Este es mi más viejo WIP. Cinco años de hiatus, sí. Espero que siga quedando alguien ahí. Siento que debo a esta historia el terminarla y eso voy a hacer.
Noah Wasserlave, 15 años
—Mira, por ahí llegan —dice Finch.
Me vuelvo donde ella señala y veo a Rue y Marvel corriendo hacia nosotros. El búfalo que liberamos al romper el sello es enorme, de color morado y ojos rojos. Tiene unos largos cuernos puntiagudos y le sale humo de las patas. La energía de mi pin debe recargarse y no puedo usarlo, pero la forma en que se recarga es lenta y lo único que podemos hacer Finch y yo es distraerlo por turnos. La red electrificada que invoca el pin de Finch lo inmoviliza por un tiempo, pero es lo único que puede hacer antes de que la haga trizas con sus cuernos.
Tain sigue ahí, hecho un ovillo bajo el árbol. Sus ojos aún rojos.
—¿Qué es lo que hay que hacer? —dice Marvel, autoritario—. Rápido, no tenemos todo el día.
—Bueno, está claro, ¿no? —responde Finch, visiblemente irritada ante su tono de voz—. Derrotar a este monstruo.
—La misión no dice eso —replica Marvel.
—Hay tres misiones —digo yo—. Ya lo hemos comprobado.
Marvel esboza una sonrisa.
—Así que nos han dado misiones distintas —dice y se cruje los nudillos.
—¡No sólo eso, también creemos que están relacionadas de alguna forma las unas con las otras! —dice Finch, ocupada en crear otra de esas redes electrificadas, parecidas a telarañas.
Enonces ocurre, el búfalo, ya de por sí enorme, se vuelve un poco más grande y la red de Finch se hace añicos. Hay como un aura negra, un humo que se desprende de Tain y se mezcla con el ruido, fortaleciéndolo. Miro mi pin. Está cargado a más de la mitad.
—¡El ruido se fortalece! —grito y todos me miran—. ¡Tain lo está alimentando con su estado de ánimo! ¡Cuanto más tiempo pase más fuerte se hace!
Al siguiente segundo, Marvel ha hecho un círculo de fuego alrededor del búfalo. Los cultivos arden y todos nos echamos para atrás. No paro de mirar mi pin, la barra subiendo agonizantemente despacio. Si pudiera usarlo ahora podría amarrar al ruido y ardería. Sería pan comido. Así parece que incluso se está enojando más. Su pelaje está en llamas ya y el búfalo encabritado brinca y se sacude de un lado a otro.
—¡Hacia atrás!
Todos nos apartamos, pero no lo suficientemente rápido. El búfalo va directo a Rue, la cornea y la levanta en el aire. Todos gritamos. Finch se cubre la boca, mirando horrorizada como Rue se estrella contra el suelo.
—¡Rue! —grita Marvel.
En ese momento mi pin se restaura y me acerco al ruido. Varias cadenas brotan del suelo y se enredan por su cuerpo en llamas. Cierro el puño, apretándolas más y más pero antes de que pueda eliminarlo, Marvel lo hace añicos con una enorme llamarada que lo deja jadeando.
Finch corre hacia Rue. La oigo gritar su nombre, pero ella no reacciona, su cuerpo desvaneciéndose poco a poco. El búfalo por fin termina de deshacerse, y justo donde estaba, un pin flota en el aire dando vueltas sobre sí mismo. Es un pin rosado, con la imagen de dos conejitos blancos en el centro. Un inmenso poder emana de él, y al acercar mi mano a él, me siento mejor, como si me estuviera curando a mí.
Justo cuando está por caer en mi mano, Marvel se mueve a la velocidad de la luz y lo agarra en su puño.
—¡Eh! —grito, yendo tras él—. ¡Ese pin no es para ti! ¡Devuélvelo!
—Yo he matado al búfalo —dice, y se agacha junto a Rue—. Me pertenece.
Finch chasquea la lengua y se acerca a él a grandes zancadas.
—Tú no lo hiciste todo —dice Finch, severa—. Íbamos a usar ese pin para fortalecer nuestro poder.
El pin reacciona al estar cerca de Rue. Se ilumina y un conejito de luz rosada sale del pin y binca hasta meterse en su cuerpo. En ese instante ella abre los ojos.
—¿Y a mí qué me cuentas? Si Rue desaparece, yo desaparecería con ella —dice Marvel—. No voy a dejar la borren, no importa lo que tenga que hacer.
Miro a Finch. Ella me devuelve la mirada y se encoge de hombros.
—Si es por salvar a Rue, está bien —dice Finch y yo asiento, lo que no significa que apruebe la actitud de Marvel. Si lo hubiera consultado con nosotros antes, yo no me habría negado a que lo use en Rue.
—Rue, ¿cómo estás? —digo, acercándome a ella.
Rue me mira, luego mira a Marvel, que le está dando la espalda, su mirada confusa.
—Me has salvado —dice pero no hay tiempo para que Marvel conteste, porque Tain se está levantando del suelo, apoyándose en el tronco del árbol bajo el que está sentado.
Todos lo miramos y vemos como la posesión se va desvaneciendo y vuelve en sí. Sus ojos, antes rojos y furiosos, ahora muestran algo parecido a dolor. Entonces se llenan de lágrimas que pronto resbalan por su rostro. Sollozando, murmura palabras inconexas: "la cosecha", "mamá". Tain cae de rodillas y por un momento, todos nos quedamos ahí mirándolo y ninguno de nosotros parece ser capaz de reaccionar completamente.
—Lo hemos logrado... ¿Verdad? —me dice Finch, aunque no suena muy segura.
Miro el contador en la palma de mi mano, pero ya no está. El de Finch tampoco. Marvel y Rue lo siguen teniendo.
—Interesante —dice Marvel, tras comprobar su mano, en la que el contador sigue corriendo. Después saca su teléfono—. Voy a llamar a Glimmer.
—¡Marvel! —nos llega su grito desesperado a través del altavoz en manos libres.
—Glimmer, ¿qué está pasando? —dice él, una profunda arruga en su entrecejo.
—¡La araña! —dice su voz entrecortada por los esfuerzos—. No podemos. ¡No podemos con ella! ¡Parece volverse más fuerte! Marvel, ninguno de los dos sabemos como resolver esto! ¡Ayúdanos! ¡Por favor...!
Él asiente y cuelga.
—Glimmer y Thresh necesitan ayuda —dice, guardándose el teléfono otra vez, y en ese momento Tain se levanta y echa a correr, entre las espigas, sin esperar por nadie.
Aunque no es como si supiera que estamos aquí.
—Sigámoslo —digo sin pensar. No sé por qué, pero algo me impulsa a seguirlo. Yo echo a correr tras él y todos me siguen y, sin más, nos metemos en el campo de espigas, hacia el peligro, hacia lo que sea que nos espere.
Rue Prairie, 12 años
Marvel me ha salvado. Mi cabeza aún no puede hacerse a la idea, pero no es como si hubiera tiempo. Thresh está en peligro y lo primero es salvarlo. Ya le daré vueltas a todo después, si es que nos dejan. Tampoco es como si hubiera sido por solidaridad, después de todo, este es un juego por parejas. Sin mí, él también sería borrado. Sea como sea, estoy feliz de seguir en la competición y de tener una oportunidad de regresar a la vida.
Tain es tan rápido que nosotros a penas podemos alcanzalo. Este chico está en mejor forma que todos nosotros, incluso que Marvel. Cuando llegamos al núcleo urbano del Distrito 9, todos estamos agotados, jadeando. Noah se detiene un momento, encorvado hacia adelante, manos en las rodillas.
—¡No me esperen! —Nos grita, cuando nos ve mirando hacia atrás—. ¡Ya les alcanzo!
Más adelante por fin vemos signos de batalla. Glimmer y Thresh luchando contra algo que es casi igual de grande que una casa. Glimmer hace un gesto, y del suelo surgen estalagmitas, como colmillos gélidos, pero son demasiado pequeñas para perforar el duro caparazón de la araña. Thresh usa su poder para hacerla levitar en el aire, puedo ver el esfuerzo en su rostro bañado por el sudor, en la forma en que aprieta los dientes e intenta con todas sus fuerzas levantar a la araña.
—¡Thresh! —Exclamo, y reúno energías de donde no las tengo para correr más rápido.
El monstruo mueve sus ocho patas sin parar de forma horrible. Un hormigueo recorre mi cuerpo. Cuando ya parece que no va a poder ascender más, la arroja al suelo con fuerza, levantando polvo. Los habitantes del Distrito 9 que pasan por ahí en ese momento, a pesar de no poder ver a ninguno de ellos, tosen ante la polvareda, intentando disiparla con sus brazos y caminando más rápido.
Ni bien llego cerca de ellos y despliego mi poder, los poderes de ambos se vuelven más fuertes. Glimmer crea varios carámbanos de hielo, que Thresh luego manipula con su poder para lanzarlos hacia la araña.
La red que teje Finch crepita en el aire con su energía eléctrica, que envuelve a la araña como una mortaja. Noah invoca varias cadenas que la inmovilizan contra el suelo. Entonces Marvel avanza hacia la araña, sus manos brillando con un calor que distorsiona el aire. La llamarada que lanza impacta contra la araña y reacciona con la electricidad. Hay una explosión y todos nos echamos para atrás. Cuando la neblina se disipa, la araña monstruo yace inmóvil, una masa ennegrecida y humeante. Poco a poco, sus partículas se van deshaciendo hasta que de ella no queda nada más que un pin. Glimmer, cubierta de hollín al igual que todos nosotros, es la primera en levantarse del suelo y agarrar el pin.
—Ha sido un buen trabajo en equipo —dice Glimmer y se guarda el pin mientras nos mira por turnos, como desafiando a que nos quejemos.
En el porche de una de las casas, hay una mujer, sus ojos rojos y un aura negra la envuelve, tal y como Tain tenía antes de que matásemos al búfalo. Thresh se acerca a ella y poco a poco, todos nosotros lo hacemos. Yo me paro junto a él.
—Así que este era el patrón —digo. Los ojos de la mujer ya han recuperado su color. Hay angustia en ellos—. Primero liberar a Tain de su trance, para que volviera a casa. Después, deshacer la posesión y reconciliar a su madre con él.
—¡Tain! —dice la mujer, mirando alrededor. Entonces camina hacia un anciano que duerme en una mecedora—. Papá, ¿has visto a Tain?
El anciano sigue roncando y no se despierta ni siquiera cuando ella lo sacude un poco.
—¡Ese es! —exclama Marvel— ¡El hombre que duerme!
Al examinarlo más de cerca vemos que tiene el mismo sello, el mismo candado que vimos en Tain y en su madre. Entonces Tain aparece y su madre llora y abre los brazos. Él corre hacia ella y se dan un abrazo.
—Tain, no me hagas esto más —dice la mujer, entre lágrimas.
—Lo siento, mamá. No quería pelear —dice Tain, algo más alto que ella, estrechándola con fuerza—. Pero hoy es mi última cosecha y estaba de mal humor y dije cosas horribles.
La madre sonríe, y sujeta la cara de su hijo.
—Lo sé. A mí también me puso de mal humor. Tengo tanto miedo de que digan tu nombre y te vayas y no vuelvas más —dice y se dirige hacia la casa—. Vamos, almuerza algo antes de que llegue la hora.
Al pasar junto al hombre en la mecedora, Tain le agita un poco el hombro.
—¿Abuelo? —dice pero él sólo ronca y Tain sigue de largo y se mete en la casa.
—Está bien, queda una pelea más —dice Marvel—. Pero no veo ningún monstruo por aquí. Todo parece normal.
Los seis nos separamos y miramos por los alrededores. Entonces, Finch suelta un grito ahogado.
—¡Ahí!
Todos miramos a donde señala y vemos al ruido. Es un cerdito muy chiquito y con pinta de asustado. Glimmer hace un carámbano brotar del suelo, pero en seguida él comienza a correr, más rápido de lo que ninguno de nosotros puede seguir con la mirada.
Thresh Okeniyi, 18 años
El hombre dormido. Ahí está la tercera tarea. Miro la cuenta atrás en mi mano y veo que quedan menos de quince minutos para que llegue a cero.
Observo como Noah intenta atraparlo con sus cadenas, pero el cerdito se escabuye entre ellas como un rayo. Finch frunce e ceño y lanza su red electrificada, pero el cerdito la esquiva con una agilidad sorprendente.
—¿¡No puede ser tan complicado, no!? —exclama Marvel y con un resoplido, descarga un poder sobre el cerdito.
Viendo que ni sus llamas son lo suficientemente rápidas, escupe un insulto y crea una lluvia de chispas y llamas que no se detiene hasta que su poder se agota.
—Parece que sí lo es —responde Glimmer, con tono de reproche—. Necesitamos un plan. —Sus ojos se posan en Noah—. ¡Tú, cerebrito, piensa en algo!
Veo a Noah sonrojarse.
—¿¡Cómo que cerebrito!? Que venga del Distrito 3 no significa que lo sepa todo! —dice, tartamudeando y Finch ríe a carcajadas.
Él la fulmina con la mirada, rojo hasta las orejas, pero en el siguiente instante se aclara la garganta.
—Es cierto que necesitamos un plan para atraparlo antes de que nos quedemos sin tiempo y sin poderes —dice y mira alrededor—. Poner obstáculos en su camino para entorpecer sus movimientos.
—Podemos... —murmura Finch, mano en su barbilla—. Esos carámbanos de hielo se pueden derretir con el fuego. Formar un charco y luego con mi red electrificada...
Glimmer da una palmada en el aire.
—Sabía yo que le estaba preguntando a las personas correctas —dice y me mira a mí—. ¿Thresh, puedes poner todas esas macetas y sillas por aquí?
Sin decir nada, me pongo a ello. Es difícil para mí dejar recordar quién es Glimmer, pero le tengo que reconocer que nos ha sabido sacar de más de un apuro. Es como si el rencor que siento hacia ella se estuviera disipando, conforme pasa el tiempo. Reuniendo cualquier objeto que pueda frenar el paso del cerdito, los coloco en medio del camino.
—¿Marvel, cómo va tu poder? ¿Puedes usarlo aunque sea un poco? —dice Glimmer.
—No está recuperado del todo, pero lo puedo intentar —dice, de mala gana.
Es un tipo orgulloso, debe estar sentándole mal no ser él quien salve el día.
Glimmer invoca el hielo y lo esparce por la calle. Luego Marvel envía unas endebles llamas alrededor del hielo. Tarda un poco en derretirse. Si no hubiera gastado todo su poder de golpe, podríamos haberlo hecho mejor. Finch y Noah entran en acción. Él moldea una cadena en forma de jaula y ella deja caer la red eléctrica. La energía se extiende a través del charco y pronto alcanza al cerdito, paralizándolo durante el tiempo suficiente para que Noah deje caer la jaula sobre él.
—¡Ahora estás jodido! —dice Glimmer e invocando un carámbano más, atraviesa la jaula con el mismo.
El cerdito da un agudo chillido antes de explotar en negras partículas que se evaporan en el aire. Finch se abalanza sobre el pin. Ni Marvel ni Rue hacen comentarios, a pesar de que esta era su prueba. El contador en mi mano desaparece y yo doy un suspiro de alivio que no dura mucho.
En ese momento, una patrulla de Agentes de la Paz pasa por la calle.
—Atención, ciudadanos del Distrito 9, se les recuerda que hoy, día de la Cosecha para los septuagésimo sextos Juegos del Hambre, todos los jóvenes entre doce y dieciocho años deben presentarse en la plaza del ayuntamiento a las tres en punto de la tarde —dice una voz femenina pregrabada a través de unos altavoces. Todos miramos el auto avanzar despacio. Es una voz que conocemos bien. Año tras año, durante nuestra vida entera la escuchamos. Aún ahora consigue darme un desagradable escalofrío—. Es obligatorio asistir a este evento. Los jóvenes que no asistan serán considerados criminales y sus familias serán castigadas. Por favor, lleguen a tiempo y cumplan con todas las instrucciones de los Agentes de la Paz. ¡Que la suerte esté con ustedes!
Varias personas se asoman de sus casas, mirando el auto. Tain sale de su casa, vestido con un traje elegante pero desgastado y se dirige hacia el hombre dormido.
—Abuelo... ¡Abuelo! —grita Tain y el hombre da un brinco en su mecedora, abriendo los ojos.
El anciano mira a todos lados, desorientado.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?
Tain está sonriendo.
—Ocurre que acaba de pasar la patrulla anunciando la Cosecha por altavoz y tú ni te enteraste.
Ninguno de nosotros decimos nada mientras miramos la escena.
—Estaba... Teniendo una pesadilla —dice el abuelo y sus ojos se llenan de lágrimas—. Tú eras cosechado.
Un nudo se forma en mi garganta y me acuerdo de mi abuela y de mi hermana. Han pasado dos años desde que me cosecharon. En mi cabeza, no ha pasado ni siquiera un mes. En dos años pueden pasar muchas cosas, y no puedo evitar preguntarme si estarán bien y como se las habrán arreglado sin el sueldo que yo aportaba en casa.
Ver a Tain es como verme a mí, en ese día de Cosecha en el Distrito 11.
—No van a cosecharme —dice, pero su voz es temblorosa, insegura.
—Sabes que ya no tengo bien las piernas, así que no podré ir a despedirte si te cosechan —dice el abuelo, y al escuchar eso, Tain se echa a llorar también.
Mis puños se aprietan. Los Juegos del Hambre son una aberración que nunca debió existir. Si pudiera, mataría al presidente Snow yo mismo, a puñetazos.
—Entonces, será mejor que nos despidamos aquí —dice Tain y le da un abrazo—. Te extrañaré.
—Cuídate mucho. Siempre has sido un buen chico —dice el abuelo, rodeando a su nieto con sus débiles brazos y dándole varios besos—. Estas cosas no deberían pasar.
Tras la despedida, Tain se aleja. La prueba del día ha terminado, pero algo no está bien. Deberíamos habernos desvanecido ya, pero aquí seguimos.
—¿Por qué no nos hemos ido aún? —pregunta Finch.
Noah se encoge de hombros.
—No lo sé. Tal vez haya un problema con el sistema, o con lo que sea que usen.
No sabemos qué más hacer, así que, por alguna razón, seguimos a Tain. Es ya como una especie de amigo, aunque no pueda vernos. Llegamos a la plaza y nos encontramos con la típica imagen del día de la Cosecha. Todos los chicos y chicas de entre doce y dieciocho años del distrito, llegando, acomodándose en el sector que corresponde a su edad. Todos están vestidos con sus mejores galas, que en la mayoría de los casos, no es mucho.
—Esto me trae recuerdos —dice Rue.
Finch asiente.
—A mí también.
En silencio, nos tragamos el himno, el tratado de traición y luego el claramente colorido capitolino sale al escenario, pelo rizado y muy voluminoso, de color naranja brillante y azul por detrás. Tiene pintada en la cara lo que parece ser una máscara de colores chillones.
—¡Ciudadanos y ciudadanas del Distrito 9! —dice el capitolino, al micrófono—. ¡Mi nombre es Zephyr Fanciful, bienvenidos a la cosecha de los 76 Juegos Anuales del Hambre!
La multitud se estremece. Nosotros también y la tensión sólo se acentúa cuando se acerca a la urna de las chicas y tras remover los papeles dramáticamente, escoge uno.
—¡Nuestro tributo femenino es, Tonia Graham!
Una chica con un vestido verde y grandes ojos avellana sube al escenario. Está temblando, pero se esfuerza por mantener la compostura. Zephyr le da un beso en la mejilla que deja una marca de purpurina plateada en ella. Después llega el turno de los chicos.
—Estoy empezando a pensar que no nos han desconectado aún para obligarnos a ver esto —dice Rue.
Zephyr va a la urna de los chicos y saca varios papeles. Va tirando los restantes uno por uno, pidiendo a la audiencia que lo ayude a elegir hasta que se queda con el último y lo abre.
—¡Y su tributo masculino es Tain Triti!
Noah se cubre la boca.
—¡No! —grito, pero por supuesto, los únicos que me escuchan son los que participan conmigo en esto.
Algo me impulsa a correr ahí y detener la Cosecha, pero me contengo a mí mismo recordándome que no puedo. Ellos no me verán, y yo no podré cambiar nada. Mi sangre se calienta cuando lo veo subir al escenario.
—¿Por qué tuvo que ser Tain...? —dice Finch.
Incluso Marvel y Glimmer parecen afectados. O eso es lo que pienso hasta que Glimmer abre la bocota.
—Al menos, parece que ya pronto nos iremos de este estercolero para no volver —dice Glimmer—. Espero que la prueba de mañana sea en algún distrito decente.
Todos quedan en silencio, como si no supieran cómo reaccionar ante esas palabras. Mientras, siento una intensa ira cobrar fuerza en mí, y estallo.
—¡¿Eso es lo que realmente piensas?! ¡¿Crees que los distritos más pobres disfrutan siendo oprimidos?! —grito sin poder aguantarme más.
Glimmer se sobresalta y me mira, algo asustada. Cualquier atisbo de respeto o incluso amistad formado hacia ella esos días atrás, se desvanece en ese instante.
—Thresh, cálmate. No quise decir eso.
—¡Estaba empezando a cambiar mi opinión sobre ti! Pensé que tal vez no eras tan mala después de todo. ¡Pero no! ¡Eres la misma escoria que todos los demás profesionales! ¡Acabas de ver a dos chicos con toda la vida por delante ser sentenciados a muerte y lo único que tienes que decir es que su hogar es un estercolero!
Los demás sólo miran en silencio. Ni siquiera Marvel interrumpe.
—No es así, Thresh. Lo siento, no quise ofenderte. Yo...
—¡No te disculpes, no quiero tus disculpas! —la corto, escucho mi propia voz como un rugido, casi irreconocible— ¡No mereces esta oportunidad! ¡Ninguno de los profesionales la merece! ¡Si por mí fuera, los borraría a ambos en este mismo momento!
Entonces pasa algo que jamás pensé que ocurriría. Los ojos azules de Glimmer se llenan de lágrimas y me mira, herida.
—Lo sien...
Y en ese instante, la realidad se desvanece, cortando mi ira, su disculpa, de golpe.
Fin del día 3.
