[Serie de pequeños relatos]
Las Crónicas del Padre Comandante
—Familia TMNT—
El día que el comandante salamandriano G'Throkka supo que las jóvenes tortugas ninja vivían alocadamente sin la supervisión de un adulto, hizo sus maletas, salió de su planeta en dirección a la Tierra, apenas llegó, visitó la tumba de Splinter para mostrar sus respetos, luego tomó su libro "Cómo criar adolescentes" y sin pedirles permiso, ahora esos cuatro son su responsabilidad.
Advertencias: OOC. / Muchos momentos sin sentido. / Lenguaje soez/fuerte. / Algunos temas adultos.
Disclaimer:
Teenage Mutant Ninja Turtles (2012) © Kevin Eastman/Peter Laird / Nickelodeon.
Las Crónicas del Padre Comandante © Adilay Vaniteux/Reine Vaniteux
Notas: Por ahí alguna vez leí que el comandante salamandriano, durante sus pocas apariciones, pacería tener un instinto paternal con los chicos; especialmente con Mikey. Noté que algunos se preguntaban cómo sería el comandante siendo una figura paterna oficial, y helo aquí JE.
Como no se me ocurría una trama especial ni nada, preferí hacer un conjunto de pequeños relatos sin orden cronológico. Si por casualidad de pronto me llega a la cabeza algo más complejo, ya me verán por aquí editando este "libro".
Saluditos y espero gocen de la lectura.
PROHIBIDO DESCARGAR/IMPRIMIR PARA SU VENTA (la autora condena todo tipo de acto ilícito de este tipo y se procederá legalmente en caso de suscitarse el caso). / FAVOR DE NO RE-SUBIR A NINGUNA PÁGINA (todo acto de ese tipo será considerado como plagio). / NO TRADUCIR SI NO SE HA PEDIDO EL PERMISO CORRESPONDIENTE. Seamos honestos y educados; este trabajo es únicamente para entretener y no se busca lucrar con este de ningún modo.
—Gracias por su atención.
1.
La importancia del desayuno y el sueño
:.❁.:
Leonardo Hamato despertó a la fuerza ante el maldito sonido irritable de una trompeta. Al puro estilo militar estadounidense, el molesto ruido no paró hasta después de haberse repetido 3 veces.
—Como no se calle voy a hacer que se coma cada pedazo de esa cosa —murmuró llevándose las manos a la cara. Talló con desgano y luego de inhalar profundamente, Leo se sentó de golpe, con todo su esfuerzo.
Estaba tan agotado.
Como si Mikey quisiera adelantar su hora de fallecimiento, tocó la trompeta despertadora una cuarta vez.
—¡Buenos días! ¡Arriba, mis hermanos! ¡El desayuno estará listo en cinco minutos! ¡Repito! ¡Cinco minutos!
¿Cómo diablos es que sonaba tan fresco? No habían dormido casi nada.
Leo se alistó sin ganas, tomó sus katanas dobles y salió de su alcoba, encontrándose muy poco después con Donnie y Rapha, que bostezaban, no en un mejor estado que él.
—¿De dónde carajos saca tanta energía? —masculló Rapha, lo más bajo que pudo.
—No lo sé, pero seguro que despertar así a unos adolescentes luego de dejarles dormir apenas cuatro horas y media, es ilegal en muchos países —resoplo Donnie, rascando su cabeza, luego tallando sus ojos, limpiando sus lagañas.
—Ya basta, chicos. Hay que apresurarnos —pidió Leo, caminando junto a sus hermanos hacia sus respectivos baños para alistarse.
Cada uno tenía un baño pequeño, pero muy bien equipado para que, entre ellos, dejase de haber las típicas peleas sobre quién había dejado mojada la taza o quién no le bajaba la palanca después de mandarle un fax al diablo. Fue mucho trabajo, pero al final valió la pena porque al fin se había acabado el tener que esperar afuera de un solo baño y tener el infortunio de ser el último luego de que alguno de los adolescentes, sin el menor gusto por cuidar su salud intestinal, saliese de ahí.
Húmedos, cansados, pero más despejados, Rapha, Leo y Donnie entraron a la cocina y miraron a Mikey sirviendo los platos.
—Qué maravilla, sopa de algas… otra vez —ironizó Rapha entre dientes.
—¡¿Verdad?! Desde que comemos esto todas las mañanas ya no me siento pesado del estómago por la tarde —dijo Mikey sonriente, sin captar el verdadero tono irritando de Raphael, quien le miró entrecerrando sus ojos.
—Mikey… ¿desde cuándo estás despierto? —quiso saber Leo, tomando su asiento asignado.
Sí, su asiento asignado.
—Ni siquiera he dormido —respondió el joven, terminando de servir, sentándose con sus hermanos—; tomaré la siesta después de nuestras lecciones.
—Dios, Mikey —resopló Donnie, mirándolo con una mueca.
En otro momento, los hermanos habrían resoplado con desgano ante la idea de tener que "estudiar" como se haría en un internado o en un reclusorio para menores; ahora no les quedó de otra que tragarse sus pensamientos negativos y comer en silencio. Rapha seguía haciendo muecas ante la sopa, pero ya no pasaba de ahí.
—Buenos días, muchachos —sonó una quinta voz. Una varonil y adulta.
—Buenos días, comandante —respondieron al unísono los cuatro. Mikey siendo el más efusivo.
Donnie cabeceó una vez, pero apenas su cabeza bajó de golpe, tomó su vaso de agua y bebió de ella, tratando de despejarse.
—Esta mañana he revisado el cuartel y quedé complacido con su trabajo, todo muy limpio, como debe estar.
«Maravilloso» Leo suspiró aliviado. Sin una pizca de sarcasmo. Realmente estaba feliz.
Al menos esta vez el comandante no les haría repetir la "hora del aseo", que más bien, solían ser más de 3 horas tallando pisos con franelas.
A los cuatro hermanos les había costado mucho entender que en cuestiones de limpieza y orden, el comandante salamandriano G'Throkka era el doble de estricto que Splinter. Su sensei al menos les dejaba tener sus revistas en la sala, pero el comandante no. La sala, de hecho, incluso había dicho "adiós" a la televisión. En su lugar, se encontraba su "sala de estudios", a donde irían al terminar de comer.
—Después del desayuno y sus clases, tendrán tres horas libres. Podrán usarlas como quieran, sin causar problemas —enfatizó en lo último.
Leo, Rapha y Donnie habrían gritado en júbilo, pero estaban comiendo. Sólo se permitieron inhalar ansiosos, esperando esas anheladas tres horas.
—En tu caso, Michelangelo, ya estás desayunando, así que no te puedo mandar a tu habitación, pero quiero que duermas una hora antes de terminar las lecciones —le dijo severo—. ¿Qué te tuvo en vela toda la madrugada además de sus deberes?
—Bueno… —nervioso, Mikey bajó la mirada—, ya sabe, Gatito Helado no se ha sentido muy bien, y quise quedarme aquí a cuidarlo, pero se me fue el tiempo. Disculpe.
—¿Sigue vomitando? —preguntó Donnie.
—No, ya no, pero duerme mucho, y sólo me aseguro de que… sólo esté durmiendo.
Donnie asintió con la cabeza; él ya había revisado a su compañero del congelador, al parecer, Mikey en un inusual descuido había dejado cerca de suyo una bolsa de guisantes, que el felino embutió con todo y bolsa. Tuvo vómitos; claramente tuvo que someterse a un tratamiento médico y se le había negado salir del congelador, el cual tenía que ser limpiado constantemente; ahora sólo debía descansar y comer carne cruda de pollo, sin huesos, obviamente.
—Entiendo —dijo el comandante—, pero debes dormir. Si te enfermas tú también, quién cuidará de él.
—¿Eh? ¿Donnie?
Todos habían esperado que el comandante le impusiese un castigo a Mikey por bromear así y saltarse la hora de la siesta, pero sólo lo miró muy seriamente. El chico bajó su sonrisa, la cual trató de usar para quitarle importancia al asunto.
—Debes dormir mejor, Michelangelo. Es una orden.
—Sí, comandante —suspiró asintiendo con la cabeza, retomando su desayuno.
—Ahora terminen de desayunar.
El comandante salió de la cocina, seguramente para empezar a preparar todo lo que iban a necesitar para sus lecciones de hoy.
¿Qué estudiaban?
Matemáticas, física, química, caligrafía de kanjis japoneses, caligrafía en inglés; historia americana y japonesa, modales básicos, ¿y cómo no? Historia salamandriana. Bueno, resulta que el comandante era… anormalmente rápido absorbiendo información; y antes de enseñarles algo, se ocupaba de consumir tanto conocimiento del tema como pudiese; no duró mucho antes de que pudiese dominar el idioma japonés y les hablase con él. Con suerte, luego de sus lecciones de caligrafía, los chicos no sentirían calambres en las manos.
—Mikey —musitó Donnie.
—¿Sí?
—Tranquilo, Gatito Helado está respondiendo bien a su tratamiento; usaré mis horas libres para cuidarlo por ti, ¿bien?
Preocupado por su hermanito, Leo miró de reojo a Mikey, quien se giró para ver a Donnie con una de sus enormes sonrisas. A veces envidiaba la capacidad de Mikey por ver las cosas con tanto optimismo.
—Gracias, Donnie.
—Sólo un favor —agregó Donnie—, tenemos que buscar otra cosa saludable para desayunar, tanto comer algas me está dejando ese sabor en la boca por todo el día.
—Apoyo eso —se unió Rapha.
—Sí, por favor —susurró Leo, decidiendo que también le echaría un vistazo al minino mientras Mikey dormía.
—Veré qué puedo hacer —respondió Mikey, bostezando—, veré qué puedo hacer.
【:.❁.:】
Saludos y espero que les haya gustado.
Gracias por leer.
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