Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
34. Cenas, Charlie y Celos (I/II)
Angielizz (Anbeth Coro)
Ella
Viernes, 18:15
Sin dudas o inseguridades, Bella, solo póntelo. Oh Alice, ¿en qué momento lo había echado a mi bolsa de compra? Lo encontré hace unos días cuando sacaba todo el contenido de la ropa interior y lo había dejado dentro de la bolsa al final del closet como si se tratara de una bomba a punto de hacer explosión.
Era un corsé de encaje, no como los horribles corsés del burdel, sino algo delicado y fino, elegante y seductor. Venía con liguero y unas medias del mismo color azul que el resto del conjunto. Casi del mismo color que los ojos de Edward, ¿coincidencia o premeditado?
Solo pontelo. Me quito la toalla que aún me cubre y luego de otro par de segundos desnuda al lado de la cama mirando el encaje decido meterme dentro de él. Lo siguiente por hacer es que el vestido que había elegido fuera apropiado para la ropa interior y para la ocasión.
Me miro en el espejo de cuerpo completo del vestidor y doy una vuelta buscando que no se vieran las varillas de la ropa interior. No estaba mal, honestamente no estaba nada mal. Hoy había podido comprar un poco de maquillaje, nada especial: un par de brochas, unas sombras, rímel y un labial. Lo suficiente para añadirle un poco de color a mi rostro páliducho y sin gracia.
Nuestra primera cita estaba a punto de pasar. Sabía que no debería estar nerviosa, porque bueno estaba saltándome todos los pasos. Vivía con él, dormía con él, trabajaba gracias a él, conocía a su familia, incluso nosotros ya estábamos saliendo. Excepto que nunca habíamos salido realmente solos. Y no. Aquella vez en el museo no contaba, como tampoco contaba la cena de Jasper, ni el fin de semana con Charlie o las cenas en casa de sus padres. Esta era oficialmente nuestra primera cita. Y por alguna razón yo estaba nerviosa.
Bueno, no por alguna razón, sabía exactamente la razón. ¿Y si resultaba ser un desastre? Entre más pensaba en citas perfectas en mi lista de citas anteriores, menos citas perfectas encontraba. Intenté por la mañana tener alguna pista de lo que debía y no debía hacer interrogando a Alice, pero ella no se mostró colaborativa. De hecho, fue bastante hermética desde que empecé preguntando por la anterior novia de Edward. Y Alice no es hermética. Lo único que conseguí fue que me diera un abrazo de lastima y me dijera que no debía preocuparme por eso, que la cita saldría bien. Y luego me indicó que ropa usaría ella esta noche si se tratara de ella. Así que me vestí como Alice lo habría hecho.
Pero incluso aunque me vestía de acuerdo a la elección de Alice, no encontraba su autoestima y seguridad contagiosos. ¿Y si mejor cancelaba? No. No podía cancelar. Vivíamos a tres metros y una puerta de distancia. Aunque era todo lo que llevaba queriendo desde que desperté y Edward apareció con esa poco grandiosa idea de una cita.
¿Y si me llevaba a The Moon? Estaba aterrada con la posibilidad de un restaurante caro y elegante donde fuera evidente cuánto desentonaba a su lado. Aunque por el vestido que eligió Alice y las zapatillas que me obligó a comprar esta tarde cuando salimos juntas, estaba asumiendo que se trataba de una cosa elegante. Estaba perdida.
¿Y si fingía tener… diarrea?
Podía inventarme algo mejor que eso.
Dolor de cabeza, por ejemplo. Migraña, tal vez. ¿Cólicos?
Cólicos.
No, mi periodo llegaría en dos semanas y al vivir juntos y tener sexo, eso sería sospechoso con el paso de los días, además no podría fingir tener cólicos para siempre y seguramente si no salíamos hoy lo haríamos algún día… ¿no?
Siendo positiva, sí.
Di una vuelta más frente al espejo asegurándome que todo estuviera en su sitio. Las zapatillas nuevas le quedaban bien y el color esmeralda del vestido realzaba el tono castaño de mi cabello asi que igual y eso ayudaba un poco a mi apariencia, el corsé no se notaba bajo la tela, el maquillaje favorecía a ocultar mi palidez.
—Te ves preciosa —una sonrisa tan grande que resultaba dolorosa se instaló en mi rostro cuando Edward apareció detrás de mí. Dejando un beso en mi cuello mirándome desde el espejo de la pared y recorriendo sus ojos desde mis zapatillas hasta el peinado recogido—, lamento llegar tarde, tuve una reunión y no pude salir antes. Solo dame veinte minutos y estaré listo.
—Si estás cansado podemos ir otro día —intenté que mi tono de voz sonara preocupado por él y no aliviado por la posibilidad de salirme con la mía.
—Tonterías, veinte minutos.
Veinte minutos después nos dirigíamos a nuestra primera cita oficial.
¿Qué tan elegante y caro era el restaurante? Tenía una pecera del tamaño de toda una pared con peces de todos los colores posibles de imaginar. Así de elegante y costoso era esto. ¿Qué tan elevado los precios del menú? Al parecer no había tal menú, al querer hacer la reservación se les enviaba un menú digital para elegir y una vez aprobada la elección debías enviar tu orden y pagar por adelantado. Así de elegante y caro era esto. Focos de diferentes tamaños colgaban del techo con cuerdas de plantas y flores artificiales, un pianista tocaba en el fondo mientras una mujer coreaba a su lado con voz de terciopelo. Así de elegante y caro. Tanto que el restaurante no tenía un nombre afuera aunque era evidente que se trataba de un restaurante con clase y estilo y elevados precios.
Tan elegante y caro que la mesera fue siempre amable y dulce conmigo, no miró ni un segundo de manera incorrecta a Edward y nos preguntó incluso si queríamos elegir una canción para algún momento en la noche porque obviamente la cantante y el pianista podían interpretarla para nosotros. Sigo mirando cada detalle perfecto de este lugar desde mi silla, lo único que hace falta es que aparezca el mismísimo chef a desearnos una buena cena.
—James eligió el lugar —dijo Edward después de mi largo silencio revisando cada rincón de aquí, sonreí sintiéndome atrapada, lo menos que quería era hacerlo sentido incomodo por mi incomodidad, así que debía tranquilizarme y disfrutar. Tranquilizarme y disfrutar, como si fuera simple.
—Es muy bonito.
—Un poco elitista —añadió Edward frunciendo el ceño cuando se acercaron a nuestra mesa seis meseros, cada uno con una botella de vino en mano para que pudiéramos elegir. Al parecer podías catar un par de botellas antes de seleccionar una, de acuerdo a la instrucción de nuestra mesera, pero Edward eligió una después de revisar la etiqueta y nos sirvieron una copa a cada uno, dejando la botella en el centro de la mesa.
—Un poco elitista—acepté una vez que se fueron los meseros, intenté cambiar el tema de conversación—. No puedo creer que todos esos peces sean reales.
—Eliges uno y lo cocinan para ti —explicó él, abrí la boca con asombro sin poder evitar llevar mi vista hacia los pobres peces que nadaban sin saber el futuro devastador que les esperaba.
—¿En serio? —¿no podía comprarlos todos y pedirlos para llevar…vivos?
—No. Son decorativos —regresé mi vista a Edward con los ojos entrecerrados por jugar así conmigo. Tenía una sonrisa divertida y sus ojos azules brillantes de entretenimiento.
—Eres terrible —él sonrío aun más y señaló a uno de los peces.
—Es un pez payaso —vi las franjas y sus colores y lo identifiqué, por Buscando a nemo aunque no iba a decirle eso—, no se comen.
—¿Habías venido antes? —niega con su cabeza mirando alrededor— ¿Es muy caro este lugar?
—Esta noche es gratis para ti —mis labios comenzaron a tirar hacia arriba convirtiéndose en una sonrisa involuntaria, decidí ahogar mi sonrisa boba con un poco de vino.
—¿Crees que hagan una fila india con postres al final de la cena?
—Esperemos que sí.
Aunque no sonaba convencido de que fuera así. Pero sabía que eso no importaba porque el postre de nuestra cita lo llevaba sujeto debajo del vestido y esperaba que fuera del agrado de Edward. Comencé a parlotear sobre lo más importante de mi día para no pensar en lo que seguiría al final de la cena.
Él
Cuando Bella se pone nerviosa conversa sin detenerse siquiera a respirar, es como un tema tras otro tras otro y comentarios divertidos para llenar el silencio. Lo añado a mi lista de cosas que me gustan de ella, cómo infla las mejillas antes de lanzarse en picada a un nuevo tema de conversación.
—¿Por qué Jasper? —pregunta dejando de hablarme sobre cómo aprendió a nadar cuando era niña. ¿Jasper?
—¿Cómo dices?
—¿Por qué apostaste por Jasper sobre Alice?
Eso es simple.
—Cuando Alice apareció con esa loca idea de la cafetería yo no estaba seguro de esa idea. Así que le dije a ella que iba a pensármelo, le pedí ayuda a Jasper para que me diera un buen sermón para rechazar a mi hermana.
—¿De verdad? —asiento.
—Era una suma importante de dinero y no estaba seguro que Alice pudiera hacerlo por su cuenta y yo no tenía tiempo suficiente para ayudarla.
—Pero ella lo hace muy bien —la defiende sin dudas en su voz.
—Lo sé, supongo que seguía pensando en ella solo como mi hermanita fastidiosa y no como la mujer que era. Entonces… cuando le hablé a Jasper de mis pretextos para rechazar a Alice fue bastante directo para avisarme que si yo rechazaba esa oportunidad de inversión, él lo haría.
—¿De verdad?
Jasper y yo fundamos nuestra empresa juntos, así que teníamos y supongo que aun tenemos una suma en bienes similar, nuestras ganancias se van 50-50, así que lo creía capaz de eso.
—Sí.
—¿Y decidiste arriesgarte confiando en su sentido común? —niego con mi cabeza.
—Me empezó a hablar a detalle de las muchas destrezas de Alice, cosas que supongo que no sabía o solo daba por hecho.
—Él la quería —entiende Bella hacia dónde va la historia.
—Por lo menos estaba al tanto de Alice. De eso han pasado algunos años, pero cuando hice esa apuesta con Carlisle, se sintió como obvio que tendría que ser Jasper.
—Alice es un encanto, ¿sabes? Podría tener muchas opciones.
—Lo sé, mi portero lo sabe, quizás mi cama lo sabe.
—Ugh.
Bien, al menos ahora que durmió en esa cama sentía tanto desagrado al respecto como yo.
—¿Pero?
—Cuando papá se fue el día en que nació Alice, realmente desapareció de su vida. Volvía eventualmente a mi cumpleaños o en temporadas a lo largo del año, pero no volvía por Alice. En la secundaría comenzó a regresar por menos tiempo y periodos más extendidos, pero nunca la incluía a los viajes, ni a las idas al zoológico o el parque. Éramos solo él y yo.
—¿Y Alice lo sabe?
—Creo que sólo quería respuestas. Me hizo conseguir una muestra de sangre de mi padre para hacer una prueba de ADN.
—¿Es hija de él?
—Sí, honestamente yo también pensé que no lo era, aunque nunca me habría atrevido a preguntarle a mamá algo como eso.
—¿Y después?
—Alice tenía como dieciséis años cuando comenzó a investigar a fondo el asunto, Esme no sabía qué responderle por la barrera entre mi padre y ella, así que cuando los análisis de sangre corroboraron que era hija de él fue a buscarlo.
—Uh —por su tono desanimado supongo que adivina el desenlace de la historia.
—Sí. Él no tenía dudas que fuera su hija, pero su excusa fue que no tenía tiempo para ser padre de dos y Carlisle lo estaba haciendo bien con ella, solo no tenía intenciones de intervenir. Eso detonó algo en ella —en ambos, arruinó por completo la ya debilitada relación con mi propio padre— así que comenzó a salir con chicos, por ratos y rompiendo con ellos cuando le hablaban de algo más cursi que —no lo digo: fajes y sexo juvenil—, en fin, más tarde cuando se independizó comenzó a salir con estos desconocidos de bares, o fiestas, o donde fuera que los encontrara.
—Pero ahora está con Jasper.
—Así parece —me frunce el ceño.
—Eres escéptico sobre ellos —parece entender.
—No es por Lucás, es sólo que conozco a mi hermana. Y conozco a Jasper desde hace muchos años, así que no estoy tan seguro que Alice haya superado sus traumas a las relaciones y eso, y sé lo que él quiere y no estoy seguro que ellos quieran lo mismo.
—¿Le has hablado de eso a Alice? —por supuesto que no, si quería mantener mi cabeza en su lugar lo mejor era alejarme de ellos.
—Ni a Jasper, no planeó jugar con fuego de esa manera. Me mantendré al margen hasta que lo que sea que tenga que pasar ocurra.
—Cuando ellos terminen —deduce Bella.
—O hasta que Alice se decida.
—No creo que esté mal que ella no tenga tan claro lo que quiere —dice cruzándose de brazos y de alguna manera entiendo que ya no estamos hablando de Alice, así que elijo con cuidado mis palabras.
—Alice sabe lo que quiere. Solo que no es lo mismo que quiere Jasper.
—¿Y qué quiere ella?
—Alice no cree en el matrimonio, ni en el amor. Y Jasper, maldición si encuentras a alguien más cursi que Jasper por favor dispárame en un pie.
En ese justo momento llegó la mesera con nuestras órdenes. Se acababa de ganar un bonus a su propina por aparecer en el segundo adecuado.
—Ahora háblame de ti —me apresuro a decir.
—¿Preguntas de examen?
Negué con mi cabeza, tenía muy claro el tipo de conversación que quería tener con Bella.
—¿Has pensado alguna vez en estudiar arte?
—No realmente, es algo costoso y el material también tiene un alto precio. Creo que es un pasatiempo caro, me gusta y lo disfruto y sé que soy buena. Pero necesito trabajar en algo que me dé para poder hacer eso en mis ratos libres —noto que habló del dinero tres veces en una simple respuesta.
—Pero podrías tener un trabajo que sea de tu agrado y te dé el dinero suficiente para comprar los materiales y sobrevivir sin problemas.
—No lo veo pasando. Tal vez en mayo intenté inscribirme a alguna universidad en línea o algo así —no esperaba que ella ya hubiese considerado estudiar, lo que me alegra por supuesto.
—¿Y qué estudiarías?
—Administración de empresas, hay un amplio campo laboral —levanto una ceja con inconformidad.
—Honestamente no te veo trabajando detrás de un escritorio.
—No es muy diferente a trabajar de mesera. Solo un poco más tedioso.
—Es por eso mismo que no te imagino haciéndolo.
—¿Crees que soy mala mesera? —dice en broma.
—Creo que eres muy buena dibujando. ¿Qué tal si buscas trabajo en una galería? O un museo o… —me interrumpe.
—Además, tengo que juntar dinero. No solo para comprar pinceles y pintura, sino para Charlie.
—Para su tía —la pensión de Charlie ya pagaba sus gastos.
—Así es… me gusta dibujar, es casi terapéutico, pero nunca he considerado hacerlo de manera profesional.
—¿Podrías considerar trabajar en una galería?
—No estoy segura que la paga pueda ser mejor.
—¿Y si lo fuera? —me entrecierra sus ojos como si pudiera escanear mis verdaderas intenciones al respecto.
—¿Te molesta que sea mesera?
—No. Creo que podrías ser mucho más, es todo. Y no quiero que estés atada a la cafetería sólo por mí o por Alice. Le dedicas ocho horas de tu vida a eso, deberías pasar ocho horas haciendo algo que te guste un poco para variar. Solo piénsalo, y si cambias de parecer…
—¿Tienes una galería entre tus múltiples negocios? —sonreí negando.
—Podría tenerla.
—Nadie me va a contratar para estar atendiendo una galería solo porque dibujo bonito o tengo un excelente detector de basura pictórica.
—Por eso mismo creo que deberían contratarte.
Suspira.
—Lo pensaré, ¿sí? Ahora, ¿qué estoy comiendo exactamente y cómo puedo cocinarlo por mi cuenta?
Seguramente Esme sabría cuál era la receta así que le dije lo que había elegido del menú para la cena y que podía preguntarle a mi madre si quería aprender a cocinar eso.
—Dime algo que tenga tu lista —pide.
—¿Cuál?
—La de tus fantasías —dijo bajando el volumen de voz y acercándose a la mesa para que nadie pudiera escucharnos. Aunque incluso sin bajar la voz habría sido imposible que la siguiente mesa ocupada pudiera captar algo de nuestra conversación.
Niego con mi cabeza inclinándome también hacia ella.
—¿No me lo dirás?
—Son listas personales, no es algo que vaya diciendo en voz alta.
—¿Estás bromeando? —pregunta juguetona y yo niego con mi cabeza de nuevo.
—Lo digo en serio.
—Pero yo te dije lo que tiene mi lista.
—Era importante saberlo.
Bella comienza a parpadear con rapidez mirando hacia la servilleta de tela que descansa sobre la mesa, sin ningún atisbo de su sonrisa anterior.
—¿Has cambiado de parecer?
—No. Será mejor para ti si te toma desprevenida —muerde su labio inferior mientras una sonrisa bailotea entre sus labios.
—¿Y cómo sabré que…
—Te lo haré saber y entonces sabrás que estamos haciendo algo de mi lista.
Ella
Sábado, 06:16
Incluso medio dormida y después de tantas horas transcurridas es como si mi piel pudiera aun sentir el calor de las caricias de la noche anterior. Cielos. Al menos ahora puedo estar segura que la sorpresa que le tenía preparada debajo del vestido había sido de su agrado. Y cuánto agrado había demostrado tener por esas prendas.
No habíamos alcanzado a llegar a la habitación, en cuanto entramos al apartamento comenzó a besarme y desnudarme y pronto descubrió la ropa interior. Si él pudiera tocar con su mirada me habría terminado de devorar con ella. Pero en lugar de quitarme la ropa me llevó entre besos hasta la cocina dejando mi pecho contra la barra donde habíamos desayunado, comido y cenado desde que llegué aquí. Este lugar había sido nuestro en muchos sentidos y ahora lo era en un sentido más.
—Soñé contigo aquí la primera vez —dijo contra mi oído mientras mi cabeza estaba ladeada contra el frío mármol, mi gemido bien pudo ser por sus palabras, por el modo en que me bajaba la tanga o cómo no perdió tiempo en introducir un par de dedos en mí.
Esta era una de las cosas de su lista entendí entonces. Quería formar parte de esa lista, definitivamente. Así que me mostré colaborativa ante cada indicación.
Su rostro enterrándose entre mis piernas mientras yo lanzaba gemidos de placer sucumbida por completo por el fuego encendiendo cada centímetro de mi piel. Mientras él seguía empujando, rodeándome con su lengua, acariciándome con ella, introduciéndose y saliendo y absorbiendo cada partícula de mí.
Cuando pensaba que ya estaba adaptándome a él, aparecía algo deliciosamente diferente, rompiendo conmigo y mis barreras, mostrándome que jamás tendría suficiente de él.
—Dime qué quieres —decía él mientras iba dejando un recorrido de besos en mi cuerpo desparramado sobre la barra de la cocina como si yo fuera la cena.
—A ti.
Sus manos eran abrasivas en mi piel, como si fuera dejando un incendio de placer a donde fuera que ellas estuvieran. Me ayudó a ponerme de pie al lado de la barra y acomodarme de nuevo con mi pecho contra el frío mármol mientras me abría las piernas.
—¿Esto es lo que quieres? —asentí frenética mientras se acomodaba en mi interior— dilo.
Me estremezco mientras mi cara se entierra aún más contra la almohada, decido que quiero repetir lo de anoche, pero al abrir los ojos me encuentro con la cama vacía. Al levantar la cabeza y mirar alrededor corroboro que estoy sola en la habitación. Me siento cubriendo mi cuerpo del frío con las sabanas y miro alrededor, pero estoy sola en la recamara de Edward.
Miro hacia el reloj de la mesita de noche, es demasiado temprano para que él esté en el trabajo. Salgo de la cama poniéndome la camisa de botones de Edward que estaba en el suelo, así como mi tanga del día anterior que estaba al lado de la puerta. El baño de la habitación está abierto y oscuro, así que no está ahí.
Camino siguiendo el sonido de la música electrónica, a pesar del bajo volumen encuentro el origen del ruido. El gimnasio del apartamento. Edward está bocarriba sobre una banca con una barra con peso haciendo brazo.
Me quedo en el marco de la puerta viéndolo flexionar sus músculos. El sudor haciendo que su ropa se pegue contra su piel y algunos gruñidos de su parte y yo ya estaba excitándome con algo tan simple como verlo ejercitarse.
Cuando finalmente mira hacia mí yo ya estaba devorándolo con la mirada.
—¿Te desperté?
Niego con mi cabeza, acercándome con pasos lentos hacia él.
—¿Todos los días haces ejercicio? —pregunto mientras él deja la barra en su sitio y se sienta extendiendo su brazo hacia mí como una invitación irresistible a acercarme.
—Cuando no me ejercito teniendo sexo contigo por la mañana, sí. Aunque casi siempre es por la noche cuando vas a dormir.
Trago con fuerza el nudo de fantasías.
—Un gimnasio —dije con tono firme como si respondiera una pregunta que nadie me había hecho, Edward ladeó su rostro con confusión.
—¿Un gimnasio?
—Cuando tenía como veinte años entré a un gimnasio y mientras pretendía ejercitarme tenía ese pensamiento loco de todos los lugares donde podría tener sexo dentro del gimnasio.
—Un gimnasio —dice comprendiendo de lo que hablo y sentándose para jalarme de la cintura y sentarme sobre él, con cada pierna al lado de sus caderas hacia las laterales del banquito en el que él estaba sentado— ¿dices que mientras estabas ejercitándose fantaseabas con todos los aparatos donde te gustaría follar? —pregunta mientras va desabrochando la camisa de él que llevo puesta, asiento.
—Le llaman motivación —su risa inunda el cuarto—. Cuando lo dices así suena muy sucio.
—Has sido tú quien lo dijo —paso saliva cuando su boca se acomoda en mi cuello succionando mi piel— ¿y cómo lo imaginabas?
Una sonrisa traviesa se asoma por mi mejilla sin poder contenerla.
—Umm… aquí.
—Tendrás que ser más descriptiva, Bella.
Con lo que me cuesta hilar oraciones coherentes en el sexo, ahora con él quitándose la camisa de ejercicio.
Le muestro cómo lo imaginé. No se conforma con penetrarme sobre la banca en la que se ejercitaba mientras su espalda está acostada en ella y yo encima de él. Lo quiere todo. Cada lugar, cada idea, cada postura extraña que pensé que fuera posible, quiere darme eso. Darnoslo a ambos.
Me lleva de un aparato a otro y vuelve a preguntarme cómo lo quiero, como si me preguntara por el lugar en que quiero mover un mueble, con naturalidad y a la vez con toda una carga sexual que me hace temblar ante la expectativa.
Estoy fuera de control por supuesto, apenas puedo nombrar los aparatos, en uno le indico que en mi cabeza parecía posible sujetarme solo de los antebrazos sobre la barra y dejar mi cuerpo colgando mientras él entraba en mí. Es más o menos sencillo. Edward se ríe de mí cuando al tercer intento no consigo sostenerme de los descansa brazos más de tres segundos.
—¿Estás segura?
—Que sí —digo terca, subiéndome de nuevo.
Aunque no lo es, en mi cabeza podríamos tener sexo de pie mientras yo sujetaba mi cuerpo en el aire, en la realidad no tengo ni de cerca la condición o la fuerza de hace dos años, sigo siendo muchos huesos y poco musculo.
Cuando en el cuarto intento no consigo mi cometido, Edward cambia de parecer, me hace poner mis manos en los descansabrazos del aparato mientras me abre las piernas hasta que chocan con las patas del instrumento.
—No te sueltes —pasa su mano a mi trasero sosteniéndome mientras su otra mano se entierra en mí, cada que intento moverme su mano en mi trasero se aprieta para detenerme, mis uñas se entierran en el aparato que sostengo con fuerza mientras la lengua de Edward se enreda en mi piel dándo círculos y leves mordidas, más, solo más. Más. Creo que lo estoy gritando, así que aprieto mi boca para callar mis gemidos, mientras él sigue dándome oleadas de placer con solo un par de sus dedos— ¿qué más quieres?
Tengo el pulso acelerado y la respiración arrítmica por completo, me muevo tambaleante hacia la bicicleta pero me detiene de la cintura.
—No voy a terminar en el hospital.
—Estaba jugando contigo.
No del todo.
En lugar de eso me lleva a donde hay una pelota de plástico del tipo que usa la gente en el yoga. Sé lo que quiero definitivamente. Tomo la pelota y le indico a Edward que se siente.
—Bella —no es una protesta sino un gruñido de aprobación— mis sueños no te hacen justicia.
Me rio de manera torpe ante el cumplido antes de hincarme frente a él.
Finalmente terminamos sobre el suelo con su frente recargada contra la mía. No puedo evitar la risa que brota de mis labios al darme cuenta que ha intentado y conseguido follarme en cada uno de los aparatos, excepto la biclicleta.
—Ya puedes tacharlo de tu lista.
Asiento feliz mientras mis parpados comienzan a pesarme.
—No te duermas, estoy sin energías y no podré llevarte a la cama.
—Mmm… déjame aquí.
—No, vamos —dice poniéndose de pie y dándome una mano para ayudarme a hacer lo mismo. Renegando le doy mi mano para levantarme y caminar de regreso hasta la habitación. Ambos desnudos, sudorosos y extasiados. Me resisto a ducharme tan pronto y en lugar de eso me acuesto en la cama.
—¿Quieres que le diga a Alice que no irás? —los sábados yo trabajo, es mi obligación ir, tengo que repetirme para no ceder ante esa oportunidad de faltar y dormir toda la mañana.
—Tengo que ir. Sólo dame tres minutos —digo recargando mi cabeza contra las almohadas mientras él va a ducharse como un adulto responsable. Escucho el ruido de el agua de la regadera, levanto una ceja y abro un ojo mirando hacia el baño. Me levanto renovando mis energías y sin pedir permiso me introduzco en la ducha frente a él. Pasa sus brazos alrededor de mis hombros mientras su lengua pide permiso para jugar con la mía. Sus labios comienzan suaves mientras se vuelven demandante. Su piel caliente y mojada por el agua es un imán para mis manos.
Sus manos me acarician también, se deslizan por mi espalda hasta llegar a mi trasero y dar un apretón contra él. me acerca a su cuerpo y puedo ver como su miembro vuelve a tomar vida mientras lo atrapo entre mis manos. El agua tambien se desliza entre nosotros, empapandonos y jugando con nosotros. Edward succiona la piel de mi cuello, provocan dome risas y gemidos por igual.
-Vamos a llegar tarde.
No está protestando contra eso, simplemente advirtiendome de un hecho inevitable, pero poco me importa ser irresponsable ahora.
-Sólo estoy haciendo feliz al hermano de mi jefa, es parte de mis obligaciones -se ríe mientras me da la vuelta haciendo que mis manos terminen recargadas contra el frío del azulejo, abro las piernas presionando mis pechos contra la pared.
-Jamás tendré suficiente de ti -dice antes de hacerse espacio en mi interior. Oh cielos. Es lo único que espero. Porque yo sé que nunca tendré la voluntad de irme de su lado.
Agradezco mucho a quienes siguen, leen y comentan esta historia. Un especial agradecimiento a:
Viridianaconticruz, Narraly, AngryC, Wenday14, Bella201820, Noriitha, Geminis1206Vatii, Terewee, Rosiichita, Carolaap, Ori-cullen-Swan, Edbell Mansen, Catita1999, Adriu, Angelus285, Cinti77
Dinámica para la segunda parte del capítulo Cita, Charlie y Celos: Nos leemos en 50 comentarios.
