Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

Flores, coco y vainilla

Angielizz (Anbeth Coro)


Él

Miércoles, 02:36

De la Tierra hasta Marte (acústico) – Alfred García

Suspiro resignado, llevo media hora despierto y sé que sin ninguna posibilidad de pensar que volveré a dormir pronto. La pesadilla con Bella me persigue, lo ha hecho desde el sábado por la noche, el mismo sueño de ella huyendo por culpa de Heidi. De mi omisión sobre Heidi. De mi intento de fingir que Heidi ya no puede hacerme ningún tipo de daño cuando en realidad podría poner de nuevo mi mundo de cabeza.

Las palabras de mamá siguen persiguiéndome insistentes, Peter será invitado a la fiesta, ¿también su para nada secreta novia? Le rompí la nariz a Peter, si algo podía hacerme sentir satisfecho sobre esa fatídica noche era que le rompí la nariz. ¿Sería tan estúpido como para llevar a Heidi a la fiesta por petición de Diana, su madre, y por invitación de Esme, mi madre, como algún tipo de venganza por su nariz? ¿Acaso su nariz rota no había sido mi venganza por robarse a mi prometida? Estábamos a mano. ¿Cierto?

Lo más sensato sería ser honesto, con Bella o con mi madre, pero guardo la esperanza de que Esme sufra el desaire de Peter y ese idiota no asista. Por otra parte, la razón y la experiencia me indican que debería esperar justo lo opuesto, esperar que él sí asista. Para guardar las apariencias por lo menos. ¿Pero qué apariencias pueden guardarse si va con Heidi?

La cuestión no era si ella sería tan mezquina para asistir, sino si Peter sería tan imbécil como para invitarla. Porque una vez llegada la invitación a las manos de Heidi sabía perfectamente cuál sería el desenlace. Salí con ella dos años, conocía su desfachatez y todo de lo que era capaz. Asistir a la boda de mi madre sería como un entretenimiento para ella. Una oportunidad para vengarse no sólo de mí por ignorarla, no perdonarla y poner una barrera alta entre nosotros, sino la oportunidad perfecta de joderle la noche a Esme. A Heidi poco le importaba el circo que podía armar o el escándalo que podría dañar nuestra reputación o incluso la suya. Lo que le interesaba era ser el tema de conversación, la principal en todo.

Lo que es mi culpa.

Si no hubiese creído que su desvergüenza y confianza en sí misma eran atributos en lugar de defectos evidentes de mezquindad y narcisismo, quizás me habría ahorrado muchos meses de relación.

02:42

Carajo. Mañana tengo una reunión temprano. Debería estar durmiéndome, en su lugar mi cerebro está trabajando con todos estos hipotéticos desenlaces.

—Edward… —miro el cuerpo aun durmiente de Bella, siempre podría despertarla y repetir lo de hace unas horas, pero entonces perdería otra hora de mi vida y estoy seguro que el sexo en la madrugada hará lo opuesto a agotarme. Sólo Bella puede dormir como un bebé después de follar. Y la envidio justo ahora— mmm —estira su mano hacia mi cuerpo y suspira con una levísima sonrisa cuando su mano alcanza mi piel.

La observo con la luz de la ciudad colándose por la ventana y una sonrisa se escapa de mis labios. Bella es lo opuesto a la mezquindad… o a la confianza en sí misma, está justo en el extremo contrario de ambas. Lo que no es del todo bueno si su falta de confianza la hace sufrir.

Quito el mechón que cae sobre sus parpados, paso mi pulgar sobre su suave mejilla recorriendo su mentón hasta la almohada donde está la otra mitad de su rostro. Duerme bocabajo totalmente desnuda. Si estuviera bocarriba mi autocontrol estaría por los suelos. Me acuesto de lado mirándola descansar, ojalá sus sueños fuesen así de contagiosos, pero no lo son y en su lugar mi cerebro ahora está a mil por hora recordando los eventos de esta tarde en casa de mi madre.

Bella caminaba a mi lado de la mano, llegábamos al área de la piscina. Una amplia alberca que nada tenía que envidiarle a las de los gimnasios, alrededor de ella había algunos camastros de patio y sillas. Se acercó a la orilla agachándose para tocar el agua con su mano, aunque estaba seguro que todavía debía estar fría, sacudió su mano mojada y volvió a ponerse de pie para seguir andando alrededor de la alberca.

—¿Alice te mostró la casa? —pregunté al tiempo que ella volvía a tomarme de la mano para seguir caminando.

—Sólo la planta baja. Eras muy guapo de adolescente, por cierto —dijo ella refiriéndose a las decenas de cuadros con fotos que mamá tenía colgados en las paredes. Claro, mi versión adolescente está más cerca de su edad que mi versión actual, por supuesto que se fijó en eso.

—¿Sí?

—Debiste ser todo un rompecorazones en la preparatoria —comentó sonriente. Me gustaba mucho esa sonrisa en su rostro, se veía relajada y juguetona, la añadí a mi lista—, mi yo de siete años habría caído rendida por ti.

Me reí a carcajadas pasando mi brazo por sus hombros acercándola a mí para dejar un beso en su frente. Era una suerte que con el tiempo nuestra distancia en años se iría haciendo más difusa hasta que no importara en absoluto.

—¿No lo sigo siendo todavía?

—Pero ya no eres un adolescente.

Touché.

—¿Quién es Peter? —preguntó e incluso entonces puse toda mi voluntad en parecer casual mientras respondía.

—Un exnovio de Alice —dije sin dejar de caminar y mirando hacia el frente concentrándome en que ninguna mueca saliera de mi cara.

—Oh… claro, por eso la reacción, ¿no? —asentí inocente, sintiéndome culpable por tener que mentirle. ¿Pero realmente quería hacerla huir contándole de Heidi? Podía imaginarme perfectamente esa discusión y lo que Bella diría cuando descubriera que una semana después de mi rompimiento con Heidi había aparecido en mi apartamento. Estaba decidido desde hace un par de días atrás que mi pesadilla sobre Bella y Heidi no se convirtiera en una realidad.

Estabamos cenando en el comedor del apartamento, había velas y ella vestía un vestido de noche negro, parecía que sería uno de esos sueños que son sacados de mis fantasías más calientes, levantaba una bandeja plateada frente a ella que ocultaba nuestra cena y dentro estaba la invitación de la boda.

—Descubrí que me estaba engañando dos semanas antes de la boda.

Bella miraba la invitación, y luego de la invitación a mí y de regreso. 16 de enero. Aparecía la fecha en letras grandes y doradas encima mi nombre entrelazado al de Heidi.

—Ella no te merecía.

Y siento la tranquilidad envolverme ante aquella frase que busca ser consoladora, le sonrío y ella me sonríe en grande poniendo su mano sobre la mía y dejando la invitación a un lado.

—¿Ella te lo dijo?

Niego con mi cabeza y un montón de arrugas aparecen sobre su frente como si estuviera intentando armar un rompecabezas imposible.

—Lo descubrí por mi cuenta.

—Ahora estás bien, y eres feliz, ¿no? Ya ha pasado mucho de eso, Edw… ¿hace cuánto?

No respondo enseguida, entre si mentir o ser sincero el silencio es algo seguro, pero como parece tranquila, me siento con la estúpida confianza para decir la verdad:

—Una semana antes de que tú llegaras aquí.

Parpadea mientras sus ojos comienzan a volverse rojos, está por llorar. Me levanto para acercarme a ella, pero ella imita mis acciones y se aleja de mí.

—¿Ella sabía de mí? —me apresuro a negar con mi cabeza.

—Por supuesto que no.

—¿Estoy aquí para que puedas vengarte de ella? —¿realmente me creía capaz de jugar con ella de esa manera?— Necesito la verdad. Porque te has aprovechado de mí, o yo lo hice de ti todo este tiempo.

—Jamás lo hice pensando en ella, estás aquí porque no podía dejarte en ese lugar, Bella —intento alcanzarla de nuevo, pero vuelve a alejarse de mí.

—No tiene sentido, Edward. Por eso Alice tampoco quería que yo viviera aquí, ella sabía todo esto. Estabas herido y aparecí en el peor momento posible.

—No tienes idea de lo que dices —y entre más me acerco a ella más distancia aparece entre nosotros.

—Me he aprovechado de tu situación. Por supuesto. ¿Por qué otra razón alguien como tú se fijaría en alguien como yo?

—Bella.

De pronto los muebles no están en mi departamento sino en medio del mar. Las olas golpean mis pantorrillas. Cuando vuelvo a mirar hacia arriba, Bella se aleja corriendo y cada paso que doy tengo que luchar contra la arena que entierra mi pie impidiéndome alcanzarla.

—¡Vuelve! —pero lo único que consigo hacer es alejarla aún más.

2:58

Sacudo mi cabeza para despejar a mi mente, en vano, es como si demasiados pensamientos me asaltaran para hacer lo opuesto a relajarme y dormir.

Bella se estira en la cama y murmura alguna incoherencia antes de girarse bocarriba dejando sus pechos desnudos expuestos. No voy a despertarla me repito. Miro hacia atrás, a la mesita de noche donde está el reloj. Aprieto los ojos intentando recuperar el sueño perdido, pero en su lugar mi cabeza vuelve a girar a los eventos de esta tarde.

—Te has quedado en la luna —dijo Bella mirándome a la cara, parpadeé dejando de pensar en la pesadilla y la miré intentando encontrar algún ultimo comentario de su parte para continuar la conversación, pero estoy en blanco.

—¿Decías algo?

—Que el jardinero tiene unos bonitos rosales.

Cuando Carlisle y Esme decidieron mudarse a otra ciudad habían decidido mantener en su puesto al jardinero que había trabajado con ellos por más de dos décadas, para que pudiera darle el mantenimiento constante que este lugar necesitaba, aunque el interior de la casa apenas requería atención, nada que un par de días de limpieza no pudiera solucionar. Fue así que Dolores pasó de trabajar aquí a hacerlo conmigo de lunes a viernes por la mañana, tenía sentido considerando que la conocía desde que era un niño y confiaba en ella como para darle las llaves de mi apartamento.

—A mamá no se le dan las plantas, cuando nos mudamos aquí acabó con muchas de ellas.

—¿Y entonces por qué tiene un jardín tan grande?

—La casa era de Carlisle, y tenía mucho tiempo libre para el jardín antes de que dos niños se mudaran aquí.

—Esta es la casa en la que creciste —comprende.

—Se podría decir que sí.

—¿Y aun tienes una habitación? —le sonrío juguetón y ella corresponde.

03:00

Aprieto los ojos, pero el sueño no llega.

Dos minutos después estábamos en mi vieja habitación. A mamá le gustaba aferrarse a la posibilidad de que algún día volveremos aquí o quizás tiene la vaga esperanza de convertirse en abuela algún día, por lo que se resiste a sacar nuestras cosas de aquí

—¿Puedo? —preguntó Bella acercándose a una pila de comics que estaban demasiado bien acomodados en la mesita de noche. No era exactamente el cuarto que dejé cuando me fui, era desordenado mientras vivía con mamá, aunque nada caótico, solo lo normal para ser un adolescente. Después de la universidad cuando logré independizarme decidí dejar muchas de las cosas que serían solo un estorbo en mi nuevo apartamento. Como los comics, los libros y la guitarra que tocaba en la preparatoria.

—Eh… ¿sí?

Se acercó a leer los nombres sin llegar a tomar alguno. Lo mismo hizo con los libros de los estantes pasando su índice de libro en libro de manera veloz hasta que sus ojos dieron con la guitarra recargada contra el closet. Me miró sorprendida.

—¿Sabes tocar?

—Eso creo —llevaba desde la preparatoria sin tocar.

Me miró con su ceja interrogante.

—Hace tiempo que no toco —le intenté explicar, aunque ella no cedió, tomó la guitarra y me la alcanzó sentándose en la cama—. Si rompo tus tímpanos no tienes permitido quejarte.

Me acerqué a ella y tomé lugar a su lado sacando la guitarra de su funda.

—¿Aprendiste solo? —preguntó mientras me aseguraba que la guitarra estuviera afinada.

—Carlisle —acomodé mis dedos en los acordes correctos, pasando mis dedos sobre la guitarra— ¿Qué te gustaría escuchar? —ladeó su rostro con una brillante sonrisa en sus labios.

—Sorpréndeme.

Me lo pensé unos segundos y entonces comencé a armar los acordes para que la melodía se esparciera entre nosotros y por toda la habitación. Miré a Bella pero ella parecía concentrada en mis dedos y en la música que iba dibujándose a nuestro alrededor, aceleré el ritmo moviendo la yema de mis dedos sobre las cuerdas.

—Toca otra —dijo cuando me detuve, se acercó a mí con sus piernas fuera de la cama al igual que yo. Puse la guitarra entre ambos, con mi mano izquierda guiando los acordes y la derecha haciendo la música. Bella puso su mano encima de mi mano izquierda acomodando sus dedos sobre cada uno de los míos.

—Sol sostenido —le indiqué.

—¿Y sabes cantar? —preguntó imitando la nota por su cuenta.

—¿Quiere todo un concierto privado, señorita?

Se encogió de hombros sin mirarme. Volví a poner la guitarra en mi regazo y a recordarle que llevaba tiempo sin hacer esto y que no le pagaría los daños a sus oídos antes de comenzar a cantar y tocar para ella.

Era algo reciente que había escuchado un par de veces en la radio antes de obsesionarme un poco con la canción y la letra y reproducirla diariamente en el celular, así que sabía qué tocar y cómo hacerlo.

Lo difícil no era lo que tocaba sino la audiencia frente a mí. La sonrisa de Bella era una fascinante distracción hasta para un profesional.

—Es bellísima. ¿Dónde está tu grupo de rock?

Me reí negando con mi cabeza y dejé la guitarra en sus manos para que jugara un rato con ella.

—Yo sólo sé pintar —dijo dejando la guitarra en la cama como si temiera descomponerla. Recordé que aun le debía las pinturas que estaban guardadas en el armario de mi estudio, lo añadí a mi lista de pendientes para el día siguiente.

—¿Quieres seguir conociendo el lugar? —asintió alegre poniéndose de pie y estirando su mano hacia mí. Pasos cortos, podía ir a pasos cortos con Bella siempre y cuando consiguiera llevarla al lugar seguro que quería para ella. Uno en el que pudiera sentirse a salvo y no a punto de ser desplazada. Confianza y amor propio, había dicho Carlisle. Debía encontrar la manera de darle eso, aunque no tenía idea de cómo.

03:15

Gruño poniendo la almohada sobre mi cabeza.

—¿Te has convertido en un oso mientras duermes? —quite la almohada de mi cara viendo a una adormilada Bella bostezando.

—Vuelve a dormir.

—¿No puedes dormir?

—Tengo muchas cosas en mi cabeza gritándome ahora mismo.

—¿Qué tipo de cosas? —preguntó adormilada y sin abrir los ojos.

—En ti —decidí ser honesto.

—¿En mi gritando, eh?

—No exactamente.

—¿En mi convertida en un oso? —¿qué?— yo puedo hacerte dormir.

—¿Ah sí? —sonreí seductor.

—Uh sí.

Su mano se puso sobre mi abdomen y bajó hasta encontrar mi entrepierna, dormir sin ropa tenía sus ventajas, por supuesto.

—Estás despierto, pequeño Edward —dijo encerrando su mano alrededor de mi pene, contuve la respiración.

—No hay nada pequeño ahí abajo —repliqué y ella sonrió aun con los ojos cerrados pasando su mano a lo largo de mi miembro.

—Ya lo sé. Déjame corroborarlo por mi cuenta.

Se sentó en su lugar aun sin abrir los ojos y pasó una de sus piernas encima de mi torso quedando a horcadajas sobre mí.

—Estás dormida —dije sonriéndole, ella negó con su cabeza con una sonrisa boba y los ojos apretados.

—Tienes todo mi consentimiento de hacer cosas malas esta noche conmigo —se refería a la primera noche en que despertó aquí. Estaba absolutamente seguro que si no se hubieran dado las cosas de esa manera posiblemente nos habría tomado semanas y semanas llegar a esto. Al parecer su versión ebria o semiconsciente estaba cargada de la confianza que consciente le hacía falta.

—¿Sólo esta noche? —abrió un ojo y volvió a sonreír en grande.

—Todas las noches que quieras —puse mis manos en su cintura para después bajar una de sus manos a su trasero, se estremeció.

—Las quiero todas.

Eso consiguió que abriera ambos ojos, por lo menos unos segundos antes de darme una sonrisa cálida y llena de ternura.

—Entonces las tienes todas.

Se agachó para besarme, nuestras lenguas danzaban juntas mientras mis manos recorrían su cuerpo hasta que de pronto… sólo mi lengua bailaba con ella. Dejé de besarla y la miré, se había quedado dormida encima de mí. Suspiré. La apreté contra mi cuerpo, dejando su cabeza en el hueco de mi cuello. Mi pene se quejó en protesta un rato, pero de alguna manera sentir su cuerpo sobre mí, sus murmuraciones ahogadas en mi piel y la mezcla de sus olores: flores, coco y vainilla consiguieron darme la paz mental que necesitaba para volver a dormir. Y necesitaba dormir. Así que eso hice.

Ella

Jueves 17:02

Lo que me gustaba de la madre de Edward es que a pesar incluso de mis primeras impresiones sobre ella, no era atemorizante como parecía, sino todo lo opuesto. Alice me había invitado a acompañarla a casa de sus padres después de mi horario en la cafetería, y dado que era imposible negarme a tal oferta vine.

—¿Cuál es tu comida favorita? —me preguntó Esme mientras sostenía un cuchillo en su mano e iba picando las verduras frente a sí.

—Uh… ¿pizza? Sí, supongo que esa sería la pizza.

Alice y Esme compartieron una mirada y no pude evitar preguntarme si acaso había dado una mala respuesta.

—¿De cuál tipo? —preguntó Alice abriendo el refrigerador.

—Champiñones y pepperoni.

—¿De verdad? —preguntó Alice mirándome desde su lugar con sorpresa, asentí preocupada que esa respuesta fuera muy corriente para ambas.

—Es la favorita de Edward —explicó Esme, oh, él sabía que era mi favorita, se lo había dicho el día en que ordenó pizza para ambos después de mi borrachera, aunque yo no sabía que fuera la suya.

—No lo sabía.

—¿Quieres aprender a hornear pizza? —preguntó Alice sacando ingredientes que me parecían serían los de una pizza, harina, queso, tomate, especias, champiñones e incluso peperoni. Miré a Esme esperando su aprobación, lo que menos deseaba era ser una intrusa en su cocina y si la cocina era su lugar sagrado entonces no quería profanarlo con mis creaciones tóxicas.

—Insisto —dijo Esme al ver la duda en mi rostro—. Algún día podría serte útil para sorprender a Edward… tal vez en su cumpleaños —me guiñó un ojo.

—¿Cuándo es su cumpleaños? —pregunté interesada esperando a Alice que estaba sacando unos refractarios de vidrio.

—El miércoles después de la fiesta de aniversario de mis papás —respondió Alice—, aunque debes saber que Edward no celebra su cumpleaños, no ese día al menos.

—Pero hará una fiesta con sus amigos —recordé que un par de días atrás hablaba sobre ir a la playa para celebrar su cumpleaños con Jasper.

—Pero no el día de su cumpleaños. Es un ogro al respecto —arrugue la frente sin encontrarle sentido a eso.

—¿No lo debería felicitar ese día, dices?

—Depende de que tanto estimas tu vida —venga, hasta para mí eso era una exageración, aunque por la mirada que compartieron entre sí madre e hija supuse que no era una exageración y que debía considerar la advertencia.

Pasé las siguientes dos horas aprendiendo cosas nuevas de cocina, Esme era incluso más paciente que Edward y al parecer mucho más perfeccionista, porque me hizo hacer una mezcla de masa con Alice siguiendo las indicaciones y otra más por mi cuenta sin ayuda y una más de nuevo mostrándome en qué me había equivocado con la anterior. Lo que no era un desperdicio, porque tuvimos al final tres pizzas grandes.

Esme me contó que tenía su propio restaurante donde vivía con Carlisle y que tenía otro aquí en la ciudad. No le interesaba crear una franquicia ni crecer más allá de eso. Lo que le interesaba era cocinar, ni más ni menos.

El esposo de Esme, Carlisle, llegó más tarde con un par de botellas de vino y botanas. Y por lo que aprendí de la historia de Esme y Carlisle, gracias a la parlanchina de Alice, fue que Edward y yo estábamos cortados por el mismo cuchillo de nuestra infancia: los padres biológicos ausentes. Aunque por suerte para ambos tuvimos el mismo remedio para la herida: los excelentes padrastros.

Un par de horas más tarde, Edward llegó junto con Jasper, ambos con pantalones de vestir y camisas de manga larga abotonada, venían del trabajo. Nosotras estabamos sentadas tomando el sol desde las camas reclinables de la alberca cuando aparecieron.

—¿Te secuestró? —preguntó Edward sentándose en la silla al lado de mí sin besos ni palabras cariñosas de por medio, pero su mirada bastaba para sustituir ambas cosas que asumí las reservaba por tener a sus padres frente a nosotros.

—Sólo por un par de horas.

—¿Te torturaron mucho? —sonreí.

—Si ver tus fotos de bebé puede llamarse una tortura, entonces sí.

—¿Era necesario eso? —preguntó mirando a su madre, quien no parecía arrepentida al respecto.

—Una madre no guarda esas fotos sin una buena razón.

—¿Fotos desnudo? —preguntó Jasper sentándose entre las piernas de Alice quedando recostado sobre su pecho mientras ella lo abrazaba detrás, sonreí burlona mirando a Edward—. No tienes de qué preocuparte, Edward. Bella sabe que nada ha cambiado de tamaño desde entonces —mientras Esme y Alice se reían, yo me esforzaba en apretar mis labios para no acompañarlas en sus risas. Edward levantó una ceja en mi dirección, aunque no parecía molesto, no cuando tenía una sonrisa escapando de la comisura de sus labios.

—¿Estás riéndote de mí? —negué con mi cabeza sin engañarlo, y como castigo me vi sometida ante un ataque de cosquillas en mis costillas. No se detuvo incluso cuando grité por tregua de manera escandalosa por las risas.

Cuando dejó la tortura y miré a nuestro alrededor avergonzada por la escena descubrí que tanto sus padres como Alice y Jasper se habían retirado para darnos privacidad. Regresé mi mirada a Edward con la intención de quejarme por su desconsideración con su familia, pero quedé atrapada de sus ojos azules bañados en un mar de deseo. Me estremecí sin poder evitarlo y él sonrío en respuesta a eso.

—Ven conmigo —dijo inclinado sobre mí y capturando mis labios. Todo él era demandante, su mano detrás de mi cuello me tenía atrapada para no retroceder pero no lo habría hecho. No cuando me besaba con todas las intenciones de desnudarme. Gemí contra sus labios y él se puso de pie con su mano hacia mí en una invitación a tomarla. Miré hacia la casa donde nos esperaba su familia y de regreso a Edward, pero sabía mi elección.

Él

Bella camina frente a mí, su mano tocando las paredes de los arbustos como si de esa manera pudiera evitar perderse en el laberinto. No es tan grande, y apenas es diez centímetros más alto que yo, así que no hay ningún peligro.

—Es un lugar muy bonito.

Lo era, la más reciente remodelación del jardín.

—¿Y traes a todas tus novias aquí? —pregunta intentando y fracasando en parecer casual mientras caminábamos entre un laberinto de arbustos altos. Niego con mi cabeza.

—Hace poco empezaron a dejarlos crecer, Carlisle vio una película y le gustó como se verían altos.

—Me refiero a la casa de tus padres.

Alice.

¿Y alguien podría considerar que mi mejor opción era hablarle de mi exprometida?

—Solo para eventos formales.

—¿Eventos formales?

Sigue avanzando frente a mí, necesitaba pensar en algo inteligente y que no la hiciera salir huyendo.

—Mamá hace eventos para su entretenimiento. El patio es lo suficientemente grande para ese tipo de cosas y traer una cita casi nunca estaba a discusión.

Más o menos cierto, estoy seguro que mi madre hubiese preferido que viniera solo.

Cuando llegamos al centro del laberinto, hay una banquita que ya no recordaba y una pequeña fuente de cemento apagada. Se gira a verme y por su sonrisa sé que estaba pensando exactamente lo mismo que yo.

—¿Lo copió de alguna película? Porque esto se ve justo así. Es hermoso.

No, ella no estaba pensando lo mismo que yo, aunque pronto lo haría, sonrío.

—Es posible.

Bella camina hasta sentarse en la banca y la sigo, descanso mi espalda contra el respaldo mientras acerco a Bella a mí, pasando mi brazo detrás de sus hombros, ella deja su cabeza contra mi hombro mientras sujeta mi mano derecha entre las suyas.

—Este día se me ha hecho eterno —confiesa.

—¿Eso es bueno o malo?

—Bueno, sólo puede ser bueno —lo que me hace sentir muy complacido al respecto.

—Puedo hacerlo aun más eterno para ti —respondo con tono inocente mientras mi mano izquierda se acomoda sobre su rodilla, me gusta su calidez y suavidad.

—Ed…

—¿Mjm?

Ladeo su rostro lo suficiente para tener alcance al lóbulo de su oreja, acaricio, muerdo y succiono su oreja consiguiendo que su espalda se arqueé, cierra los ojos mientras un muy leve gemido sale de sus labios en respuesta. La mano de mi rodilla sube debajo de su vestido por el largo de su pierna hasta llegar a sus muslos, Bella aprieta las piernas contra sí atrapando mis manos.

—¿Podría venir alguien? —pregunta cuando dejo de besar su oreja para mirarla, echa el cuello hacia atrás, contra mi pecho. Mi hermana ha hecho un excelente trabajo al comprarle vestidos que se anudan de frente, descubrí el martes por la noche que una vez que se quita el moño frontal se abre de par en par, con esa idea en mente mi mano que estaba entre las suyas comienza a buscar semejante nudo. Bella vuelve a atrapar mi mano justo cuando tiro del cordón—Edward —pero su voz no suena a un reproche, he escuchado esa voz desde apenas hace unos días y ya me he familiarizado con ella, está excitada.

—Sólo no hagamos ruido.

Se estremece y mira a nuestro alrededor como si quisiera encontrar alguna abertura entre las plantas que pudieran ponernos al descubierto, aunque es imposible. Y mi madre no tiene hijos adolescentes como para pensar que es buena idea seguirnos cuando damos un paseo.

—¿Alguna vez lo has hecho al aire libre? —pregunto en su oído antes de seguir lamiendo y jalando de él.

—Una vez.

Una vez. Levanto la ceja intrigado. Había pensado que su respuesta sería un no, pero una vez suena como un juego, en el que me gustaría no solo competir sino ganar.

—Abre tus piernas —las separa, vuelve a subir mi mano que ya se encuentra entre ellas, muevo hacia un lado su ropa interior y me detengo cuando ella exhala de manera ruidosa, sonrío, besando la comisura de sus labios, pero cuando se acerca para profundizar el beso me separo— ¿y cómo fue?

Parpadea luciendo confundida.

—¿El qué?

—Esa vez.

Arruga su frente y niega con su cabeza.

—No vamos a hablar de eso.

—Sólo es curiosidad.

—¿Cuántas veces tú? —contraataca y yo le sonrío.

—Yo pregunté primero.

—¿No podrías solo seguir? —pregunta moviendo su cadera lo suficiente para que mis dedos puedan sentir su calor y humedad, paso saliva. Niego con mi cabeza mientras succiono de nuevo su oreja y rozo mi pulgar contra su clítoris.

—Dime.

—Es… —y lo siguiente lo dice tan de prisas que me cuesta un poco seguirla— la caja de una pickup, metidos en algún sendero y de noche. Fue horrible. No había sabanas ni nada para amortiguar el metal debajo de mí, ahora que lo recuerdo terminé con algunos moretones en la espalda —niega con su cabeza—, nada memorable, por cierto —deja caer su cabeza hacia atrás para mirarme y se ríe al ver la expresión de mi rostro—, te lo advertí.

No es ni de cerca lo que esperaba escuchar. Y honestamente no hay ningún tipo de competencia en esa historia.

—¿Qué edad tenías?

—¿Dieciséis? No. Diecisiete. ¿Y tú? —bien, yo comencé esta tontería, aunque con propósitos completamente diferentes.

—¿Una historia perturbadora por otra? —asiente—, los baños de un cine, tenía como dieciséis… y sí, fuimos atrapados por el de seguridad.

—¡No! —se ríe cubriendo su boca— ¿enviaron a la policía?

—No, sólo nos sacaron de ahí. Aunque nunca pude volver a ese cine, por vergüenza, supongo.

—¿Sin moretones? —bromea y arrugo un poco mi nariz.

—Sin moretones de por medio —acaricio con mis pulgares sus muslos.

—Recuérdame añadir baños públicos a los lugares pendientes de mi lista.

Eso sí suena interesante.

—¿Tienes una lista? —yo tengo listas para todo asi que estoy genuinamente intrigado por conocer la suya.

—Toda mujer que se respete a sí misma debe tenerla.

—¿Y que hay en ella?

—Adivina —me lo pienso unos segundos mientras uno de mis dedos va a su entrada de nuevo, la cadera de Bella vuelve a moverse y siento su humedad, profundizo en ella esperando encontrar su punto de quiebre.

—Un museo —se ruboriza y sé que he dado en el blanco, sigo haciendo movimientos circulares dentro de ella para torturarla un poco más—, ¿un avión? —muerdo su mejilla con suavidad.

—Sí, sólo que —gime mientras doy círculos dentro de ella— no veo cómo —aprieta sus piernas entre sí— hacerlo posible —yo sé cómo y de pronto lo tengo en mi lista de pendientes de cosas por hacer.

—¿La playa? —la playa debe ser.

—En el mar y sobre la arena —dos veces, interesante lo añado. Recarga haciendo presión su cabeza contra mí, mientras sus caderas siguen el vaivén de mis dedos en su interior, bombeo con un poco más de fuerza y velocidad, sus caderas vuelven a acomodarse al ritmo. Mi otra mano encuentra el nudo del vestido y lo deshago. Siento la cálida piel de su abdomen mientras la recorro hasta encontrar sus pechos.

—¿Qué mas tiene esa lista? —pregunto chupando el lóbulo de su oreja

—Mmm…—tarda unos segundos más en responder, ahoga un gritito cuando mis dedos encuentran su pezón, salgo de ella y la pongo de pie de un tirón frente a mí para deshacerme de su ropa— una alberca, por supuesto.

—Por supuesto —sonrío desabrochando de su espalda el bonito sostén color lila, Bella pasa los tirantes por sus brazos dejando caer esa prenda sin quitarse el vestido abierto, no protesto porque el día es fresco y no quiero que pesque una gripe aquí. La miro en silencio desde sus zapatos hasta detenerme en el bikini lila que oculta ese bendito rincón de su cuerpo. Bella mantiene su vista siempre sobre mí inspeccionando mis ojos, pongo mis manos en las orillas de su ropa interior y jaló hacia abajo para deshacerme tambien de eso. Lavanta sus rodillas para que pueda sacarle las prendas y yo me tomo mi tiempo en desnudarla con la vista y las manos— ¿Algo más?

—Una biblioteca —parece recordar, pongo una de mis manos en su pecho acariciando tan gentil como soy capaz, mientras mi boca es demandante contra su cuello, y mi otra mano la acerca de la cadera hacia mí consigo sentarla a horcajadas sobre mi regazo, con cada una de sus piernas a mi lado—, y finalmente… una azotea —lanza su cabeza hacia atrás dándome mayor acceso a su piel, mordisqueo mientras mis dedos capturan su pezón, gime cuando hago presión contra este asi que vuelvo a hacerlo y ella vuelve a gemir, atrapo sus labios ruidosos.

—Shh… No estoy seguro sobre poder hacer ese último punto.

—¿Pero sí el avión? —suena burlona, levanto una ceja ante su tono burlesco mientras mis labios pasan de su rostro a su cuello y de ahí hacia su pecho. Aunque sí, el avión era sencillo, todo estaba en la temporada baja, un pequeño soborno a las aeromozas para hacerse de la vista gorda y ser silenciosos. Aunque no estoy seguro que Bella sepa mezclar silencio y sexo. Sus caderas comienzan a moverse buscando crear fricción contra mí. Es jodidamente asombrosa y yo sigo vestido mientras ella está desnuda en el centro del laberinto de vegetación a nuestro alrededor, totalmente desnuda y a la intemperie, mi erección es dolorosa y grita por ser liberada.

—Me dan un poco de miedo las alturas —digo antes de volver a lamer su piel.

—Vives en el… —gruñe cuando mis dientes se entierran contra su cuello, también se mueve contra mi entrepierna buscando crear fricción— treinta y doceavo piso.

—Y nunca me verás con la nariz pegada a las ventanas —mi lengua se desliza en su piel en círculos creando presión.

Se ríe antes de que capture sus labios con los míos.

Mientras ella busca desabotonar mi camisa yo encuentro su entrada con mis dedos. Creo fricción en su clítoris contra mi pulgar.

Está tan caliente y mojada. Me retiro de ella y sujetándola de la cadera me levanto y la dejo en el suelo de pie mientras intento deshacerme de mis pantalones. Bella besa la piel que ha consegui desnudar de mi pecho, succionando mi piel y pasando su lengua contra ella, bajando por mi abdomen. Lo que más deseo es repetir la maravillosa mamada con la que me despertó Bella esta mañana, pero hoy no es sobre mí, sino sobre ella y romper con su anterior experiencia en un lugar público, quiero que olvide esa terrible única vez a la intemperie y la sustituya por mí y sólo por mí. Sujeto su cabeza y la atraigo a mí para besarla, succionando y mordiendo sus labios.

—Quiero más —dice contra mis labios y yo quiero darle más, mucho más.

Bajo mi pantalón y realmente me concentro en no quejarme del frío en mi trasero, aunque una vez que Bella vuelve a sentarse sobre mí, lo helado de la banca queda en un punto sin importancia.

Exhalo aire contra su piel.

—Muestrame.

Hasta esta mañana la iniciativa y el control en la cama los había tenido por completo yo. Y no tenía ninguna intención de quedarme con el mando después de lo que me había mostrado Bella que era capaz de hacer por su cuenta.

Acomodo la punta de mi pene en su entrada antes de poner mi mano encima de su trasero y esperar a ella. Su garganta se mueve cuando pasa saliva y sus ojos recorren una ultima vez las paredes de vegetación alrededor de nosotros, mi autocontrol puesto en no mover su cuerpo para hacerme entrar en ella. Pasos pequeños y paciencia.

—¿Nadie vendrá?

Niego con mi cabeza.

Estamos demasiado lejos de la casa e incluso si Alice tuviera alguna intención de venir aquí seguramente escucharían lo suficiente para hacerlos desistir de entrar al laberinto.

—Estás segura conmigo —una pequeña sonrisa se asoma en su rostro mientras pone su mano sobre mi mejilla, acerca su rostro al mío al tiempo que se desliza a mi alrededor, aprieto su trasero cuando vuelve a levantar sus caderas enviando olas de placer a todo mi cuerpo mientras sus uñas se clavan en mis hombros— eres preciosa, Bella.

Y ambas frases funcionan para quitar cualquier atisbo de duda en sus ojos. Paso mi lengua sobre la piel de su cuello de manera demandante, exigiendo más de ella y ella parece muy dispuesta a entregar todo de sí. Mueve sus caderas siguiendo el propio ritmo de su placer, despacio, rapido, lento, fuerte, duro, suave, casi al borde y bajando hasta el fondo. Grita, gime, mirándome a los ojos y apretándolos con fuerza cuando se ve invandida por las emociones, gritando mi nombre y susurrandolo contra mis labios.

—Edward —susurra, maldice, implora y repite mi nombre cada vez que se desliza conmigo, cada vez que succiono su piel, cada vez que muerdo o pellizco sus pezones, cada vez aprieto su trasero, recorro mis manos por su espalda, incrustro mis dedos en su cuerpo, cada vez que le repito lo preciosa que es para mí.

—Bella —repito su nombre entre jadeos y exhalaciones o en susurros y gemidos, cada vez que saca mi cuerpo del suyo y vuelve a recibirlo con gemidos, y cada vez que ella busca mis labios para ahogar sus gemidos, o cada vez que ella tiene un orgasmo y se aprieta a mi alrededor, digo su nombre una y otra vez mientras se mueve persiguiendo apagar la llama del deseo que nos envuelve.

Y puedo decir que incluso con todos mis años de experiencia nunca me he sentido así. Tan jodidamente bien y sucumbiendo a todo los tipos de desenfrenos de nuestro cuerpo. Lo único que me queda claro es que la necesito como ella me necesita para apagar o encender el fuego entre nosotros.

La hago salir y pararse frente a mí, me levanto y sin decir nada solo guiándola con mis manos hago que se pare del lado contrario de la banca. Pone sus manos a cada lado del borde del respaldo mirando hacia la banca mientras yo me acomodo detrás de ella. Es un poco más baja que yo así que solo tengo que flexionar un poco mis rodillas. Paso mi lengua sobre su columna vertebral consiguiendo que se estremezca, mi mano pasa de su espalda a su pecho y tiró de su pezón sintiéndola nuevamente vibrar para mí.

—Por favor —gime mientras separa sus piernas y levanta su trasero hacia mí. Lo que me gusta del sexo con Bella es que no necesitamos decir lo que queremos, de alguna manera sabemos darnos a entender, como si fuéramos imanes que reaccionan ante la presencia del otro. Me deslizo dentro de ella y pruebo. Primero lento y suave, para asegurarme de no estar direccionado contra sus paredes—. Más —después contundente y rápido, dando estocadas cada vez que llegó al final de ella. Bella gimiendo más fuerte cada vez, enloqueciéndome con su voz y animándome a aumentar mi fuerza.

Me detengo exclusivamente cuando su cuerpo se aprieta y se entremece en mi miembro, demostrándome que he conseguido hacerla tener otro orgasmo, me detengo no sólo para respirar hondo y poner todas mis capacidades en no acompañarla en su extasis, sino tambien para permitirle disfrutar de cada uno de ellos, como si quisiera hacer que se le grabaran en la piel. Cuando sus caderas vuelven a buscarme, retomo el ritmo anterior.

Es deliciosa, húmeda y caliente. Bella se mueve hacia el frente y hacia atrás aumentando la fuerza, así que me muevo aún más de prisa. Mierda. Tan. Jodidamente. Deliciosa. Gruño.

Salgo de ella a tiempo para que mis fluidos caigan a la tierra entre nosotros, recargo mi cabeza en su espalda mientras mi otra mano, la que no sostiene mi pene, va de nuevo al interior de ella imitando lo que hacía yo antes, sin juegos ni torturas, empujando contra ella hasta que consigo hacerla gemir más alto y luego explotar contra mis dedos.

Luego de un minuto en los que ambos intentamos recuperar la respiración en la misma postura, Bella se gira a mirarme y sonríe satisfecha.

—Y sin moretones de por medio —declara, subo mis pantalones y los abrocho sin dejar de mirar a Bella. Es increíblemente fascinante. Vuelvo a besarla apretándola contra mí, dejo mi frente recargada contra la suya respirando su nuevo olor que es una mezcla de coco, vainilla, sudor, sexo, deseo y flores— ya quiero hacer el resto de mi lista —añade sonriente y segura.

—Y luego haremos la mía.

Sonríe en grande y sé que quiero darle eso. No sólo todo el sexo de nuestras fantasías, sino la certeza de que eso es lo único que quiero: cumplir listas.


Muchas gracias por leer, comentar, seguir y compartir esta historia. Agradecimiento especial a: AngryC, Edbell Mansen, Karlanicolepa, Wenday14, Patricia Luguera Díaz, Narraly, Noriitha, ViridianaConticruz, Cinti77, Adriu, Carolaap, Moni Belmudes, Terewee, MayJhonson D, Geminis1206, Angelus285, Maydi94, Bella201820, Nenita, Catita1999, Gibel, Vatii, Ossa, OnlyRobPatti, Letrasdeoro

Lamento un poco la demora pero era necesaria para sentirme conforme con el resultado. Me he tomado días primero porque me quedé sin inspiración para las escenas importantes de esta capítulo, después porque mi casa era una montaña de polvo y desorden por la remodelación de la casa así que eso no ayudaba mucho a inspirarme y finalmente porque no encontraba las palabras para expresar las emociones de ambos, pero al fin creo que di con ellas. Espero que haya sido de su agrado y que la espera haya valido la pena.

Un adelanto para enloquecer:

—¿Podemos hablar un minuto?

Uh, sonaba serio.

Palmeo el colchón a mi lado y viene hacia mí.

A veces dormíamos en su cama, otras noches en la mía, una vez dormimos en el sofá del cuarto de televisión luego de una ronda de sexo y videojuegos. Él no me había propuesto mudarme a su cuarto y yo no lo había sugerido, supongo que eso era demasiado, no es como si hubiese en realidad una gran diferencia porque incluso compartíamos la ducha. Lo único que no compartíamos eran los vestidores. Cuando Edward estaba aquí yo podía ir a su habitación, no es que él me hubiese prohibido entrar en su ausencia, pero se sentía un poco como invadir su privacidad a sus espaldas, aunque honestamente yo no entraba a su recamara si él no estaba ahí antes o si no me llevaba a rastras y besuqueos hasta su cama.

—¿De qué quieres hablar? —le pregunto una vez que se acuesta a mi lado, le paso su celular de regreso y él lo deja en la mesita de noche que está a su derecha.

—Tienes que prometerme que no saldrás huyendo.

Aunque intenta sonar casual y bromista, sé que habla en serio. Que realmente quiera que le prometo eso que a mí me cuesta darle, mi confianza.

—¿Tan terrible es?

—No exactamente.

No exactamente no es no.

—No voy a aceptar un celular nuevo —no íbamos a tener de nuevo esa conversación.

—Ya lo sé —oh, eso fue demasiado sencillo. ¿Entonces de qué quiere hablar?

—Tampoco voy a aceptar dinero de tu parte.

Sonríe un poco.

—No es sobre eso.

—Entonces dime.

—Es sobre la custodia de Charlie.

Chanchan. Nos leemos pronto.