Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

Errores, explicaciones y elecciones

Angielizz (Anbeth Coro)

NOTA PREVIA AL CAPÍTULO

IMPORTANTE DE LEER

Ya publiqué Una mujer sin corazón, mi recomendación es que vayas a ella antes de leer este capítulo, pero si las ansias te ganan igual puedes leer este capítulo antes y después pasar a mi perfil a buscar la historia de UNA MUJER SIN CORAZÓN, que será la historia que cuenta la relación de Alice y Jasper, que puede ser muy esclarecedora para este capítulo.

NOTA AL FINAL DEL CAPÍTULO

PD. LAS CANCIONES LE VAN COMO ANILLO AL DEDO AL CAP


Él

No words – Rhodes

El silencio entre nosotros es como pequeñas púas y alfileres capaces de incrustarse en nuestra piel, cualquier palabra que pudiera decir solo haría que esas púas se encajaran en nosotros. ¿Qué podía decir sabiendo que cualquier palabra de mi parte solo le causaría dolor?

Me limito a conducir en silencio.

No tengo idea de por dónde empezar, ¿debería hablarle de mi extinta relación? ¿disculparme por no contarle a tiempo? ¿explicarle mis motivos para mentir? ¿averiguar qué es lo que piensa de todo esto?

Bella se mantiene quieta mirando hacia la ventana a su lado, con sus brazos firmemente cruzados en sus piernas, con un rostro sin emociones.

—Bella, yo —intento hablar pero ella reacciona estirando su brazo, encendiendo la radio y subiendo el volumen. Sutil. Vuelvo a quedarme callado entendiendo que ella no quiere hablar. Se quita los guantes que le llegan hasta los codos y los deja caer en sus piernas, luego regresa a la posición inicial con sus manos en sus codos contrarios creando una barrera física frente a sí y con un rostro inexpresivo.

Luego de la calma que experimenté al comprobar que Bella seguía esperando tras de mí en medio del drama provocado por Heidi, regresó la tormenta. Mamá estaba de pie a unos pasos de distancia mía, con Carlisle tras ella. No había que ser un lector de mentes para ver a través de sus expresiones y comprender que ambos habían llegado a la misma conclusión. El idiota con el que me engañó Heidi, y la nueva novia de Peter era la misma pareja tras de mí.

—¡No me des la espalda, Edward! —grito con voz estridente Heidi a mis espaldas, parecía bastante dispuesta a seguir con el circo. Mis manos se convirtieron en puños pero no iba a seguir jugando esto, me resistía a caer en sus provocaciones y arruinarle más la fiesta a Carlisle y mamá. Respiré hondo intentando concentrarme en esa pequeña meta al final del túnel. No ponerme a su nivel.

Alice al lado de Bella mantenía sus ojos entrecerrados hacia Heidi, y podía ver por el modo en que se mordía el labio inferior lo mucho que le estaba costando mantenerse en su sitio y en silencio en lugar en lugar de lanzarse a la yugular de la histérica mujer a mis espaldas. Sus ojos se encontraron con los míos y negué lentamente sólo para ella. No. Si Heidi quería armar un falso alboroto y un drama donde no había más que cenizas, que lo intentara, pero no iba a darle el gusto, y tanto Alice como mamá que estaba ahora agarrada del brazo de Carlisle parecían entender ese pequeño acto de protesta de mi parte.

Bella estiró su brazo hacia mí con su palma hacia arriba, me concentré en ese pequeño gesto de su parte, ella seguía aquí a pesar de todo. Ojalá mis ojos pudieran decirle cuánto lamentaba todo esto, miré a mi alrededor, el circulo de invitados sólo crecía y podía ver los celulares de algunos apuntando hacia nosotros. Tomé la mano de Bella y entrelacé nuestros dedos, dándole tres leves apretones. Lo siento, lo siento, lo siento.

Ella me dio un largo apretón y una pequeña sonrisa de confort. Comencé a caminar, mamá estaba por alcanzar mi brazo cuando la voz de Peter apareció entre el murmullo de los invitados.

—Déjalo que se vaya con su puta barata.

Y entonces todo mi autocontrol se fue al carajo.

La pantalla del vehículo detiene la música y el rumbo de mis pensamientos, suena el sonido familiar del timbre de mi celular, y un número desconocido aparece en la pantalla. Cuelgo la llamada.

—¿Es ella? —pregunta Bella mirando hacia la pantalla del automóvil.

—No —lo siguiente que hice con Heidi después de sus insistentes llamadas a mi celular fue bloquear su número de celular, el de su casa y su oficina, también los de Peter por si ella intentaba contactarme a través de él.

Vuelve a entrar otra llamada, mismo número desconocido.

Pasan de las once de la noche, y sólo se me ocurre una persona que podría estar llamando después del caos que se desató en la fiesta de aniversario. Estiro mi mano para colgar, pero Bella es más rápida y responde la llamada. Yo cree esa desconfianza tengo que recordarme, posiblemente ella no me creyó cuando le dije que no se trataba de Heidi, ¿cuánto de lo que Heidi dijo realmente cree?

—Edward.

Reconozco la voz masculina enseguida, problemas y más problemas. Excelente noche, pienso sarcástico.

—Papá.

—Francis Cox acaba de enviarme un video de ti en la fiesta de tu madre —mantengo mi vista hacia el frente a pesar de ver de reojo a Bella mirando hacia mí.

—No esperaría menos de él.

—Me gustaría decir lo mismo, pero de alguna manera te las ingenias para decepcionarme una y otra vez.

Aprieto el volante con fuerza manteniendo mi vista atenta a los vehículos frente a mí.

—¿Podemos hablar mañana?

—No, tengo un día ocupado mañana —como siempre, su vida es tan ocupada que esta es la primera vez que se pone en contacto conmigo en un par de meses, ni siquiera me llamó cuando se canceló la boda—, ¿no te lo dije? Toda esa mariconería de Carlisle te ha jodido el cerebro.

—No creo que el esposo de mamá tenga algo que ver en esto.

—No sé cuántas veces tengo que decírtelo, las mujeres son unas zorras interesadas, apuesto a que el imbécil a su lado tiene una empresa más grande que la tuya. Si te hubieses dedicado a las telecomunicaciones conmigo eso no habría pasado, Edward.

—Si no fuera por mí, tu empresa estaría en la quiebra desde hace meses —le echo en cara sin poder tener tiempo de morderme la lengua.

—Los hijos, ¿para qué quieres más de uno si responden como unos malditos malagradecidos? Nada de eso habría pasado si Esme no fuera tan ridícula para armar semejante circo, bonita manera de echarme en cara nuestro fracasado matrimonio.

—No te atrevas a meter a mi madre en esto.

—Debí llevarte conmigo cuando tuve oportunidad. Si no fuera por el idiota de tu padrastro me habría quedado con tu custodia y entonces no tendrías que estar en un estúpido video entre dos mujeres que sólo están jugando con tu estúpido cerebro de

Bella vuelve a estirar la mano y presiona el botón rojo para colgar la llamada cortando abruptamente la perorata de mi padre. La música vuelve a inundar el automóvil.

—Lo siento —me disculpo al tiempo que bajo el volumen de la radio.

—No, yo lo lamento, no debí responder esa llamada.

—No me estoy disculpando por mi padre. Lo hago porque fui lo suficiente estúpido para pensar que esa puerta de mi vida ya estaba cerrada.

Vuelve a entrar la llamada, mismo número desconocido. Cuelgo.

—¿Sigue abierta…

Una nueva llamada entra interrumpiendo a Bella, a él sólo le interesa aparecerse en mi vida cuando la he jodido en grande o cuando necesita de mi ayuda. Saco mi celular del bolsillo de mi saco y presiono la tecla hasta que el celular se apaga.

—Eso ha terminado.

—Ella parecía muy… molesta.

Lo que en realidad quiere saber es si Heidi tiene alguna razón para estar molesta.

—¿Podemos hablar de esto en el apartamento?

Me gustaría poder saber la reacción de mis palabras en su rostro, así sabré cuales son mis posibilidades de solucionar esta situación, de este modo estoy a ciegas por completo.

—No estoy segura de querer hablar sobre esto hoy, ¿puede ser mañana?

Ella no quiere hablar, pero al menos sigue pensando en un mañana que nos involucra a los dos.

—De verdad lo siento.

—Lo sé.

Ella

CHPTRS –Last Chance

Edward camina unos pasos detrás de mí. Teodoro nos desea una hermosa velada mientras recibe las llaves del automóvil azul. Tengo un terrible dolor de cabeza ahora mismo, aunque nada comparado al remolino de emociones que sigue girando como tornado dentro de mí.

La noche pudo haber terminado de manera casi, casi, decente hasta que el tal Peter decidió romper con su silencio y provocar a Edward una última vez:

—Déjalo, que se vaya con su puta barata.

Honestamente no era la primera ni la décima o centésima vez que alguien se había referido a mí de esa manera. La primera vez respondí altanera ante la falta de modales del borracho que me hablaba de ese modo, para la décima solo le rodé los ojos, pero a la centésima ni siquiera me importó, la palabra cayó vacía en algún punto frente a mí como por fuerza de la gravedad. Sin embargo…

Edward no parecía pensar igual a mí. Y lo que pasé por una fracción de segundo que sería sólo una palabra vacía sin efecto, resultó ser un detonante.

Soltó mi mano y se giró a encarar a Peter.

Apenas fui capaz de sostener su brazo para evitar que diera el último par de pasos antes de darle un golpe a ese grandísimo imbécil.

—Edward, no importa.

—Claro que importa.

—Mírame. No importa.

Sus ojos azules helados se volvieron en un segundo en una marea cálida y suave al enfocarse en mí. Jasper se acercó en ese momento para intervenir en caso de ser necesario.

—Edward —le habló con voz baja su amigo intentando calmarlo.

—Son solo palabras vacías —me encogí de hombros—, no importa.

—Eso diría una puta barata —añadió Heidi cruzándose de brazos y riendo.

—Maldita zorra con mal gusto, ¿cómo putas te atreves? —Alice intervino incluso antes de que Edward y yo pudiéramos formular alguna frase para replicar. Edward intento atrapar a su hermana, pero Alice era mucho más agil que él y esquivo la mano de su hermano que buscaba detenerla, en su lugar consiguió acercarse a Heidi y darle una sonora cachetada para el asombro de todos los presentes.

¿Había dicho antes lo encantadora y aterradora que era Alice de manera equilibrada? Podía ser un pequeño conejito dulce, y también podía ser un gigante ser aterrador de uno sesenta de altura.

En ese momento era aterradora. Heidi regresó el rostro hacia el frente parpadeando en un intento por lidiar con el dolor que seguramente estaba sintiendo en ese momento.

—Entre putas se cuidan, lo entiendo —se encogió de hombros—, pero no puedes estar molesta porque esté saliendo con Peter, si no pudiéramos salir con los hombres que te has follado todos estarían vetados.

—Mira, tú… —pero ninguna frase salió de los labios de Alice. Peter miraba hacia Alice con una ceja levantada y una sonrisa cada vez más burlesca, era un maldito idiota despreciable— ustedes son… —pero ahí estaba Alice que usualmente era rápida para hilar oraciones y replicar con insultos sin ninguna palabra.

—¿De verdad estás rodeado de putas, no? —volvió a hablar Peter y esta vez no lo dudé, esto no era sobre mí, sino por Alice, solté el brazo de Edward.

En un segundo el puño de Edward estaba estrellándose con fuerza contra la nariz de ese idiota.

—¡Edward! —grito Heidi y los murmullos fueron en aumento. Sólo un puñetazo bastó para que Peter terminara en el suelo agarrándose la nariz y lamentándose de dolor. Jasper ya estaba agarrando a Alice del brazo cuando intento irse. Y Edward estaba de regreso a mi lado mirando hacia el idiota al que acababa de golpear.

—¡Me ha roto la nariz! ¡Ese animal!

—Es suficiente. Los quiero fuera de mi fiesta. Ahora —Esme se acercó hasta posicionarse frente a la que había sido la prometida de su hijo—. No te basta no tener una buena reputación, sino que ahora vienes aquí a arruinarla por completo, y de paso tu carrera. ¿Crees que alguien aquí va a considerar trabajar con una mujer tan inestable, mentirosa y ridícula? Yo no lo creo. Y honestamente, este intento de venir a molestar a mis hijos y a sus parejas es desesperado.

—¿No te avergüenza la poco ética familia que estás creando? Permitiendo que tu hija sea una

—No me interesa lo que una mimada como tú pueda pensar de mi familia, no eres nadie aquí, no estás invitada a mi fiesta. La invitación a Peter ha sido exclusivamente por consideración a su madre, pero nadie pensaría que serían tan idiotas para asistir y ponerse en ridículo. Los quiero fuera. No sepultes tu carrera, porque estás a una frase de hacerlo —se giró para mirar a Peter que seguía agarrándose la nariz hincado en el suelo—. Levántate, y vete de aquí. Ahora.

E increíblemente, Peter se puso de pie y salió trastabillando con la mano en la nariz abriéndose paso entre la gente en dirección a la salida. Heidi miraba hacia mí con odio, arrugando su rostro como si se transformara de una mujer hermosa a un ser malvado.

—Una frase —advirtió Esme.

Y levantando el mentón giró sobre sus talones y comenzó a caminar a paso lento y elegante por el mismo camino que había salido Peter. Alguien comenzó a aplaudir y pronto la multitud siguió los aplausos con chiflidos.

¿Si habíamos salido triunfales por qué no se sentía de esa manera?

Edward me dio un apretón antes de caminar conmigo hacia su hermana que estaba del brazo de Jasper.

—Alice yo —ella negó con su cabeza cortando cualquier frase que fuera a decir Edward.

—Aquí no —le dijo a su hermano antes de mirar a Jasper con intensidad y sufrimiento—, salgamos de aquí —volvió a mirar a Edward poniéndole la mano en la mejilla—. Ojala le hayas roto la nariz.

—Lo intenté.

Eso consiguió una pequeña sonrisa en ella, me miró a mí y en ese momento Edward decidió ir hacia donde estaban sus padres.

—Escuchalo, Bella. Tú le importas.

Miré el suelo.

—No importa el pasado —me dijo Alice dándome un apretón en el hombro antes de pasar caminando con Jasper hacia la salida.

Pero sí que importaba. Importaba demasiado.

Bella —la voz de Edward me devuelve a la realidad, estoy caminando hacia mi habitación, él se ha quedado parado al lado de la puerta del apartamento— prometiste que no te irías hasta que pudieras tener el modo de ser independiente o yo lo dijera explícitamente —respiro hondo, ¿está por echarme? Muerdo con fuerza mis mejillas internas, asiento y espero que continúe porque de pronto el ardor en mi garganta me demuestra que será imposible pronunciar ninguna palabra.

Y espero que continúe, pero él ya no vuelve a hablar, demasiado entretenido mirando hacia los marcos de fotografías que están sobre una mesita de madera frente a la puerta principal.

Respiro despacio y exhalo intentando tranquilizarme. No debí responder esa llamada, tal vez tampoco debí asistir a esa fiesta, definitivamente no debí involucrarme con él. ¿Por qué no me ha contado sobre su casi matrimonio?

—De acuerdo —las palabras salen en un volumen bajo y tambaleándose en mis labios de manera insegura.

No estoy cerca de alcanzar la independencia por mi cuenta, así que debe ser la segunda opción, está por sacarme de su vida. Aunque no tiene sentido, ¿por qué lo haría? Tal vez si no fuera por mi culpa esa mujer no lo habría humillado de esa manera en la fiesta de sus padres. Pero Edward me había pedido que me quedara a su lado, ni siquiera soltaba mi mano, se veía incluso aliviado cuando se dio la vuelta y me encontró tras él. ¿Entonces porqué está recordándome ahora esa promesa?

Estoy cansada emocional, física y mentalmente, lo único que quiero es dejar mi cuerpo caer contra la cama, enterrar mi cabeza en la almohada y dormir sin pensar en nada de lo que ha pasado hoy. Pero parece que Edward tiene otros planes sobre mí. Yo le hice una promesa. Y justo ahora no estoy de humor para rodeos, si quiere sacarme de su casa tendrá que decirlo con cada una de las letras que esa frase requiere, pero eso no evitara que vaya a dormir a esa cama cómoda que está esperando por mí.

—¿Y?

Mi voz suena ahora seca y un poco mal-humorienta.

—Y eso. No tienes ningún plan B para irte y no te quiero fuera, así que no vas a irte ¿cierto? Lo prometiste.

Oh. Él no quiere que me vaya, sólo está asegurándose que yo no actué de manera dramática y hormonal y huya como he hecho antes.

—No me iré —no al menos hasta que lo pida—, estoy cansada, me daré un baño e iré a dormir. ¿Hablamos mañana?

Espero que entienda lo que hay detrás de mis palabras. Necesito espacio. Él asiente sin acercarse y lo agradezco, porque no sé si sería capaz de mantenerme firme a mis intenciones.

Bajo la ducha siento como si cada gota de agua pudiera tocar fibras sensibles de mí. Hago un repaso de lo que esta fiesta me ha mostrado: Edward iba a casarse, rompió el compromiso con esa desquiciada e insensible mujer, ¿la razón? Ni siquiera había considerado las posibilidades aunque seguramente se debía al mal genio de esa maldita bruja, al parecer hubo una fiesta de cumpleaños en lugar de una boda y esa era la razón principal para la aparición de ella en el aniversario de Carlisle y Esme, Esme no toleraba ni un poco a ella justo como había mencionado Edward antes, Peter era un idiota sin voluntad, Heidi parecía saber algo sobre Peter y Alice que la convirtió en un conejito herido con sólo un par de palabras, Peter era un idiota sin sentido común y eso había hecho que se ganara un puñetazo, Esme era elegante incluso para enviar a la gente al demonio. Había mucho que no sabía de Edward, eso era cierto.

Me pongo una blusa de seda y un short corto de la misma tela para dormir, me acomodo en las almohadas sin importarme que mi cabello siga húmedo.

¿Pero podía exigirle decírmelo todo? ¿No era yo una mentirosa? ¿No estaba él rodeado ya de demasiadas mentiras? ¿Cómo podía exigirle conocer su pasado y su alma cuando no había hecho eso yo?

¿Qué hay de mí para ofrecerle a él?

Y ese es el último pensamiento coherente antes de conseguir quedarme dormida.

Estaba en mi viejo apartamento. Me levanté del abollado e incómodo sofá y miré hacia la ventana, abajo había algunos niños jugando con un balón de futbol, del otro lado de la acera unos jóvenes estaban fumando marihuana y unas chicas tomando cerveza a medio día. Recargué mi frente contra la ventana esperando que el tiempo transcurriera. Sujeté con fuerza mi estómago y respiré hondo. Fui hacia el congelador, pero otra vez no quería funcionar correctamente, así que los cubos de hielo eran agua fría. Eso no serviría para ignorar el hambre. Había desayunado esta mañana, no debería doler de esta manera, pero dolía.

Comencé a masticar aire, esperando que el movimiento de mi mandíbula funcionara para engañar al hambre. Pero no cedía. Lo intenté un rato más, pero lo único que conseguí fue un dolor punzante en la quijada y prestar más atención a la quemazón en la boca de mi estómago. Decidí ir con la vecina por hielos. Tomé uno de los dos vasos de vidrio con los que contaba y salí de mi refugio.

El pasillo era horrible, luces parpadeantes y paredes graffiteadas, me apresuré a tocar a la puerta y por suerte abrió Mirna, Joel debía estar fuera o drogado en la habitación.

—Hola, niña.

—¿Tienes hielo? Mi refrigerador volvió a descomponerse.

—Dame un segundo —dijo tomando el vaso que le estiraba y volviendo a su departamento. Regresó con mi vaso con hielos hasta el tope y en su otra mano una pizza de champiñones y peperonni, la boca se me hizo agua mientras miraba la rebanada—, aquí tienes —me acercó el vaso al tiempo que ella le daba una mordida a su pizza. Mi estómago comenzó a arder como una hoguera mientras yo salivaba en silencio.

—Gracias.

—¿Quieres pizza? —ofreció, y aunque yo estaba muerta de hambre tuve que negar con mi cabeza porque lo que menos necesitaba era pedirle un favor mayor a agua congelada. Era sabido en el edificio que Mirna y Joel se cobraban los favores con intereses elevados.

—Ya comí, gracias —las tres palabras más difíciles de pronunciar en mi vida.

Tomé el vaso de hielo y regresé a zancadas a mi apartamento. Cerré la puerta con seguro y me llevé dos cubos a la boca.

Me senté en el suelo contra la puerta mordisqueando el hielo y pensé en Charlie, recordándome que mi dolor valía la pena. Había tenido que enviar un poco más de dinero porque se había enfermado del estómago y los medicamentos eran caros al igual que la factura del hospital. Además, tenía que pagar mi deuda con Don, lo que me dejó para lo necesario y nada más, una comida al día y ya.

No debí desayunar tan temprano. Me metí un tercer y cuarto cubo de hielo, pero lo único que conseguí fue entumir mi boca pero no mi hambre.

Me levanté y volví a la ventana, ahora los que habían estado fumando marihuana estaban molestando a los niños que jugaban con el balón, al parecer la pelota había caído cerca de uno de los jóvenes y le había hecho molestar.

Los niños no eran mayores a Charlie, y los jóvenes deberían estar en la preparatoria, pero la distancia de edad no importaba porque lo siguiente que ocurrió fue que comenzaron a golpear a uno de los niños a patadas. Me alejé de la ventana y corrí hacia la puerta.

Lo que era estúpido y peligroso de mi parte, pero era solo un niño y ese bravucón estaba haciéndole daño. Corrí por el pasillo parpadeante y oscuro y luego por las escaleras de dos en dos. Cuando llegué a la calle seguían golpeando al pequeño y entre más me acercaba más sencillo era reconocer al niño que estaba en el suelo.

—¡Basta! ¡Basta! —grité intentando correr, pero mis piernas no respondían y al mirar abajo había dos grandes bloques de hielo en mis pies deteniéndome en mi sitio. Intenté empujar con mis pies, pero era imposible, así que comencé a golear con puños hacia los hielos para intentar liberarme, en vano. Ellos seguían golpeando al niño de cabello rubio en el suelo sin ningún tipo de piedad— ¡Charlie! ¡Charlie! ¡Basta!

—Bella —Edward, miré a mi alrededor buscandolo, pero seguía plantada en el pavimento mientras a unos metros mi hermano seguía siendo golpeado.

—¡Charlie! —seguí intentando golpear al hielo, pero en lugar de ceder crecía ahora llegándome hasta las rodillas. Mis manos comenzaron a sangrar por los golpes pero el dolor de mis manos era tolerable— ¡Charlie!

—Bella, despierta.

No. Tenía que evitar que siguieran lastimándolo. Forcejeé contra el hielo que ahora estaba en mis brazos zarandeándome.

—¡Basta! —mi hermano se retorcía en el suelo llorando intentando cubrirse de las patadas y golpes, empujo el hielo con más fuerza rasguñando mi piel pero no cede— ¡Charlie!

—Bella.

Jalo aire de manera brusca y de pronto ya no estoy en la calle sino en la habitación con luces tenues. Edward me tiene contra su pecho, mientras yo intento recuperar mi respiración. Paso mis manos detrás de su espalda acercándolo a mí como si temiera regresar a esa calle o a esa vida.

—Shhst, ha sido sólo una pesadilla.

No, no era sólo un sueño. Era un recuerdo que se había grabado en mi subconsciente hasta convertirse en una pesadilla para perseguirme y no importaba cuántas veces reviviera el sueño siempre se sentía como la primera vez. Como esa vez que me quedé plantada en la acera sin poder hacer nada por el niño que golpeaban por una tontería y que más tarde iban a declarar muerto en el hospital.

Lloré contra el pecho de Edward.

—¿Quieres hablar de eso?

Tenía siete sueños que me perseguían.

El sueño de mamá y papá cayendo del avión, me recordaba el dolor de su pérdida. El sueño de Tía en el que me corría de nuevo de mi casa y me lanzaba a las llamas, me hacia sentir impotente y débil. El sueño de la ciudad, en el que me encontraba entre calles y edificios desconocidos sin saber qué estaba buscando, me daba pánico entre todo lo desconocido a mi alrededor. El sueño de Eric, cuando me echó a patadas de su vida, me hacía sentir estúpida y sin valor. El sueño de Don, cuando llegué por primera vez a su burdel, me asqueaba y aterraba a niveles alarmantes. El sueño del burdel, me convertía en una persona sin emociones, como un objeto más. El sueño del niño al que no había podido salvar a tiempo por congelarme de miedo, me hacía revivir la culpa.

Mis hombros tiemblan y me doy cuenta que estoy sollozando ahogándome con mi propio llanto.

—Fue solo una pesadilla, Charlie está bien.

Charlie está bien, pero no ese otro niño. Ese niño nunca volverá a estar bien o mal, sencillamente no está en absoluto. Y yo pude haber hecho más. Pude haber dudado menos en la puerta antes de salir de mi apartamento, pude haberlo previsto desde que los vi jugando cerca de esos estúpidos drogadictos, pude haber corrido por las escaleras de dos en dos en lugar de caminar con prisas.

—Cuéntame —pide contra mi oído y yo entierro aún más mi cara contra su corazón intentando encontrar refugio en él, aunque haya prometido amar toda una vida a otra mujer, incluso aunque mis sentimientos sean más fuertes que los suyos por mí, aunque él nunca llegue a ser capaz de amarme, lo único que quiero es poder hacerme espacio en su alma.

Pero ¿cómo puedo hacerme espacio en él si no le permito entrar en mi propia alma oscura y llena de cicatrices y temores? Así que despacio comienzo a contarle el sueño.

—Estaba en mi anterior edificio…

Cuanto más le cuento más me aprieta contra sí. Así que cuando llego a la parte en la que está Charlie en el suelo, tengo que explicarle también la razón de ese sueño, porque de otro modo sólo estaría abriéndome a él a medias. Y quisiera poder contarle todo, si solo supiera que no me sacaría de su vida al descubrir mi verdad. Pero lo hará, lo sé. Aunque puedo contarle esto, porque lo necesito. Necesito sacarme un poco de mi culpa de encima al menos por una vez.

—Hace unos meses vi como mataban a un niño a patadas sobre la acera del edificio.

Cuando termino de hablar el silencio me retumba en los oídos como un eco doloroso, lo único que escucho son mis respiraciones agitadas y temblorosas por el llanto, y nada más. Edward se ha quedado estático y ahora ni siquiera siento su cuerpo apretándome contra él. Aprieto los labios, ¿sería demasiado? Claro que es demasiado. Y ni siquiera es lo peor de mí. Respiro hondo sin animarme a mirarlo, dejo caer mis brazos de su espalda al colchón, soltándome también de él. ¿Este es el fin?

Siento mis ojos volver a picar al igual que toda mi piel. ¿Hay manera de retractarme? No. Espero impaciente.

Y como si el momento no fuese ya malo, mi estómago comienza a gruñir por comida, cierro los ojos como si así pudiera controlar ese órgano de mi cuerpo para callarlo. Pero no cede. Mordisqueo de manera leve y continua el interior de mis mejillas, pero tampoco funciona. Cállate, le ordeno a mi cuerpo, pero el hambre parece no ceder. Claro, por eso soñé con la pizza.

—Tienes hambre —dice Edward llegando a la misma conclusión que yo.

No nos quedamos a la cena de la fiesta y mi última comida fueron unos pequeños sándwiches preparados con rapidez por Alice para no perder tiempo en el maquillaje.

—No —miento y mi estómago vuelve a contradecirme gruñendo.

—Tenías hambre antes del baile —recuerda relacionando mi sueño con la realidad. Niego con mi cabeza, si no hubiera sido pizza habría soñado con una hamburguesa, con una bandeja de carnes frías, con chucherías o con cualquier cosa que pudiera saciar mi hambre.

—Tengo sueño —miento, aunque mi estómago vuelve a gruñir, suspiro resignada.

—No deberías haber pasado por nada de eso —dice contra mi cabello y me vuelve a apretar contra sí, mis pulmones se hinchan de aire y esperanza, intento mirarlo a pesar de la poca distancia entre nosotros—. Eso no fue tu culpa, fue de ellos y posiblemente si tú hubieses intervenido… —no parece capaz de terminar la frase—. Bella nada de eso tiene que ver contigo —y me gustaría creerlo, pero sé que si él supiera la historia completa de mi vida no pensaría así. ¿Qué más podría haber esperado que pasara en ese lugar que abunda en drogas y prostitución? Si él supiera que la primera noche que nos conocimos me rescató de un cliente borracho, no pensaría así. Si él supiera lo que hacía para poder comer no estaría acercándome a su cuerpo, pondría una maldita muralla y se alejaría de mí sin mirar atrás. Nuevas lágrimas se deslizan por mi mejilla—. Nunca vas a regresar ahí —limpia mis mejillas con sus pulgares sosteniendo mi rostro y haciendo que miré el azul cálido de sus ojos—, te lo juro.

—No lo sabes —no sabes todo, no sabes de dónde me has sacado realmente, no sabes que tenía que caminar en ropa interior con zapatillas de aguja con estampado de tigre entre hombres borrachos que querían tocar mi piel, no sabes que una vez por semana tenía que subir al escenario y bailar para ellos, no sabes que la propina de los últimos días había sido tan mala que los dejaba tocarme las piernas mientras me acercaba a dejar sus bebidas, no sabes que mi deuda a Don me aterraba tanto que mi método de ahorro consistía en comer sólo una vez por día. No sabes nada de ese infierno, sólo sabes que me rescataste de un edificio maloliente gracias a un vecino drogadicto que me jaló del brazo, si sólo supieras que cada noche tenía que enfrentarme a decenas de hombres como él, yo no estaría aquí.

—Sí lo sé, Bella —no, no lo sabes. Pero permito engañarme un poco con sus dulces palabras y lo dejo que siga limpiando mis mejillas y abrazandome contra él. Y yo sé que no lo merezco, que él ya ha pasado por suficiente, que ya tiene una exprometida mentirosa para añadir una nueva novia que también le oculta lo peor de sí misma. Si él supiera las horribles cosas que he hecho, toda esa imagen que ha creado de mí se desmoronaría pronto. Y no importa cuánto tenga que repetirme a mí que yo no soy Becky, que soy Bella, sólo Bella, el pasado como Becky siempre estará ahí.

Quince minutos más tarde tengo frente a mí la cena recalentada de ayer. Me obligo a pasar la comida por mi garganta ignorando la mirada de Edward sobre mí. ¿Qué hora será? Me pesan los párpados por el llanto, aunque no por el sueño.

Edward sigue mirándome como si estuviera evaluándome. Mantengo mi vista en el plato cada vez más vacío, pronto me quedaré sin excusas para no mirarlo. Como de manera lenta, retrasando lo inevitable hasta donde sea capaz.

¿Soy demasiado?

O todo lo contrario. Quizás estoy demasiado rota, para este punto debe estar hilando todas las historias y llegando a las peores conclusiones posibles, tal vez la vida sólo me ha dejado en pedacitos y no hay mucho por ofrecerle. No hay nada para ofrecer. Cierro los ojos intentando concentrarme en el aquí y ahora.

Me levanto del banco sin decir nada y dejo los trastes bajo el chorro de agua. No debí decirle nada. Mierda. Estaba más dormida que despierta, en mi defensa, y me sentía vulnerable.

Le ha lanzado una granada explosiva. Y ahora él debe estar reconsiderando toda nuestra situación porque de otro modo no…

—Descubrí que me estaba engañando dos semanas antes de la boda —dice Edward de pronto, me giro para verlo.

Edward me sigue dando la espalda mirando hacia la sala, me acerco el paso que nos separa y dejo mi cabeza contra su espalda pasando mis manos alrededor de su torso y enredándolas entre sí frente el pecho de él, intentando darle todo en un simple abrazo.

—Ella no te merecía.

¿Cómo alguien podría pasar de él? ¿Cómo alguien siquiera podría considerar en cambiarlo por otra persona? ¿Cómo podría alguien ser capaz de traicionarlo de esa manera?

—¿Ella te lo dijo?

Niega con su cabeza. Oh.

—Lo descubrí por mi cuenta.

—Pero ha pasado mucho de eso, Edward. Y por la escena que armó en la fiesta debe estar molesta que hayas podido continuar con tu vida después de todo.

No responde. ¿Realmente continuo con su vida después de ella? Quizás soy un punto intermedio entre diversión y apoyo para olvidar. Un punto intermedio muy complicado porque estoy llena de mierda hasta el cuello y traumas y dolor y miedos. Doy un paso hacia atrás rompiendo con el abrazo.

—¿Hace cuánto está en el pasado? —no responde, en su lugar se gira para mirarme y puedo ver como su ceño se hunde más atrapado en sus propios pensamientos, posiblemente no tiene una respuesta para eso. Enterrar el pasado es más difícil que solo cavar un hueco en el jardín.

—Rompí el compromiso una semana antes de conocerte.

Esperaba una respuesta como de un año o medio año o muchos meses de distancia. Eso no ha sido ni siquiera un par de meses transcurridos. Uh.

Y de alguna manera esa es la pieza del rompecabezas que me hacía falta para comprenderlo todo. Parpadeo y dejo caer mis brazos a mis costados, por supuesto. A él le habían roto el corazón, estaba vulnerable.

Por eso no me lo ha dicho, porque sabía que llegaría a esta conclusión. Y no hay nada qué decir al respecto. Pero qué estúpida había sido, mientras yo me enamoraba de él, él estaba… no, él no estaba desenamorándose, él estaba distrayéndose conmigo. Como un curita que se pone encima de una herida grave.

—¿Sabías que ella iría?

—Esperaba que no lo hiciera, Diana y mamá son mejores amigas, así que invitó también a su hijo.

Peter había sido la razón del rompimiento.

—Por eso todos me miraban así en la fiesta —comprendo, ellos no sólo me juzgaban por mi apariencia sino que además me comparaban con su anterior prometida, quizás preguntándose de dónde me había sacado en tan poco tiempo.

Él iba a casarse. Eso suena a algo importante. ¿Y si verla lo ha hecho recapacitar al respecto? ¿Me va a sacar de su vida para recuperarla? Es imposible, no después de lo que ha ocurrido hoy, ¿no? Aunque lo que sea que ella tiene con Peter no puede ser tan importante si ese hombre coqueteó conmigo en la barra y si ella me atacó verbalmente frente a todos los invitados. Muerdo mis labios con fuerza al igual que mis puños. Si eso va a pasar lo mejor es saberlo pronto. Tengo el dinero suficiente para un celular caro, eso debe valer dos meses de renta, supongo.

Respiro hondo sintiendo como la bola de púas se instala en mi corazón lastimando todo lo que toca y creciendo con rapidez. Aquí y ahora.

—Si ella arruinó la fiesta de tus padres, aun le importas —no dice nada, así que continuo—, todavía podrías casarte con ella.

Aunque no entiendo cómo podría querer casarse con ella después de arruinarle la fiesta a Esme. Ahora su rostro se ve completamente molesto con la quijada apretada. Retrocedo mientras mis uñas se incrustan contra mi piel para mantener al margen a mis sentimientos.

—¿Eso es lo que crees que quiero?

—No tengo idea de qué quieres, honestamente. No sabía que te ibas a casar hasta hoy… así que no sé nada. Sólo digo que ella aún está interesada y que aun podrías —mi voz falla y tengo que pasar saliva antes de volver a hablar— tener eso.

Casarte y ser feliz con esa mujer que aún es una desconocida para mí.

Sacarme de tu vida y fingir que nunca pasó nada de estas semanas.

Ser amado una vida entera, aunque yo podría hacerlo tres o cuatro o cien.

Pero no digo nada y solo espero que él hable. Pero él no habla y mis uñas no lastiman lo suficiente para mantener al límite mis emociones y estoy a unos segundos de perder el control sobre mí.

—Sólo digo que lo pienses —insisto.

¿Cuánto va a tomarle pensarlo? ¿Mañana tendrá una respuesta para mí? ¿Qué haré sin él? Que injusto es conocerlo y amarlo y ser correspondida y luego no ser elegida. Le prometí que no saldría huyendo hasta que él dijera en voz alta que no me quería más aquí, pero la espera puede ser aniquiladora. Y tal vez no quiero esperar.

Me pesan los parpados y estoy agotada emocionalmente, pero tengo que encontrar alguna fuerza para sostenerle la mirada y mantenerme firme de pie frente a él.

—Aunque si tienes que elegir, preferiría que lo hicieras ya.

—No hay nada que elegir —asiento. Por supuesto que no soy una competencia. ¿En qué clase de drama me he metido al aceptar vivir aquí? Me había acostumbrado a no tener ningún sentimiento ni emoción en mi anterior vida que ahora todo es demasiado.

Nos quedamos en silencio, ¿qué hora es? Por suerte ya debe ser sábado y no tengo que preocuparme por desvelos, aunque tampoco era mi intención desvelarme con un rompimiento.

—Bella… —lo interrumpo cubriendo su boca con mi mano, no quiero oírlo decirlo en voz alta.

—No lo digas —me concentro en el lunar sobre su cuello y tambien en parpadear para no llorar—. Ya lo sé —quita mi mano de su boca tomando mis dos manos entre las suyas, mi labio tiembla, oh mierda, va a decírmelo de frente.

—No lo sabes.

—Edward, está bien… soy sólo una extraña.

—Tú no eres una extraña. No quiero eso. Heidi está en el pasado, y eso no va a cambiar nunca.

—¿Nunca me lo ibas a decir? —nunca es un tiempo tan largo como siempre, y tal vez él no ha esperado nunca que esto dure para siempre, ¿así que para que arruinarlo antes?

—Tenía miedo de tu reacción —levanto una ceja—. Puedo ver incluso ahora como tu cerebro está considerando tu salida de emergencia. Sé, y soy consciente de eso, que tu llegada a mi vida se dio en un momento complicado para mí. Pero querer ayudarte fue un acto totalmente desinteresado de mi parte.

Muerdo mis mejillas internas con fuerza para enviar el dolor a ese lugar y mantener mis emociones tan al margen como me sea posible.

—¿Te arrepientes sobre esto? —necesitaba saberlo, niega con su cabeza y toma mi mentón con dos de sus dedos.

—No hay nada que arrepentirme sobre ti.

—Pero ahora la has vuelto a ver y… —vuelve a interrumpirme poniendo su dedo sobre mis labios.

—Y nada. Me ha costado más de lo que crees no golpear a Peter cuando lo vi a punto de tocarte. Ellos no me interesan, en absoluto.

Él

Asiente con lentitud y cuando creo que por fin la he hecho comprender cuánto significa para mí vuelve a hablar demostrándome todo lo contrario.

—Creo que estás precipitándote

—¿Precipitándome en qué sentido? —suspiro con molestia.

—Conmigo. No estoy segura de ser del tipo de persona que puede solo jugar, sin terminar emocionalmente involucrada. Creo que quiero retroceder un poco.

—Estás dejando que ella intervenga entre nosotros.

—No es ella la que está interviniendo. Soy yo. Yo ya pasé por mucho para terminar con el corazón roto —su labio comienza a temblar— no sé cómo solo quedarme con el sexo sin involucrarme más.

—No estoy pidiéndote eso, Bella. No te veo como un juguete sexual sin sentimientos.

¿Por qué insiste en fingir que es sólo un objeto para mí? Antes me ha dicho que estaba de acuerdo con una relación abierta cuando claramente tenía una crisis emocional en su cama, y ahora está aquí diciéndome que puede convertirse en una muñeca sexual sin emociones.

—No conscientemente.

—¿Crees que eso es lo que espero de ti?

—Sé que no esperas más de mí —aprieto la quijada.

—¿De qué hablas? —jalo mi cabello con desesperación, solo quiero entender esa cabecita que insiste en pensar en el peor escenario, pero estoy lejos de conseguirlo.

—Sería tan fácil si solo me miraras de verdad —¿de qué habla?

—Eso estoy haciendo —sacude su cabeza.

—Soy sólo el puente para tu siguiente vida.

Tan terca.

Llevo una de sus manos a mi pecho poniendo su mano extendida en mi piel, donde debe estar el pulso de mi corazón.

—No voy a prometerte nada que no pueda cumplirte, Bella.

No responde, en su lugar sólo me mira con sus grandes ojos atormentados.

—¿Puedes confiar entonces en que estoy en esto tan involucrado como tú?

Ella agacha la mirada sacudiendo su cabeza.

—Sé cómo va a terminar esto, Edward. Todavía estoy a tiempo de dar media vuelta.

—¿Qué quieres decir?

—No sé cómo voy a poder salir de aquí completa cuando termines de distraerte conmigo.

—No eres una distracción, Bella.

—Haz hecho mucho más de lo que te imaginas por mí, pero no puedo volver a estar en la misma situación que antes.

Siento como si cayera, como si me estuvieran lanzando de un treinta y doceavo piso sin aviso, sin paracaídas, sin manera de aferrarme y sobrevivir a la caída, se siente justo como cuando era niño y papá decidió que el único modo en que me haría volverme valiente sería llevarme a esas estúpidas clases de natación y lanzarme de la plataforma alta en el primer día, con sólo unos salvavidas en los brazos. Me siento justo como entonces, sabiendo que debía saltar aunque solo quisiera volver a la seguridad del suelo. Y recuerdo a papá desde su asiento en las gradas gritándome que era un cobarde por no saltar. Salta, Edward, salta. Se siente justo así, como cuando el profesor intentó hacerme bajar por las escaleras, pero yo me eché a llorar en el suelo de la plataforma sin atreverme a mirar hacia abajo, completamente aterrado de la distancia al agua.

—¿Estás terminando conmigo?

Intento respirar con normalidad, pero es igual que cuando papá tuvo que subir por mí a la plataforma y decirme que todo estaría bien, que lo había hecho bien, y cuando agarré su mano y me puse de pie, me jaló a la orilla y mientras yo le gritaba que no lo haría, él dijo que eso me haría valiente, como él, como un maldito hombre. Se siente justo como cuando papá me empujó y yo grité por ayuda y luego el grito hizo que el agua llenara mis pulmones.

—No, yo sólo necesito tiempo para procesar todo esto. ¿Podrías darme eso?

Respiro hondo, con alivio, estoy a salvo, en el suelo.

Podría darle lo que me pidiera, podría darle mucho más que esto, pero si ella quiere tiempo para asimilar todo entonces supongo que también puedo darle eso.

¿Cierto?


Antes que nada, muchas gracias por leer, comentar, y seguir esta historia. Si no menciono tu nombre es porque FF ha tenido problemas y no me deja leer los comentarios nuevos, pero estás en la lista de agradecimientos sin dudarlo, junto a: Narraly, Noriitha, NarmaVeg, miop, annymartinez, Adriu, Wenday14, Maribel1925, Andre22-twi, Terewee, Catita1999, Rosiichita, Vane, Sara, Nana, Analy, Maydi94, Isa, Bella201820, Cindy77, Sindypaolajarabanagonalez, Sara, JadeHSos

¡Lo sé! Es como demasiado para digerir, ¿cierto? La verdad es que ya tengo como he dicho antes muchos borradores de los siguientes capítulos y este lo tenía desde hace uuuf mucho tiempo, aunque me faltaba llenar algunos conectores de la historia, por eso la demora.

¿Qué tal la aparición de Aro (el papá biológico de Edward y Alice)? Honestamente es el personaje que más me molesta, como ya tengo casi lista la novela de la mamá de Edward, entonces obviamente aparece el exesposo y es para patearle la cara, esa historia esta casi lista porque cada capítulo es como de tres cuartillas, aunque honestamente es posible que la adapte a fanfiction con los personajes de Bella y Edward, aun no lo decido del todo, pero les juro que si han odiado a Heidi, Aro provocara que les dé una ulcera.

Honestamente la reacción de Esme que todas comentaban y esperaban fue de lo más dificil, porque por más reacciones que imaginaba se salían de la personalidad de Esme así que eso fue basicamente lo último y lo que me tenía más estancada en este capítulo.

Sobre Heidi, honestamente, no creo que vuelva a aparecer. He hecho muchos borradores con ella regresando pero muchos ya los he eliminado porque bai con esa bruja, no se merece un capítulo más en la vida de Edward y Bella, aunque aun me queda un borrador en la lista que me resisto a borrar, asi que no puedo decir por completo que no es posible.

¿Y que te ha parecido la escena al final? A mí me rompió un poco escribirla.

Y la sorpresa al principio del capítulo.

YA ESTÁ DISPONIBLE UNA MUJER SIN CORAZÓN.

(ESTARÉ PUBLICANDO ESA HISTORIA UNA VEZ POR SEMANA)

SI ESTÁS LEYENDO SIN PODER MIRAR, MIRANDOTE O UN DÍA MÁS REALMENTE LAMENTO LA DEMORA CON ESAS PUBLICACIONES PERO ESTOY COMO POSEÍDA ESCRIBIENDO PARA UNA DAMA DE BURDEL Y UNA MUJER SIN CORAZÓN, POR ESO NO HE PODIDO PUBLICAR, PERO LAS TENGO EN MI LISTA DE PENDIENTES.

AHORA SÍ EL ADELANTO PARA MORIR DE UN ATAQUE:

Bella había trabajado incluso el domingo, su día libre y por doble turno. Cuando quise quejarme con Alice no conseguí el respaldo de mi hermana.

—¿Qué esperabas, Edward? Lanzaste a Bella a esa perra frente a todo mundo, por supuesto que no quiere estar contigo. Dale espacio, ¿quieres?

No la había lanzado. ¿Acaso no la había defendido? Quizás no como Alice quisiera, tal vez Alice deseaba que yo me hubiese ensartado a una pelea de insultos frente a todos y proclamar a los cuatro vientos que la única persona a quien amaba era… ugh.

Problema número dos:

La única persona a quien amaba era la persona que no quería involucrarse emocio1nalmente conmigo. ¿Podía culparla? Entre más pensaba en la posibilidad de perderla más evidente era identificar mis sentimientos. La sensación de angustia y vacío acompañada de la idea no volverla a ver. Y la tranquilidad y paz cuando llegaba a la cafetería de noche al terminar su turno y la veía cerca de la puerta esperando por mí.

Dont hate me.