Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

El pasado siempre vuelve

Angielizz (Anbeth Coro)

Esta historia no romantiza la trata de blancas, ni la prostitución, ni nada que se asemeje, es una crítica a ese mundo que en realidad es nuestro mundo. Del que las mujeres son víctimas y no pueden escapar y no caen ahí por voluntad. Quería una historia de una mujer y un hombre que tuvieran de distancia los privilegios. La cuna de oro de él, contra el infierno al que cae ella. Escribo este capítulo esperando que ninguna y ningún lector se encuentre en esas situaciones, pero que sea capaz de empatizar con lo siguiente. Y lo escribo también pensando en aquellas personas que sí viven en ese mundo y que son revictimizadas como si fuese una elección.

Él

Fragmento de un recuerdo:

—¿No está lista ella o no estás listo tú? Te conozco Edward, si no se tratara de ella serías el primero en querer saber y ahora estás bien con que te guarde secretos que podrían ser o no ilegales, y con los que eres estúpidamente comprensivo.

James se cruza de brazos en espera de mi respuesta, pero no tengo una para él. Tiene razón, ¿y si yo no estoy listo? ¿y si su pasado es tan terrible como ella cree?

Miércoles, varias semanas atrás, 18:30 –Mientras Bella está con Paulina emborrachándose en el apartamento. Cuatro días después de la conversación con James.

James me llamó para decirme que tenía una cita para conocer un estudio desocupado del edificio donde vivía Bella, estaba seguro que se trataba del de ella y ya que el dueño iba a rentarlo el fin de semana, esta era mi única oportunidad para conocer su pasado.

James estaciona su pickup frente al edificio, es como si hubiese estado aquí cientos de veces por la cantidad de pinturas que Bella ha hecho de este lugar en los últimos días, sacado de las pesadillas que Bella pinta, me corrijo. Este lugar representa esa vida que dejó atrás y que se resiste a dejarla ir.

—Su apartamento está desocupado, al parecer el dueño no había encontrado un nuevo inquilino desde que Bella se fue de aquí —me explica James bajando del lado del conductor.

Bella está en el apartamento con Paulina. Y en lugar de seguir conociendo a la única persona que ha mostrado su preocupación por Bella, estoy aquí, indagando a sus espaldas en este pasado que ella no quiere que conozca. James encontró una pista del que fue el apartamento de Bella, interrogó a un par de vecinos y cree que podría tratarse de ella. Aunque el nombre de la inquilina anterior no es el mismo.

—No me sorprende que el dueño batalle en encontrar inquilinos considerando que he tenido que insistir tanto para que me lo muestre.

Cuando James está nervioso entonces es conversador. Tiene la dificultad de lidiar con el silencio y requiere llenarlo con conversación, lo que me pone de nervios a mí. Sé que él no quería que yo viniera, porque sé que él sabe que encontraremos algo que no va a gustarme. Un secreto que Bella se ha esforzado en mantener oculto a toda costa.

—¿Cómo diste con su apartamento?

—Tocando puertas. Tenía una pista, no era el primer piso por el sueño del que me hablaste y su estudio tenía ventana hacia esta calle.

—¿Qué haces siendo abogado cuando podrías estar resolviendo crímenes?

Pero mi broma no tiene el tono de broma, se pierde por completo mientras ingresamos al edificio. Subimos las escaleras en silencio, las paredes están grafiteadas con imágenes escapadas de la pesadilla de alguien más, con nombres de criminales y también con insultos.

—Una vecina dice que la última vez que la vio se fue con un hombre en un deportivo del año color azul. Coincide con el tuyo. Lo único que no coincide es que su nombre es Becky.

—Entonces podría ser alguien más.

—Con la foto que me diste de Bella, la mujer la reconoció.

Le di una de las fotos que encontré en las redes sociales de Bella. Una buena foto de ella sonriendo a la cámara, una que fuera imposible de confundir con alguien más.

—¿Y la llamó Becky?

James se encoge de hombros.

—¿Por qué tendría otro nombre?

—Ni idea.

Aunque si hacía cosas ilegales posiblemente necesitaba de otro nombre. ¿Robo? ¿Asalto? No puedo imaginarme a Bella en ninguna de esas dos situaciones, aunque supongo que momentos desesperados requieren de acciones desesperadas.

Al final del pasillo un anciano espera con un manojo de llaves que mueve de una mano a otra con impaciencia.

—¿Señor Fernando?

—Mucho gusto —se presenta James—, mi hermano Diego.

Claro, Bella tenía un nombre falso, y nosotros necesitamos nombres falsos para no ser rastreados tampoco. Si queremos enterrar el pasado de Bella, no debemos dejar nuestras pisadas a la vista.

—Está un poco empolvado —se excusa el hombre mientras abre la puerta y entonces nos deja entrar.

Miro alrededor. Esto no es un apartamento.

—¿Las dos mujeres que vivían antes aquí eran… —el hombre interrumpe la pregunta de James.

—Era una. Es un estudio.

No, tampoco pasa como un estudio, esto es aún más pequeño.

Camino a la puerta del fondo y al abrirla me encuentro con un baño. No puede ser aquí, no hay nada que nos diga que este lugar le perteneció a ella porque…

Bella.

Con pluma en la pared frente al lavamanos, el espacio donde debería haber un espejo tiene en su lugar el nombre de ella encima de otro: Becky. O tal vez Bella está debajo del segundo nombre. Ya sea que dos nombres sean para una persona o se trate de dos personas que compartieron este lugar, esto sigue siendo demasiado pequeño.

¿Hay agua caliente? —pregunto mirando la pequeña y sucia ducha.

—No. Le sugerí a mi inquilina anterior que podía rentarle un calentador, así que puede ser una opción si están interesados en rentar el lugar.

—¿Ella rentaba el calentador? —pregunto saliendo del baño. El hombre niega con su cabeza.

—Era ahorrativa —sonríe amistoso, pero nada de lo que él dice me hace querer ser amable con el anciano.

¿Ni siquiera cuando había heladas?

—¿Tiene calefacción?

—No, pero Becky dejó… —camina a la pared del fondo donde hay un pequeño closet fijado a la pared, abre la puerta y me muestra dos cobijas—, a ella no le daba frío. Venía de algún lugar con nevadas, ya sabe cómo resisten esas personas al frío. Pero igual puedo conseguirles una calefacción si lo necesitan.

No, Bella no resiste al frío. Ella es de un lugar caliente, ella tiembla si sus pies se descubren por la noche, algunas noches gira y se pega a mí y sus manos están tan heladas que me despierta y tengo que soplar contra ellas para calentarlas de nuevo. Bella es un imán del frío, se le pega lo helado a la piel de manera aterradora. ¿Y este hombre está diciéndome que ella estuvo aquí con esas dos estúpidas cobijas que ni siquiera son térmicas?

—¿Y la habitación?

—Esta es la habitación, antes era parte del apartamento de al lado, pero se convirtió en un espacio independiente. El refrigerador no funciona muy bien, le sugerí a la anterior inquilina que lo reparara, pero no quiso hacerlo. El congelador funciona… a veces.

¿Sin refrigerador, Bella?

—¿Y cómo guardaba la comida? —pregunto, pero sé la respuesta incluso antes de que lo diga.

—Comía en restaurantes, supongo.

No. No comías en restaurantes, lo único que sabía prepararse eran emparedados y ahora entiendo el porqué.

—Supongo que su anterior inquilina dormía en ese sofá —apunto al viejo mueble.

—Sí, no sirve como sofá cama —me advierte el anciano—, antes de Becky un inquilino lo descompuso. Le dije a ella que podía cambiarle este por otro usado a cambio de que pagara la mitad, pero ella no quiso, era solo una y decía que el sofá no era incómodo, así que le bajé la renta. Si les interesa puedo ponerle uno y paga la mitad.

—Eso estaría bien —dice James mientras yo me quedo en silencio mirando al sofá.

¿Y yo pensaba que Bella en algún momento se quejaría por limitar su espacio y no dejarla entrar a mi oficina ni a mi habitación? Este lugar es mucho más pequeño que la anterior habitación de Bella. Y muchísimo peor: tiene las paredes rayadas, el techo con manchas, un refrigerador que no sirve, sin agua caliente, no hay calefacción, con un par de cobijas que deben volverse frías por la noche y un estúpido sofá que sin tocarlo puedo asegurar que es una tortura dormir sobre él.

Le doy una mirada a James, que él comprende en seguida.

—Mi hermano seguirá analizando esta opción, ¿qué le parece si me muestra el otro lugar disponible?

—Seguro.

Cuando ambos se van, me siento en el sillón. El incómodo sillón. Me acuesto con mis pies sobre el respaldo y cierro los ojos. Vivías sola y dormías encima de esta cosa en la que se sienten los fierros de los elásticos. Y no existe ninguna compañera de cuarto, porque este lugar no está hecho para más personas.

Abro los ojos. Desde aquí se escucha todo, el ruido de la calle y las voces amortiguadas por las paredes de los vecinos, los gritos y las risas.

¿Aquí te quedabas encerrada todo el día, Bella?

Meto mi mano entre el respaldo y el asiento. Tiro de la hoja cuando la encuentro. Bella tiene la manía de dejar papeles por todas partes para dibujar, las esconde en los sillones y en los cajones de la cocina. Y como si necesitara más evidencia me encuentro con un dibujo a pluma de Charlie.

Le doy la vuelta y me encuentro con su letra, vuelvo a sentarme.

Deuda a Tía por un mes.

Deuda al bar de Don.

Desayuno para siete días.

Cena para siete días.

Renta.

Suma total.

Deuda a Tía por un mes.

Deuda al bar de Don.

Desayuno para cinco días.

Cena para seis días.

Renta.

Suma total.

Deuda a Tía por un mes.

Deuda al bar de Don.

Desayuno para cuatro días.

Cena para tres días.

Renta.

Suma total.

Deuda a Tía por un mes.

Deuda al bar de Don.

Cena para seis días.

Renta.

Suma total.

Deuda a Tía por un mes.

Deuda al bar de Don.

Cena para cinco días.

Renta.

Suma total.

Cada elemento seguido por una cantidad de dinero.

Y era por esto que estabas en los huesos, te estabas matando de hambre para que te alcanzara el dinero. Un dinero que no debió faltarte nunca, vivías en un minúsculo cubo que llamabas apartamento cuando pudiste vivir en tu casa todo este tiempo.

Me pongo de pie y camino a la ventana, desde aquí se puede ver la calle. Y hago un esfuerzo en imaginar ese evento que te persigue como una pesadilla. Seguro que estabas aquí sin saber cómo matar tu tiempo libre sin volverte loca cuando fuiste testigo de ese asesinato. ¿Cómo conseguías hacer que las horas se pasaran volando si no tenías material para dibujar? Miro al sillón. Dormida, por supuesto.

Traigo de vuelta ese maldito recuerdo. Yo regresándote aquí, aterrada y actuando normal. Por supuesto que lo estabas, tuviste una buena noche después de tantos meses, en un lugar seguro, silencioso, caliente y cómodo. Y yo estaba dispuesto a regresarte. Y tú ahí estabas, agradeciéndome, hablándome de tu pasado sin esfuerzo, de tus padres que habían muerto y yo me limité a escucharte sin hacer comentarios. Intenté luchar contra mi empatía por ti.

Bella es como James, ella también habla hasta por los codos cuando está nerviosa.

Esa mañana venías todo el camino platicando, recuerdo. Y yo estuve silencioso asintiendo y haciendo preguntas como si estuvieses en un interrogatorio policiaco. ¿Cómo luchaste para tragarte el grito de auxilio si era tan obvio que necesitabas ayuda? ¿Cómo no lo noté?

Me giro sobre mis talones y miro el espacio. ¿Tres metros por tres metros? Difícilmente es un cuatro por cuatro. Apenas queda un pequeño pasillo al lado del sillón que da a la ventana, y otro frente a éste para dividir el sofá del refrigerador y la estufa. Y una puerta al fondo que da a un baño minúsculo. ¿Cómo mierda duraste tanto tiempo aquí?

Miro al dibujo en pluma que tengo en la mano, por supuesto. Sólo Charlie te mantenía cuerda, aferrada al recuerdo de un niño que no podía hacer nada por ti. No soy idiota, esto es sólo la punta del iceberg. Aunque no parece que pueda encontrar nada más aquí, guardo el dibujo de Charlie en el bolsillo de mi pantalón.

Salgo de la habitación, porque eso es lo que esto es, y regreso al pasillo, bajo las escaleras de dos en dos a prisas, queriendo desesperadamente escapar de este lugar, de este pasado de Bella que sigue haciéndole daño. De dos en dos, como ella me contó que bajó las escaleras corriendo cuando encontró al niño muerto en la calle. Me detengo en el segundo piso y respiro hondo. Mi garganta quema al igual que los ojos.

No puedo borrar tu pasado, Bella, no puedo hacer nada excepto encontrarlo y darle sepultura como merece, para que deje de salir a atormentarte por más tiempo.

Aunque no esperaba que su pasado pudiera resultarme tan doloroso. Vuelvo a bajar las escaleras, de uno en uno. James y el anciano están afuera conversando de la cuota mensual.

—¿Murió un niño aquí? —pregunto mientras miro hacia la ventana que da al que fue el apartamento de Bella.

—Un accidente. El año pasado, molestó a unos drogadictos y no le fue bien.

Qué eufemismo para hablar del asesinato de un niño.

—Fue Becky quien lo encontró, pero ya no había nada por hacer —continúa el anciano.

—¿Conoció a … su inquilina anterior? —pregunta James.

—Una chica con mala suerte. Lo último que supe es que le pidió dinero a Don y un día desapareció. Por eso no renté su cuarto, pensé que iba a volver. ¿Aunque quién lo haría? El loco Don y sus hombres me rompieron la puerta de su estudio, tuve que cambiarla, por eso la chapa está nueva.

—¿Don? —pregunto, es el nombre en la hoja que tengo en el bolsillo.

—Yo sólo digo lo que escuché de mis inquilinos. Pero pues Becky nunca regresó, así que seguramente la mataron Don y sus hombres —se crea un hueco dentro de mí mientras escucho a este hombre volver a minimizar un asesinato, pero esta vez no habla de un desconocido sino de ella—. Se lo advertí, le dije que no le pidiera dinero a Don. ¿Alguien podría culparla? Dicen que enviaba dinero a su hijo o qué sé yo —no, ella no tiene un hijo, solo un hermano que tiene que cuidar como tal—. Yo también tengo hijos, me pidió pagarme después pero ya le había perdonado otros meses y no me los pagó a tiempo. No podía no cobrarle la renta. Dijo que era para los medicamentos del niño. Sus intenciones eran buenas, parecía honesta y no se metía con nadie… pero eso pasa cuando caes en esos lugares. Nadie sale de ahí.

Me obligo a preguntar lo obvio.

—¿Ahí?

—El bar de Don, un buen bar. Se popularizó hace poco, ¿no escucharon de él?

—¿Nos vamos? —pregunta James repentinamente cortando las palabras del anciano.

—¿Por qué se popularizó?

—Vámonos —James interrumpe lo que vaya a decir el hombre elevando la voz. Le entrecierro los ojos y vuelvo a clavar mi vista en el hombre.

—¿Por qué? —insisto.

—Porque como esas mujeres, ninguna. Becky era una de ellas, decían que era una de las finas, de las putas intocables de Don.

—Edward —James me pone una mano al hombro y reacciono cuando miro al anciano retroceder, estaba a un pelo de golpearlo. Sacudo mi cabeza. El anciano me mira como si se encontrara frente a un demente que quiere partirlo en dos, y es lo que quiero. Para ser honesto es lo único que quiero.

No sé cómo consigue James obligarme a subir al automóvil, ni sé por qué me dejo llevar cuando debí romperle la cara aunque fuera un anciano, lo sospechaba, pero mis sospechas son tan recientes y me he querido convencer que no es así que escucharlo por primera vez de alguien más me llena las venas de ira.

—Iré contigo —le digo a James cuando lo veo dudar con las manos en el volante sin saber a dónde dirigirse.

—No estoy seguro que sea buena idea.

—Dije que iré.

Supongo que mi tono no deja lugar a replicas, porque pone el automóvil en marcha y en menos de cinco minutos llegamos ahí. Bar de Don, un letrero viejo con la silueta de una mujer a cada lado.

—Edward, deja que yo vaya.

Sacudo mi cabeza. Si Bella no va a decírmelo, entonces no permitiré que nadie más lo haga, lo descubriré por mi cuenta.

—Estuvimos aquí —digo al abrir la puerta y reconocer el sitio.

James mira al suelo al llegar a mi lado y exhala.

—La noche en que se conocieron. Salimos, te traje aquí y te fuiste enojado, ¿recuerdas?

Pero no me fui de aquí molesto porque me hubiese traído a un prostíbulo, sino porque me molestaba que creyera que así iba a sacarme de encima el recuerdo de Heidi. No me fui de aquí por ser honorable, sino por sentirme ofendido por James. Y un par de cuadras después encontré a Bella.

Tan cerca de aquí.

Todo este tiempo tuve las respuestas frente a mí.

No estabas huyendo de tu compañera de cuarto drogadicta. Estabas saliendo de trabajar. A las cuatro de la mañana. Cierro los ojos y respiro lento.

—Deja que yo vaya —insiste James.

—Dije que iré.

—Es la única oportunidad que tengo para tener respuestas, Edward, no van a gustarte mis preguntas.

—Resistiré.

—No podrás reaccionar a las respuestas que recibas. Sería peligroso armar un alboroto.

—Voy a ir —y sin permitir que debata comienzo a caminar hasta abrir la puerta.

El olor a sudor, alcohol, tabaco está impregnado en el lugar. Recorro con la mirada el sitio.

Aún es temprano y está casi vacío.

Desvío la mirada de las mujeres y me enfoco en camina a la barra de bebidas. Hay pocos hombres y la mayoría se encuentran alrededor de la pista de baile.

—Dos escoceses —pide James tomando asiento frente a la barra. El hombre del otro lado toma la orden y se gira para ir por las bebidas—. Necesitas relajarte un poco.

—No me pidas que me relaje.

—No voy a dejar que entres así. Ya te lo dije, planeo salir vivo de aquí y si no puedes quedarte quieto como una piedra te quedarás en el carro.

Pongo la hoja que encontré encima de la barra y se la muestro a James. Tarda medio minuto en leerla.

—Así que sí tiene una deuda con el dueño.

Pero no respondo a James en su lugar mis ojos van a las mujeres que trabajan aquí.

—Edward. Concentrate.

Por supuesto que Bella no quería hablarme de esto.

—Tal vez te perdiste lo importante de la conversación con el dueño del edificio, pero tu chica está metida en algo peligroso —miro a James, consiguiendo al fin enfocar mi atención—. Unos hombres rompieron la puerta de su apartamento y no tengo mucha información, pero no creo que fueran a buscarla para una visita amistosa.

—¿Crees que está en peligro?

—No… creo que lo estará si esto no sale bien. Así que más vale que te comportes, si no por nuestras vidas, por la de ella.

Tomo el vaso de whisky y lo bebo de un largo trago, el alcohol quema a su paso.

—¿Cuál es el plan? —pregunto cuando dejo el vaso vacío.

James vuelve a llamar al bartender y pide que llenen nuestros vasos de nuevo.

—Tenemos un cliente que quiere pagar la deuda de Becky. Mantengamoslo simple, sin información.

—¿Y si no funciona?

—Créeme. Si esto no funciona, mañana no vas a estar vivo para la siguiente parte del plan.

Y noto que no bromea, saca su celular y comienza a escribir un mensaje. Me bebo el contenido del segundo vaso, no porque necesite valor, sino porque necesito entorpecer lo suficiente a mis ideas para no reaccionar de prisas.

—¿Deberíamos llamar a Jasper?

—No creo que quieras dejar sola a Alice —y su tono no es bromista. James será muchas cosas, pero no bromea cuando se trata de peligro.

Finalmente le sonríe al télefono antes de guardarlo.

—¿Escribiste tu testamento?

—Casi. ¿Por qué las mujeres de tu familia tienen que ser tan complicadas?

—A mamá no le gustará escucharte decir eso.

James asiente un par de veces.

—Necesito una distracción —pido manteniendo mi vista en el vaso en lugar de la mujer que se ríe de una tontería con uno de los clientes mientras éste pasa sus manos por sus brazos.

—Ya agoté mis opciones para una disculpa —me cuenta, me enfoco en James y sus palabras.

—¿Flores? —pregunto al tiempo que mis ojos se pierden en una joven que está en las piernas de un cliente a mi izquierda.

—Ya.

—¿Chocolates? —insisto mientras aprieto los ojos cuando alcanzo a oír cuanto cuesta permitir que le dé sexo oral a ella.

—Ella no come chocolates.

—¿La buscaste personalmente? —me giro hacia James para ignorar a la pareja de mi izquierda tanto como puedo.

—No voy a morir así.

Sacudo mi cabeza, pero no puedo evitar ladear mi cabeza lo suficiente para ver a la mujer sobre el escenario bailando en ropa transparente.

—Bueno, ahora sabes porque te envió al carajo. ¿Qué estamos esperando?

—Que te relajes.

—¿Te parece que tenerme aquí va a relajarme?

—Puedes quedarte en el carro.

Esta vez soy yo quien llama al barman para que nos sirva otra ronda de whisky.

Cuando el hombre vuelve a rellenar nuestros vasos, James le hace una seña con la mano para que se acerque pero sus ojos se clavan en mí.

—¿Ha visto a Becky?

—¿La gatita?

Como si el hecho de saber que tiene otro nombre no fuera lo suficientemente malo, ahora el nombre tiene un apodo denigrante.

—¿Hay otra?

—No hay ninguna, para ser honesto. Becky se fue hace unos dos… tres meses, tal vez.

—Qué mala suerte —dice James mientras le da un trago a su escoses.

—Estamos buscando a Don —digo, ganándome una mirada desconcertada del hombre que nos atiende y unos ojos furiosos de James. Ya he tenido suficiente tiempo aquí.

—¿Y para qué quieres tú a Don? —pregunta con el ceño fruncido y escaneándonos con la vista el bartender, que hasta hace un segundo parecía amable.

—Negocios —responde James encogiéndose de hombros. James me da un puntapié en el tobillo—. Estoy seguro que él quiere escuchar de esto.

—¡Laura! —el hombre hace señas a alguien tras nosotros y a los segundos se acerca una mujer, su vestido aunque escotado al ombligo es más largo que el resto de vestimentas de las otras mujeres de aquí—. Buscan al jefe.

—No estoy segura que pueda atenderlos hoy —James le muestra un billete dándole una sonrisa convincente. La mujer estira su brazo hasta tomarlo y esconderlo bajo la tela del vestido—. De pronto tiene la agenda libre, acompáñenme.

La seguimos en silencio. Escaneo el lugar, la música está a un volumen medio, pero asumo que eso se debe a que el bar está casi vacío por la hora que es. Pasamos hacia una puerta que da a un pasillo, la parte trasera del bar. Aquí la música se amortigua con las paredes.

—Esperen aquí —nos indica la mujer mientras camina hacia el fondo del pasillo.

—Edward —ignoro a James y avanzo a la puerta frente a mí. Muevo la puerta un poco, apenas unos centímetros. Hay voces de mujeres y conversaciones que no consigo entender. Empujo un poco más y…—. ¿Puedes quedarte un segundo quieto sin que nos metan una bala en el cerebro? —pregunta James al tiempo que me da un empujón haciéndome retroceder—. Te lo juro, Edward, no me voy a morir aquí. Así que si no puedes quedarte quieto y callado voy a sacarte a la fuerza.

Respiro lento y doy dos pasos hacia atrás. James no para de mencionar que vamos a morirnos todos y él no es dado al dramatismo, así que si ya lo dijo más de una vez se lo creo.

—Ultima oportunidad para irte. Una vez que entremos yo no voy a detener mis preguntas por ti y si tú no eres capaz de asimilar las respuestas entonces... —lo interrumpo.

—Voy a entrar.

Como si nos hubiese oído, la mujer regresa hacia nosotros con sus zapatillas altas repiqueteando por todo el pasillo.

—Va a recibirlos —hace un movimiento con su dedo índice para que la sigamos, y es lo que hacemos, en silencio y tensos pero yendo a conseguir las respuestas que necesitamos para terminar con este rompecabezas.

Señala la puerta negra que dice "Gerencia"

—¿Puedo ofrecerles algo? ¿Un trago? —negamos casi al mismo tiempo—. ¿Compañía?

¿Qué mayor prueba necesito para lo que este lugar es? Respiro hondo y sostengo el aire tanto como soy capaz.

—Sólo venimos a ver a Don —habla por mí James.

La mujer abre la puerta y entonces una oficina maloliente y oscura aparece del otro lado. Un hombre alto y robusto está sentado detrás del escritorio. Entrecierra sus ojos haciendo que la cicatriz del ojo derecho se arrugue.

—¿Qué trae caras nuevas por aquí?

James camina hasta sentarse en una de las dos sillas frente al escritorio y lo sigo también.

—Negocios.

—Eso escuché.

El hombre pasa sus ojos de mí a James y de regreso, y comprendo que cometimos el error de venir con la ropa del trabajo, camisetas de marca, James trae su reloj a la muñeca y no hay modo de fingir una vida menos opulenta.

—¿Qué tipo de negocios?

—Del tipo que salda una deuda —explica James sin rodeos—. Mi cliente me envía aquí por Becky.

Don sabe de quién habla, su expresión se transforma en un segundo. Aprieta los labios y su nariz se ensancha y comprendo hasta entonces que Bella verdaderamente está en problemas.

—Así que encontraron a mi gatita.

Clavo mis dedos contra la tela de mi pantalón mientras me esfuerzo en seguir con la máscara inexpresiva sobre mi rostro.

—¿Dónde está ella?

—Mi cliente quiere pagar la deuda.

El hombre se ríe y sacude su cabeza en negación.

—Honestamente no creo que eso pueda ser pagado. No pensé que fuese a ser tan estúpida para escapar. Esa noche fui muy claro con ella, tenía que pagarme a tiempo, sin prorrogas, lo haría con dinero o con su cuerpo y ella dijo que iba a conseguir el dinero, pero no regresó. Así que no, no acepto el dinero —se remalga la camisa hasta los codos—. ¿Dónde está ella?

Maldita sea, si en algún momento tendría que fallar mi puta habilidad de quedarme en paz he elegido el peor momento. ¿Cómo mierda puedo sólo quedarme quieto? ¿Cómo cuando este malnacido está hablando de ella como si fuese un objeto de cambio?

—No en el país, eso es un hecho —dice James y agradezco que tenga la habilidad de replicar de manera instantánea—. Mi… cliente cree que podemos llegar a un acuerdo. A él le gusta pagar —dice James sin perder su tono de calma, mientras yo siento mi pecho inflamarse de odio y desprecio por este idiota. Sin embargo, me mantengo quieto y respirando despacio, clavando mis dedos de tal manera que los siento ahora contra la piel de mis piernas.

Don saca una calculadora del escritorio y comienza a hacer números, James me codea sutil y yo hago todo mi esfuerzo en mantener mi mirada en la pared tras el hombre.

—Ella fue puras perdidas —dice sin dejar de golpetear a la calculadora—, tenía varios clientes interesados en la niña. Le di casi un año para adaptarse al lugar porque sabía que había potencial en ella, puedo verlo, casi diría que olerlo —sonríe sin gracia—. Con sus ojitos asustados toda la noche, casi pasaba como una virgen. Y hay hombres que están interesados en las chicas difíciles.

James deja caer su mano en mi hombro, más bien pone toda su fuerza en su mano que recarga sutilmente en mi hombro para mantenerme quieto en mi lugar, a ojos de cualquiera solo está haciendo un gesto de compañeros, pero él y yo sabemos que no es así, que estaba decidido a hacer lo que quería con el anciano afuera del edificio. No sé si sería sencillo, pero sé que lo disfrutaría al menos por un momento. Puedo imaginarme estampando mi puño contra su cara hasta que consiga abrir su cicatriz. Respiro.

Por suerte a ojos de este hombre mi reacción pasa desapercibida porque sigue hablando.

—Aunque aquí no hacemos eso, nos gustan las mujeres que colaboran. Y siempre lo hacen, les gusta el dinero o tienen deudas, admito que Becky se tardó un poco más. Tenía voluntad, debo admitirlo, y tenía prohibido armar escenitas.

—¿Escenitas? —la palabra sale seca de mis labios. James presiona mi hombro.

—Mis clientes son exigentes y algunos no son tan amables. Así que a veces eso la metía en problemas.

—¿Cómo cuáles? —pregunto aunque honestamente no quiero escuchar la respuesta. Pero me obligo a mí mismo a preguntarlo.

—Ya sabe, un manoseo aquí, uno allá, algunos sólo la empujaban a sus piernas y otros la besaban, no íbamos a dejar que usaran a nuestra chica sin ganar dinero. Eso no está bien para el negocio.

Aprieto las muelas y respiro hondo mientras mis manos se convierten en puños. Imagino a esos borrachos intentando forzarla, tocándola contra su voluntad, se me clavan los dedos de manera dolorosa en la piel y algo pesado cae en mi estómago al escuchar las palabras. Necesito relajarme.

—¿Aquí solo hay bailarinas? —pregunta James.

Niega el hombre con su cabeza y siento como si se atascara el aire en mi garganta.

—Ofrecemos de todo. Tenemos privados. Depende qué quieras el costo.

No puedo obligar a mis palabras a salir.

—¿Edward? —pregunta James y asiento, me da dos apretones antes de hablar—. Becky es muy guapa, seguro cobraba bien.

Contengo el aire mirando al sujeto reclinarse en la silla y reírse mientras sacude la cabeza.

—Becky ganaba una miseria. Pudo ganar mejor que ninguna, pero ya le dije, era difícil. No quería ponerle precio a una mamada, unas semanas más y no diría lo mismo. Lástima. Tenía una boquita muy bonita —James vuelve a presionarme y yo me esfuerzo en quedarme inmóvil aplastando incluso mis zapatos contra el suelo—. Aunque le iba bien los viernes.

Miro el número que está en la calculadora. ¿Cómo ibas a pagarlo, Bella?

—¿Los viernes? —pregunta James y yo me aferro a que serán palabras alentadoras.

—Era el día de su show. Por eso el apodo, Becky la gatita. Tenía un cuerpo de infarto, aunque ya deben saberlo.

James me aprieta al tiempo que se ríe con este idiota, me trago la bilis concentrado en la calculadora. Y el número elevado. ¿Cómo es que ella pagaría esa deuda?

—Y era muy buena, le di el viernes porque así me aseguraba que llenara el bar. ¿Cómo es ese refrán? ¿Con dinero baila el perro? Pues mis zorras sí que saben bailar por billetes. Lo que pasó con Becky es que no tenía suficiente motivación, pero cuando tienes hambre, un vicio o una deuda entonces te esmeras en hacer lo tuyo.

—Y Becky tenía una deuda —completa James

—Y hambre, por supuesto —dice con burla el hombre.

Cena para cinco días.

Recuerdo nuestro primer desayuno aquella tarde en mi apartamento, Bella devoró toda la fruta y comida que preparé, aquello que entonces me pareció divertido ahora me revuelve las entrañas. Ella estaba pasando hambre. ¿Cuánto llevaría sin comer esa tarde? ¿Un día? ¿Dos? Comió todo eso sabiendo que pasaría quizás otro día sin comida.

—Una pena —dice el idiota tras el escritorio—. Los clientes también podían notar su cambio. Ya tenía varias ofertas para ella.

—¿El cambio? —pregunta James y su apretón se intensifica porque sabemos que la respuesta no será mejor.

Me concentro en la calculadora.

—Becky se ganó el apodo de la intocable del bar. Apenas a alguien se le pasaba la mano ella buscaba a los de seguridad. Fue nuestro acuerdo —hace una mueca en sus labios mostrando el disgusto que aquello le produce—. Pero ese último show que dio fue el favorito de todos. Llovieron propuestas, pero quería irse —se ríe—. Esa zorra. Le advertí que no se iría sin pagar y ¿qué hizo? Se fue. Esta suma es por los intereses, son semanales. Pero si su cliente no puede pagarlo, podría darle una recompensa por encontrar a mi gatita y que ella salde su deuda.

Aprieto mis manos en puños, ella jamás volverá aquí. Ella no es suya, ella no es suya de ninguna manera.

James vuelve a apretar, esta vez más fuerte que antes y asumo que su pregunta será peor que todas.

—¿Un buen show dices?

—Tenía que pagarme esa noche y le hacía falta una buena suma, por eso quiso una prórroga de tiempo para pagar, pero cuando no acepté hizo lo que tenía que hacer —ante nuestro silencio continúa hablando—. Nunca había visto una piel tan limpia como la suya, ningún lunar o cicatriz.

No es así. Tiene dos en su nuca, aunque su cabello casi siempre los cubre.

—Fue el baile sorpresa de la noche. Los billetes llovieron, apenas lo suficiente para pagarme lo de la semana. Le dije que podría darle más días si volvía a desnudarse, lo estaba pensando. Bueno, eso dijo. Lo único que consiguió fue días extra para huir.

Por eso aceptó vivir con un desconocido.

—Ese cliente tuyo, estaría loco si quiere pagar la deuda de esa zorra. Dile a Becky que vuelva, nos haremos cargo nosotros de que pague su deuda.

—¿Hacerse cargo? —pregunta James mientras yo aprieto más fuerte mis puños.

—¿No les habló de eso?

James y yo nos quedamos en silencio, el hombre entrecierra sus ojos.

—¡Laura! —la mujer abre la puerta y asumo que ha estado tras la puerta todo este tiempo.

—¿Sí?

—El contrato de Becky.

La mujer entra a la oficina, va al otro lado del escritorio, abre un cajón y luego de unos segundos saca una carpeta con el nombre de Becky escrito con marcador negro.

—Aquí —nos pasa el documento. Lo tomo y comienzo a leer.

Aparece la cantidad que solicitó Bella, que ni siquiera es una décima parte de lo que ahora Don exige a cambio de su libertad, porque esto es lo que nos jugamos, la libertad de ella.

—¿Qué clase de acuerdo es este? —pregunta James mirando a Don.

—Ya lo dije, me gusta el consentimiento de mis chicas. Y Becky dejó por escrito que tenía su consentimiento.

Y el documento señala el acuerdo del que hablan James y Don. La cláusula de rompimiento de contrato, detalla que Bella consiente ser una sexoservidora incluso cuando "aparente" o "finja" no estar dispuesta.

—¿Y que si no cumple con el contrato? —pregunta James.

Pero el contrato lo dice, esto no tiene ningún peso legal, es un documento para amenazar a quien firme y pida un préstamo. Es una ilegalidad vuelta ley dentro del bar. El contrato es explicito respecto a lo que ocurriría si Bella no liquidara su deuda.

Se atoran mis ganas de explotar contra este malnacido al comprender las palabras. Y ahora recuerdo a Bella llorando en el pasillo en mis brazos cuando pensó que iba a sacarla. No era el miedo a ser abandonada lo que la tenía así, era el miedo a esto. A este maldito contrato. Bella sabe lo que podría ocurrir en caso de romper con Don.

Bella siempre parecía estar lista para escapar, por supuesto, tenía que estarlo. Tenía que estar preparada para correr, correr tan fuerte como pudiera para evitar esto.

—Ahí lo dice —responde Don—, una vida o su cuerpo. Se lo deje claro, si no pagaba entonces iba a prostituirla como me diera la gana hasta que hubiese liquidado su deuda. Y si no cooperaba no habría ningún acuerdo valido, iba a tener que, ya sabes —se encoge de hombros, restándole importancia al crimen que parece dispuesto llevar a cabo—, pero ahora ya sé que está viva y parece que mi gatita ha estado arrastrándose en los pies de un buen cliente. Por lo que… —toma la calculadora y multiplica la cantidad al doble.

—Eso no está en el contrato —dice James.

—Tampoco hablamos sobre la posibilidad de que pagara un tercero. James ni siquiera tiene que preguntarme para dar la respuesta correcta.

—¿En efectivo?

—Por supuesto.

—Mi cliente puede pagarlo. Sólo tiene una exigencia.

—Escucho.

—Quiere las cámaras de seguridad, del último año, y me pidió que fuese yo quien me las llevara para evitar duplicados.

—Eso sí será un problema, verás, hace una semana vino un hombre y las compró.

James y yo nos miramos.

—¿Qué?

—Un pervertido, pago una muy buena suma por las cámaras. Hasta las grabaciones de los baños se llevó.

—¿Dejó un nombre?

—Mis clientes piden discreción. Mi negocio es vender. Vendo alcohol, vendo mujeres, vendo fantasías sexuales, y si alguien quiere masturbarse con los videos, bienvenido siempre que puedan pagarlos… Tengo un par de Becky. ¿Los quiere?

—¿Un par?

—De su audición.

—Sí, los queremos —hablo al fin.

Me pongo de pie con brusquedad y salgo de la oficina.

—Te espero afuera, James.

Estoy llevándome al maldito abismo y no podré contenerme un segundo más con ese hombre cerca. El letrero de puerta de emergencias se convierte en mi mejor opción, no volveré a pasar al frente del bar para atormentarme con la visión de Bella sobre los cuerpos de ellas. Salgo al callejón.

—¿Edward?

—¿Qué vas a hacer?

—Necesito… mierda, esto es… esto es demasiado.

—Podría ser peor.

—¿Cómo putas podría ser peor?

—Porque pudo haber sido prostituida a la fuerza para pagarle a ese sujeto. Por ejemplo.

James no ayuda en nada.

—Detén el auto. Solo detente.

Se detiene y yo abro la puerta y bajo en seguida. Necesito respirar.

Con sus ojitos asustados toda la noche.

Sacudo la cabeza. Me inclino hacia adelante poniendo mis manos contra las rodillas y respiro. Pero no hay nada que vomitar.

¿Cómo no lo vi antes? Bella ni siquiera es una buena mentirosa.

—Leo, necesitas enfocarte.

—¿Cómo?

—No podemos ir a un juzgado sin saber quién encontró el pasado de Bella.

—Ya lo oíste, fue un…

—No creerás eso, deja de cegarte a voluntad. Alguien tiene esos videos, alguien que de algún modo encontró esto antes que tú y que yo.

—No puede ser su tía. Ella no tiene ese dinero —digo mientras lucho para hacer que el aire entre a mis pulmones a la fuerza.

—No creo que haya sido ella —dice James de pie a mi lado.

—¿Mi padre? —aprieto los ojos. Lo único que haría falta es que alguien de mi vida esté dispuesto a joder aún más la suya.

—O su exnovio, no tenemos idea de dónde está, tal vez él siempre supo dónde estaba Bella y quiere tener algo para chantajearla. ¿Y si se dividieron la herencia? La anciana la casa, él el dinero.

Me concentro en eso.

—¿Qué harás ahora?

—¿Qué haré?

—Con Bella —me aclara.

¿Qué haré con Bella?

—Necesito ir a un banco.

—Están cerrados. No aceptó el cheque. Lo quiere en efectivo.

Claro que lo quiere en efectivo.

—Pasaré mañana por el dinero al banco.

James niega con su cabeza.

—Hazme un cheque y me encargo yo.

No protesto, no tengo intenciones de volver a ese lugar.

—¿Qué harás con Bella? —vuelve a preguntar.

¿Qué haré?

No tengo una respuesta a eso.

—Lo hacía por su hermano.

—Lo sé.

—¿A dónde quieres ir?

Media hora más tarde estoy tocando a la puerta del apartamento de mi hermana.

Jasper abre la puerta sin llevar camisa. Genial. Si mi noche podía ser peor, Jasper acaba de lograrlo, se abrocha el botón de su pantalón mientras se hace a un lado para dejarnos pasar.

—No sabía que esperábamos tu visita.

—¿Quién es? —pregunta Alice desde su habitación-

—Edward y James.

Camino a la cocina y busco la colección de alcohol de Alice: Diferentes botellas de vodka son sus opciones.

—¿Dónde está el vino?

—Nos acabamos eso durante el fin de semana —responde Jasper sin dejar de mirarme con su mirada análitica—. ¿Qué haces aquí?

No respondo. En su lugar me sirvo agua helada en un vaso, pero la sensación de sentir algo atravesado en mi garganta perdura.

—¿Pasó algo? —le pregunta ahora a James.

—Bastante.

—Venir sin avisar con tiempo es una falta de modales. ¿Sabes cuánto me tomó convencer a Jasper de amarrarlo a la cama?

No. Esta noche sí puede empeorar.

Relleno mi vaso y camino al lavadero para enjuagar el vaso, tomándome unos segundos para alinear mis ideas.

—No me convenciste, Alice. Estaba justo donde quería estar.

—Oh por favor, admite que te gané en eso… ¿Y tú qué haces aquí? Hombre que no quiere saber absolutamente nada de mí —por su nuevo cambio de tono a molesto asumo que habla con James.

¿Por qué mierda venir aquí me pareció una buena idea en primer lugar?

—No estoy aquí por ti.

—No, ya me doy cuenta que no.

Me echo agua en la cara y en ese momento mi celular vibra, es un mensaje. Lo saco del bolsillo del pantalón.

Te amo. Si llegas temprano tal vez podríamos hacer karaoke juntos o no, o solo tener sexo o solo masaje o lo que sea que quieras hacer conmigo porque se me ocurre que

Y el mensaje llega a medias y no tengo idea de qué debería responder.

—¿Por qué eres tan orgulloso? Si alguien te pide disculpas tú deberías decir: las acepto.

—Acepto tus disculpas, pero no podemos ser amigos. No puedes ir por la vida escupiendo veneno y esperar que la gente solo vuelva a ti.

—Ya me disculpé contigo, te llevé vino y dulces.

—Vino y dulces, qué amable.

James y Alice siempre fueron unidos, más unidos que Alice y yo o James y yo. James no tenía familia y vio en Alice a la hermanita fastidiosa que le hacía falta. Pero James y Alice siempre están peleando, son demasiado parecidos y cuando no se estaban tomando el pelo con tonterías, estaban creando una guerrilla.

—¿Pueden, por favor, callarse?

Lo digo tan amable como puedo, es decir, mi tono no lo es pero al menos añadí el por favor a la frase.

Y entonces consigo la atención de mi hermana en mí.

Me basta una mirada a ella para ver la culpa y comprensión en su rostro.

—Ya te lo dijo —dice caminando hacia mí.

—¿Tú… tú lo sabías?

Alice se cruza de brazos y levanta el mentón.

—¿Cuándo? —interrogo.

—Ella estuvo aquí el día de tu cumpleaños. Me contó de todo eso.

Alice mira de James a mí.

—¿Qué haces aquí? —me pregunta y no sé qué responder—. Edward, no es tan grave.

—¿Alguien va a decirme de qué va esto? —dice Jasper exasperado sin contexto de la conversación.

—Bella trabajaba en un burdel cuando conoció a Edward, era mesera… y algunas noches bailaba por exigencia del dueño. La noche en que se conocieron un cliente intentó obligarla a…

—¿Qué? —salgo de la cocina, y camino a la ventana de la sala queriendo escapar de algun modo. Respiro hondo. ¿Es ese el tipo de cosas que tenía prohibido reaccionar y hacer escenitas? Bella lloró más de una hora después de eso. Más de una hora.

—Bella no se lo contó, lo descubrimos por nuestra cuenta —le explica James a Alice.

—Oh… —los brazos de Alice se pasan por mi torso abrazándome desde la espalda—. Leo, no es tan grave.

—Es grave, Alice. Todo lo que ella ha hecho es horrible —me giro, saco del bolsillo de mi pantalón el papel arrugado y se lo muestro—. Se estaba muriendo de hambre para sobrevivir. ¿Qué clase de lógica retorcida es esa?

Los ojos de Alice pasan de una línea a otra y finalmente sus ojos se llenan de lágrimas al comprender lo que lee. Sacude su cabeza.

—¿Por qué te lo contó a ti?

—Ella… sabía lo que yo sentía. Yo le dije que tenía que contártelo a ti.

—¿Y qué dijo ella?

—Que… yo tenía la verdad a mi favor, que Jasper conocía mi pasado.

Pero Bella no tiene la verdad de su lado, sino la mentira en su contra. No estoy molesto, me digo, pero en realidad lo estoy. No sólo eso, también indignado. ¿Por qué a Alice sí y a mí no?

—Así que ella estaba lista para contártelo a ti, pero no a mí.

—¿Qué cambiaría que lo supieras, Edward?

—Todo —parpadea.

—¿Todo? —levanta una ceja—. ¿La planeas echar de tu apartamento?

—Por supuesto que no.

—¿Qué entonces?

—Podría entenderla.

—Pero esto no es sobre ti, es sobre ella.

—Es sobre su confianza hacia mí.

Alice niega con su cabeza.

—Es sobre Bella. ¿No lo puedes entender? Ella se odia, Edward, ella odia esa vida que tuvo antes de ti. El miedo que siente a que tú lo descubras, no es más que su propio miedo a aceptar todo lo que tuvo que hacer. ¿Por qué necesitarías saberlo? Ella no te debe su pasado. La Bella que tú conoces es la única Bella que en realidad existe.

Y no puedo evitar preguntarme si en realidad lo es. Me siento en el sillón más cercano, recargo los codos a mis rodillas mientras contemplo mis puños.

—¿Qué es lo que harás ahora?

Suspiro contra mis manos. ¿Qué haré? No tengo la menor idea.

—Se comparó con Heidi.

Levanto la cabeza sin comprender. ¿De qué manera Bella podría tener similitud con Heidi? No hay ningún rasgo en Bella que pueda siquiera ser igual al de mi ex.

—Porque ambas son unas mentirosas. No te lo ha contado porque cree que va a perderte por ocultarte su pasado.

Heidi y ella son unas mentirosas, posiblemente es una afirmación cierta, pero no del mismo modo. Heidi me mintió para mantener un romance a mis espaldas donde la única beneficiada de ocultarme eso era ella. Bella me oculta la vida que llevó donde la víctima y perjudicada ha sido solo ella. No es lo mismo. Ni de cerca.

Las motivaciones de Heidi se limitaban a su propio y exclusivo placer. Las motivaciones de Bella se limitan a su hermano, ella cumplió con las exigencias de su tía para recuperar la custodia de Adrian, cuando jamás debió estar en esa situación. Bella no debió vivir nada de eso, comprendo.

El alivio que esperé que le produjera conocer la existencia del segundo testamento no se dio en ella porque conocer el engaño no podía darle alivio. ¿Cómo iba aliviarle saber que todo por lo que pasó fue innecesario desde el principio? Su reacción no fue solo negación y shock, por supuesto que no, fue algo más oscuro.

—Quédate aquí hasta que decidas qué hacer —insiste Alice.

Asiento, porque en realidad no se me ocurre ningún otro lugar al cual ir.

—Antes tienes que hablar con Aro y pedirle los videos de Bella —me recuerda James. Alice frunce su ceño.

—¿Qué videos?

—Creemos que uno de sus investigadores compró los videos del bar. Tiene toda la evidencia.

—¿Y va a usarla contra ti? ¿Tu papá?

—Quiere dinero —digo con simpleza como si eso lo resolviera todo.

—¿Cuánto? —pregunta Alice y le doy la cantidad—. ¿Vas a pagar eso?

—Venderé la casa de la playa, aunque eso tomará tiempo. En el mejor de los casos un mes.

¿Cuánto va a mantener para sí mismo esa información mi padre?

Alice sacude la cabeza con evidente molestia y se pone de pie yendo a su habitación con seguridad. Pequeña e intimidante como solo ella.

—Si tiene ese dinero bajo el colchón he estado usando mal su cama todo este tiempo —dice Jasper y le lanzo una mirada para callarlo.

Pero Alice no regresa con dinero, sino con el teléfono en la mano.

—Papi, soy yo.

—Alice —en vano intento evitar lo que sé qué hará.

—¿Cuándo regresan? —me cruzo de brazos, pero ni mi pose ni mi expresión disuaden a Alice—. Te llamo porque necesitamos tu ayuda. Aro sigue extorsionando a Edward con dinero.

—No está extorsionándome —contradigo, pero tanto James como Jasper ponen una mirada que no favorece mi palabra.

—Encontró algo sobre Bella y quiere dinero a cambio de su silencio —no dice nada por unos segundos y luego le suelta la cantidad, los ojos de Alice van a mí—. Aquí está.

Me tiende el teléfono.

Lo tomo a regañadientes.

—Hola.

—Hijo.

—La empresa de él sigue en negativos, está desesperado —me encuentro justificando como idiota.

—Su desesperación no debería hacerlo olvidar su rol de padre.

Lo que en gran parte tiene sentido. Y cuando no digo nada para excusar las egoístas acciones de mi padre, Carlisle continúa.

—Esme no va a enterarse de esta transacción y no quiero el dinero de vuelta.

—Carlisle, es una cantidad ridícula y…

—Le transferiré el dinero directamente de mi cuenta —me interrumpe— y si vuelve a chantajearte de alguna manera me lo dirás a mí.

—Es una suma importante, no voy a permitir que pierdas tu dinero de esa manera.

—No voy a perder mi dinero. Conozco a Aro, va a devolverme el dinero apenas lo reciba de mí.

Lo que es cierto. Aro podrá ser un cabrón egoísta, pero también es orgulloso. Y jamás aceptaría un centavo ni la ayuda de Carlisle.

—Necesitas llegar a un acuerdo sobre Bella.

Frunzo el ceño.

—¿Con Aro?

—Con la persona que tiene su custodia.

¿Es que todos estaban investigando a Bella excepto yo?

—¿Cómo…

—James me habló de los testamentos que encontró.

Mis ojos van a James. Pongo el altavoz.

—¿Qué información encontró Aro? —pregunta Carlisle y me quedo en silencio porque no estoy seguro que esto sea algo que quiera que sea de su conocimiento—. Después de la fiesta de aniversario aparecieron unos videos en internet de la discusión que tuviste con Heidi.

—Lo sé.

—¿Entraste al video?

—No.

No necesitaba una repetición del desagradable encuentro.

—Mi equipo, sí. Había unos comentarios que duraron unas horas antes de que consiguieran bajar el video de internet.

—¿Comentarios?

—Alguien reconoció a Bella de un bar.

—¿Tú tienes los videos de seguridad?

—No.

—¿Hace cuánto lo sabes?

—Llega a un acuerdo con la persona de la custodia, olvida la demanda —insiste.

Pero no quiero un maldito acuerdo con esa mujer. Quiero que pague todo el sufrimiento que le ha causado a Bella. Si antes deseaba justicia, ahora busco mucho más, quiero que pague por todo su dolor.

—No. James va a trabajar con un equipo de abogados para conseguir la custodia por la vía legal. La quiero tras las rejas, es el único lugar en el que merece estar.

Ni Carlisle ni James contradicen mi decisión.

—Entonces empieza pronto —aconseja.

—Mañana reuniré al equipo —dice James.

—Así que están los tres reunidos, espero que podamos reunirnos pronto. Su madre quiere tenerlos a todos y vamos a evitar hablar sobre estos temas. Alice, James, espero que limen sus asperezas antes de eso.

—¿Me has acusado con papá? —se indigna Alice cruzándose de brazos y lanzándole una mirada asesina a James.

—Iremos pronto —indica Carlisle con su tono autoritario—. Y para entonces espero que todos se comporten, su tía y Tanya estarán ahí, nada de escándalos —añade—. La invitación se extiende a Jasper y a Bella, por supuesto. Y Edward…

—¿Sí?

—Tu madre siempre dice…

—Por algo pasan las cosas.

—Yo me haré cargo de Aro, tú del resto.

—Gracias.

Una vez cuelgo el silencio llena el apartamento por un momento.

—Iré a avanzar con esto. ¿Te quedas? —asiento. James camina hacia la salida y Alice lo sigue.

—Eso que tienes es una bomba —comienza Jasper tomando asiento en el sillón frente a mí, con un chiflido bajo llama a Coco quien corre a sus pies.

—Lo sé.

—Lo que sea que Bella le haya contado a Alice, eso fue lo que la hizo reaccionar despues de esa recaída.

Miro mis manos sin saber qué decir.

—Es sólo que no pensé que al descubrirlo fuera a sentirme así —admito—. Me había mentalizado algunos días a esperar algo como esto, pero hoy… fue demasiado. Fue como estar en sus zapatos, por unos minutos y no lo soporté. Ni siquiera sé qué voy a decirle.

Recargo mi cabeza contra el respaldo del sillón y aprieto mi frente con los pulgares para aplastar el dolor.

—No vas a decirle nada, Edward. Si es cierto lo que Alice dice, en algún momento ella te lo dirá a ti.

Niego, tampoco quiero esa conversación.

—Es liberador. No para ti, será horrible —asegura—, pero ella va a necesitarlo en algún momento y tú estarás ahí para escucharla. Así funciona esto.

—Su pasado no cambia nada.

—Lo sé. Pero ella no lo sabe, así que vas a comerte la lengua y vas a esperar que ella tome el coraje que necesita para contarlo.

—¿Cómo carajos voy a quedarme callado y fingir que no sé lo que sé?

Descubro mi rostro para enfatizar la molestía que su idea me produce, pero Jasper sigue desenvuelto y sonriéndome con algo parecido a la burla. Echándole sal a mi herida.

—Por favor. Tardé más de diez años en contarle a tu hermana lo que sentía por ella, creo que puedes esperar unas cuantas semanas. Nadie se ha muerto por quedarse callado —pero cuando me quedo en silencio un largo minuto añade, esta vez sin tono burlón ni sonrisas de por medio—. Sólo digo que a veces fingir demencia es un acto de amor. ¿Qué mejor prueba quieres para Bella que demostrarle que nada ha cambiado para ti? Para cuando te lo cuente habrá pasado un mes o dos y se dará cuenta que tus sentimientos por ella no disminuyeron por lo que descubriste. O puedes contárselo ahora y hacer que ella esté a la espera de cualquier gesto de tu parte que la ponga en alerta. Dale tiempo de hacerlo por ella… tendrás tiempo extra para descubrir si realmente nada cambió para ti.

—Es el plan más estúpido que se te ha ocurrido en la vida.

—Te sorprenderías de los planes que he llevado a cabo.

Levanto una ceja, pero solo niega y sé que no me dirá nada al respecto.

—Lo que digo es que tienes una bomba. Y sólo tienes tres opciones, la desactivas a tiempo, te explota en la cara o huyes antes de que explote.

—Cualquiera de esas opciones va a lastimar a Bella.

—No si la bomba no explota. Es una situación complicada, Leo.

—¿Alice era una… bomba para ti?

¿Esta es una adecuada alegoría para definir la lista de hombres con los que durmió Alice?

—Tu hermana era una maldita explosión en movimiento.

—Vaya, gracias, cariño.

Alice está cruzada de brazos entrando en la sala.

—¿No lo eras?

—Preguntame a mí si Jasper era una bomba —me pide Alice caminando hasta sentarse a mi lado, mientras sus ojos siguen entrecerrados mirando a Jasper, que ahora está sonriéndole con diversión.

—¿Lo era? —pregunto solo por complacerla.

—Era un cerillo apagado, los cobardes son cerillos apagados. Preferible ser fuego a nada.

Jasper se ríe encogiéndose de hombros.

—¿Ves mi punto?

Lo veo. Alice deja en paz su pelea y se gira a mí.

—Ella te quiere.

Lo sé. Me pone su mano en mi mejilla dando leves palmadas.

—Pero si necesitas tiempo para pensarlo puedo llevarme a Bella unos días, me invento un viaje de chicas, seguro que Jasper conoce a alguien que le debe un favor en la otra punta del país y que quiere un cuadro nuevo. Qué sé yo. Si la enfrentas ahora… puede que no sea la mejor idea.

—No estoy enojado con ella.

—Estás herido.

—Ni siquiera sé cómo me siento.

—Ella te hace bien, Leo. Tal vez no lo ves, pero tú eres… —busca una palabra para terminar la expresión.

—Divertido —completa Jasper. Frunzo el ceño.

—Soy divertido.

—No, no lo eres —contradice Alice—. Te has vuelto un poquito amargado con los años. Un poquito —dice haciendo una seña con su pulgar e índice dejando un espacio pequeño entre ambos dedos y mostrándome lo amargado que me he vuelto.

—Bastante —vuelve a interrumpir Jasper.

—Pero cuando estás con ella eres diferente, como una versión mejorada de ti mismo. Y ríes bastante. Eso fue lo que le conté a mamá cuando me preguntó por ella. ¿Y sabes que me dijo? —no respondo, pero Alice continúa—, que quien te hiciera feliz de esa manera entonces era una buena señal.

—¿Cómo voy a fingir que no sé lo que sé?

—Porque tú también la haces feliz —sus ojos escrudiñan mis expresiones—. ¿Ella tenía razón?

—¿Sobre qué?

—Sobre que la sacarás de tu vida después de descubrirlo… ahora lo sabes, ¿ella tenía razón?

Todo ha cambiado para mí, lo que pensé que conocía se ha disuelto entre mis dedos sin que pudiera evitarlo. Me has estado mintiendo y yo me creí cada una de tus palabras sin ponerlas en duda. ¿Por qué? Porque honestamente no pensé que importara escucharlas, porque estaba seguro que te sacaría de mi vida pronto, incluso lo pensé cuando decidí llevarte a vivir conmigo. ¿Para qué querría encariñarme con tu compañía si estaba tan decidido a sacarte de mi apartamento en cuanto pudieras tener una mejor vida que la que pensé que tuviste antes de mí?

Pero ahora lo sé. Ahora sé que todo lo que me dijiste al principio fue una mentira, que mientras yo actué de manera desinteresada por ti, tú aceptaste vivir conmigo para escapar del infierno en el que estabas obligada a vivir.

¿Bella tenía razón?

No lo sé.

Muchas gracias por llegar tan lejos y tomarte el tiempo leyéndome hasta llegar aquí. Sé que a veces me tomo mi tiempo en escribir los capítulos, pero quiero creer que recompenso la espera con el resultado de los capítulos.

Aun nos quedan unos capítulos más para el gran final, pero agradecería mucho si pudieras apoyarme dejando tu voto y un comentario para ayudarme a crecer personalmente, pero tambien para a que esta historia tengo visibilidad.

Y recuerda que en mi cuenta de instagram: Anbeth Coro, un adelanto está esperando por ti.