Cumpliendo mi promesa de actualizar una vez a la semana, aquí estoy. Esta escena me complicó hacerla, es primer a vez que hago algo así y espero que puedan disfrutarlo. Muchas gracias por todo.
Aquí abran escenas +18.
Emma se encontraba en Granny's, un lugar que solía ser un refugio de tranquilidad y camaradería, pero en ese momento se sentía más como un campo minado. Se acercó al mostrador, lista para hacer su pedido, cuando una voz familiar atrapó su atención. Era Maléfica, hablando por teléfono con una seguridad y una intimidad que no dejaban lugar a dudas de su proximidad con alguien especial. -¿Nos veremos más tarde, Regina?. Tengo tantas cosas que contarte… y tal vez algo más,- decía Maléfica, su voz cargada de insinuaciones.
El corazón de Emma se apretó en su pecho, la frustración y el celo la embargaban. Sin poder soportarlo más, salió apresuradamente de Granny's, su almuerzo olvidado, la mente en un torbellino de dudas y emociones.
Regina y Amy caminaban juntas por un sendero apartado del parque, envueltas en una conversación profunda sobre el manejo de la magia. Amy, en particular, compartía cómo había conseguido comunicarse con su madre del futuro, un logro que la llenaba de asombro y esperanza.
-Realmente ha sido un avance sorprendente-, explicaba Amy con un brillo de emoción en los ojos. -Aprender a controlar mis habilidades no solo me ha permitido ayudar aquí, sino que también he podido comunicarme con mi madre, me ha aconsejado y es gratificante poder hacer eso. Aunque es complicado, y a veces siento que solo estoy rozando la superficie de lo que es posible, pero… es un comienzo.
Regina escuchaba con atención, admirada por la resiliencia y la determinación de la joven. -Eso es extraordinario, Amy. Significa que estás conectando no solo a través de la magia, sino también a través del tiempo con tus madres. Debe de ser una experiencia increíblemente poderosa.
Mientras continuaban su caminata, sus pasos las llevaron cerca de un claro donde, inadvertidamente, se toparon con Hook y Smee, quienes estaban sumidos en una conversación que no parecía ser para oídos ajenos. Las dos mujeres se detuvieron, ocultas por la sombra de unos árboles, su atención capturada por las palabras que flotaban hacia ellas.
-Creo que estamos acercándonos a un punto de inflexión-, se oía decir a Hook, con ese tono bajo y conspirativo que inmediatamente puso a Regina en alerta. -Emma, ella… está comenzando a ver las cosas de manera diferente. Y creo que, con un poco de empuje, podría… podría considerar darme otra oportunidad.
Amy, notando el cambio en Regina, la miró con preocupación. -¿Ma…? ¿Regina? ¿Todo está bien?- preguntó, su tono lleno de preocupación y cuidado.
Regina intentó evadir la pregunta, pero la sinceridad en la mirada de Amy la obligó a confrontar sus propios miedos. -Es solo… escuché algo preocupante. No estoy segura de qué pensar- admitió, su voz temblorosa, reflejo de la tormenta interna que las palabras de Hook habían desatado.
En ese momento, las semillas de duda y desconfianza plantadas por Maléfica y Hook comenzaban a germinar, poniendo a prueba los lazos recién formados entre Emma y Regina. La situación, alimentada por malentendidos y medias verdades, se extendía como una sombra sobre lo que podría haber sido un día tranquilo en Storybrooke, demostrando que incluso en los cuentos de hadas, el camino hacia el final feliz está lleno de pruebas.
La tensión en la comisaría era casi palpable cuando la alcaldesa encontró a la salvadora claramente perturbada, sumida en sus pensamientos. El aire entre ellas estaba cargado, preñado de palabras no dichas y emociones contenidas.
-¿Por qué no te presentaste para el almuerzo en mi oficina? Terminé compartiendo la mesa con Amy y con Henry. Esperaba verte allí-, inició Regina, midiendo sus palabras, intentando navegar por el delicado terreno que se extendía ante ellas.
La rubia la observó, un torbellino de emociones reflejándose en sus ojos. -Oí a Maléfica hablando por celular-, confesó, finalmente. -Mencionó algo sobre encontrarse contigo más tarde. ¿Es eso cierto?
La pregunta colgaba en el aire, una acusación velada que esperaba respuesta. Sorprendida, Regina asintió con cautela. -Sí, es por Amy. Estamos intentando resolver algunas cosas, nada más.
La desconfianza crecía en la sheriff, cuyo disgusto era palpable. -No me gusta esto, Regina. No me gusta nada de esto.
La conversación se escalaba rápidamente, cada pregunta y cada respuesta eran como chispas cerca de un barril de pólvora. -¿Y Hook? ¿Es él parte de tus planes?-, lanzó Regina, una mezcla de celos y suspicacia teñía sus palabras.
La sheriff se sintió atacada, interpretando mal la dirección del interrogatorio. -¿Estás diciendo eso solo para despejar tu camino con Maléfica?
La frustración y el enojo se palpaban en el ambiente. Regina, sintiéndose acorralada y malinterpretada, elevó la voz. -¡Eso no es lo que estoy diciendo! ¿Por qué cada conversación tiene que convertirse en un campo de batalla entre nosotras?
La rubia, impulsada por un deseo de transparencia y verdad, presionó aún más. -¿Qué sucedió realmente entre tú y Maléfica, Regina? La otra vez mencionaste algo…
Con un suspiro profundo, Regina se abrió, compartiendo una verdad dolorosa. -Sí, fue hace tiempo… cuando tú aún estabas… con él. Fue algo meramente físico, Emma.
El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier palabra. La sheriff, herida y confusa, luchaba por procesar la revelación. -¿Y eso fue todo? ¿Solo físico?
-Exactamente-, confirmó Regina, su voz ahora baja, teñida de arrepentimiento. -Fue un error. Y en aquel entonces, tú estabas… casada.
Las palabras impactaron en la salvadora como una bofetada, dejándola atónita y dolorida. Un silencio pesado llenó la habitación, ambas perdidas en sus pensamientos, contemplando la brecha emocional que se había abierto entre ellas.
Ante la escalada de malentendidos, Regina, superada por la frustración de cómo había transcurrido la conversación, se levantó de su silla con un gesto brusco. -No puedo hacer esto ahora, Emma-, dijo con la voz cargada de ira y frustración. -No de esta manera.
Y con esas palabras, la alcaldesa se alejó, dejando tras de sí un aire cargado de tensiones no resueltas y preguntas sin respuesta. La rubia se quedó sola, contemplando el espacio vacío que Regina había dejado, preguntándose cómo algo que había comenzado con la intención de acercarse había terminado por separarlas aún más.
En un intento por restaurar cierto equilibrio en su vida complicada, la salvadora aceptó encontrarse con el pirata en un rincón tranquilo de Granny's, el lugar menos probable para que sus emociones se desbordaran ante ojos curiosos. A pesar de su reluctancia, sabía que era necesario para su hija, para que la pequeña Hope no se viera atrapada en medio de un conflicto adulto.
Al verla llegar, Hook ajustó su postura, su rostro un lienzo de sinceridad forzada. -Gracias por venir, Emma. Sé que… hemos tenido nuestros desacuerdos-, comenzó, midiendo cuidadosamente sus palabras.
La rubia asintió, manteniendo una distancia emocional, sus ojos fijos en los del pirata, buscando indicios de sus verdaderas intenciones. -Hemos tenido más que desacuerdos, Hook. Lo que pasó fue serio. Estoy aquí por Hope, porque ella merece tener paz en su vida, no porque confíe plenamente en ti ahora.
El pirata inclinó la cabeza, aceptando la crítica con una mueca de dolor. -Lo entiendo, y lamento profundamente lo que ocurrió. Fue un momento de… tensión, y me dejé llevar. Quiero arreglar las cosas, por nuestra hija.
Emma suspiró, su expresión suavizándose un tanto ante la mención de su hija. -Eso espero, Hook. Hope no necesita ver a sus padres en constante conflicto. Pero esto no borra lo que pasó. Voy a estar vigilante.
Hook asintió, su expresión grave. -No espero menos. Solo pido una oportunidad para demostrar que puedo hacer lo correcto. Por Hope… y por todos nosotros.
La conversación fluyó entre el cuidado de Hope y los términos de cómo Hook podría reintegrarse paulatinamente en la vida de su hija. Aunque la sheriff permitió que la conversación continuara, su guardia nunca bajó completamente, su mente girando alrededor de la posibilidad de que hubiera motivos ocultos detrás de la aparente contrición del pirata.
Al final del encuentro, mientras se levantaba para partir, Emma dejó la conversación con un aire de cautela renovada. -Estaremos observando, Hook. No solo yo, sino todos los que se preocupan por Hope. No cometas errores esta vez.
Con un asentimiento resuelto, Hook vio cómo la salvadora se alejaba, su mente plagada de preguntas sobre su propia capacidad para cambiar y la incertidumbre de lo que el futuro le depararía a todos ellos.
Maléfica, con un propósito distinto al de su naturaleza usual, se encontraba en el umbral de la mansión de la alcaldesa, un plan tejido con hilos de encanto y astucia. Al ser recibida por Regina, su semblante mostraba una combinación de cortesía y reservas, conocedora de las verdaderas intenciones de su visitante.
-Regina, querida, parece que ha pasado una eternidad desde nuestro último encuentro bajo términos más… informales-, inició Maléfica, deslizando su mirada por el entorno con una sonrisa cautivadora.
La reina, con una mirada escéptica y firme, respondió con diplomacia forzada. -Maléfica, este no es el mejor momento. Estoy tratando de resolver un problema bastante complicado con Amy y sus viajes en el tiempo. ¿Vienes ayudar?
Maléfica, sin dejarse disuadir por la frialdad de la alcaldesa, avanzó hacia el salón, su tono suavizándose. -He oído sobre los desafíos que enfrenta Storybrooke debido a estos viajes. Tal vez pueda ofrecer mi ayuda, como lo mencione hace unos días atrás. La magia del tiempo es peligrosa y caprichosa, pero juntas podríamos encontrar una solución.
Regina, aunque reacia a aceptar la oferta, sabía que cualquier recurso era valioso dadas las circunstancias. -Estoy interesada en entender mejor estas anomalías temporales. La chica ha experimentado ciertos… deslices que podrían tener repercusiones a largo plazo. Explícame tus pensamientos sobre esto.
La bruja desplegó sus conocimientos sobre la magia del tiempo, detallando los riesgos y las potenciales soluciones. -El tejido del tiempo es frágil, Regina. Cualquier intervención puede causar efectos que se ramifican de maneras imprevisibles. Si Amy está atrapada entre tiempos, podría estar inadvertidamente causando estas perturbaciones.
Regina, tomando notas mentales, asintió. -Es una teoría plausible. He notado cambios sutiles aquí que podrían correlacionarse con sus desplazamientos. Necesitamos encontrar una forma de estabilizar su situación sin causar más daño a la línea temporal.
Maléfica, viendo una oportunidad, se acercó un poco más, reduciendo la distancia física mientras hablaba con tono conspirativo. -Podría intentar un encantamiento que estabilice las brechas temporales, no se si funcione, aunque requeriría que trabajemos juntas más estrechamente, algo que, personalmente, encontraría… gratificante.
La reina, consciente de las segundas intenciones de la hechicera, mantuvo su compostura. -Aprecio tu oferta de ayuda, Maléfica, pero mantengamos nuestra colaboración estrictamente profesional. Por ahora, concéntrate en la magia del tiempo y deja que yo me ocupe de los aspectos diplomáticos con Amy.
Con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, Maléfica asintió, ocultando su decepción bajo capas de cordialidad forzada. -Por supuesto, Regina. Será un placer asistirte en este enigma temporal.
A medida que la conversación se desplazaba hacia aspectos técnicos más profundos, Regina se mantenía alerta, sabiendo que mientras la ayuda de Maléfica era valiosa, las verdaderas intenciones de la bruja requerían vigilancia constante.
En el estudio revestido de libros y pergaminos antiguos, la alcaldesa y la hechicera se encontraban profundamente inmersas en diagramas y textos arcanos. Maléfica extendía un mapa sobre la mesa, su dedo señalando lugares clave de Storybrooke, mientras explicaba meticulosamente cada detalle.
-Regina, para que Amy pueda retornar a su línea temporal sin causar una ruptura catastrófica, debemos crear un vórtice temporal controlado. Esto no es simplemente abrir un portal; es tejer de nuevo el tejido mismo del tiempo- explicaba Maléfica, mientras dibujaba círculos y líneas energéticas en el mapa.
La reina, con una expresión concentrada, seguía cada movimiento. -¿Y cómo aseguramos que este vórtice no afecte a los demás habitantes de Storybrooke? No quiero riesgos innecesarios para nuestro pueblo.
Maléfica asintió, sacando de su bolso un pergamino antiguo. -Utilizando la magia de la chica combinado con la nuestra, podemos anclar el vórtice a un lugar específico, minimizando la distorsión en áreas no deseadas.
-Interesante- murmuraba la alcaldesa, su mente analizando cada palabra. -Entonces, al activar el vórtice solo en la ubicación deseada, Amy podría…
-Exactamente- interrumpió Maléfica, -La niña podría pasar a través del vórtice en el momento preciso, cuando las condiciones mágicas y temporales sean óptimas. Deberíamos monitorear las fluctuaciones mágicas de la ciudad para elegir el momento adecuado.
La conversación fue interrumpida por el sonido del timbre. La reina frunció el ceño, sorprendida por la interrupción. -Iré a ver quién es- dijo, dirigiéndose hacia la puerta.
Al abrir, encontró a la sheriff, quien parecía algo agitada. -Emma, ¿qué sucede? ¿Hay algún problema?- preguntaba Regina, observando la expresión preocupada de la rubia.
Emma pasó una mano por su cabello, claramente inquieta. -Necesitamos hablar, Regina. ¿Puedo entrar?
Regina se hace a un lado para dejar espacio y dejar entrar a la rubia. Emma, con una determinación palpable, inició la conversación necesaria. -Debemos aclarar lo ocurrido. Hay muchas cosas que no quedaron claras entre nosotras- dijo la sheriff, enfocando toda su atención en Regina.
Justo entonces, Maléfica, que se había detenido en el umbral, parecía reticente a dejar la conversación. Con una sonrisa que apenas disimulaba sus intenciones, sugirió, -Quizás debería quedarme, podría ofrecer mi perspectiva.
La alcaldesa levantó una mano, frenando cualquier interrupción adicional por parte de Maléfica. -No, gracias. Emma y yo necesitamos resolver esto solas. Hablaremos de tus temas otro día- declaró Regina con firmeza, su tono dejando claro que no había espacio para negociaciones.
Maléfica, visiblemente descontenta pero aceptando la decisión, respondió con un toque de ironía antes de retirarse. -Muy bien, Regina. Esperaré noticias tuyas. No demores mucho- dijo, antes de desvanecerse en una nube de humo negro, dejando un vacío en el espacio que ocupaba.
Con la salida de la bruja, Regina cerró la puerta con suavidad del despacho y se volvió hacia Emma, mostrando una expresión más abierta y receptiva. -Es mejor hablar sin distracciones. ¿Qué te preocupa exactamente?- preguntó, guiando a la sheriff hacia el sofá para que tomaran asiento.
La rubia comenzó, su voz suave pero llena de remordimiento. -Lamento lo que sucedió en la comisaría. Todo esto me ha dejado algo confundida, Regina. Confío en ti, siempre lo he hecho, pero tengo mis reservas respecto a Maléfica.
La alcaldesa asintió, entendiendo perfectamente. -Siento lo mismo con respecto a Hook. Sé que ha sido parte de tu vida, pero después de lo que pasó… me cuesta confiar en él- La preocupación era evidente en su tono, reflejando el espejo de emociones que Emma sentía.
Emma prosiguió, queriendo aclarar todo. -Hablé con él, tratando de poner las cosas en claro. Quiero que sepas que he pasado la página. Hook es parte de mi pasado, y mi enfoque ahora está en nuestra familia y en cómo podemos construir algo sólido aquí, contigo.
La reina, con un suspiro aliviado, sugirió una nueva base para su relación. -Necesitamos prometernos que siempre hablaremos las cosas, que no dejaremos que los malentendidos nos lleven a dudar el uno del otro. Nuestra comunicación tiene que ser nuestra fortaleza, Emma.
La conversación se volvió hacia la familia, y Regina mencionó a su hijo. -Henry ha estado pasando mucho tiempo con Amy últimamente. No sé exactamente por qué, pero se han vuelto inseparables. Me siento un poco sola en esos momentos.
Emma compartió su propia situación familiar. -Hope está con Snow y David. Mañana tienen una salida escolar y Snow se ofreció a llevarla y pasar el día con ella. Me alegra que tenga ese apoyo, especialmente ahora que estamos resolviendo nuestras propias complicaciones.
La alcaldesa y la sheriff cerraron la distancia entre ellas, sus miradas entrelazadas en una comunicación silenciosa pero intensa. La conexión era palpable, un hilo invisible tirando de ellas hacia un momento inevitable. Lentamente, la rubia inclinó su cabeza, sus labios encontrando los de la reina en un beso que sellaba promesas no dichas y aclaraba las nubes de dudas recientes.
Después de un momento, Regina se apartó ligeramente, buscando los ojos de Emma con una vulnerabilidad rara vez mostrada. -Necesito que esto funcione, sin la sombra de terceros entre nosotras- susurró, su voz cargada de esperanza y un rastro de miedo. -He atravesado demasiado dolor en el pasado. No quiero volver a sufrir por malentendidos o celos.
La salvadora asintió, tomando las manos de la alcaldesa entre las suyas, su expresión seria y decidida. -Confía en mí, Regina. Estoy aquí para ti, y aunque el camino no siempre será fácil, te prometo que estaré a tu lado. No permitiré que el pasado nos arrastre hacia abajo. Juntas, podemos enfrentar cualquier cosa.
En el cálido resguardo de la habitación, donde los últimos rayos del sol tejían hilos dorados a través de las cortinas, la tensión entre Emma y Regina se transformó en un tango de emociones y deseos no expresados. La alcaldesa, con su mirada intensa y dominante, tomó la iniciativa, sus manos suavemente alzando el rostro de la sheriff hacia el suyo. Sus labios se encontraron en un beso lento, medido, explorando con la paciencia de quien conoce el valor del tiempo.
Emma, respondiendo al desafío silencioso, no se quedó atrás. Su respuesta fue apasionada, pero tierna, un claro intento de mostrar que su entrega era tan profunda como la de Regina. La rubia deslizó sus manos por la espalda de la reina, reduciendo cualquier espacio que pudiera haber entre ellas. El contacto de sus cuerpos era un susurro de promesas y posibilidades, un diálogo mudo que solo ellas podían entender.
Regina, sintiendo la firme respuesta de Emma, sonrió contra los labios de la sheriff, su corazón golpeando con un ritmo feroz que resonaba con cada roce. Decidió llevar el beso a un nivel más profundo, sus labios se movían con una mezcla de suavidad y urgencia, dictando el ritmo pero invitando a la rubia a seguirle el paso. Era un juego de poder suavemente jugado, donde cada una afirmaba su presencia y su pasión sin sobrepasar los límites del respeto y el afecto mutuo.
El aire a su alrededor se cargó con una electricidad, cada respiración, cada caricia cargaba más la atmósfera con un deseo profundo y complejo. Emma, captando cada señal sutil, respondió elevando la intensidad, sus dedos enredándose en los cabellos oscuros de Regina, atrayéndola aún más cerca, si eso era posible. El beso evolucionó, de exploratorio a afirmativo, un reconocimiento de que lo que compartían iba más allá de la simple atracción física.
Regina, por su parte, permitió que la naturalidad de su conexión guiara sus acciones. Se permitió sentir, cada toque de Emma encendiendo fuegos que creía cuidadosamente controlados. Pero en lugar de apagarlos, los alimentó, permitiendo que la pasión las llevara a un lugar donde solo existían ellas, un lugar donde el mundo exterior se desvanecía ante la realidad de su vínculo.
Finalmente, cuando el beso se desaceleró, las dos mujeres se miraron, sus frentes juntas, respirando con dificultad. No necesitaban palabras para entender la profundidad de lo que acababan de compartir. Era un reconocimiento mutuo de sus roles en la vida de la otra, no como rivales o incluso como iguales, sino como compañeras en un viaje que ambas decidieron emprender juntas.
En ese beso no solo se habían explorado mutuamente, sino que habían afirmado su compromiso de navegar juntas las complejidades de su mundo, sin dejar que nada ni nadie dictara su ritmo o dirección. Había sido un acto de afirmación, un sellado de su entendimiento y, sobre todo, una promesa de fidelidad emocional y física, teñida con la tinta indeleble de un amor que estaba comenzando a definir su futuro.
Regina, sintiendo un torbellino de emociones, rompió el cómodo silencio que se había asentado entre ellas. Su voz era suave pero cargada de significado, tintineando como un vaso fino al borde del quiebre.
-Emma- comenzó, su mirada indecisa flotando entre los ojos de Emma y sus propios dedos entrelazados en su regazo. -¿Te quedarías esta noche? No solo como una visita, sino como… algo más.- Las palabras pendían en el aire, pesadas con la posibilidad de una nueva profundidad en su relación.
Emma leyó la vulnerabilidad detrás de la fachada controlada de Regina. Se acercó, eliminando la brecha física entre ellas, tomando las manos de Regina entre las suyas. -Regina, no hay otro lugar en el que preferiría estar esta noche- dijo Emma, su voz rebosante de certeza y calidez.
Regina sintió un alivio inundar su ser, su rostro suavizándose en una expresión de gratitud mezclada con alegría. -Eso es todo lo que necesito escuchar- respondió, permitiéndose una sonrisa sincera que iluminó su semblante usualmente serio.
Regina, decidida a tomar las riendas de la situación, se inclinó hacia Emma y capturó sus labios en un beso apasionado, lleno de deseo y determinación. Sus corazones latían al unísono mientras el beso se intensificaba, con Regina guiando a Emma hacia la escalera que conducía a su habitación.
La rubia se dejó llevar por la ardiente pasión de la alaldeza, sintiendo cómo su cuerpo respondía instintivamente a cada caricia y cada movimiento. Con cada paso hacia arriba, el deseo crecía entre ellas, envolviéndolas en un torbellino de emoción y anticipación.
Al llegar a la habitación, Regina se detuvo por un momento, mirando a Emma con ojos llenos de amor y deseo.
Con un toque de suavidad y ansiedad, Emma comenzó a bajar el broche lentamente del vestido de Regina. Sus manos temblaban ligeramente por la emoción mientras sus labios seguían explorando los de Regina con pasión y entrega. La alcaldesa, por otro lado, desabrochó los botones de la camisa de la sheriff y se la retiró lentamente, dejándola solo con el sujetador. La rubia, al sentirse expuesta, la miró con intensidad y la alcaldesa le devolvió la mirada. -Eres preciosa, Emma-, la tomó de la mano y la llevó hacia la cama para que se sentara. Regina, frente a ella y con el broche del vestido bajo, comenzó a quitar esa prenda lentamente, mirando con deseo a la rubia, quedando solo con su encaje negro. La rubia no podía creer el espectáculo que estaba presenciando y la excitación del momento, mirándola con ojos ardientes.
Regina se sentó en el regazo de Emma y sin permiso comenzó a besarla. Al principio, el beso fue lento, succionando esos labios y lengua sin apartarse, y la rubia respondía con la misma ferocidad. La alcaldesa se estremeció ligeramente bajo las caricias de la rubia. Sus labios entreabiertos dejaban escapar suspiros de placer mientras sus manos acariciaban con ternura el rostro de Emma. La intimidad entre ellas se intensificaba con cada gesto, cada contacto, creando un vínculo indisoluble de pasión y amor. Regina solo paraba para respirar e iba dejando besos por su mandíbula hasta llegar al oído. -Le gusta lo que ve, señorita Swan-, y eso fue lo que necesitaba Emma. La tomó en brazos y la dejó recostada en su cama. Ahora era ella quien estaba de pie y comenzó a bajar sus pantalones hasta quedar solo con su ropa interior. Se arrastró hasta quedar encima de la piel oliva y empezó a besarla, succionando esa parte expuesta del cuello de Regina, que se dejaba acariciar. La lengua de la sheriff calmaba las mordidas. Para Emma, era solo instinto, ya que para la rubia era su primera vez con una mujer.
La alcaldesa , sin darse cuenta, ya había desnudado a Emma, ella solo mantenía sus bragas puestas. Sus pechos se rozaban, no había nada que pudiera impedir que sus cuerpos se sintieran y estuvieran a merced. La rubia se mordió el labio inferior cuando sus manos descendieron y cogieron con suavidad el trasero de Regina.
Cada uno de los nervios del cuerpo de Emma se erizó. Sentía los pechos henchidos y lentamente Regina empieza a recorrer el cuerpo de la rubia hasta llegar a su centro mojado, esta se estremeció hasta que sus labios se acerca a los pechos de la salvadora y los succiona, se toma su tiempo de intercalar, dándole la misma atención a cada seno. Lentamente empieza hacer círculos con sus dedos en esa parte expuesta de la rubia y esta se entregó por completo. Con ligeras ondulaciones de caderas instó a Regina a que la penetrara jadeando cada vez más. La boca de Regina seguía junto a los pechos de la sheriff, mordiendo sus pezones y con su lengua aliviando el ardor.
La alcaldesa la abrazaba con fuerza, los dedos acariciaban la necesidad urgente de la sheriff. -Córrete- susurró ferozmente apretada contra los pechos de ella -Córrete.
Emma estaba nerviosa : demasiadas sensaciones, demasiado placer. Una nueva caricia en su interior, esos dedos estaban estimulando hasta llegar en la cavidad de la rubia, dos dedos entraron mientras su palma estimulaba su clítoris. Respondiendo a la petición de Regina. Un placer punzante danzó tras sus párpados cerrados, mezclado con olas de calor y jadeos, se movía y cabalgaba la mano de su Reina, está agregó un tercer dedo tocando la parte rugosa interna de la rubia. Gritó cuando se hundió en los brazos de Regina y gimió: -¡Si, Gina!- sobre su hombro hasta correrse, de a poco la ojos marrones fue retirándose.
-Shhh -le susurró Regina al oído - Lo siento, tomate tu tiempo, Emma.
-No, estoy bien -jadeó la rubia. Volvió a estremecerse y consiguió dominar sus emociones -Me había olvidado de lo bueno de esto.
-Hace mucho tiempo no estaba así, creo que hace meses … -dijo Enma en tono melancólica.
Vamos a ponernos cómodas e ir despacio- dijo Regina acomodándose.
Emma sacudió la cabeza.
-No quiero que vayamos más lentas.
Se echó a un lado y quito la ultima prendas a su reina.
Regina tenía unas piernas hermosas: largas y bronceadas. Regina separó las piernas y Emma se puso en medio. Mordisqueó con suavidad los muslos internos.
-¿Estas segura, Emma? -gimoteó de pronto Regina.
Emma sin dudas, bajó y empezó a lamer esa parte hinchada de su morena, succionaba y lamía, La salvadora trataba de pensar como llego ser tan atrevida sin tener experiencia alguna en esa ámbito, solo con la intuición se dejó llevar y la penetró con la lengua, buscando la esencia de Regina en su interior y sintió unas manos en su cabellera, ante este hecho la estimuló más a seguir, volviendo al clítoris succionándolo y su manos estaba recorriendo esas piernas hasta que mete dos dedos hasta el fondo y Regina grita -Em…ma- ese sonido era el paraíso y no paró hasta escucharla nuevamente. La alcaldesa hacia movimientos circulares, le costaba respirar sabia que estaba por llegar pero quería disfrutar más. La sheriff agregó un tercer dedo hasta llegar a ese punto, su lengua seguía estimulando esa parte hinchada hasta que sintió un liquido caliente y los jadeos de la morena de que había llegado y sin pensarlo siguió lamiendo su vagina hasta dejarla completamente limpia, era primera vez que hacía algo así y volvería a repetirlo sin dudarlo.
Regina se incorpora y le toma el rostro hasta arrastrarla a su cara y besarla, sentir su sabor combinado con el de Emma la estimuló más - Emma, ¿De verdad soy tu primera vez con una mujer? - dice apenas con un suspiro y con sudor en su frente. La salvadora le aparta los cabellos pegados y la besa -Si lo eres, pero eso no quiere decir que no sepa lo que deba hacer- sentenció mirando con excitación a lo vivido.
Regina se levanta y se pone encima de Emma - Bueno, supongo que debo dejar la vara alta - y sin que la rubia supiera esta entrelaza sus piernas con las de ella hasta que sus intimidades quedan juntas - Muévete, Emma - dice la alcaldesa jadeando. La sheriff toma la mano de Regina y la entrelaza, mientras que la otra esta en su cadera marcando el ritmo. La habitación solo se escuchaba el jadeo de ambas mujeres, respiraciones rápidos y el chillido de la cama por los movimientos. La rubia mira a esos profundos ojos marrones- Lleguemos juntas - apenas audible, Regina al tener la visión de Emma en su cama acostada, su piel blanca ligeramente roja no pudo responder a la pregunta si no que solamente asintió haciendo los movimientos más rápidos. La salvadora toma con fuerza las caderas de la morena hasta que ambas llegan a culminar con un orgasmo que duró unos minutos, Regina jadeaba mirando al techo y moviéndose ligeramente hasta recostarse al lado de Emma.
No dijeron nada, todo quedo sellado en esa habitación, sus miradas decían mucho, Emma toma la cara de Regina hasta sellar sus labios con los de ella hasta acomodarse en su cuello. Regina movía sus manos de arriba hasta abajo por la espalda desnuda de su rubia hasta conciliar el sueño. Así quedaron abrazadas sin preocupaciones y sin saber lo que vendría a la mañana siguiente.
Si pueden, comenten si les esta gustando la historia.
