CAPITULO 9 :
POV TERRY -
El frío de la noche me abrazo con fuerza cuando salí del teatro, sin dudarlo comencé a caminar por las calles de la ciudad que estaban desoladas por la hora. El ruido del reloj marcando el inicio de la madrugada me hizo suspirar, era demasiado tarde y con este clima lo único que quería era llegar a mi departamento y dormir hasta el día siguiente.
Saber que Susana me estaría esperando para dormir, detenía mi descanso. Con tantas largas y estresantes horas de ensayo, no había tenido mucho tiempo libre durante el día para visitarla y era hasta esta hora de la noche que podía ir sin prisas de nada, ni siquiera me preocupaba en cubrir mi rostro pará evitar ser visto por los reporteros, ya que mi único objetivo era llegar al hospital.
- Terry... - me llamo la voz de Susana cuando entre a la habitación.
- Hola - salude sin ánimos, mientras caminaba hasta su cama para con cierto pesar que ella me estuviera observando detenidamente.
- Creí que ya no vendrías, estaba muy preocupada por ti - dijo Susana queriendo que entendiera la ansiedad qué se reflejaba en sus ojos.
Darme cuenta de esto solo aumentaba el pesar de mis ojos fijos en Susana, debía ser capaz de hacer cualquier cosa por esta mujer, pero lo único que sentía era una gratitud que me causaba pena.
- ¿Cómo estuvieron los ensayos? - pregunto Susana rompiendo el silencio de minutos, por más que pudiera parecer tranquilo por fuera, por dentro no podía dejar de sentirme en una amargura inexplicable.
- Ya empezaron las presentaciones - fue la seca respuesta que pude decir, pero que irónicamente hizo sonreír a Susana con una emoción que no miraba reflejaba en ella desde hace mucho tiempo.
- ¿Cómo estuvieron?, por favor cuéntamelo todo - respondió Susana con cierto brillo de súplica e ilusión en su rostro.
Aunque no quisiera, Susana seguía amando el teatro y por alguna razón en los últimos días nuestras pláticas solo era sobre el teatro. No estaría mal si no fuera por qué observar a Susana tan inquieta y expectante, me alegraba por un segundo hasta que recordaba que ella abandonó el teatro por salvarme.
Caía de lo más alto de la felicidad para caer en lo profundo, en una tristeza mucho más violenta, qué el vacío que sentía antes. No había espacio para ser feliz, incluso hasta la más mínima esperanza huía haciendo que pareciera como una luz qué intenta encender, pero que al final terminaba por apagarse en el mismo instante.
- No paso nada interesante, lo único nuevo es la obra y el elenco - hable bajando la mirada hacia mis manos.
- ¿En serio?, bueno... ¿Puedo saber quienes fueron elegidos? - un pesar apareció en mi pecho cuando Susana me hizo esta pregunta, no hacía bien en hablar del teatro con ella, pero aun así...
- Todos hicieron audiciones para ser parte de la obra, pero por alguna razón Robert no quiso que hiciera lo mismo y por eso tuve directamente el papel de Polinices desde el inicio.
- ¿Y los demás?
- Michael fue elegido para Etéocles, días después fue elegido James como Creonte y luego de último, Karen se unió al ensayo de obra completa como Antígona - luego de mi respuesta Susana desvío la mirada.
- No sabes cuanto me alegro - dijo Susana con tono suave - Karen tiene mucho talento, y creo que la compañía no tenga mejor opción que Karen como la protagonista de todas las presentaciones.
- Sí, creo que ella es una de las mejores promesas que ha tenido la compañía - mi mente estaba en blanco y cuando reaccione era demasiado tarde.
- Quisiera enviarle una carta y desearle éxito, pero yo sé que algún día podre salir de aquí para hablarle de frente - dijo Susana limpiando con sus manos la lágrima que había caído de sus ojos, que sutilmente trato de ocultar con una sonrisa en sus labios.
Como queriendo hacer entender que estaba llorando por "la ilusión".
- ¿Vas a dormir? - pregunté notando que Susana había cerrado sus ojos.
- Es muy tarde - respondió con los ojos entre abiertos.
- Bien, entonces descansa.
- Tú también - respondió Susana mirando hacia mí con una sonrisa que pretendía ser conmovedora, igual que todas las noches.
Sin más que decir, el silencio se hizo presente en aquella habitación que hoy parecía ser más cálida que otras noches, quizás era por qué el frío de la noche estaba perdiendo fuerza o quizás a lo mejor era porque Susana al fin había cerrado sus ojos.
Un leve suspiró salió de mis pulmones cuando me di cuenta de que estaba mal por la sensación de alivio que provocaba saber que un día más a su lado había terminado. Y aun así, esa sensación no era tan intensa como la desesperante necesidad de abrir la puerta de esa habitación y desaparecer para siempre.
Esto estaba mal, y aunque lo quisiera ignorar, sentía que todo había empeorado desde que me había comprometido con Susana, ni siquiera habíamos fijado una fecha para la boda y yo comenzaba a sentir esa molesta tristeza que me colapsaba en el silencio más absoluto. Cansado de estar sobre pensando mientras estaba al lado de Susana, me hizo tomar la decisión de alejarme y caminar hacia la ventana de la habitación, creyendo qué tal vez distraerme con la vista hacia la ciudad me ayudaría como lo estaba haciendo.
Pero ir hacia la ventana y distraerme fue un intento en vano.
Se supone que debo tener el control sobre mis pensamientos, pero solo basto ver la angustia de mi rostro reflejaba en el espejo de la ventana para que los hilos de mi mente sé movieran trayendo al presente la noticia de mi compromiso con Susana en los periódicos.
Los comentarios inapropiados comenzaban a venir aumentando mi pesar, y justo cuando creí que iba a de camino hacia mi propia tortura, el sonido de la puerta siendo goleada me trajo de nuevo hacia el presente.
Aún seguía en la habitación junto a Susana y el silencio en la habitación era tanto que en aquel momento solo era capaz de escuchar la profunda respiración de Susana qué dormía. Sin entender nada, mire hacia la puerta que había sido tocada y justo cuando creí que lo que había escuchado había solo un truco más, la puerta de aquella habitación fue abierta, dando paso a la imagen de una enfermera, que reconocí en el instante que me encontré con su mirada.
- Candy... - mi voz apenas y había salido en un susurro cuando nuestras miradas se encontraron, ver su imagen al frente de mí hizo que mi mente quedara en blanco al igual que el uniforme de enfermera que e ella resplandecía como la luz de ángel. No podía dejar de mirarla, y evitar que los latidos de mi corazón reaccionarán de inmediato pidiendo a gritos que fuera hasta ella y la abrazara como tanto lo había querido.
Saber que no podía hacerlo, me dolía, aunque no quisiera, la imagen de ella había aparecido ante mí muchas veces como un fantasma que me iluminaba un instante, y luego desaparecía en la oscuridad, donde el único consuelo era su recuerdo. El dolor que venía después no me importaba cuando la miraba, olvidaba todo cuando me miraba directo a los ojos y sonreía ligeramente haciéndome sentir que todo estaría bien.
Y eso era todo lo que necesitaba para seguir en mi camino, pero a diferencia de antes hoy sentía que algo era diferente en ella.
- Buenas noches... - hablo sin dejar de mirarme - Yo... he venido a revisar el estado de la paciente - escuchar su voz mientras sé acercaba me hizo palidecer por un segundo.
Pero ella estaba tan concentrada en lo que hacía qué ni siquiera prestaba atención al debate que había iniciado entre creer y no creer que ella estaba tan cerca de mí otra vez, pareciendo bastante real para parecer un simple juego de mi mente, pero aunque lo fuera no podía perderme la oportunidad de verla y apreciar cada uno de sus movimientos.
- ¿Está todo bien? - reaccione en automático cuando note la sorpresa en sus ojos cuando descubrió la pierna lastimada de Susana, que ahora estaba profundamente dormida. El silencio del ambiente, mientras ella seguía prestando atención a las heridas de Susana, hizo que el nerviosismo apareciera.
- Su pulso es un poco débil, pero fuera de eso parece estar muy bien - respondió Candy justo cuando creía que su imagen iba a desaparecer, ella levantó su mirada directamente hacia mí diciendo: - El doctor Shepherd me dijo que el estado puede cambiar con el paso de las horas así que debemos estar alertas por cualquier mínimo cambio que presente - escuchar aquellas palabras de su voz hizo que mi pecho comenzará arder frustración, no exactamente por saber el estado de Susana.
- Gracias - logre decir callando internamente todo lo que tenía atravesado en la garganta, intentando con todas mis fuerzas de no verla más para controlar ese impulso, de ir tras ella y abrazarla como tanto lo había querido, incluso en las peores pesadillas.
Un dolor pulsante despertó en mi interior en cuanto escuche la puerta cerrarse, mi respiración se volvió pesada y lo único que quería era llorar, pero no de tristeza, sino más bien en una felicidad que llego a tocar lo más sensible de mí.
Desde aquel verano en Escocia Candy tenía esa habilidad de sacar lo más vulnerable que escondía en silencio, es por eso mismo que descubrí que tenerla a mi lado me hacía bien, me hacía sentir seguro de mí mismo y de lo que quisiera, incluso quererla a aquella no me parecía tan malo porque solo con ella sentía que la felicidad era real.
Sin poder evitarlo más, una lágrima cayó de mis ojos al darme cuenta de que no servía de nada tenerla cerca cuando mi deber con Susana apenas estaba comenzando.
