Lista de longitudes de onda de luz.


Byakuya quedó pensativo mirando a la nada después de terminar su llamada con Senku mientras daba vuelta al caldo para el ramen.

De repente, una sospecha se abría en su mente.

¿Su plan funcionó? No, era muy pronto para que eso pasara. Pero entonces, ¿por qué Senku y Kohaku aún no llegaban? Acababa de colgar con Senku, quien le explicó que llegaban muy tarde porque ambos se quedaron para avanzar en un proyecto en el laboratorio.

Sos-pe-cho-so.

A la par que cavilaba sus tonterías, entrecerraba los ojos y no podía evitar sus muecas de pensar.

No tenía motivos para dudar de lo que Senku decía, rara vez le mentía (normalmente Senku solo mentía cuando por algún proyecto o investigación se saltaba las clases). Y ahora, después de hablar con Senku solo por teléfono, sentía que algo faltaba. No le estaba contando todo. Su instinto de padre se lo decía.

Los ojitos de Byakuya se iluminaron solo ante la leve posibilidad de esperanza... ¿Y si Senku y Kohaku estaban por lo menos comenzando algo? No pudo evitar llevarse las uñas de su mano derecha a la boca para comenzar a morderlas ansiosamente.

—Mouuu pequeña Kohaku, eres como la hija que nunca tuve.—Suspiro, sacando el aire acumulado. —Espero que Senku espabile pronto.

Era fascinante ser el padre entrometido en la vida de su pequeño hijo. Por lo menos un poco.

Qué buen padre era, preocupado por el futuro de su hijito en todos los sentidos.

—Después de todo, es el destino.

-...-..-

Por la mañana siguiente, despertó, sintiendo el cuerpo pesado, pero la mente más fresca y menos desgastada. A pesar de sus absurdos sueños indeseados.

Sí, había soñado como siempre, un estimulante sueño. Sí, tenía una molesta erección, ¿comenzaba a preguntarse si era mejor rendirse y darse alivio a sí mismo? Y si, una mañana más de fracaso. Por alguna razón se echó a dormir con la idea de que tanto desgaste mental quizá le ayudaría a recuperar el descanso perdido, tenía la hipótesis de que quizá no soñaría y dormiría como tronco.

No fue de esa forma, se echó a dormir y soñó, y una vez más la protagonista era Kohaku y el arcoíris bajo su falda.

Rosa, blanco, azul, rojo. Ah malditos pigmentos de células fotosensibles que podía distinguir gracias a las longitudes de onda de luz.

Ya podía enlistar los colores de la ropa interior de la leona sin problema.

¿Debía creer que no era intencional? Sí, ocurría una vez más que de nuevo se revelará ante él la ropa interior de la chica justicia, ya no dudaría en ir y exponerle de frente su hipótesis casi fundamentada de que aquello era intencional. Aunque sabía perfectamente bien que lo mandaría a volar de un golpe.

Con pereza salió de la cama y se dirigió a la ducha. Tenía la mente más clara, pero el cuerpo más pesado que de costumbre. Al menos podía idear algo para enfrentarse a lo que venía. Otra estupidez, y esta sí era una grande.

El día apenas empezaba y ya comenzaba a intuir el problema que se le presentaría en el instituto. Se había descuidado. Para evitarse, el problema que ya sabía se le avecinaba era que le había pedido a Kohaku que no le hablara.

—Menudo problema. Esto sí es, diez billones de veces, una estupidez.

-...-...-

—¡Lo que faltaba, rayos!—Maldijo a la nada en su habitación. —Es tarde—gruñó mientras a gran velocidad rebuscaba su ropa.

Apenas despertó, vio la hora y se alzó de un salto de la cama. ¡Era tarde! Se le hizo tarde porque sencillamente se fue a dormir muy tarde.

Debido a que llegaron inusualmente tarde el día anterior (unas buenísimas tres horas), su horario se recorrió.

Cenar con el señor Ishigami, estudiar las 2 horas que Senku le dedicaba, lavar los platos, un baño antes de dormir, terminar otras tareas, lavar su único uniforme para usar al día siguiente y sin falta hablar con su hermana. Con suerte durmió cinco horas.

Como un torbellino salió al pasillo para dar con el baño. Tenía la idea de que seguramente Senku ya estaba desayunando con Byakuya por lo tarde que era, por ese día tendría que saltarse el desayuno para alcanzar llegar a tiempo.

No lo pensó ni un segundo cuando abrió la puerta del baño de par en par.

—Debe ser una broma.

La mirada de fastidio que le dedicó Senku también la fulminaba.

—Senku... — Pero Kohaku estaba completamente paralizada. De alguna manera tenía un déjà vu a la inversa. ¿Ahora sería Senku quien le arrojaría la pasta dental?

Tenía la imagen completa de Senku.

El Ishigami a punto de entrar a la ducha, a punto de pasar el cancel del baño, con su rojiza mirada cargada de una mezcla de fastidio, molestia e indiferencia.

Lo recorrió entero, como él hizo con ella.

A pesar de ser delgado, tenía hombros anchos y redondos, no era musculoso, pero a simple vista podía distinguir la definición de cada músculo: músculo sólido. Las manos en su cintura hacían que a sus antebrazos se le saltaran esas venas que le gustaba ver en él. El abdomen seguía con marcados músculos, las marcas en su cintura bajaban en triángulo invertido e iban más allá y parecían apuntar hacia un pene que a su vez la apuntaba a ella... ¡Un pene! —¡Pene!

Se pasó una mano por el rostro cuando la escuchó exclamar sobre su pene (tenía a la causante de que estuviera alzado justo frente a él). —Has estado un minuto mirándome. ¿Te duchas conmigo o sales por esa puerta?—dijo después de sentirse observado sin reparo.

Kohaku había adquirido diferentes tonos de rojo desde que abrió la puerta de par en par y vio a Senku desnudo. Pero llegó al tono máximo después de escucharlo.

—Ja, pervertido. No soy tan fácil. — Pero sí virgen... Agrego en su mente.

Intentaba que algo de seguridad volviera a su voz, pero no pudo evitar que un ligero timbre de nerviosismo se le escuchara. Era la primera vez que veía a un hombre desnudo, normal, que se sintiera flaquear.

Y Senku en ningún momento perdió noción del nerviosismo de Kohaku, ni de su mirada, que no se apartaba de su abdomen, de su pecho, brazos y miembro. Los ojos azules parecían no decidirse por cuál lugar observar. Y por alguna razón se sintió más grande y satisfecho al notar ese efecto de hipnotismo en la rubia, en la chica absurdamente fuerte. Además, ya de por sí le era completamente indiferente el mostrarse desnudo, sobre todo si a esa chica que siempre era fiera y segura de sí misma podía hacerla caer en ese estado. Casi juraba que la escucho tragar saliva.

Manteniendo la indiferencia ante su desnudez, comenzó a rascar con el meñique de la mano derecha el interior de su oído. —Aún no sales, entonces nos duchamos jun...

Senku no terminó de hablar cuando el fuerte sonido de un portazo lo interrumpió. Ya no pudo reprimir una fuerte carcajada.

-...-...-

No terminaba de procesar lo que acababa de suceder en el baño. ¡Senku desnudo! Con el corazón latiéndole acelerado, pego la espalda a la puerta e intento normalizar su respiración.

Nunca antes vio a un chico desnudo, a un hombre desnudo, y menos así... El pene de Senku no se veía como en los libros de biología, se veía grande y firme y... ¡La apuntaba! Debía recordar sus clases de anatomía humana, ¿era normal ese estado? ¿Senku podía caminar con eso sin que le doliera?

Escuchar la risa de Senku desde dentro del baño le hizo apretar los puños con fuerza. Comenzaba a sentirse algo molesta consigo misma por sorprenderse tanto. Con su mano hecha puño y aun de espaldas a la puerta de madera del baño, la golpeó con un movimiento firme. —¡Es tarde, escoria!

No, ya no lo odiaba, era buena persona. Pero era sumamente irritante y gustaba molestarla.

-..-..-

Cuando Byakuya los vio llegar a la cocina al mismo tiempo, no pudo hacer más que quedarse con la boca abierta. No solo porque llegaban al mismo tiempo, y porque sabía que ya era tarde, a ambos se les había hecho tarde por primera vez.

Sin embargo, el verdadero motivo por el que su boca no podía cerrarse normalmente fue por ver aparecer a una Kohaku sonrojada y mirando a un lado y a Senku que mantenía una sonrisa de ¿diversión? Era casi demoníaca (cuando sonreía de esa forma a veces lograba asustarlo).

Ambas actitudes, al presentarse de esa forma, eran sospechosas. Por segunda vez, la idea de que algo estaba pasando con ambos pequeños le llegó a la mente, haciéndole sonreír.

—Nos vamos. Es tarde.—Avisó Senku antes de que su padre comenzara a servir el desayuno.

—Oh, ¿no van a desayunar?—La simple idea lo hacía sentir un pequeño dejo de tristeza, ya estaba acostumbrándose a empezar su día degustando un buen desayuno con ambos. —El desayuno es la comida más importante.

Kohaku negó rápidamente con la cabeza, sintiendo que sus tripas estaban por sonar ruidosamente. —Es muy, muy tarde.—Sabía que después se arrepentiría por no comer, pero no podían detenerse si querían llegar a tiempo. ¡Se había saltado también ducharse! Solo esperaba que valiera la pena y llegar a tiempo. Y si no era mucho pedir a Dios que además por la noche le ayudara a que no se le presentarán inconvenientes para su plan. —Hoy llegaré tarde.—Dijo, acercándose a Byakuya para recibir su almuerzo.

El de cabellos grises ladeó la cabeza. —¿Tienes algo que hacer, pequeña Kohaku?—preguntó curioso.

Asintió un par de veces antes de decidirse a enfrentar al amable amigo de su padre que le había acogido en su hogar... Y mentirle.—Tengo un proyecto que hacer después de las clases.

—De acuerdo. ¡Ánimo, Kohaku! Tú puedes.—Alzó su puño en señal de apoyo. —Senku, no llegaré esta noche. Tengo algo de trabajo que hacer. Por favor, espera a Kohaku.

—No es neces...

—Bien.—Senku interrumpió a Kohaku y se limitó a encogerse de hombros y tomar su respectivo almuerzo. —Será un placer ayudar a esta leona.—Leona, mentirosa, ya lo tenía notado cuando ella misma le avisó que no podría tomar sus horas de estudio, y ahora observándola volvió a notar de manera casi imperceptible que de nuevo mentía. De cualquier forma, lo que ella tuviera por hacer y las mentiras que le salieran no eran su asunto.

—Serás...— Lo último dicho por Senku había logrado que una vena en la frente de Kohaku se hinchara—. Ja, no es necesario, Senku.

—Tonterías, no tiene problema. Senku te estará esperando en casa.—Byakuya no pudo evitar intervenir. La ladina sonrisa que mantenía Senku le decía que algo estaba pasando; esa forma de sonreír en él no la había visto. Y podía jurar que mientras preparaba el desayuno lo había escuchado reír. ¿Cuándo fue la última vez en que lo escuchó reír así de fuerte?

Kohaku ya no pudo quejarse, en primer lugar porque no quería ir en contra de los deseos del padre de Senku, que siempre era amable con ella, y en segundo lugar porque se estaba haciendo cada vez más tarde.

—Nos vamos.

El Ishigami mayor quedó observando la puerta después de que ambos salieran y parpadeó repetidas veces hasta que una suave sonrisa se fue estirando en sus labios de poco. — Y ahora dice "nos vamos". — Por sí mismo ya la incluía. — Es el destino.

-...-...-

Solo salir y una ráfaga de aire frío los embistió, haciéndola tiritar al instante. Fue tan rápido y perceptible, que Senku no disimulo su mueca de confusión cuando reparó en el atuendo de la chica a un lado suyo.

—¿Falda?

Kohaku rodó los ojos al escucharlo. —No tengo pantalones. —respondió al entender enseguida su pregunta de una palabra. De verdad necesitaba que llegara la noche.

—¿No tienes?—Consulto ante la duda de no haberla escuchado bien.

Negó un par de veces con la cabeza. Para intentar mitigar un poco el frío y ayudarle a su suéter, se cruzó de brazos.

—¿Ni el saco?

—Nou. No me llega para comprar el uniforme de invierno.

¿Tan pobres eran? Pensó Senku, e incrédulo, regresó su vista al frente del camino.

Por unos cuantos segundos ninguno de los dos dijo nada, Kohaku perdida en pensar en llegar rápido a la estación para volver a estar calentita y Senku andando a un lado de ella en silencio.

Rompió su propio silencio con un sonoro suspiro. ¿De verdad no tenía uniforme de invierno? Estaban prácticamente entrando al mes más frío, y la chica que caminaba a un lado de él con su corta falda escolar tiritaba. No lo pensó mucho cuando se retiró su bufanda y alcanzó a detener a Kohaku de uno de sus hombros.

Kohaku, sin habla, se dejó hacer cuando Senku la detuvo y comenzó a enrollar algo calentito en su cuello. La bufanda verde perla con detalles en líneas amarillas que en ese momento Senku le colocaba, era la misma con la que él había salido. Esa bufanda había estado montada en el cuello de Senku, protegiéndolo del frío, y ahora le daba calidez a ella.

—Sería un problema si terminas resfriándote.—No la estaba cuidando, solo se anticipaba a resolver un posible problema, como mínimo protegiéndole el cuello.

La intensa mirada de Kohaku pasó desapercibida por Senku.

Continuaron todo el camino y trayecto en tren de nuevo en silencio, cada uno metido en sus pensamientos. En el caso de Kohaku, con el chico una vez más apretado a ella, le llegó la imagen de un Senku desnudo y ya no desapareció de su mente hasta que bajaron. Senku, por su lado, sí notó el cambio de actitud y estaba seguro de que casi le leía el pensamiento.

—¿Recordando algo bueno?—Era un excelente distractor molestarla.

El resultado obtenido fue el esperado, unas mejillas bien rojas.

—¡Cállate!

-..-..-

Estaban a un par de cuadras del plantel cuando recordó que podía hablar. —Ne, Senku. No es necesario que me esperes en casa.

Las rojizas pupilas se dirigieron a la rubia a un lado de él al escucharla. —Bien.—se limitó a responder. Sabía que mentía, pero lo que ella tuviera por hacer no tenía por qué interesarle.

-..-..-

Nunca se había sentido tan observada, como esa mañana en la que casi llegaba tarde a su primera clase. Todo el mundo la veía, o, por lo menos, la mayoría de las chicas. Era demasiado frustrante el no poder detenerse a gritarles si se les había perdido algo. Pero no podía, llegaba tarde, apenas llegó a tiempo a su primera clase.

—¿Y?—Fue lo primero que salió de los labios de Amaryllis después de tener la oportunidad de acercarse a Kohaku cuando el profesor salió.

Kohaku observó con gesto de confusión a la castaña al escucharla. —¿Y? —¿Lo primero que le decía era "y"?

—¿Y bien? ¿Qué dijo Senku?

—Oh, eso...— Y justo ahora recordaba que no terminaron su discusión de ayer. —Pues él dice que es mi culpa, y yo digo que es culpa de él.—Respondió despreocupada aún en su silla.

Amaryllis se dejó caer en el asiento al lado de Kohaku. —¿Solo eso? ¿No mencionó que lo arreglaría?

—No importa. Pueden decir lo que quieran, no me importa lo que otros digan.—Llevo una de sus manos a la calentita bufanda, olía a Senku.

—No es tan simple. Te lo dije, Senku es más popular de lo que crees.

—¿Y?

-..-..-

Pensaba iniciar con el armado del molde para el combustible que usaría, le dejaría a Kohaku el pesar y moler los compuestos para el combustible.

Se le salió una carcajada cínica al pensar en ella. —¿Bañarse conmigo?—Él mismo resopló ante la idea. —Creo que no estoy bien.—Para seguir pensando en ella, no lo estaba. Pero ese rostro rojo hasta las orejas y la pérdida de la capacidad de hablar valió la pena. Dejar a la leona sin habla y esa expresión, podía verlo desnudo las veces que quisiera si lo iba a divertir de esa manera.

Estaba por iniciar a trabajar aún con parte de su cabeza, recordando lo sucedido por la mañana, pero se detuvo cuando la puerta del laboratorio se abrió abruptamente.

No se sorprendió, ya lo esperaba. Solo podían ser 2 personas. Gen o...

—Senku, necesito escucharlo de ti...

Luna.

La escuchó, percibía el timbre angustioso en su tono de voz, no se había molestado en verla, pero con solo escucharla estaba casi seguro de que estaba por echarse a llorar. Se tomó su tiempo en respirar, incluso alzó la vista al blanco techo. —¿No tienes clase?—Agotado antes de tratarle, pero ya se esperaba ese desgaste y desperdicio de su tiempo en esas tonterías, precisamente por causa de esa chica. ¿Alguna vez dejo de sentir fastidio cerca de ella? Sí, cuando lloraba. Pero eso no contaba.

—Sa-Sabes a qué me refiero.—Se acercó un par de pasos y se llevó una mano al pecho

Hasta sentir que se acercaba, se decidió a prestarle atención, algo más mentalizado para pasar por el desgaste emocional. — A las estupideces que están comentando desde ayer. A eso te refieres, ¿no?

—Tú dijiste que... No estabas interesado en las relaciones. Por eso yo...—Y no solo ella, otras también. —Por eso yo acepté que, mientras aún no alcances tus sueños, no te fastidiaría más. —Fastidiarlo, como le llegó a decir francamente alguna vez—. He estado trabajando en mí. Me decidí a ser mejor. Decidí que algún día, cuando estemos preparados.—Preparados en todos los ámbitos.—Sería capaz de alcanzarte.

Y ahí estaba, las lágrimas en la comisura de sus ojos, amenazando con salir, y ella suponiendo lo que le venía en gana. —Estoy diez billones por ciento seguro de que nunca prometí nada.—Ella solita había llegado a sus absurdas conclusiones tiempo atrás, y simplemente lo dejó pasar porque así ya no afectaban a nadie. Hasta ahora.

—Entonces... ¿Quién es ella?

Eso era justo lo que quería evitarse, y era justo lo que quería evitarle a Kohaku cuando le pidió que no se hablaran. Tranquilamente, se acercó unos cuantos pasos a la chica. —Solo es una leona con la que nadie se debería meter—. Sonrió arrogante al pensarlo: esa leona no necesitaba que nadie fuera a su rescate. Sin embargo: —Si se cometiera la estupidez de molestarla. Me tiene a mí y no permitiré que intenten acercarse para hacerle daño. — Finalizó a una prudente distancia, donde pudiera escucharlo claramente.

La mirada de desconcierto que le dedicó Luna logró descolocarlo un poco, casi le parecía que ella lo observaba como si observara a un extraño. Pero al final se concentró solo en mirarla duramente para que entendiera el mensaje. No se repetiría lo de Yuzuriha, ni lo de otras chicas a las que habían acosado por su causa, ni siquiera sabía sus nombres, ni cuántas eran, ni hasta qué punto había llegado el acoso. Solo sabía que, ahora que sabía de él, no lo iba a permitir. Aunque Kohaku se bastará sola para defenderse.

Se mordió el labio y comenzó a retroceder lentamente. Se escuchaba irritación en las palabras de Senku. Pensando que seguramente lo encontró en mal momento, se decidió por salir y dejarlo solo de nuevo. Seguramente se encontraba molesto o frustrado por algún proyecto o experimento que le estaba costando. —Soy una chica capaz, igual de capaz que tú, Senku.—Hablo ya en el marco de la puerta, justo antes de salir del laboratorio. Sería tan capaz de enamorarlo.

Una mueca de disgusto se quedó en el rostro de Senku al verla salir. ¿Qué significaba eso último?

Se le salió un bufido estando solo, esperaba que la advertencia le sirviera y de una vez por todas lo dejaran tranquilo y no fueran por ahí a molestar a las chicas que se le acercaban. Salvo que en este caso en particular, con Kohaku era diferente, buscaría protegerla, por supuesto (como no había alcanzado a hacer con las otras por su ignorancia), pero sabía de sobra que si alguien se metía con Kohaku, se estaría metiendo con la chica equivocada.

Terminó dejándose caer en su silla, oficialmente era la semana más agotadora que había tenido nunca. Y todo era mero desgaste emocional. Sacó su smart phone de su bata, y justo al instante recordó. —No tengo su número.

-..-..-

Clase de deportes, en pleno frío, y Kohaku ya sentía que se le peleaban las rodillas. A pesar de que los habían puesto a calentar, no se había calentado más que dos minutos y de nuevo comenzó a temblar ahí, a la intemperie donde los tenían.

Era su turno de estar con los que saltaban la cuerda y eso la animó un poco más. Al saltar constantemente, no tendría oportunidad de enfriarse, por lo que sería buen ejercicio para ella que se moría de frío.

Se acercó hasta una de sus compañeras para qué le pasará la cuerda individual y esperó solo un segundo para comenzar a saltar después de escuchar la indicación de su profesor.

Mientras unos saltaban la cuerda, otros hacían algunos ejercicios de flexibilidad, o de fuerza, o algo de coordinación. Y otros simplemente corrían.

Cada quien estaba concentrado en su propio ejercicio, por lo que nadie se percató de dónde salió la pequeña pelotita de plástico del tamaño de una pelota de béisbol que se dirigía a los pies de Kohaku.

Solo Amaryllis, que estaba estirando, alcanzó a gritarle desde su lugar. —¡KOHAKU!


La actualización me estaba quedando muy larga, tanto que mejor decidí cortarla, si no me saldría un cap entero de diez mil palabras, y eso para mí es mucho, con mi tdh me distraigo mucho cuando leo caps largos jeje.

Mouuu es que aún no llego a donde quiero jaaja. ¡Tengo que llegar a la bonita imagen que se me metió en la cabeza! Pero todavía falta, poquito, pero falta.

En este fic todos son humanos y se equivocan, casi no me gustan los dramas, aquí nadie actúa por maldad, voy más por la acción o un poquito de aventura. Así que no habrá nada muy angustiante, ni tramas que se resuelven con una acción enorme, mi ansiedad no me permite hacer eso, solo ira medio lento.

Dispongo de muy poco tiempo para leer, escribir :(, y editar. ¿De casualidad una buena persona que lea este fic no quisiera ayudarme a corregir ortografía (gratis porque escribo por amor al artexd)? :p

Dejo un fragmento de lo que tengo para la siguiente actualización, ando muy de buenas por las vacaciones:

Caminaba de regreso a su clase cuando el alboroto que se veía desde el otro lado del pasillo le hizo detener sus pasos. ¿Qué sucedía? Apenas alcanzaba a escuchar lo que decía, siguió acercándose hasta alcanzar a distinguir un poco mejor lo que decían los gritos ahogados.

—¡La está buscando!

— ¡No lo van a creer, vino por ella!

—¡Es tan romántico!

— Más bien es de no creerse.

—¡No pegan ni con chicle!

—¡Claro que sí! Se complementan muy bien.

—¡Lo va a romper!

—¡KOHAKU!

Kohaku parpadeó un par de veces cuando una de sus compañeras corrió emocionada hacia ella. —¡Vino por ti!

Aún se preguntaba si le hablaba a ella, hablaba tan rápido que apenas alcanzaba a procesar lo que decía. —... ¿Eh?

—¡Senku, estuvo aquí, y preguntó por ti! Se acaba de ir por ese pasillo.

Apenas terminó de pasarle la información y Kohaku pasó corriendo por su lado hacia el pasillo al que apuntaban. Si se daba prisa, quizá lo alcanzaría; seguramente se dirigía al laboratorio. La hora de almuerzo estaba por terminar. Después de un par de minutos corriendo con su excelente vista, alcanzó a distinguir una mata de cabellera verde rebelde, perdiéndose escaleras abajo. Aceleró el paso. —¡Senku!