Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

Confesión, conflicto y confusión

Angielizz (Anbeth Coro)

GRACIAS GRACIAS

Él

James Quinn – A gentle sunlight

Bella me enseñó tres cosas del amor:

Dar o recibir no es lo importante, es acerca de estar, solo estar. Ni citas elegantes, ni regalos costosos, la presencia basta. Y a veces solo estar cuesta más que todo lo otro.

No se trata de anteponer la felicidad de ella sobre la mía, ni la mía sobre la de ella, es encontrar el equilibrio en que ambos podamos conseguirlo. Y cuando su felicidad se derrumba entonces poner mi esfuerzo para mantener en equilibrio la balanza.

El amor no es condicionado. Estás para la otra persona sin términos ni condiciones, y eres lo que necesitas que sea: un extraño, un compañero de piso, un amigo, un falso novio, un novio real, la persona que guarda tus secretos. Amas cada parte de esa persona: sus defectos, manías y pasados incluidos.

Aunque eso no lo vuelve más sencillo.

Bella inspira hondo y cuando habla lo hace con voz baja, como si sus palabras pudieran llegar a otros oídos fuera del apartamento.

—Cuando Eric me echó, no tenía idea de a dónde ir… empecé en un motel barato, luego renté un apartamento pequeño amueblado mientras conseguía empleo —su cabeza se mantiene en mi dirección, pero sus ojos se quedan bajo mi cuello—, pero el poco dinero que tenía conmigo se redujo muy rápido. Me mudé a las afueras de la ciudad a un lugar más económico, y empecé a vender algo de lo que llevaba conmigo. Empecé con dos maletas de ropa y terminé pronto con una mochila. Había pensado que el restante de la herencia me duraría tres meses, pero apenas tenía algo de eso cuando había pasado un mes. Y seguía sin conseguir empleo. Desayunaba tarde, buscaba empleo, cenaba temprano y me iba a dormir. Me limité por unas semanas a esa rutina. Hasta que el dinero era el de una semana. Y entonces una vecina lo sugirió, dijo que era joven y bonita y que no debía sufrir por eso...

Y es una suerte que ella no me mire a la cara porque soy incapaz de mantener mi rostro inexpresivo. Puedo imaginarla empezando su vida en una nueva ciudad, sin nadie a quien recurrir, sin sus padres, sin su hermano, sin dinero y sin saber cómo hacerlo todo por su cuenta.

—Yo tenía un plan —sacude la cabeza— estudiaría para ser dentista como papá y pintaría en mis ratos libres —retuerce sus manos sobre su regazo—. En lugar de eso, me fui del edifico que rentaba y busqué refugios para personas de la calle —con que así es como llegó a ese lugar—, ahí dormía la gente y te daban de comer gratis, no tendría que preocuparme por la renta y podría buscar un trabajo mientras tanto... sonaba muy fácil. Yo de verdad quería que funcionara eso. Todo lo que tenía entraba en esa mochila, el dinero, la ropa, todo. El refugio me dio unos días extras, comida gratis, techo gratis, pero nada de paz. Ni siquiera me atrevía a quedarme dormida porque estaba lleno de personas alcohólicas y drogadictas, y esos días me bastaron para escuchar todo tipo de historias horribles de las mujeres para saber que me había equivocado. Fue la única vez que le llamé a Tía y le imploré volver, pero no le importó nada de lo que le conté. Sólo me recordó que no tenía a nadie.

Cuándo pensaba que mi odio a la mujer no podía aumentar, lo hace.

—¿Qué pasó después? —intento que mi tono de voz sea bajo y tranquilo para infundirle la confianza que necesita para continuar.

—Vendí el celular. Encontré un pequeño apartamento con pocos muebles. Seguía buscando empleo, pero cada vez era más difícil siquiera que me dejaran pasar, yo… no sabía qué hacer, ni siquiera tenía a quien llamar para pedir ayuda. El único número que sabía de memoria era el de la casa y Charlie no podía hacer nada por mí. La vecina del primer lugar en el que viví lo había sugerido, yo era joven y bonita y había muchos bares y… —Bella hace una pausa más larga esta vez—prostíbulos alrededor —calla por unos segundos y como yo no digo nada ella continúa—. Llegué a ese bar, lo había sugerido mi vecina como uno de los decentes… entre lo indecente. Don era casi humano con ellas. Me dio a elegir desde el principio, lo único claro que tenía es que debía tener la puerta de salida para irme de ahí cuando quisiera, así que él aceptó mis términos y yo los suyos.

Los malditos términos de los que ese idiota me habló, hago puños mis manos y espero.

—Él se quedaba con el cuarenta por ciento de mis propinas, tenía prohibido hacer escándalos, pero podía hacer uso de los hombres del bar cuando creyera que algún cliente se propasaba conmigo, no iba a prostituirme, pero tampoco iba a ser una mesera convencional —baja la mirada al sillón. Cuando vuelve a hablar su voz se vuelve más baja y luchar contra su llanto la hace tartamudear—. Tenía que usar los disfraces, faldas cortas, corsés, ropa interior, ese tipo de cosas —jala aire— y, por supuesto, bailaba. Un día a la semana tenía que subir al escenario y bailar… tenía un disfraz de látex negro, con orejas de gato —de ahí el apodo, comprendo—. Se ajustaba a cada centímetro de mí, pero era mucho mejor que nada… al principio fue aterrador y humillante, pero si pensaba que se trataba de mí entonces todo era peor, con los meses era como si viviera a través de alguien más, como si fuera solo un objeto con ojos, era mi propia película de terror y todas las noches volvía al mismo lugar sin falta… porque necesitaba el dinero. No era la vida que había imaginado para mí, pero… no tenía otra opción.

Agacha más la cabeza ahora mirando a sus rodillas, sacude la cabeza y respira hondo antes de seguir.

—No era dinero fácil —niega—, nunca lo ví así, pero nadie quería contratarme, y los que querían pretendían pagarme con dinero que no era suficiente. Tía dijo que si yo pagaba los gastos de Charlie entonces cuando el pudiera elegir habría demostrado que era capaz de tenerlo. Él se convirtió en mi única meta. No sabía que sería de mí al día siguiente, vivía un paso a la vez, sin planes de otro tipo… Hasta que un día se me ocurrió que si me mudaba a un lugar más pequeño y barato podría juntar dinero, irme pronto y reiniciar mi vida… no contaba con que iban a duplicarse mis deudas semanas después. Charlie había enfermado y Tía me pidió dinero, mucho dinero… ella dijo que las medicinas eran caras, ni siquiera lo dudé —sacude la cabeza, mis dedos se encajan las palmas de mis manos con furia, esa mujer se las ingenió una y otra vez de hundir aún más a Bella—. Ahora entiendo que eso también fue una mentira, como no tenía ese dinero le pedí un préstamo a Don. Sabía que era un error, sabía que era peligroso, ellas me habían advertido que no cometiera ese error, pero era mi hermano… creí que era para él. Los intereses eran ridículos y… había un contrato —niega varias veces—, si no hubiese creído que Charlie lo necesitaba yo no habría firmado, pero creí que él estaba enfermo, no podía perderlo a él.

Lo que tiene sentido porque sólo eso explicaría porque se atrevió a firmar a pesar de saber las consecuencias de hacerlo.

—Yo pensé que podría pagar la deuda a tiempo, pero Don era más listo que yo, redujo mi tiempo en el bar, me cambió la hora en el escenario y me dio el día en que menos clientes iban. Así que mis propinas se redujeron muy rápido. Nadie quería darme empleo, sabían que trabajaba en ese bar y no querían problemas con Don, ni siquiera pensé que fuera peligroso hasta entonces. Así que… reduje mis gastos al mínimo, y luego cuando ya no tenía tantos gastos, pero tampoco dinero, comencé a limitar mi comida. Fui quitando una comida a otra, y de pronto mis ganancias eran tan pocas que solo podía comer una vez al día, seis días de la semana, y luego cinco hasta que comía una vez cada dos. Yo estaba sobreviviendo, apenas. Intentaba pasar la mayor parte del día durmiendo, no era tan difícil porque estaba cansada y el hambre me tenía… débil. Unos días antes de que aparecieras no conseguí reunir el dinero a tiempo… yo… él me dijo que tenía que pagar de un modo u otro. No tenía alternativas.

Bella pasa sus manos por sus mejillas, pero mantiene su cabeza gacha y yo tengo que obligarme a quedarme quieto en mi lugar, aunque lo único que quiero es pedir que calle, que no necesito escuchar más.

El resto de la historia lo sé, el cliente que intentó subirla, que la llevé a mi apartamento, la comida de esa tarde que resultó ser mucho más de lo que había comido el resto del año. Lo que no sé es lo que la llevó a que terminara por aceptar vivir conmigo.

—Mientras metía mi ropa a la mochila para irme contigo estaba decidida a no regresar ahí, sabía que si me iba no podría volver, intentar escapar de Don era lo más peligroso y estúpido que podía hacer, pero si no tomaba esa oportunidad, yo iba a terminar como ellas y jamás tendría a Charlie... Eras un desconocido y yo era una completa extraña para ti, ¿qué razón podrías tener para ayudarme y llevarme a vivir contigo? Habría aceptado lo que fuera que me propusieras con tal de dejar ese lugar, lo que sea que me alejara de Don —sacude la cabeza y sorbe por su nariz. Y entiendo lo que no se atreve a decir: si yo le hubiese pedido a cambio de mi generosidad sexo, ella habría aceptado—… pero tú eras solo amable conmigo, y nunca insinuaste nada ni me miraste inapropiadamente. Y demasiado pronto confié en ti, no lo notas, pero lo hice. Los hombres que me rodeaban siempre querían... —sé exactamente qué— algo, pero no tú. No fui honesta contigo. Ni con lo que hice antes, ni con mis motivaciones para venir aquí, ni con el tipo de persona que yo soy —enlista con tono culpable—. Pero no pensé que fuera a surgir nada entre nosotros. Pensé que iba a salir de aquí en uno o dos meses. Si hubiera pensado que iba a enamorarme de ti yo... —un sollozo escapa de sus labios y se cubre el rostro—, yo ni siquiera habría venido aquí en primer lugar. Mis sentimientos por ti son reales, mi deseo a estar contigo es real, todos los planes que tienes son un sueño para mí —se quita las lágrimas con la manga de su blusa—, pero los sueños no son reales. La Bella que crees conocer en realidad no es... no es real.

Está tan equivocada.

—No te culpes por nada de esto, hiciste todo lo que podías hacer por mí. No quería mentirte, pero sabía que cuando te lo dijera yo iba a volver a esa vida. Eres tan bueno, demasiado bueno.

—Tú no vas a volver a esa vida —mi voz suena cargada de ira. Por supuesto que no lo hará.

—No quise decirlo así, claro que no… yo… —llora más fuerte que antes y ese es mi límite.

—Mirame —niega de nuevo, obligo a que levante el mentón con mis manos, pero tiene los ojos fuertemente apretados— Bella.

—No quiero ver tus ojos mirarme así.

—¿Así cómo?

—Como lo haces en mis sueños. No quiero ver que me mires con odio por mentirte. Dejame eso, por favor, déjame creer que tú no me mirarías así.

Su voz suena estrangulada al hablar y me golpea con fuerza darme cuenta de lo mucho que ha temido mi reacción.

—No voy a mirarte así —le aseguro.

—No quiero que me mires con asco.

—Nunca lo haría —le juro. Nunca lo he hecho.

—Me voy a ir por voluntad.

—Bella.

—No es seguro que yo siga aquí. Si Peter tiene esos videos es porque Don sabe de mí.

—¿Qué videos?

Pero sé exactamente de cuales videos habla. Ese maldito idiota los tuvo todo este tiempo. Ni siquiera había considerado que Peter hubiese actuado con prisas, demoramos iniciar el ataque contra él porque sabía que buscaría cualquier punto débil para contraatacar, pero él se preparó con anticipación.

Y entiendo todo este mar de lágrimas y nerviosismo que es ella.

Por Peter es que ella me lo está contando, he esperado semanas a que ella sintiera la confianza de venir a contármelo por su cuenta, y él nos ha arrebatado eso también. Bella me lo cuenta porque está asustada, porque contármelo es lo único que puede funcionar para que ella continúe aquí, porque sabe que no la dejaré sola para enfrentarse a Don con esa deuda o no lo sabe y...

—Llegó un disco duro con los videos de seguridad del bar. Venía el nombre de él. Creo que quiere chantajearte para que detengas la demanda, pero no puedes hacerlo, porque nada asegura que no los usara igualmente. Y eso no importa.

—Bella —niega de nuevo.

—Escúchame, si él tiene esos videos es porque encontró a Don. Tú también estás en peligro, Edward, si descubre donde estoy vendrá por ti también —el miedo que le tiene a ese despreciable monstruo es evidente; me queda claro que más que escapar de mí quiere mantener la distancia para alejar al peligro de mí. A pesar de todo lo que ha pasado, ella piensa en lo que cree que es mejor para mí. Me acerco a ella, aun tiene los ojos cerrados mientras las lágrimas siguen bajando—. No voy a permitir que mis errores te alcancen a ti... —cubro su boca con mi mano silenciándola ahora.

—Lo sabía.

Sacude con terquedad su cabeza negándose a aceptar mis palabras.

—No lo hagas más difícil, no te pondré en peligro por mí —dice contra mi mano y las lágrimas siguen descendiendo.

—Bella... —respiro hondo y exhalo, ella merece que sea honesto con ella— lo he sabido todo desde hace más de un mes.

Sus ojos se abren enormes esta vez, nos quedamos unos segundos en total silencio, sus ojos van y vienen por mi rostro intentando descifrar mis intenciones, cuando creo que se mantendrá en silencio retiro despacio mi mano de su boca solo para moverla a su mejilla, quito sus lágrimas con lentitud.

—Lo sospeché la noche que James encontró los testamentos —continúo, sabiendo que es mi turno de explicarlo—. No quería que interviniera alguien más en esto, pero necesitaba saberlo, anticiparme a lo que fueras a decirme para poder cubrir tus pisadas.

—No lo entiendo —su voz es baja y confusa.

—James es observador, fue a tu edificio, le di una foto tuya y una vecina te reconoció, con otro nombre —sus ojos se abren grandes de comprensión—. Cuando me hablaste de tu secreto, al principio creí que se trataría de estafas o robo o que tú consumías drogas. Pero no tenía sentido. Porque habría notado que mi compañera de piso es una drogadicta, ¿no? O habrías robado algo en la primera noche que estuviste aquí. O habrías buscado un modo de embaucarme para quitarme dinero. Y realmente quería eso.

Bella baja la mirada y mueve su cabeza de un lado a otro.

—Por supuesto que querías eso.

—Y luego lo pensé, ¿qué otra cosa podría tenerte tan asustada que no fueras capaz de decirme? Así que por unos días me aferré al peor escenario para que no fuese tan difícil cuando lo corroborara.

—Pero no fue más fácil.

—No. No lo fue —admito, paso mi otra mano sobre su brazo donde está el anticonceptivo bajo su piel, baja la mirada a donde la tengo sujeta y se muerde los labios—. Yo pensé que podría tolerar lo que descubriera —mira de nuevo hacia mí con su ceño caído—. Estuve en tu apartamento solo unos minutos y fue insoportable imaginarte ahí. Tu arrendador anterior terminó de armar el rompecabezas para nosotros.

—Él te habló de Don —adivina. Asiento.

—Lo mencionó. Así que fuimos a ese lugar.

Jala aire de manera ruidosa al tiempo que niega con su cabeza.

—Es el peor modo en que pudiste enterarte —las lágrimas vuelven a ceder y su llanto llena de nuevo la sala. Rompo la distancia y paso mi brazo por sus hombros para acercarla a mí, su cabeza se recarga en mi pecho y la aprieto intentando evitar que siga quebrándose, dejo mi mentón sobre el tope de su frente.

—No digo que fue fácil… no tenía idea de qué hacer —admito hablando contra su piel—. Una parte de mí quería confrontarte… la otra parte de mí quería entender por qué no me lo habías contado después de todo por lo que habíamos pasado juntos.

Bella separa su cabeza de mi pecho y permito que tome distancia otra vez, se queda observándome unos segundos.

—No sabías si te amaba —dice bajando la vista a mi lunar—, dijiste que no sabías si te amaba, pero también dudaste sobre lo que sentías por mí.

Tardo unos segundos en comprender a lo que se refiere hasta que lo sé, una mañana tuvimos esta pequeña discusión sobre mis sentimientos por ella, le dejé creer que había hablado con mi padre y había creado esa confusión en mí, pero ahora ella sabe que eso era mentira. Que lo que creo la confusión fue descubrir su secreto.

—¿Lo que Don te dijo te hizo dudar de lo que sentías por mí? —vuelve a preguntar con sus labios temblorosos, niego y me acerco a ella. Quito las lágrimas de sus mejillas otra vez antes de besar sus labios con firmeza.

—Por supuesto que no.

—Yo no dormí con ellos. Yo no…

—Shh —cubro su boca con la mía esta vez, muerdo su labio inferior antes de abrirme espacio en su boca, la beso hasta que sus manos van a mi cabello para profundizar el beso, ella está aquí, conmigo, a salvo, tengo que repetirme, todo eso de lo que me habló está en el pasado, en un pasado que no puede volver a hacerle daño. Me separo despacio de nuevo, dejo besos fugaces contra sus labios antes de recargar mi frente contra la de ella—. No habría cambiado mis sentimientos por ti incluso si la respuesta fuera otra. Solo quería entenderte, pero entre más pasaba el tiempo, menos quería escuchar tu versión de la historia —la separo solo lo suficiente para sujetar sus mejillas con mis manos—. Si esta era la Bella que querías ser entonces quería que fueras libre de olvidar tu pasado, pero sabía que en algún momento tú estarías lista para hablarme de esto.

—Pero no es así —me interrumpe.

—¿No es así? —niega.

—No soy libre de nada. Todavía le debo dinero, quería pagarlo, pero no quería llevar el dinero si no tenía la cantidad completa y ahora él va a...

—Eso está resuelto —le aseguro. Levanta sus cejas.

—¿Lo está? —el alivio cruza por su rostro.

—Encontré tu lista de deudas en el apartamento. Pagué eso.

Baja la vista a mi cuello y niega perdiendo la breve tranquilidad.

—Esa lista no son mis deudas, eso es una parte, tengo que pagar los intereses y… no estoy segura que eso sea suficiente para él, me fui sin avisar y sin pagar. No sé si en realidad va a dejarme ir. Tengo que irme ahora antes de que me busque, si Peter le dijo dónde estoy él…

—Bella —interrumpo su perorata, sus ojos con lágrimas acumuladas se detienen en mí—. Está pagado —repito.

—¿Todo?

—Por completo. Él no vendrá a buscarte —necesito que lo entienda de una vez por todas—. Cuando lo encontramos, James quiso comprar los videos de seguridad, pero alguien ya los había comprado antes. Supongo que Peter no tenía tu nombre o Don no sabía tu verdadero nombre, él no sospechaba que el motivo de ese comprador fueras tú. Así que no es un peligro. El no vendrá por ti.

Esta vez reacciona casi de inmediato, pasa una pierna por encima de mí y queda a horcajadas, sus brazos rodean mi cuello y me abraza con fuerza contra sí. Pongo mis manos en su espalda devolviendo el abrazo.

—Gracias —su voz suena conmovida contra la piel de mi cuello—, por amarme tanto.

Sus palabras son cálidas en mi oído. Ella lo sabe sin poner en duda mis sentimientos. Sujeto su mejilla para separarla de mí y poder mirarla de frente, sus ojos marrones se funden en los míos.

—Tú eres tan valiente —le aseguro—. Te las ingeniaste en sobrevivir sin tener idea de cómo y solo para tener a Charlie de regreso. Estabas llena de miedo y aun así hiciste todo eso. Sacrificaste cada parte de ti por él —tomo su mano y le doy un apretón que me devuelve—. Y cada persona que apareció en tu vida solo se aprovechó de tu ingenuidad, ¿cómo ibas a arriesgarte a confiar en mí sin creer que podría sacar ventajas de ti o devolverte a ese infierno? —Bella muerde su labio inferior, deslizo mi mano sobre su brazo hasta llegar a su codo—. Tú no eres ella, siempre has sido Bella, incluso trabajando ahí, tú eres la que se resistió a romper con tus límites y fuiste tú quien encontró el modo de no caer a los chantajes de Don, aceptar vivir conmigo era poner tu vida en riesgo y aún así lo hiciste para escapar de él. Lo que pasa es que no te has visto con mis ojos —subo mi mano hasta tocar el delgado y pequeño objeto bajo su piel, deslizo mi pulgar por encima mientras los ojos de Bella siguen el recorrido de mi mano—. No hiciste otra cosa que no fuera mantenerte con vida.

Pone su otra mano encima de la mía.

—Pude hacerlo mejor —suena culpable, como si ella no fuese la víctima de todo lo que le ocurrió.

—Todo lo que hiciste antes te trajo a mí —su semblante caído lentamente se suaviza.

—¿Eso crees?

—Estoy seguro de eso.

—Sé que debí decírtelo antes.

Niego.

—No. Me enteré cuando debía hacerlo. Repaso esos días y siendo honesto conmigo y el idiota que sólo pensaba en su rompimiento, no habría sido igual. Habría pagado tu deuda, quizás te hubiese ayudado a conseguir un apartamento o te habría dado un trabajo y me habría lavado las manos convenciéndome que hice todo por ti mientras me liberaba de algo que habría considerado una complicación. Me alegro de que no lo hicieras. Y lo entiendo, ¿sí? Lo entiendo ahora. Estabas aterrada de creer que esa era tu única opción. Debí notarlo. Estuviste viviendo aquí, asustada de que te devolviera a esa vida.

No lo niega.

—Jamás lo harás. Nunca.

—Tu pasado no volverá a hacerte daño, ya hizo demasiado contigo… así que eres libre, Bella. Eres libre de vivir la vida como quieras hacerlo. Mudarnos juntos es una opción… pero eres libre de elegir otra vida. Y eso, eso no pondrá en riesgo mi ayuda hacia ti. No estarías huyendo de mí, estarías teniendo algo que no has tenido antes: una elección. Y quiero que la tengas.

Se separa lo suficiente para tomar mi cara entre sus manos a cada lado de mis mejillas.

—¿De verdad? —sonríe con timidez. Le devuelvo la sonrisa y asiento.

—Eres muy talentosa, Bella. Creo que podrás conseguir lo que quisieras hacer.

Respiro hondo esperando su respuesta. Mis manos van a su cintura y noto que ya no siento más sus costillas al tocarla.

—¿Mudarme es una opción?

Trago saliva y vuelvo a asentir.

—Mudarte a donde quieras hacerlo es una opción —confirmo para ella—, con los cuadros que se han vendido en la galería podrías empezar desde cero.

Ella frunce el ceño.

—Tengo algo para ti.

Hago que Bella se baje de encima de mí para sacar del bolsillo del pantalón mi cartera.

Bella mantiene sus ojos en la hoja.

Lista de cosas que quiero hacer solo.

Frunce el ceño durante casi toda la lista hasta que al final sonríe, apenas.

—Serías un buen chef.

—Mateo sugirió que hiciera una lisa de cosas que quería hacer solo para saber qué es lo que debía hacer sobre nosotros.

Bella vuelve a mirar la hoja y asiente.

—Es una buena lista. Tienes un patio grande para tener mascotas.

Me la devuelve con rapidez.

—Conociéndote harás la mayoría antes de que termine el año.

—Es la idea —admito.

—¿Es una lista reciente?

—Tiene dos lados —señalo la hoja.

Pero Bella no mira la hoja, en lugar de eso va hacia mí y se abraza a mi cuello de nuevo, pero este abrazo se siente diferente al anterior, no hay alivio y amor trasmitiéndose, sino tristeza. La sostengo con fuerza contra mí. Ella es libre de elegir, me repito.

—Eres un hombre increíble y yo jamás terminaré de decirte lo agradecida que estoy contigo —habla contra mi oído.

—No has visto el otro lado —le recuerdo, aunque no estoy seguro si cambiará algo.

—Dame solo un minuto.

Nos quedamos quietos, me aprieta contra ella y yo me aferro a su pequeño cuerpo. Cuando Bella ha tenido suficiente pasa sus manos a mi cabello y juega con éste unos segundos antes de separarse.

—Yo… tú y yo ya hicimos un par de listas juntos de fantasías sexuales, así que… creo que esta es una de esas cosas que tienes que hacer por tu cuenta. Yo… si tu lista tiene una novia inestable incluida yo seguiré en la ciudad —me da un intento de sonrisa.

—No eres una novia inestable, Bella.

—Yo creo que un poquito —dice haciendo una seña con su mano dejando un pequeño espacio entre su pulgar e índice mostrándome cuánto.

Niego, pero ella asiente.

—Dale la vuelta.

—¿Añadiste ser presidente del país? —intenta bromear, aunque el tono nervioso la delata.

Gira al otro lado de la hoja.

—Esa es la lista que quiero hacer.

Lista de cosas que quiero hacer con Bella.

Se queda mirando la hoja el triple de tiempo que le tomó leer el lado contrario, son los mismos diez puntos con su nombre añadido, no debería tomarle tanto tiempo. A excepción que necesite algo más que menos de un minuto para decidir lo que quiere hacer con su vida, por supuesto.

—No necesitas responder ahora. Puedes pensarlo antes de darme tu respuesta.

Incluso si su elección es diferente, esas son las cosas que me gustarían hacer a mí, aunque hacerlas solo ya no suena tan atractivo como hacerlas con ella. Bella levanta su vista de la hoja a mí. Pone su mano encima de mi pecho, del lado de mi corazón.

—Quiero que lo entiendas, no contártelo fue sólo por mí. Porque no quería que mi pasado ensuciara la imagen que cree contigo de mí misma, contigo era sólo yo, sin mis errores —su mano va a mi rostro y pasa su pulgar por mi mejilla—. Tú nunca me miraste de manera indebida, jamás. Me diste todo esto sin exigir nada de mí. No quiero que pienses que me aproveché de tu ignorancia o de ti. Estaba cada día más segura que mi puerta de salida estaba cerrándose y que yo quedaría atrapada para siempre en ese burdel.

Y lo comprendo, en medio del caos de su vida aparecí yo y le di la estabilidad que le había hecho tanta falta. Y ahora su vida es relativamente estable: no tiene una deuda, ni siente el peligro de ser encontrada por Don, sabe que la ayudaré a conseguir la custodia de Charlie, su obra está vendiéndose en la galería y ella puede dedicarse a pintar o a estudiar o lo que quiera. Bella dobla la hoja en sus manos siguiendo los dobleces que se quedaron marcados en el papel por el tiempo que lleva en mi billetera esperando el momento apropiado.

Antes de Bella nunca había compartido piso, no lo hice con Heidi ni con ninguna novia anterior, no necesitamos vivir juntos, aunque sé que será complicado adaptarme a eso a lo que estuve acostumbrado por tantos años.

Aclaro mi garganta antes de proponerle una opción distinta a la lista que lleva en sus manos.

—Podríamos buscarte un apartamento céntrico en la ciudad, pero no podrás vivir con Angela por ahora.

—¿Por ahora? —frunce el ceño.

—Tengo una campaña de publicidad para el evento de la subasta, creo que eso podría atraer a Eric si reconoce tu obra, pero si te mudas con Angela, sabrá que descubriste su mentira.

—¿Estás intentando hacer que él vaya a mí? —la molestia es evidente en su voz, por supuesto que no lo quiere cerca de ella, yo tampoco, sin embargo es nuestra única opción.

—Necesitamos una confesión —explico.

—Creí que querías dejar de vivir en edificios.

—Así es, pero es más barato rentar un apartamento que una casa.

Levanta una ceja y sé que mi respuesta no le gusta.

—Cuando tengas más clientes será más sencillo para ti, pero al principio yo podría ayudarte con la renta y tú solo tendrás que hacerte cargo de los gastos.

—Y tú te mudarás a… —no termina la oración.

—Mi casa. Nos seguiremos viendo —le prometo—. Y me mudaré hasta que tú consigas un lugar que te guste para vivir.

No necesito saber lo que sería vivir con ella en la casa para luego hacerlo solo. Bella hace una mueca con sus labios, apretándolos y mostrando lo poco que le gusta mi idea.

—¿Voy a vivir sola? —su tono es una mezcla de pregunta y respuesta.

—Por ahora, después que tengas a Charlie podrás reconsiderar lo de vivir con Angela.

—¿Y qué hay de nosotros?

—Tú y yo seguiremos viéndonos.

—¿Y qué hay de esto? —sacude la hoja en su mano.

—No me debes eso, Bella.

Hace un puchero gracioso con sus labios que me saca una sonrisa.

—Tienes muchas opciones, no necesitas…

Se acerca hasta chocar la punta de nuestras narices, atrapa mi cabello con sus manos y juguetea con éste antes de hablar.

—Lo sé, pero estoy contigo porque quiero estar contigo. No eres mi opción B, ni la mejor alternativa. Me enfoqué tanto en vivir en solo el presente, el aquí y ahora para no crear expectativas ni atormentarme con lo que ocurriría al día siguiente, pero contigo quiero planear, vivir el aquí y ahora y el mañana y lo que venga después.

Se separa sin dejar de estar a horcajadas sobre mí y vuelve a abrir la hoja con las listas.

—Espero que esto esté a discusión —señala un par de puntos—. Quiero más de un perro —consigue una risa de mi parte y sé que conseguirá también convencerme, conseguirá de mí lo que quiera añadir— y no quiero una galería, estudiaré artes y luego veremos si Diana pone en exhibición mis pinturas del futuro.

Me acerco a ella y beso su mejilla, desciendo a su cuello y acaricio con mi boca su hombro. Pasa sus brazos tras mi espalda apretándose a mí.

—Tú y Charlie son todo lo que de verdad quiero. No necesito más. Así que por el tiempo que tú me quieras cerca, yo estaré aquí.

Siempre entregándome el control de la relación, cuando es ella quien lo tiene.

Me separo y sujeto su rostro una vez más, porque necesito que lo entienda.

—Esto es una promesa —le digo mientras tomo su mano izquierda entre las mías, Bella mira hacia ahí, pongo mi dedo índice alrededor de su dedo índice, como un anillo de mi piel—, por ahora. Tienes veintidós años y eres demasiado joven todavía, Bella, pero un día cuando tengas la custodia de Charlie, vendas tantos cuadros que no tengas idea de qué hacer con el dolor en tus brazos por pintar y hayas terminado una carrera en arte, entonces tú y yo vamos a casarnos.

Sus ojos brillantes van a los míos.

—No me lo estás preguntando —se ríe y un par de lágrimas se desbordan.

—No. Lo haré cuando estés conforme con lo que hayas logrado.

Es su turno de tomar mi cara, comienza a llenarme de besos y su sonrisa se convierte en una risa que acompaño. Porque Bella es solo eso, risas y besos. O lo sería si su vida no fuera un caos, s e detiene y la preocupación reaparece arruinando nuestro momento.

—Pero con esos videos ya nunca podré tenerlo.

Los videos.

—Lo tendrás —le juro—. Contrataremos abogados capaces de conseguir la custodia para ti.

—Nadie me la daría si se descubre eso.

—Entonces le ofreceré dinero a ella.

Niega.

—Sabemos que no aceptará dinero por Charlie.

—Le daré lo que sea a cambio de él.

—Pero Peter…

—Peter no va tras de ti, va por mí. Es su manera de amenazarme por toda la información que tenemos de él. Si tengo que hacerlo entonces cancelaré la demanda y llegaré a un acuerdo con… —pero Bella ya está negando.

—No. Alice también merece justicia, lo estás haciendo por ella.

Paso mis dedos por su cabello y luego los muevo hacia su rostro delineando su cara hasta detenerme en sus labios, ladea la cabeza y sonríe un poco, aunque su ceño sigue mostrando su preocupación.

—Entonces pausarémos eso, hasta que tengas a Charlie.

—Peter va tras de ti, no va a creer eso. Él te conoce, sabía que no dejarías pasar lo de tu hermana y por eso buscó algo con que defenderse.

Peter y yo pasábamos nuestras tardes juntos desde que teníamos once años. Lo conozco y me conoce. ¿Así que qué haría él?

Miro a Bella una vez más.

O más bien.

¿Qué no haría él?

Sé exactamente qué. Y lo maldigo con anticipación porque sé cuánto va a costarme hacer lo que sé qué debo hacer. Bella me mira acentuando su inquietud en un reflejo de mi propia preocupación.

La beso una vez más, alargando tanto como puedo el beso, embriagándome de su peculiar mezcla de olores , de su calidez y entrega.

Y entonces declaro lo que creí que no iba a ocurrir después de que ella me hablara de su pasado:

—Tienes que irte.

Una disculpa por la demora, quería publicarlo hasta que estuviera convencida por completo de este capítulo y algunas frases no quedaban al cien. ¿Qué te parecido? Creo que van cerrándose cada vez más cabos sueltos.

¿Me ayudarías dejando aquí tu parte favorita del capítulo de hoy? Eres mi inspiración, cada persona que me lee es mi empuje para continuar las historias.

GRACIAS.