Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

El fuego

Angielizz (Anbeth Coro)

Nota y dinámica al final


Ella

Lunes 20:27

Fire on fire – Sam Smith

Mientras Charlie estuvo en el apartamento, apenas un par de miradas y sonrisas traviesas se cruzaron entre nosotros, era como si mi hermanito de siete años fuese una buena excusa para mantener la distancia, pero cuando regresamos del aeropuerto, no tenía idea de qué hacer o cómo comportarme alrededor de Edward.

Aun estaba lidiando con mis sentimientos y la partida de Charlie asi que había pasado parte del lunes por la tarde en mi habitación dibujando. Edward sí tenía trabajo como había dicho por la mañana, o quizás era amable y me daba el espacio que necesitaba asi que me dejó estar ahí sin intervenir.

Me había ganado la lotería al encontrarlo, eso era un hecho. Cuando logré recuperarme, hice uso del teléfono de la casa para llamar a Charlie y asegurarme que todo estuviera en orden. Estaba muy emocionado porque el avión tuvo un lapso de turbulencia, cerré los ojos y respiré despacio recordándome que él ya estaba en casa, seguro y a salvo.

—Oye, Eli, Tía quiere hablar contigo.

Pero yo no estaba lista para esa conversación.

—Le llamaré después, te quiero mucho.

—Te extraño.

Sonreí triste y me repetí que así era como debía ser. Yo no tenía nada que ofrecerle y al menos allá él tenía la casa en la que había crecido y a sus amigos de la escuela. Me despedí y metí a bañar para deshacerme de los rastros de las lágrimas.

—Tú cocinas delicioso, con razón tienes una cafetería —dije al entrar a la cocina con un cambio de ropa y mi cabello cepillado, Edward levantó la mirada hacia mí y sonrío con calidez. Había salido de mi agujero cuando mis fosas nasales detectaron el olor de la comida. Edward estaba haciendo algo con carne y verduras que seguramente tenía un nombre laborioso e interesante, pero que yo nunca podría imitar.

—Tengo más que una cafetería, Bella –dijo manteniendo su mirada en la estufa. Eso explicaba todos estos lujos, por supuesto, y también explicaba el hecho de tener que mantenerse casi todo el día fuera del edificio.

—¿Cuántas? —pregunto acercándome a su lado, a mí me resultaba un acto triunfal que él quisiera abrirse a mí sin forzarlo a esto.

—Una, Alice tiene la otra en la ciudad y algunas en otras ciudades, una pequeña franquicia local. Pero una cafetería no paga este apartamento, ¿lo sabes, no?

—Tienes restaurantes —confirmo, era una de mis hipótesis, con su madre siendo chef y con la herencia del buen toque culinario era evidente que

—No.

—¿No?

—Una empresa de construcción.

—Oh.

—Sí, oh.

—¿Vas a la cafetería por las tardes?

Edward deja de cocinar y me mira, la única razón por la que soy capaz de sostener su mirada es porque me mira con algo muy similar a la dulzura así que me atrapa por completo.

—Alice se hace cargo de todas, aunque seguimos diciendo que una me pertenece.

—Oh —¿debería decir algo más?— ¿por qué me lo dices ahora?

—Quiero que lo sepas.

Asiento, aunque no tengo idea de para qué podría funcionarme esa información ni porqué es importante saberlo. Aunque… oh, vaya.

Doy un paso atrás como si me hubiese abofeteado. Asiento.

—¿Eso es importante no? –pregunto moviendo con ansiedad mi pie contra el suelo. Él tiene una empresa de construcción, yo soy la mesera de una cafetería. Y antes había sido mesera en un burdel, aunque esto no lo sabe. Esta es una de esas cosas que lo hacen sentirse en ventaja en la relación, o quizás me posicionan en un nivel inferior en ella. Paso saliva.

Parpadeo repetidas veces luchando contra mis emociones. Edward parece muy entretenido con la comida porque no ha mirado hacia mí.

—Es importante para mí que lo sepas.

—¿Por qué?

Necesito masoquistamente escucharlo decirlo. ¿Se habrá dado cuenta ya de lo diferente que somos? Tal vez recapacitó mientras yo era un mar de lágrimas después de ver partir a Charlie, claro, eso debió ser. A Eric tampoco le gustaba que fuese tan emocional. Respiro hondo.

—Porque puedes confiar en mí.

Espera ¿qué?

—Tienes un hermano, tienes una bruja como tía. Quiero que confíes en mí. Yo soy tu contacto de emergencia ¿no? –me mira y asiento procesando sus palabras—, si tú me dices que hay un incendio yo voy a cruzar la maldita ciudad por ti —una sonrisa boba comienza a asomarse en mis labios.

—¿Aunque yo lo haya provocado? –se ríe y el sonido de su risa se siente como una marea cálida contra mi pecho. Sonrío en grande.

—Sobre todo si tú lo has provocado.

Edward deja de mirarme a mí y mira hacia el sartén con las verduras y carne en tiras.

—Qué desperdicio de comida.

¿Se le habrá quemado?

—Le echaste demasiada sal, ¿no? —apaga la estufa y pone la tapa de vidrio cubriendo la comida— hasta a los mejores chefs les sucede a veces —se ríe y niega con su cabeza.

Y lo siguiente que sé, lo siguiente que entiendo, lo siguiente que siento, es que estoy besándolo, o más bien, estoy siendo besada por él, porque yo estoy en shock. Así que de la único que soy capaz es de sostenerme de pie.

Sus labios insisten mientras sus dedos recorren mi espalda. Estoy siendo besada por él.

Me toma unos segundos procesar esa nueva información, pero cuando lo consigo me muevo a la par de él. Una de sus manos recorre mi espalda mientras la otra sostiene mi mejilla. No me pregunto qué está pasando, porque sé qué está pasando, aunque no entiendo muy bien las razones, ni lo que lo motivan. O lo entiendo a la perfección.

Mis manos se deslizan a su espalda para sostenerme de él mientras nos devoramos los labios. Su mano baja de mi espalda baja a mi trasero y un gemido se ahoga en su boca. Estoy envuelta en llamas, o al menos así me parece.

Una mano se introduce debajo de su camisa por su espalda mientras la otra juega con los botones superiores de ella, su piel es cálida al tacto. La mano en mi trasero me aprieta a él, haciéndome sentir su erección contra mi cadera. Cielos.

Seguimos besándonos, ¿esto quiero? Sus besos pasan de mis labios a mi cuello, oh por… dejo caer mi cabeza hacia atrás para darle mayor acceso a mi piel.

Caminamos besándonos hasta que mi trasero choca contra uno de los bancos de la cocina, paso mis brazos alrededor de su cuello y sin ningún esfuerzo él me levanta para dejarme sentada sobre el banquito. Abro las piernas para quitar el espacio y él se acomoda entre mis piernas mientras sigue besándome, ahora estamos a la altura.

Él dijo que sólo necesitaba gritar fuego y él estaría ahí para mí, y justo ahora soy una hoguera de emociones y aquí está. Pero las personas que juegan con fuego siempre se queman, tarde o temprano. Y ahora sus ojos azules son una llamarada de hielo ardiente.

Se aleja y yo creo que nunca me había mirado de esta manera, bueno sí, hace un par de días cuando desperté en su cama, pero incluso entonces no era con esta intensidad, y de pronto me siento más que sólo acalorada.

—Tenemos tiempo, Bella —y suena genuinamente sincero, como si pudiera ser capaz de leer lo que pienso y querer darme eso que él cree que necesito, tiempo. Tiempo para adaptarnos a lo que sea que tenemos, tiempo para ir subiendo de categoría, tiempo para que nuestra relación avance de manera paulatina. Han pasado solo tres días desde la vez que desperté en su cama. Hago un recuento: sábado, domingo, lunes. Tres días. ¿Por qué se siente como más?

Pero sus palabras que me prometen tiempo se contradicen a los labios que va repartiendo en mi garganta, o en sus manos que se enredan en mi cabello o que hacen presión contra mi espalda.

Tiempo. Tenemos tiempo.

¿Realmente lo tenemos? Porque siempre siento que el tiempo –ademas del dinero- es lo que menos tengo, siempre estoy pensando y viviendo en el efímero aquí y ahora. Y no quiero que esto se termine pronto.

Comienzo a desabrochar el primer botón de su camisa, y el segundo y el tercero. Mis dedos caminan en su nueva piel bajo la camisa. Edward retrocede unos centímetros y toma mi mano entre la suya, la que se aventuraba por sus pectorales, la toma y la lleva a su rostro, me besa en los nudillos, el dorso de mi mano y la muñeca siempre mirándome con esos ojos azules, ¿cómo consigue hacer que esos ojos tan azules sean como un incendio forestal?

Besa el interior de mi muñeca y aprovecho la posición para tomar su mejilla con esa mano. Se ha quitado la barba esta mañana, así que puedo sentir su suavidad.

—Tenemos tiempo —repite. Asiento. Lo sé. Mi cerebro me advierte que lo más sensato es esperar, ver cómo nos desenvolvemos, en una relación y viviendo bajo el mismo techo, puede ser más complicado, aunque parezca lo mismo. Pero mi cerebro es solo un murmullo.

Mi cuerpo por el contrario parece tener el control del timón por completo, porque cada centímetro de mi piel sólo quiere más de él. Cierro los ojos. Piensa. Piensa. Tenemos tiempo. Pero mi cuerpo grita aquí y ahora. Ya. ¿Por qué esperar?

Dejo salir el aire de mis pulmones. En lugar de responderle mi cuerpo se encarga de gritárselo, mis piernas se aferran a sus caderas y vuelvo a acercar su boca a la mía, jaló con mis manos su cabello hacia mí. Y no encuentro ni un solo gramo de resistencia de su parte. Lo que me va bien, por supuesto. Mis manos vuelven a la tarea de desabrochar su camisa, ahora con más rapidez, como si temiera que el que pudiera arrepentirse fuera él y no yo.

Aunque tampoco será él, según parece. Porque ya está llevando mi blusa hacia arriba, levanto los brazos para facilitar la salida de esa prenda y creo que la lanza a algun lugar de la cocina. No me molesto en mirar hacia dónde. No me interesa nada excepto él.

Lo deseo. Como si leyera mi mente toma mi mentón con dos de sus dedos para acercarme aún más a él, como si quedara espacio entre nosotros.

Su mano sube de mi cadera a mi cintura hasta llegar a mi sostén, introduce su mano debajo de manera lenta y yo tiemblo de anticipación. Por favor no te detengas, no te detengas.

Cielos. Sí.

Puedo sentir la dureza de su miembro contra la mezclilla de su pantalón. Él también me desea. Siento mi cuerpo palpitando de expectativa. Ha pasado tanto desde la última vez, pero he pasado una vida sin él y eso se siente como demasiado y suficiente espera para mí. Ya no quiero esperar más. Mi mano se mueve por propia voluntad recorriendo el abdomen desnudo de Edward hasta detenerme en el cinturón de su pantalón.

La mano de Edward abandona mi pecho y creo que va a detenerme de nuevo cuando siento ambas manos detrás de mi trasero y un segundo después me carga, me sostengo de su cuello sin dejar de besarlo.

Estoy tan concentrada en él que no sé qué estamos en su habitación hasta que me deja caer en la cama. Río en la caída y él se apresura a venir tras de mí, vuelve a atrapar mis labios, mis manos recorren su espalda dura y desnuda.

Lo quiero, a todo él.

Aunque por supuesto, esta soy yo de veintidós años pensando y actuando, él me lleva diez años así que esos años debieron darle alguna clase de fuerza de voluntad y paciencia sobrehumana porque sus planes son lo opuesto a mi aquí y ahora, son más como pausa y después.

Su mirada me recorre, haciendo que el calor inunde mis mejillas y envíe descargas a mi interior.

—¿Qué le ha pasado a tu ropa interior de arcoíris? —bromea pasando su pulgar alrededor de los contornos de mis pechos, rozando apenas el encaje de mi ropa interior, me estremezco y eso que apenas me ha puesto un dedo encima. Pero sus ojos azules miran mis pechos de una manera que calienta cada centímetro de mí.

—¿Estás jugando conmigo verdad?

—Puede ser —dice sonriente mientras su mano recorre la curva de mis pechos sobre mi ropa interior y desciende por el centro de mi abdomen hasta llegar a mis pantalones.

Sostengo el aire y eso debe verse por la manera en que se hunden mis costillas.

—No tenemos prisa, Bella.

¿No? Porque yo desearía que la tuviera, si por mí fuera yo ya estaría desnuda, tal vez necesito decirlo en voz alta y hacerle entender cuánto deseo que esto ocurra, ya.

—Habla por ti.

"Habla por ti" mierda, eso suena fatal. No me parece sensual ni atrevido, ni nada. Es fatal. Siempre me pasa. Mi cerebro hace cortocircuito y ninguna idea coherente es formulada por mis labios. Aunque mi mente corre a mil y es funcional, al igual que mi cuerpo, solo mis labios se descomponen.

—Hablando por mí, no tengo prisas… a excepción que tú lo quieras.

—Lo quiero.

Y parece que eso es todo lo que él necesita oír de mí. Se levanta de la cama llevándome con él, termino hincada sobre la cama sin dejar de besarlo. Mutuamente buscamos cómo sacarnos los pantalones que son repentinamente estorbosos. Agradezco cuando comienza a bajar mi pantalón el haber elegido un conjunto de ropa interior combinable y nuevo. Ya tendré tiempo de pensar en cómo agradecerle a Alice. Aunque ahora toda mi atención la tiene Edward que se quita los pantalones de un tirón.

Las primeras veces con alguien siempre son una cosa extraña e incómoda donde no sabes qué ver, dónde y cómo hacerlo mejor. Pero los ojos de Edward iban haciendo arder cualquier posible duda que tuviese al respecto recorriéndome sin nada de prisas. La luz del día tras la ventana nos permitía observarnos mutuamente, y quizás nos contemplamos así una fracción de minuto antes de volver a lo nuestro.

—Eres hermosa.

—¿Sin arcoíris?

Se ríe mientras pone su mano encima de mi cintura por mi espalda acercándome aún más a él.

—No habría diferencia.

Y lo creo mientras su mirada atrapa la mía y rompe la distancia de nuestros cuerpos, se lo creo todo. Seguimos en lo que teníamos, besándonos, lamiendo, acariciando, tocando y quitando las ultimas estorbosas prendas entre ambos.

Me recuesto en las almohadas mientras Edward busca en alguno de los cajones un condón. Lo miro de perfil mientras acomoda el látex en su miembro. Paso saliva mirando su complexión y cuando sus ojos dejan de inspeccionar que el condón esté como de ir me atrapa observándolo. Siento mis mejillas calentarse.

Sube a la cama, pasando sus manos por mis piernas, mi cadera, abdomen y pechos hasta llegar a mis mejillas.

—Me preguntaba cuándo iba a aparecer tu rubor.

¿Por qué se ve tan poco afectado? Mientras él es capaz de hilar a la perfección esas oraciones yo apenas puedo pensar de manera clara.

No le respondo, en su lugar dejo que mis manos se paseen sobre su piel. Beso el lunar de su cuello y succiono ese pequeño pedazo de piel. Una de sus manos se entierra en mi espalda y la otra se va abriendo espacio para llegar a mi interior.

Recarga su frente contra la mía, manteniendo sus ojos azules en los míos, arqueo mi espalda entregándome a él mientras uno de sus dedos va entrando en mí, comprobando si estoy lista para él. Y lo estoy, mierda que lo estoy.

Mis manos en su hombro y espalda lo apremian a continuar con lo que sea que esté haciendo y si eso no es suficiente entonces lo hacen mis gemidos.

—Aun puedes escapar —dice Edward succionando mi oído. No, no puedo. Estoy demasiado perdida y entregada a él para retractarme de nada.

Niego con mi cabeza.

Y eso basta, porque pronto se acomoda sobre mí entre mis piernas, nuestras frentes vuelven a chocar, nos besamos sin dejar de mirarnos mutuamente. Mientras yo sólo soy capaz de jadear y usar mis piernas dobladas a sus caderas para hacerlo llegar más lejos, él es capaz de mantener la cordura en medio de todo.

—Bella eres tan —¿esquelética?, ¿estrecha?, ¿tiesa?, ¿simple?, ¿vulgar?, espero ansiosa que continué la frase porque quiero saberlo. ¿Tan qué?

Pero en lugar de continuar comienza a besar mi cuello mientras me voy adaptando a su cuerpo dentro de mí. Bella eres tan...

—¿Tan qué? —deja de besarme y me mira de nuevo. Espero manteniendo mis emociones bajo una máscara inexpresiva.

—Tan perfecta —ahora sólo espero que mi sonrisa no sea como la de guasón ahora mismo, aunque duele contra mis mejillas como si lo fuera.

La habitación pronto se convierte en un concierto de gemidos, jadeos, besos y frases cortas, y si nuestras caricias pudieran volverse tan ruidosas como nuestras voces el sonido sería ensordecedor. Tengo uno o dos o tres o incluso cuatro orgasmos en diferentes momentos, venga, pero es Edward y tengo la certeza que si se lo propusiera podría conseguirme un orgasmo sólo besándome el cuello. O lo que sea que esté haciendo con sus manos y mis pezones, o sus dedos y mi clítoris, o sus dedos y mis piernas, oh cielos. Que no me quedo lejos, por supuesto, me aprieto, entierro, muerdo, succiono, acaricio y rasguño cada pedazo de él a mi alcance. Mi piel arde contra la suya.

Y a mí me parece que pasa un incendio entre nosotros o a nuestro alrededor y no importa y nada importaría excepto nosotros jadeando, moviéndonos en la cama, chocando, riendo y acariciándonos. Me doy cuenta mientras estamos ahí que al fin puedo pensar que ha valido la pena todo lo otro, el pasado, el dolor, haberme perdido a mí misma y reencontrado conmigo.

Que mientras nos aferramos al otro de manera mutua tengo la certeza que habíamos estado buscándonos todo este tiempo. Y parece que él piensa lo mismo porque mientras intenta recuperar la respiración contra mi cuello después de su propio orgasmo lo dice apretándome contra él.

—¿Dónde habías estado toda mi vida?

Y yo que soy terrible para hilar frases coherentes como él en el sexo o pensar con claridad apenas puedo decir:

—Por ahí.

Y nos reímos de nuevo, mientras vuelve a besarme ahora de manera lenta.


Muchas gracias por seguir, comentar, compartir y leer esta historia.

Especialmente a: EdbellMansen, Wenday14, Noriitha, Cinti77, Adriu, Narraly, Yoliki, TereCullen, Lara, Quequeta2007, AleCas, Geminis1206, Ori-cullen-swan, patriciaLugueraDiaz, Diaria, Analy, Daniela, Alicia, BethYii, Rosichita, Erika, Nana, Nenita, Sara, Lola, Terewee, OnlyRobPatti, Catita1999, Laura, Lore562, DianaGarcía, Saly

Notita: Quería hacer una escena erótica más que sólo sexual y ya, así que me ha costado un buen llegar a ella. Me desperté a las dos de la mañana y me puse a terminar el capítulo, son aquí las 04:31a.m., bendito insomnio (para ustedes, que yo mañana trabajo y estoy contemplando la opción de ya no dormir)

Un adelanto para enloquecer:

—¡Edward Cullen, más vale que salgas ahora mismo!

Abro los ojos hasta el punto de sentir mis parpados y me siento en la cama, apenas lo suficiente veloz para encontrar las sabanas a nuestros pies y poder jalarla a mi cuerpo. Justo a tiempo para que ella entre a la recamara.

Remala, pero no tanto. Dinámica nueva. Alguien comentó que la mayoría de quienes comentan son anónimos o personas sin cuenta, lo que ya había notado también y me pareció un comentario retroalimentativo, así que estuve dándole vueltas a esta idea y he decidido ponerla en uso:

¿Quieres saber antes que nadie quién acaba de llegar a la habitación de manera muy inoportuna? Deja tu comentario y te enviaré un adelanto exclusivo con las primeras 500 palabras del próximo capítulo. ¿No tienes cuenta? Este es un buen momento para hacerte de una.

Nos leemos pronto.