Disclaimer: Crepúsculo es de Stephenie Meyer, la historia de Silque, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Silque, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo traducido por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
POV Bella
Realmente me encantó pasar el día con mi nueva familia. Bueno, la mayoría de ellos. Pero me encantaba aún más volver a casa con mi Edward.
Tuve un dolor realmente extraño en mi pecho todo el tiempo que estuvimos fuera de casa, y Edward nunca estuvo fuera de mis pensamientos. ¿Esto era normal? Nunca antes me había enamorado y me preguntaba si todos sentían que les faltaba una parte de ellos cuando estaban lejos de la persona que amaban. No fue horrible, ni insoportable, y desapareció en el momento en que estuve de regreso en los brazos de Edward. Tal vez le preguntaría al respecto; a ver si él tenía el mismo problema. O tal vez no. No quería parecer una novia necesitada y pegajosa, y definitivamente no quería avergonzarme.
Encontré increíblemente adorable que en el momento en que llegamos al garaje, Edward abriera mi puerta y me abrazara. Su beso también se sintió bastante urgente. Cuando finalmente me dejó tomar aire, jadeé:
—¿Me extrañaste un poco, cariño?
Mantuvo su pulgar y su índice a solo unos milímetros de distancia, directamente frente a mis ojos, luego envolvió esa mano alrededor de mi nuca, debajo de mi cabello, besándome hasta dejarme sin aliento otra vez.
Si este era el tipo de saludo que recibiría a mi regreso, tal vez me iría más a menudo.
Nah.
Mis hermanas ya se habían ido con sus parejas, así que supuse que estábamos solos. Envolví mis piernas alrededor de su cintura y agarré dos puñados de su cabello.
—Ahem.
Esme. Esa pobre mujer debe pensar que soy una puta. Saqué mis labios de los de Edward inmediatamente y dejé caer mis pies al suelo.
—Edward, querido, por favor despégate de mi hija por un momento y lleva sus maletas a tu habitación. Deberías pedirle un desfile de modas más tarde —sonrió Esme.
Miré a Esme en shock.
—¡Mamá!
Ella solo se rio mientras yo me sonrojaba. Compré una blusa, unos jeans y un montón de ropa interior y artículos para dormir sexis. ¿Quería que yo modelara eso?
Los ojos de Edward se abrieron ante lo que sea que Esme estuviera pensando. Él me dio esa deliciosa y torcida sonrisa, y luego se quedó con la boca abierta. Tomó mis bolsas y se alejó, claramente incómodo, y me volví hacia Esme.
—Tú, querida madre, eres una alcahueta. Le mostraste algo obsceno, ¿no?
Sus ojos en realidad brillaban.
—Oh, él necesita ser sacado de su zona de confort, ¿no estás de acuerdo? Ha estado allí durante casi un siglo. Simplemente le mostré mi recuerdo de nosotras comprando... en esa tienda de lencería. —Ella sonrió con malicia.
Me sonrojé aún más.
—Él es... bastante anticuado.
—No te rindas con él, cariño. Vale la pena el esfuerzo —sonrió y me rodeó con el brazo, guiándonos hacia la casa—. Sé que él va a insistir en no tener sexo antes de casarse, pero no hay ninguna regla que diga que no puedes divertirte un poco de todos modos.
—Lo sé. —También sabía que estaba sonriendo como una tonta, pero estaba condenadamente feliz.
Esperaba que la pregunta no tardara en llegar, o que él quisiera un compromiso largo. No quería combustionar espontáneamente.
Pero claro, es posible que nunca me lo pregunte. ¡Maldita Rosalie!
~O~
Para la cena, preparamos la receta de stroganoff de mi abuela, con brócoli al vapor como guarnición. Esme estaba tan entusiasmada que exigió que hiciéramos los fideos de huevo desde cero. Una mujer con mis gustos. Además, era tan adorable con harina en el pelo.
Después de comer, me ofrecí para llevar las cenas a los Hersheizer y recoger los platos de la noche anterior para que Esme pudiera darse una ducha. Carlisle acababa de llegar a casa después de su turno en el hospital e insinuó que le gustaría "ayudarla" a limpiarse. ¡Eran tan lindos! Esperaba que Edward y yo pudiéramos ser tan afectuosos después de estar juntos durante ochenta y cinco años.
Los ahuyenté y usé el Volvo de Edward para el viaje. Él estaba inmerso en un videojuego con sus hermanos, así que no quería molestarlo, solo un beso rápido en la mejilla y un susurrado "Ya vuelvo, cariño". Sabía que extrañaba el "tiempo de hermanos" cuando estaba de gira.
Estaba empezando a disfrutar de sentarme con los Hersheizer mientras comían. La señora Hersheizer se parecía mucho a mi abuela, y el señor Hersheizer era un coqueto adorable. Estaba segura de que sentía algo por Esme, ¿y por qué no? Ella era encantadora, tanto por dentro como por fuera.
La señora Hersheizer me envió a casa con una fresia recién plantada en una maceta. Ella dijo que florecerían de color púrpura y que le recordaban a mí. Me sentí profundamente conmovida.
Esta noche estaba un poco ansiosa por volver. Un día entero sin Edward, y estaba casi temblando por la necesidad de estar en sus brazos. Ese dolor sordo había regresado, junto con una sensación de tirón que no era nada agradable. Les di las buenas noches a mis amigos mayores y volví al Volvo.
Vivir aquí en medio de la nada era muy diferente a mi vida en Nueva York, pero no en el mal sentido. Estaba pensando en comprar un vehículo por primera vez, lo cual era una necesidad. No había nada a poca distancia y no se podía parar fácilmente un taxi frente a la puerta principal. Por supuesto, Edward estaba más que feliz de que condujera su auto, pero yo era lo suficientemente independiente como para querer el mío propio. Por suerte, mi abuela se había asegurado de que aprendiera a conducir, y yo hacía de chofer en los coches de alquiler cuando hacíamos viajes.
Algo más que discutir con Edward, junto con la conversión. Seguramente ya habría hablado con su padre. Sentí una pequeña pizca de inquietud de que él me hubiera desanimado. ¿Me iba a convertir o Rosalie tenía razón?
En el spa, ella había iniciado una conversación conmigo. Decir que me sorprendió era quedarse corto. Hasta que escuché de qué quería hablar.
—Entonces, Bella, ¿te gusta Washington? —dijo ella casualmente.
—Crecí aquí, así que es un poco como volver a casa, excepto que vivo en la península. Pero Seattle es como mi hogar.
—Qué lindo. Entonces, ¿Edward ha hablado de convertirte?
Bueno, supongo que Rosalie no se anda con rodeos. No sentí que fuera necesario contarle todo sobre la pequeña discusión que habíamos tenido al respecto.
—En realidad, no.
—Oh, es una pena. Habría asumido que estaría ansioso por convertirte. —¿Estaba sonriendo?
—¿Por qué asumirías eso?
—Bueno, él piensa que eres su pareja. Cuando encontré a mi Emmett, no podía esperar a que lo convirtieran. Corrí más de cien millas con él, para llevarlo a casa y que mi padre pudiera convertirlo. Quería comenzar nuestra vida juntos lo antes posible.
—Ya veo. Tal vez Edward quiera esperar un poco primero —dije con incertidumbre.
—Hmm, tal vez. Me parece extraño que te deje como humana. Las verdaderas parejas querrían estar juntas por la eternidad. Pero tal vez tengas razón —terminó con una sonrisa maliciosa.
Sé que no debería haber dejado que ella plantara esa semilla de duda, pero ahí estaba. ¿Por qué Edward se estaba demorando?
Él me estaba esperando en el garaje cuando entré. Estaba oscureciendo, así que por supuesto que estaría ansioso, porque él es Edward. Abrió la puerta antes de que pudiera siquiera apagar el auto. Le puse los platos limpios y la maceta en sus manos antes de que pudiera sacarme del auto otra vez. No es que me importara que me besaran hasta dejarme sin sentido, solo quería comprobar si estaba Esme primero. Ella era como una mamá ninja.
Verlo, sentirme completa nuevamente me hizo cambiar de opinión de nuevo; necesitaba saber sobre el dolor sordo y punzante.
—Te extrañé, amor —me sonrió.
Le devolví la sonrisa.
—Yo también te extrañé. Lo que me recuerda que hay algo que quiero preguntarte. —Subimos las escaleras hacia la casa, tomados de la mano.
—Vamos al río. Las luciérnagas recién están saliendo y la luna se está haciendo más grande. Debería estar hermoso afuera esta noche.
Dejamos los platos en la cocina y continuamos hacia nuestro rincón, dejando la planta en la terraza trasera. Una vez que me tuvo acomodada en su costado, rodeada con sus brazos, se tomó un tiempo para volver a familiarizarse con mis labios.
No me quejé.
Una vez que mis labios estuvieron hinchados por sus besos y mi boca hormigueaba por el sabor de su veneno, se apartó para dejarme recuperar el aliento.
—¿Querías preguntarme algo, amor? —sonrió.
—Eres el diablo. Me pones nerviosa y luego quieres hablar —refunfuñé.
—No pude evitarlo, querida novia. Necesito tus besos para sobrevivir, y estuviste fuera todo el día. Casi muero —dijo dramáticamente.
Puse los ojos en blanco.
—Novio, estás tan lleno de ton… —me interrumpió con otro beso.
—Estoy lleno de amor por ti, Bella. Nunca lo olvides —dijo seriamente.
—Te amo, Edward. Completamente. Ya no creo que pueda vivir sin ti —confesé.
—Nunca tendrás que hacerlo, mi amor. —Dejó un beso sobre mis labios—. Tú eres mi razón de existir.
—Adulador —suspiré, devolviéndole el beso—. ¡Oh! Casi lo olvido. Me gustaría ir pronto a Seattle y comprar un auto. Nunca he tenido uno y será un poco emocionante para mí.
—Amor, no tienes que ir a ningún lado. Puedes elegir el que quieras y haré que lo entreguen aquí —me sonrió con indulgencia.
Saqué mi barbilla.
—Oh, no. De ninguna manera. Voy a comprar mi propio auto y quiero ir al concesionario, probarlo y elegir todas las opciones. Nunca antes he hecho eso y estoy un poco emocionada ante la perspectiva.
—Como quieras, amor. —Se llevó una mano al pecho, como si lo hubiera herido.
Solo puse los ojos en blanco un poco.
—Lo que me recuerda algo más que quería preguntarte; ¿cómo te... sientes cuando yo... no estoy cerca? —Agaché la cabeza.
Tocó mi barbilla para que mis ojos volvieran a los suyos.
—¿Qué quieres decir, Bella? ¿Si te extraño? Sin lugar a dudas.
—No, eso no. Quiero decir... bueno... hoy, en Seattle... todo el día... yo...um...
—¿Qué pasa, amor? Estás empezando a preocuparme.
—Oh, no, nada malo. Es solo que... me dolió el pecho todo el día, y no podía dejar de pensar en ti. De hecho, traté de no pensar en ti, como un experimento, y fui completamente incapaz de hacerlo. ¿Eso es normal?
Me miró atónito.
—¿Un dolor? ¿También hubo una sensación de tirón?
—¡Sí! ¡Exactamente! —¿Él también lo sintió?
—Bella, lo que estás sintiendo es… No puedo creer esto. Amor, ese es el vínculo de pareja que compartimos. No sabía que lo sentirías, como humana. Y no lo hemos consumado... ¡esto es asombroso!
—Entonces, ¿esto no es algo normal del "enamoramiento"?
Él se rio, claramente encantado.
—No, dulce niña, es cosa de vampiros. Aunque nunca he oído que un humano lo experimente. Papá va a estar fascinado.
—¿Pero qué significa? —presioné, frustrada.
—Significa que estamos destinados a estar juntos, mi Bella. Significa que eres, sin lugar a dudas, mi pareja.
Si yo era su pareja, ¿por qué todavía no me había convertido? Me mordí la lengua, no lista para hacer la pregunta, temerosa de la respuesta. Había accedido a dejarle hablar con su padre. Solo tendría que ser paciente y esperar que él tuviera algún tipo de plan en marcha.
Rosalie no podía tener razón. Yo era su pareja, él lo dijo. Ella estaba equivocada.
Tenía que estarlo.
