Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

Pasando el pasado

Angielizz (Anbeth Coro)

Agradecimientos a todos aquí por leer, por seguir, pero en especial a quienes me inspiran con sus comentarios: Wenday14, Maydi94, Carolaap, Twilight-love1694, agryc, Ori-cullen-swan, SindyPaolaJarabagonzalez, Vane, Terewee, Catita1999, Isa, Narraly, Bela201820, Cinty77, Noriitha, NarmaVeg, Adriu, Lore562, Miop, Ayalafer94, Nana, Sara, GBISOTO27, Pameva, Catita1999, Nana, Catalina


Él

Una hora antes

Voy a matar a Peter.

Es todo lo que tengo en mi cabeza incluso aunque Bella haya aceptado a venir al cine conmigo, no hay ninguna película capaz de disuadirme de esa intención. Intento concentrarme en lo que sea que hay en la pantalla, pero la historia sosa de un apocalipsis no consigue atraparme lo suficiente para redirigir mis pensamientos hacia ese rumbo. No. Lo único que puedo pensar es en lo doloroso que haré los días de Peter.

Empezaré con lo simple. Encargarme de su estúpido negocio de viajes. No tengo ni puta idea de cómo funcionan, ni cómo hacerle competencia para llevarlo a la bancarrota pero lo conseguiré. Y estoy seguro que cuando se lo proponga a Jasper y James ambos estarán a bordo conmigo. Mateo es un buen publicista, seguramente sabe todo sobre la mala publicidad y cómo joderle la reputación a una empresa incluso del peso y nombre de la de Peter.

No me importa cómo ni cuánto tiempo me tome. Voy a lanzarme con todo el peso sobre su estúpido cerebro hasta que sólo queden papillas de él. La única imagen posible en mi cabeza es Alice llorando. No es la Alice risueña y sarcástica, no hay cinismo ni burla en sus comentarios, todo ella es sólo dolor y tormentos. ¿Cómo es que una frase puede romper a una persona como ella? Veré ahora cuantas frases me hacen falta a mí para conseguir lo mismo en Peter.

Y una vez que domine el mercado de viajes y su empresa sufra con la nueva competencia, entonces pasaré a la segunda parte del plan. Encontrar sus talones de Aquiles, los fraudes, los desvíos fiscales, todo lo sucio que pueda haber. Todas las empresas lo tienen, incluso la mía, la de él también debe tenerlo. Sólo tengo que encontrar las pistas que me lleven a la evidencia y desenmascararlo.

Luego iré tras los clientes anteriores, encontraré a los insatisfechos, aquellos que pudieran sentirse decepcionados con la experiencia, los que hubiesen caído en las trampas de la empresa de Peter. Las vacaciones de ensueño son el señuelo perfecto para las trampas y letras pequeñas de los contratos. Iré tras eso.

James siente tanto desagrado por Peter como yo, Alice es para él como una hermana así que estoy seguro que sería capaz de desvelarse por semanas hasta tener resultados en esa área.

Y aunque Mateo se ha alejado estos años de la empresa de su familia de publicidad, seguramente volvería a ella para hacer que mi aun no creada empresa funcione y hacer que tenga mayor éxito que la de Peter.

Sólo tendría que…

—¿Sabías de qué iba esta película? —Bella me devuelve a la realidad. Me concentro en lo que ocurre en la pantalla. Una escena de sexo que no me dice nada de la historia. Su tono suena molesto, tal vez ya descubrió que estoy ignorándola por completo.

—No. Aun intento entender de qué va esta película —Suelta el aire de golpe de manera ruidosa haciéndome sonreír, está molesta, aunque no tengo idea de a qué se debe eso.

—Es malísima —se queja, cruzándose de brazos, miro de nuevo a la pantalla. Ahora han pasado de la sala a la barra de la cocina. ¿Acaso era una película erótica y por eso está enojada? El nombre parecía tratar de ciencia ficción. Invasión extraterrestre. Aunque la pornografía usualmente tiene nombres igual de poco elaborados.

—Si quieres podemos irnos, somos los únicos en la sala.

Bella comprueba lo que digo mirando hacia las otras butacas. Y finalmente a la pantalla de nuevo con disgusto.

—Es que es muy mala —señala con su mentón hacia el frente. La escena de sexo continua. Respiro hondo. Solo tengo que dejarla en el apartamento y tal vez después pueda deslindarme con cualquier pretexto, no voy a matar a Peter. Haré de sus días un infierno, y podría iniciar hoy rompiéndole los vidrios a su automóvil. Casi puedo asegurar que James insistirá en lanzarle una lata de gasolina al asiento y hacerlo arder.

Pongo la canasta con chucherías en el asiento vacío a mi lado, motivado, y sin intenciones, mi mano la pongo sobre la pierna de Bella para llamar su atención.

—Ven, vamos a buscar cena.

Sé que dirá que ya cenó y entonces podré dejarla en el apartamento, tal vez suba con ella y espere a que se encierre en su habitación antes de escabullirme sin que me note. Será solo necesario enviarle un mensaje a James para poder…

Pero antes de que pueda preveerlo Bella se sienta sobre mis piernas, dejando las suyas a cada lado de las mías y besándome sin más. De dónde sea que haya salido tal impulso no lo cuestiono, sencillamente correspondo con su misma actitud. Lo que es sencillo porque he esperado por volverla a besar demasiados días y mi autocontrol tiene un límite que ya crucé hace rato.

La agarro de la espalda para evitar que pueda caerse, con meras intenciones de precaución agarro también su trasero para acercarla aun más a mí. Respiro su esencia a vainilla y flores. Sus besos se vuelven más exigentes, así que nos llevo hasta donde ella quiere, que parece no haber un límite claro porque comienza a frotarse contra mis pantalones. Y sé que ya hay una erección esperando por ella, la he esperado todos estos días. Tanteo su piel bajo el vestido, acercándome peligrosamente a su ropa interior.

Y deteniéndome.

No puedo hacer esto.

No cuando aun no me queda claro lo que ella quiere o no de mí.

—Hazlo —y sus palabras contradicen el poco autocontrol que se queda conmigo, enviando mis ideas sensatas al carajo. No puedo, aunque mis labios ya están buscando la piel de su cuello y dirigiéndome a su escote. Me agarro a su trasero para mantener mis manos quietas, quietas en un lugar demasiado peligroso. Solo necesitaría mover un poco mis dedos y entonces podría sentir su calidez dándome una esperada bienvenida.

Sigo besando su piel mientras y subiendo de nuevo a sus labios. Necesito concentrarme. Esto no es lo que ella quiere. Aunque la manera en que se agarra a mi cabello parezca lo contrario, incluso aunque siga levantando y bajando su cuerpo peligrosamente para encontrarse con mi entrepierna y darle un empujón a mi erección. Mierda, Bella.

Va a acabar conmigo y el poco sentido control.

—Edward —gime mi nombre echando su cabeza hacia atrás, beso despacio la piel de su clavicula cerrando los ojos y respirando y exhalando. Necesitamos salir de aquí antes de que sea demasiado tarde para cualquier pensamiento sensato.

—Vamos a cenar —propongo de nuevo, necesitamos de un lugar abierto y con personas a nuestro alrededor que nos vuelvan seres razonables. No necesito ser tan consciente de este lugar cerrado, oscuro y vacío. De lo sencillo que sería volver a hacerla mía. Lo simple que sería mover su ropa interior, bajar mi pantalón y…

No.

Aunque Bella tiene otras intenciones porque jala el cuello de mi camisa cuando intento poner milímetros de distancia.

—Bella —por favor pónmelo fácil. Pero su ceja levantada indicando que hará justo lo contrario.

—Sólo hazlo —usa ese tono para convencerme, ese que me parece irresistible y que me haría ponerme a sus pies, no puedo. Acaricia mi mejilla contorneando la espesura de mi barba y luego recorriendo mi mentón. Me está matando. Y entonces lo decido, porque es lo único que lo hará simple para ambos.

—Si para cuando llegamos al edificio sigues pensando igual, entonces lo haré.

Y como si mis palabras la motivaran en lugar de disuadirla de un salto se pone de pie. Agarro la bandeja con las chucherías intentando pensar en cualquier cosa que no sea Bella. La incomoda erección contra mis pantalones es vergonzosamente evidente, así que intento caminar tras ella con mi mano en su hombro. Bella saca de la bandeja lo que quedó de chocolates y golosinas.

Así que añado ambas cosas para la próxima vez que compre el mandado en línea.

Cuando al fin conseguimos llegar a mi automóvil, Bella está parloteando sobre películas de extraterrestres, así que de eso sí iba la película que elegimos. Intento pensar en alguna para seguir en la conversación, guerra de las galaxias y aliens vs depredador son mis reducidas opciones. Aunque ella tiene un mayor repertorio, supongo que películas mas recientes.

—¿Podemos decir que esta película es la peor en la historia de películas de extraterrestres? —y yo asiento en total acuerdo.

Por supuesto que lo es, aunque no tenga la menor idea del porqué es tan mala. Lo mejor es estar de acuerdo con ella antes de poner en evidencia que estuve frunciéndole el ceño a toda la función mientras maquinaba un plan contra Peter.

Envío a ese idiota a un rincón de mi cabeza y me concentro en el camino y en Bella parlanchina. Sujeto el volante para mantener el control de mi cuerpo, y comienzo a mentalizarme sobre lo que ocurrirá una vez lleguemos al apartamento, ella dejará de hablar hasta por los codos y la realidad de lo ocurrido va a darle un golpe en la cara mostrándole el error de haberse dejado llevar, y sé que debo hacer todo mi esfuerzo por sonar convincente al decirle que todo está bien, que tiene tiempo y mi paciencia por los días que necesite. Aunque se ha agotado mi paciencia y mis deseos de seguir esperando.

Bella baja del automóvil al mismo tiempo que yo y camina a mi lado hasta las puertas de cristal, ahí ya se encuentra Teodoro listo para llevar el carro al estacionamiento subterraneo. Le dejo caer mis llaves en su mano y sigo andando al lado de Bella.

Cruzamos recepción, la sala de espera y nos detenemos hasta llegar a las puertas plateadas del elevador. Todo eso en silencio, un silencio arrasador entre nosotros que vuelve más evidente la tensión en el aire. Bella posiblemente no lo diga, puede que se deje llevar o finja que no ha ocurrido lo del cine, pero yo me obligo a decir las palabras: Lo lamento y puedes seguir pensando lo que sea que se supone que estás pensando.

—Lamento lo de antes, creo que ambos nos dejamos llevar y —me interrumpe llevando sus labios sobre los míos, un beso delicado y lentísimo para mi gusto, incluso para ella, su mano juguetea con la piel de mi nuca acercándome y yo correspondo sujetando su espalda para acercarla a mí. El elevador pita y las puertas se abren, caminamos dentro sin dejar de besarnos. Bella profundiza el beso y yo me adapto a su ritmo.

—Un elevador —sonrío contra sus labios ante sus palabras cargadas de doble sentido. Un elevador también está en su lista de fantasías, y yo estoy muy dispuesto a cumplir cada una de ellas, se lo he prometido y no falto a mi palabra nunca.

Apenas las puertas del elevador se cierran a mis espaldas, regreso a ella. Dejo un recorrido de besos en su cuello, mientras mi mano va hacia la espalda de su vestido, atrapo su trasero acercándola aún más a mí.

—¿Has terminado de pensar?
Deja caer su cabeza hacia atrás mientras deslizo mi lengua sobre la piel de su cuello, succionando y repartiendo besos de un lado a otro. Sus manos se entierran en mi espalda por encima de mi camisa.

—Uh… yo… ya… sí. Demasiado tiempo —no había sido consciente de lo mucho que extrañaba verla farfullar palabras sin conseguir hacer una oración larga de manera exitosa, agarro su mejilla mirándola a los ojos deteniendo mis besos y caricias. No necesitaba a su cerebro haciendo cortocircuito, la necesitaba totalmente capaz para decir que esto era lo que quería, para evitar que más tarde pudiera arrepentirse.

—¿Estás segura? —necesito escucharlo.

Asiente mordiéndose los labios mientras sus ojos marrones y brillosos parecen emocionados. Aun así, me contengo. Soy consciente de lo inexperta y hormonal que puede ser una persona en sus veintidós años, yo he estado ahí, yo también he dormido por personas con las que no debí dormir, sus ganas de tener sexo pueden ser más grandes que su capacidad de decidir, y no quiero ser un error más tarde.

—¿No estás dejándote llevar, cierto? ¿Esto es realmente lo que quieres?

—Sí, lo eres Edward —hay alivio cuando suelto el aire de mis pulmones. Ella me ha elegido a mí sobre sus inseguridades.

—No voy a volver a darte un segundo libre, ¿entendiste? —su risa relajada llena el pequeño espacio del elevador y el vacío grande que había estado estos días en mi interior.

—Parece —gime cuando mi mano se desliza cerca de su ropa interior— justo.

Comienza a desabotonar los botones de mi camisa, me alejo un segundo para presionar el botón que nos lleva a la azotea. Bella demanda atención besando con exigencia mi cuello, paso mis manos por su cabello acercándola a mí aunque mis ojos siguen sobre el panel de luz que indica el piso en el que nos encontramos. Abre mi camisa por completo y agradezco no llevar camiseta debajo porque así sus manos pueden acariciar mi piel. Sin embargo, hasta que el elevador no llega al 33 no la miro, aunque antes me aseguro de volver a presionar el botón de parada total del elevador, nadie entra ni sale de aquí.

A besos voy caminando con ella hasta acomodarnos en la otra esquina del elevador, debajo de las cámaras donde seguridad no pueda vernos. No hay manera que ellos hagan intento de interrumpirnos, no a excepción que quieran arriesgar sus puestos o desperdiciar la oportunidad de una propina generosa a cambio de la grabación.

Lo tengo todo resuelto. Bella vuelve a gemir bajo mis caricias. Cielos. La extrañaba tanto, sus sonidos de satisfacción y su piel contra la mía.

Vuelvo a ella, muevo el pequeño pedazo de tela y mis dedos buscan su intimidad, está húmeda y caliente, para mí. La besó con hambre y ansias. Te he extrañado tanto, pienso sin dejar de tocarla.

Jadea cuando mi mano se introduce debajo de su ropa interior, masajeando su clítoris y abriéndome espacio dentro de ella. Vuelve a gemir cuando deslizo la manga de su vestido hacia abajo haciendo que sus pechos salgan del vestido.

—Bella.

—No pares.

Paso mi lengua alrededor de su pezón, mientras mi otra mano masajea su clítoris dentro de la ropa, ella gime agarrando mi cabello entre sus dedos. La necesito.

—Te deseo tanto —digo contra la piel de su pecho.

—Sigue —apremia ella poniendo su fuerza contra mi cabeza para dejarme en su piel. Obedezco a su orden dándole placer como me lo pide, han sido demasiados días sin ella a pesar de que no ha pasado ni siquiera una semana. Me he vuelto adicto a ella, y como adicto inhalo el olor de coco y vanilla de su cuello mientras deslizo mi lengua en ella haciendo que arquee la espalda.

—Bella –su nombre sabe a dulzura en mis labios, pero sus labios saben incluso mejor. Mi lengua se entrelaza a la de ella explorando su calidez, mi lengua se mueve dentro de su boca mostrándole lo que podría hacerle con otra parte de mi cuerpo y ella parece entenderlo porque gime contra mis labios— eres mía —declaro por primera vez mientras mis dedos se mueven en su interior en círculos, torturándola por haberme dejado tanto tiempo a la deriva.

—Mmm —ninguna frase coherente, abre sus ojos y sonríe—. ¿Lo soy?

—Lo eres —confirmo pasando mi pulgar por su mejilla—, totalmente mía —su sonrisa se amplía mientras su rostro se vuelve carmesí bajo mi mano.

—¿Alguien puede entrar? —niego con mi cabeza, mientras me arrodillo frente a ella a pesar de su protesta, quito el nudo de su vestido y lo abro de par en par. Amo este conjunto de ropa interior.

—¿Arcoiris? —fue el mismo sostén que llevaba la primera noche que durmió en mi cama, cuando la encontré en las escaleras.

—No se suponía que nosotros… —nos señala con sus manos sin terminar la frase.

—¿Así que tenías intenciones de hacerme esperar más tiempo? —pregunto levantando una ceja pero dejando que el tono de mi voz le demuestre que estoy bromeando.

—Tal vez.

—Bien, ultima oportunidad para retractarte, Bella. Porque no voy a detenerme a partir de ahora.

Me sostiene la mirada entreabriendo sus labios y sacudiendo la cabeza.

—Quiero esto.

—No voy a detenerme —hay una promesa y una advertencia tras mis palabras, un jadeo involuntario sale de sus labios haciéndome sonreír.

—No lo hagas —gime, bajo sus bragas de encaje por sus piernas hasta llegar a sus tobillos, mi mano se desliza sobre la suavidad de su piel sacándole un gemido, levanta una pierna y luego la otra para hacer que la ropa interior salga por completo, llevo el trozo de tela al bolsillo de mi pantalón mientras mi mano vuelve a subir de su tobillo por el largo de su pantorrilla, beso sus rodillas mientras mis dedos avanzan por sus muslos hasta que consigo llegar y empujar un par de dedos en ella. Está tan mojada que eso hace que mis pantalones se sientan más apretados. Miro hacia arriba y le sonrío y ella sonríe en respuesta.

—Eres preciosa.

Bombeo duro y rápido, escuchando sus enloquecedores gemidos de satisfacción. Se agarra de mi hombro y cabeza mientras yo la penetro con índice y dedo medio, mientras mi otra mano la sostiene de la cadera para mantenerla firme.

Sus ojos se encuentran con los míos, intensos y exigentes, le sonrío una sola vez antes de entender lo que me pide en silencio. Mi mano de su cadera va a su rodilla para levantarla contra mi hombro.

—Intenta no hacer ruido —ella sonríe por el "intenta" pero su sonrisa se vuelve en unos labios entreabiertos cuando comienzo a repartir besos en su piel, acercándome desde sus rodillas hasta la cara interna de sus muslos, acomoda la rodilla a mi hombro sin que se lo pida y me acerca aun más con su pantorilla en mi espalda, dándome acceso total a ella.

Introduzco un dedo de nuevo, ahoga un gemido y suelta el aire ruidosa en un jadeo cuando retiro mi piel de su interior. Espero por ella hasta que baja su mirada hacia mí, y ahora que tengo toda su atención repito el movimiento. Sus ojos se cierran y mi mano desaparece, ella vuelve a abrir los ojos con evidente frustración.

—Edward —se queja en una imploración silenciosa, pero estoy poco dispuesto a ceder. He esperado por ella demasiados días.

—Si desvías tu mirada voy a detenerme —sus ojos se agrandan al llegar a comprender lo que le estoy pidiendo.

Vuelvo a introducir lentamente, esta vez índice y dedo medio dentro de ella mientras mi pulgar va a su clítoris. Muerde su labio con fuerza, pero sus ojos se quedan en mí. Salgo a la mitad y vuelvo por ella. Jadea y parpadea con violencia pero no desvía sus ojos de mí.

—Dime que me extrañaste.

—Sí —su voz es un murmullo, acelero los movimientos de mi mano.

—Creo que no te escuché lo suficiente.

—Sí. Sí. Mucho. Cielos. Edward.

—Sigo sin oírlo —aprieta los ojos y yo me retiro de nuevo. Baja su mirada hacia mí con evidente enojo, le sonrío con picardía.

Su mirada se suaviza dejando el deseo y la molestía de lado por unos segundos.

—Te extrañé.

—No alejes tu mirada de mí.

Lo que en realidad intento decirle es que no quiero que vuelva a alejarse de mí, pero es casi el mismo sentido en la oración, vuelvo a presionar dentro de ella, sin dejar de mirarla, mi otra mano sube hasta sus pechos, introduciéndose debajo de la varilla de su ropa interior y buscando su pezón. Sonríe y jadea pero al menos sigue mirando.

—¿Te gusta? —asiente mordiéndose el labio inferior con fuerza. Su mano va a mis hombros y mi cabello, jalando de éste hacia atrás para que yo también la mire, como si pudiera despegar mis ojos de su cuerpo—. Te deseo, Bella.

Aprieta sus ojos y entonces me retiro. Su mano contra mi cabello se vuelve un puño. Le sonrío de nuevo.

—No apartes tu mirada —le recuerdo.

—Va a venir alguien —niego con mi cabeza. Si asi fuera aparecería un pitido en el elevador. Llevo siete años viviendo aquí, esta no puede ser mi primera vez en un elevador. Aunque honestamente nunca había disfrutado tanto esto y apenas llevo un par de dedos aquí.

—No te preocupes por eso.

Ladeo mi rostro para besar la pierna que tiene sobre mi hombro, le doy una leve mordida.

Vuelvo a llevar un dedo dentro de ella, despacio, moviéndolo en círculos. Bella siempre mantiene sus ojos en mí, aunque el placer lo hace difícil, animándola a cerrar sus ojos y ella resistiéndose a ese impulso.

—Eres hermosa.

Gime mas alto que antes, lo que la hace irresistible, envío a la mierda mi autocontrol pasando mi lengua sobre su clítoris, con delicadeza, con presión, las manos en mi cabello se aferran a un más, sus uñas se me clavan a los hombros pero no protesto, en lugar de eso la animo, succionando su intimidad, mientras mis dedos entran y salen cada vez con mayor rapidez, cambio de lugar. Mi lengua entre sus pliegues ahora, yendo con lentitud hacia su centro, mi pulgar contra su clítoris haciendo presión entre círculos infinitos.

—¡Más!

Miro hacia arriba alejándome de Bella para mirarla recargando su cabeza contra las paredes mientras mira hacia el techo, cuando se da cuenta de su error mira hacia mí.

—Lo siento —su disculpa en realidad es una imploración para que continué en lo que estaba antes.

—¿Qué es lo que quieres?

Abre la boca en protesta.

—A ti.

—Me tienes, Bella —y continúo besando donde antes estuve, sus dedos vuelven a la batalla contra mi cabello pero no me quejo, disfruto sus gemidos y sus imploraciones sin sentido de sus labios.

La siento cerrarse alrededor de mis dedos y un segundo después escucho y siento su explosión. Jadea y se aferra a mis hombros. La saboreo antes de ponerme de pie de nuevo, dispuesto a salir de aquí y continuarlo en nuestro apartamento, pero su mano me detiene regresándola a su cuerpo.

—Sigue.

Sigo al pie de la letra su instrucción. Bajo mi bragueta y el pantalón hasta las rodillas antes de levantar por tercera vez su pierna para poder encontrar el acceso a su interior. La sostengo contra la pared para ayudarme a levantarla, agarrando su pantorilla voy haciéndome espacio en ella. Lento.

La quiero para mí.

Entro rápido y salgo de manera lenta hasta sentir la punta de mi pene casi al exterior para volver a entrar con fuerza en ella.

—Más.

—Te extrañé tanto —digo mordisqueando la piel sensible de su oído, ella se estremece entre mis manos. Mientras sigo entrando y saliendo de ella. Sus uñas se clavan en mis hombros y espalda.

—Edward.

—Tenemos que salir de aquí.

—Sigue.

—Confía en mí.

Renuente y gruñendo un poco asiente, salgo de ella subiendo de nuevo mis pantalones y abrochándolos. Bella acomoda su ropa interior y su vestido, asiente una vez.

Presiono de nuevo el botón para continuar hasta nuestro piso. 32. Por suerte el pasillo está vacío y nadie tiene que vernos caminar casi corriendo de la mano hasta nuestra puerta, beso su frente antes de poner la llave.

En cuanto la puerta del apartamento se cierra tras nosotros regreso a ella, sus manos van a mi camisa y la ayudo a quitármela por arriba sin desabotonar. A como puedo la llevo hasta la cama entre besos, nos vamos desnudando mutuamente en el proceso separándonos apenas para sacarle el vestido por encima o bajar mis pantalones. Bella se muestra receptiva.

La dejo caer en la cama de mi habitación.

—Tocate.

Sus ojos se abren, pero obedece llevando una de sus manos lentamente a su clítoris y la otra a uno de sus pechos.

—Eres tan preciosa —si no fuera de mal gusto le tomaría tantas fotos hasta terminarme la capacidad de memoria de mi celular. Así que intento grabar en mis retinas la imagen de ella.

—Por favor, Edward.

—Promete que no volverás a irte.

—No hasta que no me lo pidas.

No me basta, pero aun así se lo prometo yo.

—No lo haré.

Me muevo despacio dentro de ella mientras la acaricio con el mismo ritmo lento. Su frente se mantiene pegada contra la mía mientras la veo abrir, cerrar, exhalar, jadear y gemir con rapidez.

Cada estocada dice lo mismo: "Mía, mía, mía, solo mía".

Posesivo entro y salgo de ella mientras sus uñas se entierran en mi piel. Manteniendo siempre el ritmo lento, quiero decírselo sin tener que usar las palabras.

—Solo te deseo a ti, Bella.

Entro de nuevo. Apretandola y acercándola a mí.

—Edward.

Ser consciente de cuánto la quiero hace que sea una tortura no decírselo para darle la tranquilidad que mis palabras podrían o no darle.

Para cuando terminamos sudoros y temblando sobre la cama, Bella está acostada sobre mí con su cabeza recargada contra mi pecho escuchando el sonido arrítmico de mi corazón.

—Eso ha estado… —no termina la oración.

—Le llaman reconciliación.

—Ahora entiendo porqué las parejas discuten todo el tiempo.

Beso el tope de su cabeza mientras la aprieto contra mí.

—¿Estamos bien?

Asiente dejando besos en mi cuello.

—Lamento haberte hecho pasar por todo eso en la fiesta de aniversario.

—No fue tu culpa.

—Lo fue —acaricio su espalda de arriba abajo con las yemas de mis dedos—, debí ser honesto contigo desde el principio.

—No creo estar en posición para exigir toda la verdad.

—¿Qué significa eso?

—Que… entiendo que quieras enterrar tu pasado, que yo… que todos tenemos fantasmas que nos persiguen, ¿no?

—Nada que un buen exorcismo no pueda curar.

Su mano se desliza sobre la piel de mis pectorales.

—Olvidemos el pasado, Bella. Sólo somos tu y yo. ¿Podríamos tener sólo eso?

—¿Sin pasado?

—Nada de eso importa ya. Nada de lo que hubo antes puede afectar lo que tenemos ahora.

Parece desconfiada cuando me mira, ¿acaso no cree que pueda ser capaz de olvidar todo lo que existió antes de ella? Porque ya lo he olvidado, no sólo lo he olvidado, ha perdido toda la relevancia que alguna vez pudo tener.

—¿No me crees?

—Somos quienes somos por lo que hicimos antes, Edward. El pasado siempre deja su huella —niego con mi cabeza—. Tu deberías saber que… —pongo un dedo sobre sus labios para silenciarla.

—Somos esto que hoy somos, no importa cómo llegamos aquí. Quiero vivir en el aquí, sólo el ahora, contigo. ¿por qué es tan difícil para ti aceptarme? —parpadea luchando contra las lágrimas.

—Porque cuando te des cuenta lo que hay en ese pasado tú vas a —esta vez cubro su boca con la mía para silenciar sus protestas. ¿Por qué tiene que ser tan difícil hacerle entender que nada de lo que existió antes de ella me interesa? Heidi está en el pasado, para siempre. Peter lo estaría si no se hubiese metido con mi hermana, todavía debo encontrar como joderle la vida así como él lo hizo con Alice. Pero entre más pronto comience con eso, más pronto estará fuera de mi presente. Y lo quiero tan fuera como puedo desear que desaparezca para siempre.

—Nuestro pasado no importa, Bella. Hoy he visto como el pasado puede arruinar a una persona por completo y no permitiré que eso nos ocurra.

Se queda en silencio mirando el lunar bajo mi cuello, sujeto su mentón para levantar su cara y obligarla a mirarme.

—¿Hablas de Alice?

Asiento.

—No necesitas contármelo —añade a prisas—, no quiero invadir su privacidad.

Pero la manera en que intenta mantener sus ojos en mis labios me indican que esta es en realidad la oportunidad perfecta para demostrarle que confío en ella y que no quiero que piense que le tengo más secretos.

Así que le cuento todo. Desde James en mi oficina hablándome del pasado entre Peter y Alice en su adolescencia; también de Jasper llamándome esta mañana para que ayudara a mi hermana; y finalmente de mi hermana que solo sabe escribir nombres de idiotas en un cuaderno y tallarse la piel hasta lastimarse.

Y Bella escucha atenta, sin juzgar, sin preguntar, sin añadir comentarios, sencillamente escucha mientras tiene su vista en nuestras manos entrelazadas entre nuestros cuerpos desnudos. Para cuando termino de hablar ella solo dice:

—Alice es muy fuerte, Edward, ella estará bien. Ya lo verás —y hay una convicción en su voz a la que me aferro.

Beso su frente mientras me lleno de coco, vainilla y lavanda.

—¿Así que tú y Charlie se envían stickers ahora? —pregunta mientras cambia de tema, atrapado.

—Creo que era lo menos que podía hacer. Necesitas un celular, Bella.

Suspira, pero no responde y asumo que no he estado tan equivocado estos días sobre sus motivos para no hacerse de uno.

—¿Piensas que necesitarás el dinero para ti? —obligo a hacer salir las palabras, Bella no responde en seguida, pasa su pulgar sobre mis nudillos unas tres veces antes de volver a hablar.

—Es un fondo de ahorro. No debería usarlo en tonterías.

Un fondo de ahorro por si esto no funciona y termina en la calle, no lo dice, pero sé que lo piensa.

—Entonces déjame gastar mi dinero en ese tipo de tonterías por ti.

—No.

—Sé que no lo crees, pero tú también has sido un bote salvavidas para mí, Bella.

Y como ella no vuelve a hablar continuo, con el riesgo de que salga enojada de la habitación con la mención de Heidi, paso mi pulgar sobre la piel de su espalda mientras vuelvo a dejar un beso sobre su cabeza.

—Le diste una perspectiva a mi vida cuando llegaste aquí —Bella niega con su cabeza pero no dejo que me interrumpa—, lo digo en serio. No es tan simple como parece lidiar con una infidelidad, el escarmiento público ni la traición de quien pensé que era mi amigo. Pero no fue solo eso, fueron todas las personas a mi alrededor que intentaron advertirme de ella y lo idiota que me sentí por no haberlos escuchado ni una sola vez. Y yo definitivamente no lo tomé bien, lo único que hice fue tomarme todas esas botellas de wisky, pelear con Alice que se rehusó a irse a su apartamento y me vio jugar videojuegos todas las tardes por una semana.

—Eres memorable, ¿cierto?

Ignoro su broma que busca distraerme.

—Hablo en serio, Bella. Conservas ese sentido del humor a pesar de toda tu mierda. Y ahí estabas tú haciéndome reír en un museo mientras yo me lamentaba por una boda que habría terminado tarde o temprano en un divorcio, y después estabas hablándome de cómo te las habías ingeniado para tener solo siete cambios durante meses porque tuviste que deshacerte de tu ropa para comer. ¿Tienes idea de lo estúpido que me sentí?

Bella pone su mano en mi mejilla acariciando mi tupida barba, así que continuo hablando con la tranquilidad de que no va a salir corriendo por ahora.

—No había un punto de comparación. Me quejaba de una exnovia que me había engañado posiblemente desde el principio cuando debí estar agradecido de descubrirlo, y tú ni siquiera hablabas de tus problemas. Admiro tu fortaleza, lo digo en serio, porque eres tan joven y has sabido lidiar con todo eso. Y con mi edad y mis recursos sin ti posiblemente hubiera terminado en…

—¿Alcoholicos anónimos? —sonrío.

—Es posible. Lo que creo que trato de decir es que —te amo. Pero me interrumpe.

—Que aparecimos en el momento oportuno para ambos. Lo sé —acerca su nariz a la mía con sus ojos brillantes marrones—, yo también te admiro. Ya quisiera llegar a los treinta y dos con todo lo que tú has conseguido y sin ayuda de nadie —abro y cierro la boca pero no hay manera de volver a lo anterior. Así que le doy una sonrisa y luego dejo un tercer beso entre sus cejas—. Sólo promete que no vas a obsesionarte e ir tras Peter a pesar de lo que ocurrió con Alice. No creo que ella quisiera que tú pasaras tu tiempo buscando tu manera de vengarte por ella.

Me quedo en silencio.

—Promételo, Edward —su voz suena tajante.

—No puedo prometerte eso y no quiero hacerlo. Lo que le dijo a Alice, el modo en que se ha burlado de ella todos estos años es imperdonable, Bella. No voy a ceder a eso, lo siento —no voy a prometer nada que no pueda cumplirle.

—Entonces promete que no vas a hacer ninguna locura que te haga terminar tras las rejas.

Ruedo los ojos.

—Prometelo.

—Suenas justo ahora como Esme.

Se ríe, pero por su mirada sé que no dará su brazo a torcer.

—De acuerdo. Nada de terminar en prisión.

Suspira antes de volver a recostar su cabeza en mi cuello.

—¿Me despertaras si crees que tengo una pesadilla?

—¿Has estado teniendo pesadillas? —pregunto mientras paso mis dedos por su cabello, asiente—. Yo cuidaré de ti mientras duermes, ¿de acuerdo?

—Gracias —dice justo antes de un bostezo.

—¿Mañana trabajaras por la tarde?

—Ajá —dice con voz adormilada, ruedo los ojos—. Irina está a cargo mientras vuelve Alice —vuelve a bostezar mientras sube su pierna sobre las mías—. Hablaré con ella mañana para volver a mi anterior turno —sonrío.

—Yo podría hablar con ella —niega con su cabeza—, nada de usar la carta de novia —recuerdo.

—Creo que eso es imposible ahora, ya todos saben en la cafetería que estamos juntos.

—¿El video? —tanteo.

—El video —confirma.

—Siento eso.

—No fue tu culpa.

Pero sí lo fue, de haber sido más sincero Heidi ni siquiera habría tenido oportunidad de asistir a la fiesta.

—Confiesa —tiene los ojos cerrados—, ¿realmente fuiste a cuatro florerías o sólo lo decías para subir puntos conmigo?

—Ojala hubieran sido cuatro —abre un ojo en espera de una explicación—, ocho en total. Creo que solo no quería estar en el apartamento solo.

—Ocho son muchas.

—Lo sé.

—Aunque la primera rosa blanca bastó —acarició su mejilla.

—Lo noté —le da un apretón a nuestras manos aun entrelazadas antes de volver a bostezar—. Buenas noches, Bella.

—Buenas noches, Edward.

Y entonces despues de todos estos días al fin puedo dormir en paz.

Como saben algunas personas que me leen se me borró este capítulo, así que tuve que empezarlo básicamente de cero y me costo una vida hacer que las palabras volvieran a salir. Dinámica loca para el siguiente capítulo, puedes llamarle soborno o motivación para mi escritura: Subiré capítulo el próximo lunes o en 100 comentarios. ¿Qué si porque cien? Porque es mi capítulo favorito y lo merece.

ADELANTO PARA MORIR:

Porque me encuentro contándole todo. Y me refiero a todo. De cómo llegue al burdel, de las condiciones de Don, del vestuario que debía usar, de las propinas, de mi deuda con Tía, de la deuda que adquirí después con Don, de cómo debía meterme en un traje de latex una vez por semana y bailar para ellos, de todo. Del miedo, del hambre, de los hombres intentando agarrarme para sentarme en sus piernas, de cómo los esquivaba y de cómo a veces no conseguía esquivar sus manos y terminaba siendo sujetada con fuerza contra ellos, o de los besos que recibí a la fuerza hasta que nos separaban los de seguridad. De como cada noche regresé sin faltas al mismo lugar a pesar de todo eso.

Y de nuevo una invitación, te juro que va a encantarte UNA MUJER SIN CORAZÓN, yo pensé que no podría amar a otro personaje más que al de esta historia, y entonces apareció el protagonista de la otra.

Y no es que abandone una historia por otra, de Una dama de burdel tengo los borradores de ya casi el resto de capítulos, que creo que se me subieron de 60 que había dicho a casi 65, ups; pero de Una mujer sin corazón ya escribí casi la mitad de la historia también. Inspiración hay de sobra (mi truco para los bloqueos es escribir varias historias a la vez). Pero fue muy desmoralizante perder todo mi capítulo anterior y me bloqueé cañón intentando recuperar la idea que tenía hasta que estos días logré escribirla. Además con una Dama de burdel me entra la depresión y una mujer sin corazón es la balanza para las risas. Así que si estás que te arrancas el cabello con el adelanto de hoy, pues después de dejar tu RV a lo mejor se te antoja bajarle a la adrenalina de emoción dandole una lectura por allá.

Y sobre el adelanto. Añadir grito de locura por aquí. ¿Alguna idea al respecto?

¿Ya dije antes que el que viene es mi favorito?