Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.
Una dama de burdel
Inhalar, sostener, amar
Angielizz (Anbeth Coro)
Inhalar, Sostener, Amar
Él, jueves, 02:10
Pequeña de las dudas infinitas - Supersubmarina
¿Y si Bella tiene razón? Ni siquiera yo lo sé.
Abro la puerta con una última respiración y lo primero que encuentro es a Bella acostada en el sillón, totalmente vestida y con sus tenis puestos. No tiene ninguna cobija que la cubra del frío excepto su propio cuerpo, tiene sus rodillas cerca de su pecho y puedo imaginarla así, pero en otro lugar, en un pequeño estudio con un incómodo sillón, vistiendo ropa que le queda más grande porque bajó de peso por no comer. Ella no parece incomoda mientras duerme ahí. Se aprieta algo dentro mientras la observo dormida. Gira sobre su cuerpo contra el respaldo y cambia de posición.
¿Cómo voy a fingir que no sé lo que sé? Cierro la puerta con seguro y vuelvo a mirarla. Me acerco con intenciones de despertarla, tenemos que hablar de esto, debemos hablar de esto. Si se lo digo todo será más sencillo.
¿Y después?
¿Qué es lo que haré después?
Estoy molesto con ella por haberlo ocultado, y estoy enojado conmigo por no haberlo notado antes. Estoy lleno de odio hacia ese idiota con el que ella trabajaba, y con la mujer que le arrebató su vida, con el exnovio que la usó para robarle su dinero sin importarle lo que ocurriría con ella. Y con todos esos rostros desconocidos de hombres que la tocaron y vieron y besaron contra su voluntad. Estoy ahogando en odio.
¿Pero siento ese mismo odio hacia ella?
La miro de nuevo.
Me detengo cuando vuelve a girar sobre sí misma, sin acercarse a la orilla, queda bocabajo y ladea su rostro y una sonrisa aparece. Ella está a salvo.
Jasper tiene razón. Tengo una bomba entre mis manos y va a explotar tarde o temprano., pero tenemos que hablar de esto de una vez. La muevo del brazo para que despierte y solo consigo un balbuceo.
Insisto y la zarandeo un poco.
—No te vayas —murmura aún dormida y dejo de moverla, retiro mi mano de su piel. Y ella vuelve a girarse hasta quedar bocarriba.
Y por otro lado Jasper también tiene razón en esto. Ella estará a la defensiva en cuanto la acorrale, preparada para que la saqué de mi vida como lo han hecho todos antes o saldrá huyendo de aquí para evitar que yo lo haga. Y puedo entender el sentimiento, jodidamente puedo comprenderla bien en eso ahora.
¿Pero tiene razón? No quiero prometer nada que no pueda cumplir. Así que tenemos que hablar de esto, pero no justo ahora. Bella murmura de nuevo. Suspiro.
Paso mi brazo por debajo de sus rodillas y otro bajo su espalda hasta que consigo cargarla. Se inquieta apenas y balbucea algo que no llego a comprender.
No te vayas, pero no respondo a su petición, porque honestamente no sé qué responder. ¿Puedo prometer que no me iré o que no le pediré que se vaya?
Cuando la acuesto en la cama le quito los tenis y jalo su pantalón de mezclilla. Ni siquiera abre los ojos, está profundamente dormida. Cuando despierte hablaremos de esto, me convenzo. La giro de lado y desabrocho su sostén, paso los tirantes por sus brazos hasta sacarlos. Me siento en la orilla de la cama mirando hacia la ventana. ¿Y entonces qué haré? Le digo que ya descubrí su mentira y… Ella va a querer saber qué sigue después.
Camino a la ventana, y observo a la ciudad en la que he vivido desde niño, la ciudad que me moldeó y me convirtió en quien soy. La misma ciudad que destruyó a Bella. Mientras a mí me trajo a la cima del edificio, ella terminó en un apestoso y peligroso burdel a las afueras de la ciudad.
Me pongo a pensar en las posibilidades: Se lo digo y le digo que nada ha cambiado para mí, ella no me lo va a creer. Se lo digo y no le hago ninguna promesa que no sea capaz de cumplir, ella va a dudar de cada acción que pueda salir de mí. Se lo digo y admito que todo ha cambiado, que no sé cómo lidiar con lo que ahora sé, que la culpa y el enojo se mezclan con el odio, que esto es un remolino destructor, pero aun así la quiero.
¿Y si resulta que no?
¿Y si mañana es demasiado para mí?
Amaba a Daiana hasta que descubrí su infidelidad y eso me mostró una faceta completamente diferente de ella. ¿Y si comienzo a notar cosas que había ignorado en Bella?
Mi reflejo en el espejo muestra una mueca de enojo. Bella no es Daiana.
Camino de regreso a la cama y me hinco a su lado.
Desearía tanto haber llegado antes a ti.
¿Y para qué? Antes de Bella estaba idiotizado por Daiana. No habría puesto un ojo en ella ni por un segundo. Tal vez mamá sí tiene razón y todo pasa por una razón. Aunque mamá cree en el destino, claro, y yo creo que lo forjamos. Miro su rostro tranquilo y en paz. ¿Cómo puede hacerlo? Estoy seguro que jamás volveré a descansar sabiendo lo que ahora sé.
No puedo fingir que no importa, porque lo hace. ¿Puedo fingir que no lo sé?
Bella se mueve y entreabre los ojos, una pequeña sonrisa cruza su rostro adormilado cuando me ve antes de volver a cerrarlos. No, no puedo fingir, no podré hacerlo. Solo debo decirlo. Ahora que conozco el secreto de Bella todo será más sencillo, James va a pagar esa deuda, podrá continuar con la demanda conociendo el pasado de ella y sólo tenemos que descubrir si es mi padre o Eric quien tiene los videos.
Qué locura.
Mi padre o su exnovio son los posibles cabos sueltos. ¿Sería mejor hablar con ella cuando descubra donde están los videos? Paso la yema de mis dedos sobre su mejilla, moviendo el cabello que cubre parte de su rostro. Vuelve a abrir un ojo, está despierta.
—¿Cómo te fue? —pregunta con voz perezosa.
No quieres saberlo. Hago algo de tiempo besando su mano, y ella hace tiempo pasando su pulgar por mi mejilla. Siendo dulce como solo ella puede ser.
—¿Quieres hablar de eso?
¿Quiero? ¿A estas horas? Sí.
—No, sigue durmiendo —digo en su lugar.
—¿Es tu papá? —en parte es él el problema o uno de los problemas.
—Sí, es un hombre muy difícil cuando se lo propone.
—No mereces eso. Tu eres demasiado bueno para ser hijo de él.
—A veces no me siento demasiado bueno —admito.
Estuve a punto de devolverte a esa vida, Bella, pero nuevamente no lo digo.
—Oh Edward, ¿de qué hablas? Tú eres increíble —se sienta en la orilla de la cama, me abraza y noto que su fragancia está mezclada con alcohol. Lo que casi me hace sonreír, casi. Recarga su mentón contra mi cabeza y me aprieta contra ella y por la posición en la que me encuentro puedo escuchar contra mi oreja los latidos de su corazón, un aleteo que me recuerda que ella está a salvo y lejos de todo ese mundo—. Tu padre está siendo necio y mezquino, ya entrara en razón. Él te quiere —añade como si eso pudiera darme paz, como si alguna vez pudiera volver a conseguir sentirme en paz.
—No estoy seguro de eso.
—¿Cómo no lo haría? Todos a tu alrededor te quieren —hace su espalda hacia atrás y sostiene mi rostro con sus dos manos, mirándome fijamente—. Odio verte así, no es justo que él te trate de esta manera. ¿Qué puedo hacer para hacerte sentir mejor? —recarga su frente contra la mía, pongo mis manos a los lados de sus piernas y me levanto.
¿Puede hacer algo para hacerme sentir mejor? Lo único que quiero es dejar de pensar. Y sé exactamente cómo conseguir eso, cómo dejar que el mundo fuera de esta habitación quede lejos de nosotros. Me quito la ropa ante una muy adormilada Bella que sonríe mientras sus ojos van paseando por mi silueta. Levanto las sábanas mientras ella se mueve hacia el otro lado de la cama para dejarme espacio.
—Sólo abrázame.
Me cubre con sus brazos y se aprieta a mí al tiempo que recarga su cabeza contra mi pecho, paso mis manos por su espalda y su cabello devolviéndole el apretón.
—Dime algo —lo que sea que evite que mi cerebro me sature con ideas, Bella comienza a hablarme del sueño que interrumpí, uno de los pocos buenos sueños que ha tenido últimamente.
—Y estabas acostado conmigo hablándome de comida.
Me obligo a pasar el nudo de mi garganta fingiendo una risa. Comida. Bella sueña constantemente con comida, no lo había considerado importante antes, pero ahora me resulta preocupante, ¿algún día dejará de soñar con eso? ¿En sus sueños pasa hambre?
—Suena a mí —digo con torpeza, sin saber si eso tiene mucho sentido con lo anterior. Yo no hablo de comida, a mí no me importa la comida, porque yo jamás he tenido que pasar hambre o sufrir de ninguna manera, lo he tenido todo y tan fácil en comparación a ella…
—… y se sentía como tú también —tamborilea con sus dedos en mis brazos y luego los desliza hacia mis hombros, sostengo su mano entre la mía, interrumpiendo su recorrido.
—Oye.
—¿Sí?
Me obligo a tragarme las palabras, no estoy listo para esa conversación. No hasta que sepa qué sigue después.
—Eres maravillosa.
Bella levanta su rostro y con la luz que se filtra por la ventana puedo ver su sonrisa brillante, pero sigue con los ojos cerrados porque quiere volver a dormir.
—Si me quedo dormida, puedes hacer cosas sucias conmigo. Sin mi consentimiento o con él.
Un cuchillo atravesado en mi garganta no sería tan doloroso como lo que siento mientras ella bromea con eso.
—Abre los ojos —lo hace—. Quiero tu consentimiento, y quiero que estés despierta también.
—Eso sí será un reto para mí.
—Concédeme eso, Bella.
Nos giro para ser ahora soy yo quien esté encima de ella, acaricio sus labios con mi pulgar.
—¿Alguna vez… —pero no puedo terminar la pregunta. No. No podría preguntarle eso. ¿Alguna vez fue sin tu consentimiento? No es algo de lo que deberíamos hablar a estas horas y cuando sé que ella estuvo tomando alcohol con su amiga. No es algo de lo que pueda hablar si no estoy preparado para la respuesta que podría tener.
—¿Sí?
Obligo a las astillas de mi garganta a pasar a mi estómago para darme espacio de volver a hablar.
—¿Te he dicho lo agradecido que estoy por encontrarte?
Bella mira hacia mi cuello huyendo de mi mirada, se muerde el labio con los dientes y fuerza una sonrisa.
—¿Podrías prometerme que intentaras recordar eso? —su voz esta vez es tan baja que me cuesta entenderla, aunque la tengo a centímetros de distancia. Sus ojos buscan mis ojos.
—¿Qué exactamente? —aunque sé lo que me está preguntando.
—Cuando… cuando yo… —vuelve a mirar a mi cuello—, cuando te hable de eso… ¿podrías quedarte con esa idea?
—¿Crees que me arrepiento de algo contigo?
—Lo harás —asegura.
Y comprendo lo que no dice y lo que Alice me dijo en su apartamento tiene más sentido que antes: El miedo que siente a que tú lo descubras, no es más que su propio miedo a aceptar todo lo que tuvo que hacer. ¿Por qué necesitarías saberlo? Ella no te debe su pasado.
¿Pero en realidad no me lo debía? ¿No me gané al menos un poco de confianza para merecer conocerlo? Y por otro lado: ¿Me arrepiento de algo ahora que lo sé? Arrepentirme sería desear que ella no hubiese aparecido en mi vida y por lo tanto que ella siguiera atrapada en ese lugar y en esa vida.
—Te lo prometo —porque es cierto, puede que aún no tenga la menor idea de qué hacer respecto a todo lo que hoy descubrí sobre el pasado de Bella, puede que tampoco sepa qué tanto esto va afectar a nuestra relación, pero estoy seguro que no me arrepiento de conocerla, de rescatarla de esa vida que la tenía atrapada contra su voluntad.
Y entonces como si fuese posible, como si mis caricias pudieran suplantar las heridas que lleva bajo la piel, le hago el amor.
Horas más tarde por la mañana, en el baño.
Sujeto el cabello de Bella hacia atrás mientras ella vomita.
—Es la peor versión de mí —se queja antes de tomar el cepillo de dientes.
Disiento bastante. Pero no le puedo decir eso porque ella cree que esta es la peor faceta que podría conocerle.
—Preocúpate cuando diga que es la mejor.
Niega apenas con su cabeza y camina de regreso a la cama, se esconde bajo las cobijas para ocultarse de los rayos del sol.
—Si quieres puedo quedarme contigo —le propongo mientras me siento a su lado, jalo las sabanas lo suficiente para ver su rostro.
—No, no. Tienes que ir a trabajar. Sé cuidarme sola —dice sonriendo con los ojos cerrados. En esto también disiento—. He estado peor, puedo con una resaca.
—¿Cuándo fue la última vez que te enfermaste?
—No estoy enferma, esto es culpa del vino.
Insisto y vuelvo a preguntarle por la ultima vez que estuvo enferma, porque ella no se ha enfermado en estos meses que llevamos viviendo juntos.
—La anterior vez fue porque me intoxiqué con el pollo que preparé —admite frunciendo el ceño y a mí no me extraña el motivo, tenía un refrigerador descompuesto posiblemente se echó a perder y ella tenía cero cualidades para cocinar—. Si sobreviví a eso, voy a sobrevivir a esto.
—¿Tan mal te fue?
—Un poco… no tenía medicamentos así que eso se alargó más de lo necesario.
—¿No tienes seguro médico?
Se encoge de hombros.
—Mi cobertura no incluye medicamentos. Sólo fue una infección, duré unos tres días así.
—¿Solo tomando suero? —abre los ojos. Respiro hondo esperando su horrible respuesta.
—No, sin suero. Con agua de la llave. Tal vez por eso duré tantos días así —dice sonando reflexiva. ¿Agua de la llave? ¿Quién mierda bebe agua de la llave?—. No me mires así, se acabó el agua del garrafón y no tenía fuerza para moverme, mucho menos para subir un garrafón lleno. Como dije, si sobreviví a eso, sobreviviré a esto.
Sé que una cruda no es mortal, ni siquiera algo grave, no requiere medicinas ni citas médicas. Y aun así me encuentro deshaciéndome de mis zapatos y subiendo a la cama con ella, jalo su cuerpo hacia al mío.
—Tienes que trabajar.
—Me quedaré contigo —le prometo—. Mañana repongo las horas extras.
Además, sé que si estoy en la oficina mi cabeza no estará en el trabajo. Necesito un respiro de todo el caos de la vida de Bella, pero no de ella.
—¿Sí? —suena emocionada y su humor siempre me ha resultado contagioso así que le sonrío.
—Por supuesto.
Para suerte de ambos no vuelve a vomitar, pero se mantiene casi la mitad de la mañana con su cabeza debajo de la almohada sin conseguir dormir por el dolor de cabeza.
—Espero que hayas aprendido la lección.
—Dicen que si tomas alcohol no te da resaca —me rio ante la ocurrencia..
—Hasta que dejas de tomar alcohol.
—Ugh. ¿Cuándo fue la última vez que te emborrachaste?
—¿Además de la última vez que salí con mis amigos? —asiente—. La noche que nos conocimos.
—No —dice sin creerme— ¿Sí?
—Demasiado —admito.
—No parecías borracho.
Lo que no parecía era el tipo de hombres ebrios a los que ella seguramente se había acostumbrado. Muerdo mi lengua para no soltar ese comentario.
—¿Por qué esa cara? —cambio lo mejor que puedo mi expresión.
—¿Cuál?
Bella no insiste y vuelve a esconderse bajo las cobijas. Cuando más tarde se queda dormida envío un mensaje a James preguntándole por la deuda de Bella.
Pagada.
Suspiro con alivio. Y luego le envío un mensaje a mi hermana.
Cuando dijiste que ella se sentía como tú, ¿a qué te referías?
Por suerte, Alice es una adicta al celular y responde en seguida.
Dijo que el agua no se llevaba los recuerdos.
Bella se aprieta contra mí, beso el tope de su cabeza mientras mis dedos se enredan en su cabello. Alice estuvo acompañada cuando tuvo esa recaída emocional. Tuvo a Jasper todo el día a su lado y a Cloe y Rose para ella; también contó con James y conmigo. ¿Quién estuvo para Bella todo este tiempo? Un niño al que ella llamaba una vez al día y al que no podía contarle de sus problemas.
Domingo por la mañana en la cocina
Algunas mañanas me voy al trabajo sin despertar a Bella, porque sé que tuvo una mala noche de pesadillas, y otras mañanas despierto y ella ya está levantada en la cocina preparando el desayuno para los dos.
—Me gusta cuando comemos juntos —me dice mientras sirve un plato con fruta y huevos y pan tostado.
Me obligo a comerme todo eso, aunque yo sólo desayuno café.
—Creo que tengo que empezar a hacer ejercicio.
—¿En serio?
Asiente levantando su brazo y dándole golpecitos para que vea como su piel se mueve por una apenas e imperceptible flacidez, qué digo flacidez, esa es la grasa que debería tener para su edad y estatura, es el peso que debió tener cuando llegó aquí.
—Creo que estás siendo ridícula.
—¿Ridícula?
Suena exagerada al fingir ofenderse.
—Mucho.
—Ya verás.
Una cosa siempre lleva a otra y cuando menos me doy cuenta mi camisa y pantalón están en el suelo y tengo a Bella inclinada contra la barra de la cocina mientras choco mis caderas contra ella, gime y a veces se ríe, pero puedo encontrar su alegría incluso a través de sus jadeos.
Y a veces, una cosa lleva a otra y las palabras de esa maldita conversación se cuelan sin permiso. Muevo el cabello de Bella hacia un lado para dejar un último beso en su nuca, sobre sus dos lunares y la voz de Don se entromete.
Nunca había visto una piel tan limpia como la de ella.
Y empujo con fuerza la voz, las palabras, lo que eso significa.
—Edward, espera, me estoy clavando las costillas contra la barra.
—Lo siento —salgo de Bella y retrocedo sintiendo mi pulso acelerarse.
—No importa, sigamos —dice mientras lleva su mano hacia atrás para mantenerme en ella, no.
No lo encuentro posible. No siento enojo ni resentimiento contra ella, pero la ira y el resentimiento están ahí y no puedo tocarla cuando esas emociones están tan presentes. Porque no me creo capaz de mantener las palabras para mí.
—Te lo compensaré más tarde.
—No, no, no. Ven acá.
Y es que resulta que Bella es un poquito mandona en la cama. Así que antes siquiera de que yo pueda reaccionar y esquivarla agarra mi miembro con su mano aprisionándome, no puedo evitar sonreír incluso con la ira y el resentimiento anterior, ¿ira y resentimiento? Es imposible notarlos cuando ella está sonriente acariciándome de ese modo.
—¿Por favor? —pestañea actuando seductora.
Pero en lugar de continuar donde lo detuve la llevo al sillón, me siento y la hago treparse sobre mí. De esta manera me aseguraré de no dejarme llevar.
Y no puedo evitar preguntarme si esto es real o una puesta en escena por conveniencia. Bella se mueve de arriba abajo mientras sus caderas siguen el ritmo de ella, cierra los ojos mientras acelera los movimientos. ¿Qué es real?
—Mírame —sostengo su mejilla con una mano mientras la otra detiene sus caderas.
Bella abre los ojos y luego acerca su rostro al mío hasta pegar su nariz a la mía. Sus ojos marrones tienen un brillo imposible de resistir. Se ríe contra mi boca.
—¿Qué es tan gracioso?
—Nada. Pensaba en que ayer dijiste que nunca usábamos la sala —levanto una ceja—. ¿Ahora entiendo para qué sirve?
—Bueno, no es su función principal —replico. Bella intenta volver a moverse y la detengo.
—Te amo. ¿Pero por favor me dejarías seguir? Estaba a punto de conseguir el mejor orgasmo de mi vida.
Sus palabras no me sacan una sonrisa. Vuelve a intentar mover sus caderas y ahora hago presión con mis dos manos para dejarla quieta. Desde el día en que descubrí su pasado, no he vuelto a decirle que la amo. No es un modo de castigarla con mi silencio, sencillamente necesito asegurarme que eso siga siendo así.
—¿Anda algo mal?
Sus ojos se mueven veloces por mi rostro como si intentara detectar el problema con un simple vistazo. Niego con mi cabeza incapaz de pronunciar las palabras sin que la mentira sea notoria, pero ella mantiene la preocupación en su expresión.
—No es nada.
No me cree. Se acerca y besa mi frente antes de llevar sus caderas hacia arriba y ponerse de pie, la dejo irse. Respiro hondo cuando solo se retira para juntar su ropa que está en el suelo de la cocina.
—No tenemos que tener sexo si no te sientes bien, Edward. Lo último que quiero es hacerte sentir incómodo.
Así que ella no vuelve a ser la de la iniciativa por un par de días, porque eso es lo que tarda mi cuerpo en gritarme que he tenido suficiente abstinencia de Bella.
El martes Bella está en la cocina con una de mis camisas viejas para cuando despierto y asumo que estuvo pintando desde temprano. Por el modo en que se traslucen sus pezones bajo la tela sé que no lleva ropa interior.
—¿Quieres desayunar?
Asiento y ella empuja un plato con fruta para mí. Pero mis ojos apenas prestan atención al plato de comida. Bella se sonroja así que asumo que mis intenciones son evidentes para ella y también para mí. Antes de que sea consciente de lo que hago mis manos ya están sobre ella, jalo la camiseta hacia arriba y ella lo permite sin resistencias.
—Te amo —dice mientras reparte besos por mi cuello luego de quitarme la camisa.
Bajo sus bragas hasta el suelo y deslizo mis dedos en ella, está excitada. Echa su cabeza hacia atrás, dejando expuesto su cuello. La beso con demanda mientras sus dedos se aferran a mi cabello para empujarme a ella.
—Te amo —vuelve a decir y yo vuelvo a evitar responder. ¿Cómo puedo estar seguro que su secreto no fracturó mis sentimientos por ella?
Bombeo en su interior, ella gime alto y agudo haciendo que mis pantalones se sientan apretados a un nivel doloroso. Su excitación es tan palpable, tan ruidosa, tan perfecta bajo mis manos. Aprieto uno de sus pezones y Bella imita mis movimientos con una de sus manos. Necesito entender el engaño si es que lo hay.
¿Me eligió solo porque era su mejor opción para sobrevivir?
¿Podría culparla si la respuesta es sí?
Mi padre me enseñó tres reglas mientras crecía sobre el amor:
El amor es condicionado. La felicidad de la otra persona debe ser antepuesta a la propia. Dar, sin recibir nada a cambio.
—¿Por qué? — pregunto deteniendo mis movimientos, Bella tarda en volver a abrir los ojos, jadea cuando retiro mis dedos de su interior.
—¿Por qué? —repite la pregunta confundida.
—¿Por qué me amas?
Su respuesta no demora en llegar.
—Porque me siento completa contigo.
Intento que mis siguientes palabras mantengan el tono de juego y no dejen a la intemperie mis inseguridades sobre su secreto en nuestra relación.
—¿Qué hay de todo lo otro que puedo ofrecerte?
Bella sonríe con burla.
—Bueno, el sexo también me gusta, pero es un extra —pone su mano en mi nuca para acercarme, pero pongo resistencia.
—Hablaba del dinero.
Mira alrededor.
—El dinero solo facilita tu vida. Aunque… por supuesto, no puedo negar que me aprovecho de eso un poco —algo se retuerce dentro de mí hasta que ella vuelve a hablar—. Pero ahora podría ayudarte a comprar las cosas.
—¿Las cosas?
¿Se refiere a su ropa? Vaya oferta.
Señala el refrigerador.
—La comida. Seguro que notaste que gastas más en comida desde que estoy aquí.
La comida. Por supuesto. Su respuesta es agua helada para mis pensamientos.
Deuda a Don. Deuda a Tía…
La lista de deudas de Bella que la hizo sacrificar la cantidad de comida que tenía permitido comer al día, como si alimentarse fuese un lujo.
Bella frunce el ceño.
—¿Crees que por eso estoy contigo?
No respondo. Nunca antes había dudado de sus sentimientos por mí, pero ahora es muy complicado para mí aceptar que existen siquiera. Se cruza de brazos.
—¿Le crees a tu padre? Habló contigo otra vez, ¿cierto? Por eso estabas así la otra noche —se refiere a la noche en que descubrí su secreto.
Me mueve de un empujón y se retira, toma la camisa del suelo y se la pone con rapidez.
—¿Lo crees?
Y debe ver la respuesta en mi rostro porque da otro par de pasos hacia atrás.
—No sé porqué me amas. Eso es todo.
—¿Cómo no lo puedes saber? ¿Quién no podría hacerlo? Me has dado todo y…
—Exacto. Te he dado todo. Creo que de alguna manera pude haber comprado tu afecto.
—¿Comprado mi… —sacude la cabeza—. No me refiero a la ropa. Ni al trabajo. Ni siquiera me refiero a la comida.
—¿Y entonces a qué?
—Me diste una oportunidad —mira hacia el suelo—. Y te preocupabas por mí, lo que debía vestir para no ser molestada por tus vecinos, que consiguiera un empleo y ganara dinero para que pudiera empezar desde cero. Incluso que no me dejaras irme caminando bajo la lluvia. ¿Cómo es que no iba a terminar enamorándome de ti? Y sin exigir nada de mí a cambio, pudiste haberte aprovechado de tu posición y tu madurez y hacerme pagar todo con… —se detiene de manera abrupta, con sexo. Sacude su cabeza sin levantar el rostro hacia mí.
Avanzo los pasos que nos separan, la hago levantar el rostro con mi mano bajo su barbilla, me mira en silencio con sus ojos vidriosos.
—¿De verdad crees que no te amo? —no respondo—. ¿Quieres que te diga la lista de razones por las cuales te amo?
—Tú no haces listas.
—Puedo hacer una —dice con su tono retador, abre el cajón de la cocina y saca su cuaderno y un lápiz, porque ella tiene la manía de guardar sus cosas en cajones y entre los cojines del sillón.
—De las cosas que no te gustan de mí —le pido.
—Bien.
Levanto una ceja, pero ella comienza a escribir. Que es quisquilloso. Que es demasiado puntual. Que se pone de mal humor si algo se sale de su agenda. Que es germenfobico. Que es un pésimo perdedor en el boliche. Que no sepa jugar boliche. Que no tenga talento artístico.
—Oye.
—Tú lo pediste.
Y continúa:
Que confíe en las personas incorrectas. Que se apodere de la cocina porque no le gusta lo que yo cocino. Sonrío. Que tenga una exprometida. Que jamás pierda el control. Que su padre sea un grano en el culo y lo haga desconfiar sobre lo que siente por mí.
Sus ojos me encuentran y lucen acusadores.
—No crees que te ame. ¿Pero aun crees que me amas?
Doy un paso hacia ella y Bella retrocede negando con su cabeza.
—Responde.
Le tiembla su labio inferior mientras espera mi respuesta y el miedo aparece en sus ojos, se desvían solo un segundo hacia la puerta del apartamento. Y luego regresan a mí. Cuando mi padre estuvo aquí ella pensó que yo la estaba echando y me enfrentó, dijo que no iba a irse y ahora estoy haciendo tambalear la seguridad que he construido por tanto tiempo para ella.
Parpadea con rapidez luchando contra las lágrimas y luego baja la vista a su cuaderno de dibujo y lo empuja hacia mí.
—Por esto es que yo te amo.
Muevo las hojas de inicio a fin. La primera vez que lo vi fue gracias a Charlie que lo encontró y me lo dio a escondidas de Bella, así que reconozco algunos porque ya los había visto antes. Pero la mayoría son nuevos para mí. Hay dibujos de mí de espaldas a ella sin camisa, hay bocetos de dibujos que no llegó a terminar, hay otros que se ven las horas de dibujo que hay detrás, en algunos aparezco sonriéndole y otros en lo que aparezco haciendo alguna mueca: frunciendo el ceño, levantando una ceja, levantando ambas con sorpresa. Bella es demasiado buena. Y creativa. No puedo evitar la risa cuando llego al dibujo en que sale mi cuerpo hasta el cuello y el lugar donde debería estar mi cabeza aparece una máquina con una criatura que pasa por extraterrestre. Miro a Bella que tiene la cabeza gacha. Un dibujo de nuestras manos entrelazadas, una caricatura acostados en el sillón jugando videojuegos, uno más en la cocina.
Y entonces llego a uno en el que aparecen mis manos, en cada puño aparece la mitad del cuerpo de una serpiente, el animal está partido en dos y la cabeza cuelga hacia abajo. Me quedo viéndolo más tiempo que al resto.
Bella pasa a la siguiente hoja.
Pero sé exactamente lo que eso significa sin que tenga que decirlo, ella sabe que la protegería de él. Y una sensación cálida me recorre cuando vuelvo a mirarla. Pero qué idiota he sido. Tomo su rostro entre mis manos y levanto su cara para encontrarme con sus ojos, quito el par de lágrimas que se escurren por sus mejillas.
—Por supuesto que te amo, Bella.
—¿Y crees que yo… —no dejo que termine la pregunta, corto la distancia y la beso con demanda, con necesidad y exigencia. Bella gime contra mi boca.
—Te creo —le digo al separarme para quitarle la camisa, Bella jala mis pantalones y boxers hacia abajo y yo mi camisa hacia arriba para quitármela también, le bajó la ropa interior. Bella se gira, dándome la espalda y poniendo sus manos sobre la barra, se inclina hacia adelante, muevo su cabello hacia un lado mientras beso su hombro y entonces me encuentro con sus dos lunares en la nuca.
Nunca había visto una piel tan limpia como la de ella.
Paso mi pulgar sobre esas dos pequeñas y apenas perceptibles marcas sobre su piel. Él jamás volverá a verla, jamás.
Y entonces continúo besándola hasta demostrarle de todas las maneras posibles cuánto la amo.
Viernes.
James pagó la deuda al día siguiente de ir al burdel, no sólo eso, se aseguró de llegar a un acuerdo con Don para que mantuviera su silencio si aparecía alguien buscando a Bella, o a Becky, como al parecer era reconocida. Si alguien llegaba a buscarla entonces él nos avisaría y James iba a duplicar la cantidad que le ofrecieran.
Los primeros días lo único que quiero es encontrar el momento oportuno para enfrentarte, quisiera zarandearte hasta que confíes en mí como necesitas. Pero con los días comprendo un poco más las palabras de Jasper. Tú no confías en que yo me quedaré aquí, en que yo te querré después de todo lo que sé. Pero lo hago, Bella, mierda, no tienes una idea de cuánto lo hago. En que lo único que quisiera es asegurarme que estarás a salvo. Pero estás a salvo. La deuda con Don es un asunto resuelto, ese hombre no volverá a ser un peligro y jamás va a buscarte. Aunque no lo sabes.
—¿Por qué no sales nunca? —la pregunta sale sin permiso.
—Uh… ¿a dónde iría? —Bella se encoge de hombros y sigue batiendo los huevos en el sartén, aunque noto cómo cambia su postura.
—No lo sé, a caminar, distraerte en alguna tienda, respirar aire fresco —le propongo.
—Me gusta estar aquí.
Y algo en su expresión me indica que no es una respuesta del todo cierta.
—Me gusta salir contigo, no conozco la ciudad —añade ante mi silencio. Así que esa mañana le envío un mensaje a Alice y le pido que distraiga a Bella. Bella merece saber que puede estar afuera sin peligro, que puede ir y venir sin necesidad de mi compañía. Aunque no esperaba que eso significara sacar a rastras a mi novia del automóvil de Jasper.
—La próxima vez tú vas por ellas —dice Jasper con la ventanilla de su automóvil abajo.
—¿Es nuevo? —señalo el nuevo modelo que conduce.
—Petunia murió.
—Enhorabuena. Pasó al mundo de la chatarra —Alice arrastra las palabras.
Abro la puerta del lado de pasajero y me encuentro con el cuerpo de Bella acostado sobre el asiento. La jalo del brazo para sentarla y despierta.
—¿La emborrachaste?
—No, ella me emborrachó —se excusa Alice entre risas mientras yo abro la puerta para sacar a Bella.
—Pésimo equipo —no se me ocurrió que Alice y Bella solas podrían tener cero habilidades para mantenerse un porcentaje aceptable de sobriedad—. Gracias por ir por ellas, Jasper. Y por traer a Bella.
—Y por la cuenta —dice Bella abriendo apenas un ojo, mientras se sostiene de mi brazo.
—Sí, por la cuenta. Bella tenemos que repetir esto. Mañana mismo —Alice balbucea las palabras y Bella se ríe con ella. Intento no sonreír, aunque es imposible.
—Mañana —agenda la joven a mi lado que apenas puede mantenerse de pie.
—Qué peligroso par —la queja de Jasper suena divertida.
Nos despedimos de ellos y luego casi a rastras consigo meter a Bella al edificio. Para cuando llegamos al elevador, Bella se ve más despierta, pero igual de ebria. Las puertas de acero se abren y entramos. Bella comienza un juego de besos en mi brazo y luego se gira bruscamente hacia mí, la sostengo de la cintura cuando está por caer al suelo. Huele a flores, coco, vainilla y también a alcohol, sobre todo a alcohol. Me cuenta de su juego para beber con mi hermana y luego me abraza con torpeza del cuello, casi asfixiándome.
—Eres tan hermoso —resopla y se ríe sin ningún chiste y luego sin provocación alguna comienza a intentar quitarme la camisa.
—Ven, estás muy borracha —le digo quitando sus manos de mi ropa y retrocediendo cuando hace intento de volver a besarme. Sacude la cabeza.
—Oh vamos, ¿eso qué importa?
Me importa a mí. Más que nunca lo único que me interesa es su consentimiento, ese que le arrebataron al trabajar en ese bar. Y Bella por suerte no protesta, porque apenas se abren las puertas murmura algo incomprensible y luego sale corriendo por el pasillo hasta la puerta. Levanto una ceja. Casi pierde el equilibrio al correr, pero milagrosamente consigue llegar a la puerta sin tobillos torcidos.
—Aburrido —dice apuntándome con un dedo cuando llego a su lado y me entrecierra los ojos somnolientos por el alcohol.
Bella no se emborracha para ahogar las penas, lo hace por simple diversión, en la fiesta de Jasper lo hizo mientras bailaba; hace una semana con Angela y por lo que me contó después de eso ellas se divirtieron durante la noche mientras yo pasaba el peor día de mi vida; y esta noche estuvo jugando con Alice y cantando en el bar haciendo el ridículo. Y sigue animada y divertida incluso ahora. Hasta que intento enviarla a dormir y reniega como niña pequeña que no quiere hacerlo.
—Eres muy divertida cuando estás borracha —le digo mientras estamos en la cocina intentando hidratarla para que no repita la experiencia de la semana pasada.
—¿Sí? Gracias —sonríe como guasón con los ojos cerrados y luego los abre con interés— ¿Tú eres divertido cuando estás borracho?
—Alice diría que no.
Yo diría lo mismo, yo no bebo para divertirme y hacer el ridículo, lo hago para embrutecer mis pensamientos y anestesiar mis emociones, lo hice por una semana completa después de mi rompimiento con Daiana. Vuelvo a llenar el vaso de agua y ella obedientemente lo bebe, mañana no quiero quedarme a sostener su cabello mientras vomita. Le cuento que jugaba videojuegos borracho y ella me llama por segunda vez aburrido y lo cierto es que lo soy. Soy una persona bastante aburrida. Me gusta encontrar en la rutina cierto control de mi tiempo, y eso muchas veces puede parecer monótono y, a la larga, cansado.
Me despierto temprano, desayuno café, trabajo y regreso a casa a las cinco de la tarde sin falta y luego Bella está aquí, ella es lo único impredecible de mi día, nunca sé lo que me deparará cuando se trata de ella. Por ejemplo, salió con mi hermana y regresó ebria, porque encontró divertido beber cada que apareció un calvo en el bar. Es algo que yo jamás haría y que no se me habría ocurrido que ella podría hacer.
—Me gustan mucho tus ojos —dice sujetando mi cara entre las suyas, sonrío porque no estoy tan seguro de que sea verdad.
—¿Ah sí?
Ella es tremendamente dulce, sin serlo para conseguir algo a cambio, ella no actúa sensual para hacer que pierda la cabeza por ella, ni usa el sexo como premio o castigo como sí hacía Daiana, Bella usualmente solo es sonrisas y besos. Sonríe porque está feliz y me besa porque quiere hacerlo, sin mayores intenciones de por medio. Y mientras va llenándome la cara de besos de un lado a otro sin seguir un patrón entiendo que esto es parte de su encanto. Que ella es la única que me toma desprevenido. Solo que a veces las sorpresas que tiene para mí no son de mi agrado, como su pasado.
Le cuento de mi lucha por besarla esa primera vez que estaba borracha, pero incluso entonces ella no estaba siendo atrevida para tentarme, estaba encantadora siendo celosa por una desconocida con la que salí a una desastrosa cita por culpa de una app de citas y mi terquedad en negarme a admitir que Bella me gustaba.
—Tú eres demasiado bueno para alguien como yo. No merecía siquiera una oportunidad así —frunzo el ceño, porque sé exactamente de lo que habla. Y me pregunto cuántas veces no me ha dicho cosas de este tipo que no supe entender porque no tenía manera de decodificar, pero ahora lo hago— Por favor, al menos sé honesto y admite que no era tu tipo.
Y tiene razón. Bella no lo era, pero ahora es la única persona a la que quiero. Así que confieso que antes de ella tenía esta lista que había ido creando desde que llegué a la universidad, sobre lo que quería que tuviera la mujer de mis sueños, la estúpida lista en la que Daiana encajaba perfectamente, o al menos pretendía encajar, o yo pretendía que había encontrado a la persona que había estado buscando por años. Tan estúpido y equivocado.
Y luego le hablo de las dos listas que inicié por Bella, porque no quería volver a equivocarme y ver cualidades que no existían. Me dice que ella todavía las guarda, porque parecen importantes para ella, decido que debería añadirle algunas líneas extra a esas listas, a ambas listas.
—Algún día eso va a ser lo único que me recuerde que esto fue real.
Sus palabras cortan de un tajo mis pensamientos.
—Esto es real, Bella —asiente, pero no como si estuviera de acuerdo sino como si quisiera comprenderlo.
—Lo sé. Aunque el hecho de que sea real no lo vuelve eterno.
Y entonces vuelve a besarme, ansiosa y demandante. Me separo.
—El tiempo no va a cambiar mi opinión sobre ti —me sorprende un poco la certeza de mis palabras.
—Lo hará. Aunque ahora tengo un plan: venderé mis cuadros, encontraremos a Eric y entonces voy a contártelo todo.
—¿Tiene que ser ese orden?
¿No es posible excluirme de ese plan? No, no quiero que Bella me hable de lo que ya sé, no quiero terminar de armar el rompecabezas que Bella es con su versión, sé que será peor, que me resultará un tormento. Jasper me lo había advertido, sería horrible para mí y liberador para ella. Y no quiero escucharlo. Tal vez esto funciona para nosotros porque estamos en equilibrio en nuestra extraña balanza, yo lo sé y ella no sabe lo que sé. Hay una negación y aceptación al mismo tiempo, y no puedo evitar preguntarme si lo que ella me diga podría arruinar ese equilibrio.
¿Qué más podría decirme que me hiciera cambiar de parecer? Quiero contarle que ya lo sé y zanjar el tema para siempre, aunque sé que no será posible.
Sábado
Hablé con mamá a mitad de la semana para contarle de las pinturas de Bella. Puede que mi opinión sobre su talento fuera el menos objetivo entre todos, pero también quería un refuerzo por si Diana se negaba a presentar la obra de Bella en su galería.
—Tu hermana dice que pinta muy bien.
—Lo hace —aseguré— ¿por qué no vienen a cenar cuando vuelvan?
—Nos encantaría comprar uno de sus cuadros.
—Me gustaría que hablaras con Diana sobre eso.
—Bueno… no entiendo porqué no aceptaría mostrar la obra de Bella. Si dices que es buena, seguro lo es.
Y yo tal vez era la persona menos adecuada para percibir a Bella, confundí los miedos arraigados al pasado de ella por simples inseguridades que relacioné a su inmadurez; creí que ella no sabía mentir cuando todo este tiempo estuvo guardándose un secreto oscuro y pesado; pensé que el mayor peligro al que pudo enfrentarse era su inventada compañañera de piso drogadicta, cuando en realidad vivió sola en ese diminuto lugar y muriéndose de hambre para no prostituirse.
Creí que le había evitado caer en los peligros de ese mundo al hacerla vivir conmigo, cuando lo que hice fue sacarla de ahí. Pensé que su mayor enemigo era el resentimiento de Tía y la ambición de su exnovio, cuando tenía a un jefe dispuesto a matarla para que pagara su deuda. He confundido todo cuando se trata de ella y ni siquiera dudé de mi percepción sobre Bella, convencido de que había aprendido a leer las intenciones de las personas.
¿Cuál era la intención de Bella? Sencillamente sobrevivir.
¿Puedo culparla de eso?
—Iremos en unas semanas más —me informa mamá.
Pero un par de días después sus planes cambian repentinamente y quieren hacer uso de la invitación a cenar.
Estoy preparando la comida cuando Bella aparece después de su llamada diaria con Charlie. Cuando le hablo de la invitación a mis padres y cómo Carlisle tiene una colección de pinturas por cortesía de Diana, la conversación nos lleva a hablar sobre el talento de la mujer para pintar.
—¿Esa Diana?
—Sí —noto en su expresión que la idea no es de su agrado.
—No puedo creerlo.
—Dejó la pintura cuando murió su esposo. Ahora es crítica de arte y tiene un par de galerías en la ciudad.
Su expresión se endurece mientras se cruza de brazos, ya había supuesto que mi plan no sería de su agrado. Aunque no puede dejar de parecerme divertida su molestia.
—Pero es rica.
Sonrío, supongo que Diana puede ser un ejemplo de cómo con un poco de talento y dedicación se puede llegar lejos.
—Si tu inspiración de ser mi inversionista es esa arpía entonces no va a funcionarte —esta vez me hace reír, Bella no es dada a usar malas palabras.
—Vaya, ¿con que arpía? ¿dónde tenías escondidas tus garras todo este tiempo?
Es como si le hubiese lanzado fuego encima, su expresión deja de ser el de falso enojo a completamente aterrado. Su reacción me toma con la guardia baja y a ella parece ocurrirle lo mismo con mis palabras, retrocede.
—Iré a cambiarme —sin decir más sale a prisas hacia nuestra habitación.
Intento entender de qué va eso y al repetir las palabras en mi cabeza lo sé. Garras. Gatos. El campo semántico está ahí, aunque es terrible que haya realizado esa relación de manera veloz. Pienso en su nombre en la pared escrito debajo de esa otra identidad en la que se vio obligada a sostener.
Carajo.
Mis manos se vuelven puños y camino hacia la recamara dispuesto a tener de una vez por todas esa conversación, pero en ese momento tocan a la puerta y recuerdo que estamos esperando visitas.
—Huele delicioso —dice mamá apenas rompe el abrazo, camina hacia la cocina para supervisar la cena. Carlisle y yo compartimos una mirada, porque ella es así cuando se trata de comida.
—Gracias, mamá.
—¿Cómo está Bella? ¿Ya aprendió a preparar ensalada?
Tal vez le conté en alguna de nuestras llamadas sobre esa ocasión en que Bella estropeó una ensalada por echarle sal.
—Creo que ya se rindió —admito. O tal vez yo he recuperado el control total de la cocina mientras ella utiliza la hora que tiene al día para llamar a Charlie.
—Tu hermana me contó que salieron hace unos días.
—¿Te refieres a que Alice la emborrachó hace unos días?
—A Alice le gusta ella —dice levantando el mentón hacia el pasillo que da a las habitaciones. Alice le había comprado cuatro cuadros a Bella la ultima vez que estuvo aquí. Acordé con ella entregárselos después de conseguir una exposición en la galería de Diana, porque estaba seguro que Bella merecía esa oportunidad. Y si Diana era tan necia y terca para no ver su talento entonces buscaría a alguien más que lo hiciera.
—A mí también —declara Carlisle.
Mamá le sonríe antes de probar la cena.
—Te preparé flan —menciono señalando su postre favorito.
—Gracias, Edward.
Camino hacia la sala. Converso con Carlisle brevemente sobre el clima en H., la ciudad a la que se mudaron hace más de un año porque mamá quedó enamorada del lugar en unas vacaciones; sus planes son mantener la cabaña para poder ir cuando quieran hacerlo aunque planean quedarse la mayor parte del tiempo aquí.
—¿Estás lista para retirarte? —le pregunto a mi madre.
Mira a Carlisle y mueve la cabeza afirmativamente.
—Será un retiro a medias, algunos días iré al restaurante de aquí o allá, depende donde nos encontramos, pero ya tengo en ambos a un chef asignado. Tal vez algún día tu hermana quiera trabajar en el restaurante de aquí. Aunque no se lo he propuesto, parece estar más relajada que antes. Jasper y ella salieron de la ciudad este fin de semana.
—Está más relajada —coincido en esa primera parte ignorando el tono emocionado de la relación de Alice y Jasper.
—Y ya conoció a la familia de Jasper —añade con ese tono que busca sonsacarme información, pero no pico el anzuelo.
—Eso me contó.
—Tiene muchas hermanas, tendría muchas damas de honor.
—Mamá —protesto para que detenga el tema.
—¿Una madre no puede soñar con la boda de su hija?
Carlisle rueda los ojos, pero no interviene.
—Supongo que sí, pero su hija debería soñar con una boda antes, ¿no crees?
—Edward, Alice va a casarse con él. Es tan obvio.
—Obviamente no has hablado con Alice, pero si lo hicieras estoy seguro que te daría otra respuesta.
—¿Tú has hablado con ella sobre esto? —niego, no necesito esa conversación para saber la respuesta, conozco bien a mi hermana menor—. ¿Y has hablado con Jasper?
—No, mamá, no voy a interferir en la relación de nadie y tú tampoco deberías.
—Bueno, la anterior boda de uno de mis hijos fui excluida por completo de la planeación.
Sacudo mi cabeza.
—¿En serio?
—Sí. Pero espero que la siguiente boda que organices, yo esté involucrada. Por lo menos no usarías ese espantoso color.
—A Bella tampoco le gustó ese azul.
—Ella me gusta —me dice sonriente.
—Y a Carlisle y a Alice. Creo que eso ya quedó claro.
Y justo entonces Bella aparece con un vestido diferente y el cabello aún húmedo, me esfuerzo en no mirarla culpable por herirla como lo hice en la cocina. Mamá se pone de píe antes de darle un abrazo. Mamá elige ese momento para recordarle mi idiotez por lo ocurrido en la fiesta de aniversario.
—No fue nada. Después de todo lo que ha hecho por mí, merecía que lo dejara contarme su versión de la historia.
Paso el nudo que se forma en mi garganta. Es lo que ella merece también, una oportunidad de contarme su historia.
—Seguro que aprendió la lección de eso —dice mamá. Y lo hice. Sólo que yo no repetiré esa historia, no obligaré a Bella a hablarme de su pasado a la fuerza del modo en que Daiana me acorraló ante Bella.
—No habrá más exprometidas escondidas, ¿verdad? —bromea Bella como solo ella podría con un tema que nos provocó tantos problemas en nuestra relación, por culpa de Daiana y mis omisiones estuve a punto de perderla. Pero eso es tema pisado así que me rio de su chiste.
Y pronto esa conversación que parece ligera, sobre el matrimonio del que me salvé, de la relación de Jasper y Alice, y las impresiones que tiene mi familia sobre Bella, la conversación se tuerce por completo hacia el otro lado.
Papá está enfermo.
Gravemente enfermo, de cáncer.
Martes, durante la madrugada
Luego de la noticia de la enfermedad de papá los días se hicieron tremendamente largos. Estuve al tanto con su médico de cabecera del avance del tratamiento y por sugerencia de Carlisle insistí en que papá se quedará hospitalizado tanto como fuera posible ante cualquier recaída. Además, había una cuestión que no podíamos olvidar. Papá era un alcohólico.
Llevaba años siéndolo e iba a necesitar mantenerse sobrio si queríamos que funcionara el medicamento, así que la hospitalización aseguraba que pudiera conseguirlo.
El lunes, Alice apareció en mi oficina y sin decir palabra caminó hasta abrazarme.
—¿Cómo estás?
Ni siquiera me había puesto a analizar mis sentimientos sobre esto.
—No lo sé.
No era la primera vez que oía sobre el tema. La primera esposa de Carlisle había muerto de cáncer, el tío Tomás murió de cáncer cuando era un adolescente, sabía la mortalidad de la enfermedad y las recaídas que los pacientes podían tener incluso cuando estuvieran por un periodo libres de la enfermedad. El cáncer era difícil de vencer, y una parte de mí debía entender lo que eso podía significar.
Pero no iba a pensarlo. En su lugar me aferraba a la otra posibilidad:
—Él estará bien.
Alice asintió más convenciéndome a mí que a ella.
—¿Y tú? —le pregunté, pero ella se encogió de hombros y negó.
—Yo estoy bien. Mi preocupación eres tú.
Por supuesto que ella estaba bien, mi padre no había sido su padre. Alice estaba aquí exclusivamente para darme su apoyo por la enfermedad de mi padre, pero su padre estaba sano y la relación entre ellos era sana y fuerte. Aro y yo jamás tendríamos la relación padre e hijo que Carlisle y yo habíamos conseguido con los años.
Así que era probable que mi reacción a una enfermedad de mi padrastro fuera la misma que la de Aro, pero eso no aplicaba para Alice, porque mi padre era un extraño para ella.
—¿Has hablado con mamá y Carlisle?
—Papá habló conmigo, mamá está… sensible sobre el tema todavía. Tu padre quiere que yo herede su compañía en vida, qué hijo de puta. ¿Por qué no te la da a ti?
No respondí. Aunque entonces me lo pregunté también. ¿Mi relación estaba tan fracturada con él que en automático me había descartado como una opción?
—Si cree que puede comprarme por los años de abandono está muy equivocado conmigo.
O era eso.
Así que los días se vuelven largos, pero las noches también y apenas puedo dormir. Hay demasiado en mi cabeza, demasiados conflictos por todas partes: no sé quien tiene el video, Carlisle me aseguró que Aro no tenía nada que ver en esto, pero yo seguía sin creerlo; ¿por qué habría de creer en su palabra ahora? Era tan posible que estuviese mintiendo como que dijera la verdad. Y mientras no tuviera la certeza el resentimiento hacia él se quedaba fijo.
Papá no quería recibir visitas, y yo no insistí. Si él quería espacio para sí mismo, entonces yo no iba a romper con sus exigencias, estaba acostumbrado a darle el tiempo y espacio a mi padre cada que lo requería.
Cuando me gradué de la universidad, él volvió a insistir en que trabajara a su lado y cuando volví a negarme a ese plan, no estuvo contento, no se enorgulleció cuando conseguimos abrir unas oficinas de manera formal, nunca aplaudió ninguno de mis logros siguientes y las veces que nos encontrábamos, ya no una vez cada dos semanas, sino un par de horas cada tres meses, la conversación se volvía incomoda y estresante con todos sus planes que no estaba dispuesto a seguir como él quería.
No hablábamos de nada que tuviéramos en común, sino de todo aquello que nos dividía. Fue así como nuestra relación comenzó a destruirse. Al menos el padre que fue en mi adolescencia se preocupaba por hacer cosas que me divirtieran a mí, por enseñarme cosas que podrían serme útiles de alguna manera, se esforzaba a su manera y se aseguraba de hacerme sentir cómodo.
El padre que fue para cuando llegue a la adultez era el de uno resentido por mis elecciones, que no eran las de él. Así que no buscó a mi padre, porque hace tiempo perdí la manera de encontrarlo. Y porque honestamente, no le perdono entrometerse en mi vida solo para hacerme daño por medio de Bella.
Y justo eso pienso cuando Bella jadea por aire antes de despertar. Gira su cuerpo hasta esconder su cara en mi pecho y abrazarme con fuerza.
—Fue solo una pesadilla —intento reconfortarla mientras paso mis dedos por la piel de su espalda.
Siento su corazón palpitando bajo mi mano y su piel. Está asustada.
—¿Quieres contarme?
Niega. Bella siempre se guarda sus pesadillas para sí. Sin importar cuan horribles parezcan. La mayoría de las noches ella despierta sobresaltada, pero algunas veces su cuerpo despierta antes de que ella lo haga. Algunas noches habla del frío, y me pregunto si algo tiene que ver el hecho de que pasó las noches sin nada que le diera calor en ese edificio; otras noches balbucea palabras de comida y otras más repite la misma frase: no te vayas.
Sus miedos la atormentan incluso cuando duerme. Ni siquiera ahí consigue un descanso de todo lo que le ocurrió antes.
—¿Segura?
Y vuelve a apretarme contra ella, pero sé que no me lo va a decir. Así que nos quedamos en silencio en medio de la oscuridad de la cama solo aferrándonos al otro, buscando algo de paz.
Ese martes por la mañana.
James sigue sin avanzar sobre Bella. No hay nada nuevo sobre su exnovio y no hay ninguna pista sobre el video. Necesitamos un mejor plan, pero no hay nada. Estamos estancados. Por suerte, no todos, no Bella, porque ella no para de pintar.
Emmet me llamó usando de pretexto la visita de Alice al apartamento de la semana anterior, había hablado con Rose sobre el retrato de ellos y ella estaba muy feliz por lo que le contó mi hermana, así que usó eso de pretexto para tener un motivo para llamarme.
—Tu chica tiene muy feliz a Rose —dice Emmet al teléfono.
—Va a gustarle —le aseguró—, aunque Bella no pudo hacer mucho por tu cara, eso está jodido.
—Imbécil —sonrío.
—¿Soy yo o has estado desaparecido últimamente?
—Un poco. Rose está muy nerviosa con lo de la adopción y no quiere que cometamos ningún error así que básicamente me tiene prohibido salir de la casa.
—¿Eso es legal? —bromeo y él se ríe.
—Nadie se está quejando de eso, créeme.
—¿Y estás listo para ser papá?
—¿Cambiar pañales, pagar pediatra? Claro que sí, aunque no pensamos en eso. Sin ilusiones no hay decepción, ¿no? Estamos llevando el proceso con calma.
—Rose será una gran mamá —comento.
—Lo será, sin importar el tiempo que nos tome conseguirlo.
—¿Y las otras opciones?
—¿Alquilar un vientre? No —responde de inmediato—. Ella no le haría eso a nadie… ¿Qué hay de ti y Bella? Un pajarito me contó que viven juntos.
—¿Un pajarito llamado Jasper?
—Alice se lo contó a Rose —decide irse por la vía corta sin pretender que no sabe nada y que esta llamada tenía como intención hablar de cuadros de pintura.
—¿Todo?
—Hablaron hace un par de días… todo.
Todo, incluye el asunto con el burdel.
—Aún no sabe que lo sé.
—¿Y quieres que lo sepa?
—Ya no quiero tener esa conversación. Ojala nunca tengamos que hablar de eso, honestamente.
—Bueno… eso es lo que tú quieres.
Suspiro golpeando mi espalda contra el respaldo de la silla. Y como yo no hablo, lo hace Emmet.
—Fue difícil, ¿sabes? Cuando descubrí toda esa mierda. Tenía mis sospechas, pero creo que siempre esperé estar equivocado. Y luego me sentí como un idiota porque todos lo sabían excepto yo. Lo sabías tú, y James, Jasper. Y aun así lo entendí. Era el pasado de Rose y solo a ella le correspondía contarlo.
—Bueno, yo recuerdo algo muy distinto —lo contradigo.
—Claro que me enojé con ustedes bola de imbéciles, pero la entendí a ella. Lo que digo es que tienes una ventaja, Edward. Conoces el secreto. Y estarás armando el camino para cuando ella te lo cuente a ti.
Reflexiono sus palabras unos segundos antes de preguntar:
—¿Rose lo superó? —la línea se queda en silencio unos segundos.
—No por completo —admite.
—¿No?
—Es como… como un pez.
—¿Cómo un pez?
—Un pez al que obligaron a estar fuera del agua por mucho tiempo, muchas veces. Ella aprendió a volver a nadar, eso no se olvida, ella es una luz hermosa, ¿sabes? Pero cuando está cerca de la superficie entonces…
—Ella lo recuerda.
—Recuerda el miedo y el dolor. Incluso cuando sabe que ella tiene el control. Nunca por completo, pero la mayor parte del tiempo ella es quien quiere ser. Creo que es lo importante.
—¿Y cuándo… cuándo es que ella vuelve a sentirse así?
—Es difícil decirlo. Los movimientos bruscos la ponen a la defensiva, por ejemplo.
—¿Incluso contigo?
—No, conmigo no. Ella confía en mí. Es más difícil… pero no es imposible y lo vale, hermano. Realmente lo vale.
—¿Y cómo supiste que serías capaz de lidiar con todo eso?
—Porque la otra opción era dejarla. Estás con ella con todo y por todo lo que es o no estás. Es bastante simple.
Jugueteo con una pluma girándola sobre el escritorio.
—¿Quieres un consejo?
—Sí —respondo con honestidad.
—Haz una lista.
—Ya hice dos.
—Haz una lista de cómo sería tu vida sin ella. Pero hazla en serio, de cosas que disfrutarías sin ella, cosas que te motivarían a ti, aquello que haría que lo dejaras todo por conseguir eso para ti y luego cuando la tengas me llamas y te digo la siguiente parte.
—¿Has estado en terapia? —se ríe.
—Mucho. Rose necesitaba eso y me he visto envuelto en varias de esas citas en pareja.
Así que cuando le cuelgo inicio esa lista, me toma casi una hora decidir que debería tener mi lista, pero una vez que inicio es sencillo continuar. Escribo aquellas cosas que no he hecho o que tengo pospuestas o que me habrían gustado hacer antes, pero al final decliné por otras opciones.
1 Remodelaría la casa y después me mudaría.
2 Vendería el apartamento.
3 Viajaría más seguido.
4 Me emborracharía por diversión.
5 Haría parrilladas con viejos amigos.
6 Me desvelaría por gusto y no por estrés
7 Compraría un perro.
8 Llevaría el perro a la oficina.
9 Haría viajes más seguidos a la casa en la playa
10 Abriría un restaurante.
Releo la lista varias veces antes de llamar a Emmet de regreso.
—Bueno, eso fue rápido. Yo me tardé tres días. ¿La tienes?
—Sí. ¿Y ahora?, ¿la quemo o cómo funciona esto?
—Muy gracioso. Ahora añade la siguiente frase y si la lista cambia para ti, si mejora la perspectiva entonces ya sabes qué hacer. Lo mismo si la lista resulta menos atractiva o da lo mismo para ti.
—¿Qué frase?
—Con Bella.
—¿Publicidad? Deberías dedicarte a la psicología.
Se ríe.
—Rosie piensa muy diferente a ti.
Agradezco su ayuda y cuelgo para cumplir con la segunda parte de la actividad.
1 Remodelaría la casa y después me mudaría con Bella.
2 Vendería el apartamento con Bella.
3 Viajaría más seguido con Bella.
4 Me emborracharía por diversión con Bella.
5 Haría parrilladas con viejos amigos y con Bella.
6 Me desvelaría por gusto y no por estrés con Bella
7 Compraría un perro con Bella.
8 Llevaría el perro a la oficina. No. Bella vendría con el perro a la oficina.
9 Haría viajes más seguidos a la casa en la playa con Bella.
10 Abriría un restaurante y ella tendría una galería.
Estás con ella por todo o no estás.
Y al fin comprendo lo que debo hacer.
No puedo creer que me haya tomado tanto tiempo tener listo este capítulo. ¿Valió la pena la espera? Cuentame qué te pareció conocer su versión de la historia.
Un saludo y un abrazo por la comprensión para esperar. Ya estamos en la brecha final.
