Muchas gracias, por todas las visitas que ha tenido esta historia. Comenten, me serviría mucho.


A la mañana siguiente, Emma se despierta y nota que son las 6 de la mañana. Siente un cuerpo cálido a su lado y al ver a Regina, se siente inundada de amor. No quiere despertarla, solo la admira con los rayos del sol que pasan por la ventana. Observa cada rasgo de su rostro, cada curva de su cuerpo, y se siente abrumada por la intensidad de sus sentimientos.

Emma no puede apartar la mirada de Regina. Se siente como si estuviera viendo la personificación del amor y la belleza, todo en una sola persona. Los pensamientos de la sheriff giran en torno a cuánto la ama, cuánto la necesita y cómo su presencia ha transformado su vida.

En este momento, la salvadora se siente agradecida por tener a Regina a su lado. No se preocupa por el tiempo que pueda pasar o por las responsabilidades que la esperan más tarde en el día. Sabe que su padre estará en la comisaría y que su hija está con Snow, así que solo se permite quedarse allí, admirando la belleza de Regina y dejando que el amor la inunde por completo.

Mientras la observa dormir, Emma reflexiona sobre sus propios sentimientos. Se pregunta por qué no se dio cuenta de lo que realmente sentía antes, por qué no luchó por su felicidad desde el principio. Se da cuenta de que estuvo siendo egoísta al ignorar sus propios sentimientos por miedo o indecisión. Pero ahora, en este momento de claridad, Emma sabe que no puede volver atrás. Lo único que puede hacer es amar a Regina con todo su corazón y estar a su lado en cada paso del camino.

Finalmente, Emma se siente emocionada por lo que el futuro les depara a ella y a Regina. Están juntas, compartiendo este momento íntimo y especial, y nada podría hacerla más feliz. Con un suspiro de satisfacción, la rubia se recuesta junto a su morena, envolviéndola en un abrazo amoroso.

Al despertar, Regina sintió cómo la suavidad de los primeros rayos del sol acariciaba su rostro, iluminando la habitación con una tenue luz dorada. Sus párpados se alzaron con delicadeza, revelando unos ojos oscuros que se encontraron con los de Emma, brillantes y azules como el cielo despejado en una mañana de verano. En ese momento, el mundo pareció detenerse, y un susurro de emoción recorrió el interior de Regina mientras admiraba la expresión amorosa en el rostro de Emma. Es una sensación que no ha experimentado en mucho tiempo, una felicidad pura y genuina que la hace sentir viva de nuevo.

A diferencia de lo que alguna vez sintió por Robin, los sentimientos que tiene por Emma son completamente diferentes. Amó a Robin y siempre lo amará, pero lo que siente por la salvadora es único e incomparable. Es un amor que ha estado presente en su corazón mucho antes de conocerlo a él, un amor que ha crecido y se ha fortalecido con el tiempo.

Regina se siente completa al lado de Emma. Sabe que juntas son más fuertes, que sus almas se complementan de una manera que trasciende la lógica y la razón. Es como si estuvieran destinadas a encontrarse y estar juntas, y eso llena su corazón de una alegría indescriptible.

-Regina, mi amor-, murmuró Emma con una voz suave como una caricia, rompiendo la quietud matutina con sus palabras cargadas de afecto. -¿Cómo dormiste?

Las palabras de Emma resonaron en el aire con una calidez reconfortante, envolviendo a Regina en un aura de tranquilidad y amor. La alcaldesa sonrió con ternura, dejando que la sensación de felicidad la inundara por completo.

-Dormí maravillosamente, gracias a ti-, respondió Regina, su voz suave y melodiosa llenando la habitación con una cadencia tranquila y serena. -Pero despertar a tu lado lo hace aún mejor.

La sonrisa de Regina iluminó su rostro, reflejando la profunda felicidad que sentía en ese momento. Sus ojos brillaban con una luz interior, revelando la intensidad de sus emociones mientras se perdía en la mirada amorosa de Emma.

-Me alegra escuchar eso-, dijo Emma con una sonrisa sincera, sus ojos verde azulados centelleando con ternura y afecto. -Quiero despertar así todos los días, junto a ti.

Las palabras de Emma resonaron en el corazón de Regina como una promesa de amor eterno, llenándola de una sensación de seguridad y pertenencia. En ese abrazo matutino, Regina encontró su refugio, su fuerza y su guía en el camino hacia un futuro compartido con la mujer que amaba.

Regina y Emma se abrazaron con ternura, sumergiéndose en la intimidad de ese momento compartido. Para ellas, ese era el comienzo de un nuevo día, lleno de posibilidades y promesas de amor eterno, uniendo sus labios.

Emma se dejó llevar por la pasión del beso, entregándose por completo al torrente de emociones que la invadía cada vez que sus labios se encontraban con los de Regina. La intensidad del momento era abrumadora, y Emma se dejó llevar por el ardor del deseo que la consumía.

Sin embargo, el beso se vio interrumpido por la voz juguetona de Regina, quien rompió el contacto labial – Amaneció un poco ansiosa, Sheriff-. Con un suspiro entre dientes, Emma asintió levemente, incapaz de ocultar la fogosidad que la recorría por completo.

-Desperté con una ansiedad que no puedo explicar-, confesó Emma, su voz cargada de deseo y pasión. -Has encendido una llama en mí, Regina. Una que no podré apagar fácilmente.

La alcaldesa sonrió ante las palabras de Emma, encontrando en ellas una mezcla de ternura y deseo que la hacía sentir viva como nunca antes. Se dejó envolver por la calidez de las palabras de Emma, sintiendo cómo su corazón latía al unísono con el de ella.

-Me encanta escucharte hablar así, Swan-, respondió Regina en tono juguetón, sus ojos centelleando con complicidad. -No sabía que tenías ese lado tan romántico.

Emma rió suavemente, sacudiendo la cabeza con complicidad. -No lo soy, pero contigo, Regina, despiertas sentimientos que ni siquiera sabía que tenía-, admitió sinceramente.

Con un movimiento ágil, Emma se colocó encima de Regina, sintiendo el calor de sus cuerpos desnudos fundiéndose en un abrazo apasionado. Regina pudo sentir cómo el deseo volvía a encenderse dentro de ella, avivando las llamas de la pasión que compartían.

Emma dejó sus labios y con desesperación bajo su cuello. Besando, lamiendo, chupando y mordisqueando todo el camino hasta que llegar a sus senos. Regina se estremeció y gimió al sentir los labios de la rubia encerrarse en uno de sus pezones mientras que con la otra mano tiraba el otro pezón.

La salvadora no se entretuvo mucho en sus pechos. Descendió un poco más dejando rastros de besos. La alcaldesa cerró sus puños con fuerza sobre las sabanas mientras observaba a la rubia bajando más, se tomo su tiempo tocando las piernas, bajo más besando las rodillas provocándole un escalofrío a las ojos marrón. Regina no perdió su vista en ninguna momento, observando como Emma dominaba más ese terreno, sus pensamientos fueron que ha creado a un monstruo. Un nuevo ardor recorrió la parte baja de su abdomen al sentir la lengua de la rubia subiendo por su muslo. Emma ante tanta ansia de hacer disfrutar a su morena, levanta su pierna derecha hasta dejarla en su hombro. Regina se incorpora por un momento mirando los ojos aguamarina y ve una sonrisa sutil hasta que siente la lengua en su clítoris. - ¡Oh Dios, Emma! - las manos de la salvadora estaban en su pierna y cadera para mantenerla firme, chupo con firmeza ese músculo, retrocedió y lamió su abertura, lo hizo varias veces, sin parar, el sabor de la alcaldesa dejó a Emma con más ganas. Regina no pudo resistir más y cayó pesadamente hacia atrás mientras se corría en la boca de la salvadora.

Emma recorre una vez mas el cuerpo de la alcaldesa con sutiles besos y mordiscos, marcando la piel oliva hasta llegar a sus labios. Regina pudo saborearse en los labios de la sheriff, las manos de la rubia volvieron a sus pechos mientras la besaba con delicadeza. - No creo que pueda parar, estoy obsesionada con tu cuerpo, Regina - se lo dijo al oído antes de morder el lóbulo de su oreja - Y yo no quiero que pare, Señorita Swan- jadeo. La rubia tomo las manos de la morena y las subió. - Déjalas ahí, mi amor- volvió a besarla, abriendo su boca para el encuentro de sus lenguas, luchando quien dominaba ese beso. Regina estaba exitandose nuevamente, sintiendo como su vagina volvía a palpitar.

Emma se alza para estar encima de la pierna de Regina, mientras enterraba su cara en el cuello de la morena lamiendo y besando, la habitación se lleno de jadeos por ambas partes. La alcaldesa siente una presión caliente contra su muslo. La salvadora se movía hacia delante y hacia atrás y en círculos besando y mordiendo los labios de Regina, mientras una de su mano baja hasta encontrar la apertura de la morena. De manera inconsciente la alcaldesa abre más sus piernas para darle mayor acceso y la rubia entierra dos dedos, combinando sus movimientos con su mano para enterrarse más a fondo de su Reina.

La alcaldesa moviéndose al compás de su rubia sintió que estaba apunto de llegar - Mírame, Emma- la salvadora lo hace y se encontró con esos ojos marrones oscuros, se sonrojó jadeándose contra la pierna de su amada. Regina sintió sus mejillas y cuello enrojecerse, pero no pudo apartar la mirada. Los ojos aguamarina vagaron por toda la cara de Regina. Nunca dejo de moverse. Todo el tiempo mirándola y moviendo más su mano hasta sentir como sus dedos son apretados por la abertura de Regina. Ambas se miraban mientras llegaban al clímax gritando sus nombres, la morena sintió como su muslo estaba húmedo. Por otra parte, Emma seguía moviendo sus dedos de forma lenta hasta salir sintiendo los dedos mojados por el gozo de la Reina. - Ha sido el mejor despertar que he tenido en mi vida - dijo Regina mientras tomaba la cara de Emma besándola.

-Eres mía, mi amor- sentenció la rubia mientras volvía a esos labios hinchados de su alcaldesa.

En el acogedor ambiente de Granny's, Snow lleva a Hope a desayunar antes del esperado paseo escolar. El local bulle con la animación típica de una mañana en Storybrooke. Al entrar, se topan con Henry y Amy, quienes ya están instalados en una de las mesas. Hope, con una sonrisa entusiasmada, se apresura a unirse a su hermano, dejando a la maestra al lado de la pequeña Amy.

Mientras Hope y Henry charlan animadamente sobre el paseo, Snow se sienta junto a la niña, cuya presencia le despierta una extraña familiaridad que no logra descifrar inicialmente. Inicia una conversación ligera con Amy, preguntándole sobre sus asignaturas favoritas y sus pasatiempos. Amy responde con una timidez encantadora que hace que Snow sonría con ternura.

El momento de claridad llega cuando Snow mira atentamente a Amy, notando algo en su mirada, un destello familiar que le recuerda dolorosamente a alguien. Sorprendida, Snow se lleva una mano a la boca, cubriéndola en un gesto de asombro mudo.

-Snow, por favor…-, comienza Henry en un susurro urgente, notando la reacción de su abuela. Se inclina hacia ella, su voz baja y seria. -No podemos hablar de esto aquí, no delante de Hope.

Snow asiente, recuperando la compostura, aunque sus ojos todavía están fijos en Amy con una mezcla de asombro y cariño renovado. -Lo siento, Henry, solo me tomó por sorpresa. Es increíble cómo… cómo nos recuerda a…

-Sí, lo sé-, interrumpe Henry, mirando brevemente hacia donde Hope y Amy están hablando y riendo, ajena a la gravedad de su conversación. -Pero debemos mantenerlo en secreto, por ahora. Es lo mejor para todos, especialmente para Amy.

Snow asiente, comprendiendo la importancia de mantener el secreto, aunque el peso de la revelación aún la abruma. Se vuelve hacia Amy, quien ahora la mira con una inocencia que casi duele. Snow extiende su mano, acariciando suavemente el cabello de la niña.

La maestra no puede ocultar su perplejidad. -¿Cómo es posible que Emma y Regina no lo hayan notado? Es tan evidente- comenta, con una mezcla de asombro y preocupación.

Henry suspira, dando un sorbo a su café antes de responder. -Creo que están demasiado centradas en sus propios conflictos y en ayudar a Amy a regresar a su tiempo. No están viendo lo claro que es para los demás.

Snow asiente, recordando las conversaciones que ha tenido con Emma sobre Amy. -Emma mencionó que la niña tenía ciertos… problemas con su magia, pero nunca imaginé que fuera tan complejo- dice, claramente preocupada por las implicaciones. -No diré nada, Henry. Es tu decisión cómo manejar esto.

Mientras se prepara para llevar a Hope a la escuela, Amy se muestra visiblemente nerviosa, lo que no pasa desapercibido para Henry. Se inclina hacia ella y susurra, -Tranquila, Amy, Snow no dirá nada.

Amy mira a Henry, su expresión teñida de duda. -Ya sabes que guardar secretos no es lo más fuerte de mi abuela- responde con un hilo de voz.

Henry no puede evitar sonreír ante la precisión de esa observación. -Es cierto, pero confiamos en que esta vez será diferente.

Amy frunce el ceño, claramente preocupada. -Si mi abuela lo notó tan rápido, ¿qué pasará cuando Emma y Regina se den cuenta?- pregunta, temiendo las consecuencias.

-¿Y si eso fuera lo mejor?- sugiere Henry, intentando explorar todas las posibilidades.

-No- responde Amy con firmeza, sus ojos llenos de temor. -Tuve un sueño la otra noche… Hablé con mi madre, Emma. Ella dijo que en nuestra línea temporal ya han empezado a notar cambios. Son sutiles, pero mi futuro está cambiando, y eso me asusta.

Henry escucha atentamente, su expresión se torna seria. -Entiendo tu miedo, Amy. Pero estamos aquí para ti, pase lo que pase.

Amy asiente, aún insegura pero reconfortada por el apoyo de Henry.

Emma y Regina compartían un almuerzo tranquilo en un rincón de la cocina de la mansión, el sol del mediodía se filtraba a través de las ventanas, bañándolas en una luz cálida. La cercanía física no hacía más que avivar el afecto que sentían la una por la otra. Emma, incapaz de resistir el impulso, tomaba la mano de Regina y la llevaba a sus labios, depositando un beso suave. Regina, sumida en sus pensamientos, consideraba cuánto había cambiado su vida, pensando que quizás, finalmente, había encontrado su camino hacia la felicidad junto a Emma.

Rompiendo el silencio, la salvadora comenzó a hablar con determinación. -Voy a hablar con mis padres, quiero que sepan sobre nosotras. También le diré a Hope. No quiero ocultarles nada… esto es demasiado importante para mí.

Regina sintió una mezcla de felicidad y preocupación al escuchar a Emma. Su expresión se tornó seria, y compartió sus miedos. -¿Y si no lo toman bien? Esto podría cambiar muchas cosas, Emma.

Con una sonrisa reconfortante, Emma apretó la mano de Regina. -Estoy aquí, y estaré a tu lado, pase lo que pase. Juntas podemos enfrentar cualquier cosa.

Regina asintió, sintiéndose aliviada y apoyada. -Y yo hablaré con Henry… y con Amy- agregó, pensando en la joven que había comenzado a sentir como una parte de su vida. -Siento una conexión con ella, como si…

-Como si fuera familia- completó Emma, entendiendo el sentimiento. Ambas compartieron una mirada cómplice, sabiendo que ayudar a Amy a regresar a su línea temporal sin dañar al pueblo o poner en peligro su magia sería su próximo gran desafío.

-Tenemos que investigar más, encontrar una manera segura de hacerlo- dijo Regina, siempre cautelosa con el uso de la magia.

Emma asintió, su rostro reflejando la seriedad del asunto. Luego, como si se negara a dejar que la conversación terminara en una nota sombría, se inclinó hacia Regina y la besó apasionadamente, un beso que sellaba su compromiso y amor. Se separaron lentamente, intercambiando miradas que decían más que palabras.

-Te llamaré más tarde- murmuró Emma, con una promesa en su voz, antes de salir de la mansión , dejando a Regina con una sensación de calidez y un palpitar esperanzado en el pecho.

Habían pasado varios días desde que Emma y Regina se reconciliaron, y la mansión se había convertido en el escenario de su creciente pasión. Sin embargo, no todos veían con buenos ojos esta unión. Hook y Maléfica observaban con creciente inquietud la frecuencia con la que Emma visitaba la mansión o pasaba las noches ahí.

Desde un rincón oscuro del pueblo, Hook, con su característico garfio brillando bajo la luz de la luna, compartía sus observaciones con Maléfica, cuya presencia imponente y mirada penetrante contrastaban con la sutileza de su voz. -He seguido a Emma varias veces-, confesó Hook, su voz cargada de despecho. -Pasa más tiempo en la mansión que en su propio hogar, lo peor es que mi hija aveces va con ella y se quedan ahí.

Maléfica, con su capa negra ondeando al viento nocturno, frunció el ceño, reflexionando sobre esta información. -Debemos idear algo para separarlas-, murmuró, su mente ya tejiendo posibles conjuros y estratagemas. -Si siguen juntas, podrían volverse demasiado poderosas y no podremos separarlas.

Ambos compartían un objetivo común, y aunque sus motivos diferían, su determinación de deshacer la relación de Emma y Regina solo se intensificaba con cada encuentro secreto que observaban.

Regina estaba sumida en sus investigaciones en la oficina, rodeada de libros antiguos y pergaminos desplegados. Buscaba incansablemente la forma de crear un vórtice temporal que ayudara a Amy a regresar a su línea de tiempo. Cada vez más, pensaba en la niña, en lo familiar de su presencia y la resonancia de su magia, sintiéndose inexplicablemente conectada con ella.

En un impulso, Regina se levantó de su escritorio para tomar agua, su mente aún enfrascada en teorías mágicas y paradojas temporales. Al acercarse al espejo de su despacho, su reflejo le devolvía la mirada, un espejo de su propio ser, pero esta vez algo cambió. Mientras observaba su reflejo, comenzó a notar rasgos en su rostro que resonaban extrañamente con los de Amy. Sus ojos se abrieron de par en par, una comprensión chocante invadiéndola. El vaso de agua que sostenía se le escapó de las manos, estrellándose contra el suelo con un estallido, fragmentos de vidrio esparciéndose como las piezas de un rompecabezas que finalmente encajaban.

-¡Dios mío!- exclamó en un susurro, llevándose una mano a la boca, su corazón latiendo desbocado. En ese instante, todo cobró sentido; la familiaridad de la magia, los lazos inexplicables, la conexión instantánea. Corrió a su escritorio y buscó febrilmente su teléfono móvil, sus dedos temblorosos marcando el número de Henry con urgencia.

-¿Henry? Necesito que traigas a Amy a la alcaldía, ahora mismo- dijo con voz firme pero claramente alterada, tratando de mantener la calma.

-Pero, ¿qué sucede, mamá?- preguntó Henry, detectando la urgencia en su voz.

-No hay tiempo para explicaciones. Solo tráela aquí. Es… es importante- insistió Regina, cortando la llamada sin dar espacio para más preguntas.

Colgó el teléfono y se apoyó en el escritorio, respirando hondo para calmar el torbellino de emociones que la embargaba. Regina sabía que lo que estaba a punto de enfrentar cambiaría todo, y necesitaba estar preparada para lo que venía.

Cuando Amy entró en la oficina de Regina, la encontró visiblemente agitada, caminando de un lado a otro con una energía nerviosa que llenaba el espacio. Amy, aunque algo preocupada, decidió romper el silencio que se había instalado pesadamente en la habitación.

-¿Regina, qué sucede?- preguntó suavemente, intentando acercarse a la alcaldesa.

Regina se detuvo de golpe y se volvió hacia Amy, sus ojos oscuros humedecidos por las lágrimas que luchaban por escapar. -¿Dónde está Henry?- preguntó con voz quebrada.

-Se tuvo que volver, tenía que ir a ver a Lucy- respondió Amy, notando la tensión creciente. Se acercó más, su propia ansiedad aumentando ante la evidente angustia de Regina.

Regina la miró fijamente y sin vacilar preguntó directamente, -Amy, ¿quiénes son tus madres?

Amy se mordió el labio, vacilante. -No puedo decirte- murmuró, bajando la mirada.

Sin rendirse, Regina avanzó y tomó a la niña de los hombros, bajando a su altura con una intensidad palpable. -Dime, ¿quién son tus madres?- insistió, la voz cargada de una mezcla de esperanza y miedo.

Las lágrimas empezaron a correr por las mejillas de Amy al comprender que Regina había descubierto la verdad. No pudo responder, solo lloraba más fuerte, la revelación pesando sobre sus hombros jóvenes.

Regina, con los ojos llenos de lágrimas y la respiración entrecortada, la abrazó fuertemente y preguntó con un hilo de voz, -¿Soy yo una de tus madres?

En ese abrazo cargado de emociones, Amy asintió con la cabeza, aún aferrada a Regina. -- susurró entre sollozos.

Regina se quedó inmóvil por un momento, procesando la confirmación. Luego, su abrazo se intensificó, envolviendo a Amy en un refugio de amor y asombro. -Oh, Amy- dijo suavemente, su corazón lleno de un amor repentino y abrumador. En ese instante, el mundo fuera de ese abrazo parecía haberse detenido, mientras Regina se aferraba a la pequeña revelación de un lazo que nunca esperó, pero que ahora valoraba más que nada en el mundo.

En el tenso silencio de la oficina, Regina sostenía a Amy con una mezcla de asombro y profundo amor, cuando de repente, Amy se separó abruptamente, lágrimas surcando sus mejillas jóvenes. -Lo siento, lo siento mucho- sollozaba la niña, visiblemente asustada por la cascada de emociones y poder que no podía controlar. La energía a su alrededor comenzaba a vibrar incontrolablemente, causando que las luces del techo parpadearan y chisporrotearan peligrosamente.

Regina, aunque sorprendida, reaccionó con rapidez. Su primera preocupación era la seguridad de Amy y la de los alrededores. -Amy, mira hacia mí, respira conmigo- decía Regina con voz calmada pero firme, tratando de captar la atención de su hija entre sollozos y destellos de magia desbocada.

La alcaldesa extendió sus brazos y con un movimiento suave pero decidido, conjuró una burbuja mágica alrededor de ellas, una barrera translúcida que protegía el resto de la oficina de los efectos erráticos de la magia de Amy. -Está bien, Amy, estoy aquí. No tienes que pedir disculpas. Solo respira.

Amy, temblando, levantó las manos hacia las de Regina, buscando en su madre el consuelo y la estabilidad que necesitaba. Al contacto, la magia de Amy fluyó hacia Regina, quien recibió una inundación de imágenes vívidas: se vio a sí misma embarazada, el nacimiento de Amy, y las lágrimas que había derramado al contemplar a su hija por primera vez, un ser increíblemente hermoso y lleno de luz.

-Amy, por favor, mirame- comenzó Regina, sus propias palabras ahogadas por la emoción. -Estas imágenes ¿Son reales? No debes seguir haciendo esto, no puedo seguir viendo tu futuro, debes calmarte, yo sé que estás asustada pero estoy aquí para ayudarte.

Regina abrazó a Amy con fuerza, ofreciéndole un refugio seguro en su propia esencia, en su propia magia. -Estoy aquí, y nada nos separará. Estoy aquí para ayudarte a aprender, a controlar lo que sientes, lo que eres y tu magia. Eres mi hija, sé que puedes con esto.

Amy se aferró a Regina, su llanto comenzando a calmarse con las palabras reconfortantes de su madre. -¿De verdad no estás enojada? ¿Ni asustada?- preguntó con voz temblorosa.

-Nada de eso, querida. Solo amor, solo deseo de protegerte y enseñarte. El poder que tienes es grande, pero juntas, podemos manejarlo. No estás sola en esto- aseguró Regina, reforzando cada palabra con un abrazo apretado y reconfortante.

Las luces se estabilizaron y la magia de Amy se calmó gradualmente, como si la conexión física y emocional con Regina hubiera reencauzado la energía desbordada. En ese abrazo, madre e hija encontraron un nuevo entendimiento, un nuevo compromiso de apoyo y amor incondicional.

-Gracias, mamá… gracias por estar aquí- murmuró Amy, ahora mucho más calmada y segura en los brazos de Regina.

Regina acarició suavemente el cabello de Amy, susurrando palabras de consuelo y promesas de protección. -Siempre, Amy. Siempre.

Sentadas juntas en el confortable sofá de la oficina de la alcaldía, Regina y Amy compartían un momento de profunda conexión emocional. Regina mantenía a su hija estrechamente abrazada, ofreciéndole consuelo y protección con la calidez de su presencia y la suave caricia en su cabello. El silencio que las rodeaba era denso, lleno de las emociones tumultuosas que ambas sentían.

Finalmente, rompiendo el silencio, Regina habló con voz suave pero firme. -Tengo muchas preguntas, Amy. Sé que quizás no puedas responderlas todas, pero necesito saber… ¿Quién es tu otra madre? ¿Te adopté? Todavía no entiendo como tienes rasgos míos.

Amy se acomodó un poco, buscando las palabras adecuadas para explicar una situación tan compleja y personal. -Eres tú quien se embarazó, Regina. Soy tu hija biológica, tanto como de mi otra madre- respondió con una mezcla de cautela y claridad.

Regina se quedó perpleja por un momento, sus pensamientos chocaban con su resolución pasada de no tener hijos. -Pero yo… tome una posición para no embarazarme- murmuró, más para sí misma que para Amy.

-El amor verdadero rompe cualquier maldición- explicó Amy con una sonrisa tímida. -No sé cómo te sentirás al saber quién es mi otra madre.

Regina, aunque sospechaba la respuesta, no quería adelantarse a las palabras de Amy – Estoy un poco confundida ¿Naciste por intermedio de magia? Todavía no logo explicar como eres hija biológica mía y de tu otra madre.

-Eso, no puedo decirlo, pero supongo que con el tiempo lo averiguarás- dijo Amy con tono seguro.

-En el futuro, ¿cómo estamos… tu otra madre y yo? ¿Estamos juntas?- Regina se encontraba pensativa al momento de decir eso, mirando al fondo sin mostrarse muy perturbada ante la presencia de su hija.

Amy se levantó del sofá y se puso de pie frente a Regina, sus ojos llenos de una seriedad inusual para su edad. -Nunca he visto a nadie mirarse como lo hacen tú y mi otra madre. Es… es un amor que se siente en cada mirada, en cada gesto. Su amor es potente, intenso, mucho más de lo que he visto incluso entre Snow y David.

El corazón de Regina latía fuertemente, la anticipación era casi abrumadora. Inhaló profundamente antes de formular la pregunta que sellaría su destino. -Amy, ¿Emma es mi otra madre?

Con un asentimiento suave pero firme, Amy confirmó las sospechas de Regina. -Sí, mamá, Emma es mi otra madre. Y el amor que se tienen… es increíble. Es fuerte, resolutivo, y trasciende todo lo que conocen ahora.

Regina tomó un momento para procesar la información, cada palabra calando hondo en su ser. Luego, lentamente, extendió sus brazos hacia Amy, invitándola de nuevo al abrazo. Amy se acercó y se dejó envolver por los brazos de Regina, sintiendo el calor y la seguridad que solo una madre puede ofrecer.

-Gracias por decirme, Amy. Esto cambia todo… pero de una manera que nunca imaginé. El saber que tengo un futuro contigo y con Emma… eso me da una razón para luchar, para asegurarme de que ese futuro se haga realidad, pero tengo miedo de lo que sucederá por todo lo que me haz dicho- susurró Regina, su voz temblorosa por la emoción.

Amy asintió, apoyando su cabeza en el pecho de Regina. -Y lo harás, mamá. Porque en mi tiempo, ustedes dos son más que solo amantes o compañeras. Son un equipo, son la base de nuestra familia y de nuestra comunidad. Su amor es la leyenda que todos comentan, que todos admiran.

Ambas se quedaron en silencio, saboreando el calor del abrazo, dejando que las palabras y las emociones se asentaran entre ellas. Regina se sentía abrumada, pero también inexplicablemente completa. Saber que Amy era su hija, y que Emma compartía ese vínculo con ella, no solo confirmaba sus sentimientos más profundos sino que también delineaba un futuro que deseaba fervientemente explorar y proteger. En ese silencio compartido, las piezas de un rompecabezas mucho más grande comenzaban a encajar, y el camino a seguir, aunque incierto, se iluminaba con la promesa de amor, familia y un destino compartido.

Sin que las dos morenas se enteraran, una grieta en el bosque se abrió dando el inicio del desastre que puede provocar los cambios que Amy esta realizando el presente y futuro Storybrook.