Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.


Capítulo 12

—Lo siento —digo, enterrando el rostro aún más en el pecho de Edward.

Puedo sentir su respiración profunda y los fuertes latidos de su corazón en su pecho mientras me aferro a él desesperadamente.

—Lamento mucho no haber estado lista. Pero lo estoy ahora. Juro que estoy lista ahora —continúo mientras él me sostiene imposiblemente más fuerte en sus brazos.

—Sé que no es fácil, Bella. Creo que necesitamos hablar.

Inmediatamente me tenso; mi cuerpo reacciona a sus palabras, temiendo lo peor.

—Está bien.

Lo siento llevarme hacia la sala y nos sentamos uno al lado del otro, nuestros muslos tocándose, y mi mano aferrando la suya.

—Me gustas —comienza—, pero no puedes excluirme de esa manera. Bella, necesito saber que estás en esto tanto como yo. No puedo pasar por esto de nuevo. Lo siento, pero... Simplemente no puedo. —Suena casi resignado pero lleno de esperanza mientras habla. Su voz es baja, el sonido me rompe el corazón. No quiero ser esa chica que lo hace sentir así.

Trago el nudo que se está formando en mi garganta.

—Lo siento, Edward. Mi papá... que se enferme así... simplemente activó algo dentro de mí. Sentía que no podía respirar. Entré en pánico y solo... No te merezco.

Ni bien las palabras salen de mi boca, siento las lágrimas traicioneras caer por mis mejillas.

Edward se inclina y desliza su pulgar por mi mejilla, secando las lágrimas.

—Bella, por favor, deja de decir eso. ¿Te das cuenta que he pasado por lo mismo? Mi esposa no estaba acostándose con todos en el vecindario, solo estaba acostándose con su mejor amiga. No sé si sabías esto, pero el ego masculino es algo bastante frágil. Cuando tu esposa prefiere el coño que el... paquete de su marido, uno tiene que preguntarse sobre su propio... paquete. —Se ríe sin humor—. Se necesitó mucha terapia para llegar donde estoy hoy, Bella.

Jamás he visto este lado de él. Es inseguro y triste. No me gusta haberle sacado esto. No me gusta haberle hecho esto.

Viéndolo desde su punto de vista, debió ser feo saber que tu esposa, la única persona con la que has estado, prefiere estar con otras mujeres. No hay nada de malo en ser gay, pero engañarlo así estuvo muy mal. Ella lo engañó desde el principio. Se aprovechó de sus inseguridades. Él creía que ella lo amaba cuando básicamente él solo había sido su tapadera. Supongo que ese es un duro golpe para el ego de un hombre.

Lo que Alec me hizo estuvo mal, y mientras más pienso en ello, más siento que he sido patética al quedarme allí y ser su amiga. Pero entonces no había otra opción ya que teníamos a Ellie y ser amargada y rencorosa hubiera sido inútil. Aún así, me molesta que durante todo el proceso, a pesar de lo destrozada que estaba, jamás estuve realmente enfadada.

Creo que estoy más molesta por Edward ahora que he tenido varios minutos para verdaderamente procesarlo. Jamás quiero conocer a esta exesposa suya. Pero entonces, quizás tenga que agradecerle por dejarlo ir.

—Te mereces algo mucho mejor que yo —murmuro, mirándolo a los ojos; buscando... algo.

—Pero te quiero a ti, Bella. Te mereces la felicidad y espero estar allí y ayudarte a que eso suceda. Tal vez creas que me merezco algo mejor, pero tú también. No soy perfecto. Dejo las medias en el suelo junto a mi cama, odio peinarme el cabello, dejo la pasta de dientes sin tapa todo el tiempo, y estoy bastante seguro de que las figuras coleccionables de Star Wars en mi oficina te molestarían mucho si supieras lo mucho que cuestan. —Lleva mi mano a sus labios y besa mi palma cariñosamente—. Pero nada de eso importa a largo plazo si realmente nos queremos al otro.

Suspiro y dejo que sus palabras se asimilen. Esto me recuerda a lo que Rose estaba diciendo antes.

—Rose quería sacudirme por dejarte ir. Ella cree que estoy siendo estúpida.

Él se ríe.

—Tengo que estar de acuerdo con ella.

—Simplemente no estoy acostumbrada a tener lo que quiero —le digo.

—Si me quieres, puedes tenerme, Bella. —Se encuentra con mi mirada y lo que veo allí es tanta compasión y otra emoción que no estoy lista para decir en voz alta todavía—. Todo de mí —susurra y me besa suavemente.

Le devuelvo el beso, permitiéndome relajarme contra él. No me había dado cuenta lo mucho que había extrañado sus besos.

—Yo también te quiero, Edward. No tienes idea... —Dejo que mis palabras se desvanezcan y llevo mis labios a los suyos, tratando de decirle con mi cuerpo lo mucho que lo quiero.

Me siento a horcajadas en su regazo y, esta vez, no me contengo. No hay ningún hueso en mi cuerpo que no quiera dejarlo entrar. El juego de palabras adrede. Necesito mostrarle que él no tiene que preocuparse sobre estúpidas y ciegas… y muy estúpidas exesposas. No puedo creer que ella le hiciera eso. No puedo entender cómo alguien puede hacer eso.

—Eso se siente tan bien, Edward. —Sus labios en mi cuello están haciendo cosas mágicas en mi piel. Estoy ardiendo y, Dios, lo deseo. Realmente lo hago. Estoy lista para este paso, no solo porque quiero mostrarle que lo deseo, sino porque lo quiero para mí.

Lo deseo para mí. Su corazón, su cuerpo y su alma. Todo de él. Medias sucias y todo.

—Bella, prometeme que no lo volverás a hacer —dice contra mi piel mientras sus manos se deslizan por mi espalda, hacia la curva de mi trasero.

—No creo que pueda volver a hacerlo. No quiero lastimarte jamás, Edward. Nunca más. —Me aparto, encontrando su mirada—. No quiero ser la persona que te hace sentir que no importas. Odio haber hecho eso. Lo siento mucho.

—Pero regresaste, Bella. Ese es un gran paso. —Me besa y mueve sus manos por mi trasero, aferrándolo mientras me contoneo contra su creciente erección.

—Tampoco soy perfecta, ¿sabes? He tenido una hija, soy vieja y...

La boca de Edward chocó contra la mía antes de que siquiera pudiera terminar la oración.

Se aparta.

—No me importa. No me importa que ya no tengas veinte años. Tampoco me importa que seas mayor. Me enamoré de una chica tímida con ojos bonitos y una hermosa sonrisa. Podía ver a la tigresa escondiéndose detrás de esos anteojos antes de que siquiera hayas salido de esa casa usando esa maldita falda. ¿Sabes cuántas veces he tenido que masturbarme pensando en ti con esos anteojos, esa maldita falda y nada más? —dice y sonrío, la idea me hace sonrojar—. Demasiadas veces, Bella. Tu exmarido fue un idiota.

Me río.

—Y a tu exesposa realmente le deben haber gustado las mujeres, eso o es jodidamente ciega. —Me retuerzo ligeramente contra él. Puedo sentir lo excitado que está y, diablos, lo deseo tanto—. Ellie está durmiendo en casa de Rose —continúo en voz baja, esperando nerviosamente que él entienda lo que quiero decir. No estoy segura de si él está listo para este paso. Es tarde y quizás no sea el momento adecuado pero en verdad quiero compartir esta parte de mí con él.

Si no es esta noche, pronto.

—¿De verdad? —pregunta con una sonrisa torcida en sus labios carnosos y besables, y ojos entrecerrados.

Asiento con la cabeza.

—Ella no sabrá que no estoy en casa.

—¿Ah, sí? —dice con voz ronca antes de capturar mi boca en un beso que retuerce los dedos de los pies.

Sonrío contra sus labios y me alejo.

—¿Qué tal si desenvolvemos ese paquete que mencionaste antes?

Debería estar avergonzada, pero lo que él dijo sobre su ex resuena en mi cabeza y... sí, no puedo evitarlo. Tampoco puedo contener el ataque de risa que estoy teniendo con mi rostro enterrado en su cuello y mis brazos sujetándolo firmemente. Así somos nosotros, con verborrea y todo. Extrañaba esta libertad de ser yo misma que tenía con él.

—Bella, ¿estás segura? Quiero decir, esto no es porque sientes que tienes algo que demostrarme, ¿no? —pregunta, estudiando mi rostro en busca de alguna señal de que esté mintiendo o incómoda. Él ya me conoce tan bien.

Sacudo la cabeza.

—No tengo nada que demostrarte. Me... he enamorado de este hombre, y no quiero apartarlo más. Te quiero en todos los sentidos, Edward. Por favor, muéstrame que también me quieres.

Él me besa lentamente; lánguidamente, despertando cada célula de mi cuerpo con tanto deseo que siento que estoy en llamas. Mi cabeza da vueltas y mi piel cosquillea por todas partes con solo este beso.

Él lleva sus labios a mi garganta, mordisqueando y aplanando su lengua sobre el ardor. Es demasiado y no suficiente. Mi coño palpita, necesitando ser tocado, acariciado... agh, Dios, su boca...

—Llévame arriba, cariño —digo con voz ronca entre jadeos y gemidos.

Llevo mi mano a la suya y entrelazo mis dedos con los suyos, luego junto cada pizca de voluntad que poseo y me bajo de su regazo. Él me mira, sus ojos entornados y oscuros, la vista hace que mis bragas se mojen increíblemente. Mi cuerpo definitivamente sabe lo que quiere.

—Vamos. No me hagas rogar de nuevo —le digo con una sonrisa. Esto se siente mucho como la última vez, solo que la manera en que sus labios se curvan en una sonrisa perezosa me dice que está jugando este juego conmigo y que le encanta.

Se pone de pie y me rodea con sus brazos.

—Amo cuando ruegas, cariño —me ronronea al oído, haciéndome gemir.

Estoy tan perdida que no hay vuelta atrás.

—Por Dios, Edward. —Cierro los ojos y me inclino contra él.

—Vamos. —Besa mi frente, nariz y labios mientras me guía hacia las escaleras.

Subimos las escaleras a paso firme. Edward se encuentra detrás de mí, guiándome con sus manos en mis caderas.

Cuando llegamos a su habitación, me doy cuenta que tengo puesto la cosa menos sexy que tengo y él sigue aquí conmigo. De hecho, está de pie detrás de mí, besando mi cuello, y su erección me está tocando la espalda. La lencería está muy sobrevalorada.

Me quedo de pie allí por unos minutos simplemente disfrutando de lo que estamos a punto de hacer. Los nervios están asomándose y necesito calmarme antes de que me asuste. Respiro profundamente y miro alrededor. El cuarto está oscuro, pero aún así puedo distinguir los muebles y la ropa de cama con la suave luz de la luna que entra por las ventanas.

—¿Estás bien, Bella? No necesitamos hacer nada esta noche. Solo podemos acostarnos, acurrucarnos, dormir... ver qué sucede. —Edward desliza sus manos por mis brazos, frotándolos de manera reconfortante.

Respiro hondo y considero esto solo por medio segundo y sonrío porque finalmente tendré lo que quiero de verdad.