Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

DEMONIOS, TORMENTAS E INFIERNOS

Angielizz (Anbeth Coro)

GRACIAS GRACIAS

ELLA

Fragmento de un recuerdo

Recuerdo que dibujaba un río en las calles de la ciudad, mientras fingía prestar atención a las palabras del profesor. Eran las primeras semanas del semestre y ya era incapaz de sentir interés por la carrera de leyes.

—Eres muy buena —no fueron las palabras sino el tono impregnado de asombro el que captó mi atención y ahí estaba a mi derecha, un joven de ojos alargados que veía con atención mi garabato—. Lo digo en serio —reafirmó.

Yo pintaba desde niña, pero nunca me había creído mucho que el dibujo fuese lo mío, mamá era una profesional a mi lado y era muy difícil comparar mis experimentos artísticos al lado de la obra de ella, por eso ni siquiera consideré estudiar arte cuando llegó el momento de elegir universidad.

—Es sólo un dibujo —le resté importancia, pero él negó aún atento al cuaderno.

—Es como si el agua tuviera recuerdos.

Sonreí un poco cuando descubrí que él había comprendido el concepto.

—Eh sí, justo eso.

Y entonces me miró y sonrío, alargando sus labios tan lento que me pareció imposible no prestarle atención.

—Eric —estiró su mano hacia mí a modo de presentación y antes de que yo pudiera darle mi nombre el profesor gritó su nombre seguida de una pregunta.

Creí que así era el amor a primera vista.

No sé, tenía dieciocho años y Eric sabía exactamente qué decir y cómo para llamar mi atención, pero había más. Era como si al mirarme pudiera ver a través de mí, Eric nuca cayó en mis mentiras, a diferencia de mí que caí en las suyas. Me enamoré tan rápido y tan fuerte que ignoré las advertencias por él.

Eric era el mejor de la clase, y no precisamente por su inteligencia sino porque sabía exactamente qué decir y cómo para que los profesores lo consideraran sobresaliente. Tenía una habilidad casi nata de hacer que sus palabras fueran tomadas en serio, lo que quiero decir, es que él sabía mentir, pero entonces yo no lo llamaba mentiroso sino carismático.

Él a diferencia de mí, sabía exactamente a dónde quería llegar y cómo; por ejemplo, no debía perder su beca y tenía que mantener sus calificaciones intactas para eso. No es que yo no pensara en el futuro, lo creí garantizado para mí. Incluso cuando decidí abandonar leyes, no me preocupé por lo que vendría después, tenía el apoyo de mis padres y papá me dio un trabajo como su asistente mientras analizaba mis opciones, lo que ocurrió conmigo es que al perderlos a ellos, perdí el camino al futuro.

Pero creí que tenía a Eric.

Gracias a él fue que acepté que era buena pintando, buena a un nivel pretencioso que antes de él no tenía. Del nivel de artista que acepta retos para hacer caricaturas de la hermana del hombre con el que vives, del tipo de persona que juzga otros cuadros en museos mientras fantasea con ver su obra en esas mismas paredes.

—Deberías ser pintora —me decía cada que me encontraba haciendo algún garabato en el cuaderno. Sin darse cuenta, fue instalándome esa idea de raíz, decía que era lo suficientemente buena para ganar dinero. Lo que no asumió Eric es que yo no haría una cosa ni otra.

—Voy a abandonar la carrera, leyes no es para mí.

—¿Y qué estudiarás?

—Me quedaré en casa mientras decido qué hacer.

Mi respuesta no le gustó, no fue sólo que abandonara la misma carrera de él, sino que abandoné todo sin tener idea de qué haría con mi vida. Dejé la licenciatura y estuve seis meses trabajando con papá como asistente hasta que elegí estudiar para dentista, convenciéndome que un trabajo como el de papá me permitiría tener la vida de mamá que se dedicaba a pintar en sus ratos libres.

—Estás yendo hacia ninguna parte, Bella.

Mi relación de fantasía se desmoronó al mudarme. Durante las vacaciones, él pasaba sus días conmigo, noche y día, nos quedábamos la mayor parte del tiempo encerrados en la casa de mis padres porque no necesitábamos salir a ningún lugar. Y cuando la casa estaba sola podíamos encerrarnos en mi habitación.

—Regresa conmigo, podemos encontrar una mejor escuela para ti, ¿por qué quieres estudiar eso? ¿Por qué es la opción que tienes cerca? Tienes que salir de tu zona de confort, Bella.

—Me gusta mi zona de confort.

—Entonces visítame en las próximas vacaciones.

—No puedo, sabes que paso navidad con mis papás siempre.

—No eres una niña, tienes veintiun años.

Eric tenía defectos que no me gustaban, pero que ignoraba. Si algo no se hacía a su modo entonces su enojo escalaba rápidamente a rencor. La última pelea que tuvimos fue a principios de diciembre, me culpó por sus bajas calificaciones que lo hicieron perder la beca, dijo que lo estaba distrayendo y que si yo no era capaz de ir a él, él no vendría a mí, fue una pelea importante, esa fue la razón por la que lloré la última vez que mamá y yo comimos nieve en el sofá.

Eric sí viajó hacia mí, pero no para pasar las vacaciones, sino para estar a mi lado mientras enterraba a mis padres. Creí que a pesar de nuestras diferencias y discusiones estábamos bien, no creí que estuviéramos tan mal que fuera capaz de aprovecharse de mí del modo en que lo hizo.

Una semana después de la llegada de Bella al apartamento.

Viernes, 19:20

Es como si estuviese en alguna especie de limbo, suspendida en el tiempo y con todos mis planes en pausa.

Hago lo que puedo con mi tiempo, a esta etapa de mi vida he decidido nombrarla mi retiro forzado, así que pinto, llamo a mi hermano de manera puntual, dibujo, riego las plantas de Tanya, limpio el apartamento digna de mi propio documental de maniáticos de la limpieza. Estoy aprendiendo a usar los hilos de Tanya para hacer macramé, y cuando creo que no seré inoportuna envío mensajes a Edward, hago bocetos de nuevas ideas, borro, tiro a la basura, preparo la cena en videollamada con Edward y al día siguiente repito la misma secuencia.

Me quedo atenta a la captura de pantalla que tengo ante mí, una mujer pálida con ojos saltones, y cabello negro que cubre sus pechos bajo ese pedazo de tela ridículo que ella debe llamar traje de baño y que yo sé que se equivocó de talla al elegirlo, o no, porque la tela cubre apenas lo necesario dejando demasiada piel al descubierto justo como desea.

—Estás bromeando —digo sacudiendo la cabeza. ¿Por qué tiene que ser ella? Cierro la imagen y vuelvo a la videollamada con Edward. Por lo menos parece poco entusiasmado con esto tanto como yo.

—No fue mi idea —me recuerda mientras se sienta contra el respaldo de su cama. Regreso a la captura de pantalla sin salir de mi asombro y releo las pocas frases que salen en su perfil.

—"Mujer empoderada y divertida que gusta de las emociones nocturnas", ¿qué demonios es eso? ¿emociones nocturnas será nadar con tiburones en la noche? No lo creo.

—Yo tampoco… si no quieres que vaya no… —regreso a la llamada.

—No, no, tienes que ir. Venga, soy una novia moderna, ve con esta mujer que es catadora de vino, habla cuatro idiomas y fue candidata a concursos de belleza.

—¿Segura? —no lo convenzo, ni a mí, pero debo repetir en voz alta los motivos para que esta estupidez sea la mejor idea que se le ha ocurrido a James sobre Peter.

—Cuando Peter te vea con ella, se olvidará de mí.

—Es la idea.

Lo veo arreglarse desde la pequeña pantalla de mi celular mientras conversamos de su día; de mi parte no hay mucho que contar pero exagero un poco y finjo entusiasmo para él. Ver a tu novio alistarse para cenar con otra mujer no es sencillo ni siquiera cuando conozco los motivos que hay detrás y que esto lo hace por mí por extraño que parezca. Así que cuando se despide de mí, yo le repito que todo irá bien y que esta es una buena anécdota para el futuro.

Cuando se queda en negro mi pantalla, voy al estudio de Tanya que he adaptado para ser el espacio donde pinto, duro el tiempo suficiente ahí hasta que los trazos con el pincel no se convierten en nada excepto en un montón de formas disparejas de distintos tonos sobre el lienzo. Vuelvo a tomar el celular y compruebo la hora, han pasado tres horas y sé que no debo llamar por mucho que quiera saber si ya terminó de cenar con la amante de emociones nocturnas. Me dirijo a la habitación y muevo las cobijas antes de acostarme. Y entonces pongo todo mi empeño en dormirme ignorando a mi mente que insiste en lanzarme los peores escenarios que involucran a Edward y una atractiva mujer con sus encantos.

La mañana del sábado inicia mal, Peter no estaba en el restaurante al que Edward salió a cenar, así que fueron a un club que frecuentaban hace tiempo y tampoco tuvo suerte. Después llevó a su cita a dar un paseo cerca de la zona donde vive Peter y nuevamente fracasó en tener resultados positivos. No pregunté más, no indagué en si se divirtió o si fue una mala cita como la chica de Tinder, ni siquiera lo insinué, aunque las preguntas las sentía en la punta de mi lengua, las mordí con fuerza y me enfoqué en que el motivo para salir con ella era alejar a Peter de Charlie.

Mi noche de sábado termina peor cuando Edward me informa que volverá a salir, con una diferente mujer a un diferente lugar, pero la incomodidad que siento al respecto es la misma. Y, sin embargo, debo volver a mostrar la misma emoción para él.

Voy a enloquecer.

Paulina me envía una cara triste seguida de unos ojos locos.

¿En futuro? Porque "enloquecí" funcionaría mejor.

Exhalo con cansancio, levanto los brazos frente a mi cabeza y sigo texteando:

Por favor, dime que tienes nuevas noticias.

La veo grabar un audio y luego de un par de minutos al fin lo envía.

—Lo siento, Elieli, no sé qué más hacer. Dejó la carrera hace dos semestres, sus amigos no saben nada de él, su madre sobreactuó cuando pregunté por él y fingió que llevaba meses sin saber de su hijo. Por favor, recuerdo bien lo controladora que era Erika con ese idiota para creerle una palabra. Sus redes sociales están sin usar desde entonces, es como si se lo hubiese tragado la tierra. Ese imbécil va a mantenerse escondido antes que atreverse a terminar en prisión.

Repito el audio una vez más como si necesitara asegurarme que escuché correctamente cada palabra, pero repetir el audio no hace que el resultado cambie: Eric sigue sin aparecer y nosotros seguimos sin tener ninguna pista de su paradero.

¿Ofrecer recompensa por saber dónde está sería estúpido?

Paulina me envía una imagen. Es una hoja con una fotografía de Eric, un cartel pidiendo información sobre él a cambio de dinero.

Parece que Edward va un paso adelante.

Bien, ya enloquecí, no sé qué más hacer para recuperar a Charlie y estoy cansada de esperar aquí.

Son solo unos días, cuando Eric aparezca en la galería tendrás a Charlie contigo antes de que te des cuenta.

Gracias.

Me acurruco con las piernas contra mi pecho intentando respirar despacio para alejar los miedos de mí, pero se incrustan como púas a mi alrededor.

Paulina vuelve a enviarme un mensaje:

¿Qué haces despierta tan tarde?

¿Qué hago despierta a las doce de la noche sola y sin diversión a mi alrededor? Decido ser honesta.

Intoxicando a mi cerebro de pensamientos negativos, mientras espero que Edward regrese de su cita.

¿De nuevo?

De nuevo.

¿No salió ayer con ella?

La cita de hoy es una mujer diferente.

Y como si hubiese sido invocado entra una llamada a mi celular.

Hablamos mañana.

—¿Hola? —finjo una voz de cansancio como si me hubiese despertado recién y no como si llevara esperando que me llame desde hace una hora.

—No estaba ahí.

Aprieto los ojos con pesar, trago con fuerza el nudo en mi garganta antes de atreverme a usar la voz.

—¿Significa que volverás a salir mañana con alguien más?

—James cree que si Peter me ve con alguien, entonces se enfocará en joderme a mí directamente y no buscará ir sobre ti.

—¿Y a dónde fuiste hoy?

—Fui a un par de bares que frecuentaba con Peter, no estaba en ninguno.

Lo que significa que mañana volverá a hacer una cita a ciegas con una desconocida para demostrar que yo soy desechable y también lo fácil que fue olvidarme. Pero todo esto lo hace por mí y Charlie así que me obligo a decir:

—Gracias por hacer esto, cuando estemos juntos compensare tus citas con esas ardientes mujeres.

—Será pronto.

Cuando vuelvo a hablar hago una mala imitación de la voz de Edward:

—No son ardientes, Bella. ¿De qué estás hablando?

Su risa sube un par de líneas a mi ánimo.

—No son nada en comparación a ti. Si sirve decirlo, solo pienso en lo que haríamos si estuvieras conmigo.

—Yo también —miro hacia el techo y luego al lado vacío de mi cama—. ¿Cómo está Aro?

—Sobrio aún. Hice una apuesta con Alice al respecto.

—Espero que hayas apostado que se mantendrá sobrio —dejo el celular sobre la almohada con el altavoz y cierro los ojos imaginando que está acostado a mi lado.

—No realmente.

—Bueno, yo nunca apostaría contra tu hermana. Y como exempleada de Alice puedo asegurarte que ella sabe cómo conseguir lo que quiere.

—Pues yo nunca apostaría contra ti, así que confiaré en tus palabras.

—¿Y tú estás bien?

Después de la reunión que Edward tuvo con su padre, la relación de ellos cambió. De manera drástica si alguien lo preguntara, pero para Edward parecía un buen cambio y yo creo que era necesario. Así que usando de excusa que su padre requería descanso y no quería dejarlo a solas con Alice, se mudó a la casa de Aro al día siguiente de hablar con él.

—Es un poco extraño estar de vuelta, pero, por otro lado, el apartamento se sentía muy silencioso sin ti.

Justo como el apartamento de Tanya se siente sin él.

—¿Pero estás bien? —insisto.

—¿Lo que quieres saber es si hemos discutido? Soy un crío peleando con Alice, pero eso es porque ella sabe exactamente cómo sacarme de mis casillas. Te juro que es la única persona que acaba con mi paciencia.

—Estás exagerando.

—Ojalá.

—¿Y por qué discuten?

—Por negocios. Quiere tomar decisiones arriesgadas sin consultar a… —se interrumpe—, como sea, si ella le dijera a mi padre que debe incendiar el edificio de la televisora para cobrar el seguro, él lo haría.

—No suena a una mala idea.

—¿En serio? —sonrío ante la exasperación en su voz.

—Venga, Edward. Mientras Alice no haga enojar a Aro todo estará bien. Tal vez los negocios sea su manera de crear un lazo, no lo sé.

—Ese es el problema, para cuando ella haya terminado de crear ese lazo emocional con él, será demasiado tarde.

Oh.

—Pero no puedes forzarlo de otro modo —le recuerdo—. ¿Cómo pasan el rato tú y él?

—Maratón de box y videojuegos, era algo que hacíamos cuando era niño. No hay mucho que contarle de mi vida. Lo importante ya lo sabe y su vida ha sido el trabajo así que no tiene mucho qué contar tampoco. La verdad es que no sé qué estoy haciendo aquí, es como andar en una cuerda floja y ambos lo sabemos.

—Me gustaría haber tenido más tardes de películas con papá, ¿sabes?

—Bella…

—Lo digo en serio. Estás ahí porque vas a llenarte de nuevos y buenos recuerdos de él. ¿Qué importa si no hay nada que contar? —cuando escucho el largo silencio en la línea sé que me ha dado la razón, así que continúo—, me alegra que estés ahí, peleando con Alice o no. ¿Quién sabe? Tal vez la próxima vez que te mudes quien te saque de quicio seré yo. Tengo un par de técnicas para hacerlo.

—¿Sí?

Sonrío para mí.

—¿Estás en tu habitación? —me aseguro antes de permitir que la emoción crezca. En respuesta recibo una solicitud a videollamada, antes de aceptarla me quito la blusa y desabrocho mi ropa interior para después lanzarla al suelo, su rostro aparece en la cámara, su camisa está desabotonada y yo me río como una adolescente—. No había hecho desde hace… —me interrumpe con su voz ronca que me gusta.

—Cuando termine contigo, ni siquiera recordarás haberlo hecho antes —y en sus ojos encuentro una promesa que sé que cumplirá.

Lunes, 03:00

Jalo aire con fuerza para que el oxígeno entre a mis pulmones, pero la sensación de sentir que me ahogo se mantiene. Una pequeña parte de mí sabe que estoy fuera de peligro, que respiro y que todo va bien. El resto de mi mente no lo cree así.

Respiro y exhalo tan lento como soy capaz.

Los ataques de ansiedad aparecieron unas semanas después de ser contratada en el burdel, eran tan repetitivos que en algún punto se volvieron en parte de mi cotidianidad. Llevo casi cuatro meses desde el último ataque y la mente se acostumbra a la sensación de seguridad tanto que sentir esto de nuevo ahora es más complicado de vencer.

Me estoy ahogando. No. No es así, pero por si acaso vuelvo a jalar aire ruidosamente para recordarle a mi cerebro que respiro.

—Bella.

Se escurren las lágrimas por mis mejillas como si mi nombre activase un botón que las mantenía dentro de mí, ahora bajan en cascada.

—Lo siento —digo y aprieto mis piernas contra mi pecho, sentada en la cama a mitad de la noche y con la oscuridad a mi alrededor sin ser capaz de tener el control de mí misma—, sé que mañana trabajas temprano, no debí llamar —sorbo por la nariz a mitad de la frase—, pero llevo una hora en esto y no sabía qué más hacer. Si le hablaba a Edward, él…

—Está bien que me llamaras —me interrumpe la voz de James— sigue respirando.

Lo hago de nuevo, respiro por la nariz, lleno mis pulmones y exhalo vaciándolos a mi ritmo.

—Tú controlas tu respiración.

Respiro de nuevo.

—¿Esto ocurre seguido?

—Sólo cuando aparece la ansiedad. Estar aquí sola y no tener noticias sobre Eric es demasiado.

—Hago lo que puedo para encontrarlo.

—Lo sé y lo agradezco.

Jalo bruscamente aire y luego toso consiguiendo que el aire salga de mí de manera igual de brusca.

—Respira hondo.

Sigo la instrucción de James por lo menos lo intento, pero la respiración se cruza con un sollozo.

—Bueno, eso puedo entenderlo, pero en seis días estarás fuera.

—Si aparece Eric —contradigo.

—Lo hará, Edward tiene tapizada la ciudad con los carteles para ver tu obra.

—¿Peter no sospecha?

—No. A ojo de cualquiera es publicidad de la galería.

Por supuesto, porque James está a cargo de ocultarme y ocultar también mi relación con Edward, tanto que estar distanciados no es mi único problema.

—¿Por qué tienes que conseguirle tantas citas? —me quejo—. Él no salía con mujeres cuando terminó con Daiana.

—Exacto, pero iba a casarse con ella. Tú llevas un par de meses en su vida. Necesita notarse la diferencia.

Ya, claro.

—La cita de anoche era candidata a miss universo, ¿no puedes conseguirle otro tipo de novia?

—Esas son del tipo de mujeres con las que salía Edward antes de ti.

Intento que eso no sea un insulto, pero me cala como si lo fuera. Tiene sentido, por supuesto. Su exnovia será la perra maldita que es, pero eso no le quita la belleza física. Y yo no tengo problemas de autoestima, pero sé que no me acerco a ser ese tipo de mujer.

Siento la opresión contra mis costillas y me obligo a respirar hondo, pero suelto el aire de golpe y repito tres veces hasta controlar la exhalación.

—Cambiemos de tema —pido.

—Me parece buena idea.

—¿Qué le hiciste a Tanya?

—Pregunta difícil. Aunque puede resumirse en ser un perfecto imbécil.

—No estoy segura si se puede ser perfecto en eso.

—Tanya diría que sí.

Cierro los ojos e intento concentrarme en el aire entrando a mi cuerpo e ignorar la opresión y la bola de púas expandiéndose contra mi voluntad.

—No puedo respirar.

—Lo estás haciendo bien... Dormí con Alice hace un par de años tras una borrachera que nos pegamos juntos —me suelta y eso atrae por completo mi atención a la luz del celular a mi lado en el colchón.

—Y Tanya lo descubrió —resumo.

—Jasper se lo contó, la mañana siguiente de dormir con ella. Y supongo que eso fue mi culpa.

—¿Y también estabas borracho?

—Eso no importa.

—Sí que importa, a mí me importaría. Si dormiste con su prima borracho y luego fingieron que no pasó nada, y dos años después tienes sexo con ella borracho entonces…

—Supongo que entiendo el punto.

Respiro hondo de nuevo.

—Podrías conseguirle una cita promedio a Edward, ¿sabes?

—¿Eso qué importaría? Se queja más que tú por cada cita que le agendo.

—Yo prefiero no saber lo que ocurre en esas citas —lo interrumpo—. No sé qué tan convincente debe ser frente a Peter o sus amigos.

—No ocurre nada, cenan.

—Cena con chicas que concursan en shows de belleza.

—Eres una artista diez años más joven que él. Y Edward es caritativo, pero no a este nivel, así que respira ¿quieres? —incluso aunque su tono no es halagador sus palabras consiguen hacerme sonreír—. Si las citas de Edward te provocan ansiedad podemos buscar otro modo de despistar a Peter.

—No. Las citas no me tienen así, Eric es el culpable de esto. Sólo ayúdame a encontrarlo.

Mismo día y mismo lugar, 20:13

—¿Cuánto tiempo vivirás ahí? —pregunto al tiempo que me preparo la cena.

—Hasta que sea tu evento en la galería.

—O hasta que aparezca Eric —contradigo y la decepción es evidente en mi voz.

—Si Eric no aparece voy a sacarte de ahí y nos iremos a la casa de Carlisle y mamá en las montañas, la abstinencia no es lo mío.

—Oh… es por sexo.

—Cuando estés encerrada en una cabaña conmigo no sonarás así, es una promesa.

—Es una buena promesa.

—Es mejor que eso —hay indignación en su voz—. ¿No se está quemando la sopa?

Reviso la cacerola justo a tiempo para apagar la estufa.

—Tal vez la cocina no sea lo mío.

—¿Tal vez? —dejo pasar su broma mientras me concentro en girar la carne—. Lo digo en serio, dame hasta el sábado por la noche, si Eric no aparece te sacaré de ahí o me encerraré contigo.

Sonrío.

—Carlisle dice que podríamos enviarte a casa de ellos, la casa del jardín es lo suficientemente amplia para mantenerte distraída y no estarías sola, solo no podrías salir al jardín, por supuesto.

Y quiero aceptar, por supuesto, pero no quiero involucrar a más personas en mi caótica vida, así que rechazo su propuesta y confío en que en pocos días todo saldrá como lo planeado y yo podré ser libre otra vez.

Una pesadilla, 03:21

Corre, corre, corre, corre, corre.

Dicto las ordenes a mi cuerpo, pero por más que intento mis piernas se congelan, el hielo que las rodea se incrusta en mi piel y cada paso resulta más doloroso que el anterior, pero debo seguir, debo ser capaz de correr aunque apenas puedo dar un paso lento frente al otro.

Frente a mí está la casa de mis padres, estoy a solo unos pasos de llegar a la puerta, pero siento que llevo una eternidad frente a ésta y sigo sin poderme mover, solo son un par de metros y podría entrar, sólo eso.

De las ventanas sale humo negro y escucho el grito de mi hermano llamando por mí, pidiendo que vaya a él, que lo saque de ahí. La casa tiene fuego en el techo y las cortinas de la sala están ardiendo también, frente a mí está el fuego y el hielo me tiene detenida, sin derretirse a pesar del calor que me rodea.

—Charlie —grito con desesperación una vez más.

La puerta se abre y una mujer con cabello blanco, dientes amarillos y ojos verdes demoniacos está ahí, la cubre una capucha oscura, la poca piel que queda al descubierto se pierde en fragmentos hasta dejar ver sus huesos.

—Jamás será tuyo. Y si no puede ser mío no será de nadie.

Sale de la casa y cierra la puerta a sus espaldas con llave, mientras los gritos de Charlie se vuelven agónicos y se pierden en mi propio grito.

Cuando consigo despertar lo hago en medio del llanto, aprieto mis piernas contra mi pecho e intento respirar a pesar de los sollozos que me ahogan. Estiro mi brazo al celular en la mesita de noche, digito el número de Edward y lo borro. Si él supiera el infierno que está volviéndose vivir aquí, intervendría y todo mi esfuerzo en quedarme en este lugar sería en vano. Así que voy a los contactos y presiono el número de James.

Suena una vez antes de que su voz salga del auricular.

—Respira, Bella.

Miércoles

Regar plantas no es suficiente entretenimiento, mis sentimientos evitan que tenga creatividad para pintar, la ansiedad es superior a todo lo otro. Las únicas personas con las que me mantengo en contacto son Edward, Charlie y Paulina; con Charlie tengo llamadas a la misma hora de siempre; Paulina me llama a medio día en su descanso de trabajo; y Edward me envía mensajes apenas despierto y nos llamamos por la noche, volvimos una rutina tener videollamadas durante la cena.

Nada espectacular ocurre en los siguientes días hasta que llega el miércoles y con éste un corte de luz. Para ser honesta no sé en que momento ocurre el apagón, lo noto hasta que despierto y sé que debe ser pasado medio día porque este es mi reciente cambio de horario, con las pesadillas y los ataques de ansiedad por las noches, es imposible despertar temprano.

Agarro mi celular y descubro que no tiene pila, por la madrugada James se quedó conmigo hasta que en algún momento me dormí. Sin embargo, cuando lo conecto al cargador la pantalla no enciende y al querer encender el foco del techo corroboro que no hay luz. Es sólo un apagón. Sólo eso.

Abro la cortina del balcón para descubrir casi con horror las nubes negras de afuera. No está lloviendo, pero es posible que lo hiciera mientras dormía.

Hiperventilo mientras voy de regreso a la habitación, pretendo que por un milagro algo de pila quedara en mi celular, pero sigue tan muerto como lo dejé al despertar. Regreso a la ventana, es el tipo de nubes oscuras que anuncian lluvia o una tormenta.

Busco, arriba y abajo, en cada cajón, pero no encuentro audífonos, Tanya tiene balcón con ventanales que no serán de ayuda contra el sonido de los relámpagos. No quiero entrar en pánico, pero estoy entrando en pánico.

Muerdo mi pulgar con fuerza mientras mis piernas tiemblan, estoy fuera de control porque sé lo que se viene para mí. Necesito salir de aquí. Y como si pudiera invocar a los problemas escucho unos golpes en la puerta, no pienso mucho en mis acciones cuando me dirijo con pasos largos y entusiastas hacia ahí, quito el seguro y abro.

Dos hombres con capuchas negras y lentes están de pie frente a mí. Dos desconocidos que esconden cualquier emoción bajo esos lentes y las líneas tensas de sus labios. Dos hombres que nunca en la vida había visto y que ahora están aquí sin invitación.

No tengo idea de quiénes son, pero no me quedan dudas de que estoy en problemas. Así que antes siquiera de considerar en lo que hago convierto mi mano en un puño, lista para pelear y salir de aquí con vida.

—Tenemos instrucciones de llevarla con nosotros.

¿Don? ¿Peter? No me quedaré a descubrirlo. Así que separo las piernas justo como me enseñó Edward y tomándolo desprevenido lanzó mi puño a la cara de uno de ellos antes de salir corriendo hacia las escaleras para sorpresa del segundo.

A prisas bajo las escaleras escuchando sus pasos tras de mí.

—Deténgase.

Hago lo contrario a lo que ordenan, solo son tres pisos y salto de dos en dos los escalones con prisas. Estoy por llegar a la planta baja cuando el estruendo de un trueno me paraliza en mi lugar, no, no ahora.

Un segundo trueno más fuerte y largo.

Mi lengua me falla y las palabras no salen, no puedo gritar por ayuda ni pedir que me dejen. Mis piernas se vuelven temblorosas y sus manos en mis brazos impiden que termine en el suelo. Sacudo con debilidad la cabeza mientras me esfuerzo en mantenerme en el presente, pero mi vista falla y me imagino en otro lugar. Casi a rastras me sacan del edificio, sé que dicen algo, pero sus voces se pierden en el siguiente trueno. Una camioneta negra con vidrios polarizados está frente a mí, abren la puerta, mis pies no se quedan fijos en la acera, son arrastrados por la fuerza de ellos.

Aquí y ahora. Necesito enfocarme en lo real, pero apenas consigo manotear el aire mientras me suben contra mi voluntad. Y entonces ya no estoy afuera del edificio que me tuvo prisionera por más de una semana, estoy en un avión que cae al lado de mis padres.

Al despertar, estoy en una habitación desconocida.

Una colchoneta en el suelo y una habitación azul oscuro y piso reluciente color negro es mi nueva prisión. Me cercioro pasando mi mano sobre mi cuerpo, pero sigo vestida excepto que voy descalza. Intento hacer memoria, pero estoy casi segura que antes de que llegaran los hombres al apartamento yo iba sin zapatos. Es una habitación grande, pero simple y vacía, excepto por el colchón y las dos almohadas.

Me pesa el cuerpo como si un camión me hubiese aplastado la espalda y al pasar saliva noto que la garganta se siente como si la hubiesen tallado con alfileres. No hay tiempo para consideraciones para mí, sólo necesito salir de este lugar ahora. Me levanto con prisas y la rapidez consigue solo que me maree en mi sitio, parpadeo y me enfoco en la puerta, parece simple, una sencilla puerta con manija, al llegar a esta descubro que no tiene seguro del otro lado y que puedo girarla.

Una pequeña victoria para mí que apenas puedo saborear, porque cuando abro la puerta despacio descubro que están los dos hombres de antes, sin las sudaderas negras ni los lentes, con camisa blanca de botones y pantalones de vestir. Ambos están sentados frente a un escritorio con tres pantallas que muestran en cada una diferentes escenas de una casa en blanco y negro, son videos de seguridad.

Hay una puerta del otro lado de esta sala, pero sé con certeza que no conseguiré llegar ahí sin ser alcanzada por ellos. A excepción que sea silenciosa y…

—Él está en una reunión, volverá en cuanto termine —el hombre más cerca a mí ni siquiera me mira, sigue atento a las pantallas, pero sé que me habla a mí. La bola de púas crece veloz en mi interior, me enfoco en mantener la calma. Tengo que salir de aquí.

—Iré a avisar que despertó —se levanta el segundo hombre, sin mirarme, directo hacia la salida, descubro entonces que al lado de la puerta hay un monitor para poner la contraseña que le permite salir y que sin la clave correcta jamás podré escapar.

Cierro mi puerta y regreso al diminuto calabozo. Un colchón, dos almohadas, es todo lo que tengo como herramienta para defenderme y estoy segura que esos tres objetos podrían jugar más en mi contra que a mi favor. Tomo una de las almohadas y con cada mano una de las esquinas, venga, si esto puede ser mi única arma, entonces la usaré.

Me quedo de píe al lado del colchón, en la esquina alejada a la puerta. Mis opciones van de Don a Peter a Eric, cada uno podría tener diferentes motivos para llegar a esto, aunque descarto casi enseguida a mi exnovio, lo que a Eric le sobraba de imbécil le hacía falta en recursos para conseguir lo que quería. Contratar a dos matones para ir por mí y acondicionar este lugar para impedir mi escape requiere de una suma de dinero grande.

Peter tiene el dinero y las motivaciones para llegar a esto, sin que Edward hubiese conseguido ser visto por él es imposible saber si está enterado o no del rompimiento. Pero no sería capaz de esto, ¿por qué secuestrarme y meterse en tantos problemas por la bailarina de un burdel de un hombre que ni siquiera considera su amigo?, ¿cómo hacer algo ilegal podría beneficiarle entre todas las otras cosas ilegales que Edward sabe de él?

Respiro hondo y lento, pero un pitido largo se escucha dentro de mi cabeza y sé que estoy perdiendo el control sobre mis emociones. Si no puede ser Eric, y es demasiado riesgoso para que se trate de Peter, sólo me queda una opción: Don.

Don bien pudo hacer todo esto con su dinero o con el dinero que Edward le dio por mi libertad. Y entre todas las posibilidades casi deseo que se trate de Peter, porque si Don está detrás de todo esto…

Una vida o tu cuerpo. Mis ojos van al colchón en el suelo, nada podría impedir que consiga de mí ambas cosas. Intento apartar la imagen, pero se cuela sin permiso y no puedo pensar en otra cosa por unos segundos, Don entrando a la habitación y sonriéndome con la perversidad que lo caracterizaba. Y sé que si es él quien está detrás de todo esto, nada ni nadie le impedirá esta vez que haga conmigo lo que quiera.

Edward ni siquiera se preocupará por mí hasta que sea demasiado tarde y ni siquiera yo tengo idea de a dónde me pudieron haber traído. El reluciente piso negro no es del burdel. Esto podría ser cualquier motel a las afueras de la ciudad, un maldito bunker bajo el suelo donde mata a las mujeres que no pagan sus deudas o quizás estoy en otro de sus negocios sucios con alguno de sus clientes adinerados y pervertidos.

La perilla de la puerta gira despacio atrayendo mi atención, sujeto la almohada como si de esto dependiera mi vida, la llevo por encima de mi cabeza para tomar impulso al lanzarla al tiempo que la puerta se abre. No lo dudo cuando tiro con fuerza la almohada, me agacho para tomar la segunda y voy a repetir el movimiento de lanzarla cuando mis ojos deparan en el recién llegado.

Tiene la almohada en una mano; una ceja levantada que muestra su evidente sorpresa por mi débil ataque y una sonrisa que va creciendo cuando sus ojos van del objeto en su mano a mí.

—Para el futuro, un puñetazo es mejor que una almohada.

Cuando imaginaba cómo sería el reencuentro siempre venía a mí la imagen de mi riendo y corriendo hacia él, pensaba que me daría vueltas a su alrededor y que ni siquiera lo dejaría hablar cuando ya estaríamos desnudándonos. Lo que en realidad ocurre es muy diferente.

El miedo contenido al peor escenario se transforma con tanta prisa a alivio, que la risa que debería salir lo hace en forma de llanto. No camino hacia él porque siento paralizado mi cuerpo y lo único que soy capaz es de cubrir mi rostro, así que sólo hasta que siento sus brazos a mi alrededor y huelo su colonia directamente de la piel de su cuello, sé que es él quien va por mí.

—Siento haberte asustado —habla contra mi cabello mientras sus manos suben y bajan por mi espalda para darme confort—, Fabio dijo que no les diste tiempo de presentarse, debí saber que ni siquiera escuchaste lo que te dijeron después de que comenzaron los truenos —niego despacio apretándolo con fuerza contra mí para convencerme que es real—. Estuve con Alice toda la mañana en una reunión con inversionistas y cuando vi el mal clima era demasiado tarde.

—No es tu culpa —consigo hacer que las palabras salgan, quito las lágrimas de mis mejillas con la manga de mi blusa y retrocedo apenas lo suficiente para verlo a la cara—. Es solo que ni siquiera consideré que fueras tú detrás de todo esto. Dos hombres encapuchados parecía algo como lo que haría Don para…

—No volverá a acercarse a ti —me asegura interrumpiendo mi explicación.

—¿Y si los intereses no son suficiente? ¿y si quiere vengarse por irme contigo? No he parado de darle vuelta a esa idea estos días, ¿y si…

—Quería el doble para dejarte en paz y pagué más que eso. Él sólo quería dinero, no veía más que negocios en ti —sujeta mi cara con ambas manos, limpia mis lágrimas con sus pulgares y finalmente levanta con dos dedos mi mentón, cuando me hundo en sus ojos sé que las palabras que dirá serán verdad—. Si me hubiese quedado una duda que iría tras de ti, habríamos ido tras él primero. Debiste decirme que no te sentías segura estando sola en el edificio de Tanya.

—Eso no importa ahora, estás aquí —miro la habitación azul y el piso negro antes de volver mi vista a él—, ¿dónde estamos?

—Bienvenida a la casa de mi padre.

Estoy de regreso, tuve varios meses complicados en mi vida personal, y estuve sin escribir durante este tiempo, pero ya estoy de regreso y estoy lista para llevar esta novela al final que han estado esperando. ¿Qué te pareció el capítulo de hoy?

Hagan sus apuestas, ¿qué creen que se viene a continuación?

Agradecería si pudieras apoyarme siguiendome en mi página de Instagram, donde estaré anunciando información sobre el siguiente libro "Amada a la medida", la historia de James y Tanya, que posiblemente adapte como Ed&Bella

.

instagram Angelica L . Cota

Nos leemos pronto