Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Amor, pinturas y preguntas
Angielizz (Anbeth Coro)
Dedicado a: Rosichita, Sindypaolajarabagonzalez, StefaCullen, Maribel1925, Narraly, Wenday14, Noriitha, Vane, Adriu, Yoliki, Catita1999, Ori-cullen-swan, Miop, NarMaVeg, Terewee, Tocayaloquis, Cinti77, Nana
Nota al final
Amor, pinturas y preguntas
Ella
Miércoles, 14:18
Better Love –Hozier
Él me ama.
Ese es el primer pensamiento que tengo al despertar en su cama; y no necesito abrir los ojos para saber a quién pertenecen los dedos juguetones que pasean a lo largo de mi espina dorsal. Llevo ya cerca de diez minutos con los ojos cerrados y mi cabeza contra su pecho disfrutando de él, del ritmo de su corazón y sus caricias.
Él me ama.
Respiro contra su piel aspirando su aroma, nunca he sido buena en relacionar olores entre sí, para mí los olores pertenecen a las personas. Por ejemplo, pintar con óleo siempre me hacía pensar en mamá, mamá los sábados despertando temprano para pintar desde el patio trasero de la casa. A mamá siempre le gustó pintar los colores matutinos del cielo.
El olor de la comida rápida me recuerda a papá, él era quien cocinaba en casa, pero también era quien nos impulsó hacia la comida chatarra, cualquier era un buen día para comer pizza o llevar comida a domicilio. El olor de la comida rápida me recuerda a papá en la cocina y papá llevándonos en carro al autoservicio de alguna franquicia de hamburguesas.
Las palomitas de mantequilla recién hechas me hacen pensar en Charlie, a él y a nuestras tardes en la sala comiendo palomitas para entretenerlo mientras mamá y papá trabajaban y yo la hacía de niñera, ¿Qué si lo nuestro no era la alimentación sana? Definitivamente no lo fue, lo que explica porqué hasta que apareció Edward me fuera tan mal con mis inventos culinarios.
Pero mientras respiro contra su piel y mis fosas nasales se inundan de su particular aroma no pienso en nada que no sea su sonrisa y su mirada. La manera en la que sonríe cuando se burla de mí, la mirada que pone de ternura, de diversión, de deseo, el modo en que sus ojos azules adquieren diferentes brillos de acuerdo a su ánimo. Aunque ahora mientras lo huelo la única imagen que viene es la sonrisa que tenía mientras sus labios decían que me amaba.
Porque resulta que él me ama.
A mí.
Y a las diecisiete cosas que le gustan de mí y también las quince cosas de su lista que no le gustan de mí, y que no son mis defectos, no ha añadid lista lo mucho que le molesta que llore o lo complicada que soy, ni lo sensible que puedo volverme, no ha puesto que soy un estorbo o una carga en su vida, no ha añadido que le molesta que no coopere con dinero para los gastos, o que tenga que toparme en el apartamento 24/7, no apuntó que llegué a su vida con una mochila vieja y ropa gastada. No ha puesto que le parezco muy flacucha o que dejo que mis pensamientos se vayan a lugares oscuros y tristes si no me controlo. Es decir, tengo tantos defectos que él conoce y los ha ignorado por completo al momento de hacer esa lista… porque me ama.
¿Cómo es posible siquiera que eso sea posible?
No lo cuestiono, no lo pongo en duda, si hay algo que Edward no hace es mentir, bueno, puede que omita información como que estaba a punto de casarse, o que es más rico de lo que yo asumí alguna vez, porque esta tarde me ha quedado claro al estar en su oficina que no estaba ni de broma cerca con el despacho sencillo que había imaginado, tiene decenas de empleados, dos secretarias y una oficina grande con sofá de cuero y todo. Pero eso no es mentir. Es omisión.
Como lo que yo he hecho con él.
No.
Yo sí le mentí. Le dije que tenía una compañera drogadicta que me echó en la madrugada del apartamento para no decirle que trabajaba de mesera en un burdel; le dije que tenía una herencia corta para no decirle que vivía de las propinas para pagar mis deudas; le dije que no tenía trabajo, cuando quise decir que no tenía uno decente; lo hice creer que un extraño intentó subirme a la fuerza a su carro cuando fue un cliente. Yo sí he mentido. He dicho una cosa por otra.
Edward sólo limita la cantidad de información.
Pero si él ha dicho que me ama es porque me ama. Así de sencillo, incluso sin las dos listas lo habría creído.
—¿Qué piensas? —pregunta interrumpiendo mis pensamientos
—En tus listas.
—¿Algún punto en especial? —ahora sus manos se enredan en mi cabello mientras quita los mechones que cubren mi rostro.
—Ya no podré envenenarte.
Su pecho sube y baja mientras la habitación se llena de su risa, sonrío contra su piel sin levantar mi rostro.
—Supongo que eso es cierto. Soy un buen maestro.
No lo debato.
—Y uno paciente —añado, su mano acaricia mi mejilla y yo muevo el rostro lo suficiente para plantarle un beso en la piel de sus nudillos.
—¿Algo más que tenga mi lista que quieras debatir? —se curvan mis labios hacia arriba en una sonrisa que no puedo esconder.
—¿Sigue sin gustarte mi blusa de red? —pregunto haciendo círculos en su piel, vuelve a reírse entre dientes, su mano ahora se desliza a mi costado enviando descargas al resto de mi cuerpo.
—Me gusta lo que le haces a mi autocontrol.
—¿Vas a seguir creyendo que tienes? —cambio a un tono juguetón mientras levanto ambas cejas sin abrir los ojos.
—Me gustas de buen humor.
—Yo no tengo mal humor.
—Sí que tienes, lo conocí en la noche que te pasaste con las copas —sacudo mi cabeza sintiendo mi piel arder, se refiere al cumpleaños de Jasper—. Aunque el problema es que tú pasas del buen humor a estar triste.
—Soy pesimista —admito, mientras escondo mi rostro contra su cuello—. ¿Por qué no has puesto mis defectos en tu lista?
—No era una lista de defectos —le da unos golpecitos a mi frente.
—¿Existe esa lista?
—No. Aunque los conozco, por supuesto.
—Gracias —digo sarcástica y lo vuelvo a hacer reír— tú también tienes muchos defectos.
—¿Ah sí?, ¿cómo cuál? —suena intrigado ahora.
Tonta.
—Eres muy guapo.
Y ya, no se me ocurren más defectos a la lista.
—Los encontrarás en algún momento, estoy seguro —parece convencido de eso y a la vez despreocupado de que sea capaz de reconocer sus imperfecciones. Me decido a ser un poco más valiente y abrir los ojos, levanto la cara de su pecho y lo miro. Tiene una sonrisa dulce y sus brillantes ojos azules están buscando algo en mi rostro, como si esperara alguna mueca de mi parte o una reacción o…
Doblemente tonta.
—¿Te dije que te amaba, cierto? —y aunque pretendo hacer uso de una voz casual y tranquila todos los colores suben a mi rostro y siento como quema mi piel ante el sonrojo, delatándome frente a él.
En mi defensa nunca he sido capaz de hilar ideas cuando él me besa, me entorpece por completo entregada a las sensaciones de mi cuerpo. Y lo siguiente que hizo después de decir que me amaba fue besarme, como si quisiera fundirse conmigo o tal vez fui yo quien se trepó a sus piernas y comenzó a besarlo frenéticamente sin darme espacio para hablar. Y Edward es consciente de esa característica mía porque sonríe aún más antes de añadir con diversión:
—No creo que tuvieras tiempo para eso.
Lo extraño de las relaciones es que son escaleras que se suben poco a poco, pero una vez que llegas a un escalón es como si no importara el tiempo que te ha tomado llegar ahí, se siente como si siempre hubiera sido de ese modo. He pasado demasiados días luchando contra mis sentimientos por él y ahora estoy en un escalón nuevo, más arriba que antes, y amarlo ha dejado de ser una preocupación, sólo puedo sentir la euforia de este nuevo escalón, y6 sin temer a los riesgos de antes, porque resulta que él también me ama a mí.
—Te amo —la sinceridad y la confianza salen acompañando a mi voz, la sonrisa de Edward se ensancha, se las ingenia para girarnos y ahora yo estoy con la cabeza entre las almohadas mientras él está encima de mí besándome. Besa mis mejillas, mi mentón, bajando por mi garganta, dejando un camino de besos y caricias por toda mi piel como si pudiera corresponder a mis palabras con sus actos.
—Te amo —me dice por segunda ocasión mientras pega de nuevo su frente contra la mía. Acaricio con lentitud su mejilla, pasando mis dedos por encima de la barba de algunos días y hundiendo mi mirada en la calidez de sus ojos marinos.
—¿Dónde habías estado toda mi vida? —pregunto repitiendo la pregunta que él hizo la primera vez que estuvimos juntos, su sonrisa crece recordándolo.
—Buscándote —responde con dulzura al tiempo que sus labios encuentran los míos, mis manos en su espalda lo aprisionan y acercan a mí, no me dejes nunca, dicen mis dedos enterrándose en su piel y cuando vuelve a separarse y sus ojos se encuentran con los míos por ese breve momento en que nuestras miradas se conectan siento la certeza de que no lo hará—. Eres mía —corrobora mis ideas.
—Sólo tuya.
Y de nuevo me demuestra qué tan suya puedo ser.
Más tarde estoy cubierta de harina, no sé cómo, no hay excusas para el desorden que he creado en la barra de la cocina, es como si alguien se hubiese puesto a jugar guerra de harina y lo peor es que todo el desorden lo he hecho yo sola. Pero al menos las dos bolas de masa están cubiertas por un paño mientras espero que la levadura haga su trabajo; y así pueda continuar con mi tarea de hornear una pizza.
Termino de picar los champiñones y los dejo al lado del pepperoni, sonrío satisfecha, Dolores me había conseguido esta mañana los ingredientes necesarios para hacer las pizzas, se lo pedí por la mañana antes de ir al apartamento de Alice, también le pedí que se tomara el resto del día libre, supongo que intenté ser optimista por la mañana, me aferré a confiar que tendría suerte el resto del día aunque honestamente no había pensado que fuera a irme así de bien, ni de cerca había planeado los eventos que se desencadenaron después de salir de la oficina de Edward, mucho menos creí posible una declaración de amor de Edward.
Edward.
Me río a solas en la cocina recordando que está knock out en su habitación, al menos lo estaba cuando salí de la cama, al parecer una sesión de sexo me deja a mí vencida, pero la segunda me renueva toda la carga mientras él queda sin una línea de energía para más. Lo que me vino bien porque eso me permitió avanzar con la comida. Miro hacia la ropa, tengo un poco de harina en las mangas de la camisa de botones de Edward, pero nada que una lavadora no pueda solucionar. Aunque sospecho que si le hubiese quemado la manga de la camisa a él no le importaría, no lo había hecho cuando le jodí todas sus camisas blancas, ¿por qué le importaría ahora una camisa? Sonrío mientras jalo hacia arriba el cuello de la camisa con mis manos para llevarla a mi nariz, huele a él.
Y su olor me lleva a su sonrisa, a esa sonrisa que tenía mientras sentados en la sala de la televisión me decía que me ama, a mí.
Y entonces, interrumpiendo mis recuerdos, el teléfono de la cocina suena, camino y respondo sin considerar si es o no para mí. Edward está dormido y yo estoy a unos pasos del teléfono, ¿por qué no habría de responder?
—Escucha, no cuelgues —me quedo paralizada reconociendo la voz femenina detrás—. Sólo quédate en la línea un segundo, lo que hice estuvo mal, Edward, lo que hice fue… desquiciado de mi parte. Perdí la cabeza al verte con esa niña, tú me conoces, yo jamás te avergonzaría de esa manera, pero tú me provocaste al llevarla —pongo los ojos en blanco mientras considero regresar el teléfono a su sitio, pero sé que volverá a llamar una y otra vez, así que mantengo la calma y sigo escuchando como una intrusa—. Peter no significa nada, ha sido un capricho, tú dijiste que no aceptarías mis términos y entonces enloquecí y lo elegí a él—sospecho del tipo de términos que ella podría sugerirle a Edward—, debí elegirte a ti, debí… lo siento. Peter no significa nada, hemos terminado y ahora estoy disponible para ti. ¿Era eso lo que te tenía enojado? —sacudo la cabeza y respiro hondo para no insultarla—. Creí que quería una relación abierta, pensé que era lo que nuestra relación necesitaba —manipuladora—. Ahora me doy cuenta que no. Lo haremos a tu manera si insistes, nada de terceros, nada de mentiras. Estoy aquí para ti. No supe cuánto te amaba hasta que te vi bailando con esa perra y… —una mano se atraviesa en mi visión y de pronto el teléfono pasa de estar en mi oreja a estar en la de Edward. Escucha apenas un par de segundos, lo suficiente para reconocer la voz de Heidi, voy a soltar una disculpa pero su dedo índice presiona mis labios para que no hable, aleja el teléfono de su oreja.
Presiona el botón de micrófono apagado y deja el teléfono encima del aparato. Sin colgar y sin responder, la dejara hablando sola hasta que se dé cuenta que no hay nadie del otro lado, su mensaje es claro, para mí y pronto también para ella.
—¿Jugando con harina? —me hace girar con sus manos sobre mis hombros, dejando a mis espaldas el teléfono y me dirige hacia donde antes estaba preparando la harina.
—Estoy cocinándote una pizza.
—Horneando —me corrige y yo sonrío al adivinar que replicaría de esa manera.
No hablamos de Heidi, ni de esa llamada, hablar de ella se siente como romper con nuestra burbuja, pero le sigo dando vueltas a sus palabras. ¿Por qué un hombre como él se casaría con una bruja como esa? Pero en lugar de darle a conocer la pila de dudas nos ponemos a amasar juntos.
Edward se pone a mis espaldas mientras vamos dándole forma redonda a la masa, de pronto hacer una pizza me parece lo más erótico que alguien puede hacer en una cocina, aunque quizás se debe a lo que hace Edward mientras amasamos, pone sus manos encima de las mías y ese gesto me recuerda a cuando envuelve sus manos en las mías cuando estamos en la cama, pienso en sus dedos entrelazándose a mis dedos atrapándome contra el colchón mientras me besa el cuello y se va introduciendo en mí. Respiro hondo y parpadeo enfocándome en lo que estamos haciendo.
Las manos de Edward suben a las mías para aplastar la masa e irle dando una forma circular, como lo haría con mis pechos, lento y suave, la palma de su mano ejerce presión contra el dorso de mi mano e involuntariamente mis caderas se mueven hacia atrás buscando crear fricción contra sus boxers, porque además estamos cocinando con inapropiada ropa, yo con su camisa de botones y mis bragas, él sin camisa y en boxers. La boca de Edward va a mi cuello sin dejar de mover sus manos sobre las mías y corresponde con sus gestos a mis caderas frotándose contra mí. Nuestras manos siguen empujándose entre sí contra la masa, cierro los ojos y cuando sus dientes encuentran mi piel se escapan de mis labios una mitad risa y un mitad gemido.
—Y yo pensé que no sabías cocinar —una de sus manos va a mi espalda bajando por la tela de su camisa hasta encontrar mi ropa interior y bajarla sin andarse con rodeos.
—Edward —mi voz no sale como la protesta que debería ser, de hecho, suena más como si lo motivara a seguir con esto.
—Creo que jamás volveré a cocinar contigo a mi lado.
—Pero acabamos de… —no termino la oración cuando siento introducirse un dedo en mí— oh cielos, sigue, sigue.
—Sigue amasando.
Está bromeando, ¿no? Miro hacia atrás pero su ceja levantada y sus ojos azules no parecen bromistas.
—¿De verdad?
—Las mujeres pueden hacer dos cosas a la vez, ¿no?
Sacudo mi cabeza sin dejar de mirarlo.
—Yo no —se ríe.
—Pensé que una ventaja de cumplir años era complacer al festejado.
—Yo nunca dije eso.
Y ya que mi lado sensato no colabora con él, comienza a mover sus dedos dentro de mí, entrando y saliendo en mí con fuerza, abro las piernas para darle mayor acceso mientras elevo mis caderas hacia él.
—Compláceme, Bella —sonrío mientras mis dedos se enterran en la masa, dejando las marcas de mis uñas—, sigue, preciosa.
Muerdo con fuerza mis labios mientras me concentro en terminar mi trabajo, estiro con las puntas de los dedos la masa y pretendo que mi piel no está incendiándose con las caricias de Edward, pretendo que no está llevándome al límite, muerdo con fuerza mi boca para no gemir. Y sigo en lo mío, pero él también sigue en lo suyo, una mano está dentro de mí mientras la otra tiene prisionera a una de mis manos, amasando o destrozando la masa que hay debajo.
—Por favor, te necesito a ti.
—Esa pizza no tiene buena pinta —se burla al tiempo que sus caricias desaparecen—, creo que estoy distrayéndote.
—Sigue, sigue —digo moviendo mis caderas hacia atrás en busca de sus dedos, pero lo que consigo es encontrar su miembro sin tela encima, levanto mis caderas y me pongo de puntitas para darle acceso, mientras mis manos se apresuran a terminar con la pizza, se ríe pero lo ignoro mientras me apresuro en este breve espacio de tregua, ahora he conseguido darle una forma redonda pero tiene mis uñas incrustradas por todas partes.
—¿Probaste la masa antes? —pregunta con voz tranquila como si yo no estuviera jadeando en espera de más de él, en espera de que que me penetre de una vez por todas. Pellizco la segunda bola de masa, no está mal, creo, agarro un poco y lo llevo hacia atrás, la boca de Edward envuelve mi pulgar e índice donde tenía sujeta la bolita de masa, muevo mis caderas hacia atrás y nuevamente mi trasero choca contra su dureza, su lengua se enreda en mis dedos y apenas consigo ahogar un gemido—. Deliciosa —y se que no se refiere a mis habilidades culinarias.
Edward, aún a mi espalda, desliza su mano izquierda desde mi pelvis hasta mi cuello, abriendo uno a uno los botones de la camisa en el recorrido, sin llevar su mano a mi piel, solo va desnudandome en la cocina sin que yo ponga resistencia, baja las mangas de la camisa hasta que ésta cae al suelo, luego lentamente sus manos se posicionan en mis caderas agarrando mis bragas de las orillas y va tirando de ellas hacia abajo. Sus manos bajan por mis piernas junto con la ropa y puedo sentir su aliento en mis muslos, sigo esperando que haga conmigo lo que sea, pero él parece dispuesto a hacerme esperar por él, levanto una pierna y luego otra para que mis bragas salgan por completo, vuelve a ponerse de pie dejando mi ropa interior sobre la barra de la cocina.
—Ven conmigo —dice en mi oído.
Jala mi mano y comienzo a caminar tras él hacia la sala, ¿en que momento se ha desnudado? No me interesa, me muerdo el labio mientras me deleito con su trasero en exhibición.
Caminamos hasta las ventanas que están en la pared, grandes ventanas de piso a techo que nos muestran la ciudad.
—Esto es lo más cerca que estaremos de una azotea —me explica ante mi mudismo, y entiendo a lo que se refiere, cuando le conté que la azotea era uno de los lugares que tenía en mi lista de fantasías él me había confesado tenerle miedo a las alturas y añadió que jamás se acercaría a las ventanas de su apartamento, pero ahora estamos aquí, a centímetros de las ventanas con el mundo a nuestros pies.
—¿Son resistentes? —pregunto poniendo mi mano en el cristal.
—De acuerdo a quien me lo vendió, sí.
Pero me jala hacia una de las columnas de la ventana sin confiarse de la palabra de ese extraño, ahora la mitad de mi cuerpo está contra una base dura y resistente, a ambos lados de la columna están las ventanas en las que pongo mis manos, afuera los rayos del sol iluminan a la perfección los detalles de la calle, ¿ellos pueden vernos? Miro al edificio que hay cruzando la calle y me pregunto si alguien desde ahí estará atento a lo que hacemos, pero no dejo que esas inseguridades se verbalicen, por un momento entiendo la idea de la azotea, no es solo la altura sino estar al aire libre, las ventanas sin cortinas funcionan igual que si estuviéramos en la azotea, Edward succiona la piel de mi nuca mientras sus manos van ganando territorio en mi cuerpo, dejo quieta mis manos contra los cristales de la ventana.
—Tienes una muy buena vista, ¿eh?
—Totalmente de acuerdo —ladeo mi rostro para verlo, pero sus ojos siguen en mí, ignorando por completo lo que hay del otro lado de la ventana—. Sólo te quiero a ti —y a sus palabras las acompañan sus movimientos porque se va haciendo espacio en mi interior, insaciable y adictos al otro volvemos a hacer el amor con el mundo afuera y sin que nos importe un poco.
Ladeo mi rostro para poder verlo, sus ojos cálidos se encuentran con los míos.
—Tú —es todo lo que soy capaz de decir mientras se mueve despacio llevándome al límite.
—¿Yo? —deja un beso entre mi hombro y cuello.
—Tú estás en mi lista, sólo tú, donde quieras y como quieras, tú, sí, eso, sigue —su risa en mi oído es contagiosa porque en medio del placer de sus movimientos me encuentro riendo también.
/-/
Después de hacer el amor nos volvimos a vestir con la misma ropa que habíamos dejado tirada en medio de la cocina, cada uno decoró su propia pizza, no estoy segura que se pueda heredar el talento culinario pero Edward había conseguido hacer una pizza digna de un premio con todo y orilla de queso, mientras la mía, deforme y con las marcas de mis uñas apenas era rescatable por la capa de salsa de tomate, el montón de queso encima y todos los ingredientes que logré poner encima sin dejar un espacio en blanco, no tengo que decirlo pero no había adquirido ninguna habilidad decorativa en estas semanas aprendiendo a cocinar.
Mientras esperábamos que la pizza estuviera lista, limpiamos el desorden de la cocina y como yo estaba bañada en harina decidí aprovechar el tiempo libre para tomar un rápido baño, para cuando salí Edward ya tenía las dos pizzas en la sala de la televisión junto con una botella de vino y dos copas. A falta de una película del agrado de los dos, decidimos lanzarnos a una batalla en equipo en Xbox, aunque me parecía más divertido jugar a escapar de él que hacerlo mi aliado en la batalla.
—Es tu cumpleaños todavía, ¿quieres hacer algo o sólo te quedas jugando videojuegos todo el día? —me burló mientras le doy una mordida a la tercera rebanada de pizza, en mi opinión a pesar de la mala apariencia tiene un sabor exquisito. Edward pasa su pulgar por encima de la comisura de mis labios quitando un poco de salsa de tomate.
—¿Qué tenías planeado?
—Honestamente mi plan concluía en conseguir entrar a tu oficina. El resto ha sido improvisación.
—Entonces espero que sigas improvisando.
—¿De verdad? —sonríe y asiente, ¿él quiere celebrar de verdad su cumpleaños?, ¿conmigo? Me pongo de pie—. No te muevas —y sin que pueda llegar a protestar o moverse, salgo de la sala de juegos y me dirijo hacia mi habitación, me agacho al lado de la cama y estiro mi mano bajo el colchón hasta sentir la caja de regalo, jalo de ella y me pongo de pie. Cuando regreso, Edward está justo donde lo dejé—. Ábrelo —digo sentándome a su lado y estirando el regalo para él.
—Bella…
—Shh, sólo ábrelo.
Sacude con cuidado la caja azul como si pudiera descifrar que hay dentro, mueve el liston blanco, tira las cintas hacia arriba despacio para evitar que se rasgue el papel de la caja y finalmente lo abre. Lo observa en silencio, sin ninguna expresión en su rostro, toma el obsequio con ambas manos como si pudiera quebrarse pero se mantiene inexpresivo. ¿Le gustaría?
—Quería regalarte una foto, pero no tengo celular ni cámara así que…—nada—, la verdad es que… bueno… —me rebano el cerebro intentando pensar en una excusa—. No es como para tenerlo en el escritorio de tu oficina ni nada así, pero no sabía que obsequiarte y —su mano pasa lentamente sobre el cristal—. Siempre me cuesta más trabajo dibujarme a mí misma. Pero tú te ves casi idéntico… ¿no? —no responde—. Siempre puedes quedarte con el marco de la foto y poner una foto encima —¿demasiado pronto? ¿Demasiado obvio todo el tiempo que le dediqué a este regalo? Esa era una buena razón para haberlo tenido bajo mi cama por tantos días, sabía que en cuanto se lo entregara quedaría demasiado expuesta ante él. Edward sabe que lo he dibujado antes, Charlie me hizo el no amable favor de mostrarle mi cuaderno de dibujo lleno de retratos de él, originalmente mi regalo a Edward sería solo un retrato suyo, pero después que nuestra relación surgió pensé que podía añadirme a la imagen, pero él sigue en silencio—. No era un regalo de cumpleaños, cuando me compraste toda esa ropa dijiste que estaríamos a mano si yo te obsequiaba algo así que aquí está.
Y él sigue en silencio mirando el dibujo en el marco plateado. Un retrato de nosotros mirando hacia el frente como si en realidad alguien hubiese tomado esa foto. Nuestras cabezas chocan entre sí y aparecemos sonrientes, claro que no es un retrato perfecto, mi nariz es un poco más chica, mi cuerpo no tan delgado, y mi cabello se ve arreglado. Aunque él es casi el mismo, he pasado demasiado tiempo dibujándolo para conseguir esto.
—Siempre puedes poner la caricatura de Alice ahí —bromeo con cierto nerviosismo— o esconderlo en algún cajón —digo con seriedad. ¿Demasiado pronto? Siento la bola de puas creciendo dentro de mí, ¿pensará que soy una acosadora? ¿se está dando cuenta que me obsesioné tanto con él que lo he retratado a la perfección? Respira, Bella—, ¿crees que tengo bizcos? Es que mi iris izquierdo quedó un poco más a la derecha y…
—Ven conmigo —dice poniéndose de pie y tomando mi mano.
Me levanto y camino tras él, sin tener idea de qué es lo que debo esperar, ¿está por echarme? No, él no lo haría, ¿por qué lo haría? Es sólo un dibujo.
—Si no te gusta puedo hacerte uno nuevo —pero no replica, ni me rueda los ojos ni me da palabras tranquilizantes, continúa caminando llevándome de la mano por todo el apartamento, cruzamos las habitaciones, llegamos a la sala y nos dirigimos hacia su oficina.
Mis ojos van a su otra mano donde lleva sujeto el regalo, ¿quiere deshacerse del regalo? Alice y Elena me dijeron que Edward no celebraba su cumpleaños, tal vez hablaban más en serio de lo que yo asumí, tal vez él realmente odia los cumpleaños y los regalos. ¿Tendrá alguna trituradora de papeles en su oficina? ¿Este era uno de esos defectos de los que me había hablado antes en su cama? Mierda, respira.
¿Podría soportar verlo destruyendo un dibujo que me costó siete horas conseguir? ¿Un dibujo que me tomó una gran cantidad de borradores y dibujos previos para perfeccionarlo? No. No podría. Tal vez he estirado demasiado a mi suerte, he estirado tanto que ahora va a rebotarme todo mi perfecto día con Edward.
Esto no es algo que me pasa a mí, la vida no me sale nunca así de bien, nunca es así de simple, y este día ha sido demasiado simple. Ni siquiera Alice reaccionó esta mañana como había esperado.
Edward me suelta mientras enciende las luces de su oficina y camina hacia el armario, se agacha mientras busca algo en el fondo. La trituradora de papel, estoy segura que debe ser eso.
—Espera —gira su rostro hacia mí y mis ojos van al regalo que sigue en su mano. Pero las palabras se atascan en mi garganta, porque imaginarme pronunciarlas me lleva irremediablemente a adivinar las palabras que dirá Edward después de las mías, así que fuerzo un poco más la suerte de mi día y pregunto—, ¿no vas a decir gracias? —intento darle una sonrisa que parezca tranquila. No estoy segura de convencerlo.
Se pone de pie y vuelve a caminar hacia mí, respiro lento para que no se vea lo nerviosa que estoy y lo complicado que es mantener a la bola de púas en mi interior en un tamaño menor al que quisiera.
—Gracias, Bella. —me besa lento poniendo su mano bajo mi barbilla para alzar mi rostro—, ha sido un regalo perfecto —sonrío.
—¿De verdad?
—De verdad.
No es lo que esperaba, definitivamente no lo es. Vuelve a caminar hacia el armario y saca tres bolsas grandes de compras, las carga con una mano y las deja sobre el escritorio y con una señal de su cabeza entiendo que son para mí. Me acerco lentamente sin tener idea de lo que puedo encontrar dentro de ellas. Se sienta en su silla de cuero desde el otro lado del escritorio.
—¿Un regalo para mí en tu cumpleaños? ¿No es un poco raro? —acomoda el cuadro plateado en su escritorio al lado de la computadora. Me levanta una ceja al ver que no he abierto ninguna de las bolsas.
—Por favor.
—Si insistes.
Apenas abro la primera bolsa sé lo que hay ahí: Pintura, óleo, carboncillo y acuarelas. Levanto mi mirada a Edward completamente conmovida.
—¿Para mí? —su sonrisa crece mientras asiente. Abro la siguiente bolsa mostrando más motivación que al principio. Diferentes juegos de pinceles, lápices, colores profesionales, y cuadernos de dibujo, todo profesional y de calidad. Se ha gastado una fortuna aquí eso es seguro. La tercera bolsa es la más grande y pesada al parecer, la abro. Dentro hay diferentes juegos de bastidores, paso mi mano sobre el plástico que cubre el lienzo.
—¿Qué te parece?
—Eres un comprador compulsivo, ¿lo sabías?
Pero ya estoy cruzando el escritorio para llegar a su lado y abrazarlo en agradecimiento.
—¿Cuándo conseguiste todo eso?
—Humm… los compré el día que te di el cuaderno y los lápices.
¿Desde entonces estaban aquí?
—Le regalé algunas de estas cosas a Charlie cuando estuvo aquí.
—Esto es demasiado, yo sólo te hice un dibujo.
—Este obsequio tiene un costo. Es más como un trato.
—¿Un trato?
—Llamemoslo una pequeña inversión.
—¿Sexo por pintura? —se ríe y niega con su cabeza, agarra mi mejilla para que no pueda esquivar sus ojos azules.
—Tomate un par de meses para solo pintar. Probemos con eso, y vendamos los cuadros. Repondrás los materiales al venderlos y el resto será para que puedas usarlo en ti o pagar los gastos de Charlie o ahorrarlo, lo que quieras. Si en dos meses nadie los compra entonces demostraras que me equivoqué contigo y que debí invertir en tu hermano menor.
—Eres terrible.
Pero ya estaba pensando en esa opción. Pintar todo el día. ¿Qué podía detenerme si ya tenía el material que necesitaba frente a mí?
—La pintura mancha y no quiero arruinar ninguno de tus muebles o el piso. Necesitaría conseguir un lugar que…
—Tenemos dos habitaciones. Usa la tuya para pintar, enviamos la cama a otra parte y tendrás un lugar para tus cuadros —sonaba como si lo hubiese pensado con tiempo.
—¿Dónde voy a dormir si sacas mi cama? —tanteó sin querer asumir nada.
—Siempre puedes elegir, el cuarto de lavado tiene espacio para una colchoneta, el sillón del cuarto de la televisión es comodo o mi cama.
—¿Las lavadoras serán ruidosas? —pica mis costillas con uno de sus dedos—. Es demasiado pronto, no quiero invadir más tu privacidad de lo que ya lo hago —me rueda los ojos y luego se acerca peligrosamente hacia mí.
—Mueve tus cosas conmigo —dice Edward contra mi oído antes de usar su lengua intrusa en el lóbulo de mi oreja, está jugando conmigo, usando su efecto para no dejar espacio para ideas sensatas.
—¿Compartir cuarto? —pregunto haciendo mi rostro hacia atrás para mirarlo, me agarra de la cintura y empuja hacia él, luego comienza a repartir besos desde mi hombro a mi cuello.
—No tiene sentido que tengas tus cosas allá si duermes conmigo.
Respiro hondo ignorando la sensación de sus labios contra mi piel. Él sabe lo que me provoca.
—¿Pero tienes espacio?
—Una loca me echó a perder mi ropa blanca —esta vez me río dando un paso hacia atrás, me sostiene.
—Pero esa loca te compró mucha ropa blanca para sustituirla con tu tarjeta —se ríe.
—¿Qué dices?
—Esto sería como un gran paso.
—Un gran paso sería que vivieras bajo el mismo techo que yo —levanta su ceja para marcar su punto. Acaricio su mejilla y él besa el dorso de mi mano.
—¿Estás seguro, seguro? Tal vez descubres que soy muy desordenada.
—Dolores me habló de eso —le doy una palmada en su pecho, pero sigue sonriente.
—¿Seguro? —asiente— ¿No deberíamos probarlo unos días por si te arrepientes?
—¿Cómo podría? No habíamos dormido separados hasta la noche de la fiesta, no necesitas esa cama.
—¿Y si tenemos alguna pelea más adelante?
—No voy a darte más tiempo, hablaba en serio con eso.
—Ya, pero…
—No hay peros, Bella. Ninguno de los dos tuvimos buenas noches separados, así que si aparece algún conflicto lo resolveremos antes de que anochezca.
—¿O? —sonrío para hacerlo saber que estoy bromeando.
—No dormiré en el sillón —una risita sale involuntaria mientras sus manos vuelven a apretarme contra él, sus ojos azules me miran fijamente en una respuesta.
—Pero ya hemos dormido en el sillón antes.
—Mi cama es mucho más comoda —tiene un punto—, y es más caliente cuando estás en ella.
—Pero no tienes espacio en tu vestidor —había entrado antes ahí, era casi la mitad de una habitación con repisas, cajones y ropa colgada en cada pared. Descubrí que tenía dos decenas de zapatos, no había espacio para mi ropa incluso si yo no tenía una veintena de cambios.
Y como si pudiera leer mi mente debate:
—Enviaré la ropa que menos use al closet de la otra habitación entonces.
—¿Y pongo mi cepillo al lado del tuyo? —asiente sonriente.
—Mientras no te confundas de cepillo.
—Eso sería asqueroso.
Lo beso para marcar mi punto, me sienta sobre su escritorio.
—¿Entonces sí? —insiste una última vez ¿cómo alguien podría decirle no a este hombre?
Él
18:15
Mientras Bella se asegura de llevar toda su ropa a mi habitación, yo hago la llamada que llevo queriendo hacer desde temprano. Esta vez responde al primer tono.
—¿Sobrevivió?
—¿Quién?
—Bella. ¿Logró llegar a tu oficina o le dio un ataque de pánico? —me río.
—Llegó a la oficina.
—Gané la apuesta, Jasper —suena toda presumida.
—Estás de mejor humor —compruebo.
—Creo que solo me hacía falta tener sexo —sacudo la cabeza intentando alejar esas ideas. Definitivamente está de mejor humor. Escucho la risa de Jasper de fondo.
—Me alegra escucharte alegre de nuevo.
—Sí bueno… ¿feliz cumpleaños?
—Gracias.
—¿Por qué no salimos los cuatro? —no respondo y ella insiste—, llevo demasiado tiempo encerrada aquí. Y parece que estás aceptando regalos a tu oficina, así que podemos salir a celebrar.
Bella era el pretexto perfecto para lanzar a la mierda la tradición de no celebrar mi día de nacimiento que me impuso mi padre.
—De acuerdo —da un grito alegre.
—Llamaré a Rose y a James.
—¿Has arreglado lo tuyo con James?
—James entenderá. Él sabe cómo soy.
—Deberías hablar antes con él —no había conseguido que me dijera exactamente qué le había dicho a él, pero conocía a mi hermana lo suficiente para saber que ella sabía donde hincar los dientes para hacer desangrar a la otra persona.
—Tonterías. Él irá. Dile, Jasper.
—Yo me encargo de invitar a Emmet y James. ¿Algun lugar al que quieras ir? —preguntó Jasper tomando el control de la llamada.
—Seguro que ustedes dos sabrán escoger.
Y con eso regresé a la habitación, tendría que confiar en las habilidades de Jasper y Alice para planear una celebración con un par de horas de anticipación, porque yo no tenía intenciones de perder mi tiempo planeando una cena.
Para cuando entré a mi habitación la ropa de ella estaba en ganchos sobre la cama y Bella estaba de pie en el vestidor.
—Está lleno. ¿Por qué tienes tanta ropa?
—No está lleno —pasé al lado de ella y abrí un par de cajones vacíos—, y tengo demasiada ropa que ya no uso.
Me acerco al cajón de ropa de cosas que usaría si alguna vez volviera a tener el cuerpo delgaducho de universitario. ¿Por qué usaba este tipo de ropa, para empezar?
—Yo también era fan del futbol americano —bromea Bella mientras lanzo al suelo tres camisas deportivas.
—¿De verdad? —la miro y ella niega con su cabeza sin dejar de sonreír, se está burlando de mí. La ignoro y sigo sacando la ropa de ese cajón—, esto se va a donación.
—O a un club de fans de deportes.
—O a donación —le doy la espalda y sigo buscando entre la ropa colgada más prendas que puedan ser donadas.
—Estuve en uno de esos lugares, y créeme, nadie es fan de los deportes ahí.
Parpadeo sin girarme a verla, eso ya lo había dicho antes, la mañana en que despertó en mi cama e hizo intento de volver a escabullirse lo mencionó, aunque en ese momento mi mayor preocupación no era profundizar en su pasado sino hacerla entender que la quería a mi lado.
—¿Vas a irte? —pregunté mirándola parada en el marco de la puerta de la oficina, sus ojos iban de mí a sus zapatos.
—Es lo más fácil para todos —su voz era apenas más alta que un murmullo.
—¿Y cuando ya no puedas pagar el hotel, a dónde irás exactamente? —qué terca podía llegar a ser cuando se lo proponía.
—Hay hogares para personas sin techo —se encoge de hombros como si no fuera la gran cosa—, no sería la primera vez.
—Eso crees tú —intento que mi voz suene tan casual como la de ella, con Bella tomarla con la guardia baja es lo más sencillo para obtener información.
—No, de hecho, había una pila de ropa deportiva que a nadie le interesaba tomar. Creo que es de lo primero de lo que se deshace la gente cuando supera el fanatismo por el futbol.
Ella ha estado en uno de esos lugares para personas sin techo. ¿Por qué?
Miro hacia ella, pero ahora está en el suelo revisando la ropa que apilé. Me obligo a hablar de nuevo.
—A Emmet le gustaban los deportes, yo sólo me dejaba llevar por él —me mira y sonríe, no me lo cree.
—Ya, claro —levanta su vista y entonces sus ojos se enfocan en el closet a mi lado y se abren con diversión, se pone de pie y camina al traje azul cielo. Mierda. ¿Por qué no me había desecho de esa cosa antes?— ¿cómo puedes pasar de futbol a esto? —se ríe. Mueve la ropa colgada para poder ver el espantoso traje de vestir. En una bolsa de plástico transparente que revela lo nuevo que es. Sus ojos van de mí a el traje, hay una gigante interrogante en su frente.
—Heidi tenía un muy mal gusto —lo más simple es ser honesto, ya he aprendido la lección.
—¿Es… como el azul de Tiffanys?
—¿Cómo? —su mano toca la manga del saco.
—Hay un color para el de la joyería. ¿no lo sabías? —supongo que no es una sorpresa que una pintora sepa de colores y esa clase de detalles.
¿Por eso me había costado esa fortuna? Por el color no, pero sí por la marca de diseñador que Heidi escogió.
—Elegí muy pocas cosas para ese evento.
—¿Azul? ¿De verdad? —me mira a mí y al traje—, ni siquiera combina con tus ojos —no creo que Heidi escogiera nada de esa boda pensando en mí, pero no verbalizo mis pensamientos.
—Alice iba a vestir amarillo —abre su boca y sacude la cabeza. No realmente, Alice declinó ser parte de las damas de honor en cuanto descubrió el vestido que tenía Heidi elegido para ella.
—¿De verdad? ¿Elegiste algo tú? —lo pienso unos segundos.
—El relleno del pastel —pone una pequeña sonrisa de lástima mientras niega con su cabeza en desacuerdo con la exprometida de la que me he desecho para siempre.
—¿De qué era?
—Cajeta.
—Delicioso —vuelve a mirar al traje—, creo que vi a un par de vagabundos usando uno de estos. Debe estar de moda —suspiro aliviado porque ese sea el fin del tema de Heidi.
—No se diga más —agarro el espantoso traje y lo lanzo junto al resto de cosas—, ¿quieres ir a cenar hoy? —me apresuro a preguntar esquivando la bala de mi boda por completo.
—¿A celebrar tu cumpleaños?
—¿Por qué no?
—¿Y a dónde iremos?
—Alice y Jasper están en eso.
—¿El cumpleañero no elige?
—Claro que sí —agarro su brazo y la jalo hacia mí— ¿acaso no lo he hecho bien?
—¿Tenemos tiempo? —me acerco a su boca cuando mi celular vibra en el bolsillo del pantalón, un mensaje de Alice. Nos vemos en una hora, lleven tenis. Suspiro dándole una mirada derrotada a Bella, pero ella se ríe encogiéndose de hombros.
—¿Lo dejamos para más tarde?
—Iré a cambiarme mientras limpias tu desorden —dice señalando mi ropa tirada en el suelo.
—Te dejo dormir conmigo y esto es lo que me gano —me arrepiento de decirlo en cuanto las palabras salen de mis labios, me preparo mentalmente para disculparme y convencerla de que tenerla en mi habitación es lo que quiero, pero Bella se está riendo y girando sobre sus pasos caminando hacia el baño.
—Dolores me advirtió sobre esto —repite mis palabras desde el baño— deberías darle un aumento con lo desastroso que eres.
Parpadeo intentando comprender lo que ha pasado, pero al hacerlo no puedo más que sonreír, éste es el verdadero regalo de cumpleaños. Miro el celular, una hora, venga, podemos estar listos en menos tiempo. Dejo la ropa tirada en el piso del vestidor y voy tras ella.
¿Qué te ha parecido? Uff creo que este capítulo aborda un montón de temas, así que comentame cuál ha sido tu escena favorita.
Antes que nada, algunos ya lo saben por las páginas de FB, pero me contagié de COVID, ha sido leve con tos y por suerte nada de temperatura. Esta es la primera vez que me contagio y no sabía que esperar, los primeros días me tumbó por completo, pasaba de tener energía a quedarme dormida como si me hubieran drogado, creo que es parte de los síntomas de la nueva variante, por suerte esta variante es leve en comparación a las primeras.
Tenía un gran avance, pero siempre me toman mucho tiempo las escenas eróticas, son mi verdadero nemesis creativo, aunque honestamente estoy muy contenta con el resultado, me parece que he conseguido plasmar una Bella paso a paso más cerca de la Bella que era antes de la muerte de sus padres y del mundo oscuro que descubrió por su cuenta. Así que esta Bella es una batalla interna para encontrarse a sí misma cada vez más.
Tenía muchas ganas de publicar ayer, porque ayer fue mi cumpleaños pero al final una y otra cosa terminaron impidiendo que terminara a tiempo. ¿Sabes que sería un hermoso regalo post-cumpleañoscovid?
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Posdata: Me pondré en orden del día para responder sus mensajes, no lo hice antes porque traía migraña, pero aunque sigo saliendo positivo ya va para mejor esto.
