Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
La tormenta y la calma (II/II)
Angielizz (Anbeth Coro)
Martes, 02:15
Love in the dark - Adele
No puedo dormir, no cuando soy por primera vez consciente de lo que en realidad ocurre con mi hermano. Las dudas me asaltan sin darme tregua para descansar, ¿descansar cómo? ¿Cuánto más me había ocultado Charlie a lo largo de estos meses? Por suerte Edward tenía el número de mi hermano en su celular y pudo darnos la dirección correcta de su nueva escuela. Cuando le pregunté por el cambio al recogerlo su respuesta en lugar de tranquilizarme consiguió el resultado opuesto.
—Cuando bajas de calificaciones te expulsan —respondió mirando hacia sus rodillas sentado en el asiento trasero del auto.
Quería desmentir esas palabras, revelarle los engaños de Tía y quitarle esa carga de responsabilidad al niño de ocho años sobre lo que en realidad fue un mero acto egoísta por parte de esa mujer, pero ¿qué conseguiría con eso? Nada. Sólo haría que Charlie sufriera con mis palabras.
—Al crecer, las calificaciones no importan —le dije en lugar de soltarle la verdad, girándome en el asiento y dándole un apretón en la pierna. Sus ojos marrones miraron hacia mí con alivio.
—¿En serio? —su voz recuperó su habitual emoción, le sonreí tanto como pude ser capaz y asentí para mostrarme confiada.
—Así es.
—Pero Tía dice que la escuela es importante —abrí y cerré la boca sin saber qué decirle, no quería que pensara que la escuela no era importante por mi culpa y que Tía tuviera una razón más para hacerle creer que era una mala influencia.
—Lo que aprendas en la escuela es lo importante —añadió Edward ante mi silencio, poniendo su mano sobre mi pierna y dando un ligero apretón. Lo miré aunque los ojos de él estaban en el camino—. Tienes que intentar aprender tanto como puedas para cuando quieras ir a la universidad.
—Porque seré doctor, ¿cierto? —sonreí volviendo a mirar a Charlie que esperaba una respuesta tranquilizante de Edward.
—Ese es el plan —le dijo Edward, asentí con falsa emoción para Adrian para motivarlo.
—¿Y tienes amigos en la nueva escuela? —era una de mis mayores preocupaciones.
—Muchos, la maestra les contó que murieron mis padres y todos fueron buenos conmigo. ¿Ya te hablé de David? Su papá es doctor y dice David que la otra vez llegó una persona sin un ojo al hospital.
El resto del camino escuchamos con atención la perturbadora historia que le contó este tal David a Charlie, pero a pesar de su emoción por el tema no logré sentirme contagiada con su alegría, sólo sentía el peso de la culpa sobre mis hombros.
Ni siquiera conseguí relajarme más tarde cuando Edward y él jugaron a construir castillos de arena. La opresión en mi pecho y la incómoda bola de púas se quedó conmigo toda la tarde y aumentó cuando llegó la hora de regresar a Charlie a los brazos de esa bruja. Ella no era lo mejor para Charlie. Si había sido capaz de cambiarlo de escuela para quedarse con el dinero de la colegiatura la creía capaz de todo. ¿Lo llevaría al doctor cuando se sintiera enfermo? ¿Compraría los medicamentos de patente o se limitaría a usar los más baratos del mercado? ¿Ella antepondría las necesidades de mi hermano sobre sus vanidosos gustos? Nada era claro ahora.
Ella era una extraña para nosotros hasta la muerte de mis padres. ¿Su desdén y odio por mamá sería así desde siempre? ¿Por eso Tía nunca estuvo presente? Tenía tantas preguntas atormentándome y sólo un montón de posibles respuestas y cada una de ellas era peor que la otra, había confiado en esa última voluntad de mis padres al dejarla como tutora de Charlie pero ¿y si ellos se habían equivocado? ¿Y si yo me había equivocado al creer eso?.
Así que aquí estoy ahora, sin poder dormir. Porque mi cabeza repite una y otra vez todos los engaños en los que pude haber caído por culpa de esa mujer. ¿Charlie llegó a enfermarse como me hizo creer hace unos meses? ¿Tuvo neumonía como dijo o fue sólo un invento de ella para conseguir más dinero y hacerme crear una deuda con Don?
¿Las visitas del colegio a zoológicos y salidas a las playas fueron reales?
¿Las dos veces que compré uniforme para Charlie eran ciertas?
¿Qué ha hecho con todo ese dinero?
¿Usarlo en sí misma? Parece un hecho.
Y mientras ella usaba el dinero que era para mi hermano, yo estaba en la otra punta del país llevando una vida que me estaba consumiendo lentamente. Motivada a darle lo mejor a Charlie a pesar de mí misma, cuando en realidad él nunca tuvo acceso a nada de eso.
Todo mi sufrimiento fue en vano.
Me cubro la boca con la mano para amortiguar mi llanto e intento concentrarme en lo que me rodea, la brisa del mar, el sonido de la marea al llegar a la arena, la luz de la luna y las pocas estrellas que esa luz permite ver.
Edward pone su mano a cada lado de mí contra el barandal del balcón y recarga su cabeza contra mi hombro.
—Bella, no era posible que lo supieras —su voz que siempre es un calmante esta vez no es suficiente.
—Lo sé —respondo sorbiendo por la nariz para ahuyentar el llanto. Recarga su cabeza contra la mía dejando un beso en mi hombro.
—Eres increíble por el mero hecho de salir adelante sin ayuda de nadie. Otra persona en tu lugar habría usado ese dinero en tonterías y tú lo usaste en Charlie —pongo mis manos encima de las suyas.
No, no es así. Hice cosas mucho peores. Paso mis dedos sobre sus nudillos intentando concentrarme en su piel y no en las preguntas de mi cabeza.
—Pero nunca fue para Charlie… todo mi esfuerzo fue para ella.
Sus manos se entrelazan con las mías, recargo mi espalda contra su pecho intentando llenarme de él y la sensación de fortaleza que su compañía siempre trae consigo.
—Charlie está bien —besa mi hombro.
—No es así, ella ha cambiado toda su vida, quitó las plantas de mamá, tiró sus cuadros a la basura, no hay fotos de nosotras en la sala, lo cambió de escuela por una gratuita para quedarse con el dinero de la colegiatura, sin importarle cómo eso podía afectarle a él. Él es sólo un niño que perdió a sus padres y ella le está quitando todo lo que le queda.
Y lo peor de la situación es que estoy atada de manos.
Edward me lo dijo la mañana en que peleamos. James podría ayudarme a conseguir a Charlie, siempre y cuando mi pasado no sea una barrera. Y mi pasado es una maldita muralla. Si Tía lo descubriera voy a perder a mi hermano para siempre.
Mis deseos de recuperar a Charlie son tan grandes como mis deseos de mantenerlo a salvo.
—¿Qué pasaría si el juez decide que no soy apta para cuidar de Charlie? —la pregunta más complicada de la noche.
—Eso no ocurrirá, Bella. James es muy bueno en su trabajo.
—James no cree que yo pueda ganar la custodia ¿cierto?
—James necesita asegurarse que no saldrá ningún inconveniente. Su trabajo es desacreditar a la competencia. Para pedir la custodia de Charlie tendría que demostrar que Tía no es capaz de cuidarlo.
Formulo en mi cabeza la pregunta antes de decirla en voz alta.
—Y si ella no es capaz de cuidarlo… y yo tampoco. ¿Entonces qué pasaría con Charlie?
—No es un proceso rápido, Bella. Incluso si decides hoy que quieres la custodia no podríamos empezar de inmediato —eso no responde mi pregunta y en lugar de ser esclarecedor solo consigue confundirme más.
—No entiendo.
—Necesitas tener el perfil idóneo para Charlie. Un empleo solvente para empezar.
Respiro hondo antes de darme media vuelta y enfrentar a los azules ojos de Edward.
—Si lo intentara hoy, ningún juez me daría la custodia, ¿eso dices?
—Si lo intentaras hoy, James no movería un dedo —frunzo el ceño.
—Pero dijiste que él me ayudaría.
—Eso dije, y eso hará, pero él tiene sus métodos, y es disciplinado. Le tomó varios años de investigación armar un caso como el que tiene contra Robert. Él sabe que vamos a ganar eso, porque ha investigado a cada posible involucrado. Así que si tú decides actuar va a preparar el camino.
Siento una bomba en mi interior que está hacerme por explotar. Intento concentrarme en lo real, en Edward diciéndome que hay esperanzas para recuperar a mi hermanito, necesito un empleo.
—Pintar no es un empleo solvente.
—Lo es, ya lo verás —sacudo mi cabeza, suena bonito pero imposible.
—Mamá pintaba mucho mejor de lo que yo lo haré nunca y ella vendía sus pinturas para sacar apenas lo del material.
—Conozco personas interesadas en despilfarrar su dinero, Bella —sonríe intentando ser tranquilizante—. Ese es un buen plan y sin universidad tus opciones están…
—Reducidas —completo por él.
Asiente.
Me da una sonrisa que busca ser conciliadora y calmarme, pero que obtiene lo contrario. Siento expandirse dentro de mí el miedo, pero no es sobre mí, es sobre mi hermano. Por Charlie haría lo que fuera, todo por mi hermano, incluso perder a Edward.
—¿Y si el camino para tener ese perfil idóneo no es el problema? —frunce el ceño sin comprender de lo que hablo, respiro lento intentando lanzar la bola de púas lejos de mí, la necesito fuera por ahora— ¿y si el problema es mi pasado?
Parpadea varias veces, bajo mi vista al lunar de su cuello, respiro lento concentrada en mantener mis miedos al margen.
—¿Lo es?
Asiento lentamente mientras muerdo mi lengua por dentro enviando el dolor a esa parte de mi cuerpo, preferible sentir dolor dentro de mi boca que oprimiéndome en mi interior.
—No creo que el juez considere el lugar en el que viviste como un inconveniente.
Él me ama, me ama, a mí, o al menos a esta versión de mí.
—¿Y si hay más?
Siento sus ojos sobre mí, pero no me animo a devolverle la mirada. Me siento acorralada entre su cuerpo y el barandal a mis espaldas, sin alternativas para huir. Respiro de nuevo, dejando que el aire frío de la noche se encargue de lidiar con mis miedos. Me concentro en su lunar.
Bajo mi mirada a la piel que queda expuesta bajo su camiseta semitraslucida.
—¿Hay más? —mis ojos me pican con mas fuerza por contener las lágrimas. Soy una mentirosa entrometiéndose en la vida de este honesto hombre.
—Hay más —confirmo bajando esta vez mis ojos hasta el suelo.
—¿Cosas ilegales? —muerdo mi labio inferior.
—No lo sé —¿lo que hacía era ilegal? La prostitución es ilegal, ¿tambien lo es ser mesera en ropa interior y con disfraces cortos? Posiblemente —, tal vez— lo que me queda claro es que nadie le daría a un niño a una persona que ha caído en esos lugares. Y si Tía llegará a descubrir eso entonces mi pasado arruinaría mi futuro junto a Charlie.
Atada de manos y piernas. No puedo hacer nada para cambiar la situación. No puedo ayudar a Charlie a ser libre de esa mujer egoísta y tampoco puedo hacer su pequeña inestable vida en algo aun más inestable si no pudiera obtener la custodia. Porque estoy segura que ella preferiría ver a mi hermano en una casa de acogida que conmigo.
Edward recarga su frente contra la mía haciendo que nuestros ojos se encuentren.
—Lo resolveremos juntos, ¿de acuerdo?
Abro y cierro la boca, pero las palabras no salen. No puedo decirle que no lo haremos juntos, que en cuanto él conozca mi secreto no habrá posibilidad de un juntos en ningún futuro. Se me llenan los ojos de lágrimas mientras miro la calidez de su mirada, él es demasiado bueno para una persona tan corrompida como yo.
—Empecemos con lo sencillo, necesitas solvencia económica, cuando volvamos te haré pintar hasta que te acabes los dedos —me río y la risa pronto da paso a las lágrimas. Se deslizan por mis mejillas lentas y silenciosas—. Iremos a tu ritmo. Te prometo que —cubro su boca con mi mano y niego con mi cabeza despacio.
—No me prometas eso. No sabes de lo que te hablo y no quiero que me prometas algo que no podrás cumplir —toma mi mano sobre sus labios y la aleja de su boca para permitirle hablar, pero mantiene nuestras manos entrelazadas.
—¿Cuándo te he roto una promesa?
—Por eso no quiero que lo prometas. No quiero que una promesa te haga sentir obligado a mí cuando lo sepas —sus ojos me miran como si pudieran escarbar en mi alma para encontrar la respuesta, y por un momento creo que es posible así que cierro los ojos.
—¿Y me lo dirás alguna vez?
Asiento. Sus pulgares limpian las lágrimas de mis mejillas. Paso saliva con fuerza.
—Sólo que todavía no estoy lista.
No estoy lista para que su mirada dulce cambie a algo frío y cruel; no estoy lista para que me mire con el mismo asco con el que yo miraba antes de encontrarlo; no estoy lista para ser de nuevo la persona que enterré cuando él me rescató. No estoy lista para dejar que esa realidad entre en mi nueva vida.
—Sé que es injusto para ti, tú me has abierto todas tus puertas, lo sé, y yo no paro de poner candados entre nosotros. Me gusta tanto la versión que soy contigo que —me interrumpe.
—Te dije que nuestro pasado no importaba antes, lo decía en serio —lo dijo la noche en que nos reconciliamos.
—Pero esto es…
—No importa, si no quieres que lo sepa, no necesito saberlo.
—Necesitas saberlo, en algún momento tendrás que saberlo y no va a gustarte lo que vas a oír.
—Entonces te prometo quedarme con esta versión que amo de ti, incluso cuando escuché sobre tu versión malvada que descuartizaba hombres —me río y entierro mi cabeza en el pecho de Edward pasando mis brazos por su espalda, él me aprieta contra sí. Sus dedos se entierran en mi cabello mientras su mentón se recarga encima de mi frente.
—Tú eres demasiado bueno para mí.
—Lo dices sólo porque no te ves con mis ojos.
—Tal vez me amas porque solo conoces esta versión de mí.
Ladeo mi cabeza para dejar mi oído contra su pecho calmándome con el sonido de su corazón y del oleaje a mis espaldas.
—Pero Bella…
—¿Sí?
—Cuánto más tardes en decirlo, más ventaja le das a esa mujer sobre ti.
—¿Cuentas con una máquina del tiempo? —levanto la cara hacia él en espera de una solución al problema.
—¿Tienes algún cargo en tu contra? —niego con mi cabeza, suspira con alivio, pero sé que si él supiera el pasado oscuro que me persigue no habría ningun motivo para sentir alivio.
—Tal vez hay testigos —muchos, muchos de ellos. Pasa sus dedos por mi mejilla borrando los últimos rastros de mi llanto.
—Cuento con un abogado que sabe dar buenos sobornos —sonríe divertido, pero no le encuentro lo divertido a eso. Lo último que quiero es que Edward se vea envuelto en algo ilegal.
—Eso no está bien, tú no puedes arriesgarte por mí de esa manera, no quiero que lo hagas ni que se involucre James —sacudo mi cabeza en total desacuerdo. No voy a jalarlo a este agujero conmigo.
—Tranquila, iremos un paso a la vez, quizás solo necesitamos cubrir tus huellas para que nadie pueda rastrear tu pasado. Inventar una nueva historia para todos esos meses. O encontrar a esos testigos.
Y lo veo en sus ojos: determinación. Edward hará todo para ayudarme sin saber que eso que escondo será nuestro final, apenas le he contado que hay algo turbio a mis espaldas y él ya está armando una serie de pasos a seguir, ¿cuánto tiempo va a tomarle descubrirlo por su cuenta? Y sé que podría pedirle que me prometa que no se pondrá a hurgar en mi pasado o que me dejará explicarte todo si lo descubre antes de que yo esté lista, pero tal vez necesito esa puerta abierta también. La posibilidad a que lo descubra en caso de que no me arme de valor para enfrentar a mi pasado y decírselo todo.
No puedo seguir mintiéndonos de esta manera. Ni a él, ni a mí.
Miércoles, 19:01
Cuando regreso a Charlie por la tarde, mis ojos no pueden evitar desviarse a la casa de al lado. Pasé tanto tiempo dentro de ella como en la mía. Ahí vivía Angela, quien fue mi mejor amiga desde la infancia. Nuestros padres armaban comidas cada fin de semana sin falta.
—Angela está en la escuela —me informa Charlie cuando se gira para despedirse—. Su mamá dice que este verano termina.
—¿Aun ves a sus papás?
—Sí, diario, a veces su mamá me cuida.
—¿Ella te cuida?
—Cuando Tía tiene que ir a la iglesia o a comprar comida.
—No estuvieron en tu fiesta.
—Ayer llegaron de su viaje… ¿sabías que mamá les regaló todos sus cuadros?
—¿Qué?
—Ajá. Todos. Tía se los dio porque fueron un regalo de mamá antes de morir.
Esa bruja mentirosa y mezquina.
—¿No quieres los tuyos? —regreso mi vista a Charlie.
—¿Tienes mis cuadros?
—Sí. Están en la cochera. ¿Los quieres?
Asiento.
—Abriré la cochera y tú los sacas.
Mientras Charlie hace su parte yo le hago señas a Edward para que baje de la camioneta y venga a ayudarme. La cochera está llena de cajas, el lugar que siempre había estado limpio con las herramientas de papá, ahora es una bodega de nuestros recuerdos.
No están aquí los muebles de mi habitación, pero sí las cajas con etiquetas y marcador permanente mostrando lo que guardan. ROPA DE Renee. ROPA DE CHARLES. TILICHES DE Bella. BASURA DE PINTURA. ZAPATOS. FOTOS. ROPA DE CAMA. NAVIDAD. A DONACIÓN. MATERIAL ESCOLAR. BASURA DE Bella. Y las etiquetas desagradables continúan entre cada caja.
Su desprecio por mí y mamá es evidente. En una esquina reconozco mis cuadros arrumbados sin guardarlos en caja o bolsas para protegerlos de la lluvia. Me quedo de pie frente a la cochera sin tener idea de por dónde empezar. Más bien, no sé si quiero empezar a hurgar en este pasado que era feliz y que Tía ha convertido en algo desagradable.
—Prometió no tirar las cosas hasta que tú volvieras por ellas —dice Charlie a mis espaldas.
Respiro hondo y parpadeo con rapidez para luchar contra las lágrimas antes de mirarlo.
—Gracias.
—A donación y material escolar son las pinturas y pinceles —me explica mientras señala esas dos cajas.
—¿Ya no vas a clases de pintura?
Y sé la respuesta antes incluso de que él me miré con sus ojos brillantes por haber sido atrapado en su pequeña mentira.
—Tía dice que no saco buenas notas y que debo enfocarme en la escuela.
Y entonces lo siento, quemándome por dentro, apretando en mi interior, como lava destructora. No la nostalgia por la casa que era el hogar de mi familia antes de la muerte de mis padres; no la tristeza por no vivir con Charlie; no lo doloroso que era enfrentarme a los cambios de esta casa por elección de Tía. Siento la rabia contenida, el enojo por su mezquindad y el odio por lo que estaba haciéndole a Charlie.
No importaba que fuera lo suficientemente buena con él para hacerle una fiesta de cumpleaños o llevarle pastel a la escuela. Lo que ella le hace es peor de lo que me había hecho a mí. Ella intentaba borrarnos de sus recuerdos, y él era sólo un niño, tenía apenas ocho años, sin las fotografías en las paredes, sin la pintura, sin nada que lo hiciera conectar con la familia que tuvimos, ¿cómo iba a recordar a papá y mamá al crecer? Estaba quitándole lo que yo más había intentado retener: los recuerdos.
Su odio y rencor querían provocar en Charlie total indiferencia, quería que él no se acordara de mamá, lanzando a la cochera nuestras pertenencias como algo inservible y sin valor.
Y ahora también le había arrebatado la pintura.
Nada me hacía sentir más conectada con mamá que eso, y Tía se lo había prohibido porque debió llegar a entenderlo igual que lo hacía yo. No puedo permitir que tenga a Charlie un minuto más.
—¿Desde cuándo no dibujas? —Edward le pregunta ante mi mutismo.
—Después del viaje —responde Charlie encogiéndose de hombros y mirando al suelo como si hubiera hecho algo mal él.
Y no tiene qué decir más. Seguramente volvió aquí hablando de nuestros días pintando juntos, de los regalos de Edward, los pinceles y las pinturas, conociendo a mi hermano habló tanto de eso hasta que la cansó con el tema y le prohibió seguir pintando.
Siento mi pulso acelerarse con una inyección de adrenalina y rabia. Mis manos se cierran en puños y mis piernas me llevan hacia la casa, debo enfrentarla de una vez por todas, apenas he dado tres pasos cuando la mano de Edward en mi codo me detiene.
—¿Tienes un vaso de agua fría? —le pregunta Edward a Charlie, y él asiente recuperando su buen humor mientras corre de regreso a la casa—. No puedes enfrentarla ahora, Bella.
—¿Por qué no?
—Porque la pondrás en alerta. Necesitamos que esté con la guardia baja, Bella.
—¿Por qué?
—Porque no tienes el testamento, necesitas tener el perfil que un juez consideraría para darte la custodia de Charlie y necesitamos evidencia. Si la enfrentas ahora…
No tiene que terminar la frase para saber lo que sucedería si la enfrento ahora: Sólo voy a arruinarlo. Me repito sus palabras para tranquilizarme, parpadeo al comprender algo que sí puedo hacer.
—El testamento está aquí.
—¿Aquí?
—En la casa.
—¿Sabes dónde?
—No —mi emoción se desvanece.
—Tienes que ser rápida —y mientras lo dice me pasa su celular, me muestra su contraseña para desbloquearlo, lo miro sin entender lo que quiere que haga— búscalo en el segundo piso.
—Ella no me dejará subir.
—La distraeré lo suficiente para que puedas hacerlo.
Y justo en ese momento regresa Charlie con el vaso de agua.
—¿Qué te parece si le muestras a Bella tu habitación? Queremos saber si hay espacio para una computadora nueva.
—¿De verdad? —Charlie abre la boca grande con sorpresa.
Edward me da una mirada que busca mi colaboración.
—Por supuesto —añado sin llegar a sonar tan convincente como lo ha hecho él antes.
—Ven, BeliBeli —me agarra la mano y comienza a llevarme hacia la casa. Miro hacia atrás, Edward está terminando de beber el agua de un trago.
—¿A dónde van? —dice Tía deteniéndonos cuando apenas he puesto un paso en el recibidor.
—Bella va a regalarme una computadora para hacer tareas —los ojos verdes de ella hierven en desprecio.
—No necesita eso.
—Yo… Uh…
—Lo siento, Tía, Bella me dijo que no estaría de acuerdo, pero lo compré hace unos días.
La mentira de Edward suena honesta y su voz suena con ese toque de vergüenza manipuladora que puede pasar desapercibida a los oídos. Y Tía sonríe mirando a mis espaldas, porque Edward ha jugado sus cartas desde el principio sin que yo me diera cuenta. Ella no confía en mí, pero seguro que Edward ha conseguido que confíe en él.
—¿Ya lo compraste? —le pregunta la mujer, yo me quedo quieta sin mirar hacia atrás para ver si Edward asiente o niega, paso saliva—. Sería grosero de mi parte no permitirlo si el gasto está hecho.
—Bella sólo subirá para sacar las medidas, sólo para asegurarnos que tenga espacio suficiente para el escritorio.
—Tenemos una habitación extra en caso de que no entre ahí.
No tenemos eso, la habitación extra era mi recamara.
—¿Puedo molestarla con un poco más de agua?
—Por supuesto.
Tía comienza a caminar hacia la cocina y Edward pone su mano apenas un segundo en mi cintura para animarme a continuar con esto. Esta es mi única oportunidad. Para mi suerte el cuarto de Charlie tiene juguetes tirados en el suelo.
—Necesitamos quitar todos los juguetes para poder saber dónde tienes espacio libre.
—Lo haré rápido, BeliBeli —él está emocionado ante la posibilidad de tener su propia computadora. Paso los ojos por los espacios de su habitación, pero no hay manera de que el testamento se encuentre al lado de sus zapatos o en sus juguetes, es algo importante. Y lo importante debe estar guardado en algún lugar importante.
—¿Podrías quedarte aquí? No hagas ruido. Iré a buscar algo que escondí antes de irme —eso no le importa a Charlie porque apenas asiente y sigue juntando sus juguetes.
De puntillas camino hacia la que fue mi recamara, ahora es un espacio con paredes de tonos pálidos, sin mis pinturas en las paredes ni los dibujos pegados al techo. Recorro la habitación, hay un mueble de madera en el centro de la habitación, la máquina de costura de Tía, pero ningún portafolio dentro, abro los cajones de mi armario y las puertas, nada.
Siento mi pulso acelerarse por miedo y nervios. No el miedo a ser descubierta, sino a desperdiciar mi única oportunidad.
Salgo de mi vieja habitación con las manos vacías, no hay nada ahí que me pertenezca. Ahora esa recamara es de Tía, al igual que el resto de la casa. Se ha dedicado a lo largo de estos meses a borrar mi rastro en lo que alguna vez fue mi hogar. Me acerco a las escaleras para asegurarme que ella siga en la cocina, se supone que estoy con Charlie en su habitación, no merodeando las habitaciones como una intrusa.
Presto atención y escucho.
—Me alegra corroborar que Charlie esté en buenas manos —escucho la tranquila voz de Edward—, Bella lo extraña, pero todos sabemos que lo mejor es que el niño esté con usted.
—Bella es una niña, ¿cómo podría cuidar de él? —aprieto los labios y respiro hondo para no lanzar un insulto.
—Es joven, y nuestra vida en la ciudad es… —Tía lo interrumpe.
—Ocupada, por supuesto. Bella debe enfocarse en sus estudios y el trabajo, no en un niño.
—Así es —se pone de su lado Edward, mi pulso se acelera con fuerza, pero nuevamente controlo el deseo de intervenir, no puedo hacer eso, no se supone que esté espiándoles sino con Charlie.
—¿Entonces ya no quiere la custodia? —indaga ella. Sí, por supuesto que sí. Pero en lugar de eso, Edward responde con tranquilidad:
—No lo creo, tiene planes, está enfocada en su trabajo y nosotros queremos viajar, por supuesto que la ayuda económica para Charlie seguirá llegando, pero Bella no piensa en la custodia. Es muy joven para eso.
Sonrío. ¿Quién pensaría que el hombre honesto podría resultar tan buen mentiroso?
Voy a la habitación de mis padres y los recuerdos me golpean con fuerza. Este era el lugar al que venía cuando necesitaba un consejo, cuando tenía pesadillas sabía que podía cruzar el pasillo y entrar aquí y el mal sueño desaparecería. Abro despacio la puerta.
—Ven aquí, preciosa, ¿otra pesadilla? —puedo ver claramente a papá sonriéndome a pesar del sueño y dándome esa mirada verde y cariñosa.
Me tiemblan los labios mientras miro hacia la cama vacía, parpadeo con fuerza luchando en vano contra las lágrimas, pero se acumulan dentro y veloces así que pronto siento las lágrimas por mis mejillas. Hace demasiado tiempo desde la última vez que estuve aquí.
La última vez fue la noche en que murieron, pasé toda la noche llorando aquí sin saber qué le diría a mi hermanito al día siguiente.
Entro y me obligo a ignorar las diferencias de mis recuerdos a lo real, las sábanas fueron cambiadas, la habitación tiene un tono melón espantoso, ya no están las fotos familiares en las mesitas de noche al lado de la cama, ni el maquillaje de mamá frente al espejo. Abro los cajones del mueble.
Miro al espejo y puedo ver a mamá cepillando por última vez mi cabello. Me lo había cortado hasta los hombros y estaba arrepentida por el cambio de look. Mamá se agachó hasta dejar su rostro contra mi hombro, chocando nuestras cabezas. El dolor en mi garganta es insoportable por aguantar el dolor de perderlos.
—¿Sabes que veo ahí?
—¿Una joven con corte de dora la exploradora?
—A mí. Cuando te veo, me veo a mí, sólo que eres una versión mejorada de mí misma.
—La mejorada tiene un corte espantoso —se rio de mí mientras sus manos se pasaban por mi cabello y yo me sorbí la nariz para dejar de llorar por algo tan ridículo como mi cabello.
—Estoy muy orgullosa de quien eres, cariño —pasó sus brazos alrededor de mi cuello dándome un abrazo por la espalda— Tú eres mi obra maestra, Bella.
Miro al espejo y a mi reflejo triste y solitario.
¿Por qué no pudiste dejarme a cargo de todo esto si estabas tan orgullosa de mí?
Sacudo la cabeza y sigo buscando. El mueble del espejo no tiene documentos, reviso en el armario, pero tampoco encuentro nada ni en los cajones ni en el fondo o en la repisa superior.
¿Dónde lo pondría? ¿Dónde?
Si lo tiene en la sala será imposible acceder al testamento sin que se dé cuenta, ¿pero por qué lo dejaría en la sala? No hay libreros ni repisas. La casa no es tan grande. Camino ahora a las mesitas de noche y abro los dos cajones, pero sólo encuentro ropa de ella.
Vuelvo a mirar hacia la cama intentando pensar en opciones. ¿Qué haría mamá? Un recuerdo se cruza en mi inspección de la cama.
—Ayudame a levantar el colchón —mamá tenía la cama llena de carpetas que había estado organizando.
—¿Por qué?
—Es una tradición guardar el dinero bajo el colchón, Bella. Sólo levántalo.
—Si la casa se incendia vas a perder todo, ¿no deberías tener una mochila de documentos importantes?
—Tonterías, levántalo.
Pongo mis manos bajo el colchón y empujo hacia arriba, pongo mi pie contra la base y mi rodilla contra el colchón para mantenerlo arriba.
¡Sí!
Con dificultad consigo agacharme en una incómoda postura y jalo con la punta de mis dedos las carpetas.
Bajo el colchón y comienzo a abrir carpetas. Son en total diez carpetas y hasta la novena consigo dar con el documento correcto.
Tomo tantas fotos como son necesarias de cada hoja asegurándome tener la luz suficiente y que no salgan borrosas, esta es mi única oportunidad y no puedo cometer ningún error. No me arriesgo a leer ni asegurarme que esté todo bien.
Abro la decima carpeta que se ve casi del mismo ancho. Testamento. Comparo ambos documentos para asegurarme que todo esté bien, pero parece diferente. Posiblemente uno de estos es la versión anterior. Habían hecho modificaciones al nacer Charlie. Vuelvo a tomar fotos, ya tendremos tiempo de comprobar cuál de los dos testamentos es el correcto.
Aunque cada foto que tomo mi pulso se acelera por la posibilidad de ser atrapada.
Reviso las imágenes solo para comprobar que no están borrosas y finalmente lo regreso todo a su lugar, dejo la cama bien puesta para asegurarme que no sospeche Tía y salgo. Entro a la habitación de Charlie justo para verlo terminar de acomodar el último juguete en su sitio.
—Esa esquina estaría bien —le digo caminando a la esquina y dando pasos de un lado a otro para medir el tamaño.
—¿Es mi regalo de cumpleaños?
—Así es.
—Vaya, gracias, BeliBeli.
—Ni lo digas, es… ya tienes ocho años, necesitas tu computadora —decido usar mi dinero ahorrado en esto en ese momento.
La puerta se abre y aparece Tía, justo a tiempo.
—Ya tengo las medidas.
—Que bien —su voz suena llena de hastío por mí—. Charlie despídete de tu hermana.
—¿Nos veremos mañana? —pregunta mientras pasa sus brazos alrededor de mi cintura.
—Pasaré por ti a la escuela, mañana nos vamos así que sólo estaremos un par de horas juntos.
Para cuando bajo Edward ya está subiendo algunas cajas al asiento trasero. Es una pena que los jeeps sean tan pequeños. Se ha llevado las cajas que dicen mi nombre y algunos cuadros que estaban en el fondo. Miro las que pertenecían a mamá y a nuestra familia.
Edward pasa a mi lado en silencio y toma otros dos cuadros. No hay espacio para más en el carro y él no tiene que decirlo. Me quedo quieta mirando hacia la cochera. Tía se quedó en la habitación de mi hermano así que aun me quedan unos segundos más antes de que me saque de la propiedad.
Mis ojos se desvían a la casa de los padres de Angela. Ella no se apareció en el funeral de mis padres, ni tampoco lo hizo después, aunque los papás de Angela fueron muy buenos con nosotros. Su madre era como de la familia, como una tía para mí y estuvo a mi lado día y noche las siguientes semanas, tenía la esperanza de que ella se quedará con nosotros, al menos con Charlie, pero cuando el testamento indicó que Tía era la encargada de Charlie entonces pensé estúpidamente que esa mezquina mujer sería buena con nosotros. Que sería gentil como papá, que ella cuidaría de nosotros como mis padres quisieron.
Pero nada de eso fue así.
Y a las pocas semanas de la muerte de mis padres, los papás de Angela comenzaron a tomar distancia de nosotros así que cuando Tía me echó de la casa ni siquiera se me ocurrió pedirles ayuda porque nuestro trato cambió drásticamente de parrilladas cada fin de semana con mis padres a un saludo seco por las mañanas.
Y no puedo evitar pensar que tal vez fui muy orgullosa y que pude ahorrarme mucho sufrimiento tocando a la puerta de ellos para pedir ayuda.
—Mañana volveremos por más y enviaré por el resto —Edward pone su mano en mi espalda. Asiento y justo en ese momento sale Charlie con Tía pisándole los talones. Lo abrazo con fuerza para despedirme, nos iremos en dos días y como supe desde que llegamos una semana no sería suficiente.
Con la diferencia que cuando Charlie estuvo conmigo el fin de semana en la ciudad estaba segura al hacerlo subir al avión que mi dolor valía la pena por permitirlo tener una mejor vida de la que yo podría ofrecerle. Y ahora sé que no es así, que nunca será así.
La anciana me mira con una tensa línea y su frente llena de arrugas, y entonces me obligo a sonreírle.
Solo hasta que estoy en el asiento del copiloto puedo respirar con normalidad.
—Lo conseguiste —no es una pregunta. Edward aprieta mi mano y la lleva hacia sus labios para dejar un beso sobre mis nudillos.
—Lo tengo.
Y estoy cada vez más cerca de tener a Charlie.
¿De verdad pensaban que les iba a dar la confesión de Bella sin preparar el terreno? Pero bueno, ya tiene el motivante que requería para ser sincera y al menos Edward ya sabe que hay algo oscuro detrás aunque seguro que no se imagina de qué va.
¿Adivina quién tiene casi listo el siguiente capítulo? ¿Te gustaría doble actualización esta semana? No olvides dejar tu comentario. ¿Qué crees que siga a continuación? Y ahora uno de esos espectaculares adelantos que no les gustan para motivarlas a comentar:
—Quiero un vaso de wiski —exigió.
—Claro, en un momento —le di la espalda llevando el teléfono a mi oreja con mis pulsaciones golpeando con fuerza contra mi pecho. Contesta, contesta, contesta.
—Hola, preciosa. Estoy a punto de ir a una reunión ¿te puedo devolver la llamada en un minuto?
—Hay alguien aquí —dije intentando bajar la voz y mirando sobre mi hombro al borracho del sillón.
—No lo entiendo.
—Un incendio.
—¡Mi wiski! —gritó el hombre y yo brinqué en mi sitio.
¿Dónde estaba el wiski?
—¿Está borracho? —preguntó Edward, así que él sabía quien era esta persona.
—Sí.
—Ve al cuarto y pon el seguro.
¿Te gustaría otro adelanto? Puedes encontrarlo mañana en mi cuenta de instagram: Anbeth Coro
