"Sin mirar atras"

Lady Supernova


Capítulo 6


Manhattan, Nueva York, 23 de diciembre de 1921.

La invitación para tomar el desayuno, que Eleanor Baker le había extendido, simplemente le cayó del cielo. Terry estaba seguro de que nunca en toda su existencia, se sintió tan entusiasmado de encontrarse con la mujer que le dio la vida. Y es que Eleanor, era como una bocanada de aire limpio y puro. Era la paz que su alma necesitaba en esos momentos tan complicados, que estaba viviendo.

La hermosa y madura actriz, fue la primera en llegar al lugar convenido. Ella sabía que Terry era la puntualidad hecha persona y que se debía respetar la hora del encuentro, porque si no se hacía de esa forma, el caprichoso muchachito, se molestaba.

—Llegaste primero... —expresó Terry, sorprendido, acercándose a ella para besarla en la mejilla.

—Quise estar a la altura del caballero con quien me iba a encontrar... —Eleanor le sonrió bellamente, al tiempo que lo observaba tomando asiento.

—Me parece perfecto porque odio esperar... —Terry la tomó de la mano y luego la miró a los ojos—. Buenos días, mamá... ¿Cómo estás?

—Estupenda, mi amor. Me siento realmente maravillosa... —comentó apretando la mano de su hijo—. Y me siento así, porque te tengo aquí, frente a mí, gracias por aceptar esta inesperada invitación.

—Fue un gusto aceptarla —le hizo saber, sonriendo como pocas veces.

—Espero que no te moleste, pero ya ordené por ti —indicó con naturalidad— . Como puedes notar, el restaurante está a reventar y quise asegurarme de tener tu desayuno a tiempo.

—No me molesta... —respondió Terry—. Este restaurante me encanta, pero verdaderamente odio tener que pedir mis alimentos en francés —susurró con diversión.

Eleanor asintió y luego miró atentamente a su hijo...

—¿Te sucede algo? —cuestionó curiosa.

—¿Por qué me preguntas eso? —respondió Terry, aclarando su garganta.

—Lo hago, porque noto algo en tu mirada.

—Santo Dios... ¿En mi mirada? —preguntó Terry haciendo un gesto de sorpresa.

—Sí, muchachito, en tu mirada... ¿Qué es lo que está pasando? ¿No quieres que hablemos de ello?

—Suceden muchas cosas, mamá... cosas que ni siquiera te imaginas.

—¿Y acaso no soy digna de que me platiques sobre eso?

—Por supuesto que sí.

—Bien, pues, soy toda oídos, querido... —Eleanor volvió a tomar la mano que Terry tenía sobre le mesa y agregó—. Confía en mí, amor... ¿Qué es lo que te tiene tan alterado?

Terry se armó de valor y entonces comenzó a relatar aquella serie de eventos que se habían suscitado, comenzó con lo de Susana, porque deseaba que su madre estuviera enterada de la situación, bajo ningún motivo quería que Eleanor se hiciera ilusiones con el embarazo de la ex actriz, pues el bebé de ninguna forma sería su nieto.

Eleanor estaba muy impresionada, todo eso, le había provocado una guerra de emociones encontradas, estaba triste por la vida que llevaba su hijo al lado de Susana, pero, también se sentía indignada y molesta. Realmente no sabía qué hacer para controlarse... ¿Cómo era que Susana se había atrevido a llegar tan lejos? Ella entendía que la joven estuviera trastornada por no haber sido desvirgada por el hombre que ama, pero... «¿Tenía que recurrir a tan mala decisión?» Eleanor no lo aceptaba. Por otro lado, Terry también le habló sobre Candy y de lo «muy casada» que se encontraba.

—¿Ahora entiendes por qué estoy así? —cuestionó Terry.

—Puedo entenderlo, querido.

—Y por cierto, ella te mandó saludar... —mencionó refiriéndose a Candy.

—Agradécele, cuando la veas de nuevo. Y dile que me encantaría saludarla personalmente.

—¿Verla de nuevo? —interrogó el muchacho—. Madre... ¿Cómo esperas que la vea de nuevo? Ya te dije que ella está casada...

— ¿Y eso qué? ¿El esposo le va tapar los ojos para que no te vea? ¿O la va encerrar para que ustedes no se encuentren? —preguntó divertida, la actriz—. Candy va vivir en Manhattan... ¿No?

—Así es... pero...

—Terry... vamos, tómalo con calma, hijo —recomendó Eleanor, con una sonrisa—. El destino siempre toma su curso y si este quiere que ustedes dos se vuelvan a ver, entonces no habrá nada qué hacer ¿o sí?

El asintió aunque no estaba muy convencido de eso y luego continuó con su plática. Mientras la actriz, escuchaba con atención a su hijo, una mirada se apoderaba de todos sus movimientos...

Nina, había llegado justo en el preciso momento en el que madre e hijo se tomaban de la mano, esa muestra de cariño tan natural para ellos, resultaba francamente incomprensible para la joven... «Eleanor Baker», reflexionó con recelo. La muchacha rubia tomó asiento a unos cuantos metros de ellos, sin embargo, Terry nunca reparó en su presencia.

Nina prácticamente bufaba, no sabía que era lo que le molestaba más: quizás era la forma en la que Eleanor miraba a Terry y la manera en que Terry le sonreía... o tal vez, era esa complicidad, que se podía observar a kilómetros...

«¡Es ella!»

Le gritó su interior.

«Eleanor, es la mujer a quién él ama»

Volvió a decirse, completamente segura de ello, pues, lo que estaba viendo le confirmaba que la madura actriz, no significaba cualquier cosa para él. No tenía la mínima duda... ¡Eleanor Baker, era la rival que tanto pidió conocer!

Por largo rato, Nina los observó con toda la discreción que le fue posible. Vio como Terry sonreía y platicaba con la madura actriz, la joven Wenzierl ni siquiera sabía que Terry pudiera sostener una plática de aquella forma... con ella jamás platicó así. En realidad, ellos nunca platicaban, lo único que hacían era tener sexo.

Después de algunos minutos el guapo castaño, llamó a un camarero y pidió la cuenta, parecía que Eleanor era quien deseaba pagar, pero Terry insistió en que no lo hiciera. Nina no podía creerlo ¡Con ella jamás quiso salir en público! ¿Y en cambio Eleanor Baker? Esa obtenía una salida a uno de los mejores restaurantes de Manhattan y por si fuera poco, poseía la atención absoluta de Terruce...

Al verlos salir, no dudó en seguir sus pasos. Pagó la cuenta y luego los persiguió sigilosamente. Eleanor y Terry, subieron al automóvil, sin siquiera interesarse por quienes los veían. Nina resopló con enojo y luego los miró marcharse.

Eso no se iba a quedar así, la energúmena muchacha, estaba tan furiosa, que ya no dudaba en hacer lo que venía pensando desde que Terry terminó con ella... una sonrisa perversa, se dibujo en su rostro... ¡Terruce Grandchester se las iba pagar!


Ruta Nueva York - Chicago.

Candy lo miró desde el otro extremo del compartimento, pero Kieran, no se dignó a devolver la mirada... «Dios mío, él está molesto...» se dijo Candy en pensamientos, sintiendo que el corazón le latía con dificultad.

La noche anterior, después del encuentro con Terry, Candy sintió que Kieran actuaba algo raro; la miraba de una manera que ella no pudo descifrar. Estaba segura de que su esposo, podía leerle la mente y que se daba cuenta de que sus pensamientos estaban aturdidos, a causa de Terry.

Apenas llegaron al cuarto, Kieran se mostró frío y distante con ella. La besó, la abrazó, pero no pasó de eso. No la trató como estaba acostumbrada, ni siquiera quiso salir a cenar...

Candy suspiró sin saber cómo sentirse al respecto, su corazón y su cabeza, estaban llenos de contradicciones. El reencontrarse con Terry le había sacudido el mundo entero. Prueba de ello, era que no paraba de recordar al atractivo rebelde y los momentos que pasaron juntos. Pero, por otro lado, tampoco deseaba que Kieran la ignorara de esa forma... ella quería llorar... ¡No sabía lo que le estaba pasando! Estaba confundida y eso no le agradaba.

El señor Livingston, por su parte, fingía leer un libro, mas en realidad, lo único que hacía era pensar y volver a pensar en lo que sucedió la tarde del día anterior, cuando entró al Hotel Plaza y se encontró a Candy, junto al hombre que él siempre supo era su gran rival. La manera en que Candy y él se miraban, no le gustó...

Resultaba absolutamente ilógico que hubiera sentido tantos celos de aquel muchacho, sobre todo, porque él estaba seguro de lo que tenía junto a su mujer. Conocía toda la historia de Candy con Terry y lo separados que se encontraban, la palabra «celos"» no debería existir en su vocabulario, sin embargo, el hecho de haber visto a Terruce, besando la mano de su esposa con tal insolencia... lo hacía rabiar por dentro. Era como si el joven le hubiese declarado la guerra.

—No lo soporto... —dijo Candy mientras le quitaba el libro de las manos e interrumpía sus pensamientos.

Kieran la miró con ojos muy abiertos y luego cuestionó:

—¿Qué es lo que no soportas?

—Esto... —señaló el espacio entre ellos—. No soporto que te portes así. No quiero que estés molesto conmigo.

—No estoy molesto contigo.

—Pero... tú no... hoy no... —Candy no supo ni cómo reclamarle el hecho de que no la mimó como solía hacerlo, no obstante, él lo entendió perfectamente.

—Estoy molesto conmigo mismo, Candy...

—¿Por qué?

—Porque soy un idiota... —mencionó así, sin más.

—No eres un idiota.

—Al menos lo fui ayer... —Ella se sonrojó y Kieran añadió—. Perdóname. Me comporté como si tuviera quince años.

—Shhhh... no pasa nada, Kieran.

—Pero...

—Sólo olvidémoslo —Candy se sentó junto a él y luego lo besó en la mejilla—. ¿Te sientes mejor verdad? ¿La congestión ha pasado?

—Sí y eso es gracias a la enfermera que tengo... —Kieran tomó la mano de Candy y la besó con devoción—. Gracias, Candy. Yo sé que este malestar no pasará a mayores.

—Si te sientes mal, podemos quedarnos en Chicago.

—No me siento mal y por nada del mundo pienso perderme la fiesta del Hogar de Pony, así que, deje de exagerar Señora Enfermera.

—De acuerdo —le dijo Candy, posando un beso en su frente.

—De hecho... me siento tan bien, que estoy dispuesto a enseñarte algo...

Aquel seductor gesto, hizo que Candy sonriera nerviosa.

—¿Qué me va enseñar señor Livingston? —cuestionó con suspicacia.

—Señora, la voy a enseñar a hacer el amor en un espacio pequeño...

En aquél momento, Candy hubiera preferido no tener sexo, ella por supuesto quería estar cerca de él, pero no deseaba tener intimidad allí. Como fuera, al final, no tenía el corazón para negarse. Kieran era su esposo y la amaba, no podía decirle que no tenía ganas de ser suya en esos momentos. Él había estado apático y ausente, no era buena idea darle más en qué pensar.

Lo que más temía era que su mente no estuviera en el acto, pese a ello se negó a nada, simplemente se dejó llevar por el amor y el placer que su experto marido, le prodigaba.


Park Avenue South, Manhattan.

Terry fue vigilado de cerca, no obstante, el confiado joven no se percató de ello. Había disfrutado tanto de la compañía de su madre, que poco le interesaba lo que sucedía a su alrededor.

Los ojos de Nina lo persiguieron una y otra vez, ella estaba tan molesta, que no le importaba si Terry la descubría. Su descaro ya no tenía límites. Obligó a su chofer, a seguirlos a él y a Eleanor Baker, durante toda la tarde.

—Con que lo tuyo son las mujeres mayores —dijo la voz de Nina, mientras Terry salía de su auto—. Te he visto Terruce...

—¿Y lo tuyo es el espionaje? —respondió él con diversión—. Espero que perfecciones tu técnica, porque en realidad, estás muy perdida.

—Te conozco, Terruce. Estás tratando de quedar bien con Eleanor.

Expresó la rubia, siguiendo a Terry hasta la puerta de su casa. Terry sonrió sin poder evitarlo... Y sin decirle nada, le dio un empujón hacia dentro, no permitiría que Nina hiciera un escándalo en la calle.

—No me conoces, en absoluto, Nina... —El actor acarició la mejilla de la muchacha y ella no pudo hacer nada más que estremecerse, sentir los dedos de Terry sobre su piel le resultaba sumamente reconfortante—. Querida, unos cuántos revolcones en la cama, no te hacen un experta en mi vida... —añadió con saña, mientras palmeaba suavemente la mejilla de la muchacha.

Nina estaba segura de que ya no lo podía odiarlo más, sin embargo, estaba equivocada, porque odió a Terry con toda su alma, lo detestó al grado de querer ahorcarlo... ¡Lo odiaba tanto que lo único que deseaba, era poder desaparecerlo!

—¡Eres un idiota!

—Y tú una acosadora... ¿No te quedó claro que esto ya se terminó?

—Parece que a ti tampoco... —dijo ella mirando alrededor del recibidor—. Sussie no está, ¿verdad? De lo contrario, jamás me habrías dejado pasar a tu pequeño palacio.

—No te confundas, linda. Yo no te dejé pasar, ¡te empuje hasta aquí, para que ya dejes de exhibirte en la calle! No quiero salir en ningún tabloide, ¡por eso estás aquí!

—Como sea... —dijo Nina con diversión—. Estamos solos... ¿Por qué no olvidamos estas estupideces y hacemos lo que mejor sabemos hacer?

Nina se acercó hasta él y sin reparos acarició el miembro viril de Terry. Sonrío al sentirlo, pues extrañaba tenerlo dentro de ella, moviéndose y haciéndola sentirse completa.

—¿Qué es lo mejor que sabemos hacer? —cuestionó, fingiendo que disfrutaba de la caricia—. ¿Te refieres a revolcarnos?

—Revolcarnos, no... tú lo que quieres decir... Es que lo mejor que sabemos hacer, es hacer el amor... —explicó, buscando la cremallera del pantalón.

—Nosotros no hacemos el amor, querida... lo que hacemos es tener sexo —Él la tomó por la cintura y la miró seductor—. Lo que hacemos tú y yo nada tiene que ver con amor... más bien es algo mecánico, algo que hace un varón cuando quiere satisfacer sus necesidades... —señaló él recordando que todas las veces que llegó al orgasmo, lo hizo imaginándose que Candy era quien estaba bajo su cuerpo, gimiendo y pidiéndole que no dejará de darle placer—. Tú tienes facilidad para abrir las piernas y para mí, es sencillo tomar la oferta y penetrarte... eso no es amor y tú lo sabes... —concluyó, alejándola con energía de su cuerpo, despreciándola como nunca antes lo hizo.

—¿Y es amor lo que sientes por Eleanor? Ja, ja, no me hagas reír... — Nina sonrió y venenosamente añadió—. No creo que me llegue a los talones. Sus atributos, no son mejores que los míos ¿O sí? Déjame preguntarte algo: ¿qué tal te llevas con ella en la cama? —cuestionó la joven rubia con una malévola sonrisa dibujada en sus labios—. ¿Te hace disfrutar tanto como yo?

Terry la miró con furia y sin poder controlarse, tomó a Nina por ambos brazos, para obligarla a mirarlo.

—Nunca más vuelvas a decir eso... —le dijo con seriedad—. Jamás en tu vida, hables de Eleanor Baker, ni tampoco levantes falsos testimonios en su contra —Nina se quejó al sentir la fuerza de Terry y rogó para que la soltara. Pero Terry no la obedecía, pues finalmente el odio lo había poseído.

—¡Suéltame! Me... me lastimas —mencionaba Nina con terror...— ¡Suéltame! —repitió con energía.

—Déjala, Terry... —pidió la voz de Susana, desde el umbral del la puerta de la estancia—. Suéltala, no vale la pena.

El castaño miró a Nina y luego a Susana, después de pensarlo, finalmente asintió y dejó a la joven Weinzierl.

—Lárgate de mi casa... ¡Y no vuelvas! No lo hagas, porque tomaré medidas legales en tu contra. No querrás que la policía se entere de tu comportamiento, ¿verdad Nina?

Los ojos de Nina se abrieron con temor y de inmediato comenzó a retroceder, se alejó de Terry tan rápido como pudo y buscó la puerta para salir.

—¡No regreses! —gritó Terry, mientras la rubia abandonaba a toda prisa la residencia de los Grandchester

Susana observó a Terry y entendió su coraje. Eleanor era muy importante para él, ella lo sabía.

—Lo lamento... creí que ya te habías marchado. No era mi intención que te toparas con esta desagradable escena.

—Lo escuché todo, sé que no eres el culpable... —Susana asintió y luego miró a Terry con empatía—. Nunca le aclaraste que Eleanor es tu madrina.

Terry sonrió y supo que ni a la pobre Susana le había hablado con la verdad.

—Tengo algo que decirte, respecto a Eleanor... —Susana abrió desmesuradamente los ojos y él cuestionó—. ¿Tienes tiempo?

—Espero a que a que mi madre llegue de la tienda... —Susana sonrió—. Tenemos mucho tiempo.

—Bien, tomemos un té y platicamos.


—¿Qué te sucede esta vez? —cuestionó Adolph con evidente enfado, observando con horror la habitación de Nina.

El muchacho se sintió muy molesto, parecía que un huracán había pasado por el lugar, había cosas tiradas por doquier, cuadros destruidos, vidrios rotos... «¿Qué demonios le sucede a esta estúpida?», inquirió con enojo.

—Lo detesto...

—Cada vez que sales y le ruegas, regresas diciendo lo mismo... — Adolph sonrió con diversión al ver el rostro de su prima—. ¿Qué grosería te hizo Grandchester esta vez?

—Una imperdonable... —mencionó nerviosa.

Ese tipo de nerviosismo, Adolph lo vio hace muchos años en Berlín, cuando Nina llegó a su casa, justo después de que la tragedia de la familia Weinzierl comenzara. Sinceramente, eso no le gustaba nada.

—¿Qué fue lo que pasó, Nina? —preguntó el joven, intentando no alterarse.

—Nada...

—Le diré a la nana Lidia que te ayude... —Nina negó una y otra vez, mientras Adolph le hacía una seña a la mujer, que inmediatamente entendió el llamado.

—¡No quiero que nadie me ayude!

—Nina... por favor...

—¡La odio!

«La odio», «Lo odio»... Esas palabras, no eran más que eso, simples palabras. Pero en la boca de Nina, parecían una letanía diabólica.

—¿Qué te hicieron, Nina? —interrogó con temor.

—Él la ama a ella... él no me ama Adolph... él no me ama.

—Terruce no ama a su esposa, por favor, tranquilízate.

—¡Susana nada tiene que ver!

La nana Lidia regresó con una jeringa en la mano y en cuanto Adolph le dio la indicación, se acercó para suministrar el sedante.

—¿Qué fue lo que sucedió joven Adolph? —preguntó la nana con espanto.

—No lo sé. Ella no estaba hablando claro.

—Será mejor que la coloquemos en la cama...

Adolph asintió y luego, él mismo tomó a su prima en brazos.

—Quiero que le hables a Herman. Necesito platicar con él — ordenó Adolph—. Tengo que saber en donde estuvo Nina esta tarde.

—Sí, joven... yo iré por Herman ahora mismo.

Adolph arropó a Nina y luego la miró descansar. Lo único que deseaba era que la muchacha, no hubiera hecho algo estúpido.


La boca de Susana, se abrió con sorpresa... Eleanor Baker... ¡Era la madre de Terry! «¡Santo Dios!», pensaba la rubia mientras recordaba a Nina hablando de aquella forma, sobre Terry y la actriz, que era nada más y nada menos que su madre.

—Es una verdad que muy pocas personas conocen... —dijo Terry con nerviosismo—. Aunque amo a mi madre, no estoy muy seguro de querer revelar el lazo que nos une. Creo que eso pasará, cuando ambos estemos listos para darlo conocer.

—¿Ella tampoco quiere que se sepa? —cuestionó la joven con curiosidad.

—Así fue en un tiempo. Pero después de reconciliarnos, ya no lo hemos platicado... —Terry se encogió de hombros y dijo—. Todo el mundo piensa que ella es soltera, nadie sabe que me tuvo...

—Lamento que Nina haya dicho todas esas cosas.

—Una mujer celosa, es capaz de todo. No hablemos más de Nina, por favor.

Susana estuvo de acuerdo y luego declaró:

—Te pareces a Eleanor... —mencionó con timidez—. Siempre que los vi juntos, pude notar su afinidad. No obstante, jamás me atreví a preguntarte sobre ella.

—Disculpa que no te lo haya dicho antes, pero es que...

—No te preocupes, yo sé todo lo que ello implica.

Susana recordó el momento en que les dieron los resultados del casting de Romeo y Julieta. Muchos ahí se quejaron, pues pensaban que Eleanor Baker había hecho que Terry consiguiera el papel. Eso era mentira, pues el actor era el mejor de todos los chicos que participaron en la audición.

—Mi padre me alejó de ella, desde que era un niño. Yo era muy pequeño, cuando el duque me llevó con él a Londres... —declaró Terry—. Eleanor debió sufrir mucho y yo quisiera que pienses en eso, mientras estás tomando este descanso —La ex actriz lo miró con vergüenza y él añadió la interrogante que perseguiría a Susana en los próximos días—. ¿Estás segura de que deseas ocultarle el embarazo al padre de tu hijo?

La muchacha negó, sin ser capaz de emitir una palabra.

—Piénsalo muy bien, Susana. Si ese hombre vale la pena, acércate a él... —dijo Terry con seguridad—. Por mí no te preocupes. Por mí no te detengas... yo voy hacerme a un lado, te daré el divorcio y los protegeré de un escándalo, esa será mi forma de recompensarte por lo que hiciste por mi persona.

El ruido de la puerta principal, se dejó escuchar en la estancia, Susana supo que su madre había regresado, por lo que, afirmó en silencio, diciéndole a Terry que, definitivamente, estaba dispuesta a pensarlo.

—Mi mamá querrá irse de inmediato —anunció con una sonrisa.

—Te deseo lo mejor en estas fiestas...

—Gracias, Terry. Yo te deseo lo mismo... —Susana lo miró y le recordó—. Si quieres venir a cenar...

—Gracias por la invitación, pero estaré en casa de mi madre...

Terry sonrió con dicha y Susana se alegró por ello.

Se despidieron con cordialidad y después dejaron que el destino los llevara por el camino que ya tenían trazado, ese recorrido que estaba tejido y decidido desde hacía mucho tiempo.

El destino empezaría por sacudir el mundo de ambos, prueba de eso, serían las inesperadas visitas que llegarían, a las puertas de sus respectivos hogares, en la víspera de la celebración de Navidad.