Hola, lamento la demora estuve unos problemas durante la semana pasada y no tuve tiempo de editar el capitulo. Espero que el capitulo sea de su agrado.
En los días que siguieron a la revelación de Amy, la alcaldesa y su hija pasaban más tiempo juntas, dividiendo sus momentos entre la residencia familiar y la oficina municipal. La conexión entre ambas se fortalecía día tras día, algo que llenaba de alegría a Regina pero comenzaba a crear un ligero distanciamiento con su pareja, Emma. Aunque contenta por el bienestar de su amor, Emma no podía evitar sentirse algo desplazada. La salvadora intentaba encontrar momentos para estar a solas con la alcaldesa, pero siempre parecía que Amy necesitaba su atención.
Frustrada y necesitando desahogarse, Emma decidió encontrarse con David y Snow en el cálido entorno de Granny's. Al llegar, su expresión claramente mostraba su inquietud interna, lo que no pasó desapercibido para sus padres. David lanzó una mirada preocupada a Snow antes de dirigirse a su hija.
-Emma, te hemos notado un poco distraída últimamente, ¿todo está bien?- preguntó David, mezclando preocupación y curiosidad en su tono.
La sheriff suspiró profundamente, jugueteando con la cuchara de su café antes de responder. -Sí y no. Es complicado. Hay algo sobre Regina y yo que quería contarles hace tiempo.
Snow y David intercambiaron una rápida mirada, ambos alentando con sus ojos a Emma a continuar.
-Nosotras estamos… juntas, en una relación o eso creo. Ha sido algo maravilloso, pero con todo lo que está pasando con la llegada de Amy, Hook, y mi hija, ha sido difícil encontrar el momento adecuado para hablarles de esto.
La noticia sorprendió a Snow y David, pero su aceptación fue inmediata. Snow extendió su mano sobre la mesa, tocando la de Emma en un gesto cálido y reconfortante.
-Emma, lo más importante para nosotros es tu felicidad- comenzó Snow, su voz llena de ternura. -Y si Regina te hace feliz, eso es lo que importa. Siempre hemos visto algo especial entre ustedes dos.
David asintió, añadiendo, -Estábamos esperando que nos lo contaras cuando te sintieras lista. Pero no te preocupes por nosotros, estamos felices por ti. Y sobre la niña, es claro que Regina está al pendiente para poder ayudarla.
La sheriff sonrió agradecida, aunque su expresión se tornó sombría nuevamente. -El problema es que me siento un poco… fuera de lugar. Regina tiene tanto en qué concentrarse ahora, y no quiero ser una carga.
-Emma, ser parte de la vida de alguien significa estar allí en los buenos y en los malos momentos- dijo David con firmeza. -Habla con Regina. Explícale cómo te sientes. Estoy seguro de que ella no quiere que te sientas así.
-Tu padre tiene razón - intervino Snow, -Ella estará para ti, y eso no cambiará por la aparición de la niña u otros problemas, siempre han estado juntas. Debes creer que lo que tienen es fuerte.
Con el apoyo de sus padres, Emma asintió. -Tienen razón. Necesito aclarar las cosas con ella y supongo que explicar mi comportamiento. Gracias, ambos. No sé qué haría sin ustedes.
El resto de la comida transcurrió en un ambiente más ligero, con Emma sintiéndose más decidida y apoyada. Snow y David continuaron brindando consejos y compartiendo risas, reafirmando la unión de su familia.
Emma se encontraba caminando con paso firme hacia la alcaldía de Storybrooke. Llevaba en su corazón una mezcla de emociones que no conseguía ordenar del todo. Al entrar al edificio, notó la seriedad que impregnaba el ambiente y eso solo incrementó su inquietud. Al llegar a la oficina de Regina, la encontró concentrada en un montón de papeles y pergaminos que parecían consumir toda su atención.
-Hola, ¿Puedo pasar?- comenzó Emma con un tono firme pero lleno de vulnerabilidad.
Regina levantó la mirada, sus ojos mostrando una mezcla de sorpresa y preocupación. -Claro, Emma, ¿qué sucede?
-La verdad, yo tampoco lo sé - admitió Emma, cerrando la puerta detrás de ella. -Sé que la situación con Amy es complicada, pero siento que me estás dejando de lado. Estamos empezando algo juntas, ¿no es así?
Regina suspiró, sintiendo el peso de las palabras de Emma. -Lo estamos, y te valoro mucho, Emma. Pero justo ahora, que estoy acercándome para ayudar a la niñaestá requiriendo toda mi atención. Maléfica y yo hemos encontrado algo que podría ayudarla.
-¿Así que con Maléfica sí tienes tiempo pero conmigo no?- replicó Emma, no pudiendo ocultar la punzada de celos que esas palabras le causaban.
Regina intentó mantener la calma, consciente de que revelar el verdadero lazo que compartía con Amy podría complicar aún más las cosas. -No es justo que lo veas así. Estoy tratando de hacer lo mejor para todos.
Emma sintió que sus emociones la desbordaban. -Parece que siempre hay algo más importante. Quizás me equivoqué al pensar que esto podría funcionar.
La discusión escaló en tono, con cada palabra agregando distancia entre ellas. Finalmente, Emma, sintiéndose herida y confundida, se dio la vuelta y salió de la oficina. Regina se quedó sola, mirando la puerta cerrada con un suspiro de frustración y preocupación.
-No sé cuánto tiempo más puedo mantener el secreto Amy- murmuró para sí misma, temiendo las consecuencias de sus decisiones.
Mientras tanto, Emma caminaba sin rumbo por las calles, tratando de ordenar sus pensamientos cuando se encontró con Hook. Él notó inmediatamente su estado de ánimo y decidió intervenir.
-Emma, te veo algo agitada. ¿Todo bien?- preguntó Hook, su tono preocupado.
-No realmente, Hook. Es algo relacionado con Regina y siento que todo se está desmoronando-confesó Emma, dejando ver su vulnerabilidad.
Hook, viendo una oportunidad para distraerla y quizás para entender mejor la situación, invitó a Emma a comer. -Ven, vamos a Granny's. Un poco de comida y compañía nunca está de más para aclarar la mente.
Aceptando la invitación, Emma acompañó a Hook, agradecida por la distracción pero con su mente aún en Regina.
En un rincón más apartado de Granny's, con el murmullo de conversaciones ajenas como telón de fondo, Emma y Hook ocupaban una mesa. Un café humeante reposaba frente a cada uno, emitiendo espirales de vapor que se mezclaban con el ambiente cálido del lugar. La sheriff, claramente distraída y algo tensa, jugueteaba con la cucharilla en su taza, intentando parecer interesada en la charla ligera que el pirata intentaba mantener.
-Entonces, ¿qué tal está todo en la alcaldía? ¿Sigues ayudando a Regina con… sus proyectos?- preguntó Hook, intentando sondear el terreno con una mezcla de curiosidad y cautela.
Emma soltó un suspiro, sus hombros cayendo ligeramente bajo el peso de sus pensamientos. -Sí, ha sido… complicado. Regina está muy ocupada últimamente, especialmente con la llegada de esta chica y su magia y todas esas cosas que todavía no entiendo- respondió, evitando mirar directamente a Hook.
Notando su vacilación, Hook inclinó la cabeza, observándola con una intensidad calculadora. -Parece que estas muy entregada a ella. ¿Es solo por trabajo o hay algo más… oficial entre ustedes?- inquirió, su voz baja, teñida de un ligero tono de preocupación.
Emma levantó la mirada, encontrándose con la penetrante mirada azul de Hook. Sabía que ocultar la verdad no haría más que complicar las cosas. -Hook, Regina y yo… hemos empezado algo. No es solo trabajo- admitió finalmente, su voz un murmullo tembloroso.
La reacción del pirata fue casi imperceptible, pero la tensión en su mandíbula fue suficiente para que la salvadora notara un cambio. -Si eso te hace feliz, Emma, entonces estoy feliz por ti- dijo él, aunque su sonrisa no alcanzó sus ojos, que destellaban con una mezcla de dolor y planes formándose en la sombra de sus pensamientos.
Intentando cambiar el rumbo de la conversación, Hook deslizó su taza a un lado y se inclinó hacia adelante, sus ojos ahora ocultando sus verdaderas intenciones. -Escucha, sé que has estado estresada y todo esto te está pesando. ¿Qué dices si salimos esta noche? Solo tú y yo, como en los viejos tiempos. Podrías hablar con Snow y David para que cuiden a la niña, y tú podrías… relajarte un poco.
Emma, necesitada de un descanso de la montaña rusa emocional que había sido su vida últimamente, se encontró asintiendo antes de pensarlo dos veces. -Eso suena genial, Hook. Realmente necesito despejarme.
El pirata esbozó una sonrisa más amplia, satisfacción y maquinaciones ocultas tras su gesto amistoso. -Perfecto. Será una noche divertida, te lo prometo. Te mereces un respiro sin segundas intenciones.
-Gracias. Realmente lo aprecio- dijo Emma, agradecida, sin darse cuenta de la red de intenciones que Hook tejía con cada palabra cuidadosamente seleccionada.
Así, con planes hechos y palabras cargadas de significados ocultos, terminaron su café, dejando atrás el calor de Granny's.
En la espaciosa y elegantemente decorada sala de la mansión, Regina y Amy se sentaban frente a frente, una mesa de cristal separándoles. La luz suave de la tarde se filtraba a través de las ventanas, creando un ambiente calmado que contrastaba con la tensión que comenzaba a tejerse entre ellas.
-Amy, ¿qué sucede? Pareces preocupada- inició Regina, notando la mirada pensativa de la niña.
-No es nada, Regina- dijo Amy rápidamente, desviando la mirada hacia el suelo. Pero tras una breve pausa, sus ojos se encontraron nuevamente con los de Regina. -Bueno, en realidad… es sobre la magia. Tu magia y la de… Emma. Siento que algo no está bien, ¿pasa algo entre ustedes?
Regina suspiró, sus dedos tamborileando levemente sobre la superficie de cristal. -Es complicado, Amy. Tuvimos una pequeña discusión, nada serio, solo… diferencias de opinión sobre cómo manejar ciertas situaciones.
Amy frunció el ceño, claramente preocupada. -¿Está relacionado conmigo? No quiero ser una carga o causar problemas entre ustedes.
-No, querida, no eres una carga. Las cosas entre adultos a veces se complican, pero siempre encontramos la manera de resolverlas- explicó Regina, intentando ofrecer una sonrisa tranquilizadora.
Amy parecía no convencida, su joven rostro contorsionado por la preocupación. -Pero siento que mi presencia aquí está alterando cosas… cosas que no deberían cambiar. Tienes que seguir tu vida, mamá, y hacer las cosas bien con Emma. Ella… ella también es importante para mí.
Regina, sorprendida por la madurez de Amy, la observaba con una mezcla de asombro y preocupación. -Amy, sé que Emma también es importante, pero tampoco podemos forzar las cosas ¿Entiendes?
-Pero - Amy comenzó, luego se detuvo, luchando con sus palabras. -El equilibrio es importante, y mi magia… a veces siento que no puedo controlarla. Está conectada con ustedes, al fin y al cabo son mis madres.
Justo entonces, un jarrón cercano se estremeció y se estrelló contra el suelo, fragmentos de cerámica esparciéndose por el tapiz. Regina se levantó de un salto, alarmada. -¡Amy!
-¡Lo siento! Esto es lo que estoy tratando de decir- exclamó Amy, las lágrimas empezando a formarse en sus ojos. -Mi magia reacciona a mis emociones, y todo esto me está abrumando.
Regina rápidamente rodeó la mesa y se arrodilló junto a Amy, tomando sus manos entre las suyas. -Está bien, Amy. Vamos a solucionar esto. Tú magia es poderosa, lo sabemos, me haces recordar a Emma, ella también estuvo así cuando descubrió el poder que tenía. No estás sola en esto.
Amy asintió, limpiando las lágrimas de sus mejillas. -Quiero hacer lo correcto, Regina. Por todos nosotros. Y supongo que mis reacciones son debido al parecido que tengo con Emma.
-Tienes razón, un parecido indiscutible- afirmó Regina con firmeza. -Hablaré con Emma, sé que quieres que estemos bien, pero es muy complicado todo y no puedo decirle la relación que tienes tú con ella.
El compromiso en la voz de Regina pareció tranquilizar a Amy, quien asintió, sintiéndose un poco más segura.
Al otro lado de la ciudad, la noche en Rabbit Hole había transcurrido entre risas y recuerdos, un ambiente distendido que Emma y Hook disfrutaban mientras compartían unas cervezas. Las luces tenues del bar y la música de fondo creaban un ambiente casi nostálgico, evocando épocas pasadas cuando las complicaciones parecían menores.
-¿Recuerdas aquella vez en Neverland, cuando casi nos comen esos cocodrilos gigantes?-Hook contaba, animado por el alcohol y los buenos recuerdos, su acento británico más marcado con cada trago.
Emma sonrió, asintiendo mientras jugaba con el borde de su vaso. -Cómo olvidarlo, estabas aterrorizado. Creo que nunca te había visto nadar tan rápido.
El pirata rió, sus ojos brillando con un atisbo de la jovialidad que solía caracterizarlo en sus mejores momentos. -Sí, bueno, uno aprende a ser rápido cuando tu archienemigo tiene un tic-tac en su estómago, ¿no crees?
Continuaron conversando, cada tema fluyendo hacia el siguiente sin esfuerzo. Sin embargo, Hook sentía que esta noche podría ser una oportunidad para reconectar en un nivel más profundo. En su mente, quizás había una posibilidad de reavivar algo que había pertenecido al pasado. Sin embargo, La salvadora mantenía claramente las cosas en un terreno amistoso, su lenguaje corporal amable pero reservado.
Al cerrar la noche, Hook, ya visiblemente ebrio pero aún en control de sus acciones, insistió en acompañar a Emma a casa de sus padres, donde su hija estaba pasando la noche. La sheriff aceptó con reticencia, sabiendo que probablemente sería más seguro que él no caminara solo en su estado.
Caminaron en silencio por las calles tranquilas de Storybrooke, el aire fresco de la noche contrastando con el calor del bar. Al llegar a la casa, mientras Emma buscaba las llaves en su bolso, Hook se acercó más, impulsado por un cóctel de nostalgia y alcohol.
-Emma - comenzó, su voz un susurro, -¿Alguna vez piensas en nosotros?
Emma se detuvo, su expresión seria. -Hook, estamos divorciados. Lo que pasó entre nosotros… eso quedó atrás.
Antes de que pudiera decir algo más, Hook, llevado por un impulso, se inclinó hacia adelante y la besó. La reacción de Emma fue inmediata; lo empujó suavemente, su rostro reflejando sorpresa y firmeza.
-Killian, no malinterpretes esto. No estoy aquí para revivir el pasado. No te amo de esa manera ahora- dijo Emma, su voz clara y decidida.
La mención de amor pareció golpear a Hook más duro que cualquier puñetazo físico. -¿Amas a Regina, verdad?- preguntó, su voz teñida de resignación y un ligero resentimiento.
Emma asintió, sin ofrecer disculpas por sus sentimientos. -Sí, creo que siempre lo hice, también te amé a ti, pero eso quedó atrás. Y necesito que respetes eso, Hook.
Con esas palabras, Emma giró y entró en la casa, dejando al pirata solo en la penumbra, su figura recortada contra las luces de la entrada. La puerta se cerró suavemente detrás de ella, marcando no solo la barrera física entre ellos, sino también la emocional.
Hook se quedó allí un momento, procesando la conversación, el rechazo y sus propios sentimientos confusos. Finalmente, con un suspiro pesado, se alejó, su figura desapareciendo en la noche, dejando atrás la casa iluminada y la mujer que había elegido a otra persona.
Regina y Amy estaban sentadas en el amplio salón de la mansión, donde los altos ventanales dejaban entrar la suave luz de la luna, creando sombras danzantes en el piso. La conversación había sido ligera hasta que Amy notó la distracción constante de su madre. La joven, con la sabiduría que a veces parece reservada para los niños, miró directamente a Regina.
-Deberías ir a hablar con Emma- sugirió Amy, su tono serio desafiando su juventud.
Regina, acostumbrada a esconder sus emociones detrás de una fachada de autoridad, se mostró reticente. -Es tarde, Amy. Puedo hablar con ella mañana.
-No, mamá. Sabes que vas a pasar una noche en vela pensando en ella. Debes hablar con la mujer que amas- La joven, con una sonrisa comprensiva, animó a su madre. -Ve a verla, mamá. Yo estaré bien aquí. Soy bastante grande como para cuidarme sola.
Convencida, Regina se levantó, un torbellino de emociones girando en su interior. -Volveré pronto-prometió, antes de transformarse en una nube de humo morado y desaparecer hacia el hogar de Emma.
Al llegar a la casa y no encontrar a la sheriff, Regina supuso que estaría con sus padres. Se dirigió entonces a la casa de Snow, movida por una mezcla de necesidad y temor. Al acercarse, vio en medio de la calle la figura de Hook, inclinándose hacia Emma para besarla.
El corazón de Regina se detuvo. Sintió como si una mano invisible apretara su estómago, y el dolor sordo que se instaló en su pecho era tanto físico como emocional. Sin poder soportar la escena ni un segundo más, la alcaldesa se giró sobre sus talones y, con otra explosión de humo morado, regresó a la seguridad de su mansión.
Regina reapareció en su salón, el lugar donde había dejado a Amy. Se dejó caer en un sofá, tratando de calmar la tormenta de emociones que amenazaba con desbordarla. Cerró los ojos, intentando bloquear la imagen de Hook y Emma, pero el dolor y la confusión se negaban a ser acallados.
La voz de Amy la sacó de su espiral de tristeza. -¿Todo bien, mamá?- preguntó, acercándose con preocupación evidente en su joven rostro.
Regina miró a su hija, encontrando en ella un refugio inesperado. -No la encontré- mintió, no queriendo preocupar a Amy con la verdad de su dolor. -Hablaremos mañana.
Amy asintió, aunque su mirada intuitiva decía que sabía que algo más había pasado. Se sentó junto a Regina, ofreciendo silencio y compañía, dos regalos simples pero profundamente necesarios.
En la mansión, madre e hija permanecieron juntas, unidas en el silencio de la noche, mientras Regina se enfrentaba a sus sentimientos heridos.
Emma, en desvela ante la situación con Regina decidió enfrentar sus temores e ir en busca de ella, cruzó el umbral del despacho de Regina con el corazón golpeando fuertemente contra su pecho. La alcaldesa estaba de espaldas a ella, sumida en sus documentos, y no se volvió ni siquiera al oír el sonido de la puerta cerrándose con suavidad detrás de Emma.
-Regina, ¿puedo hablar contigo?- dijo Emma, su voz revelando un rastro de nerviosismo. Regina asintió, su postura rígida, pero no giró para enfrentarla.
Emma se sintió un poco más desesperada. -Por favor, ¿podrías mirarme?
Después de una pausa que pareció eterna, Regina se giró lentamente, sus ojos oscuros y fríos encontrando los de Emma.
-Lo siento mucho - Emma empezó, las palabras saliendo en un torrente nervioso. -Sé que he estado distante, y entiendo si estás molesta conmigo. Pero me he sentido tan desplazada, Regina. Todo ha cambiado tan rápidamente entre nosotras y en todo lo demás en mi vida. Mi divorcio, las preguntas constantes de mi hija sobre su padre, mis sentimientos hacia ti… es abrumador.
Regina escuchaba, pero su expresión permanecía cautelosa, casi cerrada. Emma tragó saliva, intentando calmar el temblor en su voz.
-Siento que nunca soy suficiente para ti, que no estoy a tu nivel. Eso me lleva a sentirme insegura, y esos celos… Es horrible. Me sentí incluso celosa de Amy, porque parecía que ella ocupaba todo tu mundo y yo quedaba relegada a un segundo plano. Pensé que estábamos bien, pero de un día para otro dejamos de frecuentarnos, mis visitas a tu casa eran escasas y que decir llegar aquí, siempre estabas ocupada y no me hablabas.
Regina finalmente apartó la vista, su gesto revelando una turbación interna. -Emma, has dicho mucho, y necesito procesarlo todo. No es fácil escuchar que te sientes así, y me duele que pienses que no valoro lo que tenemos.
La sinceridad de su voz hizo que Emma se acercara, tomando asiento sin ser invitada. -Regina, necesito que entiendas algo muy importante- dijo, su voz ahora más firme, más cargada de emoción. -Te amo. Y no es un amor pasajero ni superficial. Es un amor profundo, complicado y a veces doloroso, pero es real. Y sé que no siempre lo demuestro de la mejor manera, pero estoy aquí, luchando por esto, por nosotras. Sé que soy complicada y que la mayoría de las discusiones han sido por mi culpa.
-He visto a Hook y a ti besándose-, soltó sin preámbulos, cortando el aire entre ellas con un filo helado.
Emma sintió como si el suelo se desvaneciera bajo sus pies. -Regina, déjame explicar—
-No- interrumpió Regina con firmeza, levantando una mano. -Ahora no es el momento. Cada vez que tenemos un problema, parece que corres hacia él. Necesito tiempo para pensar, para asimilar todo esto.
Emma se acercó, desesperada por hacerle entender. -Pero si te hubieras quedado un momento más, habrías visto cómo lo rechacé. Le dije que te amaba a ti, Regina. No a él.
Las palabras de Emma flotaron en el aire, cargadas de sinceridad y desesperación. Regina parecía luchar internamente, sus ojos oscilando entre la duda y el dolor.
-Lo siento, Emma- dijo finalmente la alcaldesa, su voz más baja. -Pero en este momento, no puedo hablar de esto. Estoy demasiado… afectada. Necesito tiempo.
La firmeza en su tono dejaba poco espacio para discusión. Emma asintió lentamente, su corazón apretado por la angustia. -Está bien. Te daré el espacio que necesitas. Pero por favor, piensa en mis palabras. Yo… yo realmente te amo, Regina, siempre lo he hecho.
Sin esperar respuesta, Emma se giró y salió del despacho, dejando atrás un silencio denso y pesado. Regina permaneció inmóvil, mirando la puerta cerrada, las palabras de Emma resonando en su mente. El amor declarado, el rechazo a Hook, todo formaba un torbellino de emociones que necesitaba tiempo para ordenar.
Regina y Maléfica se encontraban en la cripta, dispersas hojas y tomos antiguos sobre la mesa, discutiendo los intrincados detalles de un vórtice mágico. La habitación estaba bañada en el resplandor tenue de varias velas, creando sombras danzantes que parecían susurrar antiguos secretos.
-Para asegurarnos de que Amy pueda viajar con seguridad a través del vórtice temporal, necesitamos una combinación precisa de nuestras magias- explicaba Maléfica, con un tono de urgencia en su voz. -Pero ella debe ser el centro, el ancla que piense en la fecha específica a la que necesita retornar, sin alterar el curso natural de los eventos.
Regina asintió, frunciendo el ceño mientras repasaba mentalmente los riesgos. -Es peligroso. Cualquier error en la concentración de Amy podría llevarla a una era incorrecta, o peor aún, fragmentar su esencia a través del tiempo.
-Entiendo los riesgos, Regina, pero es el único camino. Y debes saber, cualquier cosa que salga mal podría afectarnos también a nosotras. La retroalimentación de un hechizo de este calibre podría ser… devastadora.
La tensión entre ellas era palpable, el aire cargado de preocupación y el peso de lo desconocido. Sin embargo, mientras discutían, Regina no notó cómo Maléfica se acercaba sutilmente a ella, un brillo peculiar en sus ojos.
De repente, Regina sintió un frío metálico alrededor de su muñeca. Miró hacia abajo, horrorizada al ver que Maléfica le había colocado una muñequera mágica que empezaba a bloquear su acceso a la magia.
-¿Mal, qué estás haciendo?- Regina intentó retirar la muñequera, pero el objeto se adhería a su piel como si formara parte de ella.
La bruja se acercó aún más, su voz baja y cargada de una emoción no revelada hasta ese momento. -Lo siento, Regina, pero necesito que me escuches, realmente escuches, sin que tu magia interfiera.
Regina forcejeaba, intentando liberarse, mientras Maléfica continuaba. -Durante años he contenido estos sentimientos, deseando algo más que nuestra amistad. Tú y yo, juntas, podríamos ser poderosas, imparables. ¿No lo ves?
Regina, aún luchando, encontró fuerzas para hablar. -Maléfica, esto no está bien. No puedes forzar tus deseos sobre mí. ¡Detente!
Pero Maléfica no parecía dispuesta a retroceder. -Sé que es difícil entenderlo de esta manera, pero he soñado con esto, con nosotras. Si solo pudieras ver lo que podríamos ser…
-Mira lo que estás haciendo- exclamó la alcaldesa, el desprecio y la angustia mezclándose en su voz. -Estás tratando de manipularme, de controlarme. ¡Eso no es amor, es coerción!
Maléfica vaciló por un momento, sus ojos reflejando un torbellino de emociones. -Quizás tienes razón- susurró, finalmente liberando la muñequera de Regina. -Pero necesitaba que supieras cómo me siento, incluso si eso significa arriesgarlo todo.
Regina, libre finalmente, se apartó rápidamente, su corazón latiendo con furia y miedo. -Lo que necesitas es entender que el amor no se toma, se da libremente. Y lo que acabas de hacer nunca podría ser parte de algo que yo desearía.
En el momento en que Regina intentaba recomponerse de la intensa confrontación, Maléfica hizo un último intento de acercarse, su expresión mezclando desesperación y anhelo. Sin embargo, antes de que pudiera dar otro paso, la puerta del la cripta se abrió de golpe, bajando de manera apresurada Emma apareció en el umbral, su rostro marcado por la preocupación y determinación.
-¡Aléjate de ella!- exclamó la sheriff con firmeza, su mirada fija en Maléfica.
La dragona, visiblemente abatida y sorprendida por la interrupción, apenas tuvo tiempo de responder antes de disolverse en un remolino de humo rosado que se desvaneció rápidamente, dejando un silencio cargado de tensión.
Regina, aún temblorosa, observó a Emma con ojos ensanchados por la sorpresa y el alivio. -Emma, ¿cómo sabías… cómo sabías que estaba aquí?
Emma se acercó rápidamente a Regina, extendiendo sus brazos para envolverla en un abrazo reconfortante. -No lo sé con certeza, pero… siento cuando estás en peligro. Sentí que tu magia se desvanecía, como si algo te estuviera sucediendo, y supe que tenía que venir.
Regina se dejó abrazar, encontrando un refugio seguro en los brazos de Emma. -Estaba en la estación cuando sentí que algo no iba bien. No podía ignorarlo, Regina. No cuando se trata de ti.
Emma se apartó ligeramente, mirando a Regina a los ojos. -Sentí a Maléfica mientras me evaporaba hacia aquí. No entendí todo lo que pasaba, pero supede inmediato que necesitabas ayuda.
Regina asintió, su voz temblorosa pero llena de gratitud. -Gracias, Emma. No sé qué habría hecho si no hubieras llegado. Mal… ella me bloqueó la magia, trató de… de hacer algo que no estaba entendiendo del todo.
Emma frunció el ceño, su preocupación evidente. -Eso es manipulación y abuso, Regina. Es peligroso. No puedes dejar que esto quede así. Necesitas protegerte, necesito protegerte.
-Está bien- respondió Regina, tomando una respiración profunda. -Voy a tomar medidas para asegurarme de que esto no vuelva a suceder. No puedo permitir que mis emociones o mi magia sean usadas contra mí de esa manera.
Emma asintió, su mano apretando suavemente el brazo de Regina en señal de apoyo. -Estoy aquí para lo que necesites.
En el momento íntimo que siguió, Emma cerró la distancia entre ellas con un paso decisivo, capturando los labios de Regina en un beso lleno de anhelo y amor. Regina, sorprendida al principio, se dejó llevar por el contacto, sus reservas desvaneciéndose bajo el calor de Emma.
Mientras sus labios se movían en un ritmo compartido, la salvadora murmuraba entre besos, -Haré lo que sea necesario para asegurarme de que estés bien. Cuando dejé de sentir tu magia, me desesperé.
Sus besos se hacían más urgentes, más demandantes, mientras la intensidad de sus palabras llenaba el aire entre ellas. -Y si es necesario, enfrentaré a Maléfica de nuevo y le dejaré muy claro que tú eres mía-dijo Emma con una firmeza que vibraba con un tono protector y posesivo.
Regina, su corazón latiendo con fuerza, no intentaba apartarse; en cambio, se encontraba respondiendo con igual pasión, permitiéndose ser consumida por las emociones que la rubia despertaba en ella. Cuando Emma se separó ligeramente, sus ojos encontraron los de Regina con una intensidad ardiente.
-¿Desde cuándo la salvadora es tan posesiva?- preguntó Regina, su voz un suave murmullo que vibraba con curiosidad y un toque de asombro.
Emma sonrió, su mano acariciando suavemente la mejilla de Regina, manteniendo su mirada fija en sus ojos oscuros. -Cuando se trata de ti, siempre he sido posesiva, Regina. Solo he tratado de disimularlo bien.
En ese instante, una sonrisa genuina se formó en los labios de Regina, un calor diferente llenando su pecho. La declaración de Emma no solo revelaba la profundidad de sus sentimientos, sino que también le daba a la alcaldesa una seguridad que no había sentido en mucho tiempo.
La intensidad de sus besos apenas disminuía cuando el teléfono de Emma comenzó a sonar, una intrusión discordante en el mundo que habían creado juntas. La sheriff frunció el ceño, sabiendo que tendría que atender la llamada, pero no estaba dispuesta a romper el contacto tan fácilmente. Mientras atendía el teléfono, su voz se mezclaba con los besos que seguía depositando en los labios de Regina.
-Lo siento, tengo que irme- murmuró Emma, después de colgar, sus manos todavía explorando la espalda de Regina con movimientos suaves pero firmes. Regina, por su parte, mantenía sus brazos enredados alrededor del cuello de Emma, reacia a dejarla partir.
Emma se alejó ligeramente, lo suficiente para mirarla a los ojos. -Te echo de menos- confesó, su voz cargada de un anhelo que iba más allá de la proximidad física.
Regina, sonriendo levemente, respondió, -Pero si estoy justo aquí- Su tono era juguetón, tratando de aliviar el pesar de la inminente despedida.
-Sí, pero te extraño… de otra manera- Emma intentó explicar, sus palabras cargadas de significados más profundos y emociones que no podían ser satisfechas por meros encuentros físicos.
Regina elevó una ceja, su sonrisa ensanchándose. -No entiendo- dijo, desafiando a la salvadora a elaborar más.
En respuesta, Emma, con un gesto audaz, tomó una de las piernas de Regina y la elevó, aumentando la intimidad de su abrazo. El contacto intensificó la tensión entre ellas, y un susurro de excitación escapó de los labios de Regina.
Sin poder resistirse más, Emma la besó con renovada pasión, un beso que sellaba promesas y deseos no dichos, solicitando permiso con su lengua la entrada a la boca de Regina, esta respondió de manera más profunda. Finalmente, se separaron, respiraciones entrecortadas y miradas que no querían despedirse.
-Nos vemos pronto- prometió la sheriff, antes de darle un último beso a su morena, quien, a pesar de todo, se sintió increíblemente ligera. A pesar del reciente encuentro con Maléfica, la presencia y las palabras de Emma habían restaurado un sentido de paz y seguridad en su corazón.
Con un suspiro, Regina observó cómo la salvadora se alejaba, y aunque la separación era necesaria, el eco de sus labios y el calor de su abrazo seguían vibrando en su piel. En ese momento, supo que, sin importar los desafíos que enfrentaran, su conexión con Emma era una constante en la que podía confiar.
