Cuando una de mis artistas favoritas lanzó su cómic AusMex, me dió por inspirarme con algunas canciones (playlist AusMex en Spotify). Entre ellas, Estoy aquí de Shakira. Esta canción sirve de fondo a una versión actual de ONYPH con un final alternativo (y quizá mejor adaptada al contexto histórico).
Una de las ramas de la familia Hispania de Iberia es numerosa, eso puede comprobarse de inmediato, pero no se puede decir lo mismo de su capital. Hispanoamérica Co., de la que tanto se enorgullece esta rama, está a nada de caer en la quiebra y ni la prosperidad de las filiales de que dispone podrán salvar a la compañía entera. En nada les ayudará que las hijas mayores no sean un caso perdido en cuanto a negocios se trata. En mucho les perjudica que el padre y su hermano tengan intereses irreconciliables. En efecto, el cabeza de familia de esta rama, España Hispania de Iberia, sólo procreó cinco hijas con su difunta esposa. Todas muy bonitas, según la opinión popular, pero ninguna con posibilidades de salvar a la compañía. Las dos mayores muestran cierto talento y sagacidad, pero les hace falta experiencia para obtener y mantener la estabilidad que inspire confianza a los inversionistas. Las tres restantes brillan por su desinterés en el bienestar de la empresa. Las dos más jóvenes despilfarran lo poco que obtienen sin ningún miramiento y sólo están a la caza de algún hombre de buen ver que las halague. Mientras que la hija de en medio prefiere dárselas de intelectual en perpetuo retiro.
Cierto, en pleno siglo XXI tener dos hijas capaces dispuestas a cargar con el legado de la Dinastía Hispania no tendría que ser un problema. Desgraciadamente, sin la aprobación de la muy conservadora mesa directiva, compuesta en su mayoría por los ancianos de la familia, para el nombramiento de una heredera Hispania, las posibilidades de que Hispanoamérica Co. permanezca en la línea de España son inexistentes. Dada la inutilidad del número, la familia pasa por la desesperación de obtener un heredero. Para la mesa directiva el caso no es insalvable. El hermano menor de España, Portugal, tiene un hijo, a quien se considera seriamente hacer entrega de lo que por años ha pertenecido al primogénito de los Hispania. Ni padre, ni hijo han dado muestra alguna vez de querer perpetuar el negocio familiar o de reconectar con sus parientes más cercanos. Han pasado décadas desde que Portugal se separó de la familia y fundó su propio imperio industrial. Su hijo no hace mucho que se ha casado y, junto a su esposa, se dedica a fortalecer la empresa familiar de su padre. Incluso está esperando a su primer hijo. Hay que añadir que parecen poseer una pericia superior a la que podría tener cualquiera de las dos hijas de España. Es por eso que España, ante lo humillante que le resulta la comparación y las perspectivas a futuro, tomó la decisión apresurada e imprudente de contraer segundas nupcias. Para alivio de sus hijas mayores, la nueva señora De Hispania trajo consigo un vendaval de renovación y modernización en beneficio de las finanzas de la compañía. México y Perú agradecieron enormemente la elección de su padre, pese a haberla desaprobado en un principio. Sin embargo, poco les duró el gusto.
Al poco tiempo, constataron que su nueva madre tenía agenda propia. Francia estuvo haciendo lo necesario para generar sólo la impresión de estabilidad financiera suficiente. Lo hizo únicamente con la mira de obtener alianzas que hicieran realmente la labor de inyectar capital e introducir al mercado a la compañía. Ahora sólo queda conseguir dichas alianzas. Cosa que correrá por cuenta de las hijas de la familia. Las hijas mayores, las únicas que valen la pena, le sirven bien para su propósito. Valen lo suficiente por sus cualidades y posiciones en el orden de sucesión para demandar el apoyo necesario en el contrato prenupcial. Y lo mejor de todo: ya sabe por cuál de las dos empezar. Desde entonces, Perú y México se vieron en la necesidad de acompañarla, a ella y a su padre, a todas y cada una de las reuniones con otros empresarios. Especialmente, México se ha visto más de una vez ante las demandas de Francia de que cuide su aspecto personal, en que haga conversación con los socios o empresarios más jóvenes, o los hijos mayores de éstos. Hasta la presentó a su propia parentela, finalmente los Galia estaban bien conectados en el mundo financiero. México sospechaba que era el modo en que su madrastra buscaba ganar tiempo, ya que no planea quedarse encinta pronto. La razón es simple: ella rehúsa proveer un heredero a la familia, si éste no tiene qué heredar de ella. Sus sospechas se desvanecieron cuando Francia insistió con particular interés en que tratara con un de sus sobrinos. Quizá su madrastra sí está ganando tiempo, pero también está matando dos pájaros de un tiro.
El sobrino en cuestión es un joven cuya fama de buen economista opacaba con mucho a la de sus hermanos mayores y que, por tanto, su propia familia deseaba hacer desaparecer cuanto antes. Y qué mejor forma de hacerlo que comprometiéndolo con la hijastra de una pariente suya, una Galia al fin y al cabo. México no sabe si alegrarse por tener a semejante genio al alcance u ofenderse porque tenga que pasar por esa humillación. ¿Es que ella no es capaz de arreglar sus propios asuntos? Parece que se juzga que no. Y hubiera estado dispuesta a soportar al posible candidato de no ser porque el joven en cuestión, al poco tiempo de ser presentados, muestra la delicadeza de desdeñarla, a ella, primero, y luego a los de su tipo. México no necesitó más. Al instante decidió que no iba a soportar a ese engreído altanero, ni aunque sea evidente que nada evitará que la comprometan con él. Ella se encargará de hacerle saber una que otra cosita al grosero aquel.
Austria, por su parte, tardó en entender sus verdaderas intenciones. Él había malinterpretado todas las acciones de su prometida, y terminó por enterarse de la peor manera. Así que cuando se decide a declararle que le agrada lo suficiente como para no repugnarle casarse con ella, México le espeta que a ella nadie la ningunea... por más necesitada de ayuda que parezca que esté. Si ella ya se estaba negando a valorar hasta el más mínimo detalle porque ya estaba ofendida desde el principio, la declaración de Austria, que por supuesto que le sonó a todo menos a amor, le llevó a romper en ese mismo instante el compromiso sin miedo a enfrentar las consecuencias. Al final de cuentas y en circunstancias extremas, él sería el último hombre sobre la faz de la tierra que consideraría para ser su esposo. Lo que le sigue es un ir y venir de verdades lanzadas sin piedad a la cara. Algo que les ayuda a por fin entenderse de maravilla, pero también a separarse.
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Ya sé que no vendrás
Todo lo que fue
El tiempo lo dejó atrás
Sé que no regresarás
Lo que nos pasó
No repetirá jamás
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Francia terminó soltando espumarajos de rabia tan sólo se enteró del altercado y su conclusión. Por supuesto no hubo boda. Y aunque hubo un intento por aclarar las cosas, el daño estaba hecho. Ninguno de los afectados quiso tratarse en ningún momento posterior al altercado. Desde entonces la vida ha seguido su curso y ahora México tiene la oportunidad de hablar con personas que, una vez pasado el coraje, le ayudan, sin advertirlo, a entender la situación desde otra perspectiva. Lo único que le dejan esas conversaciones es la certeza de que ha dejado pasar una oportunidad muy buena... y no se refiere al dinero.
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Mil años no me alcanzarán
Para borrarte y olvidar
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Afortunadamente, Francia no perdió más su tiempo con ella, aunque intenta de vez en vez conectarla con otras opciones. El problema es que México no logra cooperar por más que lo intente. Austria siempre se le cruza por la mente cada vez que se lo propone. Los hubiera son infinitos. La realidad sólo es una. Para su madrastra, si los Germania no van a ayudarle, los Del Lacio no son tan mala opción. Pronto consigue que Perú atraiga la atención de uno de los hijos en ascenso y obtiene otro compromiso interesante. Esta vez busca asegurar que Perú no lo arruine, pero resulta innecesario. Argentina ha sido cautivado por Perú desde un principio y ella no piensa dejarlo ir.
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Y ahora estoy aquí
Queriendo convertir
Los campos en ciudad
Mezclando el cielo con el mar
Sé que te dejé escapar
Sé que te perdí
Nada podrá ser igual
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Y lo que son las cosas. Austria resulta ser una persona cercana de Argentina y, por tanto, asiste a la boda igual que México. El encuentro se produce bajo la más estricta necesidad. El hermano de Austria y ella son las personas más cercanas y queridas de los novios, por eso es que él debe estar cerca de donde ella se encuentra durante algunos momentos de la ceremonia y la fiesta. México comienza a preguntarse si es prudente y adecuado hablarle, ¿qué debería decirle? ¿Indagar si la odia por lo que pasó hacía tiempo? Quizá ni siquiera haya pensado en ella hasta ahora que la ha tenido que ver en persona. Austria la mira como a cualquiera. Con algo de indiferencia, pero lo suficientemente amable para preguntarle cómo le ha ido y presentarle a su esposa. México no había notado a la mujer que acompaña a Austria, tampoco percibe el brillo extraño en los ojos de él al hablar con ella. Ni el gesto congelado de Hungría, la esposa en cuestión.
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Mil años pueden alcanzar (mil años pueden alcanzar)
Para que pueda perdonar
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Con todo, México está determinada a demostrar que no guarda rencores. Ella respira aliviada y entabla con la pareja una conversación de lo más agradable, pero superficial. Como solía hacer con él, como él solía hacer con ella, pronto pasan a temas más triviales, pero más personales. México empieza a hablar con ellos empleando esa familiaridad característica en ella. Siente una comodidad inigualable en la presencia de Austria, como si fueran amigos de toda la vida.
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Estoy aquí queriéndote
Ahogándome
Entre fotos y cuadernos
Entre cosas y recuerdos
Que no puedo comprender
Estoy enloqueciéndome
Cambiándome un pie por la cara mía
Esta noche por el día y que
Nada le puedo yo hacer
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Los recuerdos, sucesos a los que había despreciado cuando los vivió, regresan uno tras otro, como en tropel y con ímpetu renovado, dispuestos a ser reinterpretados. En esencia, nada ha cambiado, pero en realidad nada puede volver a ser igual.
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Las cartas que escribí
Nunca las envié
No querrás saber de mí
No puedo entender
Lo tonta que fui
Es cuestión de tiempo y fe
Mil años con otros mil más (mil años con otros mil más)
Son suficientes para amar
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Al verla tan cómoda en su presencia, Austria no puede evitar recordar el baúl en que guarda todas esas cartas que le había escrito en su intento por recriminarle su reacción, por excusarse, por disculparse y, al final, por seguir en contacto. No se había atrevido a hablarle por teléfono. No quería buscarla tan directa e insistentemente tras el desastre de su último encuentro, tras su pésima declaración. Temía que no quisiera saber de él. Y ahora ella está aquí, tiene a México alcance de su mano y a la vez tan lejos. Puede decir que está seguro de que ella hubiera sido la indicada, de haber ocurrido otra cosa, de haber sido de otra manera.
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Estoy aquí queriéndote
Ahogándome
Entre fotos y cuadernos
Entre cosas y recuerdos
Que no puedo comprender
Estoy enloqueciéndome
Cambiándome un pie por la cara mía
Esta noche por el día y que
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Con el matrimonio de la hermana de México y del mejor amigo de su hermano, ambos pueden frecuentarse bajo el pretexto de que ahora son casi familia. Eso le da a Austria una oportunidad inesperada de mostrar lo que aún no puede decir a México en palabras. Una oportunidad particularmente especial se presenta en la forma de la fuga de la hermana menor de ella, Cuba, con su novio. España decide desconocer a su hija más joven en un intento por salvaguardar el honor y la imagen de los Hispania. La mesa directiva no puede verlos peor de lo que ya lo hace. Pero Austria se muestra dispuesto a cooperar con ellos, es decir, con México para enmendar la situación. Durante ese tiempo, Austria hace y dice cosas que confunden a México, que la hacen pensar. Sin embargo, al final de cada incidente se obliga a recordar que él está casado y lo deja pasar. Lo que no puede dejar pasar es que Austria comprometa el capital de su propia familia para salvar una compañía sin futuro, la misma a la que Cuba casi da el tiro de gracia con su capricho. Por su parte, y sin importarle demasiado aclarar la situación, su madrastra celebra que por fin tiene a los Germania a bordo, que de algo ha servido el fugaz compromiso con uno de ellos. México desearía hacerla callar, mas prefiere apreciar en silencio el gran detalle que esta ayuda significa para ella, para su familia. En específico, porque eso significa que no la odia, que la ha perdonado. No se atreve a pensar más.
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Estoy aquí queriéndote
Ahogándome
Entre fotos y cuadernos
Entre cosas y recuerdos
Que estoy enloqueciéndome
Cambiándome un pie por la cara mía
Esta noche por el día y que
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Con la compañía salvada y ganando presencia en su sector, los sucesos se siguen unos tras otros. Los herederos del primo de las Hispania, Brasil, nacen sin causar temor a su tío abuelo, Francia lleva dos meses de embarazo. Poco tiempo después, tanto Perú como Hungría anuncian que ellas también esperan un hijo. Por las mismas fechas, Bolivia se compromete con Chile, el sobrino de Austria. Incluso, Paraguay no tarda en aceptar una propuesta de matrimonio. El núcleo de la familia ahora sólo conserva a una hija. Viendo a las personas a su alrededor continuar sus vidas por su cuenta, México se plantea la pregunta que todos le vienen formulando desde hace tiempo. ¿Qué está esperando para hacer lo propio? Después de la conexión con los Del Lacio y de la inesperada intervención de los Germania, resultó ser que sólo Perú tuvo que casarse para salvar a la familia. Bolivia, que de cierto modo había contraído matrimonio con un Germania, no lo había hecho por deber. Por eso Cuba se dio el lujo de haberse fugado. Por eso Paraguay aceptaba a un primo lejano no tan influyente. Además, ya tenían en camino al hermano varón que tanto anhelaba su padre. México era libre... gracias, indirectamente, a Austria.
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Si aún piensas algo en mí
Sabes que sigo esperándote
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Austria, quien ya tiene una familia, quien sigue estando a su lado pese a las horribles palabras que se habían lanzado el uno al otro hace tiempo, quien ha ayudado desinteresadamente a su familia, cuya esposa le cae bien. Él está ahí, tan cerca y a la vez tan lejos. No sabe si podrá acostumbrarse a soportarlo. Necesita aclarar sus sentimientos y esta situación no le favorece que se diga.
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Estoy aquí queriéndote
Ahogándome
Entre fotos y cuadernos
Entre cosas y recuerdos
Que estoy enloqueciéndome
Cambiándome un pie por la cara mía
Esta noche por el día y que
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Será difícil encontrar a alguien que la haga olvidarlo, pero tiene que pasar página. No necesita otro clavo, necesita tapar el hoyo que ha dejado. Se tiene que obligar a soltarlo o terminará amargada por sus recuerdos, por lo que no pudo ser. Ella estará siempre en donde la dejó, en donde le pidió que la dejara. Los recuerdos de él nadie se los arrebatará, tampoco ella se siente preparada para abandonarlos. Austria parece poco dispuesto a permitir que eso suceda.
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Y que estoy aquí queriéndote
Ahogándome
Entre fotos y cuadernos
Entre cosas y recuerdos
Que estoy enloqueciéndome
Cambiándome un pie por la cara mía
Esta noche por el día y que
Y estoy aquí queriéndote
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— Dime, Metztli, ¿qué piensas hacer ahora que tienes tiempo para ti? —demanda su hermana mayor sobando su vientre abultado. Es la única, a parte de su padre, que sabe que está por hacer un viaje y ha venido a despedirla antes de abordar el avión que la llevará al otro lado del océano—. Veo que piensas quedarte con China más tiempo del que la junta de negocios podría tomarte.
México la contempla concentrada en decidir si eso que tiene su hermana gemela es lo que querría para ella. Un matrimonio, una alianza, una familia. Aunque ya tomó su decisión hace tiempo, algo en ella la insta a considerarla un última vez. Permanece en silencio por un momento antes de dar con la misma respuesta definitiva. Sí, es esto lo que quiere, lo que le hará bien.
— Creo que tu situación no es para mí, sin ánimo de ofender, Perú —responde México tras una reflexión seria—. Me gustaría conocer el mundo y estudiar algo por gusto.
— Pero, Metztli, ¿qué crees que haces? —la incredulidad de Perú es notoria.
— No te preocupes —la tranquiliza México—, hazlo por mi sobrino. Últimamente mis acciones han ganado bastante y Padre puede arreglárselas solo ahora que estamos en mejores circunstancias. Volveré a tiempo para apoyar a nuestro hermanito. Con todas ustedes dándole sobrinos para acompañarlo, alguien debe tener el tiempo y la disposición de guiarlo cuando sus padres no estén ahí. Cumpliré mi papel de hermana mayor —declara decidida.
— ¿Te vas sin despedirte? ¿Al menos lo sabe Austria?
La pregunta parece una bofetada para México. ¿Qué pinta Austria en todo esto?
— ¿Por qué necesitaría hacerlo? No tengo que darle cuentas de lo que hago. Deseo viajar sola, espero que me guardes el secreto, Perú.
— Tú sabrás mejor que yo, Metztli. Haz el favor de tener cuidado —su hermana la abraza con mucha dificultad—. Mantente en contacto, que voy a echarte de menos. Ah, y mis labios están sellados, te lo prometo.
— Nos veremos dentro de mucho, Perú —México le devuelve el abrazo—. Te llamaré en cuanto aterrice el avión. Sabrás siempre en donde encontrarme.
México aborda el avión. Las cosas siguen su curso... lo mejor que pueden.
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