Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Tiempo, espacio y pasado
Angielizz (Anbeth Coro)
Ella
Sábado 11:15
Secret Garden – Bruce Springsteen
Me miro en el espejo intentando encontrar la motivación para actuar como antes, pero mi reflejo sigue pareciéndome decaído, ¿decaído digo? Tengo el corazón roto en pedacitos. Lo que puede que no tenga sentido, pero lo tiene. Edward y yo estamos a distancia en años luz emocionalmente. Lo amo. Lo tengo claro, pero sé que él no me ama, y honestamente no creo que pueda llegar a amarme. Hace poco más de mes y medio rompió su compromiso, y hace un mes debió estarse casando. ¿Cómo podría amar después de tan catastrófico desenlace? Soy la curita encima de una herida grave, no soy una solución, solo una distracción.
Estoy jugando con fuego aquí y yo no sé jugar con fuego, así que tengo heridas de fuego de tercer grado. ¿Qué se puede hacer cuando se quiere tanto? Desquerer. Supongo. Dejar de quererlo es lo más seguro para ambos. Aunque no sé si eso es posible. Así que imaginariamente voy buscando ladrillos para construir una barrera entre los dos. Es lo más seguro para mí y necesito asegurarme de estar bien.
Él no me quiere de esta manera, y sé que será imposible que lo haga. Las mujeres del baño tenían razón, nada puede ser mejor ni competir contra esa tal Heidi. ¿Cómo podría pretender que puedo hacerlo para ganarme el corazón de Edward? Imposible. Sus expectativas en las relaciones deben estar así de altas, y mírame. No tengo ni su belleza ni su autoestima o confianza sobre sí misma. Estoy segura que ella no tiene un historial en su pasado tan horrible como el mío tampoco, es decir, una infidelidad es algo espantoso y egoísta, pero no es peor a todo eso que yo he tenido que hacer antes.
Después de bañarme y vestirme salgo de la habitación, escucho la acompasada voz de Edward en la cocina, ¿está con alguien? Camino de puntillas hasta ahí y puedo corroborar que está al teléfono, mientras parece estar preparando hot cakes y jugo para ambos. Me escondo tras la pared del pasillo intentando captar algo de la conversación.
—Lo siento, mamá.
Pasan unos segundos antes de volver a escuchar su voz.
—Debí decírtelo, ¿cómo iba a creer que ellos fueran a asisitir? Se necesitaría ser un —parece ser interrumpido, varios segundos en silencio antes de que vuelva a hablar—. Lo sé… sabes que no me importa lo que esa gente tenga que decir de mí —y parecía honesto mientras lo decía— lo sé, ya hablé con ella… ¿crees que no lo sé? —ahora parecía un poco enojado— ¡Oye! ¿Qué clase de vocabulario es ese, Esme? —y ahora asombrado—, sé que pude haberlo evitado y lamento no habértelo dicho antes —una pausa más larga esta vez—. Lo sé —debe ser el quinto lo sé que le escucho decir en menos de tres minutos—. Alice también intentó advertirme… porque yo le pedí que no te lo dijera… Para con eso, ¿no crees que sé lo que significaba Peter para ti?... sé que no es lo mismo a un hijo, pero… Sólo no quería que intervinieras… mamá —el tono de frustración sigue ahí— lo sé, fue mi error por pensar que Heidi se mantendría alejada de mí —una pausa más larga que todas las anteriores sigue— Sé que lo hice, ¿no crees que es lo que más lamento de anoche? Bella no debió recibir ningún tipo de ataque en tu fiesta —me quedo de piedra al escuchar mi nombre en la conversación y ahora me esfuerzo más por no perderme ni una línea— Yo ya hablé con ella —su tono de voz es triste— Ella sabe que soy un idiota por no contárselo antes, no creo que tengas que hablar con Bella y decírselo personalmente —una inevitable sonrisa aparece en mis labios— sólo te llamé para disculparme por arruinar tu fiesta… me alegra escuchar eso —y realmente hay alivio en su voz— no hay manera que alguien pudiera opacarte en tu aniversario sin importar el drama… De acuerdo… Ya sabes que no celebro mi cumpleaños —su cumpleaños, Alice había dicho que él no lo celebraba aunque no habíamos hablado de los motivos, sin embargo a lo largo de la semana anterior había diseñado un plan junto a Alice para ese día y ahora eso también estaba en el basurero junto a mis sentimientos, una bola de púas se instaló en mi estómago— no te preocupes, aceptaré una cena cuando regresen… Dale un abrazo de mi parte a Carlisle… Disfruten su viaje.
Caminé hacia la recamara y una vez llegué a mi puerta volví a hacer el recorrido hasta la cocina ahora sin caminar de puntas.
—Hola —mi voz sonaba más tímida de lo que pretendía, él levantó la mirada de la barra.
—Espero que tengas hambre.
—Huele delicioso.
—¿Tienes algun plan para hoy? —mi plan perfecto consistía en hacerme bolita debajo de las sabanas todo el día, aunque mi plan real tenía una pinta muy diferente. Me senté en el banco a su lado.
—Tengo que ir a trabajar —había acordado con Alice tomar el turno de la tarde por hoy, y ella había aceptado renuente.
—Puedo hablar con ella si…
—No. Ayer me ausenté y no quiero que mis compañeros crean que tengo un trato preferente solo por vivir contigo.
No entiendo que es lo que hay diferente en su rostro hasta que comprendo que no está sonriente como usualmente suele estar, no parece decaído o triste ni ojeroso como yo, sólo extrañamente inexpresivo. Aunque sigue haciendo un esfuerzo por mantener una conversación entre los dos sin silenciosos incomodos.
—¿A que hora saldrás?
—Posiblemente a la hora del cierre, ¿a las nueve?
—Pasaré por ti —no parece estar a discusión la oferta.
—¿Tocando la bocina del carro? —tal vez debería asegurarme que pudiera oírle llegar desde el café con todo ese ruido.
—¿Qué clase de cavernícola crees que soy? —pregunta casi gruñendo, pues tuve varios novios que así pasaban por mí—, no me lo digas —pareció adivinar lo que pensaba. Tal vez sí había salido con cavernícolas antes de él… ¿por qué aun estábamos saliendo no? Es decir, yo le había dicho que necesitaba un tiempo para poner en orden mis ideas, sobre todo mis sentimientos, enfocarlos en esta relación de amistad y placer sin expectativas a una relación del tipo que te hace llegar al altar, sólo algo divertido, sin dramas, sin prometidas locas, sólo nosotros. Y para eso necesitaba poner en reversa los otros sentimientos que habían estado floreciendo con más fuerza, como si el amor fuera un objeto que pudiera lanzarse por la ventana.
Intento recordar las palabras exactas que usé por la madrugada pero no tengo idea de cuáles pudieron ser con exactitud esas.
Me sirvo un poco de fruta y hotcakes calientes. Y de pronto para llenar cualquier posibilidad de un silencio que nos haga retomar el tema de ayer me encuentro hablándole de un documental que vi hace tiempo sobre orcas.
—Bella —me interrumpe de pronto en medio de mi indignación contra los acuarios que lanzan a las orcas del mar a esos horribles espacios contra su voluntad.
—¿Sí?
—Prefiero el silencio a que me hables como si fueramos dos desconocidos hablando de documentales.
Así que muerdo mi labio con fuerza y nos quedamos en silencio el resto del desayuno.
Ese mismo día, más tarde, hablo con Alice por télefono desde la oficina, con altavoz y frente a Irina que ha quedado a cargo de la cafetería mientras la hermana de Edward se toma unos días libres, le pido cambiar por unos días al turno de la tarde. Ella no tiene que preguntar para saber que mi decisión tiene que ver con su hermano.
De esta manera nosotros no tendremos que vernos tantas horas, y estoy convencida que si no paso tanto de mi tiempo a su lado el embrujo de su enamoramiento se romperá y yo seré libre para volver a lo que teníamos antes de la llegada de Charlie a su apartamento.
Así que ahora tengo un horario de una de la tarde a nueve de la noche.
Lo único que dice Alice al respecto es:
—Tú le haces bien, Bella —de nuevo esa frase. ¿Acaso no se da cuenta que soy lo opuesto a hacerle bien? Si él llegara a conocer mi pasado se destruiría todo, no sólo nuestra relación sino también a él, no quiero que se dé cuenta que sólo atrae como imán a las mujeres que no lo merecen.
Y por otra parte no me extraña que Alice crea que le hago bien, o que incluso Edward lo piense. Por supuesto que le hacía bien, las curitas en las cortadas dan esa sensación aunque no es algo real, solo una apariencia para hacer creer que debajo no hay ninguna herida. Edward necesita más que una curita de consuelo, aunque yo no soy más que eso, yo jamás podría ser más que solo eso. Y esa idea hace que se me revuelva el estómago por completo.
Así que a lo largo de la tarde me convierto en la mesera estrella que pule el suelo, quita los chicles de las mesas, reacomoda la alacena de la cafetería, lava los baños, saca la basura al callejón, entreteniéndome con cualquier pequeño detalle que pudiera mantener ocupada mi mente.
Cuando Edward pasa por mí puntual a las nueve de la noche, me demuestra lo firme que es respecto a cumplir su palabra, no sólo por llegar a tiempo sino también porque me da mi espacio tanto como puede, de hecho lo hace muy bien. Mantiene una conversación trivial sobre su día y mi día sin que parezca perder el control incluso cuando vamos sentados en el automóvil por seis cuadras, nada de pretender que no puede contener el deseo de besarme o de acariciar mi mano. Nada. Sus manos sostienen el volante sin que parezca que está muriendo por soltarlos e ir tras de mí.
Y luego me torturo mientras caminamos por el pasillo con otro terrible pensamiento: ¿Y si estos días sólo consiguen alejarlo a él? ¿Y si la atracción sexual de su parte se disuelve? ¿Y si termino tan enamorada yo, pero con él ahora totalmente desinteresado? Lo miro metiendo la llave y me dan ganas de abrazarlo y pedirle que no me olvide tan pronto. Que sólo necesito tiempo para no quererlo tanto.
En su lugar camino hacia el refrigerador al entrar al apartamento. Estoy agotada pero hambrienta. Me detengo al observar la isla de la cocina. Un vaso vacío, un plato cubierto con una tapa y una rosa blanca dentro de un vaso alargado con agua. Mi corazón se contrae mientras mis ojos no pueden despegarse de la flor, paso saliva para mantener a mis emociones dentro de mí en lugar de expresarlas en palabras. Edward pone una mano en mi espalda y luego deja en un beso sobre mi frente, me derrito en seguida y todo mi día evitándolo y distrayéndome se van al caño.
Pero me mantengo firme respirando lento sin mostrarle cuan afectada estoy por su cercanía, cuán rápido aletea mi corazón y cuántas ganas tengo de que insista y pasé sus labios a mi boca y su mano de mi espalda a otra parte de mi cuerpo.
—Cambié mi horario en la cafetería —le suelto, pero no estoy segura si lo digo para comentárselo a él o recordarme a mí de mi plan de desenamoramiento.
—Lo sé. Alice me llamó.
Y ya, es todo lo que dice. No me ruega por volver a mi horario anterior, no da más disculpas, no dice nada, solo toma mi decisión y la sigue al pie de la letra, como yo se lo he pedido.
¿Entonces por qué me duele tanto cuando dice que tiene trabajo que hacer y se retira a su oficina dejando ese simple beso sobre mi cabeza? Ceno sin dejar de mirar la flor blanca, solo un pequeño gesto, no un ramo de flores ridículo y costoso, una sencilla flor que no me permite pensar en nada más que en él. Miro hacia el pasillo que da a su oficina y me odio un poquito por ser tan cobarde y tan débil. ¿Cómo voy a dejar de quererlo si me tiene con el corazón volando con algo tan simple como eso?
Tengo que repetirme que yo no debí aparecer en su vida y confundirlo. Si yo no hubiera llegado a su vida, él posiblemente seguiría soltero en lugar de meterse de lleno a una complicada relación con una persona aun más complicada como lo soy yo. Él no necesita mi drama.
Me quedo un rato en la sala dibujando, pero lo único que puedo dibujar es a Edward. Vuelvo a mirar hacia la puerta de su estudio que se mantiene cerrada, ¿tendrá llave? ¿o estará semi-abierta por si decido cambiar de opinión?
Respiro hondo y me concentro en Charlie. No puedo permitirme poner en riesgo mi oportunidad de tenerlo en mi vida. Tendré que pagarle a tía el próximo sábado, era una suerte no haber malgastado mi ahorro en un celular costoso, tenía más de un mes de ahorros guardado bajo el colchón de mi cama, pero eso no era nada como para darme tranquilidad.
El domingo trabajo ambos turnos en la cafetería, estoy segura que si me mantengo alejada de Edward entonces podré volver a estar cerca de él sin que mi corazón brinque emocionado por él. Pero al llegar a casa en la noche nuevamente mis avances se ven lanzados a la basura.
Sobre la barra de la cocina está mi cena del día cubierta, pero a su lado en un florero de cristal hay un montón de flores de diferentes tipos, rosa, peonia, girasol, margarita, clavel, me acerco y descubro que entre las casi treinta flores ninguna se repite. No hay follaje solo flores. Miro a Edward intentando y fracasando en no sonreír.
Me mira con intensidad desde su lugar en la sala.
—¿Qué significa esto?
—No sabía cuál es tu flor favorita así que —y deja la frase inconclusa. ¿Así que decidió traer una de cada una? Tengo veintidos años ¿alguien puede culparme por ser tan débil al respecto? El único ramo de rosas que he recibido en mi vida fue cuando luego de un mes de estarle lanzando indirectas a Eric por fin cedió y me obsequió uno diciéndome que esperaba que con eso dejará de joderlo con el tema de las flores. Romántico. ¿Acaso no sabía escogerlos?
Miro el ramo de rosas de nuevo viendo los diferentes tipos de pétalos y colores, finalmente elijo una color lila y se la muestro a Edward.
—¿Esta como se llama?
—Es un tulipán.
Saco otra.
—¿Y ésta?
—Lirio.
Cada vez que le muestro una flor Edward responde sin titubeos su nombre, así que no sólo me compró tres decenas de flores, sino que se aprendió el nombre de cada una. Gardenia, magnolia, amapola, geranio, orquídea, violetas, crisantemo, y otras docenas de nombres que dice, primero desde la sala y cuando llego a la ultima de las flores Edward se encuentra parado a mi lado señalándolas para que no tenga que sacarlas del florero.
—¿Cómo sabes tanto de flores?
—Tuve todo un día para aprender —dice con un encogimiento de hombros manteniendo su vista en las flores.
—Debiste ser un cliente difícil con el pobre señor de las flores.
—Con los pobres cuatro señores de las flores —me corrige.
—¿Cuatro?
—No pensaras que tuve suerte y conseguí todas estas en la misma florería —dice con ese tono de voz orgulloso.
Recapitulemos, si ya tenía a mi corazón derretido por el detalle del florero ahora lo tenía en un maratón a toda velocidad de latidos imaginándome el esfuerzo que hizo a lo largo del día para poder conseguir una flor diferente de cada una para mí.
Y si no estuviera fingiendo que tengo una oportunidad para desenamorarme me lanzaría a sus brazos y lo besaría, pero tengo que ser fuerte, tengo que decirle a mi corazón que siga contruyendo la barrera para protegerse. Aunque Edward tiene claras intenciones de destruir mis murallas.
—Gracias por tomarte tantas molestias.
—¿Y cual es tu flor favorita? —pregunta sentándose en la banca a mi lado mientras yo destapo mi cena.
Mi sonrojo es tal que desde la luna podrían ver lo roja que me he puesto. Edward me mira divertido y curioso.
—Las rosas blancas.
Su risa retumba en la cocina y pronto yo también me estoy riendo con él. Pobre, se ha dado un tour por la ciudad para conseguirme este florero precioso para conocer mi flor favorita y la noche de ayer había dado con ella sin pretenderlo.
—Pero el gesto ha sido lo importante, eh.
Ese día no finge tener trabajo, se queda conmigo en la cocina conversando de su maratón por la ciudad buscando flores y las reacciones de las personas que lo atendieron. Estamos riendo y conversando como habríamos hecho cualquier otro día de la anterior semana, excepto que cuando bostezo de sueño ya son casi las doce de la noche, y en lugar de caminar hacia su recamara cuando se acerca a dejar un beso en mi mejilla tengo que obligar a mis piernas a caminar hacia mi habitación.
—Buenas noches, Bella —dice dando un paso hacia atrás.
—Buenas noches, Edward —y no puedo evitar preguntarme porqué soy tan terca mientras voy por ahí desperdiciando mi tiempo contado al lado de este increíble hombre.
Lunes 00:15
Cuando salgo de mi habitación siento que algo ha cambiado aunque no entiendo el qué. Bajo las escaleras con mi pijama de puerquitos, es de noche pero una luz cálida envuelve el pasillo.
—Bella, ven mi amor.
Me detengo.
¿Mamá?
Miro a mi alrededor, no estoy en el apartamento, sino en mi anterior hogar. Corro hacia la voz, mamá está sentada en el sillón caoba de tres piezas. Salto a sus brazos sintiendo como mi corazón se rompe en mil pedazos.
—Mami, estás aquí.
—Aquí he estado siempre, amor.
—No es así —¿cuántas veces no he tenido el sueño de tía a lo largo de este año? Las únicas veces que sueño con la casa de mis padres es para ser lanzada a la calle, pero aquí estoy ahora con mamá abrazandome mientras sus pulgares limpian las lágrimas de mis mejillas.
—Por favor, quédate —le digo abrazándola con fuerza.
—Lo haría, preciosa. Por supuesto que lo haría si pudiera.
Me quedo abrazandola con fuerza lo que podría ser sólo un segundo o una eternidad hasta que besa mi frente.
—Te ves diferente, preciosa.
—¿Diferente cómo?
—Culpable.
Miro hacia nuestras manos unidas y respiro hondo.
—Soy culpable.
—Entonces confiesa.
—No puedo, mamá.
Me aprieta con suavidad las mejillas.
—Tienes que dejar los secretos, mi Bella.
Despierto en la oscuridad de mi habitación con mis mejillas bañadas en lágrimas, es como si aún pudiera sentir la mano de mamá sobre mi mejilla. Doy varias vueltas sobre la cama por un rato, pero es imposible conciliar el sueño. Intento cerrar los ojos y volver a ese sueño con ella, pero la oscuridad no cae sobre mí, sólo me rodea y me mantiene despierta.
Me levanto de la cama y salgo de la habitación, la puerta de la recamara de Edward está abierta como una tentativa invitación, camino descalza sobre el frío piso dando un paso tras otro de manera lenta intentando convencerme que estoy cometiendo un error. Estoy enviando mis esfuerzos a la basura por completo.
Entro, escucho la respiración constante y tenue de Edward al dormir, me acerco a la orilla de la cama y con cuidado subo una pierna al colchón seguida de la otra, gateo hasta acomodarme a su lado. Recargo mi cabeza en la almohada y lo veo dormir con tranquilidad ajeno a mi remolino de emociones.
Si supieras todo de mí, no me elegirías.
Mis labios se mueven pero ninguna palabra se emite, le hablo en silencio como si gesticular contara de algo.
No, no lo harías. Soy una mala persona para ti, aunque no lo quieras ver. Heidi no se equivocó al llamarme puta barata. Lo soy, supongo, en algunos sentidos lo soy. ¿Cuáles sentidos? Veamos. Dejé que muchos hombres me vieran en ropa interior mientras les servía sus tragos. Acepté sus propinas. Ellos pagaban por mirarme de ese modo. Yo lo permití todo.
Edward sigue respirando con tranquilidad ajeno a mi confesión silenciosa.
Se suponía que yo solo iba a vivir aquí un tiempo y luego me iba a ir. No quise engañarte, solo no quería que te arrepintieras de ayudarme.
Edward se gira bocarriba y me detengo intentando que mi respiración se normAlice e imite a la suya.
Nadie me ha mirado como tú lo haces. Pero cuando lo sepas todo vas a sentir tanto asco contigo mismo. Soy sólo otra mentirosa en tu vida. No te merezco, pero soy demasiado egoísta como para ser honesta. Necesito un tiempo para dejar de amarte. Pero no sé cómo. ¿Porqué tienes que ser tan guapo y todo lo otro? ¿Por qué tienes que ser tan perfecto para mí?
Su respiración cambia y entiendo que está por despertarse, me siento en la cama intentando sacar mis piernas del colchón para levantarme y volver a mi habitación.
—¿Bella?
Me quedo quieta esperando que sea él hablando en sueños, pero cuando toma mi mano sé que está completamente despierto. Mierda.
—Vuelve a dormir.
—¿Estás bien?
—Sólo no puedo dormir.
Su mano jala hacia él, pero me mantengo firme en mi sitio sin atreverme a mirarlo, ni acostarme aunque tampoco me levanto.
—Duerme aquí. Prometo portarme bien —eso consigue que lo mire con una sonrisa que no puedo esconder.
Me acerco despacio a sus brazos y recargo mi cabeza entre su pecho y su brazo, mi mano la dejo encima de su abdomen que encuentro desnudo. Besa el tope de mi cabeza como hizo ayer cuando llegué del trabajo y me recibió con una flor y la cena lista.
—¿Tuviste una pesadilla? —niego con mi cabeza.
—No.
Y es cierto, a pesar de todo había sido un buen sueño.
—¿Quieres hablar de eso?
Niego con mi cabeza y vuelve apretarme contra él. Suspiro lento.
—¿Aún necesitas tiempo? —mi respuesta llega rápida y segura.
—Sí —ahora es él quien suspira y vuelve a apretarme contra su cuerpo.
Te amo tanto.
Cuando despierto, estoy sola en la cama de Edward, lo que agradezco. A mi lado sobre la almohada hay un post-it.
Parecías cansada, no quise despertarte. Pasaré por ti a la cafetería. No le des vueltas al asunto. No le des vueltas al asunto. No le des vueltas al asunto.
Una triste sonrisa aparece en mi rostro, al siguiente día después de la primera vez que dormimos juntos nos confesamos mutuamente cuándo comenzamos a sentirnos atraídos por el otro. Yo le dije que había sido desde que me dejó un post-it encima de los pares de zapatos que había comprado para mí, en el post-it él había escrito que no le diera vueltas al asunto.
Un segundo post-it debajo del primero.
¿Te he dicho ya lo preciosa que eres?
Suspiro y me giro en la cama. Del otro lado de la cama sobre la mesita de noche el reloj marca las diez de la mañana, me estiro y me levanto.
En unas horas debo ir a trabajar. Escucho el sonido de la aspiradora en función, me dirijo hacia la sala de la televisión y encuentro a Dolores limpiando.
—Buenos días, Dolores.
—Buenos días, Bella.
Bien, luego de todo este tiempo por lo menos he conseguido que quite el "señorita" antes de mi nombre.
—¿Ya desayunaste?
—Ya preparé su desayuno.
—¿Quieres acompañarme? —apaga la aspiradora.
—El señor Edward no lo vería con buenos ojos.
—Pero yo sí, y Edward no está aquí. Me daré una ducha rápida y desayunaremos juntas —no está a discusión.
Media hora más tarde estamos las dos frente a la barra de la cocina.
—¿Qué sabes de Edward? —le pregunto mientras le sirvo su desayuno en uno de los platos. Ella está sirviendo el jugo de naranja.
—Comencé a trabajar con el señor Carlisle antes de que los niños se mudaran a la casa.
—¿De verdad?
—Era un niño encantador, muy listo y sumamente maduro para su edad incluso. Casi siempre iba persiguiendo a su hermana para que no hiciera travesuras —puedo imaginarlo.
—Lo creo. ¿Conociste a su padre? —mi mirada se queda quieta en mi desayuno mientras llevo el tenedor con una fruta a mi boca. Dolores me mira a mí y a la jarra de jugo, claramente sintiéndose en un aprieto—, no diré nada.
—El señor Aro, pocas veces se presentaba en la casa del jardín. Usualmente recogía a Edward en la escuela cuando lo visitaba.
—¿Sabes por qué no tiene una buena relación con su padre?
—Señorita Bella, me meteré en problemas.
—Prometo que seré una tumba. Sólo… sólo quiero entenderlo —suspira dándose por vencida y mi sonrisa crece.
—No lo llegué a conocer, aunque escuché a la señora Esme hablar sobre la relación del padre y el niño. Es un hombre egoísta y manipulador. Por eso la señora restringía las visitas al mínimo. El señor Carlisle estaba preocupado…
—¿Por qué? ¿Su padre llegó a golpearlo?
—No. De ser así no se habrían quedado con los brazos cruzados. Pero Edward era un niño, muy listo y maduro, pero un niño. Y los niños sólo buscan amor.
—Pero tenía un padre egoísta.
—Que aparecía eventualmente. Así que el niño hacía lo que papá quería.
—¿Cómo qué?
Dolores niega con su cabeza y entiendo que no conseguiré información por ahí.
—¿Por qué Edward no celebra su cumpleaños?
—No lo sé. Su madre los celebraba, pero cuando cumplió once años fue su última fiesta, se aseguró de que nadie le festejara los siguientes cumpleaños y se molestaba si alguien hablaba de eso.
—¿No tenía fiesta de cumpleaños?
—Sí, sólo que no le gustaba celebrar ese día.
—¿Por qué? —nuevamente no responde, aunque insisto—, era un niño. ¿A qué niño no le gusta celebrar su propio cumpleaños?
—Uno muy terco e inteligente.
—¿Fue por su padre?
—Tal vez, el señor Aro no fue a la fiesta de su onceavo cumpleaños, lo llevó de viaje unos días después, y cada año su padre regresaba unos días más tarde para celebrarle por el cumpleaños anterior.
—¿Crees que se enoje si yo… si yo quisiera celebrar su cumpleaños?
—Oh señorita Bella, él jamás podría molestarse con usted.
—No lo sabes —en realidad casi nunca estábamos en casa cuando ella estaba aquí, así que era imposible que Dolores pudiera suponer lo que Edward podría o no hacer si me atrevía a cruzar esa línea que ni siquiera su hermana o madre se atrevían a tocar.
—Lo sé, confíe en mí. Si usted no le importara, él no estaría tan al pendiente de sus mañanas.
—¿Te pregunta por mí?
—Por supuesto.
Se me encoje el corazón pensando en eso.
—¿Sobre lo que hago?
—Oh Bella, hace muchas preguntas. Y yo tengo que seguir limpiando.
—Dolores.
—Creo que ya dije suficiente por un día.
Él
Lunes 10:39
No lo dice pero es como si una pared se hubiese construido entre nosotros. Lo noto en los detalles, en que apenas me sostiene la mirada, en que sus ojos buscan frecuentemente mirar hacia mi lunar debajo de mi cuello para fingir que me mira cuando en realidad no lo hace, o el hecho de que su sonrisa se cae cuando cree que nadie la está viendo. Sus ojos brillantes y emocionados han desaparecido por completo. Tiene una sonrisa que parece forzada, que aumenta en tamaño cuando no puede reír de las bromas. He esperado que ella vaya tras de mí y me reciba con sus besos, pero la ultima vez que la besé fue justo antes de que apareciera Heidi en la pista de baile interrumpiendo el momento que estábamos teniendo.
Tiene esa cara inexpresiva, como una muralla alta que impide saber lo que piensa o siente. Hace una sonrisa extraña cuando intento hacer una broma y cuando cree que no la miro su mirada está a la distancia, perdida en sus mezquinos pensamientos.
La última vez que dormimos juntos fue cuando regresamos de la fiesta de aniversario, desde entonces cada uno duerme en su propia cama, o al menos ella, yo apenas puedo dormir. Atento a cualquier ruido que me indique que Bella va a salir huyendo en la madrugada, tuve incluso que recontratar el servicio de alarma de mi apartamento el mismo sábado por la tarde, aprovechando que Bella había decidido cambiar sus horarios de trabajo –para evitarme-, yo había hecho uso de ese tiempo a solas para poder tener un refuerzo para evitar que Bella huyera.
Esto era como un secuestro. Lo sabía. Era consciente que la haría enojar en cuanto se diera cuenta de la alarma, pero sólo la encendía por las noches y la desconectaba antes de que ella despertara, así que esperaba que eso pasara desapercibido.
No es un secuestro, si ella me dijera de frente que quiere irse entonces lo permitiría, pero no quiero que intente huir por las escaleras de noche como la anterior vez. ¿Y a quien engaño? Si ella quisiera irse en la madrugada yo tendría una oportunidad para convencerla de darme una segunda oportunidad.
Aunque podría irse por la mañana, diría alguien, excepto que por ahora Dolores ha vuelto a tener un rol vital como espía personal. Eso significa que tiene instrucciones de llamarme en caso de que Bella actúe extraño o parezca que está haciendo maletas para irse. Pobre, Dolores, lo que tiene que soportar para recibir su paga.
Bella había trabajado incluso el domingo, su día libre y por doble turno. Cuando quisé quejarme con Alice por teléfono luego de infinitos intentos de mi parte para que respondiera el celular, no conseguí el respaldo de mi hermana:
—¿Qué esperabas, Edward? Lanzaste a Bella a esa perra frente a todo mundo, por supuesto que no quiere estar contigo. Dale espacio, ¿quieres?
No la había lanzado. ¿Acaso no la había defendido? Quizas no como Alice quisiera, tal vez Alice deseaba que yo me hubiese ensartado a una pelea de insultos frente a todos y proclamar a los cuatro vientos que la única persona a quien amaba era… ugh.
Problema número dos:
La única persona a quien amaba era la persona que no quería involucrarse emocionalmente conmigo. ¿Podía culparla? Entre más pensaba en la posibilidad de perderla más evidente era identificar mis sentimientos. La sensación de angustia y vacío acompañada de la idea no volverla a ver. Y la tranquilidad y paz cuando llegaba a la cafetería de noche al terminar su turno y la veía cerca de la puerta esperando por mí.
—Mierda, Edward, realmente me habría gustado haber estado ahí para patearle el trasero al imbécil de Peter por ti.
Levanto la mirada de la computadora para ver a James cerrar la puerta tras de sí con el seguro puesto.
—No valdría la pena.
—Claro que lo haría.
A pesar de que James había sido mi amigo desde la universidad y pasaba las vacaciones en casa de mis padres; Peter y él nunca habían compaginado bien. Mientras Peter pensaba que James se estaba aprovechando de mí, James no podía dejar de comparar a Peter como un cerdo mimado. Así que contadas ocasiones estuvieron ambos en la misma habitación.
—No creo que una pelea en medio de la fiesta hubiese ayudado en algo.
—No se trata sólo de ti —le ruedo los ojos a James y su búsqueda por peleas y competencias.
—Mi reputación está de boca en boca en todos los empleados de la oficina justo ahora —algún idiota de la fiesta había decidido subir el video a internet y ahora todos aquí sabían lo que había pasado. Anoche Alice me había alertado de dicho video por mensaje, al parecer menos de dos días era lo que se necesitaba para viralizar ese vergonzoso intercambio con Heidi.
—Por lo menos le rompiste la nariz —dice como si pudiera darme tranquilidad.
—Llamó puta a mi hermana y a Bella —no lo había hecho por mí.
—Escuché eso… ¿Cómo esta Alice?
Entrecierro los ojos, ¿por qué siempre tenía la sensación de ser el último en enterarme de todo aquí?
—¿Tú sabes de qué hablaba Heidi?
James suspira con resignación.
—Te lo diré solo para que no vayas a interrogar a Alice, ella no quiere hablar contigo de esto.
Cuadro mis hombros y me acomodo en la silla esperando que James continúe.
—¿Y por qué lo sabes tú y yo no?
James se mueve con incomodidad en la silla, jalando el cuello de su corbata y tirando de las mangas de su camisa.
—Pasó en el verano que reprobaste una materia en la universidad.
Lo recordaba, sólo había reprobado una materia a lo largo de toda mi carrera y había decidido cursarla durante el verano para no verme afectado en el siguiente semestre, yo tenía veintidos años y estaba por concluir mis estudios. Hice restas, Alice debía tener dieciséis apenas.
—Tú te quedaste en la casa de mis padres esas vacaciones —recuerdo.
—Yo no era su niñera —comienza excusándose—, y le advertí que se alejara de Peter. Pero tú sabes cómo es Alice, incluso entonces. Tus padres salieron de vacaciones y decidieron dejarla en la casa porque yo estaba ahí de visita. Ella fue grosera conmigo aunque supuse que todo lo que decía era sólo una repetición de lo que Peter le había dicho de mí. Decidí no tener problemas y me quedé la mayor parte de mi tiempo en la habitación.
Mis manos se convierten en un puño adivinando la historia.
—Ella era una niña.
—Tenía dieciséis años.
—Y era una niña. ¿Por qué no me lo dijiste?
—Le juré a Alice que no iba a decírtelo.
—¿Abusó de ella?
Si se atrevió a tocarla sin su consentimiento ese hijo de puta, iría a buscarlo y me encargaría de dejarlo sin nariz esta vez.
James niega con su cabeza calmando mi ira.
—Alice y él estaban saliendo o algo así, parecía todo muy inocente, supongo. Los vigilaba desde la ventana, pero a veces ellos se iban a citas y esas cosas, no iba a estar sobre ella a todas partes como un acosador. Salieron todo el verano.
—Él tenía veintidos años. No hay nada inocente en eso.
—Eso le dije yo. Sé que debí insistir más, pero ella era muy testaruda.
Parece lo suficientemente arrepentido al respecto para añadirle más culpa a su conciencia con algun comentario mío. Así que en lugar de recriminarle por no haberme llamado, por no habérmelo contado, me limito a pedirle que me cuente más.
—Sólo se acostaron una vez y al día siguiente él regresó a la universidad sin despedirse.
Siempre había pensado que lo que había transformado a mi hermana había sido el idiota de mi padre que había enviado a la mierda las intenciones de ella sobre crear un vinculo con él aunque no la mereciera, siempre supuse que dejó de creer en el amor porque tenía miedo de que se repitiera la historia de mis padres en ella con su tontería de las maldiciones. Pero en realidad, había sido ese cabrón hijo de puta que la había usado una vez y desechado al día siguiente quien la transformó cuando sólo era una niña.
—¿Por qué no me lo dijo?
—Se sentía avergonzada y no quería hacerlo más grande.
—Él tenía veintidos años, era mayor de edad y ella…
—Edward, no te lo cuento para que vayas a vengarte por Alice. Te lo cuento para que no añadas más leña al fuego de tu hermana, ella no quiere hablar sobre eso.
—¿Y Jasper?
—No vino a trabajar para quedarse con Alice. Así que honestamente, ojala le hubieras desfigurado la cara a ese idiota.
Comienzo a pensar lo mismo, me doy cuenta entonces que el lápiz que tenía entre mis dedos lo he partido en dos.
—¿Cómo está ella?
—Necesita tiempo, y espacio.
Me levanto molesto caminando hacia la ventana. Cuan popular se ha vuelto exigirme tiempo y espacio para mantenerme apartado sin poder actuar. La frustración es inevitable.
—Jasper no se ha separado de ella, está bien.
Intenta tranquilizarme de alguna manera. Lo miro.
—¿Has hablado tú con ella?
—No ha salido bien eso.
Pero no añade más y yo no quiero preguntar al respecto. Miro la ciudad tras mi ventana intentando relajarme. ¿Por qué mierda solo me bastó un puñetazo en su nariz? Debí romperle los dientes.
—¿Cómo se lo ha tomado Bella?
—Me ha pedido un tiempo.
—¿Han terminado?
—No —me apresuro a negar—. Sólo unos días para… no tengo ni puta idea para qué. Creo que ella piensa que estoy usándola o algo así.
—Y tú le dijiste que no.
—Claro.
—Pero ella no lo cree.
—Dice que inconscientemente estoy distrayéndome con ella.
—¿Y lo estás?
—Por supuesto que no. Ella solo necesita espacio y yo puedo darle eso. No es como si fuera a dejarme, no podría de todas maneras —levanta una ceja confundido en mi dirección, pero no le cuento ni del espionaje de Dolores ni de la alarma del apartamento, vuelvo a sentarme en mi silla y miro hacia la computadora aunque ahora mismo lo último que tengo es cabeza para trabajar—. No voy a presionarla, estaré esperando que ella quiera acercarse y volver a dar pasos cortos a su alrededor.
—Suena como si fueras a salir de cacería.
—Mira quien lo dice.
—¿De qué hablas?
—Nunca entendí porque competías por las mujeres cuando salíamos a fiestas en la universidad.
—¿Competir? ¿De qué estás hablando?
—No lo dije yo, también Jasper lo hizo. Él te llamaba cazador.
—Vaya. Si pudiera nombrar a mi miembro se sentiría muy halagado con ese apodo.
Intenta bromear aunque su mirada sigue siendo la misma de antes.
—Seguro que sí.
—No es tan difícil entenderlo. Tú tenías familia, dinero, lo mismo Jasper y Emmet. Las mujeres parecían algo que podía competir contra ustedes, supongo. No lo sé, entonces tenía sentido, ahora no lo tiene.
Se queda en silencio mirando cabizbajo el escritorio.
—¿Qué pasa con Tanya? —necesito distraerme de mi drama con algo más.
—No hay manera en que pueda contactarla, me ha bloqueado de todos lados, intenté volver a su edificio y el portero llamó a seguridad.
—¿Y Victoria? —él y Victoria llevaban más de un año en una relación abierta.
—Eso se terminó, rompimos una semana después de la cena de Jasper. Ambos sabíamos que eso ya no estaba funcionando. Tanya es mi puto karma. Además Victoria se encontró a un novio de la preparatoria, salieron un par de veces y de pronto está pensando en sentar cabeza por primera vez en su vida.
—¿Seguro que estás buscando a Tanya por Tanya? ¿No tiene nada que ver tu rompimiento con —me interrumpo a mitad de la pregunta—. mierda.
James se me queda viendo por un largo minuto como si pudiera entender a donde han ido a parar mis pensamientos.
—Pues ahora lo sabes, por eso Bella terminó contigo.
—No terminó conmigo, es sólo un tiempo.
—Venga, Edward, a las chicas les encanta decir tiempo cuando en realidad quieren decirte que te vayas al carajo, son civilizadas.
Ese día llamo a una florería y consigo tres docenas de rosas blancas. Si Bella quiere tiempo y distancia puedo dársela, eso no quiere decir que voy a desaparecer.
Martes, 07:15
Por si aparece – Alice Wonder (Es como la canción principal de Jasper y Alice en la otra novela)
Si no vine ayer fue sólo porque James me metió esa idea en la cabeza, diciéndome que mi hermana no me necesitaba aquí, pero esta mañana Jasper llamó para pedirme lo contrario. Alice no ha querido salir de su habitación desde el viernes por la noche que regresaron de la fiesta de aniversario.
La razón por la que sea que Jasper ha decidido tardar tanto en mantenerme al tanto de esta situación parece haber perdido importancia, porque ahora estoy aquí fuera del apartamento de mi hermana. Toco cuatro veces antes de que Jasper abra la puerta, hace una señal con su cabeza para dejarme entrar. Va vestido con una pijama de cuadros y una camisa blanca.
—Está dormida —me avisa, miro hacia el pasillo por el que está la puerta de su recamara. De ahí sale corriendo una de las dos mascotas de Alice, se trata de Coco una perrita mezcla de pug y chihuahua. Me agacho para sostenerla con una mano y acariciar su cabeza cuando me pongo de pie. Finalmente miro a Jasper que se deja caer en el sillón, parece preocupado. Preocupado y ojeroso.
—¿Tú lo sabías?
Niega con su cabeza.
—No sabía que se trataba de Peter. Mierda, Edward, si ella me lo hubiera dicho…
No tiene que decirlo para saber lo que piensa, si ella se lo hubiera dicho a tiempo, le habría roto la nariz a Peter desde hace semanas.
—Lo sé. ¿Cómo está ella?
—No quiere hablar de eso, por eso te llamé a ti.
—¿Y que ha estado haciendo estos últimos tres días?
—Escribiendo, no para de escribir en una libreta que encontró.
—¿Escribir qué?
Aprieta su quijada y sus puños, pero no responde. En su lugar se pone de pie y camina a la cocina para servirse un poco de agua. Dejo al perro en el suelo y lo sigo. Toma un sorbo apenas de agua antes de volver a hablar mirando hacia la pared. Un cuadro nuevo en la pared de la sala. Una foto de Jasper y Alice enmarcada en un cuadro rosado con detalles en blanco. La sonrisa genuina y feliz de Alice es contagiosa.
Ambos nos quedamos un rato mirando hacia la fotografía antes de que Jasper vuelva a hablar.
—¿Sabes lo que ese idiota le dijo después de usarla de esa manera? Que ella había sido solo una zorra fácil y que no valía la pena. Ese hijo de perra le metió esa idea, todo lo que ella ha hecho a partir de ese momento es por culpa de ese —pero en lugar de terminar la oración lanza el vaso que tiene en su mano y lo estrella contra la pared alejada de nosotros, se rompe y cae al suelo, y luego del estrepitoso sonido del vaso estrellándose inunda el silencio—- Y todo lo que yo he conseguido se ha ido a la mierda con una maldita oración —me acerco a él y le pongo la mano en el hombro.
—No es así.
Pero la ira y el dolor de Jasper también es contagioso y si este fuera mi apartamento yo ya habría estrellado todos los vasos contra la pared.
—Lo es. La conozco. Me he tardado semanas en conseguir alcanzar su corazón y ese idiota me la ha arrebatado con una puta frase. Si hubiera pensado que Peter era ese imbécil del que me habló, lo habría desfigurado ahí mismo. Pensé que sólo había sido uno más de los idiotas con los que estuvo antes —algo muy parecido a un gruñido sale de su garganta.
—¿Cómo está Alice?
Jasper jala su cabello corto hacia atrás con fuerza y sacude su cabeza, se recarga contra la pared y se desliza hasta el suelo quedando sentado en el piso con una pierna estirada y la otra recogida contra su pecho.
—No para de darse baños.
—¿Baños?
—Ayer estuvimos todo el día metidos en su tina —no lo entiendo y supongo que mi silencio lo dice porque Jasper tiene que explicarlo—. El viernes en la noche no me dejó subir, pero el sábado en la mañana tuve que hacer que el portero me abriera su puerta —se estremece ante lo que sea que haya encontrado.
—¿Qué hizo?
Se me encoje el estomago pensando que pudo haber intentado suicidarse o alguna cosa así.
—Estaba sentada en la regadera, tenía rasguños por todo el cuerpo. Como si se hubiera tallado la piel con una lija.
—¿Con que se hizo eso?
—Con su esponja. Una puta esponja suave e inofensiva. No conseguí que me dijera ni una palabra sobre el tema, sólo no paraba de llorar. Tuve que llamar a James, él vino el sábado y me lo explicó todo.
Se talla los ojos para quitarse las lágrimas.
—No sé qué decirle, ni cómo ayudarla, entre más me acerco, más me aparta.
—¿Has hablado con Carlisle? —Jasper agarra a Coco cuando intenta acercarse a los vidrios del vaso. Se la pega al cuerpo y la aprieta contra su pecho. La mascota le lame la mejilla.
—Es mi última carta, preferí llamarte a ti primero.
—¿Y Rose? —Rose era buena para hacer reflexionar a Alice, la amistad de ellas se basaba en la brutal honestidad.
—Ella y Tanya estuvieron aquí el domingo —al parecer también había agotado con el refuerzo de mi prima.
—¿James habló con ella?
James había sido cercano a la familia desde que comenzó a pasar sus vacaciones conmigo en la casa de mamá y Carlisle. Lo que explica no sólo el cariño que le tiene mi madre, sino la cercanía y confianza que existe entre él y Alice. Cuando Alice llegó a la mayoría de edad y comenzó a salir a bares, James se convirtió en su compañero de salidas. Lo que a sus ojos era correcto, era más seguro para ella salir con él que dejarla a su suerte. Aunque entre más crecía Alice, menos chaperon de ella se volvió y sí más aliado de borracheras.
Al final terminé aceptando que era normal salir incluso yo junto con Alice, lo que la hizo acercarse tanto a Emmet como a Jasper.
—Tuvieron una pelea grande el mismo sábado y lo echó, pero él me envía mensajes para saber cómo va esto. Que va de la fregada, por supuesto. Pero ella no quiere salir. El domingo había conseguido un avance y entonces apareció ese video en internet.
Suspiro. Supongo que soy la penúltima carta en esto y lo que menos quiero es ser repetitivo entre todo lo que ha escuchado ya, así que necesito un poco de ayuda antes de tener que enfrentar a mi terca hermana menor.
—¿Qué es lo que quieres que haga?
—Si supiera como no perderla, tú no estarías aquí.
Respiro hondo.
—Mi prioridad es la felicidad de Alice, Jasper. Sólo eso. Pero mi hermana es testaruda como ella sola.
—Lo sé.
Y con eso camino hacia la habitación principal, la puerta está abierta y Alice está sentada sobre su cama con sus rodillas a su pecho y su cabeza reclinada contra ellas mirando hacia la puerta. Nuestros ojos se encuentran.
—Mierda, Alice. Si lo hubiera sabido no habría permitido que —me interrumpe
—Shh, tú no lo sabías.
Mira hacia el techo haciendo muecas con su nariz y labios en un intento por no llorar, cierro la puerta a mis espaldas y me acerco hasta poder sentarme a su lado en la cama. Me quito los zapatos y subo con ella.
Recarga su cabeza ladeada contra mi hombro.
Pienso en todos estos años que ella ha tenido que lidiar con Peter, cada comida entre nuestras familias, o todas esas fiestas en la casa de mis padres en la que lo incluí. Y todo este tiempo estuvo Alice fingiendo que no había pasado nada mientras ese hijo de puta seguía interactuando con nosotros como si no la hubiera lastimado.
—Yo te habría creído, sin preguntar.
—No te lo conté no porque no confiara en ti, sólo… me sentía tan estúpida. Estas son las cosas que te dicen que pasan y que debes evitar, las banderas rojas por todos lados y yo sólo decidí ignorarlas pensando que era la excepción a la regla. Es un maldito imbécil. No le bastó con lastimarme, fue y te apuñaló por la espalda a ti, y luego fue y jodió la fiesta de mamá. Tal vez si yo lo hubiese contado a tiempo, él jamás se habría acercado a nosotros. Esa perra es una loca, pero él… no existe una palabra para definirlo.
Respiro hondo.
—Y entre más pienso en eso más molesta me siento conmigo misma.
—Alice, nada de eso es tu culpa.
—Debí decirlo antes. Me llamó puta frente a todos los invitados de mamá, frente a Jasper, frente a mis padres, yo me convertí en esa persona por su culpa. Si él no me hubiera jodido de esa manera yo nunca habría —gruñe con enojo—. Jasper debe pensar que me follo a todos los hombres que caminan a mi alrededor.
—No creo que Jasper piense eso.
—Me mira con lástima, ¿no crees que no lo sé? Como si esperara que fuera a quebrarme en cualquier momento. Sé que él sabe lo estúpida que he sido.
—Él sólo está preocupado por ti. Eres muy fuerte, Alice. Eres la persona más fuerte que conozco. Tomas toda la mierda de la gente y la haces tu fortaleza, eso no está mal. Pero no dejes que Peter te arruine lo que tienes ahora, no puedes permitírselo. Ya te ha quitado demasiado.
—Porque yo lo permití.
—Tenías dieciséis años, Alice. Ese idiota te manipuló para que hicieras lo que hiciste.
—Edward, todo mundo pierde su virginidad en la preparatoria.
—No es lo mismo, porque se aprovechó de la diferencia de edad para decirte y tratarte de la manera en que terminaras haciendo lo que hiciste. Si hubieras dicho algo, Carlisle lo hubiera metido a la cárcel por abusar de una menor de edad.
Se queda en silencio y aprovecho eso como ventaja.
—Eras una niña, y no conforme con aprovecharse de ti, te dejó como un cobarde. Todo lo que has hecho a partir de eso es culpa de esa situación.
—Heidi tiene razón sobre mí, excepto que soy una puta gratuita.
Honestamente cuando encontré a Heidi desnuda en la cama con Peter no logré estar enojado con ella. Toda mi ira la desemboqué en él, en su maldita cara, y mientras ella me gritaba por estar rompiendo el compromiso y no querer perdonarla, yo le gritaba lleno de dolor por su traición. Pero lo que siento ahora es odio. Heidi exhibió a Alice sabiendo lo que sus palabras significarían para ella. Heidi debía saber acerca de Peter y mi hermana, y lo usó para lastimarme, para vengarse de mi familia que jamás la aceptó y con justa razón.
Alice llora más fuerte ahora. La aprieto contra mí dejando que su cabeza se entierre contra mi corazón, y si pudiera absorbería su dolor y me lo quedaría todo. ¿Cuántas veces no intentó Alice advertirme de Heidi? Y es ahora mi hermana la que ha resultado herida por haber sido tan estúpido como para ignorarla a ella y creer en Heidi.
—Ellos son las últimas personas a las que deberías escuchar. Escúchame a mí, tienes que avanzar y eso significa que no debes dejar que él te siga jodiendo la vida.
Se separa para agarrar un cuaderno que está en su mesita de noche y me lo entrega. Lo abro. Una lista de nombres aparece, nombres o datos. "El del cabello rosado" "El tipo del percing del bar" "El francés" "El judío" "El moreno circuncidado" "El moreno no circuncidado" "Juan o Teodoro". Es la lista de hombres con los que ha dormido antes. Ni siquiera reviso la cantidad de páginas que ha llenado con nombres.
—Alice esto no…
—Significa todo. Así de jodida estoy.
Cierro el cuaderno.
—Eres mas que esto.
Pero ella niega con su cabeza y abraza con fuerza sus piernas.
—Jasper de verdad te quiere.
—Lo sé —sus lágrimas se deslizan una tras otra—, lo sé —entierra su cara entre sus rodillas.
—¿Cuál es el problema entonces?
—Jasper sólo ama una idea de mí.
—Alice —intento suavizar con mi tono de voz lo siguiente que voy a decir—, no es una sorpresa para nadie que salieras con diferentes hombres. No creo que Jasper haya sido ciego durante todo este tiempo para no darse cuenta —una risa triste y rota brota de sus labios. Hace unas semanas me enteré que Alice llevaba extraños a mi apartamento cuando yo salía de viaje, la única razón para no quitarle las llaves fue que incluso esa horrible y asquerosa posibilidad era preferible a que se sintiera indefensa de algun acosador en su propio piso. Por eso no le quité las llaves.
—Pero ahora sabe la razón. Ya no soy la divertida Alice a la que le gusta follar con extraños. Soy la triste Alice que se ha dejado tocar para sentir aunque sea algo vago, efímero y muchas veces insatisfactorio. Soy la Alice que sale huyendo de puntillas para que no me abandonen otra vez. Me lo pregunto a veces, ¿si tu papá me hubiera querido yo sería diferente?
—No quieres esa clase de amor, Alice. Te lo digo yo que lo sé. Tienes que soltar eso también.
—Pero eso no quita el hecho de que tengo su sangre o que sus ojos son iguales a los míos, porque mientras tú tienes el carácter de mamá, yo no ¿entonces a quien me parezco? ¡A él! Mientras tú te lanzas en picada por las personas que quieres al igual que mamá. Yo… yo sólo lastimo a Jasper —llora ahora mas fuerte haciendo que sus hombros se convulsionen—. Y todo lo que le dije a James —un sollozo más fuerte sale de sus labios esta vez—, fui tan mala con él.
—Entonces deja de hacerlo.
—No sé cómo.
—No eres él. Jamás serás él —agarro su cara cuando intenta levantarse de la cama—. Aro no tiene idea de lo que es amar a nadie. No es tu padre porque no te merece, mereces mucho más Alice, mereces a Carlisle. No tienes idea de cuánto te envidió por eso.
Sus ojos sueltan más lágrimas.
—Nos ha jodido a ambos, pero tú puedes dejarlo atrás Alice. No lo necesitas.
—Tú tampoco lo necesitas.
Ojala ella tuviera razón.
—Alice, no puedes cambiar el pasado. Nadie puede. Ahí está y sólo tienes que seguir adelante. Esa lista no significa nada para Jasper.
—No lo sabes.
—Lo sé.
Sus ojos se cierran y entonces como si toda esta hora no hubiera tenido ningun efecto ella se pone de pie y dice:
—Necesito darme una ducha.
Agradecimiento especial a Maribel1925, Wenday14, Narraly, Terewee, Angryc, Nana, Angelus285, Analy, Adriu, Sara, Cinti77, NarmaVeg, Carolaap, Miop, Geminis1206, Noriitha, Bella201820, Isa.
Gracias por leer, comentar y seguir esta historia. Ya somos 100 en favoritos y 120 que siguen la historia. Gracias por darle una oportunidad a esta historia.
Un adelanto para morir lento, lento:
—¿Puedo invitarte al cine?
—No creo que sea buena idea.
Sus ojos bajan al menú y su sonrisa desaparece por completo.
—He estado todo el día con Alice. Y estoy cien por ciento seguro que en cuanto te deje en el edificio voy a ir a buscar a Peter y voy a matarlo a golpes, así que de verdad, apreciaría una distracción.
Y también suena cien por ciento honesto. Una gigantesca bola de púas se instala en mi estómago. ¿Va a ir a golpearlo por Heidi? Pienso en el hermoso ramo de rosas blancas que encontré anoche al lado de mi cama. Idiota. Idiota. Idiota. Soy una completa idiota. Respiro hondo. Él sigue entretenido dándole vueltas al menú y yo solo estoy de pie frente a él parada con una pequeña libreta para apuntar su orden.
Desde la barra me mira una cajera que no me he aprendido el nombre y un chico a su lado que tampoco recuerdo si es Sam o Max.
Parpadeo y respiro, me acomodo de tal modo que quedo ahora dándole la espalda a Sam o Max y la cajera.
—Si lo matas a golpes no vas a poder casarte con Heidi desde la cárcel. Estoy cien por ciento segura de eso.
—Lo que es una suerte, porque preferiría castrarme y lanzarme al fuego antes que eso pase.
Y también suena cien por ciento honesto cuando dice eso. La bola de púas desaparece. Me siento en la silla a su lado. Le presto atención, parece realmente decaído y creo que nunca lo he visto así.
—¿Quieres hablar de eso?
¿Qué estás haciendo aquí sin ir a leer UNA MUJER SIN CORAZÓN?
Agradecería mucho si me ayudaras a votar por mi historia desde wattpad, mi cuenta ahí es angielizz95
