Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

Encrucijadas, escapes y soluciones

Angielizz (Anbeth Coro)

GRACIAS GRACIAS

ELLA

Viernes

Respiro hondo. A mis espaldas hay dos maletas llenas de ropa de mujer. Llevo la mochila en mis hombros con dinero. Sé a dónde ir, hay un apartamento esperando por mí.

Edward me da un apretón.

—Es algo temporal —me recuerda. Sé que lo es, que en pocas semanas volveremos a estar juntos, pero mientras tanto estaré sola y encerrada en un lugar desconocido.

Esto tiene sentido, es lo que se espera que él haga. Es lo que Peter esperaría de Edward si no me amara. Es lo que Edward debe hacer para hacerle creer que no soy importante. Porque si me quedo y Peter comprueba que me ama incluso sobre mi pasado, entonces tendré otra persona de la cual preocuparme. Don está en el pasado, pero ahora es Peter quien amenaza a mi futuro.

Pulso el botón de emergencias y el elevador se detiene. Estamos a solo tres pisos de llegar a recepción. Suelto mis maletas al tiempo que Edward sostiene mi rostro para besarme, dejo que haga conmigo lo que quiera, porque es lo mismo que yo deseo hacer. Mi cabeza choca contra la pared metálica a mis espaldas y eso no impide que devuelva el beso con las mismas ganas. Este podría ser nuestro último beso en… semanas o meses. Depende el plan de Edward y lo bien que resulte esto.

—Tienes que ser convincente —me dice entre un beso y otro.

—Nací para el drama —intento bromear, pero mis palabras no disipan la perpetua preocupación que se ha tatuado el rostro de Edward. Paso mi mano por su mejilla en el contorno de su barba—. Estaré bien.

Ni yo me lo creo al decirlo. Tomo en cada mano una maleta y el presiona el botón para continuar nuestro viaje a recepción. Cuando las puertas del elevador se abren, doy pasos cortos hacia recepción. Edward pone su mano en mi brazo. Miro hacia el frente y reconozco a la mujer que está discutiendo con el portero sobre un paquete extraviado que era para ella.

—Edward, déjame explicarte —hago intento de jalonearme.

—Me dijeron que el paquete estaba aquí —dice la mujer con molestia y temo por el pobre joven que tendrá que lidiar con su enojo por ese engaño.

—Debió ser un error —se disculpa el joven.

—¿Un error? ¿No estabas aquí hace tres minutos? —Diana le gritonea al portero con su usual tono para aplastar personas como si fuesen hormigas.

—Pide un taxi para la señorita —se hace oír Edward sobre la discusión de la mujer.

—Oh… eh… sí —tartamudea el joven que ahora es consciente del mal humor de Edward, incluso Diana nos mira con confusión.

—Estás lastimándola, Edward —intercede por mí Diana desde su lugar en la otra orilla de la barra de recepción.

—Ni siquiera lo suficiente.

—Que me dejes ir —vuelvo a jalarme—. Puedo explicarlo, Edward. Solo necesitas calmarte.

—Pide un taxi —repite apretando los dientes y mirando fríamente a Rodolfo.

El joven toma el celular y hace la llamada con prisas casi tartamudeando la solicitud de un taxi sin despegar sus ojos de mí y Edward.

Vuelvo a intentar jalarme para soltarme.

—Me aseguraré personalmente que te vayas.

Diana tiene toda su atención en nosotros.

—Edward, por favor —interviene de nuevo Diana.

—Si ves a Peter, envíale un agradecimiento de mi parte, por sacar de mi vida a dos mujeres.

La mirada asesina que le lanzo esta vez es sincera. Edward casi sonríe, pero inmediatamente consigue controlar sus expresiones.

—Estás lastimando a la niña.

—Estás siendo infantil, Edward. Deja que te lo explique.

—Te quiero fuera.

—Por favor —mi voz suena como la imploración que necesito que sea.

—Y tú harías bien en romper el acuerdo con Bella, Diana.

Mis ojos se abren grandes, ¿qué cree que hace?

Busco a Diana en espera de su reacción, pero solo se cruza de brazos y levanta sus cejas.

—No creo que mis negocios con Bella deban relacionarse a sus problemas románticos.

El alivio por las palabras de Diana las opaca el regreso del portero.

—El taxi está afuera, señor.

—Justo a tiempo.

Edward me da un ligero apretón y yo finjo que me jalonea hacia la salida. Toma una de las maletas luciendo desesperado por sacarme del edificio. Apenas alcanzo la otra maleta.

—¡Edward! —grita de nuevo Diana, pero la puerta se cierra a mis espalas.

—No me llames hasta llegar —sus palabras tranquilas son lo opuesto a sus movimientos toscos y molestos mientras sube mis maletas.

Y sólo entonces me golpea con fuerza el hecho de que vamos a separarnos en serio.

—Podemos encontrar otro modo —se me llenan los ojos de lágrimas y ahora soy yo quien lo agarra del brazo. Edward le da la espalda al edificio.

—Bella.

—Lo digo en serio, podemos encontrar otra manera —niega.

—No lo hagas más difícil de lo que ya será.

Se acerca como si fuera a besarme, pero a último segundo cambia de parecer y abre la puerta del taxi.

—Sube.

—Edward.

—Esto es por Charlie —me recuerda, lo suelto al tiempo que él jala su brazo hacia atrás y sin que me deje decir más da media vuelta para regresar al edificio. Me quedo mirando hacia él, se detiene al lado de Diana que no para de verme, me quito las lágrimas de las mejillas y subo al taxi que me llevará a no sé dónde.

Saco del bolsillo de mi pantalón la dirección anotada en un pedazo de papel. Se la dicto al chofer y vuelvo a mirar la hoja. Debajo de la dirección con su letra hay una frase: Nos encontraremos.

Tengo que confiar en eso.

El camino es corto, nos toma apenas quince minutos llegar al destino y supongo que seguimos en la zona céntrica de la ciudad lo que me alivia. Creí que me quedaría en el edificio de Alice, pero no es así. Le pago la tarifa al taxista una vez que el chofer me ayuda a bajar mi equipaje del maletero.

—Buena suerte —son sus palabras antes de subir al vehículo amarillo e irse. Miro hacia los lados, no es una mala zona, no parece peligrosa, sigue siendo céntrica, tiene una buena pinta, estaré bien. Arrastro las maletas y me apresuro a entrar al edificio. Aquí no hay recepción ni un hombre de seguridad, y como el edificio es de cinco pisos no cuenta con elevador.

Subo con dificultad las escaleras, tres pisos con dos maletas no es tarea simple. He estado en peores sitios, cualquier edificio que no incluya grafitis y vecinos con problemas de adicciones me parece bien.

3-B. Una puerta blanca con una maceta afuera.

Toco un par de veces sin estar segura que esto sea lo que debo hacer. Cuando estoy por golpear una tercera vez, la puerta se abre, James está del otro lado.

—¿Diste un buen show? —pregunta amable.

—Creo que fui convincente —respondo sin mostrar esa convicción en mi voz.

Al moverse hacia un lado para que entre sé que no es su apartamento, no parece del tipo que tiene plantas y decoración en las paredes o cojines coloridos en los sillones. Y como si leyera la duda en mi expresión aclara la pregunta no dicha en voz alta:

—Tanya tiene plantas por todos lados, necesitará que las riegues sin falta, excepto los cactus, esos… no tengo idea de cuándo deberías regarlos.

—¿Este es el apartamento de Tanya? —vi a la prima de Edward menos de tres veces y ahora me apropiaré de su apartamento.

—Sí. Traje comida para que sobrevivas tres semanas aquí. Edward me pidió que trajera de su casa algunos materiales de pintura. Ve esto como un retiro.

—Son muchas plantas —noto intentando que suene como un halago y no una crítica.

—Sí, lo son —él mira alrededor como si lo hiciera por primera vez.

—¿Tanya está de acuerdo con esto?

Lo último que quiero es causar más problemas en la familia de Edward.

—Lo está.

—¿Vendrá ella más tarde?

—No —toma una de mis maletas y camina con ella por el pasillo, lo sigo arrastrando la otra maleta—. Tanya dice que puedes trabajar en su estudio —señala una puerta—, y esta es su habitación.

—¿No vendrá nadie?

La idea de estar sola me resulta atemorizante, a pesar de que este lugar lo tiene todo para estar bien y suficientes distracciones para mí, sé que enloqueceré.

—Sólo un par de semanas, Bella.

—Un par de semanas si Eric aparece —aclaro.

James asiente.

—¿Y si no lo hace?

—Lo que me tome llegar a un acuerdo con Tía.

Suspiro. Eso podría ser en meses.

—¿Tanya está fuera de la ciudad? ¿A dónde iré cuando ella regrese?

—No va a volver en un tiempo, así que no tienes de qué preocuparte.

Sé que nunca he intentado ser la amiga de los amigos de Edward y que nunca pregunto por ellos, pero mis pocos encuentros con James y la última escena en la comida de la casa de Esme y Carlisle compredí lo suficiente para entender que había una historia entre ellos, sin embargo no indago al respecto.

—Gracias por todo esto.

—Uh… de nada.

Se hace un incómodo momento entre nosotros.

—¿Puedo tener el número de Tanya para preguntarle por los tiempos de riego?

—Ah… seguro.

Saco mi celular del bolsillo del pantalón y se lo entrego para que digite su número.

—Tienes ahora mi número también por si necesitas algo. Cualquier emergencia, llámame a mí antes que a Edward.

—¿A ti?

—Edward encontrará cualquier excusa para venir aquí.

Oh. Siento el calor en mis mejillas, pero antes de que tenga tiempo de sentirme avergonzada, el celular de James vibra, sonríe antes de responder.

—¿Qué olvidé? —escucha unos segundos antes de reírse—. No, no olvidé eso.

Se mueve por la habitación y saca un neceser metálico.

—Lo tengo, ¿algo más? —ahora camina al baño, sale con una secadora para el cabello—. Listo —guarda silencio y espero mirando hacia la recamara lejos de él para darle privacidad—. Sí, sí, y sí. Todo está en el auto. ¿Eres consciente que las plantas no son mascotas? —me obligo a girarme para que no pueda ver mi sonrisa aplastada contra mis labios—. Tanya, te lo juro, estás acabando conmigo.

No parece que esté acabando con él en un mal sentido por el tono de su voz. Lo cierto es que nunca lo había visto así de alegre. Mantiene el celular contra su oído casi un minuto más mientras se mueve de un lado a otro en el departamento antes de despedirse y colgar.

—¿Tienes alguna duda?

—No debo salir de aquí.

—Ni siquiera al balcón —me advierte James.

—¿Haz sabido algo sobre Tía?

—Nada importante. Tiene una casa a su nombre desde hace cuarenta años, ahí vivía antes de que murieran tus padres, va ahí por las tardes a regar las plantas.

—¿Sin Charlie?

—Tal vez no le gustar ir ahí, no es una buena zona y la casa se ve descuidada. No tengo más, sin una orden es imposible entrar, no podemos arriesgarnos a ser descubiertos y…

—Lo entiendo. Gracias por todo esto.

Respiro hondo intentando pensar positivo, que ella no esté haciendo nada malo es bueno, significa que mi hermano no corre peligro con ella, que no es tan mala como parece al menos, si hiciera algo ilegal y tuviera la custodia de Charlie no me daría paz.

—Encontrarémos a Eric, ya verás.

James me explica dónde estaba todo, desde artículos personales, cajones libres para guardar mi ropa y contraseñas para la computadora y el internet. Su ansiedad por salir de aquí es evidente y no sé si eso tiene algo que ver con Tanya o es porque nota que estoy a un par de palabras más del llanto.

Una vez me quedo sola llamo a Edward.

—¿Llegaste?

—Llegué.

Me dejo caer en la cama y miro hacia el abanico del techo.

—Cuando menos te des cuenta estaremos juntos otra vez —me dice y no puedo explicarle que han pasado apenas minutos y ya sé lo mucho que me pesara la distancia entre nosotros.

ÉL

Sábado, 10:20

Cuando rompí con Heidi la única persona que no se fue a pesar de mis suplicas y quejas por estar solo fue Alice. Su obstinación era superior a sus instintos de supervivencia. Se quedó noche y día incluso cuando no tuve ánimos para mantener una conversación con ella, o cuando me limité a beber y jugar videojuegos.

Alice estuvo a mi lado, aunque tiene cero habilidades en lidiar con los corazones rotos.

Así que la mañana siguiente tras la salida de Bella de mi edificio busco a Alice. Toco a su puerta una decena de veces antes de que ella abra la puerta.

—Parece que me explotó la secadora en la cara, lo sé —dice mientras se talla la cara con una mano como si acabara de despertar y convenciera de ese modo a sus expresiones faciales a despertar, también cepilla inútilmente su cabello con sus dedos—. Soy un desastre.

—Nieve y alcohol —levanto cada mano para mostrarle lo que traje para ella. Una botella de vodka y un bote de nieve de fresa. Alice sonríe apenas.

—¿Jasper a cambio de nieve y alcohol?

—¿Tienes una mejor opción?

Se hace a un lado y me deja pasar. No es que conozca a Alice con el corazón roto, pero conozco a mi hermana para saber que no le gusta hablar de sus sentimientos.

—Me dije a mí misma que lloraré solo siete días y ninguno más.

—Parece un buen plan —su apartamento es un caos. Trastes sucios en la sala, en la barra; miro hacia la pared, la ultima vez que estuve aquí había una fotografía de ella y Jasper ahí, asumo que no encontraré nada, pero el cuadro sigue en su sitio. Alice me da un empujón en el brazo para que deje de juzgar con la mirada lo que encuentro a mi paso.

—Una semana es lo que te tomó a ti superar a Heidi.

Asiento, sin decirle que mi resentimiento a Heidi fue en realidad lo que me motivó a pretender desinterés, que pasaron varias semanas hasta que la saqué por completo de mi cabeza o que a diferencia de Heidi, Jasper no la traicionó.

—Dame eso —me quita el bote de helado y abre la tapa para poner dos cucharas dentro. Levanto una ceja, no pretenderá comer todo eso, ¿no? Antes de poder expresar mi duda ella la responde—. Sí, sí, lo comerás todo conmigo.

Ese día me obliga a ver Titanic por milésima vez en la vida y una tras otra de sus películas románticas noventeras favoritas. Paso todo el día en su sofá sin quejarme, pido pizza horneada a domicilio y me quedo ahí mientras Alice se queja de las historias de amor con finales felices.

—¿Cómo está Bella? —pregunta mientras yo lavo los platos sucios porque no tenía ninguno para poner las rebanadas de pizza.

Mi celular vibra en el bolsillo del pantalón, lo tomo para leer el nuevo mensaje de texto.

Te juro que enloqueceré.

Leo el mensaje un par de veces antes de responderle.

También te extraño, preciosa.

—Ya no estamos viviendo juntos.

Y antes de que pregunte le cuento lo ocurrido el día anterior, la puesta en escena que armamos para sacarla del edificio y ser convincentes y de cómo vivirá en el apartamento de Tanya hasta que encontremos a Eric porque no arriesgaré todo lo que hicimos para ayudarla por mi enemistad con Peter, también le cuento de la subasta que tendrá lugar en la galería y la publicidad que he pagado para popularizar el evento.

Y mientras le cuento todo eso, Alice se queda atenta al drama de mi vida e ignora que voy limpiando su apartamento para dejarlo un poco más como era antes de que Jasper le rompiera el corazón.

Domingo, 09:23

Al día siguiente me aparezco de nuevo en el edificio de Alice, ella necesita una distracción, sin embargo, el modo de divertirse de ella no es jugando videojuegos, así que la obligo a sacarse su ropa deportiva, bañarse y vestirse hasta que luce como ella misma. Sí, soy el grano en el culo del que tanto me quejé cuando rompí con Heidi.

Y cuando ella sale de su habitación con un vestido floreado y zapatillas, la obligo a acompañarme, se resiste hasta que le digo a dónde iremos, y así me encuentro por voluntad durante horas yendo de compras con mi hermana.

—¿Quién lo diría? Realmente vas a mudarte con Bella.

—¿Entonces cuál? —señalo las vajillas frente a mí.

—¿A Bella no le importará que escojas todo esto sin ella?

—A Bella no le interesa la cocina excepto para comer.

Alice sonríe apenas y señala unas blancas con forma cuadrada. Lo marco con el aparato electrónico que nos dieron para abrir una mesa de boda.

—¿Te vas a casar con ella?

—No. Pero hice esto ya una vez, ¿sabes? Abrimos una mesa de regalo y todo eso.

—Oh cierto, a veces olvido que estuviste a punto de casarte.

Su voz se pierde al distraerse con los servilleteros.

—Así que añadiré todo esto a la lista y lo compraré en la caja para que me lo envíen a la casa en la fecha que puse del evento.

—Eres un listo.

Asiento orgulloso de mí mismo. Alice me quita la pistola para marcar productos, añade dos velas largas.

—Aunque la asesora de eventos nos puso mala cara por compartir apellido —Alice marca servilletas de tela—. Supongo que serás lo más cercano que estaré de un evento de boda.

—Lo siento, no pensé que…

—Déjalo. Es la verdad. Aunque ahora abriré mesas de regalo cada que quiera ir a comprar —bromea e un vano intento de aligerar el ambiente.

—No estoy seguro que eso pueda hacerse.

Cuando Alice vuelve a hablar baja la voz tanto que apenas puedo oírla y eso que estoy a medio metro de distancia.

—¿Si Heidi hubiera dicho que no tú…

—Habría hecho lo mismo que Jasper. Y lo sé porque me pregunté qué haría si ella me rechazaba antes de proponerle matrimonio.

Alice marca un par de cacerolas moradas que encuentra a su paso.

—¿Por qué?

—Porque si ella no quería el mismo futuro que yo entonces no estaríamos yendo hacia ninguna parte.

—Pero íbamos hacia nuestro futuro, sólo que no del modo en que él quería —se detiene frente a los electrodomésticos, se cruza de brazos y me mira levantando el mentón.

—Y tú estarías yendo hacia ninguna parte también, porque al final eran futuros incompatibles. Las líneas perpendiculares son así.

—¿Matemáticas?, ¿de verdad? —suena exasperada, sonrío un poco para suavizar mis siguientes palabras.

—Mira… yo creo que hay líneas perpendiculares que a veces parecen paralelas, un grado de inclinación apenas perceptible y tarde o temprano se cruzan y no vuelven a tocarse. Siguen juntas despues de eso, pero con el tiempo…

—Jamás volveremos a estar juntos —concluye.

—Cuando sabes cómo terminará lo mejor es hacerlo pronto, engañarte pretendiendo que no es así es doloroso a la larga, sólo añadirían más recuerdos y…

Alice marca tres objetos diferentes del área de cubiertos y sigue presionando otros objetos casi de manera al azar.

—No me gustan las espátulas rosadas.

—Esas son para mí. ¿Hablaste con él? —atrapado.

—Sí.

—¿Cuando?

—Le llamé después de que Bella se fue y luego fui a su edificio.

—¿Él te dijo que fueras?

—No.

La persona a la que recurrí cuando descubrí la infidelidad de Heidi fue Jasper, él se aseguró que Peter siguiera vivo y de no haberlo estado seguramente habría encontrado el modo de sacar su cadáver conmigo. Así que después de colgar la llamada con Bella asegurándome que ya estaba en casa de Tanya, fui al edificio de él, no porque me sintiera en deuda sino porque supuse que era lo que se esperaba de mí como su amigo. Noté su ausencia en la oficina los días anteriores, pero no era raro en él querer trabajar desde casa así que no lo sospeché, y no lo habría siquiera considerado, le llamé esperando alguna especie de consuelo y descubrí que quien necesitaba el apoyo no era yo.

Así que me armo de valor para darle el mensaje que debía entregar desde ayer

—Jasper se irá un tiempo, trabajará a distancia… él me contó que terminaron.

—¿Va a irse? —sus ojos se llenan de lágrimas, me acerco a ella.

—Ambos necesitan tiempo.

—Es mejor así, no tendremos que cruzarnos otra vez, ni figurativamente hablando ni de verdad —Alice sonríe convenciéndose más a ella que a mí—. ¿De qué lado estás?

—Estoy aquí, ¿no?

—¿De qué lado estás? —repite.

—Es que, ¿sabes? A pesar de Heidi, el compromiso, y la boda cancelada. Soy del tipo que cree en el matrimonio. Y Bella es del tipo que cree en la importancia de la familia. Todo esto de quedarse atrapada en el apartamento de Tanya por Charlie lo demuestra.

—Le llevas diez años, Edward. Ella es una generación diferente a ti, ¿por qué crees que va a querer casarse?

La respuesta es simple.

—Porque ella lo sabe.

—¿Lo sabe? —asiento.

—Sabe que estaremos al final de todo esto, pero sé que no quiero casarme por ahora y sé que ella tampoco. En unos años, tal vez… dijiste que ella se sentía como tú, ¿no? Creo que estás siendo muy dura contigo misma. ¿Nunca no es demasiado tiempo?

—No quiero tener hijos —frunce el ceño mirando hacia el aparador de tazas de café.

—Le soltaste eso del aborto adolescente para ahuyentarlo.

—¿Te habló de eso? —me mira con la boca entreabierta. Asiento.

—Me habló de todo, Alice.

—¿Cuántas botellas de alcohol te costó?

—Ninguna. Sería injusto decirte que no encontrarás a nadie mejor y si yo creyera que tu motivo para decir no es porque no quieres casarte no diría nada, Alice. Pero lo rechazas porque no quieres terminar como mamá.

No contesta y en cambio juguetea con la pistola de precios.

—Ojala así sea. Mamá se ve muy feliz con Carlisle —concluyo quitándole la pistola para marcar un horno de microondas para Bella, ella necesitará esto para calentar la comida.

—Esta es tu manera de decirme que eres team Jasper.

Asiento.

—James no diría eso —me suelta como queja.

—Entiendo porqué James estaría de tu lado. Él está contigo en todo siempre.

—Tú nunca.

—Nunca es una exageración —le repito—. Así que si quieres a alguien que te diga que Jasper es un idiota por quererte, no seré yo. Tampoco creo que tú seas una idiota por no querer ser parte de su plan. A lo mejor un día conoces a alguien y ni siquiera te cuestionarás si puede o no lastimarte, tal vez él te mostró a estar en una relación, no significa que sea el único novio que vayas a tener o del que vayas a enamorarte. Hay muchos hombres que no quieren casarse.

Alice da la vuelta y sigue caminando, exhalo. ¿Por qué inicie esta inapropiada conversación en un lugar aun más inapropiado?

—Alice. Necesitas dejar de evadir esto y sólo enfrentarlo.

—¿De verdad me hablas tú de enfrentar miedos? ¿Qué haces conmigo cuando deberías estar con Aro? —su tono es ahora cortante, a la defensiva y me apunta con la pistola de precios.

—Él está bien, va recuperándose y ya está en su casa con las comodidades de las enfermeras.

Alice niega y me rueda los ojos.

—Deberías visitarlo, él se ve mucho más enfermo de lo que crees —baja el aparato volviendo a una pose más tranquila.

—¿Viste a Aro? —se encoge de hombros.

—El viernes. Tuvimos una especie de reunión de negocios.

—¿Negocios?

—Quiere heredarme sus acciones de la empresa.

—Eso dijo mamá, qué estupidez. No necesitas tener esa carga, Alice, no se lo debes.

—Y yo acepté.

Si aparecieran dos cabezas a cada lado de la suya no la miraría con tanto asombro como lo hago a hora mismo.

—¿Qué?

—Tú no estás interesado y yo puedo hacer eso. Necesito una distracción.

—¿Por qué?

—Porque tiene una cadena de radio y televisión. Porque tiene acciones de un periódico importante en el país.

—¿Y?

—Porque voy a vengarme de Peter.

—¿Así que vas a difamarlo? ¿quieres una demanda?

—No me importaría. Pero no, sólo quiero que lo crea. Que me crea capaz de arruinar su imagen, eso es suficiente para mí. Y cada trapo sucio que encuentre de él, cada maldita cosa que James tenga con testigos entonces voy a volverlo de dominio público.

—Enloqueciste. ¿Crees que va a quedarse con los brazos cruzados?

—Cuando tienes evidencia no es difamación, es periodismo.

—Alice…

—No. Y ya que estamos siendo honestos con el otro, mañana tengo un desayuno familiar con él y estás invitado, hermanito.

—¿Qué es lo que quiere Aro?

—Mi compañía —sonríe de su propia broma—, mi compañía emocional, por su Compañía. Casi justo.

No le encuentro la gracia, ni lógica y si apareciera un ramo de cabezas de ella en su cuello me resultaría más simple de asimilar que lo que le escucho decir.

—No me mires así, soy una mujer adulta y sé lo que hago.

No creo que ella sepa lo que hace, ni siquiera creo que Aro lo sepa.

Martes, 10:40

Con Jasper tomando vacaciones, tengo que ir a la oficina antes y dejar alguien que me suplante a mí y que se encargue de representar a Jasper. Así que voy tarde al desayuno en casa de mi padre. Desde que mamá se casó con Carlisle, él comenzó a apartarse de los negocios. Las mismas empresas que tenía entonces son las que tiene actualmente y aunque esas fueron aumentando en valor y tamaño se detuvo a invertir. Cuando el tío Tomás, el hermano de Carlisle, murió, cedió parte de sus acciones para quedarse con menos de la mitad de éstas.

Fue el segundo llamado de su vida para entender que la vida no era una garantía y que su hermano que nunca hizo una familia por estar en los negocios se perdió de lo importante.

Por lo tanto, Carlisle mantuvo el incremento de sus riquezas de manera paulatina, con horario fijo laboral y pasando sus tardes cumpliendo un rol de padre mientras mamá trabajaba en su restaurante. La casa de él sigue siendo la misma desde entonces, eventualmente mamá cambió unos muebles por otros y algunas mejoras en el jardín, pero en esencia es lo mismo de entonces. Los despilfarros aparecían en los cumpleaños o navidad.

Pero papá…

Papá se enfocó en hacer crecer su riqueza. Cada año añadió una nueva propiedad para invertir, y si las vendía era para comprar algo más caro. Así que su casa actual en la ciudad es ridículamente costosa.

—Bienvenido, joven Funes.

Le sonrío y cabeceo amable a los dos guarudas de mi padre que están de píe al lado de la puerta principal.

—Buen día, ¿mi hermana está aquí? —pregunto entregándole a uno de ellos la llave del automóvil.

—Llegó hace una hora.

Me ahorro comentarios e ingreso a la mansión. La casa de Carlisle es pequeña en comparación.

Mientras mi padrastro tiene pinturas de artistas locales, papá tiene obras de arte valuadas en cantidades ridículas. Y mientras mamá tiene nuestras fotografías en las paredes como un tesoro, mi padre tiene verdaderos tesoros en las suyas.

Avanzo sin saber exactamente dónde pueden estar, pero el comedor me parece lógico.

—Y entonces cuando era niña me mordió un perro.

Me detengo antes de abrir la puerta al escuchar la voz de Alice.

—No lo sabía —la voz de papá es más baja pero igual de identificable, me acerco un poco más a la puerta.

—No fue nada, me vacunaron contra la rabia y eso fue lo más doloroso de todo.

—Por eso tienes esas ratas de mascotas —dice con voz calmada mi padre, siendo simpático a pesar del comentario.

—No son ratas. Jamás tendría un perro que sea más alto que mi rodilla, además Coco y Chanel son un encanto.

—Me gustaría conocerlas.

—Uh… supongo que tengo fotos —no tengo que verla para notar su desconcierto. La ultima charla amena con papá fue hace años así que me resulta extraño oírlo con ese tono de voz.

—¿Te gusta disfrazarlas?

—A veces.

—Intentaré conseguir un par de disfraces para ellas la próxima vez que vengas.

—No es necesario.

—Es un obsequio de cumpleaños atrasado.

Suficiente para mí.

Abro la puerta con un poco más de brusquedad de la que se requiere para hacerme notar, y entonces mis ojos se encuentran con Alice sentada en la mesa frente a un desayuno con panqueques y frutas, y a su lado en la orilla de la mesa está mi padre, o lo que queda de él.

Vine con la seguridad de sacar a Alice de aquí y romper el acuerdo que tengan entre ellos, la última imagen de Aro era en mi apartamento borracho, insultando y chantajeándome para obligarme a darle dinero para su empresa. Fue esa la imagen que repetí en mi cabeza cada que pensé en buscarlo en el hospital y fue el recuerdo que me abstuvo de ir, pero el hombre sentado en la mesa no es ese hombre. Tampoco es el hombre que era cuando fui un niño. Es por mucho la peor imagen de él.

En semanas bajó de peso y es como si le hubieran golpeado los años de pronto. Ojeroso, pálido y débil, pero sonríe incluso cuando sus ojos paran en mí.

—Te esperábamos, muchacho.

Y está sobrio descubro apenas lo escucho llamarme como cuando sí era un muchacho. Doy un paso tras otro obligándome a caminar en lugar de quedarme quieto en la puerta.

—Se ve peor de lo que en realidad está —dice sin tacto Alice sentada a su lado en la mesa para doce personas.

Sólo hasta que lo veo su enfermedad se vuelve real para mí. Él está enfermo de cáncer. Se está muriendo. Me lo he repetido varias veces a lo largo de las semanas y también lo he escuchado de otros, James y Jasper intentaron convencerme de visitarlo antes, mamá también lo hizo, Bella incluso.

En lugar de eso me aferré a la misma respuesta segura: él me llamaría cuando me necesitara a su lado. Y hoy no vine por él, no vine a poner paz a nuestra situación, sino a discutir con ambos y terminar con todo esto de una vez.

—Subí de peso, esto tiene que ver con la rehabilitación por alcoholismo, el cáncer da cosquillas en comparación.

Su humor negro nunca fue de mi agrado, y jamás entendí cómo es que Alice lo tenía si nunca convivieron. Así que ella sonríe ante sus palabras porque les encuentra la gracia, mientras a mí me paralizan a unos pasos de su silla.

—¿Qué dijeron los doctores?

—Es un tratamiento eficaz —y mientras lo dice se asoma una pequeñísima sonrisa de un lado más que de otro y sé que miente, lo sé porque mi hermana siempre se delata con la misma sonrisa.

Paso con fuerza el bloque en mi garganta y me obligo a decir algo, lo que sea.

—¿Cuándo tienes que volver?

—En unas semanas, es un tratamiento largo y agresivo, pero eficaz —lo creo un poco más, aunque no lo suficiente. Miro a Alice que asiente, vuelvo la mirada a él.

—Debiste llamarme —digo, es un reproche y está fuera de lugar porque sé que debí ir.

—No quería que me vieras así.

—El doctor dice que necesita salud mental para fortalecer su cuerpo —por el tono bajo y suave de mi hermana asumo que es su manera de darme consuelo, pero no funciona.

—¿Quién te está tratando?

Saco el celular del pantalón preparado para googlear su respuesta y verificar la experiencia del médico de turno responsable del deterioro de mi padre.

—Edward.

—Necesitas asegurarte que sea el mejor en…

—Lo es —me interrumpe—. Es el mejor. ¿Por qué no te sientas un minuto y lo hablamos con calma?

En algún momento de mi juventud cuidar a mi padre se volvió en mi responsabilidad. Cuando el alcohol apareció en nuestros fines de semana papá se quedaba en casa jugando conmigo videojuegos o enseñándome juegos de mesa, pero al final el alcohol siempre vencía y terminaba dormido a las siete de la tarde en el sillón.

A regañadientes le quitaba los zapatos, lo acomodaba en el sofá y le llevaba una manta para que durmiera ahí, sedado por su borrachera.

Nuestros fines de semana se redujeron a pasarla encerrados en su mansión mientras se emborrachaba porque eran esos tres días cada dos semanas en que él no trabajaba y por lo tanto podía beber, el resto de días se mantenía sobrio porque el trabajo lo requería. Nuestros tres días de excursiones, salidas, paseos y juegos exclusivos para él y para mí, fueron invadidos por su adicción.

Nunca se lo dije a mamá porque sabía que ella no me permitiría verlo en ese estado y siempre supe que al final entre el alcohol o yo, elegiría la bebida. Además, mamá tenía a Carlisle y a Alice, papá sólo me tenía a mí.

Me alejé de él cuando descubrí que era el padre de Alice, después de que él la rechazó porque no podía cuidar de los dos, no podía cuidar siquiera de mí, y entendí que sólo era una carga en su vida y asumí que el alcohol era su manera de lidiar conmigo. Así que me hice a un lado.

Nuestros fines de semana se alargaron y nos veíamos sólo un par de veces al mes hasta que se volvieron en un par de veces al año.

Al final el alcohol venció, incluso a él y le dejó el cáncer para que terminara con su vida.

—¿Edward?

Muevo la cabeza de un lado a otro, giro sobre mis pasos y a tropezones salgo de ahí escuchándolo llamarme. No puedo lidiar con esto ahora.

—Edward, Edward.

No me detengo ante la voz de Alice o sus pasos, acelero los míos y consigo llegar a la puerta principal, mi automovil sigue donde lo dejé para mi suerte, tomo las llaves que me ofrece el guardia.

—No puedes irte así —insiste Alice cruzada de brazos bajo la puerta, vuelvo a negar con mi cabeza—. Necesitas hablar con él.

No. No necesito que confirme lo que mis ojos saben. Vuelvo a negar con la cabeza y me apresuro a subir y encender mi deportivo. Acelero tanto como soy capaz para poner distancia entre la verdad y yo.

Cuando llego al apartamento enciendo la luz de la pared, este fue un habito que perdí con la presencia de Bella en el apartamento, cuando yo llegaba siempre estaban las luces encendidas y su voz me recibía alegre. Ahora me recibe un departamento oscuro y silencioso.

Camino a la cocina y me sirvo un vaso de agua mineral, aunque desearía tener whisky ahora mismo. Tomo el celular del pantalón y espero hasta que en la pantalla aparece su rostro.

—Nombré a las plantas. Lo sé. Llevo tres días aquí y ya le puse nombre a las plantas de Tanya, pero no hay nada por hacer y…

—Mi papá se está muriendo —la interrumpo.

Bella pierde la sonrisa de segundos antes.

—Edward…

—No tienes idea de lo mucho que me costó no conducir hacia ti.

—Estoy aquí, estoy aquí contigo.

Atrapada en la pantalla de mi celular sin que pueda oler su cabello de fresas y coco o el aroma de su piel a vainilla entremezclándose.

—¿Qué te dijo?

—Apenas estuve ahí tres minutos, me invitó Alice a desayunar con él. Porque él la llamó. Llevo semanas esperando que me llame a mí y al final la llamó a ella.

El siguiente día voy al trabajo, ajusto reuniones, apruebo proyectos, hago llamadas y me saturo tanto como puedo y así evito pensar en él. Bella me envía mensajes a lo largo del día intentando darme motivación hasta que llega el de las cinco de la tarde, mi hora de salida.

Creo que estás siendo estúpido.

Levanto una ceja y verifico que se trate de su número.

¿Disculpa?

En lugar de responder el mensaje, me llama. Respondo y cierro la puerta con seguro de mi oficina.

—Fue un padre de mierda, pero sigue siendo tu padre y está vivo. Yo perdí a mi papá sin aviso previo ni oportunidad de despedirme siquiera de su cuerpo. Tú tienes un privilegio. Mira, tal vez yo no pueda enseñarte muchas cosas y no tenga muchas más experiencias que tú, pero sé lo que es no tener padres y me parece estúpido que prefieras mantener la distancia.

—No es así de simple.

—Es así de simple.

—No, no lo es.

—Lo es. ¿En serio quieres esperar a que esté hospitalizado y a punto de morir para querer hacer las paces? Tienes tiempo. Fue un padre de mierda, pero podría ser…

—Está sobrio por Alice. Él quiere hacer las paces con ella, no necesita tener dos hijos, Bella. Podría tenerla a ella, tal vez es lo justo. Es de lo único que habla cuando esta ebrio, bueno, la tiene ahora y estará en paz; y Alice también lo estará. Tres es un mal número. Creí que él me necesitaba, pero en realidad la necesita a ella.

—No funciona así.

—Sí, funciona justo así para él. Esperé por años que dejara el alcohol por mí y lo hace ahora para estar con Alice.

—Sigue siendo tu padre y sigues siendo su hijo, ¿desde cuándo haces lo que otros quieren?

—Desde siempre.

—Bueno… eso es estúpido también —sonrío un poco—, eres su hijo, él te quiere.

Y porque necesito un argumento para contradecir sus palabras se lo cuento por primera vez:

—No celebraba mi cumpleaños porque de niño me dijo que eso lo ponía triste. Mi nacimiento le recordaba que eso lo hizo perder a mamá.

La línea se queda en silencio unos segundos.

—¿Qué clase de padre te dice algo así? —pregunto sin esperar en realidad una respuesta—. Debí alejarme hace años, Carlisle siempre nos puso en primer lugar, tenía en casa el ejemplo del padre que nunca iba a tener en Aro. Mi papá se está muriendo, pero en realidad lo perdí hace años.

Camino hacia la ventana tras mi escritorio para ver la ciudad intentando recuperar un poco de calma. Casi olvido que estoy en una llamada porque pasan un par de minutos en total silencio.

—Está sobrio otra vez, y si lo hace por Alice o no, ¿qué importa? Créeme, sé muy bien la clase de idiotas en la que pueden convertirse los hombres con el alcohol. No hagas las paces con el padre alcohólico que fue estos años, hazlas con el hombre sobrio que está enfermo de cáncer y quiere tener un minuto más con sus hijos.

—No creo que quiera eso.

—No lo sabes.

—Lo sé. Si me quisiera a su lado me habría buscado a mí, la buscó a ella.

—Pues que se joda, ¿okay? Va a morirse, eso no le da derecho a salirse con la suya. Tú mereces despedirte de él, así que escúchame, no voy a contestar una llamada ni mensaje tuyo hasta que no vayas a casa de tu padre y lo hagas —suspiro.

—No es así de simple.

—Lo es. Y más vale que vayas hoy mismo porque si tardas mucho la próxima vez que me hable tal vez esté tomando el té con Carlota y Matilde.

—¿Carlota y Matilde?

—Te dije ayer que le puse nombre a las plantas.

No sabía que los días sin Bella serían los más complicados para mí, y quizás de haberlo sabido no habría sido tan convincente para que se fuera de mi edificio.

—No tienes idea de cuánto te necesito ahora mismo.

—Estoy aquí, contigo. Sólo que te ignoraré hasta que vayas con él —y porque Bella sabe exactamente cómo hacerme ceder, me cuelga la llamada. No intento llamarle otra vez, me quito la lágrima de la mejilla y tomo mis cosas del escritorio porque sé lo que tengo qué hacer.

Cuando entro a la casa de mi padre es de noche.

—El señor Aro está en su habitación.

Subo las escaleras, recorro el pasillo largo y me detengo frente a una puerta antes de llegar a la del final. Sujeto el picaporte, pero no me atrevo a moverlo y entrar. La última vez que dormí aquí tenía veintidós años. Ha pasado una década y no hay ninguna razón para que mis cosas sigan ahí. Suelto la manija y continuo mi camino hasta llegar a la puerta blanca del final, toco un par de veces hasta escuchar su voz.

—Pasa.

Sólo vengo a despedirme, puede que él muera en meses, pero no necesito atormentarlo hasta el final. Respiro hondo y entro.

Está sentado en la cama con almohadas en su espalda y las cobijas cubriendo sus piernas, tiene un cuaderno y una pluma a su lado.

—No te esperaba tan tarde.

Esta es una buena imagen, supongo. Cuando el tío Tomas murió su imagen se me quedó grabada en la memoria por años. Mi padre se ve de buen ánimo al menos, más débil pero de mejor humor que antes.

Camino hacia la cama, y me quedo de pie frente a ésta.

—¿Por qué no te sientas, muchacho? Esta va a ser una conversación larga.

Niego.

—No tengo mucho tiempo.

—Tu hermana dice que no estás de acuerdo en que ella forme parte de la empresa. No sabía que estuvieras interesado, en realidad fuiste muy claro con los años sobre no querer involucrarte.

—Y no estoy interesado —corroboro, asiente, pero frunce el ceño.

—¿Entonces?

—Haz lo que creas conveniente para tu empresa. Si crees que ella podrá manejarlo, bien. No vine a eso.

Levanta una ceja.

—Vine a… —se me corta la voz y paso saliva intentando recuperar las palabras, aprieto mis manos en puños. Sólo necesito decir un par de palabras y salir de aquí.

—Lamento nuestro último encuentro —dice él ante mi silencio—. Mi comportamiento estuvo fuera de lugar, y no debí tratar así a tu novia. Lamento también nuestra última llamada el día del aniversario de tu madre. No debí recriminarte esa pelea.

Bajo la mirada a la cama porque sin importar toda la mierda que ha dicho sobre mí a lo largo de estos años esta es la primera vez que se disculpa. Y como no digo nada él continúa:

—No creí que debiera llamarte después de que rompiste el compromiso. ¿Qué podría decirte un hombre que no aprendió nunca nada del amor? A tu madre no le agradaba Heidi y si debes saber algo es que Esme tiene un buen ojo en las personas. Asi que esta Bella debe ser una joya por lo enojada que estaba Esme sobre ese altercado que tuvimos en tu apartamento.

Sonrío un poco y me cuesta volver a la expresión indiferente, mantengo mi atención en las cobijas blancas.

—Fui un pésimo padre estos años.

—Hiciste lo que pudiste.

Nos quedamos en silencio unos segundos que se vuelven largos y afilados sin que ninguno de los dos sepa cómo continuar.

—Tu hermana va a quedarse aquí —me avisa.

Levanto la mirada hacia él.

—¿Aquí?

—En mi casa, por unos días. Le pedí conocerla a cambio de acciones. Y es una negociadora mordaz. Te lo digo porque no quiero crear peleas entre ustedes por eso.

Respiro hondo.

—No será un problema —las palabras salen entre dientes.

—No soy bueno en esto, Edward.

Yo tampoco. ¿Cómo se supone que se despide de alguien que seguirá vivo?

—¿Cuánto tiempo te queda?

Siento el zumbido en los oídos en espera de su respuesta, mira hacia el cuaderno sobre la cama y a mí.

—No más de medio año.

—¿Alice lo sabe?

Niega despacio.

—Es un tratamiento eficaz, me dará medio año.

Siento la opresión por cada parte de mi cuerpo, inhalo y exhalo por la boca sin que la sensación de ahogo desaparezca.

—Edward.

Niego. Así que digo cada palabra ensayada de un tirón para acelerar mi salida.

—Vine a despedirme. No quiero intervenir entre tu relación con Alice y necesitas ordenar tu vida antes de… así que no voy a robarte más tiempo. Creo que fuiste un buen padre cuando era niño e hiciste lo que pudiste conmigo después. Mi hermana no tiene paciencia, así que si lo jodes con ella, no va a volver.

—No voy a morirme hasta dentro de seis meses, Edward.

Seis meses me suenan a nada y a la vez a demasiado tiempo para que esta sea la última vez que lo vea.

—No tienes tiempo para dos hijos. Me toca hacerme a un lado. Soy consciente del sacrificio que hiciste para hacerte cargo de mí, así que no seguiré siendo…

—Diez minutos cada dos semanas —me interrumpe.

Levanto una ceja en espera de una explicación.

—Diez minutos cada dos semanas éramos una familia de nuevo. Era el tiempo que nos tomaba salir de la casa de tu madre cuando iba por ti los fines de semana, alargaba tanto como podía la conversación con ella porque era el tiempo en que los tenía a los dos. A Alice y a ti. Diez minutos, cada dos semanas. Y cuando se casó con Carlisle, no tenía siquiera diez minutos, Alice no salía a despedirte porque ella estaba en el jardín con él. Y ya no buscaba hablar con Esme porque Alice no estaba tras sus piernas. Perdí esos diez minutos y en algún momento también perdí nuestros fines de semana. Nunca supe pedir perdón. Tienes razón, no tengo tiempo, pero tengo dos hijos.

Palmea el colchón a su lado.

—Y no conozco a ninguno de mis hijos porque no les di el tiempo que se merecían —me queman los ojos, la garganta y por dentro entre las costillas.

—No creo que sea buena idea, estás muy bien ahora, llevas muchas semanas en rehabilitación y no quiero provocarte una recaída.

—¿Provocarme una recaída?

—Estás sobrio por Alice —mi vista se vuelve tan nublosa que apenas veo el bulto que él es sobre la cama, pero no bajo esta vez la mirada.

—Estoy sobrio porque de otro modo el tratamiento no va a funcionar. Estamos ganando tiempo, no más. Tú no tienes nada que ver con mi adicción.

—Te arruiné la vida, por supuesto que tengo que ver en eso.

—Me arruiné la vida solo —me contradice y vuelve a dar palmadas a su lado—. ¿Por qué no mejor me cuentas sobre tu vida y todo lo que me he perdido estos meses?

—Cuentame sobre todo lo que me he perdido estos días —dijo papá mientras encendía el vehiculo, mamá seguía de pie frente a la puerta de la casa, sacudí la mano contra la ventana para despedirme de ella y ella me devolvió el gesto.

—Mamá no quiere que entrene box.

—¿No?

—Dijo que es peligroso.

—Bueno… es peligroso.

—Pero tú dijiste que podía entrenar box —me quejé.

—Sólo si tu mamá aceptaba.

—Pero papá…

—No me gustaría que te pasara nada malo, y si ella cree que es peligroso, entonces será después.

—No es justo.

—Edward.

Parpadeo hasta enfocar mi vista.

—No sabría de qué hablarte. Cada conversación que hemos tenido terminó en una pelea. Vas a morirte y no quiero discutir contigo de nuevo.

—Francis Cox acaba de enviarme un video de ti en la fiesta de tu madre —mantuve mi vista hacia el camino a pesar de ver de reojo a Bella mirando hacia mí.

—No esperaría menos de él.

—Me gustaría decir lo mismo, pero de alguna manera te las ingenias para decepcionarme una y otra vez.

—No importa qué haga nunca es lo que tú quieres.

—Y eso es verdad.

—¿Lo ves? Estás a punto de sacar otra pelea.

—¿De qué serviría que hicieras lo que yo? ¿De qué me sirvió a mí? No puedo borrar mis palabras, Edward. Pero te prometo, no, te juro que no volveré a beber. Tu hermana tiene razón, mereces un mejor padre y no puedo deshacer lo hecho, ni tengo mucho tiempo para cambiar por completo, pero estoy esforzándome. Necesitas oírlo, pues bien, estoy orgulloso de ti. Lo digo en serio.

Vuelve a palmear la cama a su lado. Me quito con el dorso del brazo las lágrimas del rostro.

—Además, el derechazo que le diste a Peter fue digno de un boxeador. Esperaba que lo que noquearas.

—La primera vez lo hice —admito pensando en la noche en que lo encontré con Heidi.

—Se lo tenía ganado.

Doy un par de pasos hacia la derecha y me siento en la orilla de la cama.

—Muy bien, ahora, cuéntame de Bella, ¿dónde está ella?

Cuando lo miro sé que él va a ayudarme, por primera vez en años estoy seguro que me ayudará a conseguir lo que quiero. Y lo que quiero es recuperarla a ella, y que ella recupere a Charlie. Así que le cuento de Bella, de su llegada a mi vida y las últimas caóticas semanas a su lado, y cuando él no se burla, ni me sonríe con cinismo, sólo se queda atento y asiente cada tanto estoy seguro que está de mi lado.

Primero que nada, una disculpa por la espera. Entre mi caos emocional, el bloqueo creativo, el drama, el trabajo y la vida no salía ni una palabra por más que lo intentaba. Debo admitir que para hacer este capítulo tuve que dejar las medicinas, porque no fue posible mezclar la creatividad con eso y necesitaba sacar esta historia y una novela que debo entregar para finales del mes por una beca. Y como logré volver a sentir el control de mí misma pues pausé la medicación y mientras siga en control mi ansiedad es bastante llevadero todo esto.

Por otro lado, esta semana firmé al fin con Planeta, así que espero que para el 2024 pueda salir a la luz el libro de Una mujer sin corazón, razón por la cual bajé de las plataformas esa historia. Si no tuviste la oportunidad de leerlo puedes encontrar fragmentos en mi Instagram:

Y finalmente, estos días he sido una máquina de escribir, la verdad es que lo más importante de este capítulo fue de hace un par de días, yo espero que eso se mantenga porque tengo fragmentos de los siguientes capítulos.

Y ahora sí, cuéntame. ¿Qué te pareció el capítulo de hoy? Este es uno de esos capítulos importantes para el final de la historia así que espero que hayas estado prestando atención a los detalles. Si leíste Una madre sin esposo creo que la escena con Aro fue más triste porque se dio cuenta demasiado tarde de lo que sacrificó para la vida que quería. En fin, dejame saber tu opinión en los mensajes.

Nos leemos pronto