Esté capitulo me salio un poco más largo, todavía estoy viendo cuantos capitulos tendrán esta historia y también quería preguntar si estarían dispuesto a leer otro fic relacionada a estas mujeres, pero aquí sería como en las temporadas 4 o 5, siento que fueron las más Swanqueen que nos dieron. Estaré pendiente si sugieren algo. Disfruten.


Regina y Amy se encontraban sentadas en el acogedor salón de la mansión, el ambiente tranquilo contrastaba con la intensidad de su conversación. Regina, con expresión serena pero determinada, explicaba los detalles del plan para crear el vórtice que permitiría a Amy regresar a su línea temporal.

-Entonces, Amy-, comenzó Regina, su tono firme pero compasivo, -Necesitaremos combinar nuestras magia para crear el vórtice. Será un proceso delicado y requerirá una gran concentración.

Amy asintió, absorbida por la explicación de su madre. -Entiendo-, dijo con seriedad, su mirada reflejaba su determinación. -Pero, ¿Emma estará ahí también? ¿Se verán afectadas?-, preguntó, preocupada por sus madres.

Regina inhaló profundamente antes de responder. -Emma y yo estaremos bien-, aseguró con confianza, aunque una sombra de preocupación cruzó sus ojos oscuros. -Este proceso es necesario, cariño. Solo debes concentrarte.

La niña asintió, comprendiendo la importancia de la tarea que tenían por delante. -Entiendo, mamá-, dijo con determinación, su voz firme a pesar de la incertidumbre que sentía. -Haré todo lo posible poder para ayudar.

Regina sonrió con orgullo. -Eso es todo lo que puedo pedir-, dijo suavemente, colocando una mano reconfortante sobre la de su hija.

Regina se levantó con curiosidad al escuchar el suave golpeteo en la puerta. Al abrir, se encontró con la sorprendente presencia de Snow. Su expresión de desconcierto fue palpable cuando Amy, emocionada, corrió hacia la puerta para abrazar a su abuela.

-¡Abuela!- exclamó Amy, envolviendo a Snow en un abrazo afectuoso.

Regina observó la escena con incredulidad, sintiéndose un tanto desconcertada por la repentina cercanía entre su hija hacía ella. La reacción de la maestra, sin embargo, fue tranquila y confiada.

-¡Amy!, respondió Snow con cariño, devolviendo el abrazo con ternura. -Qué bueno verte.

Regina se mantuvo en silencio, aún procesando la presencia de la pelo corto y la revelación que esta implicaba. Antes de que pudiera articular una pregunta, Snow tomó la iniciativa.

-Regina, ya sé todo-, dijo con seriedad, mirando a la alcaldesa con comprensión.

Regina asintió, sintiendo un nudo en la garganta mientras seguía a Snow hacia la cocina. Mientras la niña y la maestra preparaban su famoso chocolate con nata y canela, la alcaldesa se quedó sumida en sus pensamientos, tratando de asimilar la situación.

El ambiente se llenó con el aroma reconfortante de la canela , y Regina finalmente rompió el silencio.

-¿Cómo… cómo lo supiste?-, preguntó, su voz apenas un susurro de incredulidad.

Snow sonrió con tranquilidad mientras servía las tazas y para Regina su indiscutible café negro. -Oh, Regina, siempre he sido buena analizando a las personas. Además, ¿Crees que no noté la semejanza entre la niña y ustedes?

Regina soltó una risa nerviosa, reconociendo la perspicacia de Snow. -Supongo que no hay mucho que escape a tu atención, ¿verdad?

La maestra asintió, reconociendo la validez de la respuesta de Regina.

La alcaldesa toma la palabra -Es complicado-, comenzó a explicar, -La situación de Amy es delicada. Cualquier cambio aquí podría tener consecuencias imprevistas en su futuro. Por eso, mantener este secreto es crucial para protegerla. Y conociendo tu historial Snow, dejame tener un poco en duda si mantendrás el secreto o no.

Snow frunció el ceño, tratando de comprender la complejidad de la situación. -Entiendo-, dijo, -Pero ¿Qué hay de Emma? ¿No debería saber que Amy es su hija también?

Regina suspiró, sintiendo el peso de la responsabilidad. -Lo sé, pero si Emma lo supiera, complicaría aún más las cosas. Además, Amy todavía no está lista para decirle.

La niña permaneció en silencio, observando la conversación entre su madre y su abuela con atención. Finalmente, Regina se volvió hacia ella, buscando confirmación.

-¿Quién más sabe?-, preguntó Regina, su voz suave pero firme.

Amy miró a su abuela antes de responder. -Solo Henry y Snow lo saben, igual que tú, mamá. No le he dicho a nadie. Henry lo notó el primer día que lo encontramos en la cafetería, por ese motivo pasaba mucho tiempo con el y bueno, la abuela fue hace unos días que también se enteró por si sola, de verdad yo no he dicho nada.

Snow asintió, confirmando lo que su nieta decía- Pero Regina, ¿cómo es posible que tardaras tanto en descubrirlo? Y ¿Emma todavía no se ha dado cuenta?

Regina se sintió momentáneamente abrumada por la pregunta. -Es complejo, Snow-, admitió, -Pero estoy tratando de manejarlo lo mejor que puedo. Y sobre Emma… bueno, creo que hay cosas que ella no está lista para enfrentar todavía. En estos momentos, ella se encuentra con su estado emocional muy alto. Todo cambio le está abrumando.

- ¿No estás enojada que esté con tu hija? ¿Molesta?- dijo la alcaldesa apenas con un hilo de voz.

Snow deja la taza en la mesa y la mira – Emma nos los dijo, a David y a mi, lo tomamos bien si eso te preocupa. No sé porqué te sorprendes, ustedes se rondaban una a la otra durante años. Y también estoy de acuerdo en relación a contarle sobre la niña-, dijo con seriedad, -Es mejor que Emma lo sepa por ustedes cuando llegue el momento adecuado. Pero si ella lo descubre sola, créeme que no te lo perdonará.

Regina asintió, agradecida por la comprensión de la maestra. -Lo sé, Snow. Prometo que hablaré con Emma cuando sea el momento adecuado y gracias.

Con una sonrisa, Snow se levantó de su asiento. -Bueno, creo que me voy. Solo quería asegurarme de que estuvieran bien y también pasar tiempo con mi nieta. Estoy emocionada de conocerla.

Amy se acercó a Snow y la abrazó con cariño. -Gracias, abuela. Estoy feliz de tenerte aquí.

La maestra le devolvió el abrazo con ternura antes de mirar a Regina, notando su expresión pensativa. -Supongo que seguiremos eternamente entrelazadas como familia, ¿No es así?-, dijo con una ligera sonrisa.

La alcaldesa no pudo evitar reírse, reconociendo la verdad en las palabras de Snow. -Parece que sí-, respondió con sinceridad, acompañandola hacia la puerta.

Una vez que la maestra se fue, Regina se volvió hacia Amy con una mirada reflexiva. -Debemos de enfrentar la verdad con Emma-, dijo con determinación, pensando en cómo manejar la situación con su otra madre, consciente de su naturaleza impulsiva.

La conversación continuó entre madre e hija, mientras Regina reflexionaba sobre cómo abordar el delicado tema con Emma, sabiendo que su reacción podría ser impredecible.

Emma se encontraba con Hope en su casa cuando escuchó el timbre. Al abrir la puerta, se sorprendió al ver al pirata parado frente a ella.

-Hook, ¿qué haces aquí?- preguntó Emma, con una mezcla de sorpresa y confusión en su voz.

-Vine a ver a Hope, ¿puedo pasar?- respondió, con una sonrisa amable.

Emma asintió, dejando paso libre. -Sí, por supuesto. Hope está adentro, dibujando en la mesa de centro-, dijo, indicando con la mano el camino hacia la sala de estar.

El pirata entró en la casa y se dirigió hacia donde estaba su hija. Mientras caminaba, notó la distancia que la salvadora mantenía con él. Decidió abordar el tema.

-Emma, ¿pasa algo? ¿Quieres unirte a nosotros?-, comentó Hook, con preocupación en su voz.

La sheriff suspiró. -No. Estoy un poco ocupada- respondió, tratando de evadir la cercanía del pirata.

Hook frunció el ceño, notando la evasión de Emma. -Claro, cuando termines puedes unirte a Hope le alegrará a su familia reunida.

Emma asintió con gratitud, pero su expresión seguía siendo distante. -Después-, dijo.

El pirata se quedó pensativo mientras se acercaba a la mesa de centro donde Hope estaba dibujando. Observó a Emma desde lejos y notó la tensión entre ellos. Se preguntaba si Regina tenía algo que ver con el cambio de comportamiento de ella. Desde que estaban juntas, recuperarla había sido complicado para él. Culpar a Regina era lo más fácil, pero sabía que la situación era más complicada que eso.

Emma que se encontraba en la cocina se sobresaltó al escuchar el timbre, preguntándose quién podría ser a esa hora. Al abrir la puerta, se encontró con Regina y Amy paradas frente a ella, lo que la dejó sorprendida pero alegre.

-Regina, chica, ¿qué hacen aquí?- exclamó Emma, con una sonrisa en el rostro.

Regina sonrió dulcemente. -Solo queríamos pasar a saludar. ¿Podemos entrar?

Emma asintió, dejándolas pasar. Mientras lo hacían, Regina notó la presencia de del pirata en el sofá, quien la miraba con una expresión triunfante. Decidió tomar la iniciativa. La alcaldesa se acercó a la sheriff con determinación, captando la mirada de Hook. Sin titubear, Regina se inclinó y besó a Emma suavemente, desafiando la presencia del pirata.

-Emma, pensé que estarías sola con Hope, pero podríamos volver después-, dijo Regina, con una sonrisa juguetona.

La sheriff negó con la cabeza. -No, Regina, Hook ya se iba-, respondió, deteniendo a la alcaldesa antes de que se fuera.

La morena se giró hacia el pirata, ahora ella con la mirada triunfante. -Supongo que es así-, dijo, con una sonrisa desafiante.

Hook se puso de pie, reconociendo la indirecta. -Sí, claro. Tenía algo que hacer de todos modos-, afirmó, tomando su chaqueta y despidiéndose de su hija.

Mientras tanto, Hope seguía absorta en sus dibujos, hasta que levantó la mirada y vio a Regina. Corrió hacia ella, abrazándola con entusiasmo. Hook observó la escena con una mezcla de sorpresa y desconcierto antes de marcharse.

Emma observó a Regina, con una sonrisa de medio lado, notando la actitud posesiva que la alcaldesa había mostrado hacia el pirata momentos antes. Amy, por su parte, solo sonreía y llevaba a Hope a su habitación para jugar, dejándolas un momento de intimidad.

La rubia y la alcaldesa se encontraban solas en la sala, y la alcaldesa no pudo evitar notar la mirada intensa de la sheriff. -No sabía que su Alteza fuera tan posesiva-, comentó, con una sonrisa pícara.

Regina se acercó a ella lentamente, con una mirada llena de deseo. -Hay muchas cosas que no sabes, mi querida sheriff-, murmuró, acorralándola suavemente contra la pared antes de tomar sus labios en un beso apasionado.

Emma se dejó llevar por el ardor del momento, envolviendo la cintura de Regina con sus brazos mientras profundizaban el beso. Cada roce, cada suspiro, encendía la pasión entre ellas, envolviéndolas en un torbellino de sensaciones.

Cuando finalmente se separaron, Emma recuperó el aliento, con los ojos brillando de deseo. -¿Por qué están aquí, realmente?-, preguntó, su voz apenas un susurro.

Regina sintió la intensidad de la mirada de Emma sobre ella y cedió, sabiendo que era el momento de hablar. -Necesitaba hablar contigo-, admitió, suavizando su expresión mientras se perdía en los ojos marrones de la sheriff.

Emma asintió con una sonrisa irónica ante el comentario de Regina. -Parece que últimamente el 'tenemos que hablar' ha sido una constante en nuestra relación-, observó, con un toque de humor.

Regina le devolvió la sonrisa, apreciando el gesto ligero de Emma. -Eres muy intensa, querida- bromeó, mientras Emma tomaba su mano y la guiaba hacia el sillón.

Mientras se sentaban, la alcaldesa trató de reunir sus pensamientos para abordar el tema delicado que tenía en mente. Antes de que pudiera comenzar, la rubia la interrumpió amablemente. -Puedes decirme lo que sea, Regina. Estoy aquí para ti-, aseguró, su mirada llena de calidez y comprensión.

Regina respiró hondo, preparándose para abordar el tema. -¿Qué pensarías si te dijera que tengo una hija?-, planteó, observando la reacción de Emma con cautela.

Emma quedó perpleja ante la pregunta, su mente girando mientras intentaba procesar la revelación. -Una hija…-, murmuró, su expresión reflejando una mezcla de sorpresa y curiosidad. -No me lo esperaba, pero… estaría feliz de conocerla-, respondió sinceramente, buscando los ojos de Regina en busca de más detalles y tratando que su súper poder le dijera que estuviera mintiendo.

-Todo esto es hipotético ¿Cierto?- comentó la salvadora, tratando de entender la conversación que está teniendo – Si tuvieras una hija, yo ya lo hubiera conocido o sabría de ella- dijo nerviosa.

Regina la mira a los ojos para que pueda entender donde llevaría todo esto – Es verdad, Emma.

La sheriff se levantó del sillón con incredulidad, comenzando a dar vueltas por la habitación mientras hablaba. -Espera, espera… ¿Estás diciendo que tienes una hija de verdad? ¿Y ahora me lo estás contando? ¿La diste en adopción y ahora está de vuelta? ¿La tuviste en el Bosque Encantado?- preguntó, con una mezcla de incredulidad y confusión.

Regina observó a Emma con una sonrisa indulgente, disfrutando del torrente de preguntas y comentarios que salían de la boca de su pareja. Con ternura, tomó la mano de Emma y la llevó de vuelta al sillón, intentando calmar su agitación.

Antes de que Regina pudiera explicar, Amy hizo su entrada en la habitación nerviosa. -¡Hola mamá! ¡Hola, Emma!- saludó.

Emma se giró abruptamente hacia la chica, quedando petrificada por la revelación. -¿¡Tú eres su hija!?-exclamó, sus ojos abiertos como platos mientras intentaba procesar la sorprendente noticia.

Regina asintió con una sonrisa. -Sí, Amy es mi hija, es un poco confuso todo esto Emma, pero tiene una explicación-, confirmó, mientras Amy se acercaba para sentarse frente de sus madres.

Emma se dejó caer de nuevo en el sofá, todavía aturdida por la revelación. -"¡Vaya sorpresa!"-, murmuró, tratando de asimilar la situación. Sus ojos se posaron en Regina, con una expresión de incredulidad y sorpresa. Lentamente, su rostro adquirió una tensión palpable y su tez se volvió pálida mientras procesaba la información.

-¿Quieres decir que al final no estaremos juntas? ¿Que tú… conocerás a alguien más?- preguntó Emma con voz temblorosa, su mirada clavada en Regina.

Regina se acercó a Emma con expresión comprensiva, tratando de calmar su agitación. -No, Emma, no es así-, aseguró, extendiendo una mano hacia ella en un intento de consolarla.

Amy, sintiendo la tensión en el ambiente, intentó intervenir para ofrecer algunas palabras de aliento, pero Regina le hizo un gesto para que se mantuviera en silencio. -Amy, ¿podrías ir a jugar con Hope en su habitación un rato?- pidió Regina, con una mezcla de firmeza y ternura en su voz.

La niña frunció el ceño ligeramente, no muy convencida de dejar a su madre y Emma solas en ese momento delicado, pero asintió resignadamente y se dirigió hacia la habitación de Hope.

La alcaldesa se acercó a la rubia con cautela, consciente de la confusión y la angustia que la invadían. -Emma, por favor, déjame explicarte-, dijo suavemente, extendiendo una mano hacia ella con gesto tranquilizador. La salvadora, aún visiblemente afectada por la revelación, se levantó del sofá y se dirigió a la cocina en busca de agua, seguida de cerca por la morena. La tensión entre ellas era confusa mientras esperaban a que Emma se calmara lo suficiente como para escuchar las explicaciones de la alcaldesa.

Regina rodeó a la rubia con sus brazos, buscando consolarla en medio de su angustia. -Por favor, Emma, escúchame-, suplicó, sintiendo el peso de la tristeza en sus palabras. -Deja de torturarte con pensamientos que no son reales.

La sheriff se giró para enfrentar a esos ojos marrones, su mirada reflejando una profunda tristeza. -Ha sido tan difícil conseguir mi final feliz-, murmuró con voz quebrada, mientras tomaba la mano de Regina en busca de consuelo. -He pasado por tanto, y cuando finalmente creí que lo tenía todo, se me escapa de entre los dedos.

Regina observó a Emma con compasión, sintiendo el dolor que la embargaba. -Yo también he perdido muchas oportunidades-, confesó con sinceridad, acariciando las mejillas de la rubia con ternura. -Pero aún así, aquí estoy, dispuesta a comenzar contigo, a darnos una oportunidad que nunca pensé que tendría.

Sus palabras resonaron en el aire, cargadas de emociones y esperanza. Regina se acercó a Emma y la besó suavemente, transmitiendo todo su amor y su deseo de construir un futuro juntas. En ese momento, entre el silencio y el roce de sus labios, parecía que el mundo se detenía, permitiéndoles encontrar consuelo y fuerza el uno en el otro.

Emma se dejó llevar por la pasión del momento, profundizando el contacto con Regina mientras sus labios se encontraban en un beso ardiente y apasionado, sus lenguas se encontraban para tratar de dominarla. Por un instante, todo lo demás pareció desvanecerse, dejando solo el calor de su conexión.

Después de un rato, la alcaldesa se apartó suavemente, buscando la mirada de Emma con seriedad. -Por favor, escúchame atentamente-, pidió, consciente de la delicadeza del tema que estaba a punto de abordar.

La sheriff asintió, su expresión ahora más seria mientras la observaba con atención, lista para recibir lo que tenía que decir.

Regina comenzó a explicar con cuidado, eligiendo cada palabra con cautela. -La niña que llegó del futuro por accidente… también es tu hija-, reveló, observando la reacción de Emma con cautela.

La salvadora no dijo nada, solo escuchó en silencio mientras Regina continuaba. -En el futuro, tú y yo… somos sus madres-, explicó Regina, su tono cargado de emoción y preocupación. -No sé cómo sucedió todo, solo sé que nuestra hija necesita nuestra ayuda para volver a su tiempo real.

Emma se encontraba ahora sentada en la silla de la cocina, asimilando la información mientras su mente trabajaba a toda velocidad. Regina permanecía de pie frente a ella, esperando pacientemente su reacción, consciente del impacto de sus palabras.

La atmósfera en la cocina era tensa, llena de expectación mientras la salvadora procesaba la revelación que acababa de escuchar. Por fin, levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Regina, su expresión reflejando una mezcla de sorpresa, confusión y una chispa de comprensión.

Emma se quedó en silencio por un momento, sintiendo el peso de la revelación que acababa de escuchar. Cuando por fin habló, su voz sonaba temblorosa pero decidida. -Es… mi hija-, dijo en voz alta, dejando que las palabras resonaran en el aire.

Se levantó lentamente, sintiendo la necesidad de espacio para asimilar toda la información que acababa de recibir. Regina, comprensiva como siempre, asintió y le ofreció su apoyo silencioso. La sheriff tomó la mano de la alcaldesa en un gesto de gratitud y afecto, agradeciéndole por entender su necesidad de procesar todo.

-Regina, necesito tiempo para asimilar esto-, dijo Emma, su voz temblorosa reflejando la conmoción que sentía. -Estoy un poco asustada, pero… sé que lo resolveremos juntas.

Regina le devolvió el abrazo con ternura, prometiéndole que estaría allí para ella. Se despidieron con un beso, con Emma prometiendo entender todo esto con el tiempo.

Mientras Amy y Hope se acercaban, Regina llamó a la niña para que se prepararan para irse. Hope, con su característica energía infantil, se acercó a Emma, anunciando que tenían hambre. La salvadora sonrió débilmente, agradecida por el cambio de tema.

Regina se despidió con una mirada comprensiva hacia Emma antes de llevarse a su hija de regreso a su mansión para cenar, dejando a la rubia con su torbellino de pensamientos y emociones.

Una semana había transcurrido desde que Emma se había replegado en sí misma, sumergiéndose en su trabajo, cuidando de Hope y manteniéndose en casa. Evitaba acercarse a Snow desde que descubrió que también estaba al tanto de la situación con la niña, y aunque intentaba no sentirse molesta, su don siempre le susurraba que algo no estaba bien.

Mientras tanto, Regina se encontraba nerviosa, caminando de un lado a otro en su despacho. Se debatía entre la necesidad de acercarse a Emma y el miedo a invadir su espacio. La incertidumbre la atormentaba, sin saber cómo abordar el tema que los separaba.

En ese momento, Henry entró a su oficina con su característica energía, preguntando por su madre Emma. Regina le confesó todo lo que había estado ocurriendo, compartiendo su preocupación por la distancia que la sheriff mantenía.

Henry se sentó frente a Regina, adoptando una postura reconfortante mientras escuchaba atentamente sus preocupaciones. Su voz era suave pero firme, transmitiendo un sentido de calma en medio de la incertidumbre. -Mamá, sé que esto ha sido difícil para ti-, comenzó, buscando las palabras adecuadas para ofrecer consuelo.

Regina asintió con gratitud, apreciando el gesto de Henry. Sus ojos reflejaban una mezcla de ansiedad y determinación mientras seguía cada palabra de su hijo. -Sí, Henry, ha sido una semana complicada-, admitió, permitiéndose un momento de vulnerabilidad frente a su hijo.

Henry continuó, tratando de aliviar la tensión con un toque de humor. -Ya sabes cómo es mamá-, dijo con una sonrisa, recordando algunas situaciones pasadas en las que Emma había enfrentado desafíos con su característico ingenio. -Siempre encuentra una manera de salir adelante, ¿verdad? Pero siempre suele encerrarse a si misma- agregó, esperando que sus palabras trajeran un poco de luz a la situación.

Regina asintió, dejando escapar una pequeña risa nerviosa. -Sí, eso es cierto-, concedió, permitiéndose una pequeña pausa para reflexionar sobre las palabras de Henry. -Aunque a veces su forma de enfrentar las cosas puede ser un poco… peculiar-, agregó con una sonrisa irónica, recordando algunas de las travesuras de Emma en el pasado.

La expresión de la alcaldesa se suavizó mientras escuchaba a Henry. Sus palabras le recordaban la fuerza y la determinación de Emma, cualidades que admiraba profundamente en su pareja. -Gracias, cariño-, dijo sinceramente, sintiéndose reconfortada por el apoyo de su hijo. -Realmente necesitaba escuchar eso.

Amy entró a la oficina de la sheriff con determinación, buscando respuestas en el rostro preocupado de su madre. La rubia la miró con sorpresa cuando la vio entrar y se enderezó en su silla, preparándose para la conversación que se avecinaba.

-¿Qué haces aquí, chica?-, preguntó Emma con suavidad, tratando de entender por qué su hija estaba allí en lugar de estar en casa de Regina.

La niña ojos aguamarina se sentó frente a Emma, su expresión seria reflejando su preocupación. -¿Estás así por mi culpa, verdad?-, preguntó, su voz revelando una mezcla de temor y determinación.

Emma se apresuró a negar con la cabeza. -No, chica, no es por tu culpa-, respondió rápidamente, tratando de disipar los temores de su hija. -Es solo que hay algunas cosas complicadas que necesito procesar.

La niña frunció el ceño, sin entender completamente. -¿Complicadas? ¿Qué quieres decir?-, preguntó, buscando respuestas en los ojos de su madre.

Emma suspiró, tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicar la situación. -Verás, es difícil de explicar-, comenzó, su tono reflejando la complejidad de sus emociones. -No es que no esté feliz de que Regina y yo formemos una familia y que tu seas fruto de ello. Es solo que… todo es un poco confuso para mí.

Amy asintió lentamente, absorbiendo las palabras de su madre. -¿Confuso? ¿Por qué?-, preguntó, frunciendo el ceño con curiosidad.

Emma bajó la mirada, sintiéndose avergonzada al admitir la verdad. -Porque… porque cada vez que tengo algún tipo de relación, termino embarazada-, confesó, su voz apenas un susurro lleno de vergüenza.

Amy la miró con incredulidad, procesando la revelación de su madre. -¿Qué quieres decir?-, preguntó -Regina fue quien quedó embarazada-, dijo Amy.

Emma quedó atónita ante la revelación, sin poder creer lo que estaba pasando. La sheriff escuchó atentamente las palabras de Amy, su mente tratando de procesar toda la información. -Eso no puede ser-, dijo con incredulidad, recordando las conversaciones pasadas con la reina sobre el tema. -Regina me dijo una vez que tomó medidas para asegurarse de que no quedara embarazada.

Amy frunció el ceño -Solo sé que Regina es quien me tuvo a mí.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Emma al imaginar a la alcaldesa embarazada, un pensamiento que la llenaba de alegría y emoción. Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos por las palabras directas de la niña.

-¿Sabes qué es lo peor de todo?-, dijo Amy, su voz resonando en la habitación. -Regina estuvo toda una semana preocupada por ti y tu solo sentías vergüenza.

La sheriff sintió un nudo en la garganta al darse cuenta del impacto de sus propias acciones en su hija. -Lo siento, chica-, murmuró, sintiéndose avergonzada por su comportamiento. -No debería haberme alejado.

Amy se levantó de su asiento, su expresión seria y determinada. -Tendrás que hacer algo bien elaborado para ir donde mamá-, dijo en voz alta, su tono reflejando su determinación. -De verdad estuvo mal todos estos días , pensando que tu te sentías abrumada por la noticia.

Emma asintió, decidida a enmendar su error. -Lo haré. Haré todo lo posible para que Regina me disculpe nuevamente.

Amy le ofreció una sonrisa de aprobación. - Mamá se quedará hasta tarde en el despacho-, comenzó a explicar, entregándole una llave. -Ve a la mansión y prepárale una cena romántica. Le encantará.

La sheriff tomó la llave con determinación, agradecida por el plan de su hija. -Entendido, Amy. Y tú ve con Snow a buscar a Hope.

Amy asintió emocionada. -Sí, iré a la casa de mis abuelos con mi hermana. Así ustedes tendrán intimidad y podrán disfrutar de su cena romántica y algo más.

Emma sonrió ante el ingenioso plan de su hija. -Mañana las pasaremos a buscar, ¡gracias por la ayuda, chica!

Antes de dirigirse al supermercado, pasó por la tienda de Granny para conseguir la receta perfecta de ternera y papas. La buena señora le dio algunos consejos y le entregó una receta que prometía ser exquisita. Con la lista de ingredientes en mano, Emma se dirigió decidida a encontrar los mejores productos para impresionar a Regina.

Una vez en el supermercado, Emma se tomó su tiempo para seleccionar cada ingrediente con cuidado. Se aseguró de elegir la mejor carne, las papas más frescas y los ingredientes más sabrosos para el postre. Mientras caminaba por los pasillos, se encontró con David, quien estaba haciendo algunas compras para la cena familiar.

-¿Necesitas algo, Emma?- preguntó David, sorprendido de ver a Emma en el supermercado.

La sheriff sonrió y explicó su plan de hacer una cena romántica para Regina. -Necesito que me cubras en el turno de la tarde-, dijo, esperando que David pudiera ayudarla.

David asintió con entusiasmo. -Claro, puedo hacerlo. Solo déjame saber lo que necesitas-, ofreció, mostrando su apoyo a la iniciativa de Emma.

Con la colaboración de David asegurada, la salvadora continuó con su búsqueda de ingredientes. Llenó su carrito con todo lo necesario para preparar la deliciosa cena: la mejor carne, las papas, ingredientes para la tarta de manzana y una botella de vino tinto para acompañar la cena.

Una vez que tuvo todo lo que necesitaba, Emma se dirigió al mostrador para pagar y luego se apresuró hacia la mansión de Regina. Con las manos llenas de bolsas de compras, entró en la cocina y comenzó a trabajar en la preparación de la cena.

El delicioso aroma de la carne asándose en el horno llenaba la cocina mientras Emma pelaba y cortaba las papas con destreza. Siguió la receta de Granny al pie de la letra, asegurándose de que cada paso se llevara a cabo con precisión. Mientras tanto, la tarta de manzana estaba en el horno, llenando la casa con su aroma reconfortante.

Emma se tomó un momento para vestirse apropiadamente para la ocasión. Se puso un elegante vestido rojo ajustado por encima de la rodilla, sintiéndose lista para impresionar a Regina. Luego, colocó cuidadosamente las rosas que había comprado en un jarrón para decorar la mesa.

A medida que la cena tomaba forma, Emma se sentía cada vez más emocionada. Todo estaba saliendo según lo planeado y no podía esperar a ver la reacción de Regina cuando llegara a casa. Con solo un par de horas para dejar todo listo, la sheriff trabajó con diligencia, asegurándose de que cada detalle estuviera perfecto para la ocasión especial.

Cuando todo estuvo listo, la salvaodra se tomó un momento para admirar su trabajo. La mesa estaba elegantemente decorada, la cena estaba lista para ser servida y la casa estaba impregnada de un ambiente cálido y acogedor. Estaba lista para recibir a Regina y hacer de esta una velada inolvidable.

Regina llamó a Amy para indicarle que llegaría a la casa para hacer la cena, la cual la niña le dijo que le tenía una sorpresa y se dirigió a su Mercedes. El trayecto hacia su hogar estuvo lleno de anticipación, preguntándose qué le esperaba al llegar. Al abrir la puerta, fue recibida por el delicioso aroma de la cena que llenaba la casa. Llamó a Amy para preguntarle qué había preparado, pero antes de obtener una respuesta, se encontró cara a cara con Emma, quien sostenía una copa de vino en su mano.

El shock se reflejaba en el rostro de Regina al ver a la salvadora tan hermosa, con su pelo rubio ondulado cayendo suavemente sobre sus hombros, su elegante vestido rojo y sus zapatos de tacón negro. Sin decir una palabra, Emma tomó el abrigo de la alcaldesa y su cartera, pasándole la copa de vino antes de sellar el momento con un beso en los labios.

-Te estaba esperando-, dijo Emma con una sonrisa, indicándole a Regina que podía ir a la mesa, donde todo estaba listo para la cena. Las ojos marrones asintió, aún sorprendida por la situación, y se dirigió a la mesa, observando la meticulosa decoración que la rubia había preparado.

La sheriff se unió a ella en la mesa, trayendo consigo la cena y comenzando a servir. Regina notó la atención al detalle en cada plato, la cuidadosa disposición de los cubiertos y la elegante presentación de la comida. A medida que Emma servía, Regina admiraba su habilidad para crear un ambiente tan romántico y acogedor.

La alcaldesa rompió el silencio que había dominado el ambiente y preguntó con curiosidad a qué se debía toda esa preparación.

-¿Qué es todo esto, Emma?-, inquirió, mirando alrededor con asombro.

Emma, sintiendo el peso de su comportamiento de la última semana, comenzó a disculparse, admitiendo que incluso le daba vergüenza admitir lo que había estado pasando por su cabeza.

-Lo siento mucho, Regina-, comenzó la rubia, sus palabras saliendo con cierta vacilación. -He estado… comportándome de manera extraña últimamente.

Regina asintió, su mirada llena de comprensión, alentando a la rubia a seguir.

-Sabes, me ha costado… asimilar todo esto-, continuó la salvadora, sus palabras fluyendo con sinceridad. -Descubrir la verdad sobre… sobre Amy, sobre todo. Al principio fue abrumador.

Regina permaneció en silencio, dándole a Emma el espacio para expresarse.

-Es solo que… me sentía avergonzada-, confesó la sheriff, sus ojos bajando momentáneamente antes de volver a encontrar los de Regina. -Vergüenza de pensar que… que tal vez era demasiado fértil, que cada vez que estoy en una relación, termino… termino embarazada.

Regina escuchaba atentamente, su expresión tranquila pero comprensiva.

-Entonces… ¿todo este despliegue es por eso?-, preguntó la alcaldesa, buscando claridad.

Emma asintió, sintiendo un nudo en la garganta mientras continuaba explicando sus sentimientos.

-Lo siento tanto, Regina-, se disculpó Emma de nuevo, su voz cargada de arrepentimiento. -No quería… no quería alejarme de ti. Solo… no sabía cómo manejarlo todo.

Regina se acercó a Emma, colocando con suavidad una mano en su mano en un gesto de consuelo.

-Emma, entiendo-, respondió Regina con calma. -Te di espacio porque sé lo testaruda que puedes ser cuando te enfrentas a algo nuevo. Pero estamos juntas en esto, ¿de acuerdo?

La salvadora asintió con gratitud, sintiendo un peso levantado de sus hombros al saber que Regina la entendía.

La rubia respiró profundamente antes de confesarle a la alcaldesa el papel de Amy en toda la preparación.

-Regina, necesito que sepas que… Amy fue quien sugirió la cena-, comenzó Emma, buscando los ojos de Regina en busca de comprensión.

La alcaldesa asintió, dejando que Emma continuara.

-Y también fue a la comisaría-, continuó la salvadora, su voz resonando con sinceridad. -Quería… quería explicar todo, saber por mi comportamiento. Y también comento… -, continuó Emma, sintiendo el peso de sus palabras -Regina, ella… ella me dijo que tú fuiste quien la tuvo.

Regina se quedó en silencio por un momento, procesando la información. Cuando finalmente habló, sus palabras fueron medidas pero llenas de emoción.

-Emma, lo sé-, confesó Regina, su voz suave pero firme. -Pero… no quiero… no quiero investigar más sobre eso. Cuanto menos sepamos, mejor.

La salvadora asintió, sintiendo un nudo en la garganta mientras procesaba la revelación.

-Pero… ¿cómo es posible?-, preguntó Emma, su voz llena de incredulidad. -Hablamos de lo que hiciste en el Bosque Encantado, hace años.

Regina se encogió ligeramente, sus ojos reflejando una mezcla de tristeza y determinación.

-No lo sé, Emma-, respondió la ojos marrones, su voz apenas un susurro. -Pero… algunas cosas… algunas cosas es mejor dejarlas así.

Después de cenar, Emma y Regina recogieron la mesa y se dirigieron al sofá frente a la chimenea, donde se acomodaron con copas de vino en mano. El cálido resplandor del fuego iluminaba la habitación mientras compartían confidencias.

-Gracias por la cena-, dijo Regina, mirando a Emma con gratitud. -No sabía que tenías esos dotes culinarios y qué podías hacer ternera. Me sorprendes cada día más.

Emma sonrió, pero rápidamente compartió el mérito. -Oh, no te engañes. Fue una receta de Granny. Solo seguí las instrucciones-, admitió modestamente.

Después de un breve silencio, Emma se acercó a Regina con determinación y la tomó de las manos. -Regina, necesito que sepas que no ha sido fácil para mí procesar toda esta situación- comenzó, con una mirada de sincera vulnerabilidad en sus ojos.

Regina asintió comprensivamente, alentándola a seguir adelante. -Lo sé, Emma. Ambas estamos lidiando con nuestros propios miedos y temores-, respondió con suavidad, sintiendo la necesidad de abrirse también.

Emma exhaló profundamente antes de continuar. -Siento que tengo tanto en juego aquí, y eso me asusta-, confesó, su voz ligeramente temblorosa. -Quiero que esto funcione entre nosotras, más de lo que puedo expresar, pero a veces tengo miedo de arruinarlo todo.

Regina le apretó suavemente las manos, transmitiéndole su apoyo y comprensión. -Yo también tengo mis propios temores, Emma-, admitió con sinceridad. -He pasado por mucho en mi vida, y la idea de perder lo que hemos construido es aterradora para mí. Pero también quiero que funcione entre nosotras más que nada.

La salvadora se acercó lentamente a la alcaldesa, su corazón latiendo con fuerza mientras sus labios se encontraban en un beso apasionado. Cada roce de sus labios enviaba escalofríos por la columna vertebral de Emma, mientras Regina respondía con una intensidad igualmente ardiente. Los susurros suaves de la rubia se entrelazaban con el cálido aliento de la morena, creando una atmósfera de deseo y ternura.

- Tengo miedo de que todo esto sea demasiado-, murmuró Emma entre besos, sus dedos acariciando suavemente la mandíbula de Regina. -Siento tanto que temo desbordarme.

Regina sonrió suavemente, sus ojos brillando con amor y complicidad. -No tengas miedo, Emma-, susurró, apartando un mechón de cabello de la frente de Emma con ternura. -Quiero sentir todo contigo, y más.

Emma sintió cómo el corazón le daba un vuelco ante las palabras de Regina, una mezcla de felicidad y nerviosismo inundando sus sentidos. Con cada beso, cada caricia, se sumergían más profundamente en su conexión, dejando de lado todas las preocupaciones y miedos.

La alcaldesa tomó las mejillas de la sheriff entre sus manos, sus ojos brillando con emoción. -Por favor, no me apartes-, le pidió con suavidad, antes de fundirse en otro beso apasionado que dejó a Emma sin aliento. La alcaldesa miró a Emma con una mirada llena de esperanza y ternura, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. -¿Te quedarás conmigo?- preguntó con voz suave, apenas un susurro cargado de anhelo.

Emma le devolvió la mirada, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y amor. -Esa era la idea-, respondió con una sonrisa, su mano buscando instintivamente la de Regina.

El tacto de sus manos entrelazadas envió un escalofrío de electricidad por la columna vertebral de Regina, su corazón dando un vuelco de felicidad. Con un gesto suave, Emma se levanta sin soltar la mano de su morena y juntas comenzaron a subir las escaleras, dejando atrás el mundo exterior y sumergiéndose en su propio pequeño universo de amor y complicidad.


¿Qué les pareció? Emma siempre tan cabezota para todo y Regina siempre tan comprensiva.