Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

Planes, imprevistos y elecciones

Angielizz (Anbeth Coro)

MUCHÍSIMAS GRACIAS POR HACERME LLEGAR HASTA ESTE PUNTO DE LA HISTORIA

Él

Mismo martes, un par de horas más tarde

«Video Games»

Lana del Rey

Releo la lista un par de veces. Remodelar la casa y mudarnos. Es el primer punto en la lista y para mí el más lógico de hacer antes que el resto. La cuestión es cuándo, me queda claro que una vez que Bella acepte unirse a ese plan. O cuando la convenza de hacerlo, porque puedo anticiparme y asumir que no saltará de emoción de inmediato.

Sin embargo, no tengo tiempo de iniciar una lista de pros y contras de los cuales hablarle a ella porque en ese momento la puerta de mi oficina se abre y entran Jasper y James. Sus miradas hablan por ellos: saben de la enfermedad de mi padre.

—Pedí pizza —dice James mientras toma asiento frente a mí sin invitación. Jasper cierra la puerta y se acomoda en la otra silla, pero en lugar de hacerlo de manera civilizada va y pone sus sucios zapatos encima de mi escritorio. Un día iré a pisotearle los muebles de su oficina a ver si le gusta mucho eso.

—¿Pizza? —pregunto captando al fin las palabras de James.

Miro la hora en la computadora, es medio día apenas.

—Lo que James quiere saber es si estás bien —Jasper va al grano.

—¿Y por qué no lo estaría? —vuelvo a mirar a la computadora dispuesto a seguir analizando mi lista de pendientes, pero Jasper vuelve a hablar.

—Porque Aro está enfermo, no sabes quién tiene los videos y tu novia trabajaba en un burdel, por no mencionar que no tienen idea de cómo continuar para recuperar la…

—Jasper —lo detengo—. Sé que es lo que anda mal en mi vida no necesitas recordármelo. Pero estoy bien. No puedo hacer nada respecto a lo que ya ocurrió y tampoco sobre lo que no tengo control, así que me enfocaré en lo que sí puedo solucionar.

Tomo el mouse y selecciono un par de carpetas antes de abrir el documento que necesito. Muevo la computadora y les muestro la pantalla para que vean el plano arquitectónico de mi casa.

—¿Vas a venderla? —pregunta James levantando una ceja.

—Voy a mudarme —Jasper y James intercambian una mirada entre sí— con Bella —añado para despejar las dudas.

—¿Cuándo?

—Cuando la casa sea habitable —miro a Jasper en espera de que me dé un informe sobre lo avanzada que va la remodelación.

—¿Habitable? ¿Qué es habitable para ti? —pone esa sonrisa burlona que hace cuando se mete en aprietos.

—¿No avanzaste con la remodelación? —se mueve el cuello de la camisa.

—Sí… y luego no. Bueno, hice lo que me pediste, tiraron las paredes que podían ser quitadas, pero sin dejar los acabados listos. Yo creo que falta un par de semanas para que sea… ¿habitable? ¿Tienes el contacto de la diseñadora de interiores? Si contratas al doble del personal habitual, podrías tenerla en dos semanas. La empresa de diseño de interiores es rápida con un buen anticipo.

—No voy a necesitar a la diseñadora, pero avanzaré con los trabajadores para tener la casa lista lo más pronto posible.

—¿Cómo está Aro? —pregunta James devolviéndonos al tema de importancia.

—Enfermo… empezó el tratamiento y eso es básicamente todo lo que sé. Se quedará hospitalizado un par de semanas más, va a pasar ahí su rehabilitación y la abstinencia al alcohol —levantan una ceja—. Según mamá, él fue el de la idea. ¿Y Alice? —le pregunto a Jasper para quitar la atención de mí, se encoge de hombros.

—Ella no es muy cercana a él. Está preocupada por ti y por Esme, tu madre quiere una comida familiar para reunirnos a todos y mostrarte apoyo. ¿Eso no es muy raro?

—¿Más raro que el hecho de considerar que Alice haga un lazo con Aro? No lo sé —admito—, mi padre quiere tiempo a solas y creo que eso está bien para ambos.

—Carlisle no cree que él tenga los videos —dice James.

—Claro, por qué papá le confesaría a Carlisle toda la mierda que ha hecho en su vida —ironizo—. Conozco a mi padre lo suficiente para saber que está detrás de esto.

—Y está enfermo —insiste James.

—Lo sé, está enfermo y está vivo y tiene el dinero suficiente para estar cómodo en el hospital. Tiene enfermeras las veinticuatro horas del día, que yo esté con él o no, no marca ninguna diferencia.

Jasper y James vuelven a mirarse entre sí.

—Yo creo que por muy imbécil que sea, sigue siendo tu padre —dice Jasper.

—Y no está enfermo de gripa, Edward, es cáncer.

Papá tiene cáncer.

Lo que usualmente significa que puede morir.

Lo que debería significar que tengo que estar a su lado, sentado a la orilla de su camilla y mostrándole mi apoyo. Pero no quiero ir. No puedo ir. No cuando sé que él está tras Bella, dispuesto a dañarla con tal de salirse con la suya.

Levanto una ceja.

—¿Esta es alguna especie de intervención?

—No entiendo cómo estás tan calmado —insiste Jasper. Me encojo de hombros.

—Mi padre es lo suficientemente terco para no ceder sobre los videos o Bella o el hecho de que es orgullo y no quiere a nadie a su alrededor por ahora; Bella es… inestable y no voy a desestabilizar más su vida contándole que mi padre tiene los videos del bar en el que trabaja o que podría usar eso en su contra; Charlie vive en la otra punta del país con una mujer que le hizo tanto daño a ella; no tenemos idea de dónde mierda está su exnovio; James no quiere avanzar con Peter hasta terminar de tener en papel los testimonios de los testigos; y no estoy seguro que el exjefe de Bella no se convierta en un grano en el culo más adelante.

—Si alguien se aparece en el bar preguntando por ella lo sabremos. Su silencio también estaba a la venta —dice James.

—Bueno, tenemos algo en control… si es que se puede confiar en alguien así.

—Yo opino que estás al borde de un colapso —dice Jasper mirándome de manera analítica.

—Mi padre podría morir, Bella podría colapsar, su hermano podría ser secuestrado o desaparecido o lo que sea por esa anciana, el exnovio podría ser quien tiene los videos y los use contra ella para salirse con la suya. Verán, existe un peor escenario.

Sí, también tengo una lista de los escenarios más catastróficos para hacerme sentir mejor a mí mismo.

—¿Entonces… estás bien? —se asegura Jasper.

—Estoy bien —señalo la pantalla— voy a mudarme.

—¿Con Bella y su hermano?

No había contemplado a Charlie en el plan hasta que James lo menciona.

Jasper baja sus zapatos de la mesa y mira a James con exasperación.

—¿Por qué siempre tienes que arruinarle su paz mental? —se queja Jasper.

—Es algo que tiene que considerar, Bella quiere la custodia.

Miro de nuevo a James.

—Bella merece la custodia, ella ya pasó por demasiado —mi voz suena segura al hablar.

—No lo discuto. Mi pregunta es si estás listo para vivir con un niño. La última vez ni siquiera lo habías considerado —se refiere a la primera vez que le hablé de mis intenciones de recuperar a Charlie y él se negó a participar—. ¿Qué va a pasar si tu relación con Bella no funciona?

Y la última vez mi respuesta fue que iba a hacerme responsable de ellos incluso si nuestra relación no funcionaba, pensé que si ocurría podría pagarles un apartamento hasta que Bella fuera capaz de correr con los gastos de los dos. Por un momento me preocupó la posibilidad de poner más peso sobre mis hombros con toda esa responsabilidad. Pero ahora no es así:

—Va a funcionar.

Ahora no considero la alternativa. Antes no sabía lo que sentía por Bella, nosotros apenas estábamos iniciando la relación, ahora sé exactamente lo que siento por ella y de lo que soy capaz.

James asiente más para sí que para mí.

—Disfruta el sexo en la sala porque con suerte eso va a durarte solo unos meses más antes de que tengas a un niño en tu casa —le saco el dedo medio a Jasper y en ese inoportuno momento entra Jessica con dos cajas de pizzas. Jasper se ríe por el gesto obsceno, pero mi secretaría luce avergonzada por interrumpir de ese modo, supongo que no todos los días te reciben con una obscenidad al abrir la puerta.

Jessica deja la pizza sobre el escritorio, la pizza no es una solución a mis problemas, pero la comida es un buen consuelo.

Cuando tienes acceso a comida, por supuesto. Sacudo mi cabeza para alejar esos pensamientos sobre Bella y vuelvo a mirar el plano de la casa. Tengo una lista de cosas que quiero cumplir.

Viernes, 20:02

Hoy hace tres meses Bella apareció en mi vida. Sé que ella no lo sabe, ni siquiera supo cuándo fue el cumpleaños de Charlie. Es imposible que sepa el tiempo que lleva viviendo aquí, pero yo lo sé. No es difícil saberlo cuando tengo tan grabada la fecha en que debí casarme, si soy consciente que mi rompimiento fue en año nuevo y que ella llegó a mi vida solo ocho días después. Así que hoy lleva tres meses aquí y ella es otra.

La invité a cenar usando de pretexto que hoy terminó el cuadro para Mateo y Rose. Por suerte esta vez el restaurante es de su agrado.

—¿Por qué me miras así? —pregunta dejando el menú a un lado y recargando ambos codos en la mesa para acercarse a la mesa.

—No te miro de ningún modo.

—Como si fueras a comerme —me río y sacudo la cabeza.

—Por supuesto que no.

Una sonrisa juguetea en sus labios antes de que baje la cabeza y vuelva a mirar el menú.

—¿Puedo pedir… —no la dejo terminar la pregunta.

—Todo lo que quieras.

Sonríe en grande como si le hubiese prometido comprarle algún lujo ridículo, pero no, ella sonríe en grande por comida. Paso saliva y me esfuerzo en sostener la misma expresión tranquila para ella.

Porque si tengo que fingir que no lo sé, entonces debería hacerlo bien.

Media hora más tarde tenemos nuestras ordenes frente a nosotros, por suerte para mí había filetes. Por suerte para Bella, había hamburguesas, papas fritas, alitas y palitos de queso. La verdad es que siento una curiosidad casi morbosa de saber si ella sería capaz de comerse todo eso. Y creo que debe leer mi expresión porque su siguiente comentario casi lo corrobora:

—¿Te conté que una vez comí cinco hamburguesas de McDonald's y me enfermé?

—Sí, ya me lo contaste. Muy mal gusto, por cierto.

Pone los ojos como platos ante mi comentario, pero la sonrisa se sostiene.

—Lo que pasa es que tú no sabes divertirte —se burla.

—¿Te conté que una vez terminé en el hospital por comer hot dogs? —le pregunto en cambio como si necesitara demostrarle lo divertido que soy por hacer estupideces en mi juventud.

Bella niega y ladea su rostro con interés.

—¿Lo dices en serio? —su tono evidencia que no me cree capaz.

—Sí. Jasper y yo estábamos en la universidad y fuimos a una feria. Había un concurso en el que ganabas cien dólares si lograbas comer más hotdogs.

—¿Entraste a eso para ganar dinero? —levanta una ceja sin creerlo, porque supongo que sabe que el dinero nunca ha sido un problema para mí y que eso no sería una motivación.

—Bien —acepto a regañadientes—, había una chica… —Bella se ríe más alto esta vez.

—Sabía que esto tenía otro motivo.

—Tenía diecinueve, ¿de acuerdo? Así que estaba esta chica y nos gustaba a Jasper y a mí, entonces decidimos que seríamos honorables y quien ganara iba a invitarla a salir.

—No hay nada honorable en eso.

—Lo cierto es que no. Pero el karma es una mierda. Así que bueno, me comí una cantidad ridícula, tanto que hasta la fecha no tolero el olor de esas cosas, pero Jasper…

—Te ganó.

—Él era la cosa más asquerosa de ver. Pude haberle ganado si no me hubiese estado riendo y masticando, ¿sabes?

—¿Y terminaste en el hospital?

—Intoxicado, pero papá estaba paranoico y quiso que me hicieran estudios y tuvieran en revisión hasta que estuviera bien —porque hubo un tiempo en que mi padre me ponía por encima sobre cualquier desacuerdo que pudiéramos tener y en esos días yo no sabía que Alice era su hija, ni que era tan terrible para él ser padre o que yo era una carga en su vida.

Mi relación con papá era, a pesar del alcohol, buena. Él viajaba una vez cada dos semanas para encontrarnos y salir los fines de semana, se quedaba en el apartamento que había rentado para mí y creo que tal vez su intención no fue privarme de la diversión de vivir en la residencia de la universidad, sino tener tiempo juntos.

Bella me da un apretón en la mano y recompongo mi expresión.

—¿Y se quedó con la chica? —pregunta para devolverme al tema de conversación

—No. Porque mientras Jasper y yo hacíamos ese estúpido reto. James estaba coqueteando con ella.

Bella se ríe más alto esta vez y me cuesta un poco alcanzar mi ánimo anterior.

—¡No!

—Sí.

—¿Y con quien salió al final?

—Con ninguno, ni siquiera con James. Y Jasper perdió el interés cuando vio que James estaba con ella. Cosa de jóvenes estúpidos.

—Jóvenes estúpidos que se intoxican —hizo la aclaración.

—Es una mejor anécdota que intoxicación por hamburguesas de McDonald's.

El resto de la cita fueron risas y anécdotas graciosas, me había dado cuenta desde el día de mi cumpleaños en el boliche que este era el tipo de citas que le gustaban a ella, incluso cuando estuvimos de viaje y fuimos a cenar tacos en un puesto de esquina resultó más animada que cuando tuvimos esa primera cita en el restaurante elegante y costoso. Era más desenvuelta y no la hacía sentir que debía actuar formal y rigurosa para estar a un nivel que ella asumiera como inalcanzable.

Así que comemos, y sí, Bella se termina casi todo lo que pide y me obliga, no del todo, a comer la mitad de las alitas y un poco de las papas francesas, porque no son fritas dice Bella, aunque estoy seguro que tuvieron que pasar por un litro de aceite y eso las convierte automáticamente en comida frita. Bebemos refresco en lugar de vino y después de la cena la invito a dar un paseo hasta que consigo hacer que la conversación se encamine al motivo principal de esta salida. Quiero mudarme con ella a la casa, y como había anticipado Bella pone resistencias en lugar de que mis palabras la motiven, sus ojos se llenan de lágrimas apenas comprende de lo que le hablo porque no, no la quiero de diseñadora de interiores ni pintando mi casa por dinero.

—No puedo mudarme contigo, tengo que pensar en Charlie. Necesito conseguir un lugar para cuando él viva conmigo.

—Lo sé.

Y lo entiendo, entiendo porqué ella ha estado considerando todo eso.

—Sería más triste para ambos irme de tu casa cuando consiga la custodia, que conseguir un lugar antes de que te mudes —Bella está frente a mí así que es imposible que pueda ocultar sus asustadizas emociones—. Angela dijo que podía vivir con ella, tengo a donde ir —lo sé—. Así que no tendrás que estar preocupado por mí. Tu y yo podremos seguirnos viendo —ofrece—. Es una nueva etapa para ti y sé que cuidar de Charlie será un gran reto para mí, pero al menos ahora sabemos que ya no estropeo la comida.

Y entonces le hablo de todos los inconvenientes y retos que significan criar a un niño y ser la persona a cargo de uno, y por el modo en que su expresión pasa de la tristeza al pánico sé que ella no ha considerado nada de esto. Ella solo quiere a Charlie y luego se preocupará por lo que venga.

—No estoy diciendo que no puedas hacerlo por tu cuenta. Digo que quiero hacerlo contigo.

—Edward.

—No será diferente a lo que tenemos.

Será otro lugar y con los meses añadiremos a otra persona y de acuerdo a mi lista en unos meses a una mascota también. Su expresión pasa de tristeza hasta lentamente negar pero con una sonrisa que tira hacia arriba y sé cuál será su respuesta incluso antes de que la diga. Deja de negar para asentir y finalmente su sonrisa se convierte en una risa baja.

—¿Nada de azul en las paredes?

—Por favor, no.

Me abraza del cuello antes de llenarme de besos, su felicidad es contagiosa o tal vez es la mía la que la contagia a ella. La sujeto de la nuca para profundizar el beso. Ella lo es todo.

Al día siguiente

Estiro mi brazo solo para descubrir que la cama está vacía, me muevo hacia el lado contrario hasta agarrar mi celular, son las cuatro de la mañana y sé exactamente dónde está ella.

Encuentro mi ropa interior al lado de la cama, salgo de la habitación, cruzo el pasillo y la observo desde la puerta. Está pintando, sólo lleva puesta una camiseta vieja mía, le llega a un milímetro debajo de su trasero y la vista que debería resultarme excitante no lo es, porque ella está pintando. Pinta unas cadenas formadas con serpientes, ha estado trabajando en esto varios días y ahora está casi concluida comprendo de que se trata, es el mismo tatuaje que tenía Don en su cuello. Cada día entiendo más de esas pinturas que sólo me parecían oscuras. Ella está pintando no sólo pesadillas, sino recuerdos.

—¿Te desperté? —pregunta Bella sin girarse hacia mí. No sé si hice algún sonido demostrando mi desagrado o escuchó mis pasos, así que respiro hondo antes de animarme a responder.

—No. Ven a la cama —pido queriendo alejarla de eso.

—Iré en un momento, ya casi termino.

Regreso a la habitación en silencio porque debo fingir que no lo sé, que no sé nada de lo que sé sin importar cuánto me cueste. Bella vuelve a la cama más tarde, se recuesta sobre mi pecho y se queda dormida casi al instante. Su agotamiento no es físico, sino emocional. No vuelvo a dormir y cuando dan las ocho de la mañana salgo de la cama, de mi apartamento y me encuentro tocando a la puerta de Diana.

Ese mismo día consigo que Diana vaya al apartamento a ver la obra de Bella, quiero esos cuadros fuera de aquí incluso más de lo que quiero que ella pueda mostrarlos y venderlos, pero Bella no necesita saber cuánto aborrezco las pinturas que la atormentan. Y por suerte, en esto no me equivoco sobre Bella porque sé que a Diana le gustan las pinturas por su renuencia y expresión tiesa, tengo una pequeña joya artística viviendo conmigo y ambos lo sabemos.

DOMINGO, 11:00

—No es necesario que vayamos si no quieres, puedo inventar una excusa.

Mamá planeó una comida familiar porque parece necesario unirnos ante la adversidad del cáncer como si una reunión pudiese ser la solución. Sé que en realidad esta comida es la manera de ella de demostrarme que tengo un círculo de apoyo con el cual contar cuando mi padre… pero no necesito eso, no ahora porque…

—Tonterías —responde Bella desde el baño—. Yo creo que mi mamá habría sido como la tuya —dice Bella interrumpiendo mis quejas mentales mientras termina de lavar los pinceles—. Sí, creo que justo así, tal vez con más reuniones, aunque mi mamá no cocinaba y si lo hacía era seguro que conseguías una infección estomacal.

Y aquí estoy yo, siendo un imbécil quejumbroso por reuniones familiares, cuando Bella no tiene a sus padres, ni a su hermano cerca. Y yo que incluso en esto tengo todo no lo puedo apreciar.

Miro los cuadros de la habitación, tiene los suficientes para llenar una galería. Bella sale del baño con los pinceles en la mano y cuando camina la lona bajo sus pies rechina de manera molesta.

—¿Por qué tienes esa cara?

¿Se refiere a la cara de culpabilidad por ser un malagradecido con mi vida?

—Es imposible limpiar la lona —doy una excusa absurda que consigue distraer su atención de mí.

—Por eso uso aquí mis zapatos viejos, no hay riesgos de ensuciar el piso del resto del apartamento.

—Cuando nos mudemos no pondré lona.

No cometeré el error de alfombrar las habitaciones tampoco.

—La ventaja de las casas es que tienen jardín, podría pintar afuera.

—Podrías.

—Y desnuda.

Esta vez consigue una risa de mi parte.

—Entonces Esme hará una comida más tarde y nosotros iremos. ¿Tengo que llevar algo?

—No —nadie quiere ser intoxicado por Bella y parece que lee mi mente porque abre la boca con indignación y me apunta.

—Eres malo conmigo. Ahora si me disculpas, iré a arreglarme para impresionar a tus padres.

—Yo creo que ya lo están.

Bella sonríe de manera adorable antes de acercarse y dejar un beso en la comisura de mis labios.

—Te amo. En una hora estaré lista.

—Una hora es demasiado —niega y antes de que pueda atraparla entre mis brazos corre a nuestra habitación.

Paseo mi vista por su estudio lleno de cuadros, camino entre los cuadros nuevos, terminó de pintar el último: Las cadenas con forma de serpientes. Sé a quién pertenece esta imagen. Él tenía un tatuaje parecido en su cuello.

La precisión del tatuaje solo demuestra lo grabado que tiene su recuerdo. ¿Qué hace Bella con el dinero que ha ganado hasta ahora? No se compra nada para sí misma, ni siquiera un celular. La cantidad que enviaba a Tía era lo de poco más de una semana de trabajo, pero ¿dónde está el resto de su dinero? ¿dónde guarda el dinero que Alice le dio?

Busco en el estudio, en el armario, los cajones y luego mientras escucho el agua de la ducha de mi habitación busco en nuestro vestidor. Debajo de la ropa colgada hay una mochila. La abro y ahí está. El dinero.

Deuda a Don. Ahorros.

Hay una lista debajo de cada título, en ambas la cantidad aumenta, los ahorros de Bella suben y los intereses a su deuda también. Bella es consciente de su deuda y el peligro de esto. Esta mochila es su pase de libertad. Por suerte la lista de ahorros no se acerca a la lista de la deuda, así que le falta mucho para querer buscar a Don y liquidar con esto.

Me falta mucho para tener esa conversación con ella, lo que agradezco, porque honestamente, entre más pasan los días menos intenciones tengo de hablar sobre esto con ella.

Martes, en la oficina de Diana

La comida en la casa del jardín fue un fracaso, en lugar de mostrarme la unida familia que tenía solo destapó todos los problemas familiares que tanto nos esforzábamos por ocultar. Excepto Bella, porque ella se mantuvo relativamente tranquila incluso ante la imprudencia de Alice con el tema de su salario o la imprudencia de la apuesta de mi madre y tía. Entre más atención le prestaba a ella más evidente era el cambio.

Diana me pidió ir a la galería para confirmar los últimos detalles de la exhibición. Quiere que Bella esté de acuerdo con su idea, pero como quiero que sea una sorpresa voy sin ella. La idea del infierno y el paraíso se mantiene para Diana, instalará una cascada en cada salón con colores que refuercen esa idea. De lo que no está segura es si debería añadir flamas o estatuas de ángeles y demonios. No me parece necesario considerando que la obra de Bella habla por sí sola.

Me muestra las salas donde están colgando sus cuadros, en una de las paredes está escrito el nombre de ella. La última vez que vi su nombre escrito fue en un baño sucio en un apartamento diminuto. Es una imagen que se ha grabado en mi cabeza y constantemente vuelvo a ella. El lugar donde vivía Bella tenía un baño sin espejo y en la pared estaba su nombre bajo el nombre falso que le dieron en el burdel.

¿Su nombre estaba debajo de Becky o encima de ese?

—Deja su nombre en las paredes.

—¿Solo el nombre de Bella?

Asiento.

—Bella Méndez, por todas las paredes en color negro.

—Contrastara con el blanco de las paredes —dice estando de acuerdo conmigo, aunque yo no pienso en combinaciones sino en que quiero que su nombre sea visible para ella.

—Alguna frase encima de su nombre vendría bien.

No el nombre falso que todavía la atormenta. Quiero algo diferente por lo que valga la pena ser opacada.

—Podría ser una expresión latina —propone Diana.

Me gusta la idea.

—Te enviaré una lista con algunas opciones.

Paso el resto de mi tarde en internet escogiendo para Bella frases para ella.

Miércoles, en la sala del apartamento.

Si pensaba que el caos en la comida familiar había sido un desastre del que salimos inmunes, fuimos al final alcanzados. El drama de la vida de Bella nos había dado un breve descanso que esperaba que fuera a durar más. Angela pidió reunirnos ante la falta de éxito en la búsqueda de Eric. Le pedí apoyo a James para que estuviera ahí, porque sabía que Bella necesitaría alguna clase de esperanza o nuevo plan al cual aferrarse. Encontrar a Eric era uno de sus pasos a seguir y parecía que había demasiados contratiempos para lograr tachar eso de su lista.

Angela lo intentó contactar de todos los modos posibles que se le ocurrieron, nadie sabe nada de él y sus padres lo encubren.

—Gracias por intentarlo —la voz rota de Bella mientras intenta sonreír agradecida a su amiga me parece aniquilante.

Angela la consuela con palabras alentadoras que no funcionan. Me siento al lado de Bella e intento mantenerme tan cerca de ella como puedo acercándola hacia mí dejando su oreja contra mí pecho.

—Encontraremos otro modo —le aseguro.

—¿Cuánto tiempo es otro modo? —su voz suena ahora enojada. Miro a James en espera de un poco de ayuda.

Le habla de sus opciones, ir por la vía legal –lo que requiere de planificación como encontrar testigos que puedan desacreditar a la mujer- o arriesgarnos a chantajear a la mujer para que nos dé la custodia, chantajear es el eufemismo para decir asustarla con prisión y entregar dinero como recompensa a su sentido común.

—¿Y si no encontramos testigos que la desacrediten?

Si no encontramos testigos, ni la persona tras los videos y si tampoco cae en las amenazas entonces no habrá nada por hacer. Aprieto la pierna de Bella intentando darle mi apoyo. James le da una alternativa diferente: apostar por hacer relucir la imagen de Bella con testimonios a su favor, aunque el riesgo de que aparezcan los videos sigue siendo alto. Es un riesgo, nos apostamos a tener suerte o no tenerla. Si cruzamos los dedos los videos no aparecerán antes y conseguiremos ganar la custodia. En el peor escenario los videos serán usados en su contra para desacreditarla, como si la vida que llevó por culpa de su exnovio y la mujer fuera culpa de Bella.

Por suerte no tengo que hacerla reflexionar sobre el riesgo de esa opción, porque elije ir por la vía larga, encontrar información contra Tía. Bella le propone el que conocemos por ahora: su negligencia de dejar al niño en casa solo por una hora todos los días.

Y James… bueno, James tiene un don para identificar los engaños. Ante las dudas de James de los motivos para dejarlo solo en casa, Bella le explica que no son religiosos y comprendo la duda en James apenas expresa que ese es un buen punto para cambiar en el niño, por supuesto que lo es. La mujer ni siquiera permite los cuadros de su madre en la casa para borrar su imagen, ¿por qué le dejaría su ideología en paz?

—¿No sería entonces una de esas cosas que ella intentaría cambiar en él?

—Él es muy bueno –alaba Angela, y concuerdo.

Lo es, aunque odio que esto no se me ocurriera a mí. Bella ya no está enojada, sino asustada, el miedo está en cada una de sus facciones y comparto su preocupación.

Angela cree que podría usar esa hora con algo relacionado a drogas y James a platica de alcoholicos anónimos, ambas opciones son malas y la expresión de ella lo demuestra, le ofrezco apuestas, al menos en esa posibilidad está sobria. Pero su preocupación es que en realidad no sabe quién es esa mujer ni que tan seguro está Charlie. Las palabras de James o Angela de apoyo no son suficientes.

—¿Cómo pude ser tan estúpida? —Bella se cubre el rostro con ambas manos mientras llora.

Me hinco frente a ella para quedar a desnivel, descubro su cara y voy quitando las lágrimas, pero siguen bajando una tras otra mientras ella llora y me tortura verla así.

—No lo eres —le aseguro.

Ella se siente culpable por confiar en las personas incorrectas y poner en peligro a Charlie.

—… Incluso ahora, confiaba en que él estaba seguro mientras yo estoy aquí, aunque me haya arruinado la vida por completo.

—Tu vida no está arruinada —sacude su cabeza sin aceptar mis palabras.

—Lo está —solloza de nuevo rompiendo algo dentro de mí al verla así—. Ya me encargué de arruinarla.

Le doy un apretón en sus manos y contengo las palabras que luchan por salir. Ya lo sé todo. En su lugar, la convenzo del plan que debemos seguir, la pintura, los testigos, un intachable perfil para Charlie.

—Olvidas que tengo un pasado.

Un pasado que la persigue a cada paso que consigue dar hacia adelante, un pasado que la empuja de regreso, un pasado que ella pinta constantemente. Bajo la mirada a sus piernas sin saber cuáles son las palabras adecuadas, me encantaría saber qué decirle para aliviar su pena, pero no tengo idea de qué decir y a falta de palabras miro hacia James.

No hay nada qué hacer al respecto por ahora, Angela promete seguir buscando pistas que la lleven a Eric y James va a investigar a fondo las actividades de la mujer, y mientras tanto Charlie seguirá viviendo con esa desconocida, lo que no es alentador.

Cuando al fin nos quedamos solos en el apartamento ella va a nuestra habitación, la encuentro acostada debajo de las sabanas.

—Bella.

Me acuesto en la cama y en lugar de sacarla de su escondite, muevo la sabana para cubrirme con ella. Nos encontramos bajo la tela.

—Mi vida es un caos.

—Bueno, me gusta tu caos.

Niega mientras llora y ríe en una mezcla triste.

—No es así. Odias mi caos.

—No me gusta lo que esa mujer te ha hecho. Ni que se haya aprovechado de ti Eric. No estoy seguro que gustar sea la palabra adecuada, pero me alegro de estar para ti.

Pongo mi mano en su mejilla para quitar sus lágrimas.

—¿Por qué eres tan bueno conmigo?

Eso es fácil.

—Soy lo que necesitas que sea.

Vuelve a llorar en lugar de que mis palabras la tranquilicen.

—Yo no soy lo que necesitas. Si fuera justa contigo yo no estaría aquí.

—¿Y dónde estarías? —mi voz no sale calmada, suena enojada y cínica. Y sus ojos se abren temerosos en respuesta mientras sus labios tiemblan. Me acerco más a ella aun ambos bajo la sabana—. ¿Dónde? —pregunto con voz más baja—. Tú mereces ser feliz.

—Tú también y yo solo vine a complicar tu vida.

—Bueno, no me gustan las cosas fáciles —sonríe esta vez sin llanto de por medio, quito las lágrimas restantes y ya no le siguen nuevas lágrimas a esas—. Tú me haces feliz.

Lo veo en sus ojos antes de que pueda pronunciar una palabra, ella va a decírmelo. Y no quiero escucharlo, al menos no todavía. Así que rompo la distancia entre nosotros y la beso, la beso hasta que la hago olvidar que hay un pasado del que tiene que hablarme. Le quito la ropa y quedamos ambos desnudos, al menos una parte de nosotros. Porque ella tiene un secreto, pero yo también le oculto que lo sé.

Lo que más me gusta de Bella en la cama no es que comparta su deseo de cumplir conmigo fantasías, sino que no tiene timidez. Ella puede tener sexo en público, dejarse tocar en elevadores, subirse sobre mí en las gradas del cine, follar en el jardín de la casa del jardín. Bella no tiene vergüenza al decir qué quiere y cómo.

Porque cuando Bella se desnuda al momento de hacer el amor, no tiene tiempo para pensar. Las preocupaciones y su pasado no tienen cabida en su cabeza mientras me toca, su boca no se preocupa en decir las cosas correctas o callar sus secretos, solo gime lo que siente en ese momento, sin inhibiciones ni censura.

Se sube sobre mí mientras sus manos me acarician y nos amoldamos para el otro.

Cuando Bella está en la cama es una persona sin preocupaciones, su cuerpo se deja llevar por completo, entregada a dar y recibir placer por igual. Sus manos recorren su propio cuerpo ante mi mirada y me sonríe seductora.

Mientras gime mi nombre y jadea por aire sé que su pasado no le arrebató esto, que por suerte aparecí en su vida a tiempo y los fantasmas de su pasado no llegaron a convertirse en verdaderos monstruos.

Así que cuando ella me pide que succione su piel para marcarla bajo su clavícula entiendo que ella necesita esto. Algo que le recuerde que solo me perteneces a mí, que ellos no le arrebataron la posibilidad de elegir a quien entregarse.

—Eres mía —le aseguro. Mientras mis ojos van a su piel enrojecida en el mismo punto que remarco cada que me lo pide, porque si Bella me pidiera tatuarnos la piel mutuamente lo haría sin dudarlo, si eso va a ayudarle a despejar los miedos, lo haría.

Pero Bella no me lo pide y tampoco me pide dejar su marca en mi piel. No lo necesita. Le pertenezco por completo y no necesito de un chupetón que me lo recuerde.

Sábado, 16:10

La alegría de Bella se ve considerablemente opacada los días siguientes al descubrimiento de James sobre Tía.

La señorita Bella debería buscar un doctor, lleva tres días seguidos sin salir de la cama.

De no ser por Dolores, ni siquiera sería consciente del problema. Cuando abro la puerta del apartamento la encuentro sentada mirando a su plato de comida que no prueba y que solo revuelve una y otra vez. Va en pijama y no dudo que acabe de despertar aunque son las cuatro de la tarde. Cierro la puerta y ni siquiera se gira o mueve o hace alguna seña que demuestre que me ha escuchado llegar.

Camino hacia ella y nada, sigue solo jugando con la comida y sin intenciones de comer. ¿Ha estado comiendo algo estos días? Ayer no quiso cenar y dijo que había comido antes de que yo llegara, pero ¿realmente lo hizo?

—¿Es día de andar en pijama?

Bella mira hacia mí sorprendida, cansada y luego sonríe. Creo que es la sonrisa que más le cuesta fingir hasta ahora.

—Llegaste antes.

—Tengo una sorpresa para ti –le digo al tiempo que quito la cuchara de su dominio para probar la fría sopa, miro a Bella y pone una mueca incomoda al ser atrapada, niega con su cabeza cuando le pregunto si va a comérselo, así que vacío su plato con el resto de la comida—. Ven, salgamos de aquí.

—No quiero salir hoy.

Honestamente, Bella no quiere salir nunca. Para pertenecer a un lugar con playas y calor, ella debería tener un tono de piel más bronceado, pero pasó muchos meses viviendo de noche y durmiendo de día, y no creo que pasara su tiempo libre asoleándose. Y desde que está viviendo conmigo tampoco lo hace, el sol que tocaba su piel era el que la alcanzaba durante su trayecto del edificio a la cafetería, y ahora que se dedica a pintar no tiene ninguna excusa para salir.

Pero no me doy por vencido tan fácil, lo que hace que su lastimero humor se vuelva en mal humor por obligarla a salir, aunque su mal genio me parece el berrinche de una adolescente, lo que es tolerable, creo, no estoy seguro porque nunca la había visto enojada y refunfuña más de lo que muerde, por suerte.

Casi una hora más tarde entro a la oficina de Diana mientras Bella sigue merodeando en la sala de la galería. Después de agradecerle a Diana por la rapidez para armar la exhibición le menciono la intención de esta breve reunión:

—Me gustaría que los cuadros que se vendan se entreguen después del evento que tienes pensado.

Diana se cruza de brazos, porque estoy en su territorio y no va a permitir que venga a imponerle reglas si no las ha solicitado antes ella.

—El evento se realizará solo si no se venden sus cuadros.

—El evento tiene una doble función, Diana. Necesito ese evento —le explico sentándome en el sillón frente a su escritorio—. Bella va iniciando y esta es una oportunidad para que ella se dé a conocer, no solo para ganar dinero.

Me levanta una ceja así que continúo.

—Voy a invertir en publicidad para la exhibición de Bella, para ese evento en especial, va a atraer gente de todas partes y la publicidad gratuita siempre es buena para quien sea —ahora me entrecierra los ojos, hago mi mejor esfuerzo al sonreírle de lado—, ¿por favor?

—De niño siempre te salías con la tuya —menciona como un reproche.

—De adulto solo algunas veces.

Asiente unas cuantas veces antes de aceptar mi solicitud.

—Yo voy a elegir el diseño final de la publicidad —dice con seriedad levantando su delgada ceja para retomar el control.

—Bien. No uses su rostro. Solo su nombre y alguna de sus pinturas, que sean las que están en el área del paraíso.

No voy a atraer a nadie que pueda reconocerla por su cara, pero necesito atraer a quien puede reconocerla por su nombre.

Diana asiente.

—¿Hay algo que deba saber sobre esto?

Niego.

—Cualquier publicidad es buena —le repito.

Cuando vuelvo a la sala, encuentro a Bella frente a una pintura con una pareja sentada en medio de un campo de flores. Me acomodo tras ella y recargo mi cabeza sobre su hombro mirando hacia el cuadro, la abrazo desde atrás dejando mis brazos sobre su cintura. Ella toma mis manos y recarga su espalda contra mí.

—¿Algún día vas a volver a pintar así?

—Siempre he pintado lo que sueño —confirma lo que yo he asumido con el pasar de las semanas.

—Tal vez no me he esforzado lo suficiente para que tengas buenos sueños.

¿Le daría paz saber que lo sé? ¿Acaso seguir el consejo de Jasper fue un error?

—Créeme. Has hecho más de lo que te imaginas. Chantajear a punta de insultos a Diana para que pusiera mis cuadros aquí es algo.

Me río mientras niego apenas contra su hombro. Eso es lo mínimo que podía hacer por ella.

—No la insulté.

—Golpeaste a su ego.

—Eso sí hice, pero funcionó y tú merecías esta oportunidad.

Miro a la pareja de nuevo y antes de que tenga tiempo de censurarme la pregunta sale sin permiso.

—¿Ese de ahí es Eric? —por suerte ella niega y luego me cuenta que se trata del último cuadro que hizo para sus padres como un regalo de navidad, lo que la lleva a contarme que sus padres murieron ese día. En lugar de darles un cuadro ella fue la que recibió una mala noticia.

—No es necesario que vendas todos tus cuadros, Bella.

No me había puesto a pensar en lo que estos cuadros significaban para ella, tal vez le estoy arrebatando lo último que le queda de su pasado y…

—No quiero quedarme con ninguno… me basta mi cuaderno de dibujo.

Su respuesta me complace mucho más. Ella pinta sus sueños y pesadillas, pero me dibuja a mí por elección. Beso la piel de su cuello y paso mis labios hasta llegar al lóbulo de su oreja y ella se ríe alegre y juguetona. Sus dedos aprietan mi antebrazo con fuerza. Y necesito que lo entienda de un modo u otro:

—Me tienes.

Mueve su rostro hasta que atrapo sus ojos marrones en mi mirada, no lo niega esta vez, ni aleja la mirada de la mía, se queda quieta observándome en silencio, hay seguridad y tranquilidad en su expresión, una que ellos le arrebataron y que al fin ha vuelto a su vida.

Y no tiene qué decirlo con palabras para saber que ella me cree.

Cuando menos me doy cuenta estamos besándonos contra la pared. Me acorrala con sus brazos impidiéndome alejar, aunque tampoco hago intento de poner distancia entre nosotros. La necesidad es mutua. Gime contra mis labios cuando paso mi mano a su espalda para acercarla aún más a mí. Sus labios se mueven conmigo y lo que comienza como una caricia se vuelve en una exigencia de los dos.

Me aseguro de no hacer más que eso. No intento pasar mis caricias a otra parte que no sea sostenerla contra mí. Pero cuando Bella intenta pasar la línea tengo que separarme de ella. Tomo su mano y camino con ella a un punto de la sala que no tenga visibilidad desde recepción tras uno de los muros de la esquina.

Vuelvo a acorralarla contra la pared, dejando mi brazo tras su cabeza para amortiguar la incomodidad. Sonríe, pero tengo que romper el encanto diciéndole que no haremos más que esto. Aunque siento cierto problema bajo mis pantalones opinar lo opuesto a mí. Miro hacia un lado y le pido que me hable de la pintura y ella comprende que necesito despejar mi cabeza luego de eso.

Me habla de ese cuadro y luego le pido que me hable del siguiente y del que sigue, me limito a hacer preguntas de los cuadros viejos, de esa vida que no conozco de ella y que seguramente jamás volverá a ser igual, porque nada de lo que pueda hacer por ella conseguirá devolverle lo que le arrebataron injustamente.

Bella tiene el don de hablar largo y tendido y a mí me gusta escucharla. Y esta es una oportunidad perfecta para conocer esa vida que no me di el tiempo antes de descubrir. Me cuenta del tiempo que le tomó pintar un paisaje, y de los años que se tardó en aprender a pintar retratos. Me habla de un cuadro que hizo un verano que pasó enferma de varicela, porque de niña no le dio y a Charlie sí y él la contagió. El cuadro es un paisaje del mar, pero si se le presta atención hay pequeños huecos en la arena y protuberancias que pasan por olas en el mar.

—Una obra a la varicela.

—Así le puse yo —le levanto una ceja y se ruboriza—, tengo unas cicatrices de varicela en los tobillos que…

—Los he visto.

Tres apenas perceptibles círculos hundidos en su piel.

—Fueron los primeros que me salieron. Pasé dos semanas con guantes de cocina en las manos para no rascarme.

—¿Y ese?

Señalo un mono de nieve y cuando me cuenta que nunca ha ido a ver la nieve lo añado a la lista de cosas que ella merece conocer, aunque la idea no parece ser de su agrado.

—… me convertiría en un muñeco de nieve y muchas capas de suéteres. Puedo imaginarme perfectamente así —niego.

—Siempre puedo tenerte en una cabaña con calefacción.

Y de algún modo hablar de eso la hace preguntar por Heidi:

—¿Ese día ibas a casarte y decidiste llevarme a un tour por la ciudad?

—¿Honestamente? Pensé que en un museo te obligaría a quedarte callada un rato —sé que podría cortar la conversación y continuar con algo de sus cuadros, pero la he hecho hablar de ella y merece algo de mí a cambio—. Quería distraerme y estaba seguro que en cualquier momento llegaría Mateo o James para obligarme a despejar mi cabeza y bueno, se supone que vivía solo. Además, no podía seguir ignorándote y debía averiguar a qué clase de psicópata había invitado a vivir conmigo. No quiero decir que eras un distractor, pero mantenerme ocupado y preocupado en que no incendiaras el apartamento ayudaba a enfocarme en lo importante.

—¿Tardaste mucho en superar todo eso del compromiso?

Ladea la cabeza en espera de mi respuesta. ¿Lo hice?

—Tal vez... cuando la encontré con Peter, tal vez no lo tomé tan bien —admito.

—¿No tan bien?

—No sé qué esperaba, pero supongo que pensé que ella se mostraría arrepentida y él solo se iría.

—No fue así —comprende, y yo niego con mi cabeza.

Así que le cuento lo que ocurrió esa noche en que fui a sorprender a Heidi para pasar año nuevo juntos y el sorprendido fui yo. Le cuento incluso que golpeé a Peter cuando confesó que no era la primera vez, ni la décima, que llevaban viéndose a mis espaldas por medio año. Lo que fue un terrible error, porque el golpe consiguió que se desmayara y en lugar de alejarme de Heidi, terminé casi una hora esperando que el idiota se despertara mientras ella amenazaba con llamar a la policía si me atrevía a irme.

Y me quedé, llamé a Jasper y él consiguió lo que yo no intenté durante esa hora. Despertarlo con agua fría. Me llevé no solo la sorpresa de la infidelidad, sino también una serie de insultos como despedida, una discusión por mantenerme firme en romper el compromiso y una oferta a un matrimonio donde ella tuviera un amante y de paso yo me buscara a alguien también, porque esa era la superficial relación en la que caí sin darme cuenta.

Heidi jamás mostró arrepentimiento ni vergüenza, si acaso estaba molesta con haber sido descubierta a tan pocas semanas de la boda. Y mientras ella perdía la cabeza, yo recuerdo haber pensado que no tenía idea de con quién estaba en la habitación. No reconocía a Peter que había sido como un hermano para mí desde que éramos niños, fuimos a las mismas escuelas desde que nos mudamos a casa de Carlisle y coincidimos en la universidad. Peter fue la primera persona a la que le hablé de Heidi, y fue también él a quien le conté de mis intenciones de casarme con ella.

Recuerdo que intentó disuadirme con sus bromas y burlas; pero cuando le hablé de mi plan a Jasper, él dijo que si yo estaba seguro entonces no tenía sentido perder tiempo. ¿Peter y ella salían antes del compromiso o después? No lo descubrí y no me interesó saberlo más tarde.

No sé por qué clase de imbécil me tomaba Heidi, pero intentó disuadirme de no romper con todo lo que se le ocurrió. Intentó culparme por mis tiempos, culpó a la organización y el estrés de la boda; intentó engañarme con un embarazo; incluso cínicamente decir que había sido solo un error, un largo error de medio año; y cuando nada de eso funcionó, sugirió que le pagara con la misma moneda: una amante. Una amante porque al parecer serme fiel le era imposible. Tengo necesidades, Edward, no puedes solo irte cuando quieras y esperar que yo te espere aquí. Y finalmente cuando no le quedó de otra sugirió que nos casáramos y mantuviéramos su infidelidad en secreto, porque lo único que importaba era lo que dirían los invitados, no lo que podía pensar yo al respecto.

La expresión de Bella nunca se acerca a la lástima ni muestra destellos de sus inseguridades sobre mi excompromiso o el hecho de que ella apareciera en mi vida justo una semana después del rompimiento, si acaso parece cada vez más enojada por lo que escucha.

—Qué despreciable mujer —su mano se pasea en la piel de mi cara hasta enterrar sus dedos entre mi cabello. Y entonces noto algo más en su expresión: culpa.

Culpa porque Bella también me ha mentido, pero ni de cerca como Heidi.

—No fue solo la infidelidad, ella no estaba arrepentida, estaba molesta porque le arruinara la boda. Y no fue un desliz, ella llevaba medio año en esa relación —Bella desvía la mirada a mi cuello, y empujó con mi mano su mentón hacia arriba para que vea mis ojos. Necesito que lo entienda.

—Yo... —la silencio poniendo mi pulgar sobre sus labios, sacudo mi cabeza, no quiero escucharlo.

—No te lo cuento para que me lo digas. Esme dice que todo pasa por algo, y creo que puede que tenga un poco de razón. Si no lo hubiese descubierto, entonces no te habría conocido a ti. No necesito saberlo, pero cuando tú quieras contármelo entonces... yo voy a estar aquí para escucharlo.

Incluso aunque no quiera escucharlo.

—¿Incluso si no te gusta lo que vayas a oír?

Es un hecho que eso no me va a gustar y sé que será mucho peor escucharlo de su boca.

—No te ofendas, pero cada cosa nueva que hemos descubierto no me ha gustado. Estaré aquí para ti cuando estés lista —le aseguró cuando su rostro vuelve a verse decaído.

—Cuando yo... —y para suerte de ambos el celular suena en mi pantalón en ese preciso momento. Salvados por la campana, supongo.

—Tenemos tiempo —le aseguro.

Bella responde el teléfono, es una videollamada, suspira antes de responder y sonreírle a su hermano menor.

—Mira dónde estoy —le dice Bella mientras camina alrededor de la sala mostrándole sus cuadros.

—Estás en un museo —grita Charlie, Bella se detiene frente a uno de sus cuadros viejos—. Son tuyos. Tienes tu propio museo —Bella se ríe y le explica que está en una galería y lo que eso significa—. Es un museo —debate Charlie—. Edward va a ponerse muy feliz por mí.

—¿Por ti?

—Solo necesitamos contratar payasos y será el mejor museo que nadie haya visto.

—Creo que estás confundiendo los circos con los museos.

—La que está confundida eres tú. Gira, quiero ver más.

Me quedo de pie frente al cuadro que debió ser el regalo a sus padres. Bella sigue riéndose con Charlie de alguna ocurrencia del niño y no puedo evitar sonreír. Lo único que le hace falta es su hermano y eso no puedo dárselo, al menos no todavía. Mi celular vibra en ese momento, es un mensaje.

Watson, tu paquete sorpresa acaba de llegar.

Sonrío.

¿Esto te convierte en Holmes?

Vuelve a responder:

No voy a decir que en tu paquetería personal. Así que sí. ¿Le gustó la galería?

Le tomo una foto a Bella mientras está de espaldas hablando con Charlie. Angela envía corazones de respuesta. Por esto mi única amiga es Tanya y ella jamás me enviaría corazones como respuesta.

Va a amar la sorpresa.

Bueno, esa es la idea.

Y unos días después lo hace, por supuesto.

Contacté a Angela para que pudiéramos planear el envío de los cuadros de la mamá de Bella. Sus padres no pusieron objeción e incluso insistieron en pagar ellos la paquetería, pero eso era innecesario y su ayuda era más útil asegurándose de envolver los cuadros con todas las precauciones posibles para evitar cualquier incidente. Me llevé una grata sorpresa al recibir los cuadros. No sé qué esperaba que pintara la madre de Bella, pero no creí que serían retratos de su familia. Así que es incluso mejor de lo que tenía planeado para ella.

Y Bella lo piensa igual.

Recuerdo que cuando me puse a buscar casas, a Heidi le gustó ésta. Lo primero que dijo fue que estaba en una zona muy exclusiva, que el vecino sería un candidato a diputado, que el vehículo de la casa del frente valía una cantidad ridícula, que había varios clubs alrededor donde solo las personas de cierto estatus podían acceder y que por vivir aquí tendríamos ese privilegio.

La casa le gustó, creo. Era más grande que las dos de al lado, tenía un mejor jardín en el frente, el árbol era más alto y por lo tanto llamaba más la atención. Las ventanas eran las más grandes y podría abrir las cortinas para que las personas que pasaran vieran nuestra bonita casa.

Y la chimenea -siempre y cuando yo me encargara de contratar a alguien que la limpiara para que se viera elegante y limpia- a ella le gustaba también. El comedor amplio era magnifico para recibir visitas de nuestros amigos y poder presumirles nuestros bienes; el patio era perfecto para añadir una piscina, un espacio para parrillas y una zona de juegos para niños, Heidi se veía siendo la envidia del resto de madres del colegio de renombre al que decía que enviaría a nuestros hijos y la esposa impecable que sobresaldría entre el resto de mujeres del vecindario.

En retrospectiva las señales siempre estuvieron ahí.

Sin embargo, no fue solo culpa de Heidi. Fue mi culpa también. Yo también aprecié esos detalles de la casa, era la que sobresalía, la de más grandes ventanas, mayor terreno, mejor diseño, paredes más altas. Sí, Heidi era una adicta a las compras caras, yo me sentía orgulloso de pasar la tarjeta para comprarle esas cosas que quería. Elegíamos los mejores hoteles para escaparnos de fin de semana. Los destinos de moda del momento. A Heidi le encantaba tomarse fotos y subirla a nuestras redes sociales, lo mismo que a mí. Mis cuentas estaban llenas de esas superficialidades que presumíamos a la par.

Heidi era perfecta para el hombre en que me convertí. Tenía una lista de la mujer perfecta, porque cuando tienes dinero no puedes comprar afecto, sin embargo se convierte en un reto atraer la atención de la mujer más deslumbrante de la habitación. Heidi era el centro de atención de todos los hombres en las reuniones y yo la creía mía como si fuese un objeto más allá de la persona que quería. Por supuesto que pensé que la amaba, pero ahora entiendo que me obsesioné con ella. Con toda esa vida que me convencí que quería, la casa perfecta, la mujer perfecta, el paso a paso de mi lista para tener una vida perfecta.

Y cuando encontré a Heidi con Peter fue el balde de agua fría que necesitaba para despertar. Eliminé mis redes sociales que mostraban esa vida vacía que me esforcé tanto en tener para tener de qué presumir. Me di cuenta hasta entonces de lo que sacrifiqué por alcanzar esa idea: mis amistades, mi familia, mi trabajo.

Y luego apareció Bella.

Que no tenía absolutamente nada ni a nadie. Que parecía querer desaparecer en los salones aborrotados de personas, que se incomoda ante la opulencia de los restaurantes elegantes, que prefiere una soda antes que una copa de vino, que sonríe en grande por una pizza, que lo que más le gustó de mi casa en la playa fue que podía disfrutar tiempo con su hermano en la playa. Bella se convirtió en un ancla al mundo real.

Mi padre tenía razón en algo esa última vez que estuvo en el apartamento: yo era un niño mimado. Siempre lo tuve todo y nunca estuvo en duda si podría conseguirlo porque sabía que no había nada que pudiera evitarme alcanzar eso. Tuve una vida fácil a pesar de todo. Alice no, mi hermana a pesar de ir a colegios y escuelas caras no tuvo mi crianza, Carlisle era un padre poco permisivo. Cuando Alice llegó a los quince años comenzó a llevarla a trabajar a su oficina para que se ganara la vida. Si Alice quería ir de viaje entonces tenía que hacer méritos para conseguirlo, si quería algo de una tienda entonces debió tener un comportamiento impecable con Carlisle y mamá. Alice era constantemente castigada por su rebeldía. Yo no.

Apenas detectaba que estaba en problemas sabía que mi padre estaría ahí para anticiparse a los castigos de mamá. Y si papá no cedía sobre algo solo tenía que mencionar el nombre de mi padrastro para que me lo diera. Así que al final, supongo que la infidelidad fue lo que necesitaba para aterrizar a la realidad.

Bella se despierta y levanta su cabeza de mi pecho, sonríe.

—¿Te gustó la casa? —le pregunto mientras mis manos pasean por su espalda. Estamos acostados en el suelo de su estudio luego de haber hecho el amor por segunda vez.

—Me encantó la casa —asegura y da unos golpecitos al suelo— sobre todo este piso, muy cómodo.

—Me alegra que pienses eso, necesitaba corroborarlo.

Miro hacia la pared donde está colgado un retrato de Bella, una versión más juvenil de ella, fue una grata sorpresa descubrir que la madre de Bella pintaba retratos familiares.

—Tenía dieciséis —me dice siguiendo la dirección de mi mirada—, no era muy agraciada y tenía mucho acné —se señala el borde de su rostro que se acerca al inicio de su cabello.

—Yo pienso que eras muy bonita.

Bella sonríe, con la misma sonrisa que tiene su retrato.

—¿Quieres que nos vayamos ya o pido pizza a domicilio?

Su sonrisa se amplía mientras sus manos van a mi barba de un par de días, su dedo índice delinea el contorno y salta a mis labios. Da un par de golpecitos.

—Aun no me enseñas el jardín.

Sonrío.

—Es amplio, podríamos hacer una alberca.

—¿No es peligroso para los perros?

—No sé si es peligroso para Charlie.

—Mi hermano sabe nadar. ¿Escuchaste que dije perros?

En plural.

—No vas a convertir el patio en una perrera.

Hace una mueca de disgusto por no salirse con la suya.

—Pero tú podrías tener un perro y yo otro.

—Creo que vas a necesitar tener otra de esas reuniones acaloradas en mi oficina para convencerme.

No es un no, aunque tampoco es un sí.

—Ten por seguro que iré una vez que encuentre argumentos para hacerte cambiar de opinión.

Ya la quiero ver intentarlo.

¡LO QUE SIGUE ES UNA ESCENA QUE PERTENECE A UMSC II, SI NO QUIERES LEERLA PUEDES SALTAR HASTA EL SIGUIENTE SALTO TEMPORAL QUE ESTÁ EN NEGRITAS!

LUNES, 11:25

La puerta se abre sin aviso y Jasper entra a mi oficina, cuando levanto el rostro del celular me encuentro con su rostro con un golpe por encima de la ceja y su labio partido.

—Espero que haya quedado peor —le digo en espera de escuchar el resto de la historia.

—¿Para qué me llamabas? —pregunta en lugar de darme algo de información al respecto.

—Quería mostrarte un proyecto en el que estoy trabajando. ¿Está todo bien? —levanto el mentón apuntando hacia él.

Jasper no responde porque justo en ese momento la puerta vuelve a abrirse y entra James, se quedan de píe ambos mirándose con disgusto, él también trae un morete en el pómulo derecho.

Miro de uno a otro.

—Bueno, ¿van a contármelo?

—No tengo nada de qué hablar —dice secamente James sin mirar hacia Jasper.

Miro a Jasper.

—¿Y se supone que nadie va a sospechar que se golpearon entre sí?

—Vine a revisar un asunto contigo, Edward. No a hablar de mis problemas, mucho menos con Jasper.

—Bueno, llegué antes, tenemos un proyecto importante que requiere mi opinión.

Jasper dice sin sutileza, recordándole que la empresa lleva mi inicial y la de él en su nombre.

—Estoy harto de ser el último en enterarme de todo. Así que a la mierda, ¿Qué pasó ahora?

Jasper no responde.

—El señor no te metas en mi vida, se metió en la mía —responde James.

—¿Es mi culpa que seas un idiota mujeriego? —la pregunta de Jasper es retórica, pero recibe en respuesta una mueca de enojo por parte de James.

Le levanto una ceja a James esta vez.

—Le contó a Tanya lo que pasó con Alice —me explica.

Ahora miro a Jasper.

—¿Y eso fue una mentira?

—No me hagas darte otra paliza, Jasper.

—¿Quieres intentarlo?

Ambos dan un paso hacia el frente a punto de encontrarse.

—En mi oficina no.

Me pongo de pie para estar a la altura de ellos. No voy a permitir que utilicen mi oficina para un segundo round.

—Tengo demasiados problemas justo ahora para lidiar con ustedes. Supéralo James, si dormiste con Alice tarde o temprano iba a descubrirlo Tanya. Y por otro lado, ¿no se te ocurrió pensar que Tanya iba a enfadarse con Alice? Si pretenden salir con ellas tendrán que lidiar con sus problemas de otro modo.

Me siento de nuevo.

—¿Alice sabe lo que hiciste? —le pregunto a Jasper.

—James se lo contó.

Lo que explicaba el golpe de James.

—¿Y por eso lo golpeaste?

—No.

—Le dije que debía meterse en sus propios problemas con Alice, como el hecho de que ella no quiere entrar en su ridículo plan.

Bueno, eso sí lo explicaba bien.

—Puede que no quiera mi plan, pero me quiere a mí. ¿Puedes decir lo mismo de Tanya?

Suficiente.

—Sus problemas son un juego de niños y ahora mismo tengo problemas más importantes.

Esta vez miro a James y asiente comprendiendo que él es quien debe salir. Una vez que cierra la puerta, vuelvo mi atención a Jasper.

—¿Resolvieron los problemas tú y Alice?

Después del incidente en casa de mis padres no he tenido tiempo de hablar de esto con él, o más bien he evitado esta conversación, sé que son las tierras movedizas que he ignorado desde que me enteré de la relación de mi hermana y él, pero supongo que ha llegado la hora de tener esta charla. Lo que es gracioso porque Charlie la tuvo conmigo al día siguiente de empezar a salir con Bella.

—No todavía, tengo un plan para hablar sobre el tema —y sonríe, reconozco esa sonrisa.

—No lo hagas —le aconsejo con el tono de voz que esta conversación merece.

—¿Qué no lo haga? —entrecierra los ojos.

—Eso dije.

—Vas a mudarte a una casa con una mujer que llevas conociendo tres meses, se mudó a tu piso luego de unas horas de conocerla, pero soy yo quien no debe hacerlo —hoy no está de buen humor.

—Múdate con Alice. No le propongas matrimonio.

Jasper bufa en respuesta.

—Cuando me dijiste que ibas a casarte con Heidi…

—Lo sé, sé que me apoyaste. Y sé que has sido mi porrista en cada decisión buena o mala que he hecho.

—Qué imbécil, no he sido tu porrista, he sido un amigo. Del tipo que no se folla a tu prometida —está enojado y ahora me echa en cara mi amistad con el idiota de Peter, quien no sólo se quedó con Heidi sino que se aprovechó de mi hermana. No voy a insultarlo, me digo, James ya perdió los estribos con él y no haré lo mismo yo. Respiro profundo antes de elegir con cuidado mis siguientes palabras:

—Jasper, no hay nadie mejor para Alice que tú. Solo que no es lo que ella quiere.

—Alice no sabe lo que quiere, es joven y cree que no merece esto, pero yo sé que lo merece y yo sé que puedo darle todo eso.

—Estoy seguro que sí, pero… —reordeno mis ideas—. Tal vez, no tiene que ser con un anillo.

Me apunta con su dedo índice de manera acusatoria.

—Cuando Alice quiso abrir la cafetería tú no quisiste apoyarla, y yo te convencí de hacerlo.

—Lo recuerdo.

Extiende un segundo dedo enumerando sus argumentos.

—Y cuando ella dijo que estudiaría administración de empresas nadie creyó que fuera a terminar esa carrera, pero yo sí lo hice.

—Lo sé.

Añade un tercer dedo a la cuenta:

—Y yo sabía que iba a ir por mí y que no sería el tipo de una noche para ella, lo sé. Porque me conozco, la conozco a ella y sé exactamente lo que podríamos tener.

—Va a decirte que no —pone una mueca de disgusto—. Es mi hermana, reconozco que la he subestimado antes, pero cuando ella ha dicho que hará algo entonces lo hace. Quería una cafetería, tiene cuatro. Quería una camioneta, la tiene. Rescatar perros, tiene dos. Cada cosa que ella ha querido la consigue. Múdate con ella, no le propongas matrimonio. Si algún día ella quiere casarse posiblemente se arrodille con un anillo, es Alice.

Jasper sacude la cabeza.

—Ya esperé demasiado, Edward.

—¿Y qué pasaría si dice que no?

Resopla y ríe encontrando absurda mi pregunta.

—Voy a casarme con ella, Edward. ¿Podrías dejar de ser tan amargado al respecto?

—¿Por qué no lo hablas con James antes? —intento convencerlo, James conoce a Alice incluso más que yo.

—Ese idiota me golpeó, fui a ayudarlo con Tanya y mira cómo reaccionó el cavernícola. Lo que sea que James me diga no lo voy a creer, porque lo creo capaz de vengarse de esa manera para arruinarme mi oportunidad con Alice.

—Bueno, no debiste decirle a Tanya sobre ellos…

—No sabía que ella no lo sabía, y tampoco sabía que el idiota iba a perseguirla después. Es James. Y ella es Tanya y es mi amiga, no iba a no hacer nada al respecto.

Suspiro.

—¿Entonces vas a…

Asiente y sé que lo que yo pueda decir está de sobra aquí.

—Bueno, solo puedo aconsejarte no usar fuegos artificiales.

Jasper se ríe.

—¿Y cuándo le dirás?

—Pronto.

Me obligo a sonreírle y decirle que todo irá bien, pero creo que cualquiera que conoce a Alice un poco sabe cómo va a terminar esa velada.

¡HASTA AQUÍ!

Viernes, veinte minutos después de que Bella le enviara el mensaje de texto

Pensé que estaría preparado cuando el momento llegara. No es así.

Necesito verte… hay un incendio.

Releo el mensaje una vez más mientras el elevador me lleva a mi piso. ¿De qué puede tratarse si no es sobre su pasado? Ella quiere hablar de esto.

Apenas abro la puerta, mis ojos se encuentran con ella, está sentada en el sillón, se pone de pie de golpe, nerviosismo y miedo es lo que describe su expresión.

—¿Qué tal estuvo tu día? —se sienta, pero sus rodillas tiemblan, sus manos tiemblan, todo ella lo hace y parece luchar consigo misma.

—¿El tuyo? —pregunta sin responder.

Me parece que sólo está por empeorar.

—Bien.

—Bien… ¿tienes un minuto?

Asiento. Pero no dice nada y se me ocurre empezar a mencionarle mi plan.

—Estaba pensando en hacer la mudanza la siguiente semana, ¿qué dices? Podemos ir moviendo tus cuadros y nuestra ropa.

—¿La mudanza? —pregunta Bella confundida.

Le cuento de mi plan de mudarnos y pintar después, dejar algunos muebles aquí y lentamente comprar los que nos hagan falta después. No puedo dejar todos los muebles, bueno, de hecho solo no quiero llevarme el comedor y posiblemente podría dejar las sala para conseguir una que se adapte al espacio de la casa. Pero en lugar de que mis palabras ayuden a tranquilizarla, parecen conseguir el efecto contrario. Insisto e intento convencerla con mudarnos ya, este fin de semana si me lo pide, ir a viveros para arreglar juntos el jardín.

Sacude la cabeza.

—Edward… Edward yo… yo… no puedo —niega repetidas veces—, no puedo. Lo siento. Perdóname, por favor, pero no puedo. Creí que… que… no puedo.

¿No puede mudarse? ¿No puede contármelo? ¿No puede qué?

—Claro que puedes —vuelve a sacudir la cabeza mientras las lágrimas se juntan en sus ojos.

Me pide que le prometa escucharla sin interrupciones, Jasper me advirtió que esto no sería sencillo y ni siquiera ha empezado a hablar y ya sé que no quiero oírla contarme de eso. Ya es difícil imaginarla en esa situación, no quiero su versión de la historia. Pero no es acerca de lo que yo quiera, sus ojos se quedan fijos en mí esperando mi respuesta.

—Te escucho.

¿Qué te pareció el capítulo de hoy?

Recuerda que no hay mayor motivación para mí que sus comentarios, de ellos aprendo más de lo que se imaginan.

¿Te has quedado con las ganas de saber lo que va a escuchar Edward? Mañana subiré un adelanto de mil palabras por allá, de esa conversación. Puedes encontrarlo en:

Instagram: Anbeth Coro

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Mi página de FB: Historias de Anbeth Coro

Un abrazo