Cuando llegué a mi cocina, mi cuerpo prácticamente cedió, ahora estaba tendido en el piso, mientras sangraba de mi costado herido. Algunas magdalenas cayeron de la caja, tuve la suerte de que unas pocas cayeron alrededor de mi cabeza, no podía pensar en nada, mi mirada estaba enfocada en la comida que tenía cerca.
Mi cabeza se movió de tal forma que con la barbilla me empujaba hacia adelante, me estaba arrastrando poco a poco. Lo único que mis ojos podían ver era la Magdalena.
Luego empecé a ver borroso, mi vista se estaba desvaneciendo, pero no paraba de arrastrarme, era como si mi cuerpo se moviera por instinto, necesitaba alimento y tenía alimento cerca, incluso cuando la neblina de mis ojos me oscureció todo lo que veía, encontré un camino hacia la magdalena.
Mis pensamientos se comenzaron a desvanecer, los pocos que podía hacer en ese momento.
Antes de apagarme por completo, sentí que mi mandíbula agarraba algo y lo comenzaba a masticar, no sé si también estaba masticando el papel, tampoco importaba.
El sonido de los pájaros me despertó.
Con una pesadez mayor, intenté abrir mis párpados; era, como decirlo, no difícil, sino, como si me hubiera puesto una mascarilla de algo en la cara.
Probablemente tenga algo en la cara.
Mis sentidos empezaron a volver poco a poco y una de las cosas que más se resaltaron fue el sabor a pan y azúcar en mi boca. No es que no supiera a qué sabía, sino que había partes de pan todavía en mi boca, estaban todas blandas y húmedas, no tenían sabor a amor.
Escupí lo que creía que era un pedazo de magdalena, sólo para que me atragantara, y después de unos segundos algo un poco más grande y duro saliera de mi garganta. Esa cosa que salió me había lastimado la garganta, pero ya se estaba curando.
Mis ojos todavía estaban tapados por algo, y a medida que despertaba, mis pensamientos volvieron a su velocidad habitual.
Lo más probable, de lo que tengo untado en la cara, sean restos de magdalenas.
Joder.
Intenté mover uno de mis cascos, y como ayer era difícil, como si lo estuviera moviendo en el agua, se sentía entumecido, más de lo habitual.
Poco a poco moví mi casco, lo pasé por uno de mis ojos, lo que estaba pegado a mi cara era blando y pegajoso, era extraño y con algunas partes duras de la masa.
Necesito un baño.
Luego de pensar eso y limpiar un poco más mi ojo derecho, lo logré abrir con algo de dificultad. Lo primero que sentí fue el ataque de luz de un atardecer. ―Ugh, joder―, creo que fue una mala decisión hablar, porque, bueno.
Varios jadeos salieron de mi garganta junto con un pequeño chorro de sangre y lo que parecían astillas de color blanco, eso y pedazos de magdalenas.
No sé cuánto tiempo pasó, pero por lo menos ya no me dolía un lado del cuerpo, al parecer algunas grietas que se formaron por el choque de la rama ya se habían cerrado y las costillas ya no dolían. pero quisiera que el otro lado fuera lo mismo.
Esta vez fui despacio y levanté ambas pezuñas delanteras para poder pararme. Dolió, pero no tanto como en la mañana. Al menos mis huesos ya estaban en su lugar, pero siguen rotos. Los músculos estaban decentes, al menos, algunos ya estaban curados y otros estaban a medio proceso.
Cuando logré una posición sentada, recordé lo que había tirado antes de mi cuerpo; miré hacia adelante para ver un trozo de hueso en el suelo… bueno, ahora tengo otra parte menos del cuerpo.
Con mi pezuña izquierda, esta vez me limpié el otro lado de la cara, para poder tener un campo de visión al cual me había acostumbrado.
…
Cuando logré sacar todo de mi ojo, lo abrí; mi visión no estaba mal, al menos, miré hacia la ventana solo para ver un cielo de estrellas. Siempre me pregunté por qué había tan pocas, tampoco es que importara, no puedo hacer nada al respecto.
Ahora intenté ponerme en mis cuatro pezuñas, era mucho más fácil que esta mañana. Miré a mi alrededor: había una caja media llena de magdalenas; el resto estaban entre aplastadas o arrastradas por el piso. Miré un poco mi cuerpo, tenía rastros de magdalenas por mi quitina. Detuve mi mirada en el punto donde había recibido la patada.
La quitina estaba bastante destrozada, las grietas iban de un lado a otro pero todas conectaban a dos marcas de pezuñas que estaban en el centro de mis costillas izquierdas, el lugar se había curado más o menos, aunque la cicatriz de color verde en forma de herradura se remarque, no es como la de mi muslo, esta es de un verde más apagado.
Con suerte nadie lo notará.
Me moví hacia la caja que estaba medio llena de magdalenas, la agarré con una pezuña y me moví para llevarla al mesón de la cocina. Cuando comprobé que estaba bien cerrada, me dirigí hacia el segundo piso, con cuidado caminé por las escaleras, no quería tener otra herida ahora, no necesito que mi regeneración se desvíe a otro lado, que no sea mi pulmón por ahora, mhm, ¿puedo regenerar un hueso? Me dio curiosidad y dirigí una pezuña hacia mis costillas.
Un escozor hizo que me arrepintiera de intentarlo, en cambio, miré hacia mi costado, podía ver cómo mis costillas estaban rotas, claro, soy delgado y estoy desnutrido, así que puedo ver mis costillas, y, o chico, se ve peor de lo que se siente, eso y la cicatriz que quedó.
Mejor no me preocupo de eso por ahora, abrí la puerta del baño, es decente, es como un baño humano, tenía una bañera y una regadera, además del inodoro y el lavado, no es muy diferente al humano, claro está la diferencia de tamaño y la movilidad cuadrúpedo.
Solo me dirigí a la regadera, necesito un baño, tengo barro y suciedad del Everfree, tierra de la plaza del pueblo y sangre por el cuerpo, estoy sucio de restos de magdalenas por algunos lados e incluso mi herida tiene algo de magdalena.
Encendí la regadera, empezó a caer agua fría, no me importó, de todos modos ya me había acostumbrado a que el agua estuviera helada.
El baño fue refrescante, creo que es una de las pocas cosas buenas que me pasan, estos pequeños momentos son los que me hacen apreciar la vida, y me recuerdan por qué lucho tanto.
Miré el espejo que tenía en el baño, tenía el reflejo de una figura equina, ojos grandes y azules como el cielo, un cuerno casi sin imperfecciones, claro, tiene algunas astillas y las cicatrices de roturas, pero en general, se ha mantenido completo.
Parpadeé.
Ahora no me miraba una cara de changeling, me estaba mirando mi cara cuando era humano, cabello castaño yendo a rubio, ojos color ámbar, cinco pecas en la parte izquierda de la cara formando una especie de rayo, ojeras permanentes debajo de los ojos, una nariz un poquito torcida hacia un lado y unos labios tan rosados como un melocotón maduro.
Pero ante todo, una mirada vacía en su rostro, como si no estuviera mirando nada, el cabello desalineado, un pequeño bigote que se asemeja a un mostacho y unos labios agrietados por falta de hidratación.
Esa era la cara que me devolvió la mirada en el espejo.
Pasaron unos segundos hasta que me fui del baño. Esta era una razón por la que evitaba los espejos, un recordatorio de lo que viví si fue real, y no un sueño muy vivido.
Volví a la cocina, nada más para ver el desastre que había dejado, todavía no podía sobre exigirme, así que volví al piso superior y agarré la escoba que había usado antes, ya con la escoba empecé a limpiar.
Al menos la mayoría de la suciedad se fue, el olor quedó, no tengo utensilios de limpieza, así que poco puedo hacer por ahora. Miré las alforjas que estaban tiradas por el piso con rastros de sangre y magdalenas, eso va a hacer molesto de limpiar.
Saqué las cosas de la alforja, con esta vacía las llevé hacia el fregadero, las empecé a remojar en agua y las empecé a frotar con mis cascos, la sangre no salió ni el olor, pero al menos no era tanta como antes. deje esos pensamientos a un lado mientras lavaba la alforja, mire hacia lo que había sacado, estaban las rosas de varios colores, todas húmedas con sangre, la sartén y el cuchillo seguían ahí en el piso junto con las flores.
Gracias, por no tener que usar el cuchillo, no quiero saber qué hubiera dicho el pueblo si aparezco lleno de sangre y con un cadáver a cuestas, mire las Zapapples que tenía, qué haría con esas cosas.
¿No sé, plantarlas?
Eso es una buena idea, aunque no sé de agricultura, bueno, no mucho de todas maneras, mire las manzanas extrañas para mi mente humana, seré capaz de plantar eso.
No creo, apenas había algunos en el everfree, y caen muchos frutos al suelo por lo que vi, así que descarto la idea de replantar, eso solo sería un gasto de tiempo innecesario, tengo más cosas que hacer, un ejemplo sería ganar dinero.
Mhm. Él dinero puede resolver muchos problemas a su manera, y sí voy a Canterlot a ver al gobernante.
Tal vez pueda hacer un tratado para salvar la colmena, si puedo hacer eso entonces podré dar un paso a la integración de mi especie a la sociedad equina.
Si eso suena como un plan, pero hay muchos preparativos y este plan tiene muchas lagunas, y de paso estoy contra las cuerdas. En este caso, si la reina lleva a cabo su plan, tendré que mirar otra vía para que los changelings sean aceptados, deje la zapapple en la mesa de la cocina, y mire mi pezuña.
Tal vez si soy lo suficientemente rápido, pueda curar este daño que se nos fue causando hace tanto tiempo.
Algunas historias indican que fue Celestia quien nos hizo este daño, pero si es cierta, ella tuvo que tener sus razones para hacerlo... ¿no?
No sé cuál es el pasado de esta especie, pero puedo intentar tener un futuro mejor y tal vez arrastrar algunos conmigo.
―Ugh―, pero por ahora solo tengo que curar mis heridas.
Miré las magdalenas que había en la caja, me acerqué y empecé a sacarlas con mis pezuñas, estaban un poco blandas, no tan duras como otras, esta no tiene que tener más de un día de haberla hecho, aunque el amor se había reducido, todavía era comestible, claro, mi organismo no lo procesa, sino tiene algo de amor en él, en el caso de que no lo tuviera, simplemente mi cuerpo lo expulsa.
Tuve que probar muchas cosas a lo largo del viaje para ver qué comida era la mejor, entre ellas la repostería . Claro, los animales también producen algo de amor, pero eso solo era para sus crías o en la temporada de celo. En pocas ocasiones tuve que consumir de ese amor.
Me niego rotundamente a hacer eso de nuevo, ver a una criatura perder el enfoque y empezar a mirar a la nada cuando absorbí algo de su amor, fue aterrador, claro como humano era algo sádico y tendía a ser agresivo cuando se me provocaba, pero ver cómo no le quiero hacer daño y aun así dejarlo en ese estado, es algo que me perturbó durante unas semanas.
Claro, no tengo remordimiento en hacer daño a otros, pero cuando no lo quiero hacer y resultan dañados, no siento remordimiento, siento algo diferente, es triste y melancólico, es como mirar a un espejo del pasado, ver a un niño en la misma posición, por comentarios o daño físico, ver cómo el niño tiembla cuando escucha un sonido, miedo a cualquier cosa que le pueda hacer daño.
Es parecido a eso, ver cómo nadie ayudó a aquel niño, ese mismo recuerdo es lo que sentí al hacerle eso a un animal de un bosque.
Sabes que algunos humanos piensan que podrán lidiar con cosas como la muerte o una batalla, pero en el momento en que la experimentan, la mayoría de ellos nota lo diferente que es la realidad, el sufrimiento que se guarda, el miedo que se tiene a que vuelva a pasar y el miedo al fallar solo para no poder hacerlo más.
Hablar es fácil, ponerlo en práctica no tanto, es como dice el refrán, 'ningún plan sobrevive al primer enfrentamiento', porque hay tantas variables que pueden provocar una misión de supervivencia.
Algunos creen que lo pueden hacer mejor que otros, liderar mejor que otros, y en algunos casos puede ser cierto, pero, en la mayoría, no es así, el resultado: deudas, malas decisiones, muerte y abandono.
La vida no es un color de rosas o del arcoíris, la vida es de diferentes colores y en general son oscuros, cuando ya no los puedes ignorar.
Era como decía el abuelo, 'la ignorancia es felicidad'. me lo decía cuando pasaba algo, pero yo no me enteraba por mi corta edad. A veces, cuando tengo recuerdos del pasado, puedo ver lo inocente que era.
―Yo, soy real, realmente esto está pasando―. miré mis pezuñas y por un momento vi mis manos, —tal vez solo esté en un coma, todavía no recuerdo cómo llegué aquí—.
Descarrila esa vía, muchacho.
Las voces de mi cabeza a veces eran de ayuda, me daban consejos o me ayudaban a tomar algunas decisiones, aunque normalmente son callados.
Sí, ellos no hablan a menos que tenga una crisis o tenga alguna paranoia.
Creo que debería ir a dormir, consumí la última magdalena de la caja, fui al grifo y bebí bastante agua de la pluma. Otra cosa, estaba deshidratada.
