenía un hermano, tenía una tía. ¿La historia de sus padres sería mentira?
Pero no conseguía estar molesto. Y debería sentir al menos rencor por haberme visto la cara todo este tiempo mientras me decía que estaba sola en el mundo. Tenía familia. Me había mentido. Eso debería ser suficiente para llenar mi cuerpo de ira. Pero no siento nada de eso.
Había estado pensando toda la semana que ella estaba por salir a encontrarse a un viejo amigo o un anterior novio para pasar con él todo un fin de semana en un motel, y resultó que era su hermano de siete años a quien vería.
Ella decidió que era mejor que yo pensara la otra historia a sincerarse, eso era un golpe bajo a nuestra confianza.
Pero mientras escuchaba sus risas del otro lado de la puerta, fue imposible seguir manteniendo el rumbo de mis pensamientos hacia ese punto. Bella tenía un hermano, un pequeño niño que una mujer al otro lado del país había enviado con un cambio de horas en el vuelo sin avisarle a Bella. ¿Eso era un descuido de parte de la mujer? ¿o un acto premeditado?
El niño además pensaba que Bella estudiaba aquí y que por eso no los visitaba, me pregunté si Bella debería estar estudiando en la ciudad, tal vez era una estudiante rebelde y le mentía a su familia para quedarse fingiendo ser independiente aquí, ¿cuántas historias así no eran comunes entre universitarios?
Y estoy seguro que si comenzara a jalar los hilos encontraría más historias falsas y descubriría las mentiras, pero también estoy seguro que debe existir una razón. ¿Cierto?
—Te debo una explicación –repitió Bella, pero no me moví. Mantuve mi vista en el cielo oscuro de la ciudad intentando concentrarme en mis propias emociones para decidir qué hacer y cómo actuar al respecto.
—¿Un hermano? —ni siquiera me atrevía a mirarla.
—Yo… —pero o no tenía una buena mentira para eso o no tenía las palabras para una disculpa—, no quería añadir más detalles tristes a mi pasado.
Más detalles tristes a su pasado. ¿Eso qué significaba exactamente?
—Honestamente, eso no me dice nada. ¿Dónde están tus padres? —¿eso era una mentira también?
—Muertos.
Debía asegurarme, ¿no?.
—Una tía tiene la custodia de Charlie.
—¿Una tía?
—Tía abuela del lado paterno. Es, supongo, el único familiar de sangre que… Charlie tiene.
Razonable.
—¿Y tú?
—Es complicado.
Empiezo a creer que con Bella todo es complicado. Me giro a verla, parece estar dando brincos de nervios en su lugar, tomo un largo trago de oxígeno y palmeo la cama a mi lado, necesito encontrar algo de paciencia para esta conversación y realmente me parece imposible. Camina despacio hasta sentarse en la cama, aunque mantiene un metro de distancia entre ambos apenas sentada en la esquina.
—Tengo tiempo.
—Jamás conocí a mi padre.
—¿No murieron juntos?
—Sí, este era Charles. Charles se casó con mamá cuando yo cumplí seis. Así que Charles es mi padre en muchos aspectos, me enseñó a andar en bicicleta y todo sobre geometría, yo quería ser dentista como él cuando era adolescente.
—Charlie es tu medio hermano –concluyo, ella asiente.
—Ellos no tenían planeado un bebé, pero mamá quedo embarazada cuando cumplí quince años, así que apareció mi hermano —una pequeña sonrisa se asoma en su rostro— yo era lo suficiente mayor para cambiar sus pañales cuando él nació y una niñera idónea cuando mis padres querían salir a cenar.
—¿Y tu tía? –adivino hacia dónde va la historia antes de que lo diga.
—No conocía a la familia de Charles, ella apareció en el funeral, era la primera vez que la veía, pero resultó que mis padres confiaban en ella lo suficiente para dejarla como la tutora de mi hermano. Aunque creo que solo la añadieron porque era el único familiar sanguíneo cercano.
—¿Y la casa? —recordé que cuando me habló de su pasado había dicho que había perdido la casa, sin dar más detalles al respecto y que su herencia no había sido buena pero que le había permitido mantenerse con ella a falta de un empleo.
—Charlie y ella viven en la casa de mis padres. Yo —muerde sus labios y luego niega lentamente con su cabeza—, y ya sabes el resto, me quedé con el poco dinero de la herencia y con eso estuve sobreviviendo hasta que nos conocimos.
—¿Cómo es que terminaste viviendo aquí? —aunque nuevamente adivino hacia donde va lo siguiente, lo que explicaría su ataque de pánico el día que convirtió mi ropa blanca en rosada. Ella ya tenía experiencia en ser lanzada a la calle, debía adivinarlo.
—Ella era encantadora, no habrías pensado que esa mujer fuera una bruja.
—Hasta que lo hizo —asiente.
—Hasta que lo hizo –toma aire—, viví un poco más de tres meses en la casa hasta que una mañana tenía lista para mí una maleta con ropa. La casa estaba a nombre de Charles, yo no era su hija de sangre y no llevaba su apellido así que parecía que eso era suficiente para echarme. Me dio dos opciones: podía irme sola o podía irme acompañada.
¿Cuántos años tendría entonces? ¿Veintiuno? Sin casa, sin padres, sin dinero, sin solvencia económica y con cero habilidades para ser un adulto independiente. ¿Acaso esa mujer desconoce todos los peligros que existen?, ¿qué habría sido de Bella si no la hubiese encontrado esa noche?
Vuelvo a recordar esa primera imagen de ella luchando contra el hombre que intentaba obligarla a subir a su vehiculo y siento bullir el odio en mi interior.
—¿Qué haces en esta ciudad? —mi voz suena más molesta de lo que pretendo, aunque mi furia no es contra Bella, sino contra esa desconocida tía suya que ocasionó todo eso.
—Yo… —tartamudea, supongo que sorprendida por el cambio de mi tono—, estudié aquí antes, luego decidí que no quería estudiar leyes y regresé a casa. No tenía familia ni amigos cercanos, así que pensé que podía volver aquí.
—¿Por qué?
Si yo estuviera en su situación me habría mantenido cerca de mi hogar en lugar de intentar buscar suerte en una ciudad que apenas conocía y sin nadie que pudiera apoyarme.
—Tenía un novio entonces —se detiene y da una larga exhalación— pensaba que podía… ya sabes, pensé que tenía a alguien después de perder a mis padres y la custodia de Charlie.
Bella juguetea con sus manos sobre sus rodillas. La observo en silencio.
—¿Y qué paso?
—Vivía con otros tres compañeros de clase, así que eso no estaba funcionando. Y la ultima vez que intenté persuadirlo de buscar otro sitio, solo me soltó la bomba.
—¿La bomba?
—Que ya estaba saliendo con otra persona.
Vaya idiota. Aprieto los puños contra el colchón. Bella ha estado llena de personas aborrecibles, es un hecho.
—Así que te fuiste.
—Así que me echó —me corrige.
Una mujer que siente tan poca simpatía por Bella que fue capaz de sacarla de su hogar tras la muerte de sus padres, un exnovio al que le importó tan poco lo anterior que no conforme con eso añadió infidelidad a los traumas de Bella.
Intento relajarme pero es imposible. No me sorprende todos los miedos que aun persisten en ella, siempre está esperando lo peor de todo mundo porque todo el mundo que conocía solo le ha dado lo peor.
—¿Podrías darme un minuto?
Necesito recomponer mi compostura antes de volver a hablar, creo que incluso estaba más tranquilo cuando encontré a Heidi en la cama con Peter.
La diferencia es clara, en ese momento pude estampar mi puño contra la cara de Peter, ¿pero aquí? ¿A quién debería dirigir mi ira? No quiero decir algo de lo que pudiera arrepentirme más tarde.
Bella
Fallen –Gert Taberner
—Siento haberte mentido.
Silencio.
—¿Podrías perdonarme?
Silencio.
Silencio.
Silencio.
—¿Te doy unos minutos para considerarlo?
Silencio.
Me levanto de su cama y salgo silenciosa de su habitación. Recargo mi espalda contra la puerta cerrada parada en el pasillo. Voy a estar bien, tengo que estarlo. Él fue tan bueno conmigo y yo sólo le pagué con mentiras. Y aún tengo mentiras. Mentiras, mentiras, mentiras. Mentiras que me gustaría creerme también. ¿Qué iba a decirle? ¿Hablarle de las deudas de la casa y de cómo perdí casi todo mi dinero en eso? ¿O de cómo después Tía me echó y yo corrí a los brazos de un idiota que también me botó? Y como todo eso me llevo a pedir trabajo a un burdel. No. Ya bastante malo es que sepa que soy una mentirosa como para añadirle una etiqueta más a mi imagen.
Lo tengo claro.
Voy hacia mi habitación y busco en el closet la mochila que compré en esta semana para poder llevar ropa al hotel, es lo suficiente grande para llevar un poco más de dos semanas de ropa. Así que agarro tanta ropa como puedo del closet. Dejando solo los vestidos y las faldas, no necesito eso a donde iré.
La puerta del cuarto de Edward sigue cerrada, y creo, que en parte eso lo facilita un poco.
Con los brazos temblorosos acomodo el cuerpo de Charlie para poder cargarlo. Es imposible. ¿Cómo es que subió de peso tan rápido? Paso sus brazos detrás de mi cuello e intento ponerlo de pie con mis brazos en su espalda, por lo menos consigo sentarlo. Lo miro, olvidaba lo pesado que tiene el sueño, será imposible despertarlo, aunque eso tiene una ventaja. Posiblemente no se dará por enterado cuando despierte en una cama sucia del hotel. Muerdo mi lengua con tanta fuerza que estoy segura que voy a arrancarla.
Venga, yo puedo. Me empujé hacia arriba y sujeté las piernas de Charlie para hacer que me abrazara con ellas, lo conseguí. Uff. La televisión estaba apagada, de no ser por el bol donde estuvieron las mantequillas no parecería que estuvimos aquí. Supongo que esa era la intención.
Llevaba mi mochila con la ropa al hombro, la maleta de Charlie seguía al lado de la puerta del cuarto de televisión. Supongo que tengo todo listo para irme. Doy pasos cortos hasta la puerta principal, pero no hay rastro de que vaya a ser detenida por Edward. Abracé a Charlie para darme fortaleza, tengo que hacerlo pensé mientras se me llenaban los ojos de lágrimas. Agarré la maleta con rueditas y la empujé hasta la puerta, miré hacia atrás, pero todo seguía igual. Giré la perilla. El pasillo estaba frío. Retrocedí al notar que había Olvidado ponerle la chamarra a Charlie. Mierda. Caminé de regreso al sillón cerrando la puerta y dejé el cuerpo dormido de mi hermano ahí, estaba casi segura que podría haberlo lanzado y no se habría dado por enterado.
La llave. Toqué el bolsillo trasero de mi pantalón y saqué el pequeño objeto de ahí, lo puse encima de la barra de la cocina y me obligué a parpadear para no llorar. Debía irme, esto era lo correcto. Las personas como yo no deberían vivir con personas como Edward, debía estar escrito en alguna lista de reglas de la naturaleza, o algo así.
Sólo sentía una inmensa bola de culpa, no podía seguir aprovechándome de Edward.
De regreso con Charlie en mis brazos, me decidí por bajar las escaleras con cuidado, supongo que sólo quería ganar tiempo para ser detenida o cualquier tontería de película de ese tipo, pero llevar una maleta de rueditas, una mochila en la espalda y un niño en brazos no es tan simple como parece. Había un frente frío estos días y además de eso las escaleras eran la zona más fría del edificio. Ni siquiera el sueter que llevaba encima o la gabardina de mi mochila podrían hacer algo contra esto.
¿Se daría cuenta que me fui? Quizás mañana, estaba tan molesto, podía verlo no solo en su expresión sino en todo su cuerpo, no recordaba haberlo visto tan enojado nunca. Todo eso era mi culpa y de nadie más.
Veinteavo piso. No puedo más. Dejé a Charlie en el suelo y me senté a su lado. Hace demasiado frío. Busco la gabardina negra de mi mochila y la pongo sobre él. Intento ser un escudo humano con mi cuerpo para él, pero empiezo a creer que fracasaré terriblemente si no dejo de temblar de frío. Me quito el sueter y lo añado a la pila de ropa sobre él, tengo una blusa de manga larga abrigada, pero se siente como estar desnuda. Cielos. Si este lugar es frío, afuera debe ser mucho peor. No puedo salir así.
Debo regresar. Recuerdo que cerré la puerta al salir del apartamento, no tengo manera de regresar, sospechaba que por mucho que tocara a la puerta, nadie abriría del otro lado. Lo único que pude hacer fue meter mis manos entre la ropa que cubría a Charlie, acaricié su rosada nariz dejando de paso un beso ahí. Solo necesitaba dormirme. Si me dormía no sentiría frío y mañana sabría qué hacer con mi vida, ha funcionado muchas veces antes.
Cielos. Debí quedarme en la habitación hasta que él agarrara el coraje de correrme de su piso, pero yo no quería eso. Yo no quería que me mirara con una máscara de indiferencia mientras me rompía el corazón en pedacitos y me echaba a patadas de su apartamento. Prefería pensar que yo me había ido a que él me lanzara de una patada de ahí.
Cerré los ojos y me obligué a dormir, ahí, en el sucio y frío piso mientras ignoraba mis temblores corporales y mis miedos.
Él
Before you go – Lewis Capaldi
¿Cuánto ha pasado? Reviso el reloj, media hora.
Teodoro está en el recibidor tomando café. Se levanta al verme bajar del elevador.
—Señor, buenas noches.
—¿Has visto a Bella?
Parece confundido y niega con su cabeza.
—No ha bajado, señor.
Miro hacia el resto de la recepción.
—¿Te has movido de aquí? —niega con su cabeza.
—Nadie ha bajado en la última hora, señor.
¿Seguiría en mi apartamento? No lo creía, no estaba la maleta del niño, ni la mayoría de su ropa del closet, lo único que había era la llave que le había dado la semana anterior.
Salida de emergencia.
¿No pudo ser así de tonta o sí?
Cada escalón que subo mi enojo aumenta.
¿Acaso yo le dije que debía irse? Estoy seguro que no dije nada en absoluto. Nada.
Sigo subiendo un escalón tras otro. Ni siquiera llevo un sueter, sólo una camiseta de vestir de manga larga y eso no es útil para quitar el frío. Intento escuchar algo más allá del eco de mis pisadas. Maldita sea.
Le pedí un momento para poder tranquilizarme. Sólo eso. ¿Y que ha hecho? Toma todas sus cosas y se va. Tan maduro de tu parte, Bella. Sigo subiendo escalón tras escalón.
Y no sólo se ha ido temporalmente, se ha ido en serio con toda la ropa que pudo meter a saber donde y sin llevarse la llave. Y sin despedirse, ni siquiera fue capaz de decirme adiós o gracias. O nada en absoluto.
Piso 10, gruño en protesta contra el frío y mis pocas ganas de hacer algo tan estúpido como subir escalones a las diez de la noche.
¿Debí hacer más? Tal vez debí hacer más que sólo pedirle tiempo. Tal vez si yo hubiera tenido cualquier otra reacción ella no habría pensado que lo más sensato era salir con todo este frío y tan noche con un niño en brazos. ¿Lo habría despertado para escapar?
¿Y si no está aquí? ¿Y si está en cualquier pasillo? ¿O si está en el elevador justo ahora llegando a recepción? Me detengo. No. Voy a subir estos putos escalones y luego voy a volver a recepción. Ya subi once pisos, puedo subir los siguientes… ¿veintiun pisos? Maldita sea.
¿Quién está más loco? ¿Ella por bajar las escaleras o yo por subirlas? Definitivamente ella. Pudo hacer esto mañana temprano en todo caso, pero no, tenía que escaparse a esta hora y con este frío. Agh.
Definitivamente ella está mas loca. ¿Y que voy a decirle cuando la encuentre? Ni siquiera tengo idea.
La llama de enojo en la que me veo envuelto se extingue al ver el numero veinte aparecer y, con este, dos pequeños cuerpos sentados en el escalón. Charlie está acostado sobre el piso con su cabeza en las rodillas de Bella, al parecer cubierto con cuantos objetos encontró Bella para ponerle encima. Me acerco, estoy seguro que un tímpano de hielo es más calido que Bella en ese momento, está dormida.
No puedo cargarlos a ambos. Intento despertarla.
—Bella, despierta.
Lo que funciona tanto como pedirle a la pared que se mueva.
—Bella —me agacho frente a ella y sacudo su brazo.
Nada, está fría. Lo que no es de extrañar porque aquí hace más frío que cualquier otra parte del edificio. ¿Cómo se la ha ocurrido que esto era una buena idea?
No puedo dejar al niño aquí, tampoco debería dejarla a ella. Pero debo tomar una decisión rápida. Agarro a Charlie del suelo y lo paso sobre mi hombro como un costal de papas, Bella se queda acostada en el suelo, con su cabeza encima de lo que supongo es una prenda de ropa. Venga, no puedo dejarla aquí.
—Bella.
Gruño con frustración y tomo la maleta del piso.
Intento apresurarme, salgo del área de las escaleras y me meto al elevador. Una vez dentro presiono unas cinco veces el piso 32 con desesperación cuando las puertas tardan una eternidad en cerrarse. Al llegar a mi apartamento, doy zancadas hasta llegar a la habitación de Bella, suelto la maleta y acomodo al niño en la cama. Poniendo encima de él la gabardina negra y la cobija. Por suerte él ha mantenido su calor corporal bajo la ropa. Bella está demente. ¿Cómo ha podido creer que irse a esta hora tenía sentido? ¿Cómo ha siquiera considerado que bajar por las escaleras era una buena opción?
Piso 20. Piso 20. Piso 20. Piso 20. Presiono enloquecido el botón del elevador como si eso pudiera servir de algo, pero es demasiado lento, demasiado lento.
Salgo del elevador y camino con rapidez hacia la salida de emergencia que da a los escalones. ¿Cómo carajo puede ser tan frío este lugar si no hay ventanas? Subo los pocos escalones para alcanzar a Bella.
—Oye, necesitas despertarte.
Toco su mejilla y ahora está incluso más fría que antes. Completo idiota, la dejé aquí sin ninguna prenda de calor, excepto el sueter bajo su cabeza, lo que es igual a nada.
—Bella.
Nada. Siento como si algo estuviera aplastando mi garganta, me agacho para pasar un brazo debajo de sus rodillas y otro tras su espalda donde está la mochila. Es liviana. Es liviana y helada.
Con mi codo abro la puerta de las escaleras y con mi codo vuelvo a golpear la pared hasta dar con el botón del elevador, las puertas se abren en un segundo y me introduzco.
¿Cómo mierda voy a conseguirlo sin manos?
Recargo mi espalda contra la pared y me las ingenio para golpear con la punta de mi teni el botón 32. Aunque también presiono el 27, 28, 31, 35 y 36. Mierda.
Más tiempo perdido.
—Bella, despierta. —tiene los labios pálidos al igual que su piel. ¿Cómo se te ha ocurrido hacer semejante estupidez?
27.
Espero impaciente que las puertas vuelvan a cerrarse.
28.
—Bella —toco con mi mentón su frente. Está helada y dormida. Mierda, mierda, mierda. Las puertas se cierran de nuevo—, estás demente, ¿lo sabes?
31.
—Bella —pero no hay ni una respuesta de su parte.
32.
Salgo de ahí en cuanto las puertas se abren por completo. Con cero delicadezas tengo que soltar las piernas de Bella, la mantengo de pie contra mi cuerpo y la pared mientras busco las llaves en el bolsillo de mi pantalón.
Carajo.
Abro la puerta, vuelvo a cargarla con un poco de dificultad. Cierro la puerta con una patada y no me detengo hasta llegar a mi habitación.
La dejo acostada sobre mi cama. Nada.
—¡Bella! —jaloneo un poco su cuerpo, ninguna respuesta de su parte, ni siquiera alguna mueca que me indique que estoy excediéndome con la fuerza o que los movimientos le molestan. Maldita sea.
La siento en la cama para poder quitarle la mochila de la espalda, después jalo su camisa. Tengo que actuar. Rápido.
No me detengo a considerar si ella desaprobaría o no algo de esto, mi cuerpo no reacciona a su desnudez, de hecho apenas presto atención a algo de su cuerpo, esto es de vida o muerte, entiendo en ese momento. La vuelvo a recostar sobre las cobijas, su pantalón de mezclilla está helado al igual que ella. Desabrocho el pantalón y jalo hacia sus tobillos.
—Bella, despierta –lo intento de nuevo, nada. La piel de sus piernas está tan helada que pareciera que acabo de sacarla de un congelador. Vuelvo a sentarla y la cargo, solo lo necesario para poner recostarla contra las almohadas y meter su cuerpo debajo de las cobijas.
¿Quién iba a pensar que su parloteo sobre supervivencia en una helada iba a ser tan util alguna vez? Benditos documentales. Camino hacia el cuarto de lavandería, del closet tomo unas cobijas calientes y regreso a mi habitación. Enciendo la calefacción al máximo. Pongo una capa de tela sobre otra encima de ella.
—Venga, funciona ya.
Meto una mano debajo de las cobijas, su piel sigue tan helada como cuando llego.
Tal vez requiere un poco más de tiempo, froto las cobijas contra su piel sin éxito. Al carajo.
Me quito cada prenda que llevo encima hasta quedar en calzoncillos y luego entro en la cama con ella, debajo de todas esas capas de tela inservibles. Suena más simple de lo que en realidad parece. Su piel arde al contacto, paso mi brazo debajo de su cuerpo y la acerco a mi, luchando contra el instinto de alejarme de su piel. Tiene los labios descoloridos. Acaricio sus mejillas esperando que pueda pasarle algo de mi calor corporal de este modo, ella dijo que esto funcionaría en Alaska, estamos en la maldita ciudad y afuera apenas hace unos cuantos grados bajo cero. Exhalo aire caliente contra su rostro, esperando que eso funcione y que la maldita calefacción haga lo suyo.
—Bella, despierta.
¿Cómo se le ha ocurrido quedarse ahí con nada excepto ese estúpido pedazo de tela encima? Con el frío de afuera y del área de escaleras y sin la ropa adecuada, debe ser una mezcla perfecta para matar a alguien de frío.
Me estremezco ante la idea y la acerco a mí, incluso más, enredo sus piernas congeladas entre las mías, resistiendo su frialdad.
—Bella.
Pero ella no responde. Venga despierta ya, ¿cuánto tiempo se necesita para que mi calor corporal se trasmita al de ella?
—No puedes hacerme esto.
¿Pero realmente podría culparla por pensar en irse? Lo único que las personas de su pasado han hecho es cerrarle la puerta en sus narices. Debí asumir que esto sería lo primero que haría al salir de mi habitación. ¿Cómo iba a considerar que se pondría en riesgo de esta manera?
Su mano se desliza entre nuestros cuerpos, busco su mano. Está menos fría que antes. Charlie tenía una temperatura normal cuando lo dejé en la cama, estoy seguro de eso. Aunque en cuanto Bella vuelva a recuperar su temperatura natural deberé ir y encender la calefacción de la recamara de Bella.
¿Por qué siempre está lista para el peor escenario? Lo añado a mi lista de cosas que no me gustan de Bella, que piense que la sacaré de mi vida tan simple como deshacerme de un objeto que ya no es de mi agrado.
Paso mi mano sobre su mejilla ahora cálida. Respiro con alivio. No tendré que llamar al 911. Estaba a dos minutos de hacerlo.
Estaba más preocupado en no mostrar mis emociones frente a ella que de permitirle ver lo que pensaba sobre todo ese pasado y mentiras.
¿Qué había dicho Bella al respecto?
No quería añadir más detalles tristes a mi pasado.
¿Qué habría hecho si me lo hubiese contado todo cuando nos conocimos? Intento pensar en la Bella que conocí.
Bella parada frente a la cocina inmóvil mirando hacia la comida sin dejar de morder sus labios, y Bella comiendo apresurada todo el desayuno sin apenas dejar espacio para responder mis preguntas. Hambrienta y temerosa. Entonces sólo asumía que ella debió haber pasado hambre, ahora lo sé.
¿Cuántos meses estuvo por su cuenta?
Paso mis manos a su espalda que aún está fría.
Recuerdo el horrible edificio en el que iba a dejarla. Esa era su vida. ¿Qué habría sido de Bella si se hubiese quedado ahí después de que su compañera de cuarto drogadicta se robó lo último que le quedaba de dinero? Mi garganta quema ante las posibles respuestas.
—¿A dónde ibas a ir?
¿Cuál era su plan exactamente después de irse de aquí? Posiblemente ir a donde fuera que tenía planeado pasar su fin de semana con su hermano, ¿pero después?
Acaricio su mejilla y al fin veo una reacción más que sólo un cuerpo tieso. Se recarga contra mi piel y me relajo. Ella estará bien.
No puedo cambiar nada de lo anterior ni atormentarme con lo que habría o no habría hecho si ella hubiera sido honesta desde el principio. Lo que sé es que debo encontrar una respuesta a la pregunta que no he podido responder desde que ella salió:
¿Y ahora exactamente qué haré con todo lo que ya sé?
Muchas gracias por leer, comentar y seguir esta historia. Especialmente a:
Respuestas a preguntas de perfiles anónimos:
¿Cuántos capítulos va a durar esta novela? Tengo pronosticados unos 50. Es que era eso o una secuela (pero una secuela habría sido mucho relleno asi que preferí una novela larga donde cada capítulo tenga un aporte importante), ya que hay muchos personajes de los que aun no abordo y que son importantes en la vida de Edward y Bella, y además todavía nos falta mucho por ver de la relación de ellos y de la mentira que se guarda Bella.
¿Aparecerán personajes que se mencionaron antes? Esto me lo han preguntado varias veces, como Don y Heidi o el personaje con el que engañó a Edward o los examigos de Bella, y la idea es que sí, ya tengo escrito algunos borradores de sus retornos a la historia. ¿Por qué? Porque es el único modo de curar algunas heridas de los personajes y dejarlos avanzar y evolucionar, pero todo está perfectamente justificado en la trama.
Sobre si la historia no es de mi autoría: la historia es original y es mía, pero la publico en varias plataformas. ¿Por qué? Porque es mi plan maquiavelico para poder llevar a todos esos lectores a un blog que estoy diseñando donde subiré esta historia. ¿Por qué? Porque Una dama de burdel está diseñada para ser parte de una saga, donde cada libro cuenta la historia de diferentes parejas. Algo así como Bridgerton,(si quieren tomar una referencia) pero con temas modernos y problemas sociales de nuestra actualidad. Pero puedes leerlo en cualquiera de ellas, aunque ojo, algunas apps son de paga. ¿Por qué lo publico aquí cuando podría ganar dinero? Porque mi plan es conseguir lectores para llevarlos a ese blog del que les hablo, y puedo publicarlo en varias plataformas porque no acepté el contrato de Exclusividad que Goodnovel me ofrecía. Así que tengo todos los derechos para hacer y subir la historia en las plataformas que se me permita.
¿Y de qué van a ir esos otros libros? Sobre la historia de los personajes de Jasper y Alice (las razones de Alice para no querer relaciones formales y andar en multiples relaciones vacías); la historia de la madre de Bella (cómo pasó de ser madre soltera a encontrar a Charles); la historia de Esme (una mujer casada que se convierte en madre divorciada con dos niños y tiene que luchar por ser madre y ser una mujer que puede alcanzar sus sueños). Y en ellos cada personaje secundario de aquí toma obviamente un rol protagonista así que sólo compartirán un mismo universo de ficción y en algunos volverán a aparecer los personajes aunque en diferentes edades, aunque igual que esta novela el género es el romance.
Sobre los nombres que aparecen por error en la historia, como Leonardo, Adrián: Porque se me escapan cuando hago los reemplazos de nombres, porque esta historia la empecé escribiendo con otros nombres porque primero iba a meterla a un contrato de una app, y luego el contrato resultó ser un grillete al tobillo, así que cambié de idea y ahora la estoy adaptando para esta plataforma.
Y que si porqué tantos comentarios: eso es opcional, por supuesto, la mayoría de los fics actualizan desde cuatro días a dos semanas, (también soy lectora y lo odio) así que los comentarios es una alternativa únicamente. Se vale apoyar a la creatividad del autor solo leyendo, agradezco el trafico de lectores que tiene esta historia y que puedo ver en los gráficos de fanfiction, no creas que no, pero los comentarios me ayudan mucho a notar detalles de como están percibiendo la historia y eso me ayuda a mejorar. Y siempre estoy editando esta historia, así que aunque en teoría ya hay muchos terminados siempre termino escribiendo más y editando y puliendo y este capitulo que tenía 3mil palabras originalmente superó las cinco mil de anoche a hoy.
Y porque no puse adelanto en el anterior capítulo, eso sí se me barrió por completo al subirlo y me di cuenta muy tarde de ese detalle. Pero ahora sí, para que enloquezcan con todas las ganas del mundo y dejen su comentario:
Pasé mi pulgar sobre su reciente barba, delineando el contorno de su rostro.
—Pica —descubrí.
—Lo siento.
—Usualmente mis sueños no son tan realistas.
—¿Crees que estás dormida? —preguntó con el ceño fruncido, aunque no serio, mantenía una suave sonrisa en su rostro, asentí dejando toda la palma de mi mano sobre su mejilla, y derritiendo me ante su contacto, él se recargó contra ella.
—Hacía tanto frío —recordé, tuve la imagen de Charlie acostado en las escaleras y yo poniendole mi ropa caliente encima— bien, tal vez estoy muerta –pero no sentí preocupación ante ese hecho, aunque la sonrisa de Edward desapareció por completo, ahora sí que lucía enojado. ¿Estaría muerta?
Tenía un poco de sentido, lo más cercano al paraíso que había conocido era el apartamento de Edward.
Y honestamente el siguiente capítulo está entre mis tres capítulos favoritos y sé que lo será de ustedes.
Nos leemos el viernes o en 50 comentarios
