Sabes, es extraño que una supuesta especie pacífica me haga más daño que un depredador, no en serio, escape de una mantícora que es cinco o seis veces mi tamaño, y lo peor que me hizo fueron unas costillas magulladas, de mi lado derecho.
Pero he aquí, una yegua naranja con melena rubia me rompe las costillas con una patada doble trasera, y creo que una o dos de esas costillas me están atravesando un pulmón.
Que, como lo sé, primero caminar con mi pezuña izquierda era doloroso, otro era el respirar, apenas podía hacerlo sin que más sangre encontrara su camino afuera de mi cuerpo.
Apenas empezó el día.
*Clip, clop, clop*
*Clip, clop, clop*
Eran el sonido de mis pezuñas al pasar el pequeño puente de piedra, ya no faltaba mucho.
Estaba cansado, ya había usado mi reserva mágica ese día, esa maldita cosa era peligrosa, realmente peligrosa, si la hubiera mirado más tiempo a los ojos, no creo que hubiera salido con vida, al menos logré matar esa cosa, creo.
Bueno, lo importante ahora es recibir la paga por este trabajo, si... la paga.
Sentí que mis pensamientos comenzaron a nublarse, esto no era bueno, no puedo caer inconsciente ahora, si no me alimento pronto, tal vez solo esta vez no despertaría de nuevo.
Sentí que mi equilibrio iba hacia un lado, pero antes de golpear el suelo, mi costado herido golpeó el muro del ayuntamiento, eso hizo que los nervios que se estaban apagando reaccionaran a toda potencia, eso me despertó.
―En serio, esto duele―, apoyado contra la pared, sentí cómo mis costillas rotas se movían, lo que provoca más dolor ―agh, grrr―.
…
Cuando logré pararme correctamente, dejé una mancha en el muro con sangre, ugh, espero que no me culpen por eso. Caminé unos pies más, estaba al lado de lo que parecía una taquilla, tenía un letrero con una nota y una bolsa.
Este debe ser el lugar, ¿cierto?
Ya no importaba, apenas podía sentir mi cuerpo, mis nervios gritaban de dolor por mis costillas y mi pobre pulmón, sentía la mayor parte del tiempo el sabor a la sangre en mi boca, solo quiero terminar con esto para recibir mi paga.
Me detuve al frente del puesto, me senté sobre mis flancos, casi un dolor se dispara por todo mi ser, incluso más fuerte que las costillas. Al sentarme, pellizqué una pequeña parte de mis pelotas.
Me mordí el labio por el repentino pico de dolor, pero este se fue apaciguando, como si fuera una advertencia.
―Esto no podría empeorar, ¿verdad?―, murmuré para mis adentros.
En ese momento no me di cuenta, pero tentar al destino no siempre es bueno… ¿cierto?
No sé cuánto tiempo estuve pensando, pero sentía que la sangre corría por mi barril hacia mis flancos y abdomen, tal vez eso era lo que me tenía mareado, la pérdida de sangre tiende a tener esos efectos.
Miré la taquilla, no tenía ningún letrero ni nada. 'La golpeó' ese pensamiento pasó por mi cabeza, y como si mi cuerpo tuviera mente propia, mi pezuña se acercó a la madera.
*Toc, Toc, Toc*
Pasaron los segundos, cuando volví a levantar la pezuña para tocar de nuevo, escuché pasos, mis orejas como si fueran antenas se movieron para captar el sonido. Si no puedo mover esas cosas, se mueven por mente propia, o tal vez en esta ocasión mi subconsciente me ayuda. Cualquiera de las dos no es una mala opción… bueno, una de ellas no es mala.
La que abrió la taquilla fue un poni, en este caso un poni de tierra, creo.
Hubo un chillido y luego la yegua que tenía delante se había ocultado detrás del muro. Era normal, esta es la reacción más pasiva de los ponys.
Solo extendí mi pezuña delantera derecha hacia atrás y agarré mis alforjas. Con un poco de esfuerzo logré cargar ambas alforjas y dejarlas delante de mí. Una de ellas tenía sangre, oh joder.
Empecé a sacar los artículos con mi pezuña y ponerlos encima del mostrador, algunas de las flores estaban húmedas con mi sangre, agarre esas y las deje a un lado por ahora, mire hacia mi otra alforja, agarre las plantas que parecían hiedra venenosa y lo coloque en el mostrador.
Todo eso fue lento por el dolor y el cansancio, pero ya había dejado la cantidad necesaria de hierba venenosa en el mostrador. Creo que habían pasado unos minutos, no sé dejo de importarme, mi mente estaba algo nublada.
Sacé las notas que tenía y las empecé a dejar al lado de los artículos.
…
―Oh ciertos las manzanas,― entre todas las de la mesa, vi una oreja de color azul pálido asomarse.
No le tomé relevancia, así que saqué las Zapapples, eran las once que tenía, eran más de lo que decía la nota, pero tenía que encontrar una forma de conseguir dinero. Cuando terminé de colocar las manzanas encima del mostrador, escuché un aleteo de alas cerca, mis orejas se dirigieron al lugar del sonido, probablemente a unos metros en el aire detrás de mí, no giré la cabeza.
Sacé la nota de mi alforja y la dejé en la mesa. Para este punto podía ver la melena de la yegua, sus ojos y algo de su cara. Sus emociones demostraban miedo y curiosidad, y la curiosidad mató al gato, señorita.
Dejando de lado las bromas mentales, vi cómo plumas salían de debajo de la mesa y empezaba a agarrar las notas.
Era un pegaso.
No mostré ninguna reacción más, solo me quedé viendo a la nada en su dirección, necesitaba mantenerme despierto, y mientras más tiempo pasara más difícil era.
Y como si esta yegua me hubiera escuchado, empezó a agarrar los artículos de la mesa, agarró la media docena de Zapapple y dejó el resto en la mesa. Sus ojos hicieron una señal en mi dirección, creo que me trataba de decir que tomará las manzanas que no estaban en la misión. La miré, luego asentí y agarré lentamente cada manzana. Cinco era el recuento final, ahora mi alforja tenía manzanas, no sé qué hacer con ellas.
Mi mirada volvió a la yegua, la cual para mi sorpresa no estaba; estaba lo que parecía una bolsa en el mostrador con una nota.
Agarre la bolsa y la mire más de cerca.
*Ding ding*
Eran monedas, y la nota decía 'entrega hecha por Reward Notes. monto: noventa y un Bits'
―Su nombre es Reward Notes, es extrañamente específico― negué con la cabeza, no podía usar lógica humana en este mundo, eso ya lo había aprendido antes, pero años de esa vida no se van tan fácilmente.
Agarré la bolsa y revisé un poco su contenido, no era muy grande ni muy pesada, encontré varias monedas de diez Bits y unas pocas de un Bit.
Empaqué la bolsa en mi alforja, luego con un poco menos de esfuerzo la llevé a mi espalda, era doloroso pero no tanto como antes.
Cuando me intentaba levantar, sentí mi cuerpo entumecido, era como si estuviera en el agua. Era bastante difícil moverse, pero no imposible. Como pude, empecé a caminar hacia Sugarcube Corner. Necesitaba más de media docena de magdalenas esta vez.
Mmh, es un poco raro que una sombra de una nube me siga, y el aleteo de las alas no se haya ido, no mire hacia arriba ni hacia atrás, no necesitaba alertar al fisgón de que noté su presencia.
Tardé más tiempo que antes en llegar, pero eso se debía a mi paso más lento. Vi el edificio que parecía una Magdalena en la parte superior. Caminé lentamente hacia las escaleras. La sangre aún goteaba de mi cuerpo, pero ya no tanto como antes. Aun así, dejaba un rastro de sangre verde por el camino.
Subí poco a poco cada escalón, tenía que saltar con mi pezuña delantera derecha para poder avanzar.
Ya estaba en la puerta, iba a soltar un suspiro de alivio, no podía aguantar mucho más tiempo, pero casi me atraganté con la sangre que brotó de mi pulmón herido, joder, solo aguantó un poco más.
Moví la pezuña izquierda para poder tocar la puerta.
*Toc, Toc, Toc.*
Esperé unos segundos y volví a entrar, de nuevo hubo algunos gritos y chillidos por la conmoción, pero los sentimientos de miedo se vieron disminuidos por la curiosidad. Caminé hacia el mostrador con tres de mis pezuñas en el suelo. Cuando llegué al mostrador, la yegua que me atendió ayer estaba mirándome, asustada y asombrada, aunque no hizo ningún comentario.
―Necesito dos docenas y media de magdalenas, por favor.― Me gustaría decir que eso fue bastante difícil sin escupir algo de sangre.
Miré a la yegua, la cual asintió y escribió una nota, probablemente con el pedido. Esto era bueno, tendría magdalenas recién salidas, pero esa felicidad se fue cuando vi a la yegua sacar una caja más grande que la última vez metiendo una docena de magdalenas en ella. Luego sacó otra caja igual de grande y sacó más magdalenas, y por último sacó una caja que era igual a la última, y empacó el resto de magdalenas.
Luego de eso, me miro ―son cincuenta y cinco Bits―.
No me sorprendió, pero me arrebató el ánimo; por lo menos, algunos serán buenos.
A veces es bueno soñar, pero la realidad es otra.
Asentí con la cabeza y empecé a sacar la bolsa de bits que tenía. Más de la mitad de mi dinero se fue hoy, pero necesito descansar y recuperarme lo mejor que pueda.
La realidad era dura, pero no me rendí, todavía no podía hacerlo.
Cuando el pago se efectuó, la yegua movió las cajas hacia mi dirección, colocándose perpendicularmente a la mesa. La yegua me ayudó a mover las cajas encima de mi espalda; era un poco pesado, pero no era lo peor que había tenido que cargar.
Cuando dejé mis cuatro pezuñas en el piso, hice una mueca de dolor, no podía poner demasiado peso en mi lado izquierdo, los músculos estaban un poco dañados por los huesos rotos que los rasguñaban, respiré profundamente y casi me atraganto por ello.
Con la boca casi llena de sangre la tragué, joder.
Mi condición no era buena, lentamente caminé hacia afuera, ahora todo lo que tenía que hacer era volver a casa.
―Ugh,― la nube me sigue siguiendo, es molesto.
Ese pegaso me lleva siguiendo desde el ayuntamiento, no sé qué quiere, creo que solo llegaré a mi casa y cerraré todo para que nadie entre.
Miré el camino alejando mi vista de la sombra que tenía cerca, todavía me faltaba un buen tramo de camino para llegar. Mi estómago esta vez no dijo nada ni se quejó, claro, tampoco quiere sentir dolor.
Eso y el dolor era lo que me mantenía despierto.
Estas magdalenas me ayudarían durante un par de días, creo.
Al fin la puerta.
Poniendo todo mi peso en mi pezuña delantera derecha, me apoyé para poder mover mi pezuña izquierda y buscar mi llave.
Al menos no se calló, y abrí la puerta para entrar a mi hogar.
Necesito un descanso.
