CAPITULO 12:
POV TERRY -
Tenía miedo de hablar, pero creo que tenía más miedo de saber que la había vuelto a encontrar y que podía perderla otra vez. Hace meses había tenido las oportunidades de decirle lo que sentía, incluso en aquella noche. Yo podría haberle declarado mi amor toda la noche para impedir que se fuera, pero no sé por qué confíe en creer que tendría tiempo para hablar con la verdad, y al final no tuve el valor decirle que sin ella yo no podía ser feliz.
Jamás me paso por la mente que alguien más nos podría separar de un segundo a otro.
No quería hacer lo mismo de antes.
Ya no quería callarme y ser condenado a algo peor.
Estaba cansado de mentirme a mí mismo, creyendo que algún día lograría dejar de amarla a ella para amar a alguien más. El frío de aquella noche había subido poco a poco hasta mi cabeza, mis manos temblaban en sudor, pero el deseo de estar cerca de Candy era superior.
Respiré hondo por aquellos pensamientos que me estaban llevando a querer hacer una eminente pregunta, estaba decidido. Pero estaba tan nervioso que tuve que bajar la mirada al suelo para llenarme de ese valor qué había perdido.
Fue cuando levanté los ojos y me encontré con su mirada que supe que ya era hora de dejar de perder el tiempo.
- ¿Puedo acompañarte? - sentí como un gran peso de mi pecho caía después de hacerle aquella pregunta.
- Debes estar cansado Terry... - dijo Candy con suavemente - ¿Seguro que quieres acompañarme? - pregunto Candy con una sutil preocupación qué en aquel momento paso desapercibida.
Todo lo que quería era estar con ella y llenarme de ella hasta donde pudiera para a la mañana siguiente volver a mi deber con Susana.
- ¿Estás retando un departamento? - fue la pregunta que vino a mi mente después de unos minutos en los que solo caminábamos juntos en silencio.
- Si, pero ¿cómo es que lo sabes? - preguntó Candy confundida, seguramente recordando que ella no me había dicho aquella información.
- Si no me equivoco, esta calle termina en un barrio qué tiene edificios para pasar la noche.
- Sí, es verdad... - dijo Candy con una leve sonrisa - Vine aquí hace poco, así que por ahora no estoy en un lugar grande... Tal vez más después busque algo mejor.
- ¿Vives sola? - pregunté sin poder evitarlo.
- Si... - respondió Candy con algo de ironía.
- De seguro no encuentras a alguien con entrenamiento extremo para soportarte, ¿verdad?
- ¿Qué estás insinuando? - Me reto, viéndome fijamente sin miedo.
- Es decir, lo que quería decir es que... creí que habías venido de parte de tu trabajo y que estabas viviendo con alguien.
En ese momento, no pude entender por qué Candy había sonreído por lo que dije.
- Pues te equivocaste, estoy por mi voluntad... Este lugar fue lo primero que encontré para seguir con mi vida - respondió Candy mientras seguía sonriendo como si nada, haciendo que creyera fácilmente que no había nada malo detrás de aquella sonrisa.
- ¿Y te gusta estar aquí?
- Sí, la ciudad es muy grande, pero por eso quiero conocerla más.
- Puedo ayudarte en eso cuando quieras - dije eso pensando en cómo algunas veces el peligro en la ciudad estaba en todas las calles, incluso en las mismas personas que tenían la costumbre de engañar a la gente nueva.
- Debes tener muchos compromisos en tu trabajo, no quiero molestarte en algo así - reaccionó Candy de inmediato, haciendo que recordara que a veces en el pasado ella solía ser demasiado testaruda.
Pero creo que no sabía que yo podía serlo más.
- No eres molestia para mí - las palabras salieron de mi boca antes de pensar, sin poder evitarlo miré a Candy quien me sostuvo la mirada por unos segundos, eso hasta que detuvo su paso frente a una calle para esperar que un carruaje a lo lejos pasara - ¿Quieres ir ahí? - pregunté en un intento de olvidar lo que había dicho.
Sin decir nada, Candy asintió con la cabeza ante mi pregunta.
En ese momento caminamos hacia la cafetería que estaba al frente en silencio, que no era para nada incómodo. Con ella siempre había momentos de silencio que después eran compensados por risas que dejaban momentos inolvidables.
Entramos en la cafetería, que a diferencia de la primera vez cuando ella había llegado por primera vez a Nueva York, ahora la cafetería estaba desolada, pero por instinto busqué la mesa más alejada de todos. Nos sentamos y sin decir nada esperamos a que un empleado del lugar nos atendiera.
Y al parecer por unos minutos ni ella ni yo encontrábamos las palabras adecuadas para romper el silencio entre nosotros, estaba seguro de que el silencio iba a seguir por un buen rato o eso creía hasta que pedí un café sin azúcar con pastel de fresa y ella pidió chocolate dulce con un postre de chocolate.
No entendía como podría gustarle tanta azúcar, pero luego de analizarlo que Candy quisiera toda su orden dulce tuvo una explicación...
- Sigues siendo una glotona - le reproché sutilmente mientras me reía por los recuerdos que venían a mi mente.
- Y tú sigues siendo un grosero - si ella pudiera saber que escuchar su respuesta a mis insultos me hacía feliz, de seguro creería que estaba loco.
- Solo estaba diciendo la verdad, y además alguien me dijo una vez que decir la verdad no ofende.
- Ah sí, ¿y se puede saber quién te dijo eso? - preguntó Candy con más ironía que diversión.
- Nadie, yo lo acabo de inventar - no podía dejar de reírme y mostrar felicidad por volver a nuestras típicas peleas que eran medio en broma y medio en serio.
- Te sobra mucha imaginación para molestarme, ¿verdad?
- Sí, lo siento... - En estos momentos quisiera decirle que solo estando con ella yo era capaz de sonreír, de bromear, de ser libre. No importaba qué estuviera haciendo o que estuviera comiendo siempre y cuando fuera con ella, todo lo demás perdía el valor para mí.
- ¿De qué trata la nueva obra de estreno? - preguntó ella luego de unos segundos en silencio.
- Pues es una obra antigua, su nombre es Antígona, es la protagonista y es interpretada por una compañera, su nombre es Karen Kleys - no había olvidado la costumbre de decirle todo lo que me rodeaba con detalles.
Al contrario de ella.
- Karen dijo que demostraría su talento... De seguro su tío debe estar feliz - hablo Candy con melancolía que no entendí.
- ¿Qué quieres decir? - Mi pregunta causó tensión que me fue fácil de apreciar en Candy, que parecía estar pensando en lo que dijo.
Era como si acabara de darse cuenta de que había dicho algo de más.
- Candy... - la llame haciendo que ella levantará la mirada - ¿Conoces a Karen? - pregunte sin poder evitarlo, me ansiaba querer saber cómo cuando y en qué momento Candy había conocido a Karen.
- Si, pero fue hace mucho tiempo que hablé con ella - Los nervios en su respuesta evasiva solo alimentan mi curiosidad por saber más.
- ¿Cuándo fue que la conociste? - pregunté en otro intento, que me fue imposible de evitar.
- No, no recuerdo la fecha exacta - respondió Candy con una sonrisa que me dio a entender que no quería seguir respondiendo a mis preguntas - La obra debe tener mucha atención del público, ¿verdad? - pregunto Candy con cierta incomodidad qué sentí al segundo.
- Si, la obra tiene tanta audiencia que a este día ya agotó todas las entradas para las presentaciones locales - dije tratando de hacer olvidar lo incómodo del ambiente - Puedes ir alguna vez para que lo veas.
- Buena idea, pero si las entradas están agotadas, será difícil ver la obra en estreno.
- Tal vez, pero creo que no te será difícil ir si vas como mi invitada. - me emocionaba tan solo con la posibilidad, pero a diferencia de mi Candy no parecía estar muy feliz.
- Claro, tal vez algún día pueda - otra vez Candy había bajado su mirada.
- Tranquila, no tienes que hacerlo si no quieres - dije tranquilo mientras que por dentro luchaba contra ese impulso de llenarla de preguntas hasta entender el por qué parecía estar tan nerviosa.
- No, no malentiendas... No es que no quiera ir a verte, es solo que... - Se detuvo guardando silencio por unos segundos - No quiero causarte problemas con nadie - respondió Candy suavemente logrando que al fin entendiera algo de que lo dijo
Al contrario de mí, hasta en este momento la naturaleza de Candy en preocuparse por los demás estaba ahí como desde el día en que la conocí.
- Entiendo, pero no es necesario que te atormentes solo en los problemas - Hablé haciendo mi mejor por sonreír, aunque me sintiera desolado por recordar que mi lugar seguía siendo al lado de Susana.
Ella hizo un ligero asentamiento de cabeza y luego me sonrió con una tierna sonrisa, logrando que me olvidara de todo mientras mi corazón se detenía en seco por varios segundos. Si ella pudiera saber todo este poder que tenía sobre mí, ni siquiera podía imaginar todo lo que haría conmigo.
De seguro sería algo parecido a un títere en sus manos.
Pero sin decirle aquello, nuestra plática siguió por un buen rato en esa cafetería hasta que involuntariamente mis ojos comenzaron a pesarme por el sueño que había retenido, y luego de eso, Candy ni siquiera me dio tiempo en argumentar algo para seguir hablando con ella.
Sin más opción qué acceder, salimos juntos de la cafetería y seguimos el camino por las calles de Nueva york por ratos hablando y por otros simplemente caminando juntos, disfrutando del silencio.
- Es aquí... - dijo Candy deteniendo su paso frente la entrada de un edificio, que daba fin a las horas a su lado, no quería dejarla, pero tenía que hacerlo.
- Será mejor que entres ahora - por la hora del momento, no quería irme sin antes asegurarme que ella estuviera segura del peligro de la ciudad.
Candy respondió con una dulce sonrisa, que por un momento me hizo creer que ella había escuchado mis pensamientos.
- Antes de eso, yo... Quiero pedirte un favor - la sonrisa de antes había desaparecido en Candy dejando una tristeza en sus ojos por alguna razón, y desde aquí un mal presentimiento se apoderó de mi pecho - No le digas a nadie que estoy aquí - apenas pude distinguir las palabras en sus labios.
- ¿Puedo saber por qué? - En silencio, Candy negó con la cabeza.
- No es el momento... - dijo suavemente antes de levantar su mirada, que ahora parecía ser dura y llena de resentimiento - Pero si alguien en algún momento te pregunta por mi, puedes decirle que no sabes nada de mi.
- Esta bien, no diré nada a nadie - hablé seguro, mirándola fijamente a los ojos.
- ¿Lo prometes? - su voz había sido un susurro que llegó a mí como un escalofrío.
Algo no estaba bien con Candy, pero aun así...
- Te lo prometo - elegí protegerla de lo que sea aun sin saber nada - ¿Segura que estarás bien sola? - Ahora dejarla sola en aquel edificio me llenaba de un pánico que casi me impedía respirar.
- Si, no te preocupes por eso... Estaré bien - aquella sonrisa dulce, tierna y linda había vuelto a ella hasta en su mirada que ahora.
parecía inocente.
- Por tu bien espero que eso sea verdad, ahora es mejor que entres y descanses para mañana.
- Tienes razón, nos vemos después - dijo Candy antes de empezar a caminar - Ve con cuidado.
- Lo haré...
- Adiós - se despidió Candy antes de entrar rápidamente por la puerta del edificio.
Tal vez fue su ausencia o lo que dijo, lo que sea que fuera, ahora había despertado un miedo en mi interior que me llenaba de culpa, pero al mismo tiempo me hacía sentir triste y lleno de impotencia.
Me debatí internamente y de pronto, mientras caminaba solo por las calles de la ciudad, llegó a mí esa urgencia por entrar a la mente de Candy y entender el porqué de la nada había regresado a mi lado cambiando todos mis planes.
