Prompt: Granizado de sandia, tormenta de verano


"En verdad, odio las tormentas de verano" confesó finalmente Nami "cuando lo estaba estudiando, me di cuenta de que eran uno de los fenómenos más cargados. Una ciencia tan lógica, pero a la vez compleja..."

"¿Cuánto crees que va a tardar?" preguntó Nico Robin a su lado, curiosa

"Esta tiene pinta de ser una multicelular... dale unahora por lo menos" suspiró derrotada la navegante "una hora casi treintapersonas en un barco como el nuestro... estas no son las vacaciones con las queuna sueña"

"Mire el lado bueno, señorita: en cuanto termine, podremos ver un hermoso sol desde la playa" quiso mostrarle el lado más positivo Ikkaku, quien le tendía a cada chica tarrinas de cristal llenos de granizado para ellas.

Ambas chicas sonrieron ante el amable gesto de la ingeniera de los Heart. Nami suspiró, un poco desmotivada, antes de acercarse a la boca con sumo cuidado la pequeña cucharillas y probar del granizado. Las formas de hacer granizado de Sanji con sus preciadas sandías congeladas, mezclando hielo, limón y una pizca de menta eran magníficas. Siempre lo decoraba de esa forma tan delicada, como si fuera un postre gourmet, cuando había visto a Bell Meré usaba la batidora que utilizaba para absolutamente todo y aprovechaba las cascaras de mandarina con tal de no tener que comprar tarrinas. Igualmente apreciaba el detalle y se sentaron en una esquina del gran bar.

El frío la dejó paralizada por un momento. Se llevó las manos a la cabeza y dejó el raspado encima de la mesa. Se quejó en voz alta de la congelación, mientras que Ikkaku la acompañaba en esa agonía y Robin se reía de ambas. No pudo evitar patalear un poco, antes de abrazarse a su sudadera rosa. Realmente le hacía mucho calor. La propia presión de la tormenta era caliente y, al estar dentro de una sobrepoblada sala solo aumentaba esa sensación de opresión. Si bien ese delicioso granizado la estaba aliviando un poco.

Una vez se pudo recuperar del breve congelamiento cerebral, Nami se giró por un momento para poder ver a todos los nakamas; Sanji se encontraba yendo y viniendo con varios de la tripulación Heart, ya que estaba en su querida cocina, Usopp entreteniendo a las masas con sus más locas aventuras acompañado de Franky y Luffy retando a estupideces al capitán rival, quien se veía intentando escapar sin éxito de los absurdos retos del su capitán. Todo ello teniendo a Brook amenizando la situación con su música. Un panorama bastante tranquilo, incluso se podía decir demasiado tranquilo

La navegante siguió comiendo con cuidado aquel granizado de no repetir la sensación de congelado. Ese realmente no era su plan, pero al estar tan centrada en otras cuestiones, no vio llegar esa tormenta y debían lidiar con la situación. Ella tenía en mente hacer como en sus encuentros anteriores: esconderse en el bosque, esperar a Torao, devorarlo y regresar feliz con sus nakamas. Eran tres meses ya, una tenía sus necesidades y no quería admitir en voz alta que tenía un picor que solo el doctor podía revisar. Un hambre voraz que le daba vergüenza admitir y que no quería que nadie más, a parte de sus amigas de confianza, supieran. Incluso se había vestido para la ocasión, con un nuevo ceñido bikini de fresa, aunque no podía lucirla y se debía refugiar en su sudadera rosa.

Intentó no pensar en ello y entrar en la conversación de las chicas. Ante la curiosidad de la ingeniera, Robin empezó a relatar una de aquellas tantas historias que se estaba leyendo. En cierto modo, ella también tenía mucha curiosidad por ellas, pero no estaba en con el ánimo de hacer mucho caso a su amiga. Dejó que pasara el tiempo entre historias, con cada uno entretenido, hasta que simplemente llenó su cupo. Se excusó con las chicas con la primera de sus excusas para poder ir a la biblioteca, a repasar uno de sus queridos mapas. Dejó la pequeña tarrina de cristal, las abrazó a forma de despedida y se colocó bien la sudadera antes de cruzar la puerta.

No se sorprendió de ver como la tormenta cada vez era más fuerte. Se reafirmaba en su desagrado con ese tipo de fenómenos, a pesar de dejar los más bellos paisajes. Mientras cerraba con cuidado la puerta e iba a la biblioteca, se fijo en el panorama: gotas de lluvia gruesas como uvas, olor fuerte a humedad, los árboles de la cercanía meciéndose ante el fuerte viento... a su modo, era precioso, pues se veía como un filtro con el mundo. Pero se vería más precioso desde la comodidad de su escritorio.

A trompicones, llegó a su biblioteca. Solo allí, se quitó la mojada prenda y se secó antes de sentarse en su escritorio. Vio el mapa que estaba haciendo del lugar. Aun le faltaba datos, pero si que lo tenía bien bocetado. Se ató sus cabellos en una cola alta, colocó sus gafas de trabajo y revisó todo su material. En esa ocasión no quería usar la tinta y la guardó rápido, pues prefería usar los carboncillos y lapiceros. Con sumo cuidado, se preparó para trazar, cuando escuchó el ruido de un libro caerse. Asustada, dejó el lapicero encima del escritorio y se giró.

Se dio de frente con el desnudo y perfectamente esculpido torso de Trafalgar. En algún momento que ella desconocía, se habría librado de Luffy y llegado a su lado. Por fin tenían un maldito momento a solas. Sin embargo, Nami infló sus mofletes indignada. Él se había quitado su propia camisa, en vez de dejarla reventar los botones. Encima, ese día lo había visto con aquella camisa amarilla que tanto le gustaba. A pesar del gloss que había usado ese día, se mordió el labio inferior. Era algo que ya le pagaría el cirujano.

Sin embargo, vio el atrevimiento de como sus propias manos se bajaban a desabrochar aquellos pantalones de mezclilla. Algo que era impensable para ella. Ya que estaban en su biblioteca, iban a jugar a sus malditas normas.

"Déjame guardar el mapa por lo menos" aquella frase sonó más a suplica que a orden, a lo que Law solo sonrió de medio lado al ver como se daba de lado y guardaba de forma rápida en los cajones en material, con las manos temblorosas de pura emoción.

"Las gafas se quedan" si que ordenó el capitán rival al ver el contraste que hacía su apariencia más estudiosa con ese sensual traje de baño.

Las finas y delicadas manos de Nami fueron directos al cierre. Aun sentada, aprovechando la diferencia de altura que esta daba, desabrochó y bajó de una tanto los pantalones como sus bóxer. Law ya estaba algo contento y Nami no pudo evitar relamerse los labios y perder parte de su maquillaje al ver su miembro. Sin medir palabra, le prestó toda su atención con su juguetona lengua paseándose por cada ínfimo rincón y dejando pequeños besos con los que sentía como se le ponía la piel de gallina.

"¿Tanto me has echado de menos?" preguntó algo burlón mientras que sus manos agarraban fuerte su alta coleta.

No contestó a su provocación. Dejó que su boca, prácticamente engullendo su miembro, diera esa respuesta por la que se burlaba Law. Ella se sujetaba a sus fuertes muslos libres de los jeans. Notaba como su fuerte agarre intentaba marcar un compas que ella no iba a seguir, a pesar de que le estuviera gustando ese tirón de pelo y esa sensación de dominación que intentaba imponer Law. La silenciosa biblioteca se llenó de sonidos lascivos de su mamada y los jadeos de placer del capitán rival. Notaba como su saliva y aun gusto al granizado de sandía se mezclaba con el salado líquido preseminal. Extasiada, Nami bajo sus manos a su propia intimidad, queriendo una pequeña parte de ese placer. Ese picor, esa molestia regresaba más fuerte que antes y necesitaba aliviarlo.

Sin previo aviso, notó un fuerte tirón. Trafalgar la estaba obligando a parar con tal brusquedad que sintió tambalearse la silla. De forma brusca, estampó sus gruesos y secos labios con los restos del gloss de los jugosos de Nami. Anhelaba esos fuertes besos, a los que ella no tardó en abrir para que su ambas lenguas juguetearan. Ese intercambio casi baboso de saliva, Nami degustó un nuevo y fuerte sabor, varonil, más fuerte que opacaba por completo la sandía y la sal: el ron. Law había estado bebiendo antes de ese encuentro, pero estaba bien, ya que era un contraste al siempre presente café.

Ante tal rudeza, Nami decidió no quedarse sola. Ella ansiaba también atenciones y parecía que al cirujano se le olvidaba una de las cosas que siempre hacía nada más verla. Sus delicados brazos rodearon el cuello de Law y, sin romper el beso, dio un salto con que poder entrelazar sus desnudas piernas sobre la cadera, obligando a que dejara de agarrar sus cabellos y la sujetara para no caerse. Por fin sentía sus manos sobre su bañador. Se sentía en la gloria con sus dedos buscando ese contacto con sus nalgas a pesar de estar la roja lycra con pepitas de sandía. Noto como bordeaba y se sentaba en la misma silla que ella estaba, con la dificultad de los pantalones y calzones en los tobillos. No podía evitar jadear en ese fuerte intercambio de besos ante el contacto de la dolorosa erección sobre su excitación y, dios, como añoraba que sus senos prácticamente chocaran y se restregaran sobre aquellos fuertes pectorales.

Estaba sin aliento, con la mirada perdida, prácticamente borracha de esa desbordante pasión que siempre Law le entregaba. Amaba a ese hombre, y simplemente necesitaba más. Quería suplicar más, pero el cirujano de la muerte simplemente no la dejaba. Se estaba saciando de su propia desconocida necesidad. De forma silenciosa, estaba apartando la fina tela del bañador para poder entrar. La punta de su erección acarició su entrada, gesto que erizó hasta el vello de su nuca. Fue jugando con ella de apoco, mientras que poco a poco abandonaba esos fuertes besos y bajaba lentamente sobre su cuello, dejando algún que otro chupetón. De aquellas fuertes y grandes marcas de propiedad que siempre le dejaba Law.

De una sola estocada, como si utilizara su nodachi en contra de un enemigo, la penetró. Sin esos labios contra los suyos y la soledad de la biblioteca, Nami liberó un grito de placer. Salió de lo más hondo, casi como un alivio perfecto para esa molestia que había sentido desde hacía meses. Se acomodó a la fuerte intromisión de aquella erección en su sexo y, antes de que hiciera nada, ella inició un suave vaivén por la incomodidad de la silla. Casi prefería que la estampara contra su adorado escritorio, pero solo pensar que ahí tendría que trabajar después... no. Luego no se podría concentrar en sus mapas. Una cosa era su silla, y otra bien diferente era su adorada mesa. Notó como sus manos se cerraban fuerte sobre sus caderas y apremiaban esa sesión, de una forma más firme y sin delicadeza alguna. Prácticamente estaba fundiendo ambas necesidades, de sentir hasta lo más profundo del otro, complacerse hasta en la más ínfima fibra hasta saciarse. Las uñas de Nami se clavaron en su espalda, arañando los límites del tatuaje.

"Que apretada..." su susurro se perdió entre los altos gemidos de la peli naranja

"Más... fuerte" suplicó entre jadeos de placer la navegante en respuesta

No había represión alguna. Por fin estaban solos. Entregándose más allá de su límite. Notaba la ansiedad de sentirse, de cerrarse y dar su máximo punto de placer. De romper con todo y dejarse en nada. Los desgastados labios se cerraban sobre su oreja y la mordieron sin cuidado, descolocando por completo sus gafas. Pero aquello ya era secundario. Solo buscan sentirse, entremezclar su sudor, perderse en el otro de tal forma que no se supiera quien era quien.

"¡Law!" gritó la peli naranja mientras sentía como llegaba al clímax, abrazándose más al cuerpo de su amante, hundiendo más sus uñas en su espalda y doblando los dedos de sus pies.

Trafalgar solo apremió más la fuerte penetrada, soltando un fuerte gruñido entre dientes mientras que daba sus últimas y profundas estocadas. Se corrió dentro de ella, inundando cada íntimo espacio de ella. De la boca de Nami salió un hilo de saliva, mientras su mirada se perdía una vez más. La peli naranja se inclino y vio como Law respiraba de forma lenta, quedando en una perspectiva bastante atractiva para su gusto, que contrastaba con los latidos que llegaba a notar.

"Te he echado de menos" reconoció ella mientras que intentaba recuperar su aliento.

"Pensé que te esperarías a bajar a la playa"

"Ni de broma me follas en la playa" sentenció la navegante mientras se acomodaba encima de su amante "no pienso perder otro bikini y mucho menos llenarme de arena"

"Nunca hemos hecho nada indecente en mi despacho" el tono que había usado para dejar caer una pequeña idea, mientras que sus manos acariciaban su espalda hasta llegar a sus finas caderas. "y ahí unas cosas que quiero probar..."

"Estamos de vacaciones, nada de despachos. Esta ha sido la excepción... pero escúchame bien, Torao, todos estos días, por lo menos una vez, me vas a llenar. Y no es una amenaza, es un spoiler"

Aquella frase la selló con un suave beso en su mejilladerecha. En el eco se perdió un muack que, a cada eco, sonrojó más y másal cirujano de la muerte. Nami creyó incluso ver humo salir por sus orejasantes de regresar a su rincón favorito: el pecho de su hombre.


N. Esto se hizo pensando en el "SEASONS OF LAWNAMI" con verano (#SOLawNami_summer). Llegue a tiempo, pero he visto que no mucha gente se ha animado. ¡Os animo a hacerlo!