CAPITULO 10 :
POV CANDY -
Haber tenido a Terry tan cerca, logro qué mi corazón latiera en un ritmo que irritaba y que al mismo tiempo me hacía sentir feliz y con vida, esto no estaría mal si al menos antes de ese encuentro hubiera intentado sanar, olvidar o mínimo negar que en mi pecho todavía estaba ese único espacio para Terry.
Romper y haber tomado caminos diferentes parecía no tener sentido cuando sabía que podía estar lejos de mis ojos, pero no de mi corazón y alma que me pedían alejarme de él, pero, en cambio, yo… Solo hacía oídos sordos queriendo estar cerca de él, para hablar, escuchar su voz y su risa o acariciar su rostro mientras me perdía en la hermosura de su mirada.
Desde que lo conocí, Terry provoca efectos en mí que desconozco como mi amor por el que sigue tan único que duele serle fiel, aun sabiendo que él estaba al lado de Susana, quien es obvio, lo necesita más que yo en este momento… No podía ir y ser egoísta con ella, antes de eso prefería callar lo que quería y alejarme.
O mejor dicho, evitarlo.
De cualquier forma, el pesar de evitarlo no era el mismo que sentía cada vez que miraba a Terrydesde lo lejos. No iba a hacer fácil, pero luego de esto mi verdadero trabajo en este hospital había empezado, el evitar cualquier encuentro era igual de pesado, qué saber que podía pasar un solo instante para que todo mi esfuerzo terminará directo en la basura.
Un escalofrío recorrer mi cuerpo entero, me hizo reaccionar y darme cuenta de que el ruido del reloj, y una hoja de papel al frente sin terminar, era mi presente. La madrugada estaba llegando como el inicio de un nuevo día, pero a diferencia de otros días la guardia aún no terminaba. Un profundo suspiro a mi lado llamo mi atención haciendo qué recordará que no era la única enfermera que estaba de guardia.
Somos cuatro, sin incluir a los dos doctores y otros compañeros que atienden a los pacientes en emergencias. Desde la llegada de un bebé hace unos minutos todo estaba muy tranquilo y silencioso, pero como bien había dicho el doctor Shepherd no tenemos derecho a bajar la guardia ni siquiera después de una victoria. Y el fuerte ruido de unos pasos corriendo desesperadamente nos despertó en más problemas.
- ¿Quiénes de aquí asisten al doctor Shepherd? - pregunto la voz de un compañero con respiración agitada.
Sin pensarlo, me puse de pie cuando note la tensión de aquel compañero en su mirada.
- Yo asisto al doctor Shepherd desde ayer - hablo mi otro compañero en el momento justo cuando iba a decir que yo también era asistente del doctor Shepherd.
- Bien, eso no importa, la paciente de la habitación 212 está en una crisis, así que tú vendrás conmigo - saber que Susana estaba en esa habitación detuvo mi mundo por completo - Y tú Candy debes atender a la paciente de la habitación 215.
- Sí - logré responder ignorando la perturbación que sentía al saber que Susana podría morir si no atendían su crisis.
La imagen de aquella chica llena de color había desaparecido, dejando a Susana como una mujer frágil y con pocas esperanzas. Una tristeza despertaba en mi pecho al recordar su imagen tan blanca como un papel arrugado, por tanto daño recibido.
No entendía como podría sobrevivir a tanto, pero supongo que tener a Terry a su lado después de todo le daba un poco de vida. La mirada vacía de Terry comenzaba a pasar por mi mente, pero el agua fría tocando mi rostro detuvo aquel recuerdo.
Debía concentrarme, o de lo contrario perdería mi trabajo en este hospital, así como antes. No podía permitirme el volver de donde había escapado, antes de regresar prefería quedarme en Nueva York fingiendo qué todo estaba bien.
- Buenas noches - saludé a la paciente que estaba con su mirada puesta sobre la pequeña pelota de lana que tenía entre sus manos.
- Oh, lo siento, no tenía idea que esta noche tendría curación - dijo la señora con una sonrisa de disculpa por el desorden de la lana que tenía en la sábana de su cama.
- No sé preocupé, creo que no tendré ningún problema.
- Eres nueva por aquí, ¿verdad? - fue la pregunta de aquella mujer cuando le estaba ayudando a recoger la lana que estaba tirada en el suelo.
- Sí.
- Eso lo explica todo… - dijo la mujer mirándome fijamente - Las otras enfermeras suelen tener problemas cuando vienen y me encuentran haciendo tulipanes.
- ¿Usted hizo estos tulipanes? - me parecía difícil de creer que aquella paciente hubiera hecho a detalle tantos tulipanes.
- Sí, llevo tres semanas haciendo lo mismo - hablo la señora soltando un suspiro - Mis dedos están comenzando a doler.
- Debería detenerse y descansar - el leve enrojecimiento en los dedos de aquella mujer explicaba el porqué comenzaban a doler.
- Me gustaría, pero mi hijo estará cumpliendo 15 años de casado y me pidió hacer tulipanes para su esposa. No quiero negarle un detalle tan hermoso y además, hacer tulipanes me distrae de todo cuando estoy sola.
- Déjeme ayudarla con esto - sin esperar respuesta, tome las almohadas de la cama para acomodarlas en el cuello aquella mujer que me observaba en silencio.
- Tienes mejor trato que las otras enfermeras - hablo la mujer dibujando una suave sonrisa en su rostro - Espero que seas igual de buena curando mis heridas.
- Tranquila señora, le aseguro que está en buenas manos - tener la confianza de los pacientes era una parte del trabajo, una vez tranquila podía seguir con el otro paso que era terminar con lo que había empezado.
Concentrada y en silencio, comencé a quitar el vendaje de la pierna para poco a poco descubrir la parte lastimada. Ver el daño junto a la sangre me hizo recordar a las clases de enfermería en Chicago cuando la guerra comenzaba a llegar en Inglaterra.
- Es aterrador, ¿no? - escuchar la voz de aquella me hizo volver en sí - Cuando desperté y mire mi pierna hecha pedazos sentí pánico, pero luego me di cuenta adonde estaba y esa herida dejo de doler. La maldita guerra había acabado con la tienda de campaña, mi uniforme estaba manchado en sangre, qué no era mía, solo tuve que mirar a mi lado para darme cuenta de que la sangre en mi uniforme era de mi amiga que estaba sin vida, su cuerpo estaba deforme al igual que los demás cuerpos… Y de todos los que recibimos el impacto solo, sobrevivimos tres.
- ¿Recuerda cuantas personas murieron? - el recuerdo de los números de muertos en la guerra, descritos en los periódicos, vino a mi mente con aquella pregunta.
- Esa vez hubieron 347 muertos, nadie esperaba que el enemigo contra atacará en la madrugada. Ni siquiera los más fuertes sobrevivieron. Desde que llegue a la guerra como enfermera, no hubo día que dejara de despedirme. Hubieron muchos soldados, enfermeras, animales y hasta niños, incluidos en las muertes.
- Fue valiente de su parte ir al frente como enfermera - dije creyendo que con estas palabras calmaría el evidente trauma de aquella mujer.
- No, fue muy escalofriante. No tienes idea de la cantidad de veces que me arrepentí de estar ahí - los ojos de aquella mujer estaban húmedos - ¿Quieres saber por qué fui al frente? - pregunto mirándome fijamente con ojos suplicantes y que me pedían en susurros dejarlos hablar.
La verdadera herida de aquella mujer no estaba en su pierna, sino más bien en su mente, ignorar aquella herida sería no hacer mi trabajo. No quería sentirme culpable de nada ni de nadie más, así qué, sin más opción, asentí con la cabeza dándole permiso a aquella mujer para qué hablará mientras seguía curando sus heridas.
- Mi padre era un hombre rico qué se enamoró de mi madre en una casa de citas, todo entre ellos era típico romance del momento hasta que nací yo. Mi padre no quiso hacerse cargo de mí directamente y abandono a mi madre confesando que él ya tenía una esposa e hijos qué mantener. Pasaron seis años y mi madre se había hecho cargo de mí todo ese tiempo, nunca había visto a mi papá, pero recibía cartas de él a diario, era muy pequeña, pero entendía que yo era la hija que mi padre escondía por su esposa. Mi madre no se atrevía a hablar porque era por mi padre que teníamos un hogar donde vivir y además, en sus cartas, mi padre había dicho que algún día llegaría a visitarme.
- ¿Y llegó ese día? - pregunté mirando a aquella mujer que estaba en silencio y con su mirada fija en el techo.
- Sí, fue para mi cumpleaños… Acaba de cumplir la mayoría de edad, mi madre había muerto y yo estaba enamorada de un artista. Su nombre era Adam, tocaba la guitará en un parque, era muy bueno en la comedia, así qué no le tomo mucho tiempo ser mi amigo y tiempo después mi novio. Teníamos la intención de casarnos, pero justo en ese momento mi padre llego por mí, diciendo que tenía que ir con él. No tenía adonde ir así que acepte, y sin darme cuenta termine en Inglaterra en la casa de la mujer de mi padre - las palabras de aquella mujer se detuvieron por las lágrimas qué caían de sus ojos - Él lo hizo todo sin darme cuenta, ni siquiera me dio la opción de negarme cuando me obligó a juntarme con un soldado que era hijo de un comandante. Tuve que fingir que estaba interesada en él, no era mal muchacho, pero odiaba que por el mi padre me alejará del hombre que yo amaba, quería protegerlo de todo y que fuera feliz con alguien más. Le escribí una carta, rompí con él y no recibí respuesta a esa carta en meses… Paso el tiempo y mi padre hizo de todo para adelantar mi boda con el soldado, la noticia del matrimonio fue un escándalo que llego hasta Adam.
- ¿Se casó con alguien que no amaba? - el nudo en mi garganta me desesperaba a querer saber de la historia de esa mujer que comenzaba a doler como si fuera algo mío.
- Fue infeliz por esa decisión… Mi culpa es tanta qué si pudiera regresar el tiempo para evitar que Adam se volará los sesos por enterarse de mi matrimonio, lo haría… Pero me di cuenta de mi error demasiado tarde, y lo único que pude hacer aliviar mi sentimiento de culpa fue ir al frente y termine así, en un hospital lejos de mi hijo y de mi esposo.
- ¿Su esposo? - la mujer me miró con ojos cristalinos cuando hice aquella pregunta.
- Ni mi esposo ni mi hijo saben de la existencia de Adam, no pude decirles la verdadera razón por la que fui a la guerra. Cuando Adam se fue yo me frustre mucho, me dolía su muerte y me deje llevar por mi dolor y mentí, les hice creer que yo había sido una de las elegidas como enfermera en la guerra. Por suerte mi esposo fue muy comprensivo y no dudo en lo que dije, no me negó el irme y cuidar de nuestro hijo.
- ¿No ha pensado en decir la verdad algún día?- pregunté mientras aquella mujer secaba las lágrimas en su rostro con un pañuelo qué tenía entre sus manos.
- Sí, pero no creo que sea una buena idea.
- ¿Por qué?.
- No quiero mentir más - dijo la mujer antes de soltarse a llorar con fuerza.
- Señora... - trate de tranquilizarla, pero ella seguía llorando sin consuelo alguno.
- Bruno ha sabido ganarse mi cariño, él merece ser muy feliz… Y yo sé que todo se perderá si digo la verdad, bruno es todo lo que tengo, no quiero alejarme de mi esposo.
El llanto de aquella mujer, junto a lo que dijo, tuvo sentido cuando a mi mente vino el recuerdo de aquella noche en la que me vi obligada a terminar mi relación y alejarme de aquel muchacho que me amaba tanto como yo a él.
- La entiendo, yo también en algún momento decidí vivir en una mentira - mi tristeza despertaba con el recuerdo de aquella nochede invierno en la que solo yo entendía lo que controle para irme de New York, dejando a Terry sin siquiera mirarlo.
- Puede haber pasado mucho tiempo, pero hay cosas que, sencillamente, no se olvidan nunca.
- Es verdad... - las lágrimas estaban por salir de mis ojos - Termine de curar sus heridas, debería tratar de descansar - no entendía mi urgencia por irme y estar sola cuando no me gusta estar sola.
- Por favor no se lo digas a nadie… Lo que te dije nadie puede saberlo - me dijo aquella mujer cuando estaba acostada en su cama.
- No tiene por qué preocuparse.
- Debes saber que tú eres la única que sabe de Adam.
- No hablaré de él con nadie en este lugar, puede confiar en mi señora - sonreír cuando quería llorar era mi nueva especialidad, así que no fue difícil tranquilizar a aquella mujer para irme y salir de aquella habitación con un profundo sentimiento de tristeza atravesado en la garganta.
Los pasillos del hospital estaban solos, pero no podía darme sentarme a liberar lo que sentía. Mi mente estaba abrumada en pensamientos hasta que de un segundo a otro mi mirada se encontró con la imagen de Terry sentado en la sala de espera del hospital.
Su mirada estaba fija en un pasillo del hospital, el vacío de antes en su mirada había desaparecido, dejando una desesperanza que fue como un último impulso para que, en silencio, una lágrima cayera de mis ojos.
La soledad de Terry me llenaba en una tristeza que me pedía acercarme a él para abrazarlo hasta que la amargura de la tristeza desapareciera. De algún modo Terry había llegado a mi vida cuando más lo necesitaba, y en mi corazón nació el querer ir hasta él para darle algo de alivio a su vida como él lo había hecho.
No podía ir hasta él, pero a comparación de antes, hoy no creía tener la fuerza para alejarme de él y abandonarlo a su suerte..
