Emma se encontraba encima de Regina, ya desnudas, no paraban de besarse y de sentirse. La sheriff era quien dominaba la situación, se encontraba encima de la alcaldesa haciendo movimientos circulares mientras las manos de Regina apretaban las nalgas de la rubia para marcar el ritmo. La salvadora la besó, tocó y devoró con intensidad la piel oliva en el proceso. Para cuando la alcaldesa quiso ser consciente de lo que estaba sucediendo, ya había culminado con un orgasmo que la dejó inconsciente por unos segundos. Emma ya estaba recorriendo con su boca y manos el cuerpo desnudo de la morena, sin dejar ningún centímetro de piel sin explorar.

- Me encantas – dijo Emma mientras devoraba el cuello de Regina – Siento que no puedo parar, quiero más ¿Me dejas hacer algo?

- ¿Qué quiere hacer, sheriff?- dijo Regina mientras le quitaba un rizo rubio de la cara de Emma.

La sheriff hizo un movimiento con la mano izquierda y apareció algo en la cama. Regina, al fijarse en lo que era, miró con intensidad a los ojos aguamarina de Emma, quien estaba con una sonrisa en la cara. – ¿Desde cuando tiene esa fantasía salvadora?

- Desde el primer día que lo hicimos- dijo apenas con un susurro, enrojeciendo.

- Mejor sea rápida entonces, antes que cambie de opinión – dijo la morena mientras veía el cuerpo desnudo de la rubia al incorporarse.

Los ojos de la alcaldesa se abrieron como platos al contemplar el consolador que Emma sacaba de la caja. Regina no pudo hacer otra cosa que observarla y contemplar la desnudez de la rubia. ¿De dónde había sacado eso? ¿Cuándo pensó en follarla con ese vibrador?. Esa cosa era como un pene doblado a la mitad. Una parte era un poco más gruesa y larga que la otra. Casi se corrió solo de imaginar a la sheriff con eso puesto. La rubia limpiaba y preparaba el dildo, mientras hacía aparecer un lubricante que esparció por ambas puntas.

Emma, al dejar preparado el consolador, se subió a la cama y, de instinto, Regina abrió sus piernas para que la rubia estuviera en medio. La sheriff, con dos dedos, apartó sus labios vaginales e insertó la punta más pequeña del consolador. ¡Mierda! Regina se encontraba muy excitada, mientras ahora observaba la punta del pene alzarse por encima de la vagina de la salvadora jadeó posando la mirada en los ojos de la rubia que estaban oscuros por el deseo.

Una de las manos de la rubia se deslizó por encima del estómago de la piel oliva hasta llegar a un seno. Lo cogió e inclinó a morderle la punta, excitándola. Después se incorporó de nuevo y se movió hasta los labios para empezar un beso lujurioso; la lengua de la rubia se metió sin permiso mientras la alcaldesa le permitía la invasión. Le acarició una mejilla y le recorrió el pómulo hasta la mandíbula sin dejar de besarla.

-Te follaré y te haré el amor a la vez, Regina - la morena abrió la boca para decir algo, pero la sheriff hundió uno de sus dedos en su vagina, haciéndola gemir hasta que la rubia la volvió a besar. Emma movió los labios con infinita ternura sobre los de ella mientras con las manos seguía acariciándole ese punto hinchado de la alcaldesa.

Luego se tumbó encima de su cuerpo y deslizó un muslo entre los de ella y se los separó más. Regina levantó las piernas y las colocó alrededor de la rubia. La salvadora sujetó sus manos y las colocó por encima de su cabeza – No dejes de mirarme, mi amor - El dildo se presionó contra su sexo. Regina gimió al notar que la punta se deslizaba hacia el interior de su cuerpo. Separó más las piernas para darle espacio, se sintió tan llena que no sabía qué hacer. Era una extraña mezcla de incertidumbre y anhelo. Emma se empezó a mover hasta penetrarla con todo el consolador. La alcaldesa gimió sin dejar de mirar a la rubia. La sheriff se apartó despacio y Regina abrió los ojos al sentirse bombardeada por las caderas de la rubia. Emma atrapó un pezón con los dedos mientras se hacía hacia atrás y después de nuevo hacia adelante, pero en esta ocasión el movimiento se produjo con mucha más facilidad ante lo lubricada que estaba la morena. El cuerpo de la alcaldesa se estaba adaptando ya a la invasión. La sheriff deslizó su mano hasta una nalga de Regina y le separó más las piernas al mismo tiempo que la acercaba más a ella. Empujó con las caderas y se hundió más profundamente. Empezando a moverse como si quisiera poseerla, y que al mismo tiempo la poseyeran a ella.

Besó sus labios y bajó hasta su cuello para marcarla. Su aliento le quemó mientras sentía cómo la rubia empezaba a moverse con más ímpetu entre sus piernas, se levantó hasta quedar sentada sin dejar de penetrarla mientras Regina seguía mirándola y maldecía - ¡Joder, Emma! Más rápido – La rubia deslizó una mano y le acarició el clítoris mientras seguía moviéndose dentro de ella.

La alcaldesa no necesitó nada más, tomó una de sus manos entrelazándolas mientras seguía gimiendo; el orgasmo de ambas estaba por llegar, la mano de Emma seguía moviéndose en círculos en el clítoris de la morena – Te amo, Regina, no sabes cuanto – dijo mientras sentía cómo quemaba su entrepierna por los movimientos hasta correrse. Regina no aguantó más y se corrió junto con la rubia mientras soltaba un sonido ronco, echando su cabeza hacia atrás hasta soltar un líquido caliente entre sus piernas. Emma cayó encima de ella, moviéndose de a poco ante los espasmos que ambas sentían. La rubia bajo y empezó a succionar esa parte hinchada y delicada de la alcaldesa.

Regina seguía moviéndose contra la cara de la rubia, sin apartarse por sentir nuevamente ese cosquilleo que empezó a generar en la parte baja del abdomen. La salvadora seguía lamiendo y mordiendo, paso su lengua por la abertura hasta hundirla lo más profundo que pudo sintiendo el sabor dulce de la reina.

Emma... EMMA… - grito la alcaldesa, tratando con desesperación tomar la cabeza de la rubia para besarla.

Te amo, engreía, y tendrás que comprarme un par de sábanas de seda nuevas. Estas tendré que botarlas – dijo Regina mientras acariciaba esos mechones rubios y sentía la risa de la salvadora en su pecho.

- Y eso que me dedique a limpiar el desastre ahí abajo – dijo la rubia y sintió un golpe en su hombro sin parar de reír.

Haciendo un movimiento con su mano hizo desaparecer el consolador para acomodarse de lado abrazando por la espalda de la alcaldesa que ya estaba profundamente dormida.

Sin que ellas se dieran cuenta, la magia fluía libremente, danzando alrededor de ellas y envolviendo cada rincón de la habitación. La intensidad de su amor creó un vínculo tan poderoso que parecía imposible de romper. Sus almas se entrelazaron de una manera que solo la magia podía explicar.

Y en ese momento de pasión y amor, algo increíble sucedió. Sin saberlo, había roto una maldición que Regina mantenía hace años creando una vida. El vínculo mágico que compartían se intensificó, creando un lazo aún más profundo y significativo. No se percataron del milagro que estaban creando ante la lujuria que vivían en esas cuatro paredes, pero el aire estaba cargado de una energía especial, casi palpable, que hablaba de la maravilla de la vida en su forma más pura.

La habitación, bañada en la luz suave de su magia, se convirtió en un santuario de amor y creación. Mientras se perdían en la dicha de su unión, la magia continuó su danza, sellando su amor con un milagro silencioso y maravilloso. La vida misma floreció en el calor de su pasión, marcando el comienzo de una nueva era en su relación, un vínculo que las uniría de formas que aún no podían comprender.

La mañana era tranquila y acogedora. Emma y Regina estaban sentadas en la mesa de la cocina, disfrutando de un desayuno relajado. El sol entraba por las ventanas, llenando la habitación con una cálida luz dorada. Emma observó a Regina, notando una expresión inusual en su rostro.

-¿Estás bien?- preguntó Emma, con una pizca de preocupación en su voz.

Regina asintió, pero no pudo evitar fruncir el ceño. -Sí, solo me siento un poco extraña.

La rubia se preocupo -¿Crees que el consolador fue demasiado?

Regina soltó una risa, relajándose un poco. -No, no es eso- Luego se volvió hacia Emma con una mirada inquisitiva. -¿Usaste magia anoche?

Emma levantó una ceja, juguetona. -Bueno, hicimos magia juntas con todos esos orgasmos que tuvimos.

Regina le dio un suave golpe en el hombro, riéndose. -No ese tipo de magia, Emma. Me refiero a la magia real.

Emma negó con la cabeza, aún sonriendo. -No, al menos no intencionalmente. Aunque, para ser honesta, estar cerca de ti intensifica mi magia de una manera que no puedo explicar.

Regina la miró, intrigada. -¿Cómo es eso?

Emma tomó un sorbo de su café antes de responder. -Las veces que hemos hecho magia juntas, siempre he sentido que mi magia se incrementa. Es como si tu presencia potenciara mis habilidades.

Regina quedó pensativa, tratando de procesar la información. Emma la abrazó y le dio un beso en la mejilla. -No te preocupes. No creo que sea nada malo. Vamos a preparar nuestras cosas y recoger a nuestras hijas en casa de mis padres.

Regina se emocionó al escuchar la palabra "hijas" y miró a Emma con un brillo en los ojos. -¿Hope sabe que estamos juntas?

Emma asintió. -Sí, tuvimos una conversación. Le expliqué, en términos que una niña de cinco años pueda entender, que su mamá está enamorada de la alcaldesa y reina de todos los reinos unificados.

Regina, conmovida, se inclinó y besó a Emma. Aquel beso transmitía todos sus sentimientos, llenándolo de amor y ternura. La intensidad del momento creció hasta que la morena se separó, con una sonrisa en los labios. -Es necesario que nos separemos o no saldremos nunca de aquí.

Emma, riendo, respondió entre bromas: -No puedes esperar para ir a la casa de tus suegros.

Regina se levantó, aún riendo. -Vamos, tenemos que prepararnos.

La preparación fue rápida pero meticulosa. Emma y Regina se vistieron con ropa cómoda, conscientes de que el día sería significativo. Mientras se preparaban, la alcaldesa no podía dejar de pensar en la extraña sensación de magia que había sentido la noche anterior. La idea de que Emma pudiera potenciar su magia le daba una sensación de poder y conexión que nunca había experimentado antes.

Sabía que la magia era impredecible y que las emociones podían influir en ella de maneras inesperadas. Pero la idea de que su relación con Emma pudiera tener un impacto tan profundo en sus habilidades mágicas la llenaba de esperanza y un poco de temor. Sin embargo, decidió centrarse en el presente y disfrutar del momento con su familia.

Habían pasado el fin de semana juntas con Amy y Hope en la casa de Snow y David. Fue un tiempo agradable, lleno de risas y conversaciones profundas sobre su futuro. Emma y Regina habían tenido la oportunidad de hablar sinceramente sobre su relación y los pasos que querían tomar juntos. La sheriff también había aprovechado el tiempo para hablar con Hook, informándole sobre su fin de semana con Hope y sugiriendo que establecieran otro día para que él pudiera estar con su hija.

-Hook, sé que puede ser complicado, pero necesito que entiendas - dijo Emma, manteniendo un tono firme pero comprensivo.

Hook frunció el ceño, visiblemente molesto -No es justo, Swan. Quiero pasar tiempo con mi hija también.

Emma suspiró. -Lo sé, y por eso quiero establecer un día fijo para ti. No se trata de excluirte, es enserio.

La conversación terminó con Hook visiblemente frustrado, pero Emma no dejó que eso la afectara. Sabía que estaba haciendo lo correcto para su hija y su nueva familia.

Pasaron varias semanas y Emma y Regina comenzaron a discutir cuándo sería el momento adecuado para realizar el vórtice y ayudar a Amy a regresar a su línea temporal.

-Tenemos que asegurarnos de que todo esté en su lugar- dijo la alcaldesa una noche, mientras se sentaban en la sala de estar, con mapas y libros mágicos esparcidos por la mesa.

Emma asintió. -Sí, pero no quiero apresurarnos. Quiero que estés segura y que Amy esté lista.

Regina sonrió, apreciando la preocupación de Emma. -Lo estaremos, Emma. Solo necesitamos tiempo para preparar todo.

A medida que los días pasaban, Emma notaba que Regina parecía cada vez más cansada. Una tarde, mientras la alcaldesa entrenaba con Amy con el uso de su magia, la rubia no pudo evitar expresar su preocupación.

-Regina, has estado luciendo agotada últimamente. ¿Estás segura de que todo está bien?- preguntó Emma, con el ceño fruncido.

Regina se limpió el sudor de la frente y trató de restarle importancia. -Estoy bien, Emma. Solo es el entrenamiento con Amy. Necesita aprender a controlar su magia.

Emma la miró fijamente. -No me convences, Regina. He notado que tu magia es inestable a veces. ¿Está todo bien de verdad?

Regina se detuvo y miró a Emma, con un destello de preocupación en sus ojos. -No es nada que no pueda manejar, Emma. Pero... tal vez estoy empujándome demasiado.

Emma se acercó y le tomó la mano. -No quiero que te lastimes. Tu salud es importante también, para nosotras. Prométeme que te cuidarás.

Regina suspiró y asintió, apreciando la sinceridad de Emma. -Lo prometo. Pero necesito que confíes en que sé lo que hago.

Emma asintió lentamente. -Confío en ti, pero también necesito saber que estás siendo honesta conmigo sobre tu bienestar. Quiero que estés bien, me preocupa lo que conllevará hacer ese vórtice del que siempre hablas.

Regina sonrió suavemente y se acercó para besar a la rubia en la mejilla. -Estoy bien, Emma. Estamos en esto juntas, ¿recuerdas? Emma sonrió y la abrazó con fuerza.

Las semanas continuaron pasando, y aunque Regina seguía sintiéndose fatigada, su determinación no flaqueaba. Emma, por su parte, se mantuvo atenta, siempre preocupándose por el bienestar de Regina y Amy.

Finalmente, llegó el momento de discutir la fecha para crear el vórtice y ayudar a la niña a regresar a su línea temporal. Sentadas en la cocina, con tazas de café en mano, Emma y Regina miraron a Amy, que jugaba con Hope en el jardín.

-Creo que estamos listas- dijo Regina, mirando a la salvadora con determinación. Emma asintió. -Sí, creo que sí. Estaremos juntas.

Regina tomó la mano de la rubia y la apretó suavemente. - Lo sé, te tengo pegada a mi – dijo con un tono burlesco. La sheriff sonrió y le devolvió el apretón. - Puedo ser peor, créeme.

Emma estaba en su casa, ayudando a Hope a empacar su maleta. La niña estaba emocionada por pasar el fin de semana con sus abuelos, pero Emma no podía evitar sentir una mezcla de nervios y preocupación. Sabía que el viaje al bosque para crear el vórtice y ayudar a Amy a regresar a su tiempo no sería fácil. Al terminar, se dirige a la casa de Snow.

David abrió la entrada, mientras Emma y su hija pasan puerta principal con una sonrisa. -Hola, Emma. ¿Cómo va todo?

Emma suspiró. -Va bien, papá. Estoy un poco preocupada por Regina. La he visto muy agotada últimamente.

David frunció el ceño, visiblemente preocupado. -¿Ha dicho algo al respecto?

-No mucho. Solo que está manejándolo, pero no puedo evitar preocuparme- admitió Emma, mientras ayudaba a Hope a cargar su maleta.

En ese momento, Snow aparece, con una mirada igualmente preocupada. -Hija, he notado lo mismo. Regina se ve muy cansada. ¿Estás segura de que es una buena idea ir a esa cabaña? La sheriff asintió. -Lo sé, mamá. Pero ella insiste en que puede manejarlo. Solo necesito asegurarme de que se cuide. Además, tenemos que hacer esto por Amy.

David puso una mano en el hombro de Emma, ofreciendo su apoyo. -Lo entiendo. Solo asegúrate de tomar todas las precauciones necesarias.

La rubia sonrió débilmente. -Gracias. Ya he hablado con Hook sobre que Hope se quede aquí por seguridad, y él lo entendió. Sabe que no tiene un lugar adecuado para tenerla con él.

En ese momento, Neal, el hermano menor de la rubia, se acercó con una sonrisa en el rostro. -No te preocupes, Emma. Yo cuidaré de mi sobrina. La llevaré a la habitación que le tenemos preparada.

Hope se agarró de la mano de Neal, emocionada por pasar tiempo con su tío. -¡Vamos, tío Neal!

Emma observó con una sonrisa mientras su hermano se llevaba a Hope, y luego se volvió hacia sus padres. -Gracias por cuidarla, de verdad.

Snow tomó las manos de Emma entre las suyas. -Solo queremos que te cuides. Sabemos que esto es importante, pero también necesitamos que vuelvan sanas y salvas.

David asintió. -Estarás en el bosque todo el fin de semana. Asegúrate de estar preparada para cualquier cosa. Y si algo sale mal, vuelve de inmediato. Yo me haré cargo en al comisaría junto con los ayudantes adjuntos.

La salvadora asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad. -Lo sé. Nos aseguraremos de estar a salvo.

Después de las despedidas y asegurarse de que Hope estaba bien instalada con sus abuelos, Emma se dirigió a la casa de Regina. Encontró a la morena terminando de empacar su propia maleta, con una expresión determinada pero cansada.

-¿Ya tienes todo listo? Mañana a primera hora nos vamos- dijo Emma, entrando en la habitación.

Regina asintió. -Sí, lista - Emma la observó por un momento, preocupada. -Si en algún momento te sientes demasiado agotada, prométeme que me lo dirás. No quiero que te lastimes.

Regina se detuvo y miró a la salvadora con una suave sonrisa. -Lo prometo, Emma. Pero también necesito que confíes en mí. Puedo manejar esto.

Emma asintió, acercándose para besarla suavemente. -Confío en ti. Solo quiero que estés bien- Regina le devolvió el beso y luego se apartó, respirando hondo. -Bien. Vamos a hacer esto.

A la mañana siguiente, se dirigieron al bosque, donde una cabaña aislada las esperaba. Era el lugar perfecto para crear el vórtice sin interrupciones ni peligros externos. Mientras se instalaban, Emma no podía dejar de observar a Regina mientras manejaba, buscando cualquier señal de agotamiento o debilidad.

-Te veo agotada de nuevo, Regina- dijo Emma, colocando una mano sobre la de Regina. La alcaldesa asintió – Me quedé hasta tarde leyendo, es solo eso.

Las tres aparcaron el coche frente a la cabaña y bajaron, sintiendo el aire fresco del bosque envolviéndolas. Amy miraba a su alrededor, admirando el paisaje y los altos árboles que rodeaban el lugar. Sus ojos brillaban de emoción y curiosidad mientras caminaba hacia la cabaña.

Emma, por su parte, no podía dejar de observar a Regina. Notaba la flaqueza en su magia y eso la preocupaba profundamente, aunque no quería agobiarla con demasiadas preguntas. Odiaba la sensación de impotencia, pero sabía que necesitaban ayuda, y solo una persona podía proporcionársela: Maléfica.

Al entrar en la cabaña, se acomodaron en sus respectivas habitaciones. Emma se acercó a la morena, quien estaba desempacando su maleta. -Regina, he estado pensando… ¿qué te parece si le pedimos ayuda a Maléfica?

Regina levantó la vista, sorprendida. -¿Maléfica? Emma, sabes que no confío en ella. No creo que sea una buena idea.

La sheriff respiró hondo, tratando de mantener la calma. -Lo sé, pero tampoco me gusta la idea. Sin embargo, siento que es necesario. Entre tú y ella encontraron la manera de llevar a Amy a su tiempo. Creo que deberíamos considerar su ayuda.

Regina frunció el ceño, considerando la propuesta mientras dejaba su maleta en el suelo. -Lo pensaré- dijo, aunque claramente no estaba convencida. Justo en ese momento, Regina sintió un mareo repentino y se sentó en la cama, llevándose una mano a la frente. Emma se acercó rápidamente, su preocupación palpable. -Vamos a ir al médico, Regina. Esto no es normal.

La alcaldesa levantó una mano, deteniéndola. -Emma, no es necesario. Solo me mareé porque no he comido nada.

La rubia miró a Regina con escepticismo, pero finalmente cedió. -Está bien, pero vas a comer algo ahora mismo. Yo prepararé el almuerzo.- Antes de salir de la habitación, se volvió hacia la alcaldesa. -Y, por favor, llama a Maléfica.

Regina suspiró, pero asintió. -Está bien, Emma. Lo haré.

Mientras la rubia se dirigía a la pequeña cocina de la cabaña, empezó a preparar un almuerzo sencillo pero nutritivo: sándwiches de pavo, una ensalada fresca, unas frutas y jugo natural. Al mismo tiempo, Regina tomó su teléfono y, con cierta reticencia, marcó el número de la hechizera.

-Maléfica, soy Regina - dijo, tratando de mantener su voz firme. Del otro lado de la línea, Maléfica respondió con su tono característico. -Regina, qué sorpresa. ¿Qué necesitas?

Regina le explicó brevemente la situación, mencionando la necesidad de hacer ahora el vórtice temporal para que Amy pudiera regresar a su tiempo. Maléfica escuchó atentamente y, tras un breve silencio, aceptó ayudar.

-Nos vemos en la cabaña esta tarde- dijo antes de colgar. Regina dejó el teléfono a un lado, sintiéndose un poco más tranquila. Emma volvió a la habitación con una bandeja de comida. -Aquí tienes. Come algo. ¿Hablaste con la dragona?

Regina asintió mientras tomaba un sándwich. -Sí, vendrá esta tarde. Emma asintió. -Gracias, Regina. Sé que no es fácil para ti ni para mi, ya que la odio.

Regina la miró con una leve sonrisa. -Lo hago por Amy. Y por nosotras. Es verdad que es necesaria la ayuda, sobre todo si consumirá tanto de nuestra energía.

Emma se acercó y le dio un beso en la frente. -Te prometo que todo saldrá bien.

Pasaron el resto del día preparando todo para la llegada de Maléfica. La sheriff estaba atenta a cada movimiento de Regina, asegurándose de que comiera y descansara lo suficiente. A medida que se acercaba la tarde, la tensión en el aire se hacía palpable, pero también había una sensación de esperanza.

Cuando Maléfica finalmente llegó, trajo consigo una atmósfera de misterio y poder. Emma y Regina estaban listas para enfrentar cualquier desafío, sabiendo que tenían una misión importante: devolver a Amy a su tiempo.

-Vamos a empezar- dijo Maléfica, mirando a las dos mujeres con determinación.

Emma y Regina se miraron mutuamente, tomaron un profundo aliento y asintieron.

Mientras Regina explicaba lo que haría para abrir el portal, Maléfica tenía su mirada intensa sobre la reina y no pasó desapercibida para la sheriff. La incomodidad crecía en su interior, pero decidió enfocarse en la tarea en cuestión. La dragona anunció que era momento de intentar el círculo, una prueba para ver si podían abrir el portal, aunque Amy no estuviera ahí aún.

Se trasladaron a un claro en el bosque, un lugar alejado y tranquilo. Regina tomó un pergamino y comenzó a leer en una lengua arcana: -Nosatrae lebetum arcanus, portare temporis…- Las palabras resonaron en el aire, llenándolo de una energía que no había experimentado antes. Emma, Regina y Maléfica se posicionaron en forma de triángulo, y la energía de cada una comenzó a emanar de sus cuerpos, formando una apertura en el costado del triángulo.

El esfuerzo era enorme, y la energía necesaria para mantener el portal abierto era descomunal. Regina comenzó a tambalearse, su rostro empalideciendo. Finalmente, no pudo soportar la presión y se desplomó. Emma, alarmada, rompió su posición para correr hacia la alcaldesa, causando que el vórtice se cerrara abruptamente. Maléfica, observando la escena, intentaba entender lo sucedido acerándose a ambas mientras la sheriff sostenía a la alcaldesa, tratando desesperadamente de hacerla reaccionar. Con un gesto decidido, Maléfica creó una nube mágica que las transportó de vuelta a la cabaña. Dejaron a Regina en la cama, mientras la rubia mayor fue a la cocina a buscar un vaso de agua. Emma se quedó junto a la morena, observando ansiosamente mientras empezaba a despertar.

Emma la abrazó, susurrando con voz temblorosa, -Regina, ¿qué pasó? ¿Estás bien?

La alcaldesa asintió débilmente, su voz apenas un murmullo. -Solo… consumió más energía de lo que esperaba…

En ese momento, Maléfica regresó con el vaso de agua. -Regina, necesito hablar contigo- dijo, su tono firme.

Emma miro a la alcaldesa, mientras la ojos marrón asintió dando a entender que estaría bien. La rubia no quería irse, recordando lo sucedido semanas atrás. Sin embargo, entendía que quizá había cosas que debían discutirse en privado. Se levantó con reluctancia. -Está bien, pero no tarden demasiado- dijo, su voz cargada de preocupación.

Maléfica esperó a que Emma saliera de la habitación, y luego, sin rodeos, le preguntó a Regina -¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada? - La morena la miró, sorprendida y confusa. -¿Qué estás diciendo, Maléfica?

La dragona mantuvo su mirada firme. -Tu energía, Regina. Está inestable. Y he visto estos síntomas antes. Estás embarazada, ¿verdad?

La alcaldesa negó con la cabeza, tratando de procesar lo que oía. -Eso es imposible…-Maléfica se acercó y tomó su mano. - Regina, lo sé porque he pasado por algo similar. Tu cuerpo está usando más energía de la que tienes porque estás creando una vida y créeme que esa vida, tiene magia y te consume.

Emma, al escuchar desde la puerta, entró nuevamente, sin poder contenerse. -¿Qué está pasando?

Maléfica se volvió hacia Emma. -Regina está embarazada. Por eso su magia está inestable. Es la vida que lleva dentro la que está consumiendo su energía - Emma se arrodilló junto a Regina, acercándose -¿Es eso cierto? ¿Podría ser posible?

La alcaldesa estaba aturdida, sus ojos llenos de confusión. -No lo sé… No lo había considerado. Pero si Maléfica está tan convencida, entonces es lo más probableEmma la abrazó con fuerza, tratando de asimilar la información. - Estoy paralizada, no sé que hacer, pero necesitamos cuidarte más que nunca. No sólo por ti, sino por nuestro bebé ¿Por qué es mío cierto?

- ¿De verdad me estás preguntando eso, señorita Swan? Claro que es tuyo – dijo con tono ronco la alcaldeza acomodandose más en la cama – Pero, necesitamos ajustar nuestros planes. Abrir el portal será aún más desafiante, pero ahora sabemos lo que me está ocurriendo, vamos a tener que aplazar el vórtice.

Regina miró a Emma, sus ojos llenos de determinación. - Tenemos que asegurarnos de que este bebé esté seguro, antes de hacer cualquier cosa que involucre magia.

Emma asintió, su mirada llena de amor y resolución – Todavía no me lo creo.

Maléfica sintiendo incomodidad, se marcha sin decir adiós.

Regina miró a Emma con un amor profundo y renovado ante el inesperado descubrimiento de su embarazo. Era un cambio inesperado, pero en ese momento ambas sabían que lo afrontarían juntas. Se tenían que asegurar de la noticia, claro, pero había una determinación compartida en sus miradas.

-Nos quedaremos en esta cabaña el fin de semana- dijo Emma, su voz firme. -Necesitamos descansar y asegurarnos de que todo esté bien.

Regina asintió. -Sí, es lo mejor para todos. Y también necesitamos tiempo para procesar todo esto - Se sentaron juntas en la cama, manteniendo sus manos entrelazadas. Después de un momento de tranquilidad, Emma llamó a Amy para explicarle lo sucedido. La niña llegó corriendo, con una expresión preocupada en su rostro.

-¿Qué pasó, mamá? ¿Estás bien?-preguntó Amy, mirando a Regina con ojos llenos de preocupación.

Regina le sonrió, tratando de tranquilizarla. -Estoy bien, cariño. Sólo hemos descubierto algo importante -Emma continuó, -Amy, parece que Regina está embarazada. Vamos a quedarnos aquí este fin de semana para descansar y asegurarnos de que todo esté bien.

La niña abrió los ojos con sorpresa y luego una gran sonrisa iluminó su rostro. -¿En serio? ¡Eso es increíble! ¡Voy a tener un hermanito o hermanita!- Se detuvo abruptamente, su rostro se volvió pensativo. -Espera, pero yo soy del futuro… ¿Eso significa que el bebé que está esperando Regina podría ser yo misma?

Emma y Regina intercambiaron una mirada y luego estallaron en risas. -Podría ser - admitió la alcaldesa, sin poder contener su sonrisa. -Aunque todavía no sabemos todos los detalles.

Amy se unió a la risa, pero luego abrazó a la morena con fuerza. -¡Felicidades, mamás! Aunque esto es un poco raro, estoy muy feliz.

Regina acarició el cabello de Amy, sintiendo una mezcla de emociones -Gracias, cariño.

El fin de semana pasó en un suspiro de tranquilidad. Pasearon por el bosque, compartieron risas y, sobre todo, se dedicaron a cuidarse mutuamente. Emma cocinó, y Amy ayudó en todo lo que pudo, asegurándose de que Regina estuviera cómoda y relajada.

Cada noche, se sentaban junto a la chimenea, compartiendo sus esperanzas y temores para el futuro. Regina, aunque feliz, no podía evitar sentirse preocupada. Una cosa era enterarse de que tenía una hija en el futuro y otra muy distinta era estar viviendo ese proceso de embarazo ahora mismo.

Regina se sentía abrumada por la noticia. Era como si todas sus certezas se hubieran desmoronado en un instante. Sabía que la maternidad era un desafío en sí mismo, pero no había anticipado esta montaña rusa de emociones y preguntas. ¿Cómo había sucedido? ¿Qué clase de magia había sido lo suficientemente poderosa como para revertir su infertilidad? Se preguntaba si la magia utilizada en el bosque encantado podría haber tenido efectos de caducidad, o si el poder que tenía Emma había desencadenado algo más profundo.

El hecho de que fuera fértil ahora la hacía sentir vulnerable. Había pasado tanto tiempo aceptando la imposibilidad de no tener hijos que este giro del destino la dejaba en un estado de perplejidad constante. Regina pensaba en el futuro, en cómo manejaría esta nueva realidad. No era solo el embarazo, era la incertidumbre de cómo cambiarían sus vidas y si estarían preparados para ello.

Emma notó la preocupación en los ojos de Regina, incluso cuando no lo expresaba. Sentía la carga que llevaba su pareja y estaba decidida a aligerarla, a estar allí en cada paso del camino. Con cada abrazo y palabra de aliento, Emma esperaba transmitirle la seguridad de que, sin importar las circunstancias, ella estaría ahí.


Que puedo decir, cada vez más enamoradas de estas mujeres.