Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

Esme, amor propio y mariposas

Angielizz (Anbeth Coro)


Ella

16:10

Una hora más tarde estábamos estacionando frente a una hermosa casa con patio grande con una glorieta para los autos que entraban. Qué digo casa, una maldita mansión. Pego mi nariz al vidrio de mi ventana apreciando la vista y el lugar, venga hasta una fuente tienen. Miro a Edward sin ocultar mi asombro.

—Es la casa de Carlisle —se apresura a decir antes de que yo pudiera decir nada, le ruedo los ojos, ajá.

No sabía que Edward era hijo de padres divorciados ni que tenía un padrastro hasta que me lo contó hace sólo un par de días. ¿Un padrastro millonario? Mucho menos.

—¿Ellos viven aquí?, ¿por qué no has venido a visitarlos antes?

—Vivían aquí, ahora solo la usan en sus vacaciones. La casa usualmente está metida en rentas temporales.

¿Cuánto costaría vivir aquí? ¿Cuántas personas de la limpieza deberían contratarse para que la casa estuviera limpia y reluciente? ¿Cuántas personas sólo en tener los arboles como si acabaran de ser cortados y las flores en perfecto estado?

—¿Y si no les agrado? —mi mayor temor había sido que la madre de Edward lo hiciera recapacitar sobre mi estadía en su apartamento, y hasta ahora contemplaba un nuevo temor: no agradarle a ella. Y no sólo porque debo agradarle, sino porque realmente quiero. Si él quiere que la conozca es porque quiere que sea de su agrado, ¿no? No lo veo sometiéndome a una tortura como esa sólo por diversión.

Pienso en la anterior madre de un novio. Erika, la madre de Eric. Ella era un encanto a puertas abiertas, pero cuando nos quedábamos a solas o no había nadie excepto la familia entonces era una pesada de lo peor. Comenzaba hablar sobre nietos, las exigencias de su hijo menor y toda clase de mierdas del siglo XX, "Eric deja que Bella se sirva agua por su cuenta", "¿Mi hijo en la cocina?".

—¿Le agradaba tu anterior novia? —¿qué sabía de su anterior novia? Nada excepto lo que habían dicho los amigos de Edward en la cena de Jasper. Una snob. Le di una nueva mirada a la casa color marfil con grandes ventanales, ahora estacionándonos frente a la entrada de la casa que era en realidad, añadamos, unas enormes y amplias puertas de madera tan altas como el techo y tan anchas como para que cuatro personas entraran sin problemas al mismo tiempo. Vaya.

Seguramente su ex estaba llena de clase y elegantes modales. Seguramente tenía mucho en común con la madre de Edward. Suspiré contra la ventana, demasiado tarde para arrepentirme. Bien, al menos había elegido uno de los vestidos nuevos que Alice compró para mí. Aunque creo que es demasiado casual para todo esto, se anuda frente a mí y tiene lunares pequeños encima del fondo de marfil. Cielos. Debí llamar a Alice y pedir una asesoría de moda.

—Mamá apenas la toleraba —dice Edward luego de casi un minuto en silencio, lo miro ahora ¿qué esperanza tenía yo?

—¿Lo dices en serio? —asintió con una mueca en sus labios, pasé saliva. Tal vez agradarle a la madre de Edward sería más difícil de lo que suponía.

—¿Y estás seguro que quieres que la conozca?

—Estarán aquí solo unos días, básicamente ha cruzado el país solo para conocerte.

Para juzgarme, para sacarme del piso de su hijo, para hacer mi vida un infierno, estaba segura que era una mezcla de esas tres, aunque supongo que para conocerme resumía esos tres puntos bastante bien.

—Eso no me ayuda en absoluto —sonríe y se encoge de hombros antes de bajar del automóvil. Me doy un último vistazo en el espejo retrovisor. Era un verdadero desastre. Cuando abrí la puerta de, Edward ofreció su mano para mí y la tomé temblorosa— ¿Última oportunidad para salir corriendo?

—Si tú le gustas a ella solo un poco de lo que me gustas a mí, vas a encantarle —intenté no sonreír, en vano.

—Eso no le debió servir a tu ex, ¿no? —pone su dedo en la punta de mi nariz y da tres breves golpecitos haciéndome sonreír incluso contra mi voluntad.

—Deja esos celos infantiles, son adorables, pero yo jamás te compararía con nadie.

Suspiro. Bien, aquí vamos. Cierra la puerta del vehiculo y subimos los tres peldaños que están frente a la puerta. Aquí vamos. Al abrir la puerta el interior es incluso más asombroso que el exterior, es cálido, familiar. No algo frío lleno de blanco y negro, sino colores cálidos y pinturas de diferentes estilos en las paredes. En el recibidor hay una mesita delgada con un florero y a su lado un marco plateado con una foto familiar. Me agacho para verlas de cerca y descubro a Edward de niño.

En su apartamento él también tiene una mesa con fotos familiares, ahora entiendo de donde ha salido la idea.

—Que adorable —pienso en voz alta mirando al niño de ojos azules que lleva en sus brazos un gigante conejo.

—¿El conejo o yo?

—El conejo, obviamente.

—Obviamente.

Vuelvo a dejar el marco en su lugar con todo el cuidado del que soy capaz.

—¿Lista?

Sólo puedo asentir, porque no estoy lista, estoy deseando salir corriendo. La siguiente puerta de madera es la sala, Edward empuja la puerta y entonces tengo esta imagen digna de un retrato.

Alice está tocando una canción en el pianoforte mientras Jasper se encuentra sentado en silencio solo observando, a Alice, no al piano. Hay un hombre leyendo un libro en un sofá, que asumo debe ser el padrastro de Edward, tiene canas en casi todo su cabello y lleva unos grandes lentes para lectura, justo entonces miro a la mujer que está parada al lado del piano. Es como una versión moderna de una escena de orgullo y prejuicio. Sonrío al notarlo.

La madre de Edward es majestuosa.

No podía encontrar una palabra mejor a esa, aunque solo lleva unos pantalones de vestir blancos y una blusa lisa azul marino y ningún accesorio a la vista. Por la edad de Edward ella debía tener poco más o casi cincuenta años, y los portaba con elegancia. Sus arrugas estaban a la vista sin intentar ser ocultadas por kilos de maquillaje ni botox, su cabello rubio tenía algunas canas que la hacían lucir incluso más elegante si eso era posible, llevaba sus uñas a la medida correcta con un simple francés en la punta. Era imposible no mirarla y pensar que ella podría hacer lo que se le propusiera en mente. Y cuando miró hacia nosotros supe de quien había heredado Edward los ojos.

—Mamá, te presento a Bella. Bella, ellos son Esme, mi madre, y Carlisle, el esposo de mamá. Ya conoces a Jasper y Alice.

Carlisle dejó de leer apenas fue consciente del silencio en cuanto Alice dejó de tocar el piano, su mirada abandonó el libro por completo para enfocarse en nosotros, deja el libro en el sillón para ponerse de inmediato de píe, dejando sus lentes en la mesa del café y caminando hacia nosotros. No te desmayes, no te desmayes, no te desmayes, sólo respira. Extiendo y estrecho mi mano contra la suya cuando me la ofrece en un muy formal saludo, aprieto su mano intentando ser suave y delicada como una flor. Supongo que todo tipo de primeras impresiones es importante. Él sonríe en lugar de lanzarme dagas con los ojos, así que supongo que voy bien.

—Es un placer.

—El gusto es nuestro.

Aunque ese plural parece estar de sobra porque Esme sigue parada al lado del piano sin moverse y sólo observándonos en silencio, paso saliva, mientras Edward pone su mano contra mi cintura en alguna especie de apoyo silencioso.

—Tiene un muy bonito jardín —señalo intentando romper el hielo, Esme asiente mostrándose agradecida hasta que añade:

—El jardinero hace un buen trabajo —se limita a decir ella desde su lugar, asiento un par de veces, ¿acababa de halagar el trabajo de alguien más? Eso parecía. Tiene una muy buena elección de jardinero. Y quizás ella diría que el encargado de contratar al personal hacía un muy buen trabajo. Respira, sólo respira. Aquí y ahora.

Jasper y Alice miran en silencio hacia nosotros y a Esme. No son solo ideas mías. Apenas llevaba un minuto aquí y mis piernas ya querían salir corriendo. Conocer a la familia del novio no debería ser la mañana siguiente después de tener sexo por primera vez, o segunda, o cuarta vez.

—¿Eres de aquí, Bella? —pregunta Carlisle como si se diera cuenta apenas de la tensión en el aire.

—No, soy de un pequeño pueblo hacia las costas del este —sin poder evitarlo miro hacia la puerta tras nosotros, sólo estamos a quince pasos de la salida.

—¿Hace cuánto vives en la ciudad? —pregunta interesado, vuelvo a mirarlo a él y me ruborizo deseando que no me atrapara mirando hacia la salida, aunque es posible que sí, no ha dejado de verme. Carlisle señala uno de los sillones, tienen tres, cada uno de tres espacios, los suficientes para tener a casi diez personas aquí. Son de cuero blanco y asumo que debe ser una piel traída de Jupiter, concéntrate. Edward empuja un poco mi espalda para que yo camine y me siente donde nos ha indicado Carlisle.

—No tanto, de hecho, creo que no lo conocía en absoluto hasta que Edward me hizo favor de mostrarme parte de la ciudad —intento luchar con la ansiedad que insiste en repiquetear con mi zapato contra el suelo. Aplasto mi pierna ejerciendo presión para dejar de mover mis pies.

—Alice dice que dibujas —dice Esme acercándose y sentándose al lado de su esposo justo frente a nosotros. Alice toca unas teclas que hacen que suene como la melodía de una película de terror. Edward mira hacia su hermana con el ceño fruncido al igual que su madre.

—Lo siento —dice aunque en su voz se nota que no lo lamenta en absoluto, Carlisle parece estar luchando contra la risa al igual que Jasper.

—Sólo es un pasatiempo —me apresuro a decir para evitar el momento incómodo, Edward encuentra mi mano y la entrelaza entre sus dedos, intento concentrarme en su tacto para no perder la cabeza. Una sonrisa simple, nada de ceños fruncidos ni miradas asustadas, solo sonríe, pero no tanto, natural. Mierda, soy terrible en esto.

—Haz de tus pasatiempos una profesión —dijo Carlisle sonando como un verdadero yoda— y de tu profesión una mina de oro.

—¿Y tú tienes algún pasatiempo? —necesito saber con urgencia cómo hacerme de una mansión como esta. Alice comienza a reír sin disimulo mientras Edward se obliga a toser para disimular una risa, mierda, lo he arruinado, ¿no?

—Te ha atrapado ahí —dice Esme sin parecer enojada por haber puesto en ridículo a su esposo. Carlisle la mira riendo negando con su cabeza, no parece ofendido pero el sonrojo de vergüenza de mis mejillas perdura.

—Todos los deportes y tipos de artes son elogiables —se excusa Carlisle.

—Jugar golf no es un deporte, papá —se apresura a decir Alice. Sí, lo había arruinado y no llevaba aquí ni tres minutos.

—Lo es —interviene Edward contradiciendo a su hermana.

—No si juega minigolf —ni se te ocurra reírte Bella, aprieto los labios.

—Venga. ¿Podrías dejar a tu padre en paz un minuto? —Esme al rescate.

—Eres muy mala —dice Jasper fingiendo reprender a Alice, aunque supongo que sólo estaba queriendo sumar puntos con los padres de ella.

—¿Así que cuánto llevan saliendo? —pregunta Carlisle, ¿tres días? ¿cuatro? ¿uno? Todo dependía de cómo se considere la situación.

—¿Cuánto llevas tú saliendo con mamá? —interviene al rescate Alice, cuando ni Edward o yo respondemos, le doy una mirada agradecida y ella me sonríe en respuesta.

—¿Y tú con Jasper? —replica Carlisle a Alice.

—¿Cuánto? —preguntó Alice a Jasper sin ocultar que no tenía idea del tiempo.

—Lo suficiente para haber sido invitado a esta comida —Jasper parece orgulloso de ese logro, ¿por qué no puedo compartir esa emoción con él? Quizás porque él ha tenido tiempo para procesar su relación y a mí todo me ha caído en avalancha.

—Como un siglo entonces —replica Edward ganándose una mirada asesina de Alice, aunque Jasper se ríe sin mostrarse ofendido. Claro, es que ellos dos son amigos. Todos aquí se conocen desde hace años, la única nueva soy yo.

—¿Qué tal estuvieron tus vacaciones, hijo? —me sorprende que Carlisle se refiera a Edward como su hijo, aunque Alice le ha llamado papá, pero Edward le llama por su nombre.

—Divertidas.

—¿De verdad? —Carlisle levanta una ceja. Edward lleva ahora una mano detrás de mi hombro acercándome a él mientras su otra mano sigue entre las mías.

—Bella resulto ser una extraordinaria crítica de arte.

—No puedes llamar a eso arte —replico, me había llevado a las galerías más horribles de la ciudad, estaba segura. Se ríe en respuesta apretándome contra sí y dejando un beso en mi frente.

—¿Ya viste las montañas nevadas de su pasillo? —pregunta Alice burlona, me ruborizo, de nuevo, en respuesta deseando que ese cuadro no fuese un obsequio familiar. Mientras Edward le lanza una mirada de advertencia a su hermana, pero como siempre eso a Alice no parecía importarle en absoluto porque seguía mostrándose divertida.

—Me gané a su hermanito dejándolo restaurar ese cuadro por algo diferente —Edward parece orgulloso, aunque mi atención está en Carlisle y Esme que comparten una rápida mirada entre sí, lo que sea que ese cuadro signifique parece importante. ¿Sería una reliquia familiar? Rayos.

—¿Él también pinta? —la voz de Alice suena celosa, mira a su padre con falsa molestía—, ¿no pudiste enseñarnos a pintar en lugar de jugar minigolf?

—¿De qué hablas? Tú eres terrible pintando o dibujando o incluso escribiendo, hija. Te hice un favor

Carlisle parecía un padre cariñoso y con sentido del humor, aunque no parecía tener ningún problema en verbalizar lo que pensaba y Alice parece acostumbrada a él porque no se muestra ofendida sino risueña, es que Alice es todo risas y sonrisas y me pregunto si eso tiene algo que ver Jasper que también está sonriendo sin despegar sus ojos de ella.

—¿Qué tal si vamos encendiendo el carbón? —pregunta Carlisle cambiando de tema.

Carlisle y Jasper salen primero, y Edward me da un pequeño apretón en la pierna antes de seguirlos. Había esquivado una bala, y ahora estaba frente al pelotón de fusilamiento con su madre. Sola. Gracias, querido.

—¿Tienes familia, Bella? —Alice que en algún momento ha terminado en el otro sillón se cambia para estar a mi lado.

—Mis padres murieron hace poco más de un año —si iba a hacer esto, debía empezar a dejar de repetir las viejas mentiras—, sólo tengo a mi hermano menor.

Podía sentir los ojos taladrándome de Alice.

—¿Qué edad tiene?

—Siete años —estas eran preguntas simples de responder.

—Pero él no vive aquí —asumió de manera correcta, asentí dándole la razón.

—Es una historia complicada—asintió.

—Alice me contó la historia de cómo se conocieron Edward y tú.

—Fue una suerte que estuviera él ahí esa noche.

Esme asiente y luego mira a su hija.

—¿Alice, nos darías un minuto? —paso saliva. Por favor, quédate, suplicaban mis ojos, pero Alice solo me da una sonrisa pequeña antes de salir del salón. Cuando es imposible escuchar sus pasos, Esme vuelve a hablar.

—Edward no es bueno juzgando a las mujeres, la mayor parte del tiempo termina viendo lo bueno en lugares equivocados —admite. Ella era capaz de ver a través de mí. Intento actuar como si estuviera tranquila, aunque estaba segura que no lo estaba haciendo para nada bien.

—¿Qué significa eso? —pregunto con mis manos inquietas sobre mi regazo.

—Quiero saber quién eres, Bella.

—¿Para convencer a Edward de que soy una mala compañía? —no sería muy difícil, me cruzo de brazos para detener los movimientos de mis dedos contra mis piernas.

Ella me miró un largo minuto en silencio. Estaba segura que si me hubiese puesto electrochoques no habría sido tan brutal como solo estar bajo su mirada sin expresión.

—¿Lo eres? —parece una pregunta honesta, sin toques de malicia o sarcasmo.

—Depende.

Levanta sus cejas en sorpresa.

—¿Depende? —repite preguntando, entrelazo ahora mis manos sobre mis piernas para aguantar la sensación de nervios en mí, no había manera de quedarme quieta en una misma posición.

—De lo que consideras como alguien de mala compañía.

—Alice me contó que pasaron el domingo 16, en museos durante todo el día.

¿El domingo 16? Sin reloj, ni celular vivía totalmente fuera del calendario. Ignoré lo especifico que había sido esa fecha y me concentré en lo que sí sabía, el día de los museos, asentí.

—Apenas nos conocíamos, pero quiso invitarme a museos para conocer la ciudad.

—¿Todo el día? —asentí.

—Bueno, no planeábamos ir a museos, creo que Edward solo quería salir y no me conocía lo suficiente para dejarme sola en su apartamento —más tarde iba a descubrir que en realidad había puesto a Dolores como mi niñera para mantener un ojo sobre mí, ¿aunque quién podría culparlo?—, pero ese día le conté que yo pintaba y quiso desperdiciar su día así.

—No creo que él lo considere un desperdicio.

—Al menos no creo que lo admita nunca en voz alta —añado y puedo ver como sus ojos fríos y azules se vuelven tan cálidos como los de Edward.

¿Podría llegar a agradarle?

Él

Un poco de humo más tarde

Rather Be – Marc Scibilia

—Es una chica dulce —dice Carlisle, por ahora solo estamos él y yo frente al asador metálico, Alice se llevó a Jasper de la mano a dar la vuelta por algún rincón oscuro del jardín, me estremezco pensando en eso y decido mantener mi concentración en cómo Carlisle va acomodando los carbones sobre el asador con unas pinzas metálicas, miro hacia la casa.

—Lo es —confirmo.

—Aunque parece asustadiza —añade con tono precavido.

—¿Asustadiza? —Carlisle era un verdadero maestro para leer a las personas y pocas veces se equivocaba sobre ellas. Sujetando el mango de unas pinzas metálicas pasa la mitad de una cebolla sobre la parrilla para limpiarla y mantiene silencio mientras efectúa esa tarea, tomándose su tiempo para volver a hablar.

—Como si… —se detiene—, olvídalo, deben ser ideas mías.

—¿Cómo si… —lo animo a continuar.

—Como si pensara que un piano va a caerle encima en cualquier momento.

La imagen es justo como Bella suele comportarse, como si pensara que algo imposible fuese a ir sobre ella y necesitara estar preparada para salir corriendo.

—Aún estoy trabajando en eso.

—Si algo he aprendido es que no hay nada que el amor no pueda curar.

—Yo no dije nada de amor —ni siquiera intenta ocultar la carcajada que sale de sus labios, niega con su cabeza y sigue prendiendo el carbón.

—La negación es el paso uno, para el duelo y para el enamoramiento.

—¿Recuerdas que estaba a punto de casarme, cierto? —Carlisle me da una larga mirada, no es de lástima ni preocupada, sino como si estuviera buscando alguna herida en mi rostro, lo que es incluso peor—, hace sólo unas semanas —añado para que entienda mi punto. Sonríe de nuevo y vuelve a negar.

—El tiempo no importa, Edward. Puedes pasar años o días, yo pensé que nunca iba a volverme a casar después de la muerte de mi primera esposa hasta que apareció tu madre, e incluso entonces me negué a creer que se tratara de lo mismo. Y estoy seguro que sabes que ella no quería volver a pisar un altar en su vida después de su primer matrimonio.

Miré hacia mis interesantes zapatos negros.

—Pero no es lo mismo. Tú habías enviudado y llevabas casi una década solo, y mamá llevaba varios años divorciada cuando te conoció.

—Yo juré amar a una mujer por el resto de mi vida y lo hice hasta el último día de su vida, pensé que debía mantener mi amor por ella por el resto de los años que me quedaran.

Suspiro resignado, no va a dejar pasar este tema, no he hablado con Carlisle desde mi separación y creo que en parte se ha debido a que he evitado justo esta charla.

—Pasó más de un año antes de que considerara que mis sentimientos por Heidi eran tan fuertes como para llamarlos así, ¿sabes? Y un año y medio para considerar pedirle matrimonio —no tenía ninguna intención de precipitarme y poner etiquetas en lugares incorrectos esta vez.

—Pues esa es una buena señal, Edward —deja su mano sobre mi hombro, lo miro.

—¿El qué?

—Pasé solo una tarde con tu madre para saberlo, aunque en el momento no supe el alcance de mis sentimientos, por supuesto.

—Pero eso es porque eres un romántico empedernido —se ríe y vuelve a negar.

—Las ventajas de los jóvenes es que no necesitan preocuparse por el tiempo, sólo disfrutan la etapa.

¿Cuántos libros de superación había estado leyendo Carlisle últimamente? Desde que se jubiló pasaba sus días y noches con la nariz enterrada en algún libro, aunque no siempre eran esplendidas lecturas. Leía cualquier cosa que se atravesara en su camino.

—Treinta y dos años no es precisamente juventud.

—Sesenta tampoco lo es.

Miro de nuevo hacia la casa sin rastros de Bella.

—Mamá debe estar torturándola con pinzas y fuego —pienso en voz alta. ¿Debería regresar con cualquier excusa?

—Esa última llamada que tuvieron tú y tu madre le afectó un poco, nadie aquí va a decir que le sacaste algunas lágrimas, pero un poco afectada sí, más bien avergonzada si debo añadirlo.

—Lo que explica que no haya llamado de nuevo —pensé que estaba enojada y haciéndome una infantil ley de hielo.

—Le preocupas, Alice es obstinada, pero tiene su modo de lidiar con la vida. Tú cargas con mucha responsabilidad sobre tus hombros. No digo que hayas errado con Bella, pero fue una decisión precipitada. Llevar a una desconocida a tu apartamento es por lo menos riesgoso.

—Pero no me equivoqué —añado.

—No, no lo hiciste.

Comienzo a poner la carne encima del asador, Carlisle prepara unas costillas y nos quedamos en silencio.

—Sólo digo, Edward, que tú eres un hijo para mí, y me siento con el derecho de pasarte un poco de la sabiduría que todos estos años han quedado en mí.

—Eres una figura paterna para mí, ya lo sabes —me mira y asiente con cierta satisfacción. Figura paterna no es lo mismo a decir padre, pero se acercaba bastante y Carlisle lo sabía.

—Quizás ya no lo recuerdes, pero cuando tenías diez años, habían pasado apenas unas semanas después de la boda, te acercaste una noche a la cama de nosotros. Esme estaba en el restaurante porque trabajaba hasta que cerraba. Creo que estabas más dormido que despierto, habías tenido una pesadilla y te acostaste a mi lado. Tu hermana había comenzado a decirme papá esos días, Esme había tenido todo que ver en eso y supongo que ella había intentado hacer que tú también me llamaras así, me preguntaste si tú también tenías que llamarme de ese modo. Alice apenas iba a cumplir cuatro años, pero tú eras lo suficiente mayor para entenderlo todo.

Le doy vuelta a los filetes y espero que continúe la historia.

—Tenías miedo de llamarme papá y que Aro no volviera nunca por enojarse por eso. Esa noche hicimos un acuerdo tú y yo. Tú ibas a seguir llamándome Carlisle, pero yo iba a ser un padre para ti mientras el tuyo siguiera de viaje.

No lo recordaba. Paso el repentino nudo de mi garganta con un poco de dificultad y pretendo entretenerme con la sal y la carne.

—Esme me dio una familia al encontrarla. ¿Crees que toda esta fortuna la hice por ambición? —niega con su cabeza—. Estaba perdido sin saber que seguía después de la muerte de Laura, y comencé a ganar tanto dinero como podía para crear mi propio imperio, aunque no tenía idea de para qué si no habría nadie a quien darle lo que tenía. Pero funcionó para todos, Esme pudo abrir su restaurante con un pequeño empujón de mi parte y nos turnábamos para cuidar de ustedes.

—Ojalá tú pudieras mostrarle algo de esa sabiduría a mi padre.

—Aún no se ha dado cuenta de lo que sacrificó por crear su imperio.

—Jamás ha buscado a Alice, supongo que eso no le interesa en absoluto. Y a mí me busca cuando se le vienen abajo las inversiones.

—Él está construyendo un imperio en decadencia… —hace una pausa, si había algo que aplaudirle a Carlisle es que nunca hablaba mal de mi padre—. Lo único que me ha importado es que vean a su madre como el ejemplo que es para ambos, tú lo haces bien, ni siquiera aceptaste nuestra ayuda para iniciar y mira qué lejos has llegado. Y Alice eligió tomarte como socio antes que aceptar un préstamo sin intereses de nosotros. Respeto eso. Lo que creo que intento decir es que ustedes son hijos de Esme, y me atrevo a decir que son míos también, los hemos criado en equipo por casi veintidós años. Me perdí sus primeros pasos, pero los he visto dar los más importantes a lo largo de estos años. Y —se detiene y pone su mano en mi hombro—, como diría tu madre, por algo pasan las cosas —ruedo los ojos.

—¿Cómo se supone que el ridículo de la infidelidad y cancelar la boda a un par de semanas puedan ser… —me interrumpe.

—Si te hubieses casado, no habrías conocido a Bella. Tal vez así tenía que ser.

Pienso por un rato en ese hipotético futuro. En uno en el que yo seguía cegado por un incrédulo y apasionado romance sin ser consciente de lo que ocurría cuando yo me iba de viaje. ¿Cuánto tiempo tardaría en descubrirlo? ¿Heidi habría aceptado casarse a pesar de todo eso?

Y también pienso en Bella, lo que habría sido de ella si no hubiese aparecido en su vida. Me estremezco.

—Alice se ve feliz con Jasper —dice Carlisle poniéndole punto final al tema de mi divorcio.

—Así parece, quizás ya se le salió de la cabeza esa tontería de la maldición.

—¿Aun lo piensa?

—Eso creía, pero llevan varias semanas saliendo y tú sabes que Alice no suele pasar de las primeras citas.

—Nunca supe escoger si prefería que Aro estuviera yendo y viniendo en intervalos indeterminados como hacía contigo o si desapareciera por completo como hizo con Alice.

—Alice es afortunada —digo sin miramientos, por muchos años envidié lo fácil que había aceptado a Carlisle sin compararlo con mi padre, hasta que con los años descubrió la historia de mamá y papá, y entonces apareció esa tontería en su cabeza de las maldiciones de relaciones con finales tristes de las mujeres de la familia de Esme, lo que la había mantenido alejada de las relaciones formales y persiguiendo sólo encuentros ocasionales con extraños—.¿Has hablado con mi padre? ¿Asistió a la fiesta de Tanya? —antes de que responda sé la respuesta.

—No —¿se habría enterado de la cancelación de la boda? ¿o ni siquiera hubiera asistido a mi boda?

—¿Por qué piensas que lo hace?

—Hay personas que solo saben huir, por unas u otras razones, o por experiencia. Igual que Bella.

—¿Piensas que Bella podría ser como mi padre? Porque ella no —me interrumpe.

—No. Pienso que ella cree que debe estar lista para huir o por lo menos para lo peor, ¿me equivoco?

Niego con mi cabeza recordando cada vez que ha estado lista para hacer sus maletas.

—Por suerte, creo, y lo digo tras una muy breve conversación con ella, que su problema se soluciona con un poco de amor.

Ruedo los ojos, no se dará por vencido.

—Llevamos apenas este fin de semana juntos.

—No dije que tenía que ser tu amor —me contradice.

Levanto una ceja interrogante y él sonríe sabiendo que no tengo idea de lo que habla y él sí.

—El amor también es personal, es el más difícil de todos los tipos de amores, puedes amar a una persona con sus fallas y defectos, pero tus propios errores y debilidades son más complicado quererlos, sobre todo cuando has perdido tu amor propio.

—¿Crees que ella tiene algún problema de autoestima?

—Creo que va más allá. No terminé mi carrera en psicología, como sabes —sonrío.

—Aunque algunos libros de ayuda personal seguro que sí.

Se ríe, pero no lo debate así que debo tener la razón.

—¿Y entonces?

—¿Entonces?

—¿Cómo consigue una persona volver a tener eso?

—No lo sé, requiere tiempo eso es seguro, ¿y sabes por qué sé cuál es su problema? —niego con mi cabeza, pero en cuanto me diga el nombre de algún autor barato voy a volver a la casa para pasar el rato con mamá—, tu madre tenía esa expresión asustadiza también. Por eso lo he reconocido.

—¿Mamá? —asustadiza era el último adjetivo con el que podría relacionar a Esme, Carlisle asintió.

—Era una madre dedicada, sobresaliente en su empleo, y había creado una imagen respetable desde joven. Pero siempre tienes que sacrificar algo para conseguir otra cosa. Y ella se estaba sacrificando a sí misma para darles esa vida. Además, tu padre la abandonó. No fue un divorcio, y lo sabes, si él se hubiese tomado la molestia de decírselo de frente tal vez eso no habría sido tan fatal. Pero sólo desapareció y cuando regresó del hospital con Alice recién nacida en brazos se había llevado todas sus cosas.

Excepto el reloj. Fue el único recordatorio que dejó en la casa, lo había metido en uno de mis cajones y tardé una semana en encontrarlo. Un rolex que se compró con su primer gran negocio, a lo largo de los años busqué entender la razón por la cual me lo había dejado, tal vez como un mensaje para luchar para ser como él o quizás solo como un último recordatorio invaluable, o a lo mejor esperaba que lo vendiera e hiciera una pequeña fortuna con eso.

—Hay quienes son capaces de hacernos pensar que es imposible ser amados, y no sólo eso, nos hacen creerlo.

—Pero mamá no es esa persona ya.

—Y nadie pensaría que pudo serlo, es sólo que hay personas que se pierden a sí mismas en el camino y tardan un poco más en encontrarse.

—¿Bella sólo necesita tiempo?

Carlisle me da una larga mirada, pero no dice más. Espero unos segundos antes de volver a hablar cuando es evidente que él no lo hará.

—¿Hay más?

—Confianza y… bueno, mucho más, claro, lo irá descubriendo y si Bella no desaparece, tal vez tú también lo descubras —y si no desaparece, repito en mi cabeza. Ella no iba a desaparecer, me lo había prometido, y esta mañana me había demostrado que podía confiar en su palabra al no intentar huir a pesar de mis terribles e inapropiadas palabras. Voy a debatir para conseguir más información cuando él vuelve a hablar—, olvidé el cuchillo en la casa, ¿puedes ir por él?

—Esta conversación no ha terminado —advierto dando media vuelta y alejándome a pesar de su risa.

—No dije eso.

Cuando regreso a la casa voy primero al salón principal que está vacío, aunque soy capaz de oír las amortiguadas voces de ambas mujeres, dejo que mi oído me guíe hacia ellas, las encuentro en la cocina conversando, aunque ambas me dan la espalda mientras pican verdura sobre la isla de la cocina, mientras conversaban. Sonrío satisfecho de esto, y me quedo detrás de la pared escuchando.

—… tenemos batallas, Bella. ¿Has conocido al amigo de Edward, Emmet y a su mujer?

—En la cena del cumpleaños de Jasper.

—Pues Rose es una prueba de lucha viviente. Antes de conocerlo, tuvo un novio que casi consiguió matarla a golpes.

Cierro los ojos, aunque el recuerdo es tan vívido que es como si pudiera volverlo a vivir.

—¿Cómo te sientes? —pregunté acercándome con pasos lentos hacia la silla que estaba al lado de la camilla, mientras el olor a medicamentos y el pitido de la maquina conectada a ella creaba una peor atmosfera entre nosotros. Alice no les hacía justicia a las descripciones, pero mi hermana llevaba dos días sin mover su trasero de esta habitación y lo justo es que ella pueda salir, cambiarse, comer y regresar a hacer guardia, por Alice me he ofrecido, aunque una vez que estoy aquí entiendo lo grave de la situación.

—Bien —intentó sonreír haciendo que su ojo derecho se cerrara casi por completo y ni hablar del izquierdo que estaba tan inflamado que estaba totalmente cerrado. Hizo una mueca de dolor que en segundos consiguió eliminar.

—¿Necesitas más medicamentos?

—¿Qué haces aquí? —preguntó en su lugar, Alice me advirtió sobre esto aunque me amenazó con cortarme el cuello si me atrevía a abandonar la habitación, supongo que Alice pensaba que su amiga escaparía de aquí a la menor oportunidad para volver a su vida. Lo que es imposible, nadie volvería a esa vida.

—Alice me pidió que viniera —me recosté en la silla y mantuve mi vista sobre las sabanas, no era seguro mirar hacia ningún lugar de ella si no sería capaz de mantener mi rostro inexpresivo.

—Fue un accidente —dijo ella y levanté la mirada, su preocupación no era hacia sí misma era hacia el monstruo con el que vive. Negué con mi cabeza sin creerlo.

—Rose, estás viviendo un infierno —me incliné hacia el frente lo más que la silla me permitió para estar cerca pero sin querer llegar a invadir su reducido espacio personal—. Tienes tres costillas fracturadas, un brazo roto, tu muñeca derecha también, un esguince en la pierna, apenas puedes ver con el golpe del ojo derecho y es una suerte que no hayas perdido el izquierdo. Esto no ha sido un accidente.

Abrió y cerró la boca varias veces y ahora era ella quien negó con su cabeza. Va a intentar con la mentira.

—Me caí de las escaleras, Ed, no es nada.

Suspiré con frustración, sí que era terca. Aunque usualmente yo lo era más.

—Samuel es abogado, va a llevar tu caso. Alice quiere que vivas con mis padres y ella, no vas a volver con Royce, Rose. No es seguro.

—Edward, por favor él…

—Él está prófugo —necesitaba hacerla entender cuán lejos ha llegado esta vez, no me importó que Alice pueda molestarse por atemorizar a su amiga, lo que Rose necesitaba era temerle al monstruo correcto y no a las personas que buscaban ayudarle—, cuando Alice llegó a tu casa y te encontró… ese idiota huyó pensando que te había matado.

Parpadeó varias veces y una lágrima se deslizó por su mejilla.

—¿Se fue?

¿Por qué no suena aliviada? En su lugar haría una fiesta, pero ella se ve aún más decaída. Mirarte más decaído cuando ya tienes tantos huesos rotos no debería ser posible, pero lo es.

—Estás a salvo ahora, Alice quiere que vayas con ella.

—Me dejó —confirmó y sin previo aviso comenzó a llorar inconsolable.

—Hay luchas más difíciles que otras, lo importante es las personas de las que te rodeas para superarlas.

Espero unos segundos más, pero a falta de respuestas de Bella decido hacer mi entrada en la cocina. Esme está picando cebolla con rapidez mientras Bella está entretenida exprimiendo limones para el agua de manera lenta. Mamá se endereza al verme entrar y dice gesticulando con sus labios "todo bien"

"Gracias" le digo.

—El asador está listo —Bella mira hacia mí con sorpresa antes de poner una sonrisa en su rostro, me acerco a ella, poniendo mi mano en su espalda.

Me gustaría mucho ponerla en otra parte, ese vestido es enloquecedor. La vi vestirse antes de salir del apartamento y es más una bata que un vestido, sólo tendría que quitar el nudo y entonces ella quedaría con la ropa abierta de par en par mostrando su ropa interior.

Miro a mamá para recuperar el control de mí mismo.

—¿Falta mucho?

—Ya casi está listo aquí todo.

—¿Y Alice?

—Con Jasper —eso le basta.

—Está irreconocible tu hermana —dice mamá.

—Lo noté —ya me había dado cuenta de eso desde la fiesta del cumpleaños de Jasper.

—Dejen de cuchichear sobre mí —aparece Alice sin Jasper, al pasar a mi lado le quito la rama que trae en el cabello, riéndose sin vergüenza incluso a pesar de la mirada de mamá— soy una mujer adulta —le recuerda a Esme—. Sigues viva —dice Alice pasando su brazo detrás del hombro de Bella, como si fueran grandes amigas de siempre. ¿Lo son ahora? Supongo que después de un par de días de compras han surtido efecto para hacer que las barreras de Alice sobre Bella colapsaran.

—Lo estoy —hay alivio en la voz de Bella, me mira y aprovecho para poner el mechón suelto de su cabello detrás de su oreja.

—Lo estás —corroboro.

—Cielos, Edward, ¿qué historias le has contado de mí? —mamá se muestra falsamente indignada.

Bella sigue luchando por exprimir limones así que le quito el exprimidor de sus manos y acerco la jarra de vidrio frente a mí para continuar con eso. Es que… es mala cocinando, no tanto luego de mis vacaciones y nuestras cenas y desayunos juntos, pero no quiero dejar en sus manos la tarea del agua de limón. Mejor prevenir.

—¿Ya conociste la casa? —Alice se ofrece a darle el recorrido y cuando Bella niega con su cabeza no le deja añadir más cuando ya la está sacando a rastras de la cocina, y hasta ahí mi oportunidad de tener un tiempo a solas con ella.

Mamá me mira con una ceja levantada, juguetona.

—¿De qué hablaban?

—Creo que escuchaste lo suficiente detrás de la pared —no va a decirme, así que supongo que tendré que sacarle las respuestas a Bella, lo que espero que no sea tan difícil.

—¿Y entonces?

Mamá termina de picar la cebolla y saca un tazón de vidrio en el que acomoda diferentes frutas que ya picó antes, sandía, pepino, jicama y piña. Las mezcla y pone una mezcla secreta de polvos picantes.

—Es genuina.

—Lo es —aseguro.

—Aunque…

Hay un pero, intento no torcerle el gesto a mi madre como niño mientras me concentro en el último limón por exprimir.

—Parece tener una historia triste.

—Eso no es su culpa.

—No dije eso.

—¿Qué estás diciendo entonces?

—Eso. Perdió a sus padres, la custodia de su hermano y no quiero ni imaginarme cómo fueron los meses que siguieron a todo eso.

—¿Te contó de todo eso? —a mí me había costado semanas de vivir con ella para enterarme de toda la historia, mamá ni siquiera había estado una hora con Bella.

—Soy buena en sonsacarle la información a la gente, ¿qué te digo? Gajes de madre.

Se me queda viendo unos segundos antes de volver a hablar.

—Le salvaste la vida a esa chica —suena orgullosa de mí.

—¿Ya no piensas que perdí la cabeza por llevar a una extraña a mi departamento?

—Sigo pensándolo –estira su mano hasta alcanzar la mía—, pero estoy orgullosa por hoy que seas un cabeza dura.

—Lo heredé de mi madre.

Ella

Alice me dio un recorrido, qué digo recorrido, un tour por toda la casa, al menos por la planta baja y el pasillo del segundo piso. Había fotografías en todas las paredes, por lo que me contó habían vivido aquí desde que sus padres se habían casado y se convirtió en su hogar hasta que se marcharon a la universidad, porque después de egresar ninguno de los dos regresó a la casa excepto para temporadas de vacaciones y algunos fines de semana, ya que se mantuvieron viviendo de manera independiente.

Edward rentando un pequeño departamento céntrico y Alice con amigas hasta que lo hizo por su cuenta, aunque después regresó a vivir por unos meses con sus padres cuando una amiga necesitó de ella, supuse que se trataba de Rose y de la historia que Esme me había contado, aunque no indagué al respecto.

Alice me lleva a conocer su lugar favorito, un par de columpios que colgaban de una de las ramas gruesas del árbol más grande de la propiedad, a su lado se encuentra una casita de madera infantil que supongo fue su lugar de juegos en la infancia. Me siento en el otro columpio a su lado mientras vemos a los tres hombres conversando alrededor del asador a lo lejos.

—¿Un hermano? —pregunta Alice levantando su ceja.

—Mi viejo amigo en realidad era mi hermano —también le había mentido a ella cuando había sido la más interesada respecto al tema y me había ayudado, tanto para darme esos días libres como para acompañarme a lo que ella pensaba que eran unas necesarias compras de ropa interior. Pero en lugar de llenarme de preguntas y acusaciones solo dice:

—Lo que debió poner muy feliz a Edward — y ya, no hace preguntas ni me llama mentirosa. Una pequeña sonrisa se asoma en mi rostro mientras pienso que muy feliz no es exactamente como lo describiría, aunque Edward había mencionado que él pensaba que se trataba de algún novio.

—Casi.

—Casi es bueno —confirma.

—¿Y le gustó a Jasper la foto de la ropa interior? —Alice sonríe como el gato de Alicia.

—¿Jasper? —suena divertida.

—Sí, la foto que me tomaste en la tienda del viernes —le recuerdo y ella asiente sabiendo a qué me refiero.

—No era para Jasper —dice aún sonriente.

—¿Estás saliendo con alguien más? —bajo mi tono de voz lo más que puedo para no ser escuchada.

—Claro que no, pero deberías agradecerme. Edward seguro que enloqueció.

—¿Edward?, ¿Le enviaste la ropa que usarías con Jasper a tu hermano? —eso era tan poco…

—Bella, Bella, por supuesto que no —Saca el celular de su bolso y va a los mensajes, luego de unos segundos me entrega su celular para que lea la conversación.

PEQUEÑO IDIOTA: No sé qué pretendes Alice, pero estás siendo inmadura e irresponsable.

YO: Te estoy ahorrando mucho tiempo.

PEQUEÑO IDIOTA: Ni creas que voy a pagar por esa ropa.

YO: Cuando esto salga como lo he planeado, vas a pagar tres veces su valor.

PEQUEÑO IDIOTA: Estás loca.

YO: Si, pero funcionará.

PEQUEÑO IDIOTA: MADURA DE UNA BUENA VEZ. Deberías hacer recapacitar a Bella sobre su amiguito en lugar de apoyar su plan.

Levanté la mirada a Alice.

—¿Es una conversación con Edward?

—Sigue leyendo.

Sigo leyendo.

YO: Que te jodan.

PEQUEÑO IDIOTA: Tu nivel de educación deja mucho que desear.

YO: ¿Y? Que te jodan.

PEQUEÑO IDIOTA: ¿Por una vez podrías ponerte de mi lado?

YO: Créeme, estoy de tu lado. Sólo que no lo estás viendo como deberías.

PEQUEÑO IDIOTA: Estás poniendo a Bella en una situación peligrosa, y además la estás alentando con todo eso.

YO: Es sólo ropa.

PEQUEÑO IDIOTA: No es SÓLO ropa

YO: Tienes razón:

Y luego una foto mía con el babydoll azul que había elegido para Alice.

—¿Se lo enviaste a Edward?

—Venga, ¿no salió todo justo como lo planeé?

Yo diría que poco tiene que ver con lo que hizo Alice, pero cuando levanté la mirada hacia arriba Edward nos miraba desde donde estaba el asador. Levantó su mano hacia mí saludando desde lejos e imité su gesto.

—Y esto me envío hace una hora.

Vuelve a mostrarme una foto, es un comprobante de transferencia. "Tres veces su valor". La cantidad de dinero es ridícula y me pregunto si realmente gastó eso por la ropa.

—Respira —me recuerda Alice y yo lo hago.

—Eres un genio —digo en su lugar, porque seamos realistas. Si Jasper podía ganarse a los padres de Edward, yo podía sumar puntos con Alice, ¿no?

—Lo soy.

Comienzo a balancearme en el columpio intentando alcanzar a Alice.

—Le has caído bien a mamá —me dice en tono confidente, suspiro aliviada.

—¿Lo crees? —asiente con seguridad. Siento pequeñas mariposas revoloteando en mi interior, aunque sé que no tiene nada que ver con la velocidad del columpio, sino por los nervios y la expectativa de ser aceptada por la familia de Edward, de pronto me doy cuenta que esto es lo que quiero, la posibilidad de estar en una familia, dejo de balancearme, aunque no sé exactamente para qué, los noviazgos rara vez son para siempre y sólo conseguiría encariñarme de una familia a la que no pertenezco. Miro hacia Edward que parece estar jugando a darse empujones con Jasper. Voy a disfrutar el momento, no más y no menos.

—Si no fuera así no te hubiera puesto a cortar las verduras.

—¿Cortar las verduras es su manera de aprobarme?

Asiente.

—La cocina es su lugar sagrado. Sólo deja que la familia entre ahí. No puedo hablar de mis novios, porque Jasper es mi primer novio en siglos, pero las novias de Edward jamás pasaban del sillón. Y las visitas siempre se quedan en la sala o el comedor.

Las novias… sacudo mi cabeza.

—Seguro que Edward hablo bien de mi toda la mañana.

—Creo que hicimos un buen equipo evitando hablar de ti o de Jasper. Ella es un poco intensa con sus interrogatorios.

—¿No la convenció sobre mí?

Niega con su cabeza frunciendo su ceño.

—¿Convencerla de ti? —parece confundida así que me detengo a explicarle:

—Para que él no me sacara de su apartamento—le aclaro y sus cejas se unen aún más.

—Edward tiene treinta y dos años, es su edificio —lo dice como una obviedad, aunque eso ya lo sé, Alice suspira al ver que sus palabras no tienen peso—. No creo que alguien pudiera convencerlo de nada. Es muy testarudo cuando se lo propone. Y confieso que intenté hacerlo recapacitar sobre ti desde el principio, me parecía una locura que metiera a alguien a quien no conocía a su apartamento. Pero se mantuvo firme, incluso intenté convencerlo de que te pagara una renta en algún lugar de la ciudad —se interrumpe y me mira con ojos preocupados por haber dicho algo fuera de lugar—, pero no fue por ti, es porque es mi hermano y —la interrumpo.

—Lo sé, lo entiendo. Me parecía una locura de su parte también. Es que, yo tenía muy limitadas mis opciones y entre vivir con él, tener un empleo y comida; o, todo lo contrario, Elegiría por mucho arriesgarme a vivir con un extraño. Pero él no tenía por qué atarse a mí de esa manera.

—Exacto —coincide conmigo—, pero no funcionaron mis alegatos. Y cuando descubrió que doblabas turno, amenazó con contratarse en su empresa y subirte el sueldo, entonces entendí que estaba decidido a ayudarte. Lo que quiero decir es que es muy obstinado, Bella. E incluso si no fueras del agrado de mamá eso no cambiaría nada para él.

—Eso no lo sabes.

—Lo sé. Créeme. La anterior novia era detestable, y mamá la quería tan lejos de su vida que no dudaba en hacerle comentarios a Edward cada que podía.

—¿Su novia lo sabía?

—Seguro que lo sospechaba. Esme es muy transparente sobre sus opiniones.

Miro hacia el frente, ahora Edward camina hacia nosotras, Jasper va a su lado y parecen estar conversando animadamente de algo.

—…playa por mucho —decía Jasper cuando llegaron a nosotras.

—¿Playa? —preguntó interesada Alice, yo también lo estaba.

—Edward está planeando su cumpleaños.

—Y con tiempo —añadió Alice—, eso me gusta —continuó paseándose en el columpio con un poco más de velocidad.

—Aún faltan varias semanas —le dice Edward y luego mira a Jasper con una sonrisa burlona—, ¿la añado a la lista de invitados?

Alice se muestra ofendida de manera dramática, así que sé que está fingiendo. Lo apunta con el dedo amenazadora dejando de columpiarse.

—Por supuesto que sí, ¿con quién más irías? —se levanta del columpio para interceptar a Jasper que se ríe.

—Tenía un par de opciones.

—Yo te mostrare tus opciones —y comienzan a correr y perseguirse mientras se ríen. Edward se posiciona detrás de mí poniendo sus manos en las cadenas del columpio y poniendo ligera fuerza para ayudarme a columpiarme.

—La playa más cerca está a dos horas de aquí —comento sacando conversación, eso lo había aprendido mientras estudiaba en la universidad. Un fin de semana Angela decidió que quería ir a un lugar conocido para ambas como escape de los estudios y nos fuimos a la playa.

—Aún estoy viendo las opciones.

Asiento.

—¿Qué más has pensado?

—Romper con esa tradición, honestamente —me río—, aunque Jasper se ha gastado la quincena en su cumpleaños. No me lo perdonaría.

—Entonces esa no es una opción —coincido con él.

—Podría hacer una parrillada elegante y poner a funcionar la alberca que tiene Carlisle.

Dejo pasar lo de parrillada elegante, porque no tengo la menor idea de qué puede significar eso y me concentro en el otro punto interesante:

—¿Aquí hay una alberca?

—Detrás de esos matorrales —miro hacia donde su brazo apunta, por supuesto. Ni siquiera debería sorprenderme, aunque lo hace. Me sigue balanceando por un rato más en silencio. Puedo ver como Alice y Jasper llegan a donde está el asador y el comedor de jardín, ahí están también Carlisle y Esme, así que nuestro tiempo solos está por terminar.

—Alice dice que le agradé a tu mamá —miro hacia arriba cuando deja de pasearme en el columpio. Se agacha hasta dejar un beso en mi frente.

—Lo noté.

—¿Sí?

—Te llevó a su cocina —dice encogiéndose de hombros como si fuese tan simple como eso. La ironía, mientras Erika, la madre de Eric, me quería tener en la cocina por motivos meramente machistas, aquí eso parece algo importante.

—Alice dijo lo mismo… Aunque creo que ofendí a Carlisle con lo del golf.

—Para nada. ¿Y de qué conversaban tú y mi hermana? —parece interesado, así que le digo lo más relevante de esa conversación.

—Me mostró unos mensajes —comencé…

—¿Mensajes?

—¿Tres veces su valor? —es todo lo que digo, y sabe de lo que hablo porque se ríe entre dientes mientras una de sus manos acaricia mi nuca, cierro los ojos dejándome llevar con el tacto de su piel.

—¿Qué puedo decirte? A veces Alice tiene razón.

—¿A veces?

—Sí, solo algunas veces. Contadas y excepcionales ocasiones.

Se sienta en el columpio a mi lado en sentido contrario al que me encuentro, agarra la cadena de mi columpio para alcanzarme y acercarme a él.

—¿Sólo tres veces?

Vuelve a reírse mientras acerca mi rostro al suyo.

—No soy tan rico como piensas, y si lo fuera no le transferiría tal cantidad a mi hermanita.

Lucho contra la sonrisa de guasón de mi rostro en vano.

—Te concedo eso —acorta la distancia hasta que sus labios están sobre los míos. Y las mariposas vuelven a revolotear, aunque nuevamente nada tiene que ver el columpio estático en el que me encuentro.

Más tarde mientras comemos en la mesa del jardín a unos metros del asador, la indiscreción de Jasper y Alice se hace presente.

—¿Y quién fue el primero en dar el paso? —pregunta Alice.

—Alice, eso no es de tu incumbencia —le regaña Esme, lo que agradezco.

—Me he apostado la quincena con Alice a que ibas a ser tú la primera en ir tras Edward —añade Jasper, Carlisle a su lado se ríe. Y lo mejor que a mí se me ocurre hacer es ruborizarme.

—Gracias por la confianza —dice Edward masticando una tortilla mientras pasa su otro brazo detrás de mi espalda y acercándome a él.

—¿Y bien?

—Yo diría que fuimos los dos —dice Edward.

—¿Si? —pregunto ladeando mi rostro con una sonrisa mientras lo miro, sonríe.

—Por supuesto —dice él con seguridad.

—Entonces ha sido al mismo tiempo —coincido mientras mis mejillas comienzan a arder.

Lo que parece no gustarle a ninguno de los dos apostadores compulsivos.

Carlisle se levanta un segundo para sacarse la cartera del pantalón y vuelve a sentarse, le pasa un billete de cien a Edward.

—¿De qué va eso? —pregunta Esme y siento como si algo taladrara despacio mi corazón. ¿Ha apostado sobre mí?

—Sobre Jasper —le responde Edward y respiro con normalidad de nuevo.

—¿Qué? —el rubio con lentes se ríe mientras Alice a su lado parece bastante indignada.

—Tu hermano apostó hace unos años sobre quién sería el primer hombre que nos ibas a presentar, mi niña —le explica su padre.

—Casi tres años —admite Edward.

—Eres un monstruo despreciable —finge estar indignada Alice, aunque parece más interesada en descubrir porqué alguien apostaría algo así con tanto tiempo. Jasper a su lado se ríe de nuevo y mastica con tranquilidad.

—¿Por qué Jasper?

—¿Por qué no? —pregunta Jasper y ella le da un beso en la mejilla aunque Alice no deja de mirar a Edward en espera de una respuesta.

Edward se encoge de hombros aunque es evidente que en realidad evade responder, porque sabe la respuesta.

—Carlisle escogió a Emmet—añade Edward para distraerla, lo que funciona.

—Y todos tenían que ser tus amigos, ¿no?

—Soy selectivo con mis amistades, Alice —se encoge de hombros como si eso lo dijera todo

—Yo puedo ser selectiva también.

—Ya, claro, pero al final has elegido traer a Jasper.

—Mamá —Alice parece buscar a alguien que se ponga de su lado.

—James me parecía muy simpático para ti.

—¿También apostaste?

—Por supuesto que no, Edward me descartó en el segundo que voté por él.

—¿Por qué votarías por James? —dice ella indignada. Jasper se ríe sin mostrarse ofendido al respecto y Alice le lanza una mirada asesina, que él consigue quitar dándole un beso en la mejilla.

—Es muy galán —dice Esme mientras Carlisle rueda sus ojos—, además siempre me llama en mi cumpleaños —y como si recordara que su hija tiene novio añade— Lo que espero que empiece a ocurrir contigo, Jasper.

—Y flores, le aseguro enviar flores la próxima vez.

—¿Cuánto tiempo se quedarán aquí? —pregunta Alice mientras se sirve un poco más de carne sobre su plato.

—Me tomaré un descanso del restaurante —responde Esme sonriente, mientras su esposo la mira con alegría, sus hijos parecen no dar crédito a sus palabras—, esta vez es verdad. Encontré un perfecto remplazo para mí.

—Un chef importado de Francia —añade Carlisle.

—Es francés, pero yo no lo mandé traer —aclara Esme.

—¿Tomaras vacaciones, de verdad? —Alice suena incrédula al respecto.

—Lo que más vale que se conviertan en visitas continuas a su madre. Posiblemente estaremos yendo y viniendo algunos fines de semana, pero esperamos pasar la mayor parte del tiempo aquí. Además, faltan solo dos semanas para la fiesta de aniversario, tengo que estar aquí.

—Ya me parecía que había algo detrás de estas vacaciones —dice Carlisle sin realmente mostrarse molesto al respecto, Esme se ríe. Y por el modo en que se miran el amor es evidente en ellos.

—Será una oportunidad para estar todos juntos antes del evento y revisar los últimos detalles con mi lista de invitados —Esme mira significativamente a Edward.

—Es tu aniversario, mamá. Invita a quien quieras.

—Gracias, porque Diana llamó haces unas semanas insinuando que Alice la había sacado de la lista de invitados —oh cierto, Esme es amiga de nuestra fastidiosa y clasista vecina. Recuerdo que Edward le dio a entender que estaba fuera de la lista de invitados en nuestro último intercalo con ella afuera del elevador.

—Yo no hice eso —dice Alice elevando sus manos al aire liberándose de la culpa.

—Yo le dije eso. Pero mientras se mantenga lejos de nosotros y su lengua dentro de su boca, no tengo ningún problema con ella —añade Edward.

—Muy bien, porque parece que Peter está de regreso en la ciudad y quiere que invitemos a la nueva y desconocida novia de su hijo.

Como tenía tomada la mano de Edward entre las mías pude sentir en el momento en que se tensó entre mis dedos, miré a su rostro y pude notar su quijada apretada, Alice lo miraba con intensidad al igual que Jasper. ¿Quién era este Peter?

—Mamá, no hay ninguna razón para invitar al hijo de Diana —se rehusó Alice. Ahora era Edward quien miraba con intensidad a Alice como si quisiera callarla con la mirada.

—No podemos hacer ese desplante, Peter es como un primo para ustedes y hemos convivido con él desde que eran niños.

La mano de Edward fue al brazo de Alice cuando ella pareció que iba a decir algo más.

—¿Me pasas la sal?

Alice y Edward se sostienen mutuamente la mirada y lo que fuera que estuvieran diciéndose entre ellos pasa desapercibido ante los ojos alegres de Esme.

—Mamá puede invitar a quien quiera invitar, es su aniversario —dice Edward con calma, aunque su mano sigue en tensión. Dejo un leve apretón a su mano y entonces me mira como si recordara que yo sigo aquí— ¿quieres dar un paseo?

Asiento, aunque no tanto porque quiera dar un paseo cuando la conversación había sido amena y animada, sino porque parece que él lo necesita.


Agradecimientos: Rosiichita, AngryC, Karlanicolepa, Terewee, Adriu, AleCas, Cinti77, Narraly, Patricia LugueraDiaz, Carolaap, Geminis1206, Angelus285, Andre22-twi, MoniBelmudes, Wenday14, GloriaCullen, Noriitha, Catita1999, Lore562, Yani, OnlyRobPatti, EdbellMansen, Robersten-22, Maydi94, Nicolef19, Lara, SalyP, Karlanicolepa,

NOTITAS:

Antes que nada, un super gracias, ya alcanzó esta historia 1000 comentarios. Como agradecimiento quise darles un capitulo largo, 9500 palabras no están nada mal -creo que es el mas largo hasta ahora.

Segundo punto es que mi atraso de publicación se debe a que tuve un super bloqueo, y eso que llevaba un avance como de cinco mil palabras desde hace varias semanas, pero aun así le quedaban varios vacíos entre escenas y para publicarlo tenía que tener lista al menos una escaleta para la novela sobre Carlisle y Esme, ya que de Rose y de Alice llevo más de 50 páginas de cada una, de hecho el fragmento que añadí aquí ya lo tenía escrito en POV de Rose desde hace tiempo, lo que no tenía tan claro era lo que haría con Carlisle y Esme sin arrepentirme después. Además de la historia de Edward que sólo podía contarse en este capítulo, lo que quiero decir es que tenía muchos puntos que abarcar y muy poca inspiración. Y me temo, me temo, que estoy igual de bloqueada para el próximo. (no tengo los siguientes dos capítulos, pero tengo los siguientes siete después de eso, una locura .-.) Así que agradecería mucho una lluvia de ideas para lo que crees que podría venir y eso puede que me sirva para poder a volar mi imaginación.

Y finalmente, el avance para mega enloquecer:

Ladeo su rostro lo suficiente para tener alcance al lóbulo de su oreja, acaricio, muerdo y succiono su oreja consiguiendo que su espalda se arqueé, cierra los ojos mientras un muy leve gemido sale de sus labios en respuesta. La mano de mi rodilla sube debajo de su vestido por el largo de su pierna hasta llegar a sus muslos, Bella aprieta las piernas contra sí atrapando mis manos.

—¿Podría venir alguien? —pregunta cuando dejo de besar su oreja para mirarla, echa el cuello hacia atrás, contra mi pecho. Su vestido es de los que se anudan de frente y que una vez que se quita el moño frontal se abre de par en par, así que mi mano que estaba entre las suyas comienza a buscar semejante nudo. Bella vuelve a atrapar mi mano justo cuando tiro del cordón—Edward—pero su voz no suena a un reproche, he escuchado esa voz desde apenas anoche y ya me he familiarizado con ella, está excitada.

—Sólo no hagamos tanto ruido. Nadie vendrá aquí.

Se estremece y mira a nuestro alrededor como si quisiera encontrar algún espacio entre las plantas que pudieran ponernos al descubierto, aunque es imposible. Estamos solos.

Recuerda que al dejar tu comentario, te enviaré un adelanto exclusivo con 500 palabras del próximo capítulo. Si no estás recibiendo notificaciones de la página, cada día envío los adelantos, así que si comentas hoy, por ejemplo, lo enviaré antes de las 2 de la tarde y despues de las 2, mañana antes de las 2 de la tarde, y así sucesivamente para que puedas revisar tu bandeja de entrada directamente desde tu perfil.

¿Qué te ha parecido este capitulo? ¿Me ayudas colaborando con lluvia de ideas para el próximo capitulo?