Primeros pasos como magizoólogo


El Potterverso es de Rowling


Este fic participa en el tópico "Duelos entre Potterheads" del Foro "Hogwarts a través de los años"


Elegí el desafío de ambientar un fic en el Bosque Prohibido lanzado por Dani H. Danvers. Dani, espero que te guste :)


— Adrien, ¿estás listo?

— Sí, Hagrid. Vamos.

Ambos entraron en el bosque prohibido.

— ¿Por dónde tenemos que empezar, Hagrid? — preguntó Adrien.

— Primero tenemos que quitar la astilla de un pie de una cría de troll. Nana.

Adrien asintió.

Él estuvo en el alumbramiento de Nana y le puso su nombre.

Tenía la costumbre de poner nombres a todas las criaturas mágicas que estaban bajo su cuidado, aunque no volviera a atenderlas nunca más.

Observó cómo Hagrid iba directo travesando los árboles. Sabía perfectamente a dónde se dirigían. En cambio, para Adrien, todos los árboles eran iguales. Si no fuera por su amigo, se perdería.

Iba a preguntárselo. Pero sabía que Hagrid no quería que hablaran cuando les tocaba atender a criaturas mágicas. Por lo que, Adrien tuvo que dejar a un lado su curiosidad de Ravenclaw para más tarde.

Adrien iba con cuidado pasando los árboles y las enormes raíces que sobresalían del suelo.

Fang les acompañaba siempre cuidando que Adrien no se lastimara. Adrien conocía a Fang y a Hagrid desde que empezó a vivir con su padre, cuando tenía cuatro años. Estaba muy unido al can.

— Pronto empezarán los EXTASIS. Espero que consigas todos los EXTASIS para entrar en la Academia de Magizoología de Lyon. — le comentó Hagrid tras un largo silencio.

— Eh… gracias, Hagrid. — se sorprendió Adrien de que Hagrid se acordara. — Yo también lo espero, pero os echaré de menos a todos.

— Hogwarts siempre tendrá las puertas abiertas para ti.

Llegaron a las cuevas donde vivían los trolls. Pero se escondieron a un lado.

Hagrid sacó su flauta. La misma que usaba para dormir a Fluffy. ¡Le echaba tanto de menos!

— ¿Quieres tocarla? — se la ofreció a Adrien.

— Claro.

Empezó a tocarla. Era necesario dormir a los trolls para atenderlos. Eran estúpidos, pero muy violentos. Y los magizoólogos debían pensar en su seguridad.

Adrien tocó la flauta. Menos mal que el primo Draco le había enseñado a tocarla. Él no era muy habilidoso en música.

Los trolls se durmieron. Se dieron cuenta porque cada vez que uno caía al suelo dormido, el suelo retumbaba.

— Vamos. — ordenó Hagrid.

Adrien le devolvió la flauta y ambos entraron en la cueva.

Caminaron hasta encontrar a Nana. La localizaron enseguida porque estaba tumbada en una cama de piedra con el pie en alto con una astilla en un pie. Astilla para el tamaño de un troll, para un ser humano, eso podría considerarse una pequeña rama.

Hagrid sacó unas pinzas. Unas pinzas de mida considerable, teniendo en cuenta que él era un semigigante. Se acercó a la troll niña y le sacó la astilla que tenía clavada ahí.

Adrien observaba atentamente. Los trolls tenían muy poca motricidad fina. Por lo que, hubiera sido imposible para su tribu ayudar a la niña. Si no tuvieran magizoólogos cerca, lo más probable es que la niña hubiera muerto de alguna infección causada por la astilla.

Cuando Hagrid sacó la astilla a la niña y le puso un ungüento en la herida. Se fueron.

— Hagrid, tú eres un semigigante y eres más alto que un humano de tamaño promedio. Pero para mí que soy un humano, ¿cómo debería quitar la astilla en este caso?

— El Profesor Kettleburn usaba hechizos levitadores para sacar astillas de trolls. Pero, quizás, cuando tú seas magizoólogo, encuentres tus trucos.

Adrien sonrió.

— ¿Ahora qué tenemos que hacer?

— Tenemos que ver si los thestrals están heridos y registrar el nacimiento de los unicornios.

— ¿De los thestrals no hay que llevar un registro de nacimiento?

— Los thestrals no están en peligro de extinción como los unicornios. Además, a los magos les suele dar bastante miedo acercarse a uno de ellos por el acercamiento que tienen con la muerte o, simplemente, porque no los ven.

Adrien asintió.

Caminaron esquivando árboles y raíces cuando estaban llegando al claro donde vivían los unicornios, Hagrid le dijo:

— Recuerda que los unicornios huyen de los seres humanos. Si hacemos el mínimo ruido, huirán. — le tendió un pergamino y un lápiz. Una recomendación de Adrien para no tener que usar tinta y pluma y tardar más.

Se tumbaron detrás de los árboles y empezaron a contar las crías de unicornios.

Contaron varias veces para comprobar que no se dejaban ninguno.

Una vez se fueron, dijeron los números que habían contado de crías de unicornios y coincidieron.

Hagrid sacó una libreta donde apuntaba las crías de unicornios que iban naciendo.

— Bien, no ha muerto ninguna desde el nacimiento de la última cría, Melissa. — anunció Hagrid. — Ahora toca visitar a los thestrals.

Ambos caminaron hasta llegar al claro donde vivían los thestrals.

Los thestrals eran más sociables que los unicornios. Quizás porque no habían sido casi extintos por los humanos.

Se ven todos bastante sanos. — murmuró Adrien, mientras acariciaba el morro de uno. Él podía ver a los thestrals desde bien pequeño porque vio morir a su madre en una cama de hospital por culpa del cáncer.

— Sí. Bien, nuestro trabajo ha terminado. — murmuró Hagrid tras inspeccionar bien las diferentes criaturas. — Me gustaría visitar a mi hermano Grawp y a su familia. ¿Quieres acompañarme o prefieres volver? Tranquilo, el Bosque Prohibido no es tan peligroso de día, los licántropos están dormidos.

A Adrien no le importaba acompañar a Hagrid a ver a Grawp, pero él no conocía el bosque tanto como Hagrid y tampoco era tan bueno en DCAO como para defenderse de las criaturas del bosque.

Hagrid se encogió de hombros y ambos siguieron su camino.

Llegaron a otro claro donde vivían dos gigantes con enanismo con sus hijos, también gigantes con enanismo.

— ¡Grawp! — chilló Hagrid.

Grawp le saludó y se sentó para poder hablar con su hermano.

Bawa, la esposa de Grawp, también se sentó con Hagrid.

— ¡También ha venido Adrien! — anunció Hagrid.

Adrien saludó.

Bawa lo cogió en brazos. Los humanos pequeños le parecían adorables, como si fueran muñecos. Lo abrazó y lo soltó.

Los hijos de Grawp también se acercaron a él para jugar. Adoraban a su tío. Hagrid los abrazó y habló con ellos con lengua gigante. Después, Hagrid volvió a sentarse con los adultos.

Los niños se fijaron en Adrien y lo rodearon.

Los humanos pequeños les parecían unos muñequitos. No solían verles muy a menudo.

Uno de ellos lo levantó por el tronco y lo sacudió de arriba y abajo como si fuera un sonajero.

— ¡Gainor! ¡Tank! ¡Riri! — les regañó Bawa.

— ¡Suave! — pidió Grawp.

El niño, llamado Gainor, soltó a Adrien y le acarició el pelo con la yema de un dedo.

Los niños se sentaron alrededor de Adrien y sacaron sus juguetes, enormes, comparado con el chico.

Adrien tenía muchos hermanos pequeños. Así que, sabía cómo tratar a los niños. Pero niños humanos, no niños gigantes con enanismo.

— Magia. — pidió la niña.

— ¿Magia? — preguntó Adrien.

— Magia. Palo. — señaló la niña la varita.

Adrien entendió que la niña quería que hiciera un truco. Sacó su varita e hizo algunas chispas. Los niños le miraron extasiados.

Adrien sonrió. En el fondo, todos los niños eran iguales. Los sobrinos de Hagrid hacían la misma expresión que sus hermanos pequeños cuando hacía magia. O cuando él era pequeño y veía a papá y al abuelo Albus hacer magia.

— Expecto patronum.

El águila real salió de su varita y voló rodeando a los tres niños, quienes alargaban sus manos para cogerlo.

Después de una pequeña charla entre Hagrid y su hermano y su cuñada, ambos regresaron a Hogwarts.

— ¿Estás muy mareado, Adrien? — le preguntó Hagrid algo preocupado.

— Estoy bien. Aunque preferiría que la próxima vez que visitara a tu familia, no me tratarán como un juguete.

— Ya, lo siento. Los gigantes no suelen ver ni relacionarse mucho con humanos. Además, a mis sobrinos les encanta ver a magos haciendo magia. Te los has ganado.

— Espero que tu hermano y su mujer no me contraten como niñera. — bromeó él.

Hagrid levantó las cejas. No estaba acostumbrado a los comentarios sarcásticos de Adrien. La mayoría de las veces el chico era amable, pero, tampoco se podía negar que era hijo de Severus Snape después de todo por su sarcasmo y sus ojos y pelo negros como el difunto profesor.

— ¿Quieres venir a tomar el té en mi cabaña? — se ofreció.

— Claro.

Cuando empezaron a ver las puntas de las torres del castillo, desviaron su rumbo hasta la cabaña de Hagrid.

….

Adrien se sentó en una de las butacas de Hagrid y tomó un poco de su té. El semigigante le ofreció pastas, pero sus habilidades culinarias hacían que esas pastas fueran duras como piedras. Por lo que, Adrien las rechazó de forma educada.

— Eileen ha tenido que volver a ayudarme con el huerto. Otro castigo. — comentó Hagrid mientras masticaba una pasta.

— Siempre está castigada. Mamá ya no sabe qué hacer con ella. — se lamentó Adrien.

— Vuestro padre también estaba castigado la mayoría de las veces. Si no estaba peleándose con los Merodeadores, se peleaba con los Slytherin, todos futuros mortífagos, antes de hacerse amigo de ellos.

Adrien apretó los labios. No le gustaba que hablaran de los Merodeadores después de saber qué le hicieron a su padre ni de los mortífagos por ese pasado del que su padre se avergonzaba.

— Hay algunas personas que todavía siguen con los odios y prejuicios de la guerra. Eileen terminó en Slytherin, como papá, y eso ha hecho que muchos los comparen y ya la ven como una mortífago en potencia. Da igual que yo haya terminado en Ravenclaw y Brian en Gryffindor. Si no aprendemos de nuestros errores del pasado, estamos condenados a repetirlos en el presente y en el futuro.

Hagrid no dijo nada. La verdad es que le aburría bastante cuando Adrien empezaba a hablar de historia. Los animales eran su vocación, pero amaba la historia. Hagrid no le cortaba para no ofenderle. Tenía mucho cariño a los hijos del difunto Profesor Snape, aunque, le tuviera miedo al profesor, cuando estaba vivo, y Eileen le hiciera tener algún que otro escalofrío por la espalda por los gestos que tenía tan parecidos al profesor.

— ¿Brian está contento en Gryffindor? Le he visto con algunos niños de su curso. — Hagrid quiso alejar sus pensamientos de Eileen y el difunto Profesor Snape.

— Sí, es muy simpático. No le cuesta mucho relacionarse con la gente. Tiene pensado hacer las pruebas el año que viene como buscador.

Hagrid escupió el té de la risa.

— Si Severus estuviera vivo, no me imagino su reacción.

Cuando Hagrid levantó la vista, vio que Adrien tenía lágrimas en los ojos.

— No, Adrien, lo siento.

Hagrid lo abrazó arrepentido.

Adrien empezó a llorar.

— Sé que papá quería que alguno de sus hijos fuera a Sytherin y que nos dedicáramos a las pociones. Pero murió antes de que yo entrara en Hogwarts. Ni siquiera, llegó a conocer a Emily. Sé que a muchos les hace gracia pensar cómo habría reaccionado papá cuando Brian acabó en Gryffindor. Pero después de que haya fallecido, a mis hermanos y a mí, eso nos duele. ¡Porque nunca lo sabremos! ¡Sólo tenemos un estúpido cuadro! ¡Josh con once años se quedó con mamá embarazada de Emily y de mis hermanos pequeños mientras yo tenía que ir a Hogwarts! ¡Ariana casi no recuerda a papá! ¡Fue muy duro para todos!

Adrien no paraba de llorar en los hombros de Hagrid. El semigigante estaba abrumado. No era bueno con las palabras y menos después de que fuera culpa suya de que Adrien empezara a llorar.

Cuando Adrien se calmó, bebió toda la taza de té de golpe.

— Adrien, lo siento mucho — se disculpó.

— No te preocupes. Es normal que los que conocisteis a papá y sabéis de su odio hacia Gryffindor os entré curiosidad saber cómo él habría reaccionado cuando Brian entrara en Gryffindor. Pero de pequeño ya decía que quería dedicarse al quidditch profesional y papá ponía cara de dolor de estómago, pero no decía malas palabras delante de él. — Adrien se sorbió la nariz. — El abuelo Albus ya decía que Brian terminaría en Gryffindor y, aunque, para papá fue un shock al principio, después dijo que Gryffindor tendría al fin a alguien decente. Que en todos los años que llevaba como profesor y alumnos, los Gryffindor decentes que conocía le cabían en los dedos de una mano y le sobraban.

Adrien empezó a reír.

Hagrid se puso serio. No sabía si Snape le incluiría en ese grupo de Gryffindor decentes.

Cuando Adrien terminó el té, se fue a su sala común a hacer los deberes y a estar con sus amigos.


Espero que os haya gustado, en especial a Dani, por ser quién lanzó el desafío.

En un principio, iba a escribir sobre los Merodeadores como animagos en una de las noches que salían tras la luna llena. Pero al final lo descarté y se me ocurrió esto.

Contadme vuestras opiniones.

Hasta la próxima